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VERANO 2018 (9) : ROMERÍAS

 

 

“Las ferias y romerías a algún devoto santuario, de los que abundan tanto en Asturias, ponen en movimiento y congregan su tranquila y dispersa  población, formando los únicos días señalados de su monótona existencia. – así lo va contando pausada y gráficamente José María Cuadrado en sus “Recuerdos y bellezas de España”-.  Se ven desembocar entonces por las sendas todas bulliciosos grupos de mozos y muchachas en traje de fiesta, ellas con su corta saya, con sus bordadas medias azules, con su corpiño trenzado por delante, con sus sartas de corales al cuello, con su pañuelo ajustado alrededor de la cara y atado encima de la cabeza, con su gracioso dengue o esclavos echada sobre los hombros y orlada con cinta de terciopelo, ellos con su característica montera, con su pantalón y chaqueta de paño Pardo reemplazada a veces con la almill encarnada o amarilla, vibrando en la mano un grueso palo con singular destreza.

Y de los valles circunvecinos se levantan alegres y vivos cantos alternados con otros incomparablemente graves de prolongadas y melancólicas cadencias, terminando con el atronador ijujú o alarido de guerra que retumba por las montañas. Las meriendas, las fogatas, los cohetes, los juveniles ejercicios de vigor y destreza, y los bailes sobre todo, entretienen la alegria de estas campestres reuniones.

 

 

(…) Para las apacibles tardes de verano, terminada la recolección de frutos, hay también danzas y cantares y corridas de mozos en que gana el más ligero la cuajada; para las eternas veladas de invierno, en torno del llar relumbrante, hay colaciones y juegos y cuentos maravillosos de la hermosura y poder de las Xanas, diminutas sílfides que brotando del manantial cristalino de las fuentes secan a los rayos de la luna sus delicados cendales, y de los siniestros presagios de aquellas misteriosas Huestes que callada y lentamente a través de las sombras van desfilando como precursoras de muerte  o de infortunio.”

(Imágenes -1-Roberto Díaz de Orosia/ 2- romeria – Asturias mundial)

 

 

“¿Dónde está la estrella de los nacimientos?

La tierra, encabritada, se ha parado en el viento.

Y no ven los ojos de los marineros.

Aquel pez —¡seguidle!—

se lleva, danzando,

la estrella polar.

El mundo es una  slot-machine,

con una ranura en la frente del cielo,

sobre la cabecera del mar.

(Se ha parado la máquina,

se ha acabado la cuerda).

El  mundo es algo que funciona

como el piano mecánico de un bar.

(Se ha acabado la cuerda,

se ha parado la máquina)…

Marinero,

tú tienes una estrella en el bolsillo

¡Drop a star!

Enciende con tu mano la nueva música del mundo,

la canción marinera de mañana,

el himno venidero de los hombres.

¡Drop a star!

Echa a andar otra vez este barco varado, marinero.

Tú tienes una estrella en el bolsillo…

una estrella nueva de paladio, de fósforo y de imán”.

León Felipe – “Drop a star” (1929)

(en los cincuenta años de su fallecimiento )

 

 

(Imágenes -1- León Spilliaert/ 2-Salvador Dalí – 1942- museo de San Petersburgo)

V. S. NAIPAUL

 

En alguna ocasión he hablado en MI SIGLO de la formación de lecturas recibidas por V. S. Naipaul a través de su padre. Seepersad Naipaul le leía en voz alta a su hijo, entonces de once años, “varios parlamentos de Julio César, páginas sueltas de los primeros capítulos de Oliver Twist y David Copperfield, unas cuantas páginas de El molino junto al Floss, algo de los Cuentos de Shakespeare, de Lamb, relatos de O. Henry y Maupassant, y unas cuantas páginas de Somerset Maugham”. Era la formación del futuro escritor, el acercamiento a la voz y a los diferentes estilos de diversos narradores. Una escuela de lectura y una preparación para la escritura.

