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”¿Qué palabra ha brotado junto a mí,

qué grito ha nacido de una boca ausente?

Apenas si oigo gritar a mi lado, apenas

si siento el soplo que me nombra.

Sin embargo ese grito sobre mí viene de mí,

estoy oculto en mi propio delirio.

¿Qué voz divina o qué extraña voz

ha oonsentido habitar mi silencio?”

Yves Bonnefoy

 

 

(Imágenes- 1- Alessandro Twomlbly/ 2-Dora Frost)

CRISTINO DE VERA

 

 

“El ambiente, la luz de las islas, sí que ha influido en mi pintura – recordaba Cristino de Vera -. Mi primer viaje a la Península lo hice a los diecinueve años. Ya en ese tiempo dibujaba, pintaba. La luz cambiante de las islas, la observación de tonos y cosas, el primer muerto que vi – un compañero de la escuela, su tremenda sinceridad en el rostro -, las frutas de los mercados… mis largos paseos por La Laguna (nubes bajas) mis primeras observaciones de los cambios del mar, tierra, nubes… sin duda tienen una influencia definitiva en mi trabajo.”

 

 

Ahora Cristino de Vera expone en Madrid, en Caixa Forum. Su muestra la titula “Hacia el silencio”. Una depuración de años, una búsqueda interior a través de la pintura. “Me siento vinculado – proseguía el artista – a una forma de pensamiento que creo que es una constante en la historia de la pintura : el esfuerzo o la búsqueda de cierta belleza escondida que hay en todo, una cierta nostalgia por la muerte que podría estar con un expresionismo poético muy particular, un ansia en cada cosa de intemporalidad, un amor al reposo de las formas. El primer contacto con Zurbarán, su forma mística de transfigurar la luz…cierto enfoque de ver el cosmos en Van Gogh, la serenidad de Fray Angélico…la fuerza de un Van der Weyden, Van der Goes… todos estos grandes artistas creo que me han servido bastante para ir descubriendo y desarrollando mi propio estilo.

 

 

A mí me gusta  trabajar las cosas que ya en su realidad despiden una carga de humildad y sencillez… un cestillo, una rosa seca, un cráneo, una áspera mesa, una figura irradiada de blanca luz, unas florecillas. Decía Paracelso que “a veces en la más humilde de las cosas está encerrado todo el misterio del Universo”. Cuando pinto figuras o ventanas con fondo de cementerio… o figuras muertas sobre mesas, o en campo de flores, con fondo de galaxias…lo que a veces intento es que por medio de una limpia luz de estrellas, noche, luna o crepúsculo se mitigue el fondo dramático que la muerte encierra… y es cómo si llevase dentro de mí un cúmulo de cosas con mucha carga atormentada que me hacen a veces un ser muy inestable… por eso a veces en mi pintura hay aquello de que más carezco y amo, un mundo de paz, y humildemente pretendo que este mi trabajo pueda servir a algunos seres. Ya eso de por sí sería bastante.”

 

 

(Imágenes-: Cristino de Vera: -1-Lorenart/ 2-fundación Cristino de Vera/ 3-Caixaforun/ 4- elpais)

EDUARDO ARROYO

 

Hace diez años escribí en Mi Siglo sobre él.

“El cuadro que se escapa“, lo titulé.

Hoy se ha escapado definitivamente de la vida aquel compañero mío de la Escuela Oficial de Periodismo de la calle de Zurbano de Madrid con el que compartí muchas horas. Su figura sigue en mi recuerdo.

Descanse en paz.

 

 

(Imágenes – 1- Eduardo Arroyo – tiempos modernos/ 2- Eduardo Arroyo – ctxt)

 

“Tú vienes a Toledo con prisa. En unas horas quieres sorber su jugo emotivo. Está bien; hallarás con creces donde beber a chorro;  pero no lo busques en el arte de los mudéjares toledanos, que exige gusto de reposo, abstracción de tiempo, ganas de soñar mirando y remirando cosas insustanciales, sutilezas, recovecos sin salida tal vez, cuyo misterio tan sólo atrae y cuyo desenlace descontamos por inútil. Permíteme aventurar un cotejo – así lo sigue contando Manuel Gómez Moreno  en su visita a Toledo -; ponte en el Museo del Greco, ante su apostolado; si eres sensible, se te irán entrando aquellos tipos extraordinarios de alucinados, de locos; tus nervios se irán poniendo de punta; si encerrado allí aguantases una temporada saldrías hablando solo, de remate.

 

 

Pásate ahora por el Tránsito vecino; mira a cualquier parte; unos follajes retorcidos, una celosía; si supieses hebreo, un letrero. ¿Sabes acaso lo que las escrituras monumentales semíticas encierran de misterio? ¿Gozáste alguna vez descifrando aquellas fugas de vocales o de consonantes que traían nuestras revistas y almanaques? Pues otro tanto y más de ingenio es preciso para leer árabe o hebreo en las inscripciones; hay que no tener prisa ni hacerse ilusiones sobre el éxito final; es problema de pasar el tiempo; si miras una celosía o te sobrepones al mareo de lo entrevesado, poco a poco irás descubriendo ordenaciones, simetrías, juegos de polígonos , coronas que bailan una melodía graciosa, constelaciones rítmicas… porque es eso, un remedo de cielo, con sus soles que son estrellas, sus planetas y satélites, que llevan nombres reservados para los estudiosos, y al cabo, si estás en buena postura, te quedarías dormido, soñando cosas plácidas, gustosas… Te decides por el Greco, ¿verdad? ¡Ya lo tenía previsto! La fantasía….”

