SOBRE LA LUZ

‘Si quitas la luz — dice San Juan Damasceno —; todas las cosas quedan ignoradas en las tinieblas. porque no pueden manifestar su propia belleza.” La luz, por tanto, ”es la belleza y el orden de toda criatura visible.” Y como dice Basilio: ”Tal naturaleza es creada de tal modo que no puede haber nada mas agradable para el pensamiento de los mortales que de ella disfrutan. La primera palabra de Dios creó la naturaleza de la luz y dispersó las tinieblas y disipó la tristeza e hizo alegre y gozosa a toda especie.” La luz es bella por si, porque ”su naturaleza es simple, y tiene en sí todas las cosas a la vez.” Y por eso está totalmente unida y proporcionada a sí de forma bastante armónica en virtud de la igualdad; la armonía de las proporciones es, en cambio, belleza. Y por eso, incluso sin una armónica proporción de las formas corpóreas, la luz es bella y bastante agradable a la vista. Así pues, la belleza dorada de la luz es bella por el fulgor resplandeciente y las estrellas resultan bellísimas a la vista, aunque no veamos ninguna belleza procedente de la composición de las partes o de la proporción de la figura, sino solo la belleza que deriva del fulgor de la luz. En efecto, como dice Ambrosio,: “La naturaleza de la luz es tal que su gracia no consiste en el número, la medida o el peso, como ocurre con las otras cosas, sino que consiste en el aspecto. Ella ha ce que las otras partes del mundo sean dignas de alabanza.”

(Imágenes— 1- Turner—1843/ 2– Bertha Wegmann)

EL BUFÓN GONELLA ( y 2 )

Pero volviendo al bufón Gonella—- continuó el guía —-, que es el que tenemos aquí y que es el que contemplamos, comentarles que este cuadro, antes de traerlo al Museo de la Mirada, se conservó durante años en el Museo Kunsthistorisches de Viena y allí fue visitado por gran número de personas. Lo que siempre ha impresionado de este cuadro ha sido sin duda su realismo. El bufón Gonella se representa aquí con gran realismo en un primer plano del busto que recorta algunos detalles de la figura, como la parte superior de la gorra o los hombros. Pero lo que más nos interesa a nosotros en estos momentos es esa mirada suya que ha intrigado a tantos estudiosos, especialmente a médicos e historiadores, como por ejemplo al italiano Perciaccante en un artículo en la Sociedad Española de Oftalmología donde analizaba cuidadosamente sus pupilas. Pero esto nos llevaría ahora demasiado lejos dentro de lo que es una visita general del museo como la que estamos realizando, aunque si alguno de ustedes estuviera interesado en esos detalles con mucho gusto le proporcionaría al final toda la información.

El bufón Gonella , como pueden ver —- prosiguió el guía —- tiene una mirada ingeniosa y melancólica, con arrugas profundas y barba mal cortada, y esto hace que la imagen sea extremadamente vivida y expresiva. Los ojos del bufón nos miran como si nos escudriñaran con cierto escepticismo, como si lo hubieran visto todo, como si nos dijeran ”ya ve, aquí estoy, he visto la Corte, he visto a Nicolás lll, señor de Ferrara, le he distraído, le he dicho verdades, me he atrevido a decirle cosas que nade le haba dicho, así me ha ido, me he burlado incluso de su propia muerte, por eso estuve condenado. Ahora sobre todo estoy cansado.” Es una mirada cansada la de Gomella, una mirada que guarda muchas cosas dentro porque este bufón ha visto paisajes, escenarios, personajes, ha asistido y urdido venganzas, se ha reído y ha hecho reír a nobles y a vasallos, ha hecho malabarismos y pantomimas, ha hecho representaciones histriónicas y acrobacias, todo un mundo de entretenimiento. Jean Fouquet, el arista que lo pintó, nos lo muestra en este cuadro con los colores rojos, verdes y amarillos que evidencian su condición de loco o de bufón, aunque en ningún caso tengamos documentos de que Gonella estuviera loco. Gonella trabajaba como bufón en el patio de la casa Este de Ferrara, como así lo atestiguan los primeros inventarios. Este retrato, como pueden ver, es muy expresivo en el rostro y en el traje, con esos pliegues rudimentarios, sin modelado suave, y con las manos dibujadas con bastante torpeza. Algunos historiadores, como el italiano Carlo Ginzburg, se han fijado en su pose de brazos cruzados, como alusión a iconografías de origen bizantino, pero sobre todo rememorando de algún modo el trágico final de Gonella que, según la tradición, moriría de miedo tras la puesta en escena de su propia muerte.

