UNA SONRISA EN UN BLOG (11) : COMO INSTALAR EN CASA UN ELECTRODOMÉSTICO


“Para poder instalar el PZ40 — aconseja Umberto Eco — es necesario desembalarlo extrayéndolo de la caja de cartón. Se puede extraer el PZ40 de la caja solo después de haber abierto la misma. El paquete se abre levantando en direcciones opuestas las dos lengüetas de la tapa ( véase dibujo en el interior). Se recomienda, durante la operación de apertura, mantener la caja vertical con la tapa hacia arriba porque, en caso contrario, el PZ40 podría caer al suelo durante la operación. La parte alta es aquella en la que aparece el letrero ARRIBA. En caso de que la tapa no se abra al primer intento, se aconseja probar una segunda vez. Una vez abierto y antes de quitar la cobertura de aluminio, se aconseja arrancar la lengüeta roja, si no, el embalaje explota. ATENCIÓN después  de la extracción del PZ40 podéis desechar la caja.”

(Imagen — Name June Paik)

VOLANDO CON GOYA SOBRE MADRID

 

 

“… Pasaron limpiadoras sin hacer caso ni a perros ni a caballos, y el pasillo del eco volvió a llamarme desde lo más hondo de sí mismo y yo avancé por el gran corredor, y fue el color y la luz lo que me atrajo, pasé ante el sereno Cristo de Velázquez, oí las ruecas en giro que hilanderas movían, apuntaron al cielo lanzas, y se nubló el mirar de los borrachos, yo iba solo, pasillo adelante, creía que el suelo era firme y sólido, cuando de pronto todo empezó a temblar, lo oye usted, ya no es únicamente la habitación de mi pensión, es la escalera del Museo del Prado, son las estancias, las  galerías, los ascensores, soy yo, precipitado de escalón en escalón, es el Sordo de nuevo, el genial Sordo aragonés escondido en un viento negro de pinturas el que me levanta de modo impetuoso y abrupto y soy arrastrado y elevado en el aire, miré  a Goya y vi que yo y el Prado éramos uno volando, se habían desenterrado los cimientos del Museo, las cornisas, las ventanas, los pórticos, los vestíbulos, las piezas de las claraboyas y las cúpulas se habían recogido en sí mismas y sin desintegrarse, ni perder un cristal ni una piedra, y formando un todo conmigo mismo, comenzaron y comenzamos a girar sobre el Paseo del Prado y un vendaval fuerte e interno nos desplazó primero hacia el Jardín Botánico, y luego retrocedimos a los Jerónimos, y desde lo alto vi el techo de las naves de la iglesia, y luego nos empujaron hacia la Bolsa en su remolino, y eran entonces las ocho de la tarde y muchos madrileños y turistas nos señalaban perplejos desde abajo, desde las aceras, vio usted alguna vez al Prado volando, yo jamás lo había visto, yo iba rozando árboles, Goya

 

me echó encima un manto gris y de un verde oscuro, o mejor, abrazó todo el Museo en levitación con una capa de tinieblas enormes, pliegues de tempestad y de velocidad, y tomamos impulso, y era milagroso ver los cuadros de todas las salas colgados y sin dañarse, viajando, y Goya levantó el brazo como hace en Asmodea o el Destino, y el destino nos llevó encima de Madrid, y no fue el diablo cojuelo que yo había leído en la Biblioteca Nacional, no, no fue aquel diablo de Vélez de Guevara el que nos empujaba, porque ni un techo, ni una casa, ni un tejado se abrió a nuestro paso, El Prado seguía volando lento sobre Madrid y lo hacía intacto y vacío de gentes y Goya y yo solos dentro del Museo sentimos que el espacio de todos los pinceles se reunía como un círculo mágico, y volúmenes y rostros de hombres y mujeres quedaban en las embobadas calles mirándonos volar, y algunos espantados, y otros boquiabiertos, y los más muy escépticos, y miramos la ciudad de Madrid en el espejo del tiempo, y desde el monumento alado estuve viendo las altas terrazas de la margen izquierda del Manzanares, y los fosos antiguos ya hoy tapados, y desde el norte, desde encinas y jaras, pasé y pasamos el Museo y yo sobre ocultos barrancos que ahora cubrían calles como la de Leganitos o la llamada de Segovia, y Madrid debajo de nosotros iba desperazándose hacia el Este, y el Museo cubrió con su sombra aquel estirarse de Madrid desde el lugar donde estuvo el antiguo Alcázar hacia los arrabales, y yo no tuve que asomarme a

