LA OBRA DE LOS DEDOS

 

 

“Al igual que la lectura — dice Giovanni Pozzi al elogiar el silencio —, la escritura es un proceso silencioso, pero animado por un movimiento inverso: la lectura extrae de los caracteres alfabéticos un significado y lo deposita en el espíritu; la escritura, en cambio, lo busca en el mismo espíritu y lo despliega en la página trazando un camino silencioso. La tinta corre sin gemir, y la pluma discurre por la superficie uniforme de la hoja sin raspar. Una vez completada la página, las curvas y astas de los caracteres dibujan sobre el blanco de la hoja contornos armónicos parecidos a los que forman el conjunto solitario de las flores de su parterre. El significado emana de ellos como el perfume emana de las flores. Este encantamiento no pertenece al mundo de las máquinas de escribir con sus repiqueteos oscilantes. Obra de dedos movidos por manos inertes y fijas, en lugar de por el movimiento de la mano entera que avanza al ritmo de la palabra, el texto escrito a máquina llega al mundo por cesárea y no por parto natural; máxime en el nuevo tipo de soporte electrónico, que rompe el tradicional vínculo entre la escritura y su soporte, inseparables hasta ahora. Los dedos no median, sino que dominan, y los caracteres ya no representan el silencio elocuente del texto impreso en la página en blanco, sino la locuacidad muda de la multitud metropolitana. Cruzarse sin saludarse, apiñarse sin tocarse, observarse fugazmente, encontrarse sin conocerse en la soledad de la masa inquieta.”

 

 

(Imágenes – 1- Henry Moore- 1979/ Janine Antoni – 2004- artnet)

MUDANZA

 

 

“En donde confluyen los interiores

de sus primeros años

pasaron compañías de mudanzas

con sus camiones de atrezo

y se llevaron los objetos del pasado

—camas, alfombras, lámparas, gente,

documentos, cómodas —

dejando atrás un monumento tangible

de su vida y de cómo la vivió:

Un árbol verde sopla fuera

internándose en la habitación

por la ventana doble, formando rectángulos

de color crema

sobre la pared con la ventana y la pared

con el nicho y sobre

el suelo de madera desnudo, el sol matutino

habita el vacío

con luz americana.”

L. E. Sissman  – “Hello, darkness” (1978)

 

 

(Imágenes -:  1.-Hopper – Sol en una habitación vacía -1963- colección privada/ 2- Hopper- cielo rojizo)

LA VOZ DE ORTEGA

 

 

“Ortegaescribe Pla con sus grandes dotes de observador – es de estatura pequeña, pero grueso y metido en carnes, y viste una excelente americana cruzada de color gris claro, sobre la cual destaca un cuello planchado, reluciente, y una corbata azul, a lunares blancos. Un hombre bajito, vigoroso, uno de esos hombres que parece que tienen que llevar unos tacones una pizca más altos que los corrientes. Pero todo eso es secundario en esta figura, porque lo que fascina inmediatamente de este hombre son las líneas del rostro y el relieve de la cabeza, que eliminan del campo visual todo lo demás.

El contorno de la cabeza, invadida por una acentuada calvicie, es voluminoso. En ella destacan unas facciones a medio dibujar, de cierta rudeza, de acentuada volumetría, que a veces parecen modeladas en barro de una manera  tosca, que no ha logrado alcanzar la suavidad y la finura, pero que impresionan, por su masculinidad y la fuerza del relieve. La frente es amplia y vasta, prominente, y, debajo de las cejas, los ojos palpitan de vida: unos ojos matizados, de una movilidad sorprendente, que siguen las incidencias de la vida mental del profesor —en este momento su discurso — con una fidelidad absoluta, como siguen sus gestos, sus censuras o sus preferencias.

 


 

La voz de Ortega es prodigiosa. Es una voz llena, de barítono granado, de una admirable precisión  de matices, de una vocalización perfecta, llevada hasta las últimas exigencias vocales.  Por eso es una voz que parece sólida y al mismo tiempo es suave, afrutada, delicada, de superficies que incitan al tacto. Es como un mueble viejo, de buena madera, sólidamente construido y llevado, por medio de un trabajo persistente y misterioso, a presentar unas superficies bruñidas, de brillos fascinadores, de reflejos soñados. Esa doble serie de condiciones — esta voz sólida y fluida a la vez, estructurada y líquida — hace que se os aparezca como una cosa perfecta, acabada (…) En la oratoria de Ortega, el constructor del idioma y el artista del idioma son inseparables. (…)  Los oradores castellanos ( en general) tienden al solo de clarinete . El instrumento de Ortega es el violonchelo, un violonchelo de buena madera, muy bien ajustado, explícitamente bien tocado.”

