DIBUJAR UN TREN

 

 

 

“Entonces, con la pluma, ¿ven ustedes?, con la pluma puede hacerse todo, en la pizarra también, está claro, pero a mí nunca me ha gustado la tiza, chirría a veces, me da grima en los dientes, pero no adelantemos acontecimientos… hoy les explicaré el tren, lo dibujaré primero en blanco y negro, un trazo largo, horizontal, no se necesita modelo, ¿ven ustedes?, cada uno cierra los ojos y ve el tren de su infancia, Usted, por ejemplo, Constantino, está usted viendo seguramente cómo llega el tren en la curva, usted está en la estación, de la mano de su madre, en este andén hay sombreros, faldas de otro tiempo, ¿qué le ha quedado de esa imagen?, piense, cierre los ojos: miren ustedes, para pintar, el modelo siempre lo llevamos dentro, hay un pueblo, una estación, hace frío, está dando fuertes golpes en la niebla los zapatos de ese señor impaciente… lo ponemos aquí, ¡ya está!, da zapatazos que oímos perfectamente en esta clase, vemos ahora el banderín rojo de ese jefe de estación que espera…,  se pone aquí, ¿lo ven?, está mota encarnada, aquí, a la izquierda del papel, procuren cuando lo hagan en casa no usar tinta roja para esto, basta un lapicillo de colores, un punto, ¿se dan cuenta?, se sopla, se aviva un poco esta mota roja o encarnada, o incluso amarilla, Conchita, si usted  tiene un poco de azafrán en casa, pues también le puede servir… Bien. Ya tenemos el banderín en color del jefe de estación,  ya el tren se acerca, ¿.lo oímos, verdad?, ¡ claro que lo oímos!, notarán, aunque son muy jóvenes, que el sofoco del tren es asmático, sobre todo en los antiguos; voy a contarles una anécdota: uno de mis primeros viajes en tren, hace ya años ,lo hice sobre las ruedas, es decir, la cama de mi coche iba sobre las ruedas: oía perfectamente el ahogo del tren bajo mi cuerpo, el chirriar de las ruedas, sobre todo la sacudida seca en las paradas… ¿qué hay que hacer?, ¿qué hice yo para pintar esta sacudida?, recordarla: es una sacudida así, ¿ven?, hacia adelante y hacia atrás, el cuerpo tendido, un pálpito, no sé si me explico… Pero no vayamos tan deprisa. Tomen otra hoja. Usted, Arturo, ¿cómo pintaría este vagón por dentro?, a ver, un vagón corrido, sin compartimentos, ¿cómo lo dibujaría? ¿A que es difícil? Siempre les digo que los objetos son  fáciles de trazar, lo complicado es la vida. Un vagón sin vida no es lo primero que viene a la memoria, no se nos suele aparecer un vagón muerto, olvidado en cocheras. A no ser que alguno quiera ser el día de mañana maquinista, o conductor, porque no creo que ustedes quieran ser mendigos, ¿verdad?, nadie en todas mis clases he encontrado con vocación de mendigo…

 

 