Pero lo importante — dijo el guía abandonando ya la sala mientras tofos lo seguíamos — es esa mirada que nos persigue, son esos ojos que nos acompañan.”

José Julio Perlado

(del libro”La mirada”) (relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imagen— Jean Fouquet— El bufón Gonella)

LOS PAPELES PEGADOS

“La invención e introducción de los papeles pegados en pintura ha sido el equivalente de una cura de desintoxicación. Por ella se han librado los pintores, por un momento, de la servidumbre hipnótica de la pasta y del pincel. Han liberado su mano, sus ojos y su espíritu de los encantos demasiado hechizantes del color en tubo. Cosa extraña, y a la que no se ha dedicado suficiente atención, se han introducido en el régimen de la materia en su aspecto casi bruto. Han renunciado, durante el tiempo preciso para tomar mejores costumbres, a la apariencia seductora, para ocuparse sobre todo en lo que podía haber en el fondo; es decir, el fondo, bien entendido, lo que puede contener una superficie plana de dos dimensiones.”

Pierre Reverdy-“ Papeles pegados”- 1955

(Imágenes— 1- Reverdy – por Modigiani/ 2- Juan Gris-para el libro de Reverdy “La guitare endormie”)

LECTURAS


“De vez en cuando volvía a tomar el libro. La historia la conocía perfectamente: aquel matrimonio que era igual que el de ella, los bruscos ademanes del marido, los arrumacos de sus hijos, el paso del tiempo, el descubrimiento de la vida, ¿cuándo la heroína había descubierto la vida de verdad?, ¿en aquel banco del jardín?, ¿en el momento en que se puso el sombrero negro?, entonces volvió a pasar las páginas hacia adelante y hacia atrás buscando en el libro cómo se describía aquel banco del jardín, pero sobre todo qué tono le había dado la escritora al amarillo del campo que estaba detrás de ella Si ella giraba la cabeza podía redescubrir una vez más la hilera de los árboles. Pero, ¿ y la soledad? ¿Cómo había contado la escritora la soledad? Entonces, como cada tarde, se puso a buscar otra vez en qué página podía estar descrita la soledad, la soledad que ella tenía en aquel banco, la soledad del libro, y en cuanto la encontró la leyó varias veces, muchas, muchas veces, quizá para estar más acompañada. “

José Julio Perlado

(del libro ”Relámpagos”)

(Imagen— Irving Ramsey Wiles- Daum-net)

MARLENE DIETRICH

Todos los que trabajaron con ella resaltaban que ”tenía una gran disciplina y muchísima energía. Era capaz de trabajar todo el día hasta el punto de quedar agotada, tomarse un pequeño descanso y luego seguir trabajando toda la noche con tal de asegurarse que una escena le saliera bien. Una vez trabajamos — confesaba uno de sus colaboradores — treinta y seis horas seguidas, desde un lunes por la mañana hasta un martes por la tarde, dedicados a preparar el vestuario que tendría que llevar el miércoles por la noche. Ella bajaba del avión y venía directamente a la sala de vestuario, donde se quedaba inmóvil durante ocho o nueve horas al día delante de los espejos mientras hacíamos el vestido directamente encima de ella. Nunca aminoraba su ritmo. “No hacer nada es un pecado —- escribió —, siempre hay algo útil para hacer. A más trabajo, menos tiempo para ser neurótica

(Imágenes— 1-Eve Arnold- Marlene Dietrich- magnum/ 2 – Dietrich- wikipedia)

LA CESTA DE PAN

“Mientras pintaba a lo largo de cuatro meses mi primera cesta de pan — decía Salvador Dalí — ya sentía el deseo de terminarla minuciosamente mientras se iban produciendo al mismo tiempo hechos cubistas. Para mí existe siempre una continuidad en la idea del transitismo. He continuado, pues, constantemente en la vía clásica, aunque practicando paralelamente mis experiencias. De este modo, la substancia mística, por su densidad e inmovilidad alcanza su estado objetivo, paradójicamente “preexplosivo”. Y la desmaterialización , la espiritualización de la materia lleva a la energía.”