 


 

(Imágenes-1- Ortega por Zuloaga/ 2-Nasa/ 3- Max Ernst- 1964- Galería lufof)

LAS CUATRO DE LA MADRUGADA

 

 

“Cada día, excepto si llueve a cántaros, o si se levanta mucho polvo, como hoy, que no se puede respirar — le decía Amos Oz a Shira Hadad en una de sus conversaciones — hago mis paseos matutinos. Eso me ayuda a ver las cosas en su justa medida: ¿qué es más importante?, ¿qué no lo es?, ¿qué se habrá olvidado en unos días?, ¿qué no será olvidado? Paseo incluso antes de tomarme un café. Me levanto, me ducho, me afeito y salgo. A las cuatro y cuarto, ya estoy en la calle; a las cinco menos cuarto estoy de vuelta; un poco antes de las cinco —fuera es aún noche cerrada —, ya estoy con el café en la mesa. Esas son mis horas. Ese es todo el ritual.

 

 

Yo no sufro, no me cuesta levantarme a las cuatro. Me despierto sin despertador. Incluso los sábados, incluso los días de fiesta. Esas son  las horas en las que nadie me necesita. En Arad salía a caminar por el desierto antes del amanecer, porque el desierto comenzaba a cinco minutos de mi casa.  Aquí, a veces camino por el pequeño parque, o simplemente por las calles, porque me resulta interesante. Las ventanas están oscuras, salvo en el baño donde dejan la  luz del baño encendida. Hay mucha gente que deja la luz del baño encendida por la noche. Tal vez piensan que eso asustará a los ladrones, o quizá lo hacen por si el niño se despierta durante la noche. Tal vez piensan que la muerte no vendrá si hay luz en el baño.

A veces tengo la oportunidad de darle los buenos días al repartidor de periódico. Hace unos días vi en un jardín a un joven con un perro a las cuatro de la madrugada. No estaba paseando, solo jugaba con el perro en el césped a las cuatro de la madrugada. Le arrojaba un palo y el perro se lo devolvía.  Y yo, mientras camino a esas horas, pienso en lo que me aguarda sobre  la mesa. Porque casi siempre estoy en medio de algo. Así que pienso dónde estaba ayer, dónde lo dejé, adónde quiero llevarlo. No siempre ocurre lo que pienso, pero pienso, sí, y de algún modo también conduzco a las personas, conduzco a los personajes.”

 


 

(Imágenes -1-André Wythe/ 2-Theodore Major/ 3- Lesser Ury- 1920)

SALIR DEL NOCTURAMA

 

”Esta mañana en mi cuarto de trabajo, en casa, me han rodeado como siempre que escribo murciélagos y jerbos de Egipto, erizos, búhos y lechuzas nativos, zarigüeyas australianas, martas, lirones y lémures que saltaban de rama en rama, corrían velozmente de un lado para otro entre mi cuaderno y mis libros, y también por el suelo de arena amarillo grisáceo o desaparecían de pronto en el bambú. Me había sentado un rato con Sebald para leer juntos “Austerlitz” y la verdad que de toda la mañana solo persiste en mi recuerdo el mapache, al que observé largo rato mientras  él estaba con rostro serio caminando junto a mi ordenador, lavando una y otra vez el mismo trozo de manzana, como si confiase en poder escapar mediante esos lavados, que iban mucho más allá de toda meticulosidad razonable, aquel mundo falso al que, en cierto modo sin comerlo ni beberlo, había ido a parar.