Bien. No se rían. Tenemos entonces este tren que entra, acaba de parar, el señor del sombrero antiguo es el primero en subir, también ese señor impaciente, el que da zapatazos para quitarse el frío… ¡Ah!, y esa señora de la falda  de otro tiempo, la que empuja a la niña a subir al vagón… Ya estamos. Hemos subido también nosotros detrás de esa señora, y ha subido usted, Constantino, que va de la mano de su madre en el tren de su infancia, y es usted un niño… Vayan pasando. Me dejan ustedes pasar primero, así, gracias, como cuando vamos a los museos. ¿Se acuerdan de los museos? Pues este tren con vagones que nos ha pintado Arturo, y que nos lo ha pintado muy bien, pero que muy bien, parece mentira que sea tan sólido, ¿verdad?, fíjense, al otro lado de ese cristal, en el andén, levanta su banderín rojo el jefe de estación, sueña un pitido, ¿lo oyen?, Usted, Conchita, que quiere dedicarse a la música, ¡qué horror de pitido!, ¿verdad?, ¡qué estridencia! Vayamos adelante. Síganme. El tren ha arrancado ya, el banderín rojo se aleja, vengan por aquí, no se pierdan. Aquí, pónganse aquí. Usted, Ricardo, córrase hasta la ventanilla, eso es, déjele sitio a Lourdes, y usted, Alberto, aquí, a mi lado; los demás, enfrente; tienen sitio, ¿verdad?, sí, hay sitio. Bueno, pues lo primero que hay que hacer cuando uno se sienta en un tren es mirar a la gente. Sencillamente. Con educación. Es decir, uno no mira con insistencia, como señalando con los ojos. Si se han fijado, si tienen espíritu de observación, las gentes miran con descuido, ¿lo ven?, esa señora de ahí acaba de levantar la mano para arreglarse el pelo, el pelo es muy socorrido, ha levantado la mano, se arregla un bucle, y de paso nos está mirando. Seguro que está pensando: “¿A donde van todos esos chicos con su profesor — porque indudablemente yo tengo pinta de profesor —, en un día  como hoy, que no es fiesta, que tendrían que estar en clase?”. No sabe esa señora que hacemos prácticas, no tiene por qué saberlo. Bien. Entonces se mira con descuido a la gente, pero con naturalidad, con educación. Siempre en los viajes se aprende algo. ¿Qué tenemos aquí? Rostros. Imágenes. Pero también psicología, tipos, ¿verdad?, lo que yo tantas veces les he hablado: personalidades.

 

 

 

 

Agustín, usted que quiere ser psicólogo, fíjese bien : en un viaje, la casualidad ha reunido a tímidos, a ambiciosos, a extravertidos, a solitarios, a infinidad de personajes y de caracteres. Es, vamos a llamarlo así, como si se hiciera un corte en la sociedad, un segmento, es una mini-sociedad la que se reúne aquí, aquí la tenemos con sus ilusiones y decepciones, con sus fobias, manías, tics,  hasta con los factores de su herencia, y, por supuesto, con sus enfermedades. ¡Menudo campo de observación! Uno se estaría aquí, ¿verdad?, contemplando a la gente. Uno de los placeres  mayores, ya lo verán cuando pase el tiempo, es sentarse en la esquina de un café, en una terraza, y dejar que pase la gente. Es un espectáculo gratuito.  Gratuito y aleccionador.  Pues aquí es algo parecido. Raúl, a  usted que le gustan los insectos, yo no le hablo aquí de insectos, ¡válgame Dios!, pero figúrese que tiene usted capacidad para prender mariposas y diseñarlas: traslade usted esas dotes de observación hacia las mujeres y los hombres. ¡  Pues eso deben hacer todos en la vida, cada uno en su profesión! : observar, prestar atención, sacar conclusiones. Y aprovechar todos este viaje que estamos haciendo. Cada uno debe aplicar lo que ve y siente a lo que quiere ser, ya desde pequeños nos formamos continuamente, por ejemplo, usted,  Margarita, que quiere ser escritora  ha de tener seguridad en sí misma  y en el relato, este relato suyo convence, ¿no es cierto?,  usted nos está contando a todos nosotros su peripecia en el tren, con su profesor, salió usted del pupitre y de la clase, y abandonó la hoja en la que Arturo pintaba este vagón donde ahora viajamos. ¿Y qué nos cuenta ?: lo primero que tiene que fijarse es que el tren anda solo, va a toda velocidad, como el relato, es una seda. ¡Apunte, apunte en ese cuaderno!: es una seda, un fluido de palabras, la máquina de la primera frase arrastra con suavidad todo lo que ocurre y zigzaguea, y usted ha escrito ventanillas y he aquí las ventanillas hechas, ¿ve usted?,  parece mentira, Margarita, que con las palabras se puedan hacer tantas cosas, usted se asombra de que a través de la ventanilla donde va ahora Ricardo ensimismado se pueda  ver perfectamente lo que va usted nombrando: prados, casas, animales quietos, esa bandada de aves que viene al costado del tren, todo a gran velocidad, ¡ponga, ponga en su cuaderno, “velocidad mansa, vagorosa, transparente”!, se acostumbrará a los adjetivos y

 