(Imágenes— 1- Dali – 1945/ 2- Dalí – 1926)

LA PROTECCIÓN DEL TIGRE

“Siendo el tigre crecido y grande —- se lee en el más importante y célebre “Diccionario castellano” — es dificultoso el sacarle a los cachorrillos tiernos. Los sacan de esta manera. Se previene el cazador de caballo ligero y de un globo cristalino, y habiendo ojeado al tigre cuando sale a la presa, entra entonces en la gruta y con toda ligereza le roba a los hijos y monta a caballo. Volviendo la fiera con el robo y hallando menos a sus hijos, vuelve a salir desalada, sigue al cazador, y éste, viéndola, deja caer el cristalino globo, prosiguiendo en su carrera mientras la tigre cariñosa le da vueltas y acaricia su misma imagen que representa en pequeña forma el espejo, y el tiempo que pierde engañosamente divertida, gana en la huida el cazador.”

( Algunas de estas frases seducían y encantaban a Borges)

(Imagen – ecosfera)

EL VALOR DEL DESCUBRIMIENTO

La primera vez que descubrí algo — confesaba el biólogo Manuel Perucho — tuve que encender un cigarro y sentarme porque me temblaban las piernas. Pero lo curioso es que no había descubierto algo nuevo: había logrado identificar que una proteína con la que trabajaba sobre el conocimiento molecular era la misma que ya había sido descubierta años atrás. Puede parecer un chasco, pero para un investigador no lo es porque al menos ha resuelto el dilema.

En Nueva York descubrí un oncogén que ha resultado ser el más importante, y también me temblaron las piernas. Pero me intentaron escamotear mi descubrimiento. Difundir nuestros trabajos es una obligación de los investigadores. Pero hay que tener un cierto cuidado con lo que se dice y a quién se dice. El mundo de la ciencia es igual que cualquier otra actividad humana. Quizás la única diferencia es que últimamente la actividad científica ha crecido de manera exponencial, y al aumentar la cantidad de científicos profesionales también aumenta el número de ejemplos de las aberraciones del sistema.

(Imágenes— observaciones al microscopio – wikimedia com)

YO Y LOS PERIÓDICOS

Existen los periódicos, nadie puede negarlo — escribía Dionisio Ridruejo en su ”Diario de una tregua”—-.Los recibo, los leo y alguna vez —- qué remedio —me asomo a alguno. Suceden cosas. ¿ Cómo podría ignorarse? Suceden cosas, desgarramientos, condecoraciones y hasta vagidos de algún parto. ¿Qué hacer con todo eso? El retiro es forzoso. No es en el espacio. Lo es dentro de mí mismo donde los escombros fueron alcázares. Abajo queda el mar y abajo aún —-abajo de su piel — una placenta enorme y jadeante sigue generando vida. El maniatado por dentro y por fuera sólo puede salvar su corazón buscando luz, bebiendo humanidad virgen, por donde la Historia reposa y está la creación imperturbable.

(Imágenes—— 1 – Henri Charles Guerard/ 2- david Llyle)

UNA NUEVA FOTOGRAFÍA

La primera vez que tuve delante la fotografía del lóbulo izquierdo y del lóbulo derecho de un cerebro me quede paralizado. Me la proporcionó aquella máquina que adquirí en unos Grandes Almacenes.