 

 

(Imágenes- 1 y 3 – Toledo- el Greco / 2- Toledo- Oskar Kokoschka)

EL RASTRO

 

 

“Grandes máquinas, relojes, maderas, los aceros más feroces, abanicos delicados y pueriles; monedas antiguas, sólo dignas de las almas sórdidas de los numismatas; cascos de botella, cada uno con su alma de cristal y de color distinto; pipas que han sido entrañablemente acariciadas; navajas que recuerdan crímenes; bastones todos jubilados; muebles requetedorados de un oro chanchullero; tristísimas lámparas de minero; braseros peripuestos; cacharros de loza con mordiscos y melladuras, con flores vivas; paraguas que recuerdan a seminaristas; cobres a los que ya el tiempo ha convertido en oro; máquinas de hacer café , con aromas del paraíso de los hombres; gafas que impondrán la visión del otro; instrumentos de cocina que entre ellos se hablan; relojes cuyo ritmo llena el aire como un inmenso enjambre;

 

 

calzado viejo con aire tragicómico; esculturas sin museo; bustos de señoras enfáticas; cabezas de peinadoras; maniquíes de sastrería, sordos y tontos; animales disecados en los que anima el alma de este paraje; libros de cuyo amontonamiento brota un olor a agua podrida; armas formidables, más allá del crimen y de la guerra; Cristos clementes, en medio de las cosas arrumbadas; costureros de color miel y espejito; tinteros muy muertos por la tinta seca de su fondo; camas trágicas las de hierro, piadosas y humanas las de madera;

 

 

sillas campesinas, de hogaza; pupitres episcopales; bargueños, que son como capillas civiles, tiernos y confidentes; espejos que han perdido su sordidez mirando al cielo en el carro que los traía; cosas de cementerio, sin sentimentalismo; dulces instrumentos de música; cuadros en los que se revela la plenitud de la pintura y la hipocresía de los museos; fotografías como miradas descoloridas, casuales, y sombreros y trajes, siempre lamentables, exangües, exangües…”.

Camón Aznar, en su estudio de la obra de RAMÓN, va desgranando este desfile de “El Rastro”, la obra que viera la luz en 1915 retratando los objetos bajo un cielo madrileño “bajo, acostado, concentrado”, donde, “las golondrinas – dice RAMÓN – juegan sobre la calle del cielo que corresponde a nuestra calle de la tierra como párvulos en vacaciones o al salir de las escuelas”.

Ahora que  AndrésTrapiello publica su Rastro personal, el viejo Rastro de Gómez de la Serna, mapa de los objetos perdidos, nos lleva siempre a la nostalgia.

 

 

(Imágenes -1- Lynne Parques/ 2- Olga Antonova/ 3-Berenice Abbott-  1958/ 4-Rodrigo Moynihan – 1948 – robrt mile

EL TERCER HOMBRE

 

 

El tercer hombre” tuvo que arrancar como relato y no como libro cinematográfico, antes de ponerme a trabajar en lo que pareció una interminable serie de transformaciones de un guión a otro – recordaba Graham Greene -. Carol Reed y yo trabajamos en estrecha colaboración sobre la continuidad y la línea argumental cuando volví a Viena con él para escribir el guion. Recorrimos kilómetros de alfombra y representamos escenas el uno para el otro. Nadie participó de aquellas reuniones , ni siquiera el propio Korda : tan válidos son los ataques mutuos  y el ímpetu de la discusión entre dos. Para el novelista, desde luego, su novela es lo mejor que él puede hacer con un determinado tema; no puede sino exasperarse ante muchos de los cambios necesarios para convertir su texto en una obra cinematográfica. A decir verdad, la película es mejor que el relato, porque en este caso es la versión final del relato.

 

 

Algunos de estos cambios responden a motivos obvios, superficiales. La elección de  una estrella norteamericana en lugar de una inglesa suponía una serie de modificaciones : la más importante era que también Harry debía ser norteamericano. Joseph Cotten hizo una objección muy razonable al nombre que yo había dado al personaje de la historia : Rollo. Una de las pocas grandes discusiones que tuvimos Carol Reed y yo giró en torno al final, y él demostró de una manera muy brillante que tenía razón. Yo sostenía que un pasatiempo de esa índole  era demasiado endeble para soportar  el peso de un final triste. Por su parte, Reed pensaba que mi final – impreciso, sin palabras, con Holly y la muchacha alejándose juntos en silencio del cementerio donde entierran a Harry – impresionaría al público que acababa de ver la muerte y el entierro de Harry como una muestra de desagradable cinismo.

 

 

(…)  Cuando Carol Reed  fue conmigo a Viena para ver las escenas que yo había descrito en el guión, quedé perplejo al comprobar que, entre el invierno y la primavera, Viena había cambiado por completo. Los restaurantes del mercado negro, donde sólo con mucha suerte podían encontrarse en febrero unos cuantos huesos que se hacían pasar por cola de buey, ahora servían frugales comidas legales. Habían retirado las ruinas fronteras al “Café Mozart”, que yo había bautizado “Vieja Viena”. Una y otra vez me oía  a mí mismo decir a Carol Reed: “Te aseguro que Viena era de veras así… hace tres meses.”

 


 

(Imágenes -1- Graham Greene/  2, 3 y 4 , escenas de la película “El tercer hombre”)

PISAR MIS SUEÑOS

 

 

“Si del cielo tuviera yo los bordados paños,

bordados de dorada y plateada luz,

los azules, los mates y los oscuros paños

de la noche y del día y de la media luz,

si los tuviera yo, los pondría a tus pies:

pero, como soy pobre, solo tengo mis sueños;

y tan solo mis sueños he puesto yo a tus pies;

pisa con tiento entonces, porque pisas mis sueños.”

W. B. Yeats – “Desea él los paños del cielo”– “El viento entre los juncos” (1899)- traducción Daniel Aguirre

(Imagen-Jean Baptiste Huynh)