 

viajará con ellos de modo insensible, se acordará de esta clase cuando sea una gran escritora y lleve dentro tal gana de escribir que abrirá su cuaderno y contará otra vez aquel primer viaje que hizo con sus amigos y su profesor, en el vagón que nos trazó  tan bien Arturo, que sería luego un gran pintor, ¿no es cierto, Arturo?, cuando aquel día nos miraba la gente diciendo : “¿ Pero qué harán esos chicos aquí?, ¿por qué no están en clase?”, y todos nos reiremos cuando seamos mayores, bueno, ustedes se reirán, yo no, yo no estaré ya, recordarán a aquel profesor que les hacía sufrir con las prácticas: “ de repente nos dibujaba un tren, o un lago, o una montaña —dirán —, y allí nos teníamos que ir dejando la teoría, ¡a vivir, a ver, a aprender!”; lo cierto es que ustedes se enfurruñan porque les cuesta: a mí también me cuesta salir de clase, es mejor ver el ferrocarril desde la ventana, sin moverse, pero , ¿y el esfuerzo?, todo en la vida supone un esfuerzo, y este personaje que viene hacia aquí, por ejemplo, ¿ lo ven?, pues ese personaje es el revisor y vean cómo pone esfuerzo en su tarea, cómo observa, y pica los billetes, y apunta en una libreta quién va y quién no va, y para él ese horizonte del día es siempre el mismo, los prados, las casas, los animales quietos, esa bandada  de aves, forman parte de su ir y venir y  cada noche entran en sus sueños. Lourdes, usted que aún no tiene vocación, que duda entre ser  enfermera o ser médico: si un día decide estudiar, quizá, no lo sabemos aún, no puede saberse, (mientras, yo entrego los billetes al revisor: “ sí, sí señor, somos doce, éstos, y esos de ahí también vienen conmigo, y aquel niño, Constantino, que se ha puesto al fondo con su madre”), pues les decía que aún no puede saberse qué será usted, Lourdes, tan indecisa siempre; pero haga lo que haga, no olvide que los sueños pueden estudiarse, usted que sueña tanto, que

 

 

 

 

sueña despierta con esos ojos grandes, azules, podrá pensar: ¿ soñé o no soñé que yo me escapaba de clase, que íbamos en aquel tren de prácticas que corría tanto? ¿dónde he vivido esto? ¿Lo soñé? ¿lo viví?”,  y no sabrá responderse. Lo bueno de estos viajes inesperados es mezclar la realidad y la fantasía. Fíjense que hemos subido hace un rato en un tren antiguo, casi asmático:  ¿alguien se ha dado cuenta de cómo se ha transformado?, a ver, usted, Benito, no hace falta que levante la mano, usted, ¡no!, ¡siga sentado!,  le veo perfectamente: ¿ en qué nota usted que se ha transformado este tren?… ¿En qué…? ¡Exacto! ¡En que ahora corremos a toda velocidad! Vamos a tal velocidad que no nos hemos dado cuenta de que han cambiado los asientos, hasta las ropas de las gentes, toquen estos asientos, ¿ven estos  botones?, estos botones son para  poder echarse para atrás, así, ¿ven?, ¡no! ¡suavemente!… pueden echarse para adelante y para atrás: es la comodidad, ¿verdad?, el bienestar… Es importante estudiar el bienestar, lo que va pasando de necesario a superfluo, lo superfluo que nos parece necesario, y, sobre todo, la poca importancia que damos a lo superfluo, como si lo tuviéramos desde siempre, como si tuviéramos derecho a la comodidad. Pero, ¿ y el sacrificio ? ¡ Ah, el sacrificio les hace pensar!  Estoy viendo ahora a Paula, mientras ella no me ve, ¡ no, no se vuelvan!, fíjense un poco en esa cara, sin distraerla… Es ella la que va distraída. ¿ En qué piensa? ¿Piensa en el sacrificio ?, ¿ en la comodidad?  No piensa en nada, se deja llevar, es tan romántica que piensa en esas estelas vagas, adormiladas, ¡no, no se rían!, piensa en cuando ella sea mayor y alguien vaya junto a ella, cuidándola, queriéndola, a esta velocidad que ahora vamos… no se le ocurre al ser humano pensar en el sacrificio, ¡ a lo mejor es lo que debe hacer!, ya vendrán los dolores sobre Paula, los sinsabores…, ahora se deja llevar no sabe adónde, fíjense si estará ausente que no nota que la estamos mirando… ¿Y ven?, todo esto es el tren, el viaje, la realidad. De todo esto tendrán que hacer un trabajo para fin de curso, pero no un trabajo de caligrafía apresurada, tampoco  algo para salir del paso, se lo digo a ustedes, los mayores : este año hay que presentar una cosa digna, ¡si no no hubiéramos hecho este viaje!, este año quiero que escriban sobre lo que han visto, lo que han imaginado: hay que desarrollar las potencias del hombre, las dotes: ¿cómo utilizó yo mi imaginación, mi entendimiento, mi voluntad, mi memoria ? Tengo cualidades para pintar,  ¿entonces por qué no pinto? Hay que vencer a la pereza y pintar, o escribir, o poner en un papel nuestros sentimientos, y también

