LAS PEQUEÑAS COSAS ( 3) : LONDRES

Las grandes ciudades, como las casas, y como tantas otras cosas, se sustentan sobre cosas pequeñas, que son las que van a buscar, limpiándolas cuidadosamente de la arenilla o del polvo, los arqueólogos más humanistas. Son las huellas del tiempo. De repente encuentran en un camino abandonado y enterrado una dentadura, una mandíbula escondida bajo el polvo de los siglos. Pero también encuentran objetos que revelan unas costumbres y unos hábitos que nos muestran secretos de una época. En todas las grandes ciudades reinaron — como, por ejemplo, en el viejo Londres—-el fogón o la estufa, el caballete, las camas de madera antigua, las singulares cortinas que daban paso a la llamada “ cámara”. Philippe Ariés y Georges Duby reunieron en varios volúmenes su “Historia de la vida privada”, o lo que es lo mismo, el proceso de cambio en las sociedades, y allí están, en esos movimientos de la privacidad, los pasos de un tiempo que huye para dar entrada a un tiempo nuevo. Las pequeñas cosas son muy importantes. El ojo del buen periodista — tal es el caso de Julio Camba—se fija más en las pequeñas cosas de Londres que en su poderío y en su magnificencia.

¿Cómo comen los ingleses?¿Cómo se bañan los ingleses?— se pregunta Camba en su libro “Londres”—-, el inglés que se divierte, su admiración de la rutina, el ‘gin’ en las tabernas, el público de teatro, el teléfono, adornos del sombrero, el ‘ puding’ de las Navidades y tantas cosas más que cambian, se modifican , dan una nueva cara al rostro de la ciudad que describió Dickens en “Casa desolada”.Nosotros nos rodeamos de pequeñas cosas que se hacen costumbre y el historiador se fijará en esas pequeñas cosas para retratar una época.

José Julio Perlado

( Imágenes – 1- Londres en 1300/ 2- la Torre de Londres/ 3 Museo. Arqueológico de Londres)

RESERVAR LA IRA

Advierto a aquellos en mi familia —- dice Montaigne— que tienen el derecho a enojarse, en primer lugar, que reserven su ira, segundo, que no se enojen en el aire, y miren que su aprensión llegue a aquel de quien se quejan, porque normalmente claman antes de que esté en su presencia y siguen clamando después que se ha ido; la emprenden con su sombra y llevan la tormenta allí donde nadie sufre ni castigo ni perjuicio sino por la barahúnda de gritos quien no puede más.

(Imágenes – Twombly- telón para la Ópera oficial de Viena- temporada 2010- 2011/ 2- Twombly- wikipedia)

VIEJO MADRID (102) : CALLES DE LOPE DE VEGA

El afán de dar y de lucrarse que congregaba en la Corte a gentes de todas las órdenes sociales y de todos los puntos de España daba lugar a una muy diversa población que bien podía llevarse al teatro o a la novela: soldados que llegaban de Flandes, jugadores empedernidos contra todas las órdenes emanadas de la Alcaldía de Casa y Corte; estudiantes socarrones y maliciosos que de paso para Alcalá o Salamanca fluctuaban entre el pícaro y el clérigo, unas veces aprendiendo latín y otras veces el lenguaje de ‘ germanía’ ; el pícaro mismo, producto a menudo de la acumulación de forasteros en Madrid, a la caza de pingües empleos, y siempre originado por el deseo de vivir sin trabajar, los escuderos y lacayos departiendo con mozas en torno a las fuentes, damas rebozadas, los rufianes y vendedores de muy variadas mercancías, desde el llamado ‘ manto del soplillo’ hasta el ‘agua de nieve enfriada en cantimploras’. Todo aquel mundo era interrumpido por el continuo trasiego y por el paso del encapitorado al que azotaba la Justicia.

Todo esto lo cuenta Entrambasaguas al comentar el Madrid de Lope de Vega, aquel Madrid de la calle Hileras— dedicadas a hacer el hilo para los bordados — la calle Bordados, Herradores, Latoneros, Platería, Pelejeros, Esparteros, Botoneras o Botoneros, Portal de los Doradores, Cava de San Miguel, calle de la Colegiata y la del Duque de Rivas, calle del Lavapies, calle de las Huertas — así llamada por el gran número de huertas que ocupaban entonces —-, plaza del Matute, plaza de Santa Ana —donde estuvo el convento fundado por San Juan de la Cruz—la calle del Gato, calle de Barcelona, calle Angosta de Majaderos, parroquia de San Ginés, calle de Caballero de Gracia y tantas otras calles y plazas que Lope visitó y cruzó envuelto en capas, poesías y espadas, en un Madrid memorable.