“Este aparato que se lleva usted, caballero, me susurró aquel día el dependiente de la gran tienda, es lo último en tecnología. Una joya. Ahora ya no prima en absoluto la velocidad, eso ya pasó, ya no se lleva, ahora todo está en la profundidad, en potenciar la profundidad”. Así me lo decía apoyado en la pequeña vitrina que contenía los objetos más lujosos de regalo y que aún estaban guardados bajo llave, y me lo decía con una mirada muy fija desde sus pupilas azules, una mirada penetrante que atravesaba la corta distancia que había entre los dos, como si quisiera estar hipnotizándome. Vestía aquel dependiente una chaquetilla negra de la que sobresalía una camisa blanca y un cuello también blanco, cerrado y redondo. Era un consumado vendedor. Me seguía mirando fijamente desde sus ojos azules tras las gafas, apoyadas sus manos en la vitrina de los tesoros, sin ninguna prisa, y me insistía en que aquella máquina fotográfica que me atraía tras el cristal y que yo me disponía a comprar, más que lograr mayor instantaneidad y más velocidad de comunicación, lo que me ofrecía en cambio era una mayor hondura de visión, una impresionante profundidad, es decir — me aseguraba—, que yo no solamente podría ver con instantaneidad la imagen al hacer la fotografía, sino también descubrir lo que hay “detrás” de la imagen.”  “¿Pero qué es lo que hay “detrás” de la imagen ?”, le pregunté. “Pues usted mismo lo comprobará, caballero”, me dijo mirándome con fijeza. “Pruébelo. Viene de China. Lo ultimo que han conseguido esos chinos. Una maravilla.”

Cuando por la tarde coloqué a mi madre en el ángulo del salón que a ella le gusta más, sobre todo para hacerle fotografías, y dispuse todo con el mismo ritual de siempre: un libro entreabierto sobre la pequeña mesa en la que ella suele hacer  las cuentas, un diminuto jarrón lleno de margaritas y unos bolígrafos de colores con los que ella concluye  sus anotaciones, me dispuse a probar la máquina nueva. Mi madre tiene sesenta y dos años. Es  una mujer delgada, bella, elegante, a quien le gustan las flores y que nunca  se retrae a la hora de retratarse. Yo diría que no oculta su coquetería fina.

—¿Ésta es tu máquina nueva?— me dijo atusándose el pelo — Pues a ver  cómo me sacas, a ver cómo salgo.

Se la veía ilusionada. Hice  varios disparos, de frente, de perfil, luego le enseñé a ella el resultado. Estaba encantada

Cuando un rato después mi madre salió de compras y yo me quedé solo en la casa, repasé despacio aquella maquinaria que había comprado— sus ruedecillas, sus filtros, los botones— me acerqué a las dos o tres cosas que allí habían quedado guardadas y vi toda la infancia de mi madre que allí estaba, lo que ella me había contado muy por encima pero que ahora resaltaba en sus contraluces, allí había quedado fijado todo, cuando ella aún no conocía a mi padre y marchaba en bicicleta bajo los pinares, junto al mar, cantando, el pelo desenvuelto, el lóbulo derecho de su cerebro lleno de pensamientos y su lóbulo izquierdo lleno de palabras y razonamientos.

José Julio Perlado

(del libro ”Relámpagos”)

(Imágenes— 1- Edward Steichen — 1924–museo of modern art – nueva York/ 2- Edward Steichen —

… PERO NO HAY AGUA

“ Si hubiera agua

en vez de roca

si hubiera roca

y también agua

y agua

un manantial

una poza entre la roca

si por lo menos se oyera el sonido del agua

no la cigarra

y la yerba seca cantando

sino el agua resonante sobre una roca

donde canta el torzal ermitaño en los pinares

Drip drop drip drop drop drop

pero no hay agua.”

T. S. Eliot—“La tierra baldía”

(Imagen — Kane Gledhill)

APRENDER A VER … APRENDER A VIVIR

“El brillo humedecido de una hoja, el asombro ante el rocío, ante los movimientos de un animal, ante el contraste de los colores, parece que desapareciera bajo el traqueteo de los días iguales, el paso de tren de las estaciones iguales, el ciclo de las circunferencias idénticas, los fines de semana monótonos, el ruido encadenado de tazas entre bostezos y escaleras, pasos y autobuses en procesión hacia despachos, ojos resbalando por pantallas, cafés, informes, idas y venidas de colegios rutinarios, idas y venidas de veraneos similares, entradas por autopistas a la gran capital, entradas por pasillos a los nuevos cursos, vueltas al colegio, vuelta a las navidades, vuelta a las cuestas de enero, vueltas a las primaveras, vueltas y revueltas del estío, luces del verano, sombras aparentes de otoños idénticos.