Por lo demás, de los animales que albergaba el Nocturama de Amberes en donde yo estaba escribiendo, sólo recuerdo que varios de ellos tenían unos ojos sorprendentemente grandes y esa mirada fijamente penetrante que se encuentra en algunos pintores y filósofos que, por medio de la contemplación o del pensamiento puros, tratan de penetrar la oscuridad que nos rodea. Además, creo que me rondaba también por la cabeza la pregunta de si, al caer la verdadera noche, cuando el zoo se cerraba al público, encendían para los habitantes del Nocturama la luz eléctrica, a fin  de que, al hacerse de día sobre su universo en miniatura invertido, pudieran dormir con cierta tranquilidad…

Por entonces – era el fin de la mañana – me llamaron a comer. Tardé mucho en poder salir del Nocturama. Me rodeaban todos los animales puesto que cuando uno escribe arrastra durante mucho tiempo lo vivido. Por eso, ya en el comedor y ante mi plato, sin  duda provocado por la visita al zoo con mi lectura y con mi pluma, seguí viendo las jaulas para leones y leopardos empotrados en los nichos de mármol y acuarios para tiburones, pulpos y cocodrilos. Estuve largo tiempo esperando a que se fueran del comedor pero no se fueron. Es la pasión por la escritura.”

José Julio Perlado

 

 

(Imagénes- 1-Stanley Spencer/ 2- tapiz de mitad del siglo XlX)

¿ LA ALHAMBRA?

 

 

“Hay un copioso estanque que semeja

al mar de Salomón,

pero que no descansa sobre toros;

tal es el ademán de los leones,

que están sobre el brocal, cual si estuvieran

rugiendo los cachorros por la presa;

y como manantiales derraman sus entrañas

vertiendo por sus bocas caudales como ríos.

Y junto a los canales, hincadas, corzas huecas

para que el agua sea trasvasada

y rociar con ella los parterres

las plantas y asperjar  los juncos de aguas puras

y el huerto de los mirtos con ellos abrevarlo;

y siendo como nubes, salpican un ramaje

fragante, con aromas de esencias, cual si fuera

de mirras incensado”.

Selomo Ibn Gabirol ( poeta judío del siglo Xl) ( traducción de Elena  Romero)

 

 

(Imágenes- 1- turismo de Granada/ 2- Sorolla – la Alhambra- 1917 – Museo Sorolla)

 

ÁRBOL

 

“Tres cosas era este árbol en su forma. Estaba allí, en el centro. ¿Estará todavía?  ¿Seguirá estando? Eso es lo que yo me pregunto desde hace días con una angustia inexplicable, si es que la angustia puede tener alguna vez explicación.

La primavera lo dejaba tan intacto como el invierno, porque la nieve no se posaba en sus ramas, ni grandes ni pequeñas, donde tampoco había cobijo para los insectos. No lo vi brotar en tantas y tantas primaveras como pasé por allí sin dejar de mirarle y darle la vuelta. Cada día, ni un capullo ni un brote.

 

 

El árbol era viejo y no lo era; había alcanzado la edad de ser, la edad del ser. No era, pues, ni viejo ni joven; había traspasado ya el límite de la generación. Si era viejo lo era según ese criterio de la generación, porque ya no brotaba.

Y crecían hasta que ya se quedaban allí y ya no salían porque se habían muerto o, más que muerto, extinguido o, mejor dicho, metamorfoseado. ¡Qué aventura íntima de la savia y de las raíces intactas y gloriosas, casi a flor de piel, de aquel árbol que había crecido de esa manera, abriéndose y cerrándose!

 

 

Pero abriéndose en forma que se dibujaba en el aire, que no era un lugar de tránsito ni un lugar de metamorfosis, porque ya no podía cambiar, sino un lugar, una criatura que simplemente era aquel árbol.

¿De qué reino? Algún botánico lo habrá estudiado, pero mi ignorancia no lo sabe. No lo sé más que porque lo he visto, porque lo he amado, y ahora porque lo sueño. Y, si lo sueño tanto, ¿no será que ya no existe, que se ha convertido en sueño mío este ser?

No, nadie se podía acercar a aquel árbol a causa de la respiración que de él emanaba. ¿De dónde? ¿De sus ramas? ¿De su corazón encendido todavía? No sabría decirlo. Pero aliento aquel árbol, Señor, sí lo tenia.”

María Zambrano – “Árbol” (1985) – “Algunos lugares de la pintura”

 

(Imágenes- 1-Pier Mondrian -1910/ – 2-Alicia Rothman/ 3- Andrés Wyeth- 1959/ 4-Paul Signac 1893)