LAS CAMPANADAS DEL SACRISTÁN

 

Hay despertares singulares.

Contaba Elizabeth Cárter, la poeta y traductora inglesa del siglo XVlll: “En la cabecera de mi cama tengo una campana atada a un grueso cordel que a su vez está atado a un plomo… que cuelga a través  de una grieta de mi ventana hasta el jardín de abajo, que pertenece al sacristán. Cuando èl se levanta entre las cuatro y las cinco de la mañana, tira del mencionado cordel con la misma fuerza y vehemencia que si estuviera tocando a difuntos. Gracias a este curioso invento me levanto temprano cada mañana, cosa que estúpidamente sería incapaz de lograr si alguien no me llamase. Conozco a algunas personas endiabladas que me han amenazado vilmente con cortar el cordel, lo que supondría mi completa ruina: me quedaría indefectiblemente dormida el verano entero.

 

 

Después de desayunar, mi mayor preocupación es regar los claveles y las rosas que tengo metidas en por lo menos veinte rincones de mi habitación. Una vez terminada esta tarea, me siento ante un clavecín pequeño. Tras dejarme sorda durante media hora con toda clase de ruidos, me dedico a otros pasatiempos que me ocupan aproximadamente el mismo periodo de tiempo, ya que de hecho hay bien pocas actividades a las que dedique más de treinta minutos. Así que entre leer, trabajar, escribir, dar vueltas a los globos terráqueos, subir y bajar las escaleras un millón de veces para saber dónde está todo el mundo y asegurarme de que están bien — lo que me garantiza pequeños intervalos de conversación  —, pocas veces me quedan ganas para hacer negocios o entretenerme.”

 

(Imagenes—1- Constable-1826-Tate gallery/2- Gerard Chowne -1904/ 3-Alexei Antonov)

LA ASAMBLEA DE LOS ÁNGELES

 

 

“La  Asamblea llamada del Azul, o Asamblea de  los Ángeles , aunque quizá muchos ahora no la recuerden,  tuvo lugar hace varios años en lo alto de la iglesia de Saint Michel, en Francia, en el pueblecito Puy en Velay, en la región de Auverna, un pueblecito pintoresco y famoso  por su subida casi vertical de sus 268 escalones que ascienden desde las calles hasta la iglesia. Naturalmente los ángeles no necesitaron aquellos escalones y volaron gozosos sobre ellos: cantaron y disfrutaron mientras ascendían.  Se trató en aquella Asamblea de numerosas cosas: allí se sentaron como pudieron docenas de ángeles en los picos de la capilla y otros se recostaron apoyados en los techos, y desde abajo, es decir,  desde el pueblo de Puy en Velay, algunas mujeres que miraban de vez en cuando hacia arriba mientras seguían trabajando en su encaje de bolillos sentadas a las puertas de sus casas, cuando se les preguntó tiempo después si habían visto ángeles, espíritus, o algo parecido, sólo pudieron afirmar que habían percibido un extraño resplandor a media tarde, una especie de hilo brillante iluminado por el sol. Únicamente una joven costurera, Berthe Rufin, que vivía en la calle Rápale y que también se dedicaba al encaje, fue más explícita, y como dijo que presumía de vista excepcional y, más aún, de oído fino, declaró que mientras trabajaba había observado una suave ráfaga luminosa subiendo y bajando desde la iglesia hasta la calle. En los techos de aquella capilla, posados igual que pájaros inmóviles, se prepararon para celebrar la Asamblea, entre otros, un ángel de Zurbarán, y  uno pintado por Murillo, también  un ángel de Poussin, otro de Leonardo y otro de Caravaggio.  Estaban también, apoyados en un extremo del tejado de la iglesia de Saint Michel y procurando no caerse, los once ángeles del famoso díptico de Wilton que habían llegado todos a una desde Londres, desde la National Gallery, y que como siempre fascinaban con su intenso azul. Ellos fueron los primeros que quisieron hablar y así lo hicieron los once a la vez con la voz única que tenían, es decir, como si hablara uno solo, modulando las palabras y haciendo referencia enseguida al azul con que vestían sus ropajes y señalando sus once alas delgadas y verticales que aunque parecían partir de los hombros casi nacían de sus cabezas. Aquellas once alas eran una especie de llamaradas blanquecinas que terminaban en una punta azul. Defendieron que aquellas alas suyas eran las adecuadas para todo tipo de ángeles aunque fueran distintas y estuvieran muy alejadas de tener enormes dimensiones.