 

ventana alguna porque el suelo del Prado era tan transparente que vi como a través de una pantalla aquellos arrabales de San Ginés y de San Martín, de Santo Domingo y de Santa Cruz, y nos miraban algunos en las esquinas admirados del modo en que viajábamos, pero el Museo y yo, es decir, el arte sobre Madrid, la realidad y la ficción exaltada y creadora, pasó por lo que había sido la Puerta de Guadalajara, y cruzó luego la Puerta del Sol, y contemplé yo entonces las torres mudéjares de San Pedro y de San Nicolás y el arco gótico de la torre de Luján, y a esa hora, serían ya las ocho y cuarto, aquella mole tan liviana del  Museo en la que yo viajaba dio una vuelta por la Plaza Mayor y desplazándose en giros circulares voló muy suave por encima de la Puerta de Toledo, y luego tornó a Embajadores, y después a Atocha, y luego a la glorieta de Bilbao, y a Colón, Cibeles y el Retiro, y miré a Goya que me seguía señalando un rumbo que yo no llegaba a comprender, y estuvo el Prado de pronto otra vez por las plazas de Tirso de Molina y de Santa Ana, y entró por Conde Duque, vi derribados muros y cercas, y entramos en el barrio de Salamanca, y la

 

 

sombra del Museo cubrió también y a la vez Cuatro Caminos, y ya adquirimos algo más de altura y Madrid se fue empequeñeciendo, y un polen blanco, un púrpura de mayo cayendo en motas, no me dejaba ver a lo lejos el vecino Alcalá de Henares, y Aranjuez al sur, y San Martín de Valdeiglesias tendido en el oeste, y al norte Somosierra, y fue de repente, y era aún de día porque era tarde limpia de primavera, cuando de pronto allí, en lo alto, yo me sentí absorbido, no, no sé ahora explicarlo, sentí de repente que me sorbían, y vi que mi cerebro se alargaba, quedó desnudo, y el dios del tiempo me apretó la cintura del cerebro con sus dos manos y abrió  la enorme boca el tremendo gigante Saturno y dilató los ojos, y allí, sobre Madrid y en el aire y sin poder yo chillar porque era devorado, me empezaron a engullir lentamente, y comencé a sangrar por todas partes, y yo ya no tenía mente, ni ojos, ni facciones, ni cuello, y Saturno me tragaba entre sus fauces, quién era yo, me pregunté sin contestarme, por qué me devoraban, ni me oí ni me ví, sólo noté muy rápido que un ramalazo despeinado, un brochazo de Goya en gris y en negro me arrancó con violencia del rojo de la sangre, y el genial Sordo fue bajando muy lentamente el Prado, y así bajamos, así lo hice yo, y el Museo descendió muy poco a poco, el tiempo bajaba junto al arte, y yo con los artistas, aquel silencio de galerías en que me había quedado comenzó a andar, otra vez se extendió, y anduve por las salas, estaba el Prado sólido de nuevo, sólido y solitario, intacto, las luces encendidas en cada corredor, las sedas tapizadas, los lienzos contemplando cómo yo iba avanzando, y volví a oír llaves al fondo, y limpiadoras, y anduve y anduve quizá horas o quizá segundos, no lo sé, ya la negrura de las pinturas del Sordo pareció apaciguarse, y se hicieron corro sombras rodeándose a sí mismas, escuché aún toses de viejas calaveras que murmuraban algo en aquel arre, bajo mis pies, y luego un perro asomó en un rincón, perrillo pintado por Francisco de Goya, afanado por no quedar hundido ni enterrado, angustiado, asomando sólo la cabeza, escarbando su esperanza para alcanzar una luz y un liso espacio de un vacío gris amarillento.”

