DESHACED ESE VERSO

Deshaced ese verso.

Quitadle los caireles de la rima,

el metro, la cadencia

y hasta la idea misma…

Aventad las palabras…

Y si después queda algo todavía,

eso

será la poesía.

León Felipe— “Versos y oraciones del caminante” (1920)

(Imagen—: Giorgione— detalle de “La tempestad’ – galería de la Academia – Venecia

SOBRE LOS GIGANTES

“Sobre la línea del horizonte en estas puestas de sol inyectadas de sangre—- como si una vena del firmamento hubiera sido punzada, escribe Ortega en sus ”Meditaciones del Quijote” —-: se levantan los molinos harineros de Criptana y hacen al ocaso sus aspavientos. Estos molinos tienen un sentido: como “sentido“, estos molinos son gigantes. Verdad es que Don Quijote no anda en su juicio. Pero el problema no queda resuelto porque Don Quijote sea declarado demente. Lo que en él es anormal ha sido y seguirá siendo normal en la humanidad. Bien que estos gigantes no lo sean, pero…., ¿y los otros?, quiero decir: ¿y los gigantes en general.?¿De dónde ha sacado el hombre los gigantes ? Porque ni los hubo ni los hay, ” en realidad”. Fuere como fuere, la ocasión en que el hombre pensó por vez primera los gigantes no se diferencia en nada esencial de esta escena cervantina. Siempre se trataría de una cosa que no era gigante, pero que, mirada desde su vertiente ideal, tendía a hacerse gigante. En las aspas giratorias de estos molinos hay una alusión hacia unos brazos briáreos. Si obedecemos al impulso de esta alusión y nos dejamos ir hacia la curva allí anunciada, llegaremos al gigante.

(Imagen—Stuart park)

RECUERDOS DE CLASE

Me propone el profesor en clase:

—Hábleme del impresionismo.

Eran recuerdos de Monet y Degas los que aparecían, eran puentes, bailarinas, punteados puentes, entraron de puntillas unas flores en la clase, no, en la clase no, en la memoria, si yo fuera francés haría una escena con esto, es Europa, el XX, el siglo XVlll ni adivinó que iba a venir esto, las pelucas, los carruajes, el susurro de los espadachines no soñaron con la lluvia hecha hilo, estación de Montparnasse bostezando en blancuras, el ferrocarril, la velocidad, andenes, estanques, la naturaleza, el caballete, todo se va.

— ¿ Y el expresionismo? Hábleme del expresionismo. ¡Señálelo en la pizarra!

¿Pero cómo voy a señalar el expresionismo en la pizarra si el expresionismo es el gesto, la deformación de rasgos?, uno mete la mano en la boca de las máscaras de la antigüedad, uno va a Creta, y se introduce en Cnosos, y el misterio de no extraer la mano nunca es el terror puro, Hitchcook hace que el brazo no acabe de salir jamás, uno se lleva el brazo a casa con la manga vacía, entonces ¿hay o no hay brazo?, uno sube las escaleras temblando, ¿llevaré o no llevaré brazo?, no hay espejos, es una casa sin espejos, no hay tacto, he perdido el tacto, ¿cómo es posible que haya perdido el tacto? ¿dónde lo he perdido?, he de volver otra vez a la multitud, debió de ser en aquel gentío, aquel hombre que robaba los tactos de todos, se iba con las yemas de los dedos y hurtaba la sensibilidad. Entonces, ¿cómo voy a tocar mi brazo si ya no tengo tacto? Y los espectadores ante todo esto se quedan clavados en sus butacas en el aliento acogedor del cine, el corazón en la lengua de la boca, el corazón late palpitante, los ojos del corazón miran cómo sube despacio las escaleras ese hombre sin brazo en una casa sin espejos, la escalera es de caracol, no existe el misterio si no hay una escalera que no sea de caracol y con unos peldaños crujientes y calientes, los peldaños, al pisarlos el zapato, se van doblando como los relojes de Dali, entonces la escalera se vence hacia un lado, el asesino ha hecho que esta escalera esté mojada de migas de pan, uno se hunde en la miga, mis suelas, que intentan escapar del asesino, quedan pegadas a la miga mojada, es como el fango, la escalera de caracol es una barra de pan retorcido con el vientre abierto y chorreando mantequilla !No puedo, profesor, me escurro por esta mantequilla, no puedo escapar, sálveme!

—-¿Y todo eso es lo que a usted se le ocurre del expresionismo? Pero entonces, ¿usted qué ha estudiado?