«Los GRIEGOS QUERÍAN ser un pueblo de filósofos, y no de tecnócratas, es decir, eternos niños, que veían en el asombro la condición más elevada de la existencia humana. Solamente así puede explicarse el hecho significativo de que los griegos no hicieran uso práctico de innumerables hallazgos» (St. Harkianakis)

¿Por qué se pierde el asombro, cómo se pierde? Los inventos que nos ofrecen en bandeja las televisiones ya no nos producen estupor sino avidez de tomarlos prontamente y consumirlos. Hay una costumbre, un hábito rumiante de consumir masticando lo nuevo, a veces triturando lo último, a vez sin siquiera atragantarse, tan voraces somos. Se consume y se consume, se circula y se circula, se recorre el mundo instantáneamente con sólo oprimir el teclado, únicamente moviendo el volante. ¿Y el silencio, la sorpresa, la quietud? Parecen haber desaparecido. Y sin embargo, «la sorpresa es una categoría importante en la vida. Mas, al menos para mí, todavía hay otra cosa importante en la creación…

La curiosidad. Nadie incluye la curiosidad entre los sentimientos, pero yo creo que la curiosidad es un sentimiento. Cuando la miro a usted, tengo curiosidad». (Wislawa Szymborska). Esa actitud de los ojos alargados de la curiosidad que muestra la Premio Nobel polaca al mirar a la periodista que le entrevista, esa tensión de la atención tendida hacia lo ajeno, hacia lo otro, hacia otro -lo que me va a revelar el otro, lo que ” ya me está revelando, lo que me ha revelado”, esa postura anímica expectante hacia lo que me va a desvelar hoy la vida, esta persona que entra ahora en el despacho y que se sienta ante mí con su pregunta y problema, incluso con su abanico de soluciones aún sin decidir, todo esto se halla en el centro de la curiosidad y a pocos pasos del umbral del asombro.

Se consume y se consume. Se circula y se circula ¿Y el silencio, la sorpresa, la quietud? Parecen haber desaparecido

Yo todos los años me quedaba asombrado en la primera hora de la primera clase del curso universitario. Venían ante mí todos los alumnos de todos los puntos del país y se posaban como bandada de ideas y de cuestiones sentados en semicírculo, absortos ante las cuestiones e ideas que se les podía plantear. Aún no habían sido tocados por la sombra del escepticismo ni les había caído encima una mota de aburrimiento. Estaban allí sentados, abierto su cuaderno virginal de ignorancias en espera del alimento que recibirían. Y prácticamente todos ellos -aun sin formularla de manera explícita- guardaban una pregunta escondida que no sé qué padre ni qué madre ni qué escuela les había podido señalar y tampoco imagino en qué momento.

¿Qué es la verdad? éY la bondad? ¿Y la ética? ¿Dónde está el bien en este mundo tan injusto? ¿Y la belleza? Recuerdo las frases de Kafka paseando por Praga con su amigo Janouch. Decía Kafka: «La juventud es feliz porque posee la capacidad de ver la belleza. Es al perder esta capacidad cuando comienza el penoso envejecimiento, la decadencia, la infelicidad». Janouch le preguntó: «¿Entonces la vejez excluye toda posibilidad de felicidad?». Y Kafka respondió: «No. La felicidad excluye a la vejez. Quien conserva la capacidad de ver la belleza no envejece».

Naturalmente esa briosa acometida que siempre es la juventud -generación tras generación- en su perpetuo anhelo de ir en busca de la felicidad, del bien, de la verdad y de la belleza toma un impulso ascendente que se mantendrá hasta ser tentado por los anzuelos de la utilidad o quedar fatigado por el cansancio. Entonces los caminos del ver se bifurcan -o a veces se entremezclan-, y unos ven únicamente la utilidad de las cosas y otros tan sólo la belleza. De cualquier forma, ese empuje continuo de la juventud por remontar las fuentes siempre me ha dejado asombrado y uno procura, en su pequeña medida, responder alentando y manteniendo cada vez más vivo ese entusiasmo por el asombro.”