 

José Julio Perlado

(del libro “Ciudad en el espejo”) ( texto inédito)

TODOS  LOS DERECHOS  RESERVADOS

 

 

(Imágenes—1-Goya- Asmodea- Museo del Prado/ 2- Goya- romería de San Isidro- El Prado/ 3-Goya- Duelo a garrotazos – El Prado/ 4- Goya- escena de toros – museum syindicate/ 5-Francisco De Goya- perro semihundido – Museo del Prado)

EL PAÍS DONDE NADIE HABLA

 

 

‘Como describe el francés Jean-Marie Le Clézio en una de sus novelas fantásticas, “existe un país  situado dentro del sonido de nuestra voz  que está justo al lado del país  Donde- todos- hablan. Las calles y las aceras, los aleros y los parabrisas de los automóviles están cubiertos por una gruesa capa de nieve invisible que sofoca todo sonido — como así lo recuerda Alberto Manguel.

Los habitantes son mudos, lo cual no significa que no comprendan las palabras; al contrario, se comunican mejor entre ellos que si emplearan palabras y oraciones.  Son como las hormigas andando por los sarmientos — sigue diciendo Manguel — Se ven a cada momento para contarse cosas sin que nadie los oiga.

Nunca hace frío  en Donde-nadie -habla y en esa tierra todo es suave y apacible. Para llegar a ella, el viajero debe atravesar el vecino país Donde-todos-hablan. El viajero se encontrará allí rodeado de una reverberación de sonidos que le producirán dolor de oídos: autos, radios, fábricas de palabras. Pero, gradualmente, los sonidos empezarán a pelearse y terminarán anulándose unos a otros.”

(Imagen — René Magritte)

LUCES DE BOHEMIA

 


“Ahora que evocamos los cien años de “Luces de bohemia” — del 31 de Julio al 23 de octubre de 1920 publicó Valle- Inclán la primera versión en la revista “España”, presentando doce escenas —, volvemos también a las sombras y a las luces reflejadas en esta obra y que el profesor norteamericano Summer M. Greenfield quiso estudiar en su “Anatomía de un teatro problemático”.

Algunas de las sombras, anotaba Greenfield, aparecían en sus escenarios, “ La Taberna de Pica Lagartos, por ejemplo, : “ luz de acetileno, mostrador de cinc, zaguán oscuro con mesas y banquillos, jugadores de mus, borrosos diálogos”. O  en la Redacción del periódico “El Popular”: “ sala baja con piso de baldosas. En el centro, una mesa larga y negra, rodeada de sillas vacías, que marcan los puestos, ante roídas carpetas y rimeros de cuartillas que destacan su blancura en el círculo luminoso y verdoso de una lámpara de enagüillas”. O en los interiores de un Ministerio: “Secretaría particular de su excelencia.  Malos cuadros, lujo aparente y provinciano.” Es el fondo físico que Valle- Inclán pinta con un realismo prosaico y sórdido. El mismo tipo de escenario chabacano e incoloro, dice Greenfield, que marca todos los niveles del orden social de este Madrid, no sólo el más bajo. La luz natural del día, por ejemplo, aparece sólo tres veces  en “Luces de bohemia”: el sol del crepúsculo que entra por la ventana, la luz del alba cuando muere Max Estrella, y la “árida” luz de la tarde después del entierro del poeta, al conversar “otoñalmente” en el cementerio Darío y el viejo Bradomín.”

 

La significación de este prosaísmo visual, sigue diciendo Greenfield, no se encuentra en uno que otro escenario particular sino en la totalidad de su efecto como refuerzo escénico para la visión de una ciudad deslustrada por la mediocridad. Si hay “luces” que brillan en “Luces de bohemia”, hay que buscarlas en la persona de los bohemios, no en la cara de Madrid”. Zamora Vicente, por su parte, en su análisis de la obra  teatral, nos recuerda que “Luces de bohemia” se nos presenta con muy poca “deformación”, más bien como un periódico más, la parodia de un periódico. ¿ Seguiremos hablando pomposamente de “deformación” o “desmitificación”? — se pregunta—. No. Vemos el esperpento encadenado a situaciones y tareas de su tiempo, específicamente teatrales.”