 

 

Ahora, ante el fallecimiento de Naipaul, vuelvo a los textos que Coetzee escribió sobre él evocando también lecturas e influencias. Naipaul, comentaba Coetzee, podía citar como  modelos literarios a Evelyn Waugh, Aldous Huxley y a Somerset Maugham. Hay que añadir a estos – seguía Coetzee–  “Joseph Conrad, el hombre de la periferia de Occidente que se convirtió en un clásico de la literatura inglesa, y que ha sido siempre uno de los maestros de Naipaul. Para bien o para mal, el África de Naipaul, con sus imágenes de maquinarias industriales oxidadas cubiertas de maleza, sale directamente de El corazón en las tinieblas”.

Todo un cúmulo de lecturas y aprendizajes a lo largo de una vida.

Descanse en paz.

 


 

(Imágenes-1- Jagdish Swaminathan -El pájaro y la sombra- 1981 / 2-Nagesh Sharma – 2008 – artnet/3-V S Naipaul -NDTV)

CUANDO UNO ESTÁ CANSADO

 

 

“Cuando uno está cansado y tiene la suerte  de poder ir a algún hotel del mundo siempre ocurre  ese mismo fenómeno que nunca figura en las guías de viaje. Hay una serie de habitaciones en el último piso en cuyas ventanas aparece a media noche la luna de verano. Es una luna redonda y solitaria, colgada sobre el océano. Desde la cama, con la ventana abierta, uno sigue el silencio blanco de esa luna omnipresente que se va desplazando muy despacio, casi intangible. Suele eso suceder hacia las tres. Es el momento en que parece haberse parado el tiempo. El tiempo se para, se detiene la atmósfera. La brisa refrescante del mar asciende hacia la luna y toca  las nubes. Por la ventana abierta llega la suave humedad nocturna hasta la cama. Uno se adormece, o al menos cierra los ojos. El cansancio, la polvareda de gases del invierno, la precipitación de escaleras y ascensores, el vibrar de los móviles, el centelleo de ordenadores, los gritos de los niños, las copiosas comidas, todo queda bajo los párpados. También el  ruido de las autopistas y el zumbido de los aviones. Da la impresión de que uno se haya quedado adormecido y de que guarde con los ojos cerrados la tensión del invierno. Desde la cama, de nuevo la luna inmóvil, la luna blanca en el centro de la ventana. El mar azul oscuro y la humedad azul oscura de la noche. Son ya las cuatro de la mañana. Parece mentira que en alguna parte del mundo donde se esté viviendo el Invierno, suban y bajen a esta hora inmensas multitudes por las escaleras del metro”.

José Julio Perlado – (del libro “Relatos”) (texto inédito)

(Imagen  – Anton Pieck)

 

 

”Yo vengo aquí porque no veo, me doy cuenta de que no sé ver, de que pocas veces he visto algo”, decía María Zambrano  en “Una visita al museo del Prado”. Estos días se plantean sugerencias sobre lo que conviene ver en el espacio de una hora dentro del Museo. Tarea difícil y muy personal. En 1922, Eugenio D’ Ors publicó su célebre libro “Tres horas en el Museo del Prado”. En uno de sus prólogos, el dedicado a la undécima edición, en los años cuarenta, señalaba que “el Prado ha mejorado mucho, justamente  como consecuencia de haberse transformado poco”. Hace ya casi veinte años se evocaban una vez más los impresionantes tesoros que guardaba el Museo. Sólo de pintura española, así lo indicaba Gustavo Torner, el Prado tiene 23 cuadros de Zurbarán, 40 de Murillo, 52 de Ribera, 35 de El Gredo, 120 de Goya y 51 de Velázquez. En pintura flamenca parece ser que en el Prado hay más que en el resto del mundo, incluido Flandes. En total, 238 cuadros.

 

 

Sánchez Cantón en sus “Itinerarios de arte” recordaba también que el Prado “ no es un tesoro arqueológico, testimonio del pasado, inoperante fuera de la erudición, inteligible no más que por el docto, sino fuente viva de enseñanzas y de goces. Porque la sensibilidad de quienes no somos pintores puede explayarse en sus salas por el campo de la belleza plástica. Hay museos más completos; cada día son más los que piensan que ninguno aventaja al nuestro en riqueza estética”.

¿Cómo aprovechar entonces el valor de una hora dedicada a la contemplación?