— El consumismo, profesor. Me he estudiado el consumismo. El consumismo sí me lo he estudiado.

Entonces, empiezo. No hace falta libro, no señor. Un día, para estudiarme el consumismo, me metí las manos en os bolsillos y eché a andar. Lo más difícil para aprender consumismo es no llevar dinero. ”Comprarás con los ojos” — me dijo María, mi madre — ¿Qué quieres. ¿Aprender a consumir? Harás como Claudia, tu abuela, nunca tuvo un duro, no sé qué hizo, se consumió de otra forma, como una pasa, mira, sal al jardín y mira a tu abuela-pasa, que parece que nunca mató a una mosca, realmente nunca la mató, se casó con tu abuelo Luca y se pegó a él, tu abuelo sí que tenia dinero, lo dejó en los casinos, y mientras la bola giraba en la ruleta y se perdían fincas y joyas y el ajuar entero, tu abuela Claudia paseaba y paseaba con aquel vestido único que le quedaba, un vestido verde- esperanza cuajado de flores, ése con el que está sentada siempre, lo planchaba, lo alisaba, lo cosía otra vez,: así se sentó en los vestíbulos de los grandes hoteles y entró en las mejores tiendas de Montecarlo, de Las Vegas, de Londres y de París.”

Es cierto. Mi abuela Claudia, hundida en el enorme sillón de paja que tenemos en el jardín, no habla: me mira con sus ojos como alfileres de cerezas encarnados y escondidos en las cuencas de las arrugas. ¿Qué?” — me dicen esos ojos —“¿Ya te mandó tu madre? ¿.Qué quieres?”. Mi abuela Claudia, la esposa de mi abuelo Luca, no habla: si un día escribo algo sobre ella la tendré que sacar así, muda, sin moverse, con el vestido de flores verde- esperanza. Es la única que se niega a entrar en casa. Ni siquiera de noche.

— Va a llover — advierte María, mi madre — . Hay que cubrir a tu abuela. Saca el impermeable.

Desde que la conozco, cada noche que llueve, un hule enorme la tapa, envolvemos su sillón de paja, las agujas del agua nunca la traspasan. Yo me meto en la cama y oigo cómo chisporrotean las gotas de lluvia sobre el hule estampado y atado, de qué modo baten los bastones del aguacero incesante y cómo repiquetean los palillos del cielo sobre el tenso tambor que cubre a mi abuela Claudia que ronca firmemente mientras yo duermo y ella duerme, jamás se enfrió, no hubo modo de meterla nunca en casa. Sueño de pronto que viene un director de cine y me dice:

— ¿ Me prestarás un día a tu abuela tal como está, así, con la lluvia encima, para hacer una película?


Pues, sí, profesor, — sigo contando en la clase— , es lo que le decía, el consumismo sí me lo he estudiado. Le he hablado de mi abuela Claudia y de mi madre porque me he ido por las ramas, siempre me voy por las ramas, pero el consumismo sí me lo he estudiado. Mire, profesor, yo empiezo a contar cosas, pero la forma que yo tengo de contar es con imágenes, oigo mis palabras, recito la lección, pero las veces en que yo he sacado buenas notas en historia, en geografía o hasta en filosofía, ha sido cuando he salido de la clase, no, nunca me he desdoblado, eso lo dejo para otros, el banco de mi pupitre se ha quedado vacío y yo me he echado a andar por el mundo, he seguido andando con las manos en los bolsillos como un chaval napolitano o como un griego trashumante, o como un pícaro harapiento de las sórdidas afueras de Londres, esas que describe Dickens; siempre que he tenido que explicar el consumismo, no sé por qué, me he trabucado, pero no con mi lengua ni con mi cabeza, lengua y cabeza han estado en su sitio, me he trabucado sin yo quererlo, con mi imagen, he sido niño y mayor a la vez, he silbado y he fruncido el ceño como un hombre preocupado, me he parado en los puestos de helados de Roma, en la esquina de Via Frattina, he dado vueltas por Piazza San Silvestro, me he acercado a Via del Corso, el olfato del consumismo me ha llevado a las “trattorías” de Via della Mercede, entonces mis zapatos han retrocedido y un tronco de cordero asado y cortado en finas lonchas me ha hecho entrar, husmear y codearme con los que sueltan monedas en la caja, pero no era lo salado, profesor, no era lo salado ni lo frito lo que me atraía desde niño, sino lo dulce y lo helado, aromas que se retorcían en el cucurucho romano, sabores que me llamaban hasta quemarme el paladar, y me he puesto a comprar y a consumir sin parar. Sí, profesor, el consumismo es eso, viene en letra pequeña pero se hace muy grande, el consumismo es no acabar, comprar sin parar, siempre hay un aparato nuevo, cambiar de vehículo, la vejez de las cosas que se compran está unida a lo efímero, y uno dice en la cama por las noches !más, más!, uno va por las calles, se para en una calle de Londres, ¡qué maravillosas corbatas hay en Londres, qué camisas, qué abrigos, qué rotundos zapatos brillantes! , uno quisiera tener todo el dinero del mundo para comprar a la vez en Nueva York y en París. y volver a Madrid y de nuevo a Nueva York. ¿Ve cómo me he estudiado el consumismo? Pero siempre hay una pregunta que me he hecho, profesor, a ver si usted me la aclara : ¿quién lo inventó?”.