 

 

nuestras ideas, saber hacer con ellos hasta un tren, ¡fíjense!, usar, por ejemplo, este viaje en tren que están haciendo conmigo para hablar del viaje de la vida, lo que la vida supone para ustedes… A algunos no se les ocurrirá nada ¡cuesta al principio ponerse y llevar a cabo eso que llevamos dentro!, esa sensación de sorpresa ante esto que estamos contemplando, esta prisa, esta celeridad, no hay tiempo casi para contar lo que vemos, porque las cosas, ¿verdad?, se superponen unas a otras, y sin embargo todo tiene su belleza, hasta lo más nimio; si ahora, en la escuela, no empiezan a descubrir la belleza de esas cosas, las más pequeñas, ¡también las grandes, claro está!, pero sobre todo las pequeñas — este rato tan agradable que estamos pasando, esas nubes, este color del día, las gentes, esta hora mágica, única, que no volverá, nosotros mismos disfrutando de todo eso —, si ahora no lo sabemos descubrir, agradecer, reconocer y reflejar, entonces el tren de la vida pasará a tal velocidad que será únicamente un ruido de estrépito, fulgurante, un suspiro vacío, algo ante lo que cualquiera de ustedes dirá : ¿pero cómo? ¿ya ha pasado? ¿Y esto era la vida?  Antes de que se den cuenta habrán vivido todo y se quedarán boquiabiertos, pasmados: pero bueno, dirán, ¿ y ya no hay otra oportunidad? Se ha quedado usted un poco serio, Alberto: lo entenderá. Ahora no lo entiende, pero lo entenderá. Vamos. Aprovechemos la próxima estación. ¡No, no podemos seguir más!… ¿Qué? ¿Les ha parecido corto? Avancen, vamos, ¡vamos, vamos por el pasillo! ¡A ver!, ¿quién falta? Uno, dos, tres…¡y doce! Bien. ¡Constantino, usted también, venga, deje a su madre! No. Ahora hay que esperar. ¿ Lo ven? Ya va parando. Ya está. Déjenme, que yo voy a bajar primero, yo les ayudo. Así, vamos, váyanme dándome la mano. ¿ Pero vamos, Paula? ¡ que el tren se va…! Bien. ¿Estamos todos? Ahora observen. ¿Ven?  También hay que observar el ferrocarril desde fuera, todo hay que contemplarlo. Miren cómo toma el impulso del futuro, cómo desaparece y se va… ¿ Se dan cuenta? Es una curva de tiza en la pizarra, un arco ¿ven?, así, como yo lo estoy pintando ahora, de abajo arriba, ¿lo ven? Así han de pintarlo en casa esta noche. ¿ De acuerdo? Bien.¡No, no lo borren! Vamos, la clase ha terminado. Vamos, vamos… ¡adelante, salgan! Margarita, no se olvide de apagar la luz.”

José Julio Perlado — “ Dibujar un tren” – (del libro “Relámpagos” ) ( texto inédito)

 

 

(Imágenes—1-Marta Zamarska/ 2-René Groebli/3- Eliot Ervitt/ 4-pullman británico/ 5- Hari Roser/ 6- Holger Droste/6- Olga Chernysheva/

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