Sombras y luces dentro de una gran obra.

 

(Imágenes—1- Valle Inclán- el Pasajero/2-Rohnabitner- Howard Yezerski gallery- artnet/ 3-fondos del Ateneo de Madrid)

EXACTITUD DE LA PALABRA

 

“Sea lo que sea lo que quieres decir, solo hay una palabra para expresarlo, un verbo que lo ponga en movimiento y solo un adjetivo para describirlo. Y por eso —continuaba Maupassant —has de buscar esa palabra, ese verbo y ese adjetivo, hasta que los encuentres, sin conformarte nunca con aproximaciones, sin recurrir a trucos y malabarismos verbales, por acertados que sean, para evadir la dificultad.

Usemos menos nombres,  verbos y adjetivos cuyo sentido es casi imposible de entender, y usemos más frases variadas, diversificadas en construcción, ingeniosamente cortadas, llenas de resonancias e ingeniosos ritmos. Intentemos conventirnos en excelentes estilistas en vez de en coleccionistas de palabras raras.

De hecho, es más difícil manejar una frase que te gusta, y hacer que lo diga todo, incluyendo lo que no se dice con palabras, revestirla de complicaciones, con intenciones ocultas y no formuladas, que inventar una nueva expresión o redescubrir, en las profundidades de viejos volúmenes, aquellas cuyo uso y significado hemos olvidado y que están, de hecho, muertas para nosotros.”

 

 

(Imágenes:1-Larry Fox 2- Paul Klee)

SOBRE LOS JUICIOS

 

“Cuando ves alguno en el baño que se lava pronto — dice el filósofo griego Epicteto— no digas que se lava mal, sino que se lava muy pronto. De la misma manera, si alguno  bebe mucho no digas que bebe mal por beber así, di simplemente que bebe mucho.  En efecto,  ¿de dónde aprendiste que hizo mal para formar tal juicio?  Si así te retienes en tus opiniones , penetrarás en los pensamientos ajenos  y los tuyos serán conformes a los de los otros.”

(Imagen —Spiros Loukopoulos- 2018)

VIAJES POR ESPAÑA (25) : SALAMANCA Y MADRID

 


“Suelo experimentar en Madrid — decía Unamuno — un cansancio especial, al que llamaré cansancio de la corte. Cuando en esta tranquila ciudad de Salamanca salgo de paseo, carretera de Zamora adelante, se me cansan las piernas, seguramente, pero descansa y se refresca mi sistema nervioso. Mi camino está franco y despejado, no encuentro en él  detención alguna, nada me distrae, mi paso es igual, sin que haya de menester variarlo, y mi vista reposa en la contemplación; ya de la lejana y ahora nevada sierra, que parece un esmalte del cielo, ya en la vasta llanura de la Armuña, en que se tienden algunos puentecillos; ya a mi regreso, en la vista de la ciudad, dominada  por las altas torres de la catedral y su clerecía. Luego, a casa; me siento a trabajar, y a la vez que mis piernas descansan se activa mi cerebro refrescado por el paseo. Pero si en Madrid bajo por la calle de Alcalá y paseo de Recoletos, o recorro calles, he de variar constantemente de marcha: una pareja que está en la acera charlando y me obliga a ladearla; el transeúnte de delante que va más despacio que yo;  un coche que se me cruza cuando voy a atravesar una calle; este, que me saluda; aquel, que me llama la atención , el otro, que parece mirarme como a persona conocida; a cada momento rostros nuevos, conocidos y desconocidos, todo ello exige una serie de pequeñas adaptaciones, que convierte mi marcha en un acto mucho menos automático. Cada una de estas ligeras y casi insignificantes variaciones parece no tener importancia; pero la serie de ellas es como una descarga continua que acaba por  llevarme a cierto estado de fatiga sobreexcitante, casi de irritabilidad. Y llego luego a casa, y en vez del silencio y la quietud grandes que como en cariñoso regazo recogen nuestro sueño en el campo o en las tranquilas villas de reposado vivir, es ya un coche, ya rumor de gente que sale de un teatro, ya  cualquier otro ruido que nos perturba el sueño. Me parece difícil que sea verdaderamente reparador el sueño en una casa que a cada momento vibra al pasar un coche por la calle.”