José Julio Perlado

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imágenes—: 1- espejo Fornaseti- 1960/2- park seo bo- 1992/ 3- Howard Hodgking// 4 – Jenna Gang)

MUERTE DE UN PERSONAJE

Cuenta Stefan Zweig que cierto día un amigo de Balzac entró sin anunciarse en el estudio de éste. Balzac, que entonces estaba trabajando en una novela, dio media vuelta, se levantó de golpe, tomó al amigo del brazo en un estado de suprema excitación, y exclamó con lágrimas en los ojos: ”¡Qué horror! La duquesa de Langenis ha muerto”. Su visitante le miró perplejo. Conocía bien la sociedad de París, pero nunca había oído hablar de la duquesa de Langenis, y en realidad tampoco existía una duquesa de ese nombre; no era sino una de las figuras de la novela de Balzac, quien, en el instante de entrar el amigo, describía la muerte de aquella. Tenía esa muerte tan presente como si la hubiera visto con sus propios ojos, y aún no había despertado de su sueño productivo. Sólo cuando se apercibió de la sorpresa de su visitante, se dio cuenta de que hallaba nuevamente en otro mundo, que el de la realidad”

(Imagen—Harriet Backer— la biblioteca de Thorvald Boeck)

ESCRIBIR O SENTIR

“Igualdad del don del alma y de la palabra — eso es el poeta — dice Marina Tsvietájeva—. Por eso no hay poetas que no escriban ni poetas que no sientan. Sientes pero no escribes— no eres poeta (¿ dónde está la palabra?)—; escribes pero no sientes— no eres poeta ( ¿dónde está el alma?)—¿Dónde la esencia? ¿Dónde la forma? Identidad. Indivisibilidad de la esencia y la forma — eso es el poeta —. Yo prefiero naturalmente, a quien no escribe pero siente, que a quien no siente pero escribe. El primero — quizá— mañana será poeta. O santo. O héroe. El segundo (el versificador) no es nadie. Y su nombre es legión.”

(Imagen— flor del desierto- Sueo Takano)

VIDA DE LOS OBJETOS



“Yo, en mi vida, — decía Raymond Carver—no soy muy dado a la retórica o a la abstracción, ni tampoco en mi escritura o en mi pensamiento, así que sólo puedo decir que cuando me pongo a escribir sobre determinada gente, deseo situar a los personajes en un ambiente tan palpable como sea posible. Ello puede implicar la inclusión de un aparato de televisión, una mesa o un rotulador que reposa sobre una mesa, pero lo cierto es que si tales objetos van a figurar en el relato no deben permanecer inertes bajo ningún concepto. Creo que todos esos objetos han de desempeñar un papel en los relatos, no son ”personajes”, en el sentido en que lo son las personas que aparecen en mis relatos, pero están ahí, y quiero que mis lectores sean conscientes de esa presencia, que sepan que ese cenicero está ahí, que el televisor está en aquella esquina ( y que puede estar encendido o apagado) y que la chimenea está llena de latas viejas.”


(Imágenes—- 1- Aldo Calabresi/ 2- Catalina Keohe)

EL VIENTO Y LAS PALABRAS

“El viento fue limpiando las palabras empañadas, todas las voces y los diálogos que se habían quedado prendidas en los jirones de los escaparates, entre acera y acera, en callejuelas pobladas de susurros y gritos, palabras destrozadas y desgarradas, despedazadas, despegadas del aire, y que el viento fue empujando, como cada mañana, mientras todos dormían, antes de que nadie hablara otro día y otra vez, y el viento se fue llevando las hojas revoloteadas de las frases y de las discusiones, el remolino de los suspiros amorosos de los novios, los ruidos, los frenazos, los pasos cruzados entre semáforos, las bienvenidas y los adioses de lejos. El viento empezó, como cada mañana, barriendo de palabras todas las calles, rebañando cada portal y cada quicio y limpiando todo el muro del aire entre las casas hasta dejarlo vacío y preparado, una ciudad de huecos transparentes y radiantes, embellecidos, dispuestos para la inminente jornada. Y el viento fue llevándose las palabras en trocitos pequeños, cuesta abajo, poco a poco, como en cada amanecer, las fue vaciando al fin de la capital, donde la ciudad acababa, en el mar.”