 

 

 Y aquí se entabló una gran discusión  entre los once ángeles del díptico que seguían hablando a la vez con voz única y que amenazaban con aturdir a los demás. Se trataba esencialmente de dos posiciones: el debate sobre la importancia del azul en los ángeles y los distintos puntos de vista sobre las dimensiones que debían de tener las alas. Unos defendían mantener un azul puro para las alas, el azul que vestían, un azul sin mezcla para los ángeles, y otros en cambio abogaban por un azul difuminado, mezclando blancos, grises, e incluso negros. Uno de los once ángeles del díptico de Wilton , situado en el extremo izquierdo del tejado y que llevaba en la mano un collar dorado y una corona de flores, quiso destacarse del resto de las voces y confesó que para él el más bello azul era profundo y lanzaba al hombre al  infinito. Tras una pausa, añadió:

la entrada en el azul conduce al país de los ángeles.

Y aún quiso decir más:

quiero quedarme a vivir siempre en este azul que está en trance de explotar.

 

 

Hubo un largo silencio ante aquellas palabras,  y todo el mundo en aquel tejado de la iglesia de Saint Michel en Francia pareció dedicar unos momentos a la reflexión. ¿Entonces era verdad que esencialmente el azul era el que podía representar mejor a los ángeles? ¿Y por qué no representarlos con el amarillo, el blanco o el dorado? Existían muchos ángeles dorados, fascinantes, fulgurantes en la vida, ángeles también sin alas, ángeles sin cuerpo, solamente con cabeza, unas cabezas redondas como de niños, y en ese momento alguien en el otro extremo del tejado interrumpió los comentarios para preguntar por qué no estaban allí, en aquella Asamblea, las diminutas cabezas de los ángeles llorando que pintó Giotto para su Llanto por la muerte de Cristo.

—Ellos expresó aquella voz precisamente por ser azules y por ser sólo cabezas de niños podrían darnos ahora un buen testimonio.

Y así continuó durante toda la tarde aquella apasionante reunión y yo me alejé lentamente de ellos.”

 

José Julio Perlado – (del libro “Relámpagos’) (texto inédito)

 

 

(Imágenes – 1- Howard Hodgking/ 2 – diptico de Wilton- National Gallery/ 3-Adam Fuss-1991/ 4- ángel de Giotto)

VISIÓN DE ESPAÑA (2) : SI ME PERDIESE EN SEVILLA

 

 

“Si me perdiese en Sevilla,

atravesad el patio de banderas,

seguid túnel adentro y desdeñando

sombras de Don Fadrique y de Don Pedro,

buscadme en los jardines.

Me hallaréis a la sombra apasionada

del amargo naranjo

o la palma real

gozando una sospecha

de perfume de Indias

y pensando que después  de todo

no sabremos jamás lo que es la vida.”

Gerardo Diego—“Alcázar” – “El jándalo” (Sevilla y Cádiz), 1964

(Imagen – Sevilla en el siglo XVl -culturamas)

LOS “GENIOS” DE HAROLD BLOOM

 

 

Ha muerto Harold Bloom, uno de los críticos literarios más influyentes del mundo. “En el extremo de la mente —decía —, nos detiene el genio shakesperiano. Sigue siendo, y quizás lo sea para siempre, nuestro más grande ejemplo del uso de la literatura para la vida.”. Bloom elevó a Shakespeare hasta la cumbre de sus predilecciones. En su libro “Genios”  aborda cien mentes creativas y ejemplares  y divide las épocas o lustros, como  ėl dice, arrancando de Shakespeare, Cervantes, Montaigne, Milton y Tolstói para enlazarlos con Lucrecio, Virgilio, San Agustín, Dante y Chaucer, discurriendo por todos los siglos hasta Dickinson, Dostoievski, Isaac Babel y Ralph Ellison. También se pregunta Bloom en otro libro “¿Dónde se encuentra la sabiduría?”,  y nos lleva a los hebreos del libro de Job y el Eclesiastés, nos acompaña a la disputa de Platón con  Homero, entramos luego en el mundo de Montaigne y Bacon, de Samuel Johnson y Goethe, de Freud y Proust, no sin pasar antes, al hablar de la sabiduría cristiana, por San Agustín y la lectura.

 


 

Todavía hay en todas partes, aún en las universidades — decía Bloom en “Cómo leer y por qué” —, quienes practican la lectura personal, jóvenes y viejos. Si existe en nuestra época una función crítica, será la de dirigirse a esos lectores que leen por sí mismos y no por unos intereses que, supuestamente, trascienden la propia personalidad.”

Harold Bloom ha sido un guía de lecturas durante años. Nos ha acompañado desde Andersen a Raymond Carver, y en la gran poesía por los sonetos de Shakespeare, como en el ensayo desde Pascal a Walter Pater. La literatura como modo de vida nos ha llevado de la mano con amor literario de crítico, como él decía.

El mapa de sus conocimientos era enorme. Su labor de divulgación muy fructífera.

Descanse en paz.