 

 

(Imágenes-1- Calle Mayor- foto CAS  corhuys/ 2- Madrid- donado por Mario Fernández Albanés)

DENTRO DE “LAS MENINAS”

 

“Entro, piso despacio esta especie de moqueta, se dice Ricardo Almeida hablando a media voz, no hay que molestar al mastín, que el perro no se levante, unos días suelo pasar por la izquierda del perro, otros días entro por la derecha, aparto suavemente a Nicolasito Pertusato, Maribárbola retrocede un poco, voy con el Rey le digo, doña Isabel de Velasco me abre paso, nunca rozo a la infanta Margarita María, a sus cinco años levanta su pequeña cabeza de pelo lacio y me sonríe, atravieso ese fulgor de luz entre las faldas para entrar más al fondo, en la penumbra, y situarme poco a poco tras Velázquez, y es entonces, murmura Almeida en tono ronco y moviéndose inquieto en la silla, es entonces cuando nunca lo logro. Qué es lo que no logra, Ricardo, repite el psiquiatra. Saber qué hay en ese lienzo, contesta Almeida, saber qué es lo que está pintando Velázquez, eso que siempre nos esconde. La locura de Ricardo Almeida está en estos momentos en el fondo del taller, ha vuelto su mirada enajenada hacia el gran cuadro que el pintor sevillano está pintando y cuyo lienzo nunca nos deja ver. Y lo que descubro espantado, prosigue este hombre mirando directamente al médico, sabe usted qué es. No, no lo sé, le dice Valdés. Pues descubro que estoy de nuevo en el principio, descubro que Velázquez no está pintando ni a la reina ni al rey solamente, descubro que Velázquez tampoco está pintando a la infanta rodeada por sus damas y enanos. Entonces, vuelve a decirle el psiquiatra,  qué es lo que pinta Velázquez, y hay ahora una pausa y las pupilas de Almeida se contraen, Velázquez está pintando el cuadro de “Las Meninas” entero, dice Ricardo Almeida, está pintando la habitación, el espacio, las figuras, la realidad, la magia, la ilusión, las sombras y las luces, la perspectiva, la geometría y la intuición, Velázquez está pintándose a sí mismo allí, en el momento en que irrumpen los Reyes y los Monarcas se reflejan en el espejo del fondo, el gran lienzo enorme que Velázquez pinta sigue oculto pero ya no es un misterio, Velázquez está pintando en ese lienzo, agrega Almeida, el cuadro entero llamado “Las Meninas” y ese cuadro me espera otra vez y con voz muy baja, como siempre, me dice: “Almeida, nunca te escaparás de mí, nunca sabrás del todo qué pasa aquí si no vuelves a caminar por esta superficie, jamás sabrás la solución si no vienes a mí”, y yo de nuevo empiezo a caminar por él, echo a

 

andar otra vez por la moqueta, voy con el Rey, Felipe lV y doña Margarita van conmigo, Velázquez está otra vez al fondo y nos ve entrar, parece que interrumpe su trabajo pero no es así, está aguardándonos, espera con paleta y pincel en la mano a que avancemos, quiero ver qué está pintando de verdad Velázquez, esta vez no me engañas, pintor, vamos, enseña lo que pintas, avanzo por la izquierda, procuro no rozar el verdemar vestido de doña Agustina Sarmiento, a mi derecha queda el plata bruñido de doña  Isabel de Velasco, aún más a mi derecha el oscuro azul de Maribárbola salpicado de motas de anaranjado y ese ciruela del traje de Nicolasito Pertusato, para, poco a poco, mientras la infanta Margarita María sonríe a su padre y las figuras iluminadas de color y de luz abren paso a las sombras, muy despacio, me voy poniendo detrás de Velázquez y me asomo para ver qué pinta este pintor: el pintor está pintando “Las Meninas” como siempre, me pinta a mí, a los Reyes que entran continuamente, se pinta a sí mismo en actitud de pintar, la habitación gira como un túnel de espejos, no puedo salir de este taller, José Nieto, el aposentador del Palacio, tiene abierta una puerta por si quiero escapar, no puedo, es puerta pintada y no puerta real, todo es auténtico y todo es ilusión, todo espacio, volumen, perspectiva, profundidad, magia, realidad. “Almeida, ven a mi”, escucho otra vez desde el fondo la voz del cuadro que me habla en penumbra-, “ven a mí y verás lo que pinta Velázquez, sabrás por qué lo oculta a todos, ven a mí, camina, acércate”, y yo sé, doctor, que eso es una trampa y que es mentira, pero de nuevo echo a andar por esa superficie y piso la moqueta y mi sudor frío avanza una vez más por esa habitación y yo sé, mientras avanzo con ese sudor mío, que ya nunca podré salir de ese taller, nunca, me volveré loco.”