(Imágenes- 1- Historia y arte – siglo XVll es/ 2- casa de Lope de Vega/ 3- Francisco Herrera el viejo 1640 – foto Eric Lessing- álbum)

ENTONCES EL MAR

Entonces el mar se hizo estrellado y todos los que estábamos en el patio de butacas siguiendo la Ópera Juzuru y contemplando a aquella solitaria cantante vimos los diminutos peces en el cielo, un banco de medusas y de colas y de aletas abiertas, nadando sin nubes, un cielo que era un mar transparente, y me acordé del pintor japonés Hiroshi Senju y de su museo en Karuizawa, Nagano, con sus 60.000 plantas, cada una de un color distinto, los rayos ultravioletas, sus célebres imágenes de cascadas, el jardín, la unión entre naturaleza y cultura, pero ya el cielo volvía a ser estrellado, la cantante dio unos pasos alejándose del mar y llegaron las nubes llenas de peces.

José Julio Perlado

Imágenes- Ópera Yuzuru- fotos Kouichi Miura)

SOROLLA Y CLOTILDE

Siempre que acudo al museo Sorolla en Madrid, en la calle Martínez Campos, me deslumbran los blancos.y las cartas: los blancos asombrosos de Sorolla y las cartas de Sorolla a su mujer Clotilde y de ella a él. Son dos enamoramientos del pintor La valentía del trazo, como señalara Gaya Nuño, la fogosidad de la pincelada, la intensidad de los blancos, el estudio concienzudo de la luz, de sus reflejos, de los contrastes de tierra y mar, es una trayectoria estética admirable que va de cuadro en cuadro y de exposición en exposición. Pero hay otra trayectoria interior, una sucesión de luz del corazón que hermana el amor de Sorolla por su mujer y de Clotilde por su marido. Es un latido que no cesa. Hay más de dos mil cartas guardadas en el archivo del Museo Sorolla. Cartas escritas por el pintor desde París o Estados Unidos, en pleno trabajo creador, cumpliendo encargos importantes o inventando temas. Así escribía Joaquín Sorolla a su mujer:


Todo mi cariño está reconcentrado en ti y si bien los hijos son los hijos, tú eres para mí más, mucho más que ellos, por muchas razones que no hay para  que citarlas, eres mi carne, mi vida y mi cerebro.” Sorolla a Clotilde, Valencia, diciembre de 1907.– archivo del museo Sorolla

Y así escribía Clotilde a su marido:

Me gustaría tanto que no se acordasen de mí! He nacido yo tan poco para estos jaleos; ser mujer de un gran artista como es mi Joaquín y estar siempre en el rinconcito metida es muy difícil.” Clotilde a Sorolla, 1908.– archivo del museo Sorolla

Con tres hijos, Clotilde se encargaba de la administración del hogar y de todo el trabajo relacionado con la actividad artística, como la contabilidad y las relaciones institucionales. Era a la vez la musa del pintor y sus retratos aparecen en muy diversos lugares y paisajes.

A la pintura, Clotilde la llamaba su “rival” y decía:

Me alegro estés ya bien de tu pequeña molestia y deseo que mi rival no te obligue a hacer imprudencias que pueden ser en contra de tu salud. Realmente es un rival terrible pues no te expondrías por mí lo que por la dichosa pintura te has expuesto, siendo lo más gracioso que no puedo ni debo quejarme sino desear que mientras vivas no pierdas esa ilusión, que es para ti el todo en este mundo.” Clotilde a Sorolla, Madrid, 27 de noviembre de 1918.– archivo del museo Sorolla.

Blancos fulgurantes en los cuadros y permanentes amores en la intimidad del matrimonio.

José Julio Perlado

(Imágenes- 1- Sorolla/- Madre- 1895/2/ carta de Sorolla desde París a Clotilde en Madrid el 3 de octubre de 1913- museo Sorolla / 2- Sorolla-Clotilde / 3-Sorolla y Clotilde en 1923)

LAS PEQUEÑAS COSAS (2) : EL CANDIL

El garabato del candil ilumina el elogio de la sombra, como dirían los japoneses, y la punta de su llama enciende la habitación del silencio, los rincones de las casas, despeja de oscuridad los hogares. La mano lleva en lo alto su candil que ha desprendido de un clavo, que a su vez estaba prendido de una pared, y yo me imagino a esta dama de otros siglos con su bata bordada avanzando por el cuarto antiguo porque ha oído un pequeño ruido y no sabe bien si es la cola que se esfuma de un diminuto ratón o los pasos del enamorado que se acerca a la ventana. Los Diccionarios señalan que el candil es un utensilio que sirve para alumbrar y está formado por un pequeño recipiente provisto de un gancho para colgarlo y con un pico en el borde por donde asoma la mecha, la cual, por el otro extremo, queda sumergida en el aceite que contiene el recipiente.

Pero yo me sigo imaginando a la dama de otros siglos, observada de lejos por Lope, cómo camina en busca del enamorado, el candil en lo alto de su mano y dejando en sombras el pasado, los muebles y los rencores. El candil ilumina tan sólo una parte de su vida, el sendero de las ilusiones. Los candiles no dan para más. Un autor del siglo XVll lo dijo en un libro de Proverbios morales: “Y jamás candil que se cayó tenía gota de aceite, porque así lo dicen las criadas”.El candil ha atravesado los escenarios de las comedias y enredos. Su llama nos precede y desearíamos saber en qué ha quedado ese encuentro entre el enamorado y la dama de la bata bordada.

José Julio Perlado

(Imágenes- 1- candil de latón/ 2- candil siglo Xl- Museo de Jaén)

RESTOS DE UN NAUFRAGIO


Shakespeare, como mozo de carnicería, “ cada vez que mataba un ternero lo hacía con estilo grandioso y pronunciaba un discurso”. Así lo comenta John Aubrey en sus “ restos de un naufragio” — el naufragio perpetuo del tiempo — dentro de su libro “ Vidas breves de hombres ilustres”, que el editor italiano Roberto Calasso aplaude con fervor. No es fácil condensar una vida en la brevedad de un texto y Papini hizo un esfuerzo encomiable y quizás desigual y apasionado, como él lo era, en su “ Juicio universal”, mientras que Manganelli. en ficción, inventaba en “Centuria” una síntesis de existencias que podían resumir vidas enteras. Otras páginas sorprendentes son las de Marcel Schwob en sus “Vidas imaginarias” por las que sabemos curiosidades, como por ejemplo que “ el día de Waterloo Napoleón estaba enfermo, que Alejandro andaba ebrio cuando mató a Klitos, que la fístula de Luis XlV pudo influir en alguna de sus decisiones, para recordarnos también cómo Diógenes Laercio nos enseña que Aristóteles llevaba sobre el estómago un odre de aceite caliente.” Aubrey, a su vez, en este libro de “Vidas breves” , nos dice que Milton pronunciaba la r muy dura, que a Erasmo no le gustaba el pescado, aunque había nacido en una ciudad de pescadores ,y que en cuanto a Bacon ninguno de sus servidores habría osado presentarse ante él con botas que no fueran de cuero de España, pues sentía al instante el olor del cuero del becerro y le resultaba muy desagradable.

Aubrey, como dice Calasso, con su ojo y su oído, se sentía siempre alerta. De un modo irreflexivo, tumultuoso y voraz, pasó su vida tomando inagotables apuntes de los detalles y los rasgos notables de aquello que se cruzaba en su camino. Una especie de taquígrafo ambulante que nos acerca a rasgos y datos de múltiples existencias.

José Julio Perlado

(Imágenes- 1-personajes de las obras de Shakespeare/- anónimo/ 2- William Shakespeare)

LAS PEQUEÑAS COSAS (1) : LA JOFAINA

Hace tiempo que no voy a una casa rural. Pero cuando voy y me muestran la habitación que me han preparado, que da al campo, a los valles, a las nieves de la alta montaña, me encuentro de pronto con mis manos acariciando el borde de la jofaina, esa fuente honda o escudilla, especie de palangana hoy en desuso, como rezan.los Diccionarios, pero que a mí me presta un uso especial porque me trae la dedicación y el esmero de la patrona de la casa, que me enseña cómo tras la ventana corretean los caballos, también los senderos andariegos que rodean a la finca, y el cuerpo dorado de las manzanas olorosas, y luego me enseñará la chimenea, y los bordados antiguos de la colcha de la cama alta, y después una escalerilla por la que puedo subir al tejado para ver el cielo estrellado, que es el mismo cielo de Barcelona o de Madrid, pero que aquí — me dice—. es un cielo visible, cuando mi marido heredó esta casa de sus padres lo primero que hizo fue comprar ese trozo de cielo visible que va desde el alto del tío Roque hasta las Gemelas, que es como aquí llamamos a aquellas montañas altas.

Entonces me quedo solo en la habitación. . Echo agua en la jofaina y baja y sube un agua de nieve límpida y transparente. De repente, entre mis dedos, empiezan a resbalar, aturdidos, los salmones.

José Julio Perlado

(Imágenes—- 1- jofaina – museo etnológico de Puerto Seguro- Salamanca/ 2- museoTuringer- Alemania)

PICASSO Y LA NATURALEZA

“El arte abstracto no es más que pintura. ¿Dónde está el drama?— se preguntaba Picasso en 1935 en “Cahiers d’Art”— No existe un arte abstracto. Hay que comenzar siempre con algo y después se pueden quitar todas las huellas de la realidad . Entones ya no hay peligro porque la idea del objeto habrá dejado una marca indeleble. Es lo que incitó al artista, estimuló sus ideas y despertó sus emociones. A fin de cuentas, deas y emociones quedarán apresadas en su obra. Por mucho que hagan no podrán escaparse del cuadro, del que forman parte integral aunque su presencia ya no podrá ser observada. El hombre, quiéralo o no, es el instrumento de la naturaleza que le imprime su aspecto y sus características. No se puede ir contra la naturaleza: ¡ es más poderosa que el más fuerte de los hombres! ¡Nos conviene mucho llevarnos bien con ella! Podemos permitirnos ciertas libertades, pero sólo en cuestión de detalles. Tampoco existe un arte “figurado” y “ no figurado”: todo se nos aparece en forma de “figuras”. Hasta las ideas metafísicas se expresan mediante “figuras” simbólicas. Una persona, un objeto, un círculo, son figuras; su efecto sobre nosotros puede ser más o menos intenso.”

( Imágenes— 1- Picasso por Juan Gris -1912/ 2- – Picasso 1953- foto Paolo Monti)

EL OÍDO PEGADO AL AURICULAR

Siempre me impresionó el largo hilo de las conversaciones que se enroscan en la garganta y en el cuello de “La voz humana” de Jean Cocteau, sea hombre o mujer la que habla o escucha. Y es que no se quiere colgar, no se puede colgar, hay que volver a escuchar los amores y reproches interminables del otro, el hilo de la vida de las despedidas y los desencuentros. Mientras hay vida hay esperanza, se ha dicho siempre; pero aquí hay que sustituirlo por “mientras hay voz hay esperanza”, es decir, el otro está al extremo del teléfono, hay por tanto un calor, una intimidad aunque sea lejana, una respuesta, incluso si esa respuesta es abrupta, qué más da, es la respuesta de que el otro existe y que está vivo, con sus traiciones y sus titubeos, sus declaraciones, promesas y mentiras, pero la vida es así, un largo hilo de conflictos y soluciones que van viajando por el hilo del teléfono, de la voz al oído, y el oído escucha porque si deja de comunicarse con el otro se puede quedar solo para siempre.

Hay un poema de Raymond Carver que recuerda de algún modo algunas de estas cosas:


Relámpagos, agua,

pez, pitillos, cartas, maquinaria,

el corazón humano, aquel viejo puerto.

Incluso los labios de la mujer pegados

al auricular, incluso eso.

El pliegue de los labios.

José Julio Perlado

(Imágenes- 1- wikipedia / 2- Jean Cocteau – Modigliani)

SOPAS DE LEWIS CARROLL

¡Sopa bella! Tan rica y verde

¡Cómo nos aguarda en caliente cazuela!

!Quien por tanta delicia

no cedería a su natural inclinación!

¡Sopa de la noche¡Hermosa sopa,!

¡Sopa de la noche ¡Hermosa sopa!

¡Hermoooo – sa sooopa!

¡Hermoooo- sa sooopa,

¡Sopa bella! A tu lado,

¿quién desea ni pescado, ni caza, ni cazuela?

¿Quién no daría cuanto poseyera

por dos perras gordas de bella sopa?

¿Por dos perras gordas de bella sopa?

¡Sooo- ooo- pa de la noo- oo- che!

¡Bella!¡Hermooo— OOSA SOPAAA!

Lewis Caroll – “¡Bella. ¡ Tan rica y verde! ( traducción de Jaime de Ojeda)


( Imágenes- 1- sopa goulash típica de Hungría/2 -Callaboo- sopa típica de Trinidad/ 3- crema de espárragos con nata fresca/ – 4- —Vernicelli de ostras y fideos típicos de Taiwán/ 5-Kesakeitto- sopa de verduras Finlandesas)

LOS OSOS

Los osos se dividen en pardos y blancos, o en cabeza, tronco y extremidades. Tienen buenos morros, pero los ojuelos, pequeños. Les encantan las golosinas. — escribe el poeta polaco Zbigniew Herbert —A la escuela no quieren ir, pero una siestecita en el bosque… oíga , con mucho gusto. Cuando les queda poca miel, se llevan las manos a la cabeza y se quedan tan tristes, tan tristes que ni sé. Los niños, que tanto quieren a Kubus Puchatek, se lo darían todo, pero por el bosque anda el cazador y con su fusil apunta entre esos dos ojitos pequeños.

(Imagen- wikipedia)

GUARDAR UN SECRETO

Qué difícil es guardar un secreto. Está el secreto guardado en un pequeño cofre que llevamos en el pensamiento, en la memoria, en el corazón. Nos han contado una cosa que no debemos decir, sobre la que se nos pide que no revelemos nada, y del cofre empiezan a salir unas pequeñas gotas de agua, como unos hilillos húmedos, escapes de aire, tal y como si el secreto se estuviera diluyendo, como si se forzara él mismo a escapar. Claudio Magris ha dedicado a este tema su ensayo “ El secreto y no”. El secreto y su custodia — dice Magris— son un elemento fundamental de la potencia del poder” .Se sabe todo pero nada se dice, se guarda con siete llaves la confidencia, las paredes del secreto parece que fueran a estallar. A veces se sueña con el secreto durante la noche. ¡ Ah, si yo lo contara!…. El pequeño cofre sigue situado en nuestro vestíbulo interior, nos encontramos con él cada vez que damos una vuelta a la llave y entramos donde nosotros mismos. En ocasiones nos llevamos ese secreto a la tumba; en ocasiones, uno — por fragilidad— levanta una punta del cofre, entreabre una ranura, y aunque da la impresión de que no huyera nada, todo huye como el humo, todo el secreto se deshace en mil pedazos y llena a los oyentes de enorme y a veces tremenda confusión.

José Julio Perlado

( Imagen – Rothko- 1959)

EL CARRITO DE LOS LIBROS

Me pide un amigo mío libros para leer y le llevo hasta el puesto de la memoria, ese puesto inclinado que muestra – —- como si fuera fruta al aire libre— encuadernaciones rosadas, verdes, negras, hojas antiguas y modernas, títulos al derecho y al revés, reelecturas inciertas, aficiones, tendencias, allí aparecen —- todos mezclados a propósito— Lampedusa, Calvino, Basani, Buzzati, Hemingway, Cunqueiro, Pavese, Le Carré,Tolstoi, Aldecoa, Borges,Mann, Delibes, Chejov, Ferlosio, Proust, Woolf, Pirandello, Baroja, Cortázar, Zweig, Bioy Casares y tantos y tantos otros que nunca se leyeron, o que quizá se leyeron mal, a a una edad insólita o insípida, variaron los gustos, se elevaron las admiraciones y se hundieron los desprecios

Lo cierto es que mi amigo va escogiendo cubiertas y solapas, autores, historias, lleva unos guantes elásticos de goma para hacer su compra, valora, pesa, calcula las dimensiones de su tiempo. Al fin le acompaño y nos sentamos a leer los dos en el despacho.

José Julio Perlado

(Imagen – Leslie Ballebeg)

TODA OBRA SERIA ES TRANQUILA

Puede decirse— decía Kandinsky— que toda obra seria es tranquila. En toda gran obra seria resuena una palabra sublime y tranquila:”!Heme aquí!” La admiración o el desprecio se desvanecen. No queda nada más que el eterno sonido de estas palabras

Ciego frente a la forma,, “ reconocida” o no, debe ser el artista, como debe ser sordo a la enseñanza y a los deseos de su tiempo..

Su ojo debe estar abierto sobre su propia vida interior, su oído siempre hacia la voz de la Necesidad interior.

Entonces podrá servirse impunemente de todos los procedimientos, incluso de los que le están prohibidos.

Este es el único medio de llegar a expresar esta necesidad mística que es el elemento esencial de una obra.

Todos los procedimientos son sagrados si son enteramente necesarios.

(Imágenes- Kandinsky- wikipedia)