 

 

(Imágenes-1-Velázquez- Pablo de Valladolid – museo del Prado / 2- Tiziano -1566– – autorretrato- Museo del Prado/ 3- Velázquez- Francisco Lezcano- Museo del Prado)

 

 

“Se encuentra algo importante al final de ese sendero, y la buena fortuna  – así lo descubre y lo escribe John Burroughs – espera a quien se adentra a él. Es un camino concurrido que, si sube y baja con frecuencia una colina, es el más fácil de recorrer: al llegar a la fuente olvidamos nuestro cansancio, y éste nos ha dejado ya en el momento de dar media vuelta para regresar. Una fuente es siempre un punto vital en el paisaje. Verdaderamente, es el ojo de los campos y, con frecuencia, alguna cornisa o un talud le dibuja una ceja. O bien un árbol que el colono ha tenido la inteligencia de no cortar señala su sitio y dispensa un frescor refrescante que hace el agua más pura. A la sombra de ese árbol, se sientan los segadores para almorzar mirando estremecerse los campos con la brisa. Aquí, el paseante del domingo se detiene para sentarse cómodamente a leer; y baña sus manos y su frente en la frescura de la fuente. Aquí, la pequeña recolectora de fresas silvestres viene  con su cesta a descansar por unos momentos a la sombra. En efecto, una fuente es siempre un oasis en el desierto de los campos. Es un punto de creación y fecundación. Todo lo atrae hacia sí: hierbas, musgos, flores, plantas silvestres, árboles frondosos. El caminante la descubre, los campistas la buscan, el viajante construye su cabaña en la proximidad. Cuando el colono o el que busca nuevas tierras encuentra una buena fuente, ha encontrado un buen lugar donde comenzar a vivir. Ha encontrado la fuente de lo esencial que busca en este mundo.”

 

 

(Imágenes-1- piedra artificial / 2-fan del agua)

LA AUTOPISTA DEL SUR

 

 

“Cuando escribi ese cuento, La autopista del sur” – lo recordaba Cortázar en sus clases de literatura dadas en Berkeley, en 1980 – jamás había estado metido en un embotellamiento en una autopista de Francia ni en ningún país del mundo, o sea que fue un trabajo absolutamente imaginativo. Cinco meses después me vi metido en un embotellamiento en Borgoña, en Francia, cerca de la ciudad de Tournus, y aunque afortunadamente no duró tanto como el de mi cuento, duró de todas maneras seis horas bajo el sol, con una inmensa cantidad de automóviles detenidos y sin la menor posibilidad de salir por un lado o por el otro…”

 

 

Varias veces Cortázar ha comentado las vicisitudes de este cuento. En conversaciones con Evelyn Picon Garfield en “Cortázar por Cortázar el escritor argentino confesó que, tras acabar de escribir el cuento, cambió su final. “Era muy pesimista. Sobre todo el final es trágico porque es la dispersión fatal de gentes que finalmente habrían terminado por encontrarse y formar una pequeña sociedad, un pequeño grupo. Luego, cuando las condiciones que habían obligado a ese grupo se cortan, cada uno desaparece. El hecho de que de golpe se rompe el bloqueo y salen así, y cada uno se da cuenta de que no va a volver a encontrarse con el otro, en ese sentido es sumamente pesimista. Se terminaba el embotellamiento, el bloqueo. Pero el final era muy mecánico. Cuando lo releí sentí que las dos o tres páginas eran un poco geométricas, eran un poco duras.”

Es curiosa toda esta relación entre imaginación y realidad, entre invención y vida. “Cuando me pasó lo de mi embotellamiento tenía mi cuento en la memoria muy fresquito – decía Cortázar en Berkeley -, lo acababa de terminar, y me planteé problemas de escritor. “Ahora vas a ver si lo que escribiste está más o menos bien o si, como decimos los argentinos, has estado macaneando”.  Estoy seguro de que si alguno ha tenido esa experiencia de un largo embotellamiento en un camino, algunos aspectos de mi cuento los van a reconocer como una experiencia también vivida.”

Cortázar describe y escribe el embotellamiento sin saber que dentro de unos meses va a sufrir uno. Cuando lo viva personalmente, ajustará la realidad y la ficción.

 

 

(Imágenes- 1- Cortázar- foto Sara Facio – 1967- wikipedia/ 2-Robert Doisneau – 1969/ 3- foto Alex Prager-Michel Hoppel contemporary)