José Julio Perlado

( del libro “Ciudad en el espejo” ) ( texto inédito)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

 

 

(Imágenes—1,2y 3: las Meninas)

LAS MUJERES Y LA LITERATURA

 


“La vida  de la mujer tiene un carácter anónimo  extremadamente engañoso y desconcertante—escribía Virginia Woolf en 1929, en “Las mujeres  y la narrativa” —Por primera vez este territorio tan oscuro comienza a ser explorado por la novela. Pero, al mismo tiempo,  la escritora  debe también dar cuenta de los cambios que en las mentes y costumbres de las mujeres han producido los accesos a las profesiones. La escritora ha de observar el modo en que el vivir de las mujeres deja de ser subterráneo, ha de descubrir los nuevos colores y matices que la mujer muestra, ahora que está en contacto con el mundo exterior.

Si, ahora, tuviéramos que resumir los rasgos que distinguen a la narrativa femenina en los presentes días, diríamos que se trata de una narrativa valiente, sincera, que sigue de cerca los sentimientos de la mujer. No es narrativa amargada. No insiste en su feminidad. Pero, al mismo tiempo, el libro de una mujer no está escrito como un hombre lo escribiría. (…)  Las relaciones de la mujer, ahora, no sólo son emotivas, sino también intelectuales y políticas.  Aquel viejo sistema que la confinaba a mirar de soslayo la realidad, a través de los ojos, o a través de los intereses, de un marido o de un hermano,  ha sido sustituido por los intereses directos y prácticos de una mujer que ha de actuar por sí misma, en vez de limitarse a influir en los actos de los demás. En consecuencia, la atención de la mujer se aparta de aquel mundo personal que la centraba con carácter exclusivo en el pasado, y queda dirigida hacia lo impersonal, por lo que sus novelas, como es lógico, adquieren un carácter menos  analítico de las vidas individuales, y más crítico del vivir social.”

 

( Imgenes—1- Virginia Woolf a los 18 años/ 2-carta de Virginia Woolf- The parís review-  The estate of Virginia Wool)

VIAJES POR EL MUNDO (36) : LA INDIA

 

” Mi casa estaba situada a medio camino entre la ciudad y el mar, y para llegar a una o a otro se invertía un cuarto de hora. Decidí visitar la ciudad mientras Pascha preparaba el té — escribía el alemán Waldemar Bonsels en su “Viaje a la India” —. El ancho camino estaba casi desierto: sobre Cananore se extendía un humo azulado que subía de las palmeras;  como casi todas las ciudades y los pueblos de la fértil costa de Malabar, la población quedaba escondida por ellas. Tan grande era el silencio en torno nuestro, que se oía la rompiente de mar contra las rocas; la luz del sol era de una indecible y sedante  suavidad.

Un carro de bueyes se acercaba chirriando: sus ruedas giraban en la arena y un hindú iba acurrucado en la lanza, muy cerca de las colas de los bueyes, con la barbilla entre las flacas rodillas. Me hizo un tímido guiño sin atreverse a saludar; los enormes cuerpos de los bueyes se columpiaban plácidamente, con casi un metro de altura sobre los lomos deslumbradoramente blancos.

A ambos lados de la resquebrajada puerta de la ciudad se erguían dos palmeras: la una, algo  inclinada hacia la derecha, y la otra, hacia la izquierda. Al otro lado de la puerta vi la calle de los bazares, ya bastante animada, en la que unas atareadas siluetas vestidas de blanco circulaban entre las casas bajas, y los comerciantes preparaban sus puestos y colocaban sus mercancías. El guardián  de la puerta se levantó e hizo una profunda reverencia cubriéndose la cara con las manos. Al avanzar por la calle noté el silencio y la sorpresa que producía mi paso; sólo los brahmanes, con sus cordones grises sobre su pecho desnudo, pasaban junto a mi silenciosos y tiesos, sin saludarme ni volver la cara.”

 

(Imágenes—1-company school- India-lucknow-1820/ 2- india – gouache 1765- faizabad)

EL HUMO A LA DERIVA

 


“Por la sala pasea el humo a la deriva

y se ciñe a las formas que ahora pasan

y bloquean el cerebro;

por el suelo empapado,

los posos de los vasos destrozados.

Las paredes devuelven esos sueños dispersos

de la vida que fue

un día visionaria y también dura;

inmediata, lejana;

pero dura…

Roca y con cicatrices,

como las uñas sucias, las que tamborilean

sobre la barra.”

T.S. Eliot- “Interludio en un bar” – “Poesías completas” (1911) -traducción de José Luis Rey

(Imagen —Cartier Bresson – 1958)

CERVEZA EN TIEMPOS DE PANDEMIA

 


(…) La cerveza es agradable al olfato, resulta un placer para el paladar; su textura y su alegre tono verdoso son una delicia para la vista; es una caricia para el cerebro y el corazón, y además ( para deleite de todos los sentidos) incita al hombre a la risa y al canto, es un placer para el oído. Beberla reconforta la mente preocupada, le procura la risa a una viuda desconsolada, haciéndole olvidar la tristeza por su difunto marido…Hace decidir al pretendiente tímido, calienta la sangre fría de los ancianos, hace hablar al hombre  por encima de sus propias capacidades o de su comprensión, y es amiga de las musas… Con ella el músico se vuelve eufórico y el poeta crea rimas sin sentido. Repara la palidez del rostro, otorga elocuencia al orador, profundidad al filósofo, erudición al estudiante, y agudeza y sensibilidad al abogado (…) Es una gran amiga de la verdad, por lo que los que la beben con este propósito revelan lo que saben, si no se trata de un secreto que debe ser guardado. Es un emblema de la justicia porque procura la mesura. Infunde coraje al cobarde para luchar y jactarse. Cierra muchos buenos negocios. El físico la elogia y el abogado la defiende. No hace daño ni mata sino a los que de ella abusan sin medida. Es beneficiosa para los que la beben comedidamente. Es tan buena como un par de anteojos para la vista de un viejo cura. En definitiva, resulta un gran alimento para la humanidad que aunque mi boca fuera tan grande como el portal de una catedral, mi pluma tan larga como el mes de mayo y la tinta una cascada o un estanque, no podría con boca, pluma y tinta decir o escribir sus virtudes.”

John Taylor— “Elogio de la cerveza” (Londres,  siglo XVll) – “ La cerveza, los bares, la poesía”

 

 

(Imágenes—1-George Hainz -naturaleza muerta con vaso de cerveza y panecillos- 1665/ 2-tablilla de arcilla encontrada en el sur de Irak con grabaciones sobre las raciones de cerveza que deben repartir al emperador – brithis museum)

ALGUNOS SUEÑAN CON FESTINES

 

“Algunos sueñan con festines y lloran al despertar; otros lloran en sus sueños y al despertar salen de caza. Pero ni unos ni otros saben durante sus sueños que sueñan, y a veces sueñan que están soñando. Sólo en el momento de su despertar saben que no han hecho otra cosa que soñar —dice el francés Roger Caillois —. Sólo durante el gran despertar se sabe que todo no ha sido más que un gran sueño. La multitud ignorante se cree despierta y quiere distinguir al príncipe de un pastor. ¡Qué prejuicio! Jiu y tú mismo no sois más que sueños. Cuando ahora te digo que sueñas, también yo sueño mi sueño.”

(Imagen —Jerry Uelsmann- all -art)

VISIÓN DE LA MANO

 

 

“La dejaba entrar por la tarde, abriéndole un poco la hoja de la ventana que da al jardín, y la mano descendía ligeramente por los bordes de la mesa de trabajo, apoyándose apenas en la palma, los dedos sueltos y como distraídos, hasta encontrar su sitio predilecto  sobre el piano, en el marco de un retrato, o a veces sobre la alfombra color vino.

Amaba yo aquella mano porque nada tenía de exigente y sí mucho de pájaro y hoja seca. ¿Qué sabía ella de mí?  Sin titubear  llegaba a mi ventana por las tardes, a veces deprisa — con su pequeña sombra que, de pronto,  se proyectaba sobre los papeles — y como urgiendo que le abriese; y otras lentamente, ascendiendo por los peldaños de la hiedra donde, a fuerza de escalarla, había calado un camino profundo.  Las palomas de la casa la conocían bien; con frecuencia escuchaba yo de mañana  un arrullar ansioso y sostenido, y era que la mano andaba por los nidos, ahuecándose para contener los pechos de tiza de las más jóvenes, la pluma áspera de los machos celosos. Amaba las palomas — sigue escribiendo Cortázar  en “La vuelta al día en ochenta mundos” — y los bocales de agua fresca y clara; cuántas veces la encontré al borde de un vaso de cristal, con algún dedo levemente sumergido en el agua que se complacía y danzaba. Nunca la toqué; comprendía que había sido desatar cruelmente los hilos de un acaecer misterioso. Y muchos días anduvo la mano por mis cosas, abrió libros y cuadernos, puso su índice — con el cual sin duda leía — sobre mis poemas preferidos y fue como si los aprobara pausadamente, verso a verso.

(…)

Le puse nombres: me gustaba llamarla Dg, porque era un nombre que sólo se dejaba pensar. Incité su probable vanidad olvidando anillos y brazaletes sobre las repisas, espiando su actitud con secreta constancia. Alguna vez creí que se adornaría con las joyas, pero ella las estudiaba dando vueltas en torno y sin tocarlas, a semejanza de una araña desconfiada; y aunque un día llegó a ponerse un anillo de amatista fue sólo por un instante, y lo abandonó como si  le quemara. Me apresuré  entonces a esconder las joyas en su ausencia y desde entonces me pareció que estaba más contenta.”

(…)

 

 

(Imágenes-1- Vasco Ascolini/ 2-Maurice Tabard)

VIAJES POR ESPAÑA (24) : CÓRDOBA

 

 


“¡Oh excelso muro, oh torres coronadas

de honor, de majestad, de gallardía!

¡ Oh gran río, gran rey de Andalucía,

de arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,

que privilegia el cielo y dora el día!

¡Oh siempre gloriosa patria mía,

tanto por plumas cuanto por espadas!

Si entre aquellas ruinas y despojos

que enriquece Genil y Darro baña

tu memoria no fue alimento mío,

nunca merezcan mis ausentes ojos

ver tu muro, tus torres y tu río,

tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!”

Luis de Góngora— “Sonetos” (1585)

(Imagen —Córdoba- arteespaña)

UN HOMBRE QUE ME SUEÑA

 


“Existo porque hay un hombre que me sueña; un hombre que duerme y sueña y me ve actuar y vivir y moverme, y que en este momento sueña que hablo con vosotros como hago. Cuando empezó a soñarme, empezó mi existencia; cuando él se despierte, dejaré de existir. Soy un juego de su imaginación, una creación de su espíritu, un huésped de sus largas fantasías nocturnas. El sueño de ese “alguien” tiene tanta consistencia y duración que me he vuelto visible incluso a los que están despiertos.”

Giovanni Papini— “ La última visita del caballero enfermo”

(Imagen—foto Yoshitaca Uchida- Ito Kosho -1991- museo de arte de la ciudad de Takamatsu)