 


 

(Imágenes —1-Carl Spitzweg- 1850/ 2-biblioteque tumblr/ 3 – el rey Lear- George Romey-1775- Shakespeare library)

INTERIORES : ( y 2 )

 

 

“Y yo miro el escenario al que estoy tan acostumbrado, y pienso cuánto misterio encierra todo esto: creado por el esfuerzo de unos hombres, y alguna parte construida acaso con amor, tal construcción y todo lo construido tiene por fin quedar destruido y no permanecer : tan solo la capacidad de amor y de esfuerzo será valorada, y ese amor escondido en la fatiga de crear  objetos para el hombre, permanecerá al otro lado del fin, cuando los propios objetos desaparezcan. Y en mi imaginación veo por un segundo qué frágil es todo, incluso lo aparentemente  más fuerte, sin poder pesar realmente toda la fuerza de la que es capaz el amor. Y es este cuarto en mi pensamiento como cierta prolongación de mí mismo, como si este contorno tan habitado formara parte de mi propio yo en la existencia de la tierra.

 

 

Contemplo esta alfombra, y el comedor y cada mueble, y mis ojos pasan sobre el sofá  y en él quedan de repente detenidos en
su movimiento: la mirada descansa allí, sujeta por algo entre las cosas. Pero mi pensamiento continúa y en estos instantes  nada ha variado de su rumbo; de tal modo, que todo el pensar sigue hilvanando cuanto ve y cuanto imagina ver. Y es como proseguir en este escenario y tener conciencia de que todo esto tan real ha tenido un inicio y tendrá un fin, y esa exacta y precisa realidad, aparentemente  tan sólida, verdaderamente fuera irreal, secretamente impalpable y casi etérea, aparecida en este momento — que puede durar años, una vida, varias vidas, incluso varías generaciones  de vidas —, pero que sólo en tal momento se muestra como si todo lo construido y su presencia, se desgajara y deshilvanara, desprendiéndose con suavidad y sin ruido, deshilachándose tenue pero decisivamente, hasta desintegrarse en silencio todo lo construido e ir dejando el gran espacio sin límites, la creación  del espacio sin ninguna creación  real de hombre, sino tan sólo su creación  misteriosa  e invisible, esa creación del amor puesto en cada acto elaborado por el hombre, la creación de amor que el hombre deposita al crear y al confeccionar  las cosas y los objetos.”

José Julio Perlado —“Contramuerte”

 

(Imágenes -—1-Tommy Hilding- 2017/ 2-Adolph von Menzel. 1845/ 3-Jan Reich -1986)

INTERIORES (1)

 

“Retorno a la intimidad de este cuarto. Entonces me quedo mirando la alfombra, los dibujos y el grosor de la lana, y sus medidas y extensiones bajo las grandes patas de los sillones: recorro lentamente esta tonalidad de hebras compactas en estilo de nudo suave y levemente mullido, como reconfortante y deslizante: y la mirada ahora, vaga ya más pérdida y más ancha, menos controlada, repasando conforme sube este contorno de las sillas y su borde dorado y oscuro: y más adelante, enseguida, los ojos se tienden horizontales y resbalando sobre la lisa superficie de mesa del comedor sesgada de vetas que la hacen más noble y al fondo, aquí y allá, muy despacio, maderas, marcos de ventanas, cristales, los estantes de la librería, espacio de cuadros, espacios desnudos, de pared blanca… Todo está aquí permaneciendo; unas manos, una vez, lo han colocado según gusto, orden y disposición.  Dispuestos los objetos, aquellas manos se retiraron en una ocasión… y el escenario siempre idéntico, siempre inmóvil — un escenario que es necesario limpiar cada jornada, pero volviendo a ajustar cada pieza en su sitio — y que permanece sin movimiento propio hasta tanto otras manos lo cambien.

 

 

Este escenario es ya un hábito para mis ojos: cada persona tiene alrededor suyo un escenario más natural o más artificial, más rico o más pobre, menos cuidado o más limpio. El escenario de esta habitación hubo una vez que no tuvo existencia, era la nada en el espacio: pero, poco a poco, a cierto nivel de esa nada, el vacío se ha ido llenando y construyendo hasta desaparecer la nada y el espacio, y todo ello adquirir una forma determinada, un color, y sustentado entre otras formas construidas encima, debajo, a derecha e izquierda de ese escenario, cubrir todo ello una forma de aire y de huecos, e ir sustituyendo el aire limpio y vago por un aire limitado, condicionado por fronteras de tabiques y techos y suelos, — y aceleradas sus corrientes según la disposición de ventanas y balcones cerrados o abiertos. Así la nada invisible ha desaparecido bajo creaciones y formas idénticas o diversas, y todas ellas reunidas en muchas ocasiones, estrechamente emparejadas en verticalidad y en extensión horizontal, fundidas en su interior por complejos conductos y necesidades, separados unos bloques de formas de otros bloques, por espacios libres pero estrechos, alargados como calles del aire…, allí quedaban como encajonados entre los muros y girando de improviso en revuelo de esquinas y de cruces.”

José Julio Perlado“Contramuerte”

 

 

(Imágenes—1-Roy de Carava -1953/ 2-Robert Henderson/ 3 –Saúl Leiter)