José Julio Perlado

(Imágenes :1- Mondrian/2-Jean Francois Millet)

NOSTALGIAS DE PARÍS

“En ninguna parte — ¡en ninguna!— se sentía con más deleite la despreocupación de la vida ingenua y, no obstante, al mismo tiempo maravillosamente sabia que era París— evoca Stefan Zweig en ”El mundo de ayer’—., donde la hermosura de las formas, la moderación del clima, lla riqueza y la tradición la confirmaban gloriosamente. Cada uno de nosotros, los jóvenes, nos incorporábamos una parte de esa ligereza, y de esa misma manera contribuíamos a ella; chinos y escandinavos, españoles y griegos, brasileños y canadienses, todos se sentían junto al Sena como en su casa. No existía la violencia; se podía hablar, reír, pensar, maldecir a gusto; cada uno vivía a su placer, en compañía o solo, pródigo o económico, con lujo o como un bohemio; había lugar para cualquier peculiaridad y estaban previstas todas las contingencias.

Allí estaban los restaurantes sublimes con todos sus encantos culinarios, los vinos de doscientos y trescientos francos, los coñacs pecaminosamente costosos de los días de Marengo y Waterloo; pero se comía y se bebía asimismo magníficamente en el local de cualquier “marchand de vin” a la vuelta de la próxima esquina. En las hosterías repletas del Barrio Latino se obtenían, a cambio de unas cuantas monedas, las más apetitosas bagatelas antes y después del sabroso almuerzo, y además vino blanco o tinto y una barra enorme de delicioso pan blanco. Cada cual iba vestido como quería; los estudiantes se paseaban con sus gallardas boinas por el bulevar St Michel; los pintores confeccionaban su figura con anchos sombreros que parecían hongos gigantescos y lucían románticas chaquetas de terciopelo negro; los obreros caminaban despreocupados, vistiendo blusas azules, o en mangas de camisa, por los bulevares más distinguidos; las niñeras, con sus cofias bretonas, de anchos plegados; los taberneros, con sus mandiles azules. No era menester que fuera precisamente el 14 de Julio para que, pasada la medianoche, unas cuantas parejas jóvenes empezasen a bailar en medio de la calle, bajo la sonrisa benévola del agente de policía. Es que la calle pertenecía a todos y a cada uno. Nadie se incomodaba con nadie.¿Quién se preocupaba en París de espantajos tales como la raza o el origen, que sólo más tarde fueron inflados?”

(Imágenes — 1- Paris/ 2- café de Flore- 1953/ 3 – café de Dome- 1929- national geographic

RECETA PARA ASAR PERDICES

“Pelarlas dentro de mi casa,

perdigarlas en la brasa

y puestas en el asador,

con seis dedos de un pernil,

que a cuatro vueltas o tres,

pastilla de lumbre es

y canela del Brasil;

y entregárselas a Teresa

que con vinagre y aceite

y pimienta, sin afeite,

las pone en mi limpia mesa.”

Francisco de Rojas— (dramaturgo español) (siglo XVll)

(Imagen- Paul de vos – elpais com)

MARI BELCHA

“Cuando te quedas sola, a la puerta del negro caserío, con tu hermanillo en brazos, ¿en qué piensas, Mari Belcha, al mirar los montes lejanos y el cielo pálido?

Te llaman Mari Belcha, María la Negra, porque naciste el día de los Reyes, no por otra cosa; te llaman Mari Belcha, y eres blanca como los corderillos cuando salen del lavadero, y rubia como las mieses doradas del estío.

Cuando voy por delante de tu casa, en mi caballo, te escondes al verme, te ocultas de mí, del médico viejo que fue el primero en recibirte en sus brazos, en aquella mañana fría en que naciste.

¡ Si supieras cómo la recuerdo! Esperábamos en la cocina, al lado de la lumbre. Tu abuela, con las lágrimas en los ojos, calentaba las ropas que habías de vestir, y miraba al fuego, pensativa; tus tíos, los de Aristondo, hablaban del tiempo y de las cosechas; yo iba a ver a tu madre a cada paso, a la alcoba, una alcoba pequeña, de cuyo techo colgaban trenzadas las mazorcas de maíz, y mientras tu madre gemía y el buenazo de José Ramón, tu padre, la cuidaba, yo veía por las ventanas el monte lleno de nieve y las bandadas de tordos que cruzaban el aire.

Por fin, tras de hacernos esperar a todos, viniste al mundo, llorando desesperadamente. ¿Por qué lloran los hombres cuando nacen? ¿Será que la nada, de donde llegan, es más dulce que la vida que se les presenta?

Como te decía, te presentaste chillando rabiosamente, y los Reyes, advertidos de tu llegada, pusieron una moneda, un duro, en la gorrita que había de cubrir tu cabeza. Quizá era el mismo que me habían dado en tu casa por asistir a tu madre…

Y ahora te escondes cuando paso, cuando paso con mi viejo caballo. ¡Ah! Pero yo también te miro ocultándome entre los árboles.; ¿y sabes por qué? Si te lo dijera te reirías…Yo , el ”medicuzarra”, que podría ser tu abuelo; sí, es verdad. Si te lo dijera, te reirías.

¡Me pareces tan hermosa! Dicen que tu cara está morena por el sol, que tu pecho no tiene relieve; quizá sea cierto ; pero, en cambio, tus ojos tienen la serenidad de las auroras tranquilas del otoño y tus labios el color de las amapolas, de los amarillos trigales.

(…)

Hoy, al pasar, te he visto aún más preocupada.

Sentada sobre un tronco de árbol, en actitud de abandono, mascabas nerviosa una hoja de menta.

Dime, Mari Belcha, ¿en qué piensas al mirar los montes lejanos y el cielo pálido?”

Pío Baroja— “Fantasías vascas”

(Imagen— Sibylle Bergemann)

LOS VIAJES DE BASHÖ (1)

Le estuvo comentando muchos días  Bashō a Hisae Izumi cosas de su último viaje.  Sentados en su cabaña, pasaban las tardes charlando y Bashō le fue contando que  aquel largo viaje le había durado  dos años y medio. “ Pensaba  — le confesó Bashō—que con las penalidades del viaje mis canas se multiplicarían en lugares  tan lejanos y tan conocidos de oídas como nunca vistos. Pero me decía también que la violencia misma del deseo de ver aquellos sitios apartaba toda preocupación y me repetía ¡he de regresar vivo! Así uno de esos  días llegué a la posada de Soka. Me dolían los huesos, molidos por la carga que llevaba. “ Repose sosegado esta noche — me dijo  el posadero —: aunque su almohada sea un manojo de hierbas.” Por la mañana descubrí una cascada. Existe allí una cascada en el pico de una cueva y cae la cascada en un abismo verde de mil  rocas. Penetré en la cueva y desde el fondo vi a la cascada precipitarse en el vacío. Comprendí por qué la llamaban “ Cascada – vista — de – espaldas”. Me senté y escribí:

Cascada – ermita:

devociones de estío

por un  instante.

Luego seguí viaje. Visité el Señorío de Kurobane. Cerca de allí se encuentra la Piedra que mata. El administrador del Señorío me prestó un caballo y también un ayudante que me acompañara. Detrás de la montaña, junto al manantial de aguas termales, se halla  la Piedra que Mata. El veneno que destila sigue siendo de tal modo activo que no se puede distinguir el color de las arenas en que se extiende, tan espesa es la capa formada por las abejas y mariposas que caen muertas apenas la rozan.  Unos días después llegué al Paso de Shirakawa. El paso de Shirakawa es uno de los tres más famosos del Japón, el más querido por los poetas. En mis oídos soplaba el viento del otoño y en mi imaginación brillaban las “hojas rojeantes” de las que habla el poema de Yorimasa, del siglo Xll:

En la capital

Vi los arces verdes;

Hoy veo caer

rojeantes sus hojas:

paso de Shirakawa.

Pasé luego por el río Abukuma. Bordeé la Laguna de los Reflejos, pero como el día estaba nublado nada se reflejaba en ella. En la posada del río Suga lo primero que hicieron al verme fue preguntarme : “ ¿Cómo atravesó el paso de Shirakawa?”. En verdad, estaba desasosegado por un viaje tan largo y mi cuerpo tan cansado como mi espíritu Además, la riqueza del paisaje y tantos recuerdos del pasado