José Julio Perlado

(Imágenes-1,2 y 3- monet/ 4 – Sisley— wikipedia)

LOS SILENCIOS DE RULFO

“ Rulfo viajaba mucho — contaba Sergio Pitol—-, era uno de sus placeres. Y era dificilísimo en los viajes porque hablaba muy poco. En Varsovia casi no dijo nada. Estaba Cortázar, Monterroso. Eso fue en 1975. Era un acto universitario dedicado a la literatura latinoamericana y estuvimos allí unos tres días. Teníamos que dialogar con el público, hablar sobre un tema pero Rulfo dijo poquísimas palabras. El viaje a París fue nada más que por placer. Yo trabajaba en París. Tito Monterroso y Rulfo se quedaron unos días y fuimos a cenar a casa de Bryce Echenique, y yo no recuero que Rulfo hubiera dicho algo también en esa ocasión. Pese a todo, Rulfo viajó mucho en los últimos años de su vida. Viajaba a Sudamerica, a China, a Europa. Una vez, recuerdo, a la Feria de Frankfurt, donde leyó. Cuando Rulfo leía sus obras era maravilloso, era otra gente, era cada uno de sus personajes, esos personajes embrujados, muertos que deambulan por sus relatos. Tenía una voz estrangulada, era fenomenal. En Frankfurt hizo una lectura de fragmentos de ”Pedro Páramo”. Fue algo espléndido. Era muy callado, lo recuerdo siempre así. Y, sin embargo, necesitaba estar en lugares donde hubiese gente. En sus reuniones con sus colegas, estaba apartado, pero siempre presente. Necesitaba de la gente. Me acuerdo de esa silla, con una mesita al lado, en la librería ”El Ágora”, en Ciudad de México, donde él se sentaba a leer o tomaba sus apuntes, e iba recibiendo a las personas que se le acercaban e iban a verle.”

(Imágenes- 1- Rulfo- el pais/ 2- Rulfo- Infovage)

PALETA DE BONNARD

De vez en cuando los objetos del día descansan en las mesas de trabajo de los artistas. Forman extraños bodegones. Están las uvas, las peras, los pinceles, el periódico— el periódico doblado en la página de las Artes, que es lo que a Bonnard más le interesa —. Están los tubos, los apretados colores retorcidos por los dedos, la paleta que es como la muleta para mezclar matices, para elevar a lo sublime lo que hace un momento eran solo toques, formas. El aparente desorden de este rincón del pintor guarda una interior disciplina que reside en su cabeza. Cuando él cierra la puerta de su pequeño estudio se abre la puerta de este escenario y se van colocando estéticamente pinceles y tubos y periódicos y peras con uvas para que empiece la representación.

José Julio Perlado

(Imagen—Rogi André (Rosa Klein — paleta de Bonnard- 1930- museo Pompidou)

HALCONES Y GORRIONES

El mudo está hecho así — escribe Kamo No Chōmei en sus ”Notas desde mi cabaña de monje” —-Es muy difícil vivir en él, y todos sienten la precariedad de su propia vida, de su vivienda. Además, según el lugar en que se habite, o la condición en que se encuentre, uno choca con innumerables causas de problemas.

Si, por ejemplo, siendo de condición modesta, uno vive cerca de un hombre poderoso y experimenta alguna gran alegría, no se atreve a exteriorizarla ruidosamente; del mismo modo, si le ocurre alguna desgracia, no se atreve a levantar la voz para sollozar; nunca está cómodo en sus actitudes ni en sus gestos; siempre debe temblar. Esa situación es comparable a la de un pequeño gorrión que se acerca al nido de un halcón.

(Imágenes—wikipedia)

ABURRIRSE DE UNO MISMO

Ese hombre no tiene ninguna necesidad, ningún cuidado — decía el psicólogo Wilhelm Josef Revers en su ”Psicología del aburrimiento” comentando el personaje de una opereta de Strauss—-, no está obligado a nada, puede hacer lo que quiere, tiene a su disposición todo el tiempo que está despierto. Orlowsky no puede soñar y no puede dormitar. Cuando tiene tiempo se aburre. No son cosas determinadas a las cuales dirige su interés las que le aburren. Sabe desde hace mucho tiempo que no se puede interesar seriamente por nada, porque todo le aburre. Pero se aburre, aun sin que se hubiera interesado por algo. Siente aburrimiento, aun cuando no le aburra nada determinado. No es alguna cosa la que le aburre; así, pues, se aburre de sí mismo; se aburre porque no se puede entretener consigo mismo, porque no puede soñar, porque no puede “dormitar”.

(Imágenes— 1-Bruce Gilden- 1975/ 2- foto hannes Kilian 1965)