VUELO NOCTURNO

 

 

“Encima de nosotros, estrellas. Debajo de nosotros, constelaciones. A cinco mil millones de  millas de distancia, una galaxia muere como un copo de nieve sobre el agua. Bajo nosotros, algún granjero, al sentir el frío de esa muerte lejana, enciende la luz de su patio, desenfundando cobertizos y establo, de vuelta al pequeño sistema de mantenimiento. Toda la noche, las ciudades,  como novas relucientes, atraen con calles brillantes las luces solitarias, como la suya .”

Ted Kooser– “Vuelo nocturno

(Imagen —Emil Nolde -1945)

CANCIONES ESPAÑOLAS (3) : SANTANDER

 

 

“A los árboles altos

los lleva el viento,

y a los enamorados

el pensamiento.

¡Ay! vida mía,

el pensamiento.

Corazón que no quiera

sufrir dolores,

pase la vida entera

libre de amores.

¡Ay! vida mía,

libre de amores.”

”Santander” —“A los árboles altos “ —Cuarenta canciones españolas’ -Eduardo M. Torner—Residencia de Estudiantes- Madrid -1924

(Imagen —Alicia Rothman)

RESEÑAS Y CRÍTICAS LITERARIAS

“ A quien lee una reseña lo que le interesa es cómo escribe el crítico, sin que necesariamente salga corriendo de su casa a comprarse el libro comentado —dice un consumado crítico de “La Vanguardia” tras muchos años de experiencia —. Reseñar un libro cada semana puede ser agobiante. Y es también estimulante. Es imprescindible que pienses en cada uno de los lectores, por distintos que sean uno de otro. Que hay que respetar al lector.  Convendría recordar que el crítico no está formado como tal, es siempre autodidacta.  La crítica literaria es casi inexistente en las universidades y sólo se comentan los autores consagrados, que no exigen opinión sino erudición.

No toda la crítica que escribimos es para los periódicos. Casi todos nos especializamos en algún terreno y colaboramos en revistas más o menos académicas. Y el inevitable rigor que uno utiliza al profundizar en un tema, repercute positivamente a la hora de exigirnos el mismo rigor como reseñistas. Cualquier actividad literaria que hagamos en un terreno repercute en otros terrenos. ¿Cuál es el crítico literario más completo? El que sabe varios idiomas y no se limita a leer traducciones. (Es significativo que los críticos españoles muy raramente comenten la traducción; a veces ni siquiera aparece el nombre del traductor). El que ha traducido, para penetrar en los misterios del lenguaje y de la creación misma. El que ha sido profesor y experimenta de primera mano qué es la comunicación. El que además de crítico es poeta o narrador. El que se interesa por otras expresiones artísticas, como la música o la pintura. El que ha viajado. El que conoce y lee con frecuencia periódicos que no son los suyos, y aquí se incluyen los extranjeros, algo muy fácil desde que podemos leer la prensa en Internet.

Ejercer de crítico te obliga a conocer a otros críticos. Muchas veces creemos que según la tendencia ideológica del periódico lo serán las críticas que en él se publiquen. No es así. Y afortunadamente los críticos condicionados por una ideología son muy pocos.

El problema de la crítica literaria española es muy otro. Es la incapacidad de apoyarse en un aparato crítico teórico e incluso de construir su propia base teórica o que refleje un modo de pensar, no sólo de interpretar y juzgar. Y esto nos ocurre porque en nuestra cultura faltan filósofos y grandes ensayistas. Todo esto lleva a cierta banalización y frivolización que, por desgracia, está a la altura de lo que es el país.”

 

 

(Imágenes—1-Alain Pontecorvo/ 2- Adolfo Kaminsky- journal de la photographie)

EL APRETÓN DE MANOS

 

 

“El saludo por medio de la unión de las manos — o apretón de manos— significa, dice Alberto Savinio en su “Nueva enciclopedia —”, que no solamente nos acercamos inermes a aquel a quien saludamos, sino que le entregamos además nuestras manos (el apretón de manos hoy en día es señal de gran afecto) y, en consecuencia, nos quitamos toda posibilidad, no ya de herirle con un arma, sino de darle un puñetazo o siquiera un pescozón. Un ejemplo de apretón de manos completo y traidor: invierno, 1907, en Milán. Un castañero está en Vila Manzoni, en la esquina con Vía Andegari, junto a su fragante hornillo. Se le acercan dos chicos. Uno le dice: “Dame las manos”. El castañero le tiende ambas manos y el chico se las aprieta con mucho afecto  en un apretón de manos “antiguo” y completo, o sea doble. Y, mientras el primero de los chicos le tiene las manos cogidas al castañero, el segundo chico le registra los bolsillos y le roba sus ganancias de todo el día.  Éste es el “verdadero” significado del apretón de manos: tener completa confianza en el que nos saluda.”

(Imagen—Paul Caponigo—1965)

CANCIONES ESPAÑOLAS (2) : LEÓN

 

 

“Madrugaba el Conde Olinos

mañanita de San Juan

a dar agua a su caballo

a las orillas del mar.

Mientras el caballo bebe

canta un hermoso cantar;

las aves que iban volando

se paraban a escuchar:

”Bebe, mi caballo, bebe,

Dios te me libre de mal,

de los vientos de la tierra

y de las furias del mar.”

Desde las torres más altas

la reina le oyó cantar:

—Mira, hija, cómo canta

la sirena de la mar.

—No es la sirenita, madre,

que esa tiene otro cantar,

es la voz del Conde Olinos

que por mí penando está.

—Si es la voz del Conde Olinos

yo le mandaré matar,

que para casar contigo

le falta sangre real.

—No le mande matar, madre,

no le mande usted matar,

que si mata al Conde Olinos

a mí la muerte me da.

Guardias mandaba la reina

al Conde Olinos buscar,

que le maten a lanzadas

y echen su cuerpo a la mar.

La infantina, con gran pena,

no cesaba de llorar.

El murió a la media noche

y ella a los gallos cantar.”

”El Conde Olinos” —León – “Cuarenta canciones españolas” -Eduardo M. Torner – Residencia de Estudiantes -1924

 

(Imágenes—1-Andy Warhol/ 2-paperimages tumblr)

PROGRESAR EN LA VIRTUD

 

 

“Las señales por donde se conoce que un hombre progresa en el estudio de la virtud — recuerda el filósofo griego Epicteto —son : no reprender, no alabar, no menospreciar ni acusar a nadie, no alabarse nunca de lo que él mismo es ni de lo que sabe, acusarse cuando se le impide o prohíbe hacer alguna cosa, burlarse a solas de los que le alaban, no enojarse cuando le reprenden, sino hacer como los que están convalecientes, que andan muy paso a paso para no mover los humores; tener absoluto poder sobre sus deseos, no tener aversión sino de lo que repugna a la naturaleza de las cosas que dependen de ėl; no desear nada con pasión; no importarle nada ser tenido por sabio o por ignorante; finalmente, desconfiar  de sí mismo como de un enemigo doméstico cuyas asechanzas son dignas de ser temidas.”

(Imagen —Byran Hunt- 2001- artnet)

LA HUIDA DE LOS ÁNGELES EN FLORENCIA

 

 

“Hacía las once y media de aquella mañana, el ángel Baradiel, en Florencia, empezó a despegarse poco a poco del manto y de la pequeña capa que le cubría, procurando sobre todo que ese movimiento suyo pasara inadvertido: se desplazó hábilmente separando a un lado las trompetas doradas que hacían resonar sus compañeros, apartó un poco  el pequeño violín al que le arrancaba notas su amigo el ángel Casul, y procuró dejarlo todo en la pintura casi como estaba para que no se notara que él se escapaba, todo casi perfectamente ordenado y arreglado, disimulado de tal modo que los visitantes y turistas que pasaban aquella mañana por el segundo piso de la Galería de los Uffici  y se detenían asombrados ante el color de oro, resplandecidos sus rostros por aquel oro que se reflejaba como en un espejo, apenas notaron la  pequeña  mancha blanca como diminuto vacío que asomaba entre todas las cabezas de ángeles. Eran varias decenas de espíritus dorados entremezclando sus instrumentos, conducidos desde el siglo XV de la mano y el pincel y las lágrimas del Beato Angélico (puesto que Fray Angélico muchas veces lloraba al pintarlos), ángeles que habían vivido primero en la iglesia del hospital florentino de Santa María Nueva y que luego llegarían a los Uffici embaladas las cajas con las láminas de la serena contemplación y con el círculo situado bajo un haz de rayos haciendo girar como rueda y globo espacial a todos los personajes. Entre aquellos personajes, a la derecha, en la altura y muy cerca de una nubecilla, había permanecido durante seis siglos  Baradiel, inmóvil, con la trompeta dorada en el aire, pero mirando fijamente primero a los italianos y europeos y luego a los chinos y  japoneses que iban pasando diariamente delante de su pintura, organizados en grupos, deteniéndose, acercándose con sus zapatillas blancas y azules, atravesando despacio la sala y siguiendo al guía que les conducía, pero ahora Baradiel había decidido huir de todo aquello, escaparse sin que se notara, y así, conforme Baradiel procuraba despegarse completamente de la pintura del Angélico y también  de la capa y del manto, y abría con suavidad sus alas sobre las cabezas de los turistas para volar sobre la sala del museo, el escritor proseguía en su cuarto aquella  escritura suya tan  paciente y cuidadosa que los ángeles siempre respetarían, una escritura a veces titubeante e indecisa, cumpliendo sin embargo su tarea en sus páginas blancas, y asī escribía despacio con su pluma azul : Veo ahora a Baradiel —así escribía —, cómo vuela casi invisible y va rozando  con sus alas las paredes de los Uffici sin apenas hacer ruido, los japoneses y los chinos no se han dado cuenta de que está volando sobre ellos, los japoneses y los chinos caminan apretados unos junto a los otros, conviviendo gorras, pisadas, zapatillas y prismáticos, atuendos multicolores y edades mezcladas, mientras las alas de Baradiel cubren toda la sala y luego se pliegan junto a la puerta sin apenas rozarla para poder pasar con facilidad de una a otra estancia, allí donde está Giotto y su  Madonna con el Bambino, llamada también Maestà de Ognissanti,  nacida de un pincel  en el siglo XlV, pero sobre todo porque allí se encuentran sus amigos, los  otros ángeles que Baradiel está buscando, allí están  Dubilon y Egibiel  arrodillados tal y  como los pintara Giotto en 1313, vestidos con  unas túnicas blancas y sosteniendo  Dubilon, a la izquierda, una jarra con lirios, y Egibiel, a la derecha, una jarra con rosas. En un primer momento ninguno de los dos ha percibido la llegada de Baradiel  puesto que ambos están mirando hacia  la altura, pero enseguida, a una repentina seña de Baradiel, Dubilon deposita  suavemente en el suelo la jarra con lirios y  Egibiel hace lo mismo con su jarra de rosas y cada uno repliega sus alas grises y encarnadas y los dos van despegándose poco a poco de la pintura de Giotto y tomando impulso se elevan detrás de Baradiel por encima de todas las cabezas de los turistas chinos y japoneses y escapan volando por la única ventana abierta. El Arno ahora es un espectáculo para ellos. El río fluye bajo los puentes, principalmente bajo el ponte Vecchio y bajo el  ponte alle Grazie, bajo el ponte alla Carraia y el de Santa Trinita , y sobre el río las alas de los tres ángeles vuelan abriéndose y cerrándose en una libertad incomparable. ¡Ah, la libertad!, va diciéndose el escritor en su cuarto y en su cuaderno al seguir el vuelo de los ángeles por el río de  Florencia, ¡ah, la libertad de escribir, de volar, de escribir como si uno volara, de ser uno de esos espíritus que marchan sobre el Arno, de recorrer el aire de todo un libro!”

José Julio Perlado —(del libro “Relámpagos”) ( texto inédito)

 

 

 

 

Imágenes —1- Beato Angélico – Uffici – Flickr/ 2- ángel de Giotto)