LA MUERTE DE UN VIAJANTE

“ Arthur Miller creía determinar lo trágico, y demostrar al mismo tiempo, mediante el carácter absoluto de la lucha, la voluntad indestructible del hombre de consolidar su humanidad—-recordaba Franck Jotterand al comentar el teatro norteamericano. Ahora, a finales de septiembre, se presenta una vez más en Madrid ”La muerte de un viajante”. Miller confiesa en sus Memorias que había conocido a tres suicidas, dos de ellos viajantes de comercio y que estando él aún en la Facultad había comenzado una obra de teatro sobre un viajante y su familia, aunque la había abandonado. No encontraría el cuaderno en que la había bosquejado hasta nueve años más tarde, mucho después de la primera representación de ”La muerte de un viajante”. El ”viajante” se representó por primera vez con público en el teatro de la Calle Locust de Filadelfia. ”Como sucedería en ocasiones mientras estuvo en cartel — recordaba Miller—, no hubo aplausos cuando cayó el telón al final de la primera representación. Cosas extrañas comenzaron a ocurrir entre el público. Al caer el telón, unos se levantaron se pusieron el abrigo y volvieron a sentarse, otros, hombres principalmente, se habían inclinado con la cara entre las manos y los restantes lloraban a la vista de todos. Se cruzaba el teatro de parte a parte para quedarse luego hablando tranquilamente. Pareció transcurrir un eternidad antes de que a ninguno se le ocurriese aplaudir, pero cuando estallaron los aplausos, fueron interminables. Yo estaba en el fondo y vi a un anciano de porte elegante al que conducían por el pasillo; hablaba emocionado al oido de quien parecía su secretario o ayudante. Era, según supe después, Bernard Gimbel, de la cadena de grandes almacenes y aquella noche dio orden de que no se despidiese a nadie de sus almacenes por exceso de edad.”

(Imagen— Ohaio Sugimoto)

LA SOLEDAD DEL QUE ESCRIBE

“Nunca debe dictarse a secretaria alguna, por hábil que sea —decía Marguerite Duras —y nunca hay que dar a leer lo escrito a un editor. Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas las horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escritor. Nunca hablaba de eso a nadie. Puedo decir lo que quiero, nunca descubriré por qué se escribe ni cómo no se escribe. Creo que la persona que escribe no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido. Un libro es difícil de llevar hacia el lector, en la dirección de su lectura. Mientras el libro está ahí y grita que exige ser terminado, uno escribe. Uno está obligado a mantener el tipo. Es imposible soltar un libro para siempre antes de que esté completamente escrito; es decir, solo y libre de ti, que lo has escrito. No creo a la gente que dice: ” He roto mi manuscrito, lo he tirado”. No lo creo. O bien lo que estaba escrito no existía para los demás, o no era un libro. Y uno siempre sabe lo que no es un libro. Lo que nunca será un libro, no, no lo sabe. Nunca.”

(Imagen— Maria Gato- artnet)

MI PERSONAJE


Me acordé entonces, al repasar mi libro antes de entregarlo al editor, de una antigua conocida mía, Concha Zardón, una gran lectora y también escritora amateur, una mujer muy curiosa que en otros tiempos me había pasado muchos manuscritos de mis primeros libros, al principio a máquina y luego a ordenador. Sobre todo me acordé de las conversaciones que ella y yo habíamos mantenido con certezas y dudas en muchos tipos de situaciones. Me acordaba también especialmente de su cocina alegre y cuidadosamente puesta en un barrio muy luminoso de Madrid, cerca del Retiro; estaba decorada con unos  modernos azulejos malvas y florecillas blancas, adornada también con unas cortinillas azules que la protegían de los ruidos del patio interior, una cocina que por su brillantez y su permanente limpieza más que cocina parecía un cuarto de estar agradable donde pasar las horas. Me sorprendía de modo especial su mesa de trabajo, una mesa pequeña situada en un ángulo de la cocina, el preferido por Concha, una mesa de madera antigua que ocupaba un rincón junto a la ventana, no lejos de un diminuto dormitorio. Allí ella trabajaba y también escribía unos sencillos cuentos y los escribía intentando hacerlo a la manera o imitación de la baronesa Blixen, a quien ella admiraba y de la que guardaba una foto en un cajón del armario, sentada la escritora en su casa de Rungsted, en Copenhague. Eso lo hacía en horas de la noche, después de su trabajo  habitual y tras una cena ligera y cuando toda la casa – todos los pisos – parecían estar más o menos en silencio. Dejaba a oscuras las tres habitaciones que tenía en el piso, encendía una luz en la cocina y escribía. Era aquella pequeña casa de la calle Ibiza una casa modesta pero muy bien arreglada, una casa que le bastaba para ella sola ya que Concha nunca había querido casarse (de esas dudas muchas veces me habló); ella vivía de la transcripción y copia de originales y de los ingresos – aunque pocos – que le proporcionaba muy de vez en cuando la corrección de textos para algún editor. Dominaba bien el castellano, consultaba mucho los diccionarios y con un gran sentido del humor me explicaba que escribir para ella tenía cierto paralelismo con la cocina y la gastronomía. Inventaba sus cuentos y también sus comidas. “Cuando se acerca fin de mes, me confesaba divertida, y voy apurada de dinero, me limito siempre a lo sencillo: sota, caballo y rey”. Y entonces, con un enorme humor que ella siempre tenía me señalaba una de las paredes de su cocina en donde aparecían cuidadosamente enmarcadas, una sota de oros, un caballo de espadas y un rey de copas, tres cartones antiguos pero bien conservados, expuestos tras un cristal, que había comprado hacía años en el Rastro de Madrid simplemente porque le habían hecho gracia. Un día de aquellos en que yo le llevé unos manuscritos para que me los pasara a ordenador se empeñó, dada la hora que era, en que me quedara a comer, y ante mi sorpresa retiró enseguida los papeles de trabajo, extendió un pequeño mantel a cuadros y cocinó con asombrosa rapidez un primer plato al que ella denominó ” Sota”, un segundo al que bautizó como “Caballo” y un magnífico postre de hojaldre y mermelada de naranja amarga  – ése no lo olvidaré – denominado ” Rey” .” Esto es lo que tengo en casa, me dijo riéndose, esto es lo que va quedando y hay que aprovecharlo todo, ¡ y gracias que hoy tenía hojaldre!, no tengo otra cosa, es siempre la monotonía pero también la invención”. Y efectivamente inventó.  No sé cómo consiguió aquella comida tan estupenda, no recuerdo muy bien al detalle cómo era el primero o el segundo plato, pero sí en cambio no me olvidaré del sabor y sobre todo de la forma tan curiosa de aquel conjunto del hojaldre en el plato de postre que aparecía ampliamente extendido, simulando el volumen de una capa, y en su ángulo superior izquierdo, separado del hojaldre, la aparición de una importante y redonda bola de mermelada de naranja recordando de alguna forma la copa del Rey de Copas en el centro de un naipe. 

Hablábamos mucho ella y yo. Le gustaba hablar conmigo. Me decía que ella podía distinguir perfectamente la edad y el paso del tiempo, y también a veces las dudas, al analizar las letras manuscritas que descifraba con facilidad. Se divertía conmigo porque yo apuraba siempre las páginas al máximo pero jamás comentó nada sobre el contenido de cuanto leía porque respetaba el pacto que desde el principio habíamos hecho : que ella nunca me daría su opinión sobre lo que le entregaba. Yo le iba fotocopiando las hojas de mi cuaderno, se las llevaba, y ella me las devolvía en el momento acordado junto a la copia en limpio y sin comentario alguno. A cambio yo me ofrecía a escucharle de vez en cuando la lectura de alguno de sus cuentos, que era lo que a ella más le gustaba. Tenía historias interesantes y curiosas, por ejemplo, la de su propio padre, un empleado de Banca que durante años se había levantado muy temprano, casi de noche, para ir a trabajar; se cubría, me decía Concha, con una fuerte zamarra y un pasamontañas los meses de mucho frío, metía los dedos de las manos en unos guantes de cuero y cruzaba la ciudad de un lado a otro entre autobuses y Metro hasta llegar a su sucursal. Era un hombre robusto y de estatura pequeña, un hombre que se había quedado viudo muy joven, cuando Concha apenas tenia nueve años, y que a duras penas había sacado adelante a su hija tan sólo con su oficio de cajero.

Todas aquellas cosas — ella no lo sabía y no se daría cuenta hasta que el libro se publicase — la convirtieron en mi personaje.

José Julio Perlado

(Imágenes— 1- A. Haecker/ 2- Edgar Degas)

DE LOS NOMBRES DE LAS AVES

“”Cualquiera que sea el plumaje del ave— recuerda don Pero López de Ayala, en el siglo XlV — , si le dieron buenas viandas y fuese bien traído siempre, lo hallarás en el su volar y cazar, y en estar mas sano; pero unos halcones hay que soportan en su alimentación más toscas viandas que otros. De los halcones neblís en todas las tierras son llamados gentiles, que quiere decir hijosdalgo, y en Castilla y en Portugal son llamados neblís. Y en Aragón y en Cataluña se llaman peregrinos, por comparación de los peregrinos y romeros que andan por todas las tierras y por todo el mundo, que así son los halcones gentiles o neblís o peregrinos, que todo el mundo andan y atraviesan con su volar, partiendo de la tierra donde nacieron. Pero en Francia y en Alemania e Italia se llaman halcones peregrinos a unos halcones neblís que algunas veces se capturan; tienen ya las tijeras tan largas como los cuchillos mayores, y sobrepasándolos, lo que comúnmente no tienen los halcones; y cuando tales halcones peregrinos son capturados, son muy apreciados porque salen muy buenos.’

(Imágenes— 1- Neil Faber -2007/ 2- Sonja Braas)

DÓNDE VIVE LA CREACIÓN

“En los tiempos en que yo la conocí la creación vivía en la grieta de una gran escalera de piedra de un hotelito de los Alpes franceses, debajo de una hoja verde algo ajada con la que solían taparla para que a la creación no la viese nadie, la creación es una forma misteriosa y casi invisible, va de aquí para allá, a veces se coloca dentro de la cabeza de un poeta, anda con él, camina con él, deja que el poeta piense que la creación es difícil, pero no es así, por ejemplo, cuando se adentra la creación en la cabeza de un músico le hace llegar  los cánticos de los juegos de su infancia que nunca le conmovieron mucho, pero  que ahora se transforman en melodías porque son juegos repetitivos y canciones que él cantaba a la puerta del colegio con su hermana y  sus amigos y  que ahora se transforman en pequeños brotes de música que le van a servir para la sinfonía que él está componiendo. Pero en el caso de los pintores la creación es distinta: suele sentarse la creación en un extremo del estudio, en una silla cerca del gran ventanal, entre tantos cuadros inacabados, y deja pasar de uno a otro lado al pintor cada mañana que duda entre tanto azul y amarillo, entre el bermellón y el arco iris, los ojos se le van a veces hacia el púrpura, otras veces hacia el oro viejo, entonces la creación, al verle dudar, toma la  forma de pincel y se mete entre los dedos del pintor y no sabe cómo el pintor da un toque rápido e insospechado que no sabe de dónde ha venido  y aplica todo el misterio de su composición casi sin pensar, y si alguien le preguntase por qué lo ha hecho y cómo  lo ha hecho, él no sabría responder, quizá hablaría de un dictado interno, muy profundo y muy rápido, algo que le ha hecho mover la mano instantáneamente sobre el lienzo con una seguridad absoluta, como si allí estuviera solamente la única verdad y todos los demás colores tuvieran que apartarse y volaran  por los rincones del estudio manchándolo todo en su huída para dejar pasar a la verdad única de un azul que recuerda al cielo y al mar y al que nadie puede sustituir.

Yo he visto pasear muchas mañanas a la creación y a la libertad juntas entre los árboles y bajo los árboles, porque los árboles están para eso, para recibir los pasos de los creadores atascados alguna vez en su trabajo y que creen una pérdida de tiempo pasear y meditar. Entonces la creación y la libertad van delante de ellos por el bosque, se les puede oír perfectamente cómo van pisando la hojarasca y apartando las ramas para que pintores, escritores y poetas, y también arquitectos, escultores y músicos, encuentren de repente brotes de inspiración, como si se les apareciese la luz blanca de  lo que  van a escribir, pintar o componer. La libertad siempre va unos pasos  delante de la creación, y no porque esa sea su costumbre, sino porque la libertad es siempre más atrevida que la norma. Habrá un momento en que la creación abrace a la libertad y entonces, en  el vuelo de ese abrazo,  prescinda de consignas y tradiciones  y en el  caso de la música, ponga, por ejemplo, de inmediato a tocar dos pianos a la vez  y mezcle audazmente violonchelos y contrabajos y haga sonar trompetas  y lo excite  todo con timbales y bombos. 

Pero quizá el  acto más solemne y misterioso de la creación suceda a medianoche. A medianoche el poeta duerme profundamente y de repente es llamado por un verso. Los versos llaman golpeando con sus nudillos la puerta del sueño, y aunque es una puerta que no se abre fácilmente el verso insiste y al final se lleva pasillo adelante al poeta semidormido que no tiene más remedio que sentarse y escribir. Es un verso dictado. El poeta lo lee. Es un verso ya suyo, un verso que se le impone con fuerza enorme y no podrá ya no dejarlo de escribir. A su lado, la creación le mira. Después se retira. Todo el trabajo de continuar esa creación está ya en ese papel.”

José Julio Perlado

(del libro ”La mirada”)

(relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imágenes—1-Lowell Nesbitt/ 2- Georgia OKeeffe/ 3 – Jasmina Danowski- 2008- sapierman modern- artnet)


VALLE-INCLÁN Y LA NOCHE TRISTE



“Yo despreciaba la literatura con todo el vigor de mi espíritu, y también la abogacía —- le decía Valle Inclán al periodista López Pinillos — No había nacido yo para picapleitos, ni para registrador, nii para juez, ni para notario… Para meditar seriamente y escoger un camino, me retiré a un casón ruinoso. Se cobijaba en él un criado tan viejo, que sirvió a mi abuela, y tan bruto que mató a su mujer porque sospechó que le engañaba; pero que era para mi más humilde que un perro. Tanto, que, cuando le castigaba con algún puntapié, solía decirme alborozado: ”Dios le dé salud para aplicarme otro.”

¡Qué bien dormía y qué bien reflexionaba allí mirando a través de los boquetes del techo las estrellas y oyendo el vuelo de los búhos y las lechuzas! Y más tarde me fui a México. Desembarqué en Veracruz, y como en peregrinación fui a caballo desde La Antigua. Lo primero que quise contemplar en México fue el árbol de la noche triste. Y jamás he sentido una emoción más aguda, más fiera y más tierna a la vez, que la que me invadió ante el gran árbol. Era por la tarde. En medio de una llanura verde, en la que los maizales cabecean, se alza el árbol, que es viejo, decrépito, y que tiene carcomido el tronco y la cima tronchada por un rayo. De las ramas, que son de un oscuro verdor melancólico, lo mismo que las de los cipreses, le cuelgan unas a manera de telarañas, que hacen el oficio de pobladísimas y sedosas barbas. Y estas telarañas les llaman los indios barbas de españoles.¡Barbas de españoles!…Tan inmensa fue mi conmoción ante el gigante decrépito, herido por el rayo y vestido de viejas barbas españolas, que nunca lo he podido describir.”

(Imágenes— 1- fondos del Ateneo de Madrid/ 2- Valle Inclán – El pasajero)

EN TORNO A STEPHEN CRANE

Paul Auster acaba de publicar un libro sobre el novelista norteamericano Stephen Crane. Crane — dice el historiador y crítico Marc Saporta— es uno de los niños prodigios de la literatura, uno de esos creadores que aparecen de repente, escribiendo en algunos años una obra decisiva y muriendo pronto, consumido literalmente en su propia llama. ”La roja insignia del valor”, de 1896; aparecería en forma de folletín en el ”Philadelphia Press” y todos los colaboradores del periódico, incluidos los tipógrafos, querían conocer la novela. ¿Qué comportaba esta obra para levantar una inmediata reacción? Para un público poco preparado para las técnicas del realismo, la guerra era la mejor manera de aplicar el proceder. La paradoja es que Stephen Crane no había oído jamas un solo tiro. Sobre todo se había apoyado en los conocimientos de su hermano William, muy versado en la batalla de Chancellorsville y utilizando numerosos relatos de veteranos de la guerra de Secesión. Pero el impresionismo totalmente nuevo del relato, los toques rápidos destinados a recrear la emoción de los reclutas que recién llegados al frente huyen al primer intercambio de balas, poniendo en armonía el fondo y la forma con una gran búsqueda de vocabulario, ése es su acierto.

Stephen Crane, refugiado en Inglaterra, en donde es el autor mejor pagado del siglo ” veinte libras por mil palabras”, vive como un barón Tudor en la mansión de Brede Place, medio desilusionado y proveyendo de champagne a una bohemia de parásitos.”

(Imagen—Nueva York -1911- National Gallery)

HISAE Y EL POETA BASHŌ


“Por aquellos años se estaba trasladando  la Corte  desde  Kyoto a Edo, que siglos más tarde se llamaría Tokio, y se percibía el enorme trasiego de carruajes y el ir y  venir de ropajes y de  vidas. Todo aquello, en cierto modo, lo estaban reflejando a su manera los artistas y Hisae Izumi los admiraba, se iba con ellos  a caminar, sobre todo con los llamados  artistas itinerantes  y recorría de norte a sur Japón, y puede decirse que aquel siglo XVll, al margen de los acontecimientos políticos y sociales que fueron muchos, quedó definido como el gran siglo de los caminantes. Iban muchos de ellos en fila, otros en grupos, algunos se detenían, conversaban, admiraban las pinturas y las decoraciones. Ni siquiera el gran incendio de Meireki, a mitad de siglo, en 1657, que duró tres días y devastó Edo causando la muerte de 100..000 personas, distrajo a las  columnas de caminantes que en aquellos momentos se encontraban  por cierto muy lejos de la ciudad, en el norte del país. Hasta allí les llegó el rumor de que todo el fuego del enorme  incendio  de Edo se había iniciado por un viento extraño que  había avivado las llamas de un kimono femenino quemado  por considerarlo maldito. No se sabía si aquello era verdad o leyenda, pero alguno se quedó sobrecogido. Lo cierto era que las largas filas de caminantes estaban más ocupados  en sus recorridos que en las luchas  políticas y militares del país. Viajaban generalmente a pie, algunos —muy pocos — a caballo o en palanquines. Eran comerciantes, monjes, antiguos  samurais que en el pasado habían luchado en muchas guerras y que ahora se sentían atraídos por la meditación y por el  arte. En uno de aquellos viajes  Hisae se sorprendió  al descubrir la figura de un hombre  de unos cuarenta años, un hombre de pequeña estatura, vestido con una túnica sencilla, apoyado en un bastón, y que marchaba solitario y con los pies descalzos. Le llamó la atención su soledad y su silencio y que avanzara absorto y con los ojos atentos a las más pequeñas cosas que iba encontrando en la naturaleza. Se detenía, por ejemplo, ante una flor, luego seguía el vuelo de un pájaro, después se quedaba ensimismado con el fluir del agua. “Es un poeta,—- le comentó alguien que lo conocía  bien —, un gran poeta.Y a la vez un gran viajero. Ha recorrido muchas veces andando todo el país Se llama Matsüo Bashö.”

No podía Imaginar Hisae todo lo que aquel personaje iba a influirle en su vida.. Casi desde el momento en que lo conoció comenzó  también a olvidarse de él, porque en principio le asombró pero no le interesó demasiado, pero cuando años después, en 1680, en una tarde en que Hisae  paseaba cerca del río  Sumida, no lejos de Edo, lo volvió a encontrar sentado a la puerta de una pequeña cabaña, enseguida lo reconoció como el mismo personaje de entonces, ahora algo más enflaquecido, cubierto con una túnica sencilla y con los pies descalzos, y que estaba escribiendo.

Hisae se acercó a él y le recordó  que hacía mucho tiempo le había visto  en una de aquellas caminatas por el norte del país y cómo se le había quedado grabado  su ensimismamiento ante las flores y los pájaros. “Yo sigo siempre el camino de las flores y los pájaros —-dijo sencillamente  Bashō sentado en su cabaña — y también el camino de las rocas y las aguas, de la lluvia y la luna.” Aquellas primeras  palabras serían el principio de un largo coloquio entre los dos que en gran parte ella quiso recoger en sus Memorias : “Me senté aquella tarde junto a él en la puerta de su pequeña cabaña, — escribió Hisae — y empezamos a hablar.  Bashō fue  el hombre que me desveló muchos aspectos de la vida. Por ejemplo, el secreto del caminar, pero no sólo del caminar corriente sino del caminar poético..”Yo viajo — me dijo  aquella tarde  Bashō—, únicamente con sombrero de bambú, un bastón de  caña y una bolsa de algodón para mis víveres. Eso me es suficiente. El sol y la luna son también eternos caminantes como lo son las estaciones que vienen y van, año tras año. No recuerdo cuándo —me  añadió Bashō —, pero en algún momento concebí el deseo de una vida errante, de entregarme al destino de una nube solitaria arrastrada por el viento. De esa forma cada año que se acerca a su final, mi espíritu viajero resurge otra vez con gran fuerza.. Es como si me persiguiera un ser sobrenatural cuya tentación no puedo resistir. La paz  entonces  abandona mi corazón — siguió diciéndome  Bashō —,remiendo rápidamente mis polainas, renuevo los cordones de mi sombrero y después de dejar  mi caballo a un amigo emprendo el viaje hacia el norte con mi corazón lleno de la luz de la luna.”.

José Julio Perlado

(del libro ”Una dama japonesa”)

(relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

( Imágenes— 1-Yayoi Kusama – 1991- museo de Tokio/ 2-pájaro singular japonés /3-Aku Maki)

DANTE: VOZ, PALABRA Y MÚSICA

Dante leído, escuchado, recitado, cantado y envuelto en música. Todos los registros posibles en torno a la figura y la obra del gran escritor universal. En la Universidad norteamericana de Columbia, entre Homero, Esquilo, Eurípides, Platón, San Agustin, Shakespeare, Cervantes y tantos otros, allí aparece elegido entre las lecturas esenciales del curso la ”Divina Comedia” y en concreto ’El infierno’, que causa pavor y admiración a los alumnos que lo leen. Se comenta también en ese curso las opiniones sobre Dante expresadas por Eliot y Auden, que consideraban la “Divina Comedia” como la obra literaria clave de la era cristiana.

Pero Dante no es solamente leído. Umberto Eco admiró y prologó ”Mi Dante”, del actor italiano Roberto Benigni, quien a través de conversaciones y declamaciones noche tras noche de ciudad en ciudad, lanzaba la narración oral de los versos eternos y los recitaba con acento toscano. para admiración de los espectadores. Así Dante bajaba a las plazas y se metía en los soportales de las ciudades y los pueblos y la sombra de su voz se agigantaba en el silencio nocurno.

Pero tampoco Dante era únicamente leído, recitado o cantado. Los lazos de la música envuelven de algún modo su figura. El gran poeta ruso Osip Mandelshtam, que murió en el Gulag y sabía recitar de memoria ”La Divina comedia”, decía que “ si quisiéramos aprender a oir a Dante, deberíamos oír la culminación del clarinete y del oboe, deberíamos oír la viola transformada en el violín y el alargamiento del pistón del corno francés. El leer a Dante es sobre todo una labor interminable. En Dante, la filosofía y la poesía siempre están en movimiento.”

(Imágenes—1- dibujos sobre la Divina Comedia/ 2- El infierno/ 3-Domenico di Michelino- 1465- Florencia)

LOS “DESPLAZAMIENTOS” DE MAGRITTE


“ El belga Magritte — cuya obra nos presenta estos días el Reina Sofía de Madrid — fue decorador de profesión en los primeros años veinte del pasado siglo y también pintor de papeles de colgadura, logrando así un sólido dominio del oficio en el género del ”trompe- l’oeil”, que le fue de gran utilidad para simular el ”confort” de los interiores burgueses ricos en molduras, en cornisas y en ménsulas..” Lo recuerda así el gran estudioso y crítico italiano Renato Barilli que se adentra a comentar sus celebres ”desplazamientos.”. Magritte — dice Barilli— tiene una constante fidelidad al presente, o mejor, el ayer de la sociedad, lo que lo lleva a ofrecernos una multitud de óptimos burgueses con bombín, llenos de todas las características de la usanza de aquellos años.

El mobiliario que nos presenta Magritte en sus historias, las habitaciones , la ornamentación y los escenarios del tiempo libre concuerdan con un tenor de vida confortable, pero un poco obtuso, propio de una muchedumbre de soñadores en zapatillas que sueñan y se desplazan con Julio Verne ( su autor preferido).”


Estos ”desplazamientos” son típicos en Magritte, como también los relatos oníricos.

Magriite, formado en Bruselas, donde pasó toda la vida, se hizo conocer en Paris, sólo alrededor de 1927. Él quiso hacer amplio uso de la fotografía — recuerda Barilli—, y recurre a ella para experimentar directamente sus hallazgos escénicos, sus motivos provocadores, que luego debían venir dócilmente transcritos sobre la tela con los instrumentos más tradicionales de la pintura,”

(Imágenes—1– Magritte- castillo en los Pirineos- 1949/ 2–Magritte/ 3-Magritte- 1963/ 4- Magritte/ 5 Magritte- 1928)

ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN

Días como relámpagos

un llamear de instantes

que en el sueño, en las altas

barandas al vacío

y en un lento desfile

de instantáneas borrosas

acabarán sepultos

en el álbum de cuero

allá al fondo del mueble.

Y, en tanto que las larvas

reconocen el género,

acaso ya una ninfa

va trasminando seda.”

Antonio Martínez Sarrión- “Ejercicio sobre Rilke” 1988

(en memoria del poeta que acaba de morir) Descanse en paz.

(Imagen- Robert Henderson)

LA LUNA CUANDO UNO ESTÁ CANSADO



“Cuando uno está cansado y tiene la suerte y los medios para poder ir a algún buen hotel del mundo, ocurre ese mismo fenómeno que jamás aparecerá en las guías de viaje. Suele haber una serie de habitaciones en el último piso en cuyas ventanas aparece en la media noche del verano ,la luna. No es una luna redonda sino una media luna solitaria que pende sobre el océano. Desde la cama, con la ventana abierta, se sigue perfectamente el silencio blanco de esa luna omnipresente que se desplaza muy despacio , casi intangible, por el marco de la ventana.. Suele suceder eso hacia las tres o tres y cuarto de la mañana. Es donde parece pararse el tiempo. El tiempo se detiene , también la atmósfera y el clima.. La brisa refrescante del mar asciende hacia la luna. Por la ventana abierta llega toda la suave humedad nocturna hasta la cama. Uno se adormece, o al menos cierra los ojos. El cansancio, la polvareda de gases del invierno, las precipitaciones de escaleras y ascensores, el vibrar de los móviles, el centelleo de pantallas y ordenadores, los gritos de los niños, las comidas copiosas y apresuradas, todo queda bajo los párpados cerrados unido a las discusiones y a los despertares. El ruido de las autopistas y el zumbido de los aviones desaparece. Da la impresión de que uno reposa con los ojos cerrados y toda la tensión del invierno se diluye en escamas. Pero apenas uno entreabre los párpados ve de nuevo desde la cama esa luna inmóvil, esa media luna blanca que está en el centro de la ventana y que continúa sobre el mar azul y sobre la humedad oscura de la noche. Son las cuatro de la mañana y todo el mundo duerme. Parece mentira que existan inviernos con tanta gente subiendo y bajando las escaleras del metro y precipitándose por los andenes.”

José Julio Perlado

(del libro ”La mirada”)

(texto inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imagen — Gao Xingian)

POLÍTICA A CARA DESCUBIERTA


“La política, señores —decía Juan de Mairena guiado por Antonio Machado —, es una actividad importantísima. Yo no os aconsejaré nunca el ”apoliticismo”, sino, en último término, el desdeño de la poliítica mala, que hacen trepadores o cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis ”hacer política”, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y, naturalmente, contra vosotros. Sólo me atrevo a aconsejaros que la hagáis a cara descubierta; en el peor caso con máscara política, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo: de literatura, de filosofía, de religión. Porque de otro modo contribuiréis a degradar actividades tan excelentes, por lo menos, como la política de tal suerte que ya no podamos nunca entendernos.”

(Imagen —Jean Moral)

GLORIAS Y OLVIDOS

“No curemos de saber

lo de aquel siglo pasado,

qué fue de ello:

vengamos a lo de ayer,

que también es olvidado

como aquello.

¿Qué se hizo el rey Don Juan?

Los infantes de Aragón,

¿qué se hicieron?

¿Qué fue de tanto galán?

¿Qué fue de tanta invención

como trujeron?

Las justas y los torneos

paramentos, bordaduras

y cimeras,

¿fueron sino devaneos?

¿Qué fueron, sino verdura

de las eras?

.¿Qué se hicieron las damas,

sus tocados, sus vestidos,

sus olores?

¿Qué se hicieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar

las músicas acordadas

que tañían?

¿Qué se hizo aquel danzar,

aquellas ropas chapadas

que traían?”

Jorge Manrique– coplas por la muerte de su padre

(Imágenes- 1-Akihito Takuma– 2015/ 2-Howard Hodgking)

11- S: LOS QUÉS Y LOS POR QUÉS

“El ojo no basta.La imagen no es suficiente. El ojo recibiendo imágenes no explica a sí mismo la Historia. Es excepcional, sí, como documento histórico, es importante testimonio ocular, pero visto y no visto en esta increíble mañana neoyorquina, el ojo necesitará posarse también sobre la página, resbalar sobre el texto en papel como lo hace sobre la pantalla. A este día de terror no le es suficiente el ojo televisado. Este ojo tendrá que salir de esta habitación de imágenes y buscar un periódico, detenerse, volver a rebuscar entre las líneas del periódico, ávida y tenazmente, intentando encontrar el secreto bajo la tierra de las palabras. Después lo hará en el libro. Aquí,sí, aquí una palabra clave vale siempre más que mil imágenes saliendo del Vesubio de Nueva York, fantasmas de arena como esculturas de barbarie. Esas estatuas de arena que andan sobre los puentes con sus carteras de ejecutivo y sus pañuelos de ocasión escapan maquilladas del polvo del espanto como saliendo de Nínive. ¿Por qué marchan hieráticas y sobrecogidas? ¿ Qué ha ocurrido es esos edificios gigantes que ahora se derrumban? ¿ Por qué, por qué? Los porqués quedan envueltos en los gases neoyorquinos, en el misterio de la polucion americana, dentro de la cüpula del consumismo occidental. Antes de caer las innumerables oficinas, los papeles despiden en el aire las facturas y los balances revolotean suicidándose. Es el cielo de millones de papeles blancos, el cielo de existencias arrojadas desde las ventanas. Los qués siguen apareciendo en las pantallas de los televisores mientras los porqués se esconden aún en los libros. Durante siglos paces y odios entre civilizaciones se han prensado entre signos apretados que los copistas se pasaron unos a otros, que los lectores leyeron primero en voz alta y luego en la intimidad. Después la lectura cambió la intensidad y el silencio por la extensión y el afán de leer. Gran parte del mundo occidental leía en el siglo XlX. Luego, al entrar las imágenes en las habitaciones del siglo XX, al sentarse los hombres ante las pantallas y quedar extasiados por sombras y luces, el libro permaneció en otro cuarto y fue alejándose poco a poco al fondo del pasillo del esfuerzo y también del placer.”

José Julio Perlado — “El ojo y la palabra”


(Imágenes—1-Brittan Miller/ 2- foto Robert Cappa- images our world)

SOBRE LA MODA

“La moda… — comenta el médico y escritor portugués Miguel Torga en 1954– – Un horror para la economía. Pero nosotros, los hombres, ¡deberíamos estarles tan agradecidos a las mujeres por el valor de mantener vivo, imperante y coloreado lo gratuito, lo absurdo! Son únicamente ellas las que, desde que a partir del siglo XVlll todos nosotros dejamos de usar puños de encaje y chaquetas bordadas, le dan a la vida el tono festivo de perpetuo carnaval que le conviene. ¡ La tragedia vestida de irresponsabilidad y fantasía!

Cuando al terminar la consulta me quito la bata y, como ahora, intento que mis ojos se distraigan en la plazoleta que tengo enfrente, es en los sombreros increíbles de cierta dama, en los vestidos atrevidos de otra, en las chaquetas clamorosas de todas, donde yo reencuentro, sólido y pujante, el espíritu de transgresión. Y difícilmente pueden imaginar esas heroínas el bien que me hacen, el tranquilizador consuelo que me ofrecen. Bajo su apariencia de sacerdotisas de lo fútil y de la vanidad , están sirviendo a valores más altos y menos transitorios que los temporales encantos o desencantos que procuran realzar o encubrir. Exhiben ante los ojos de la rutina uniformada el arco iris seductor de la aventura.”

(Imagen — Sonia Delanoy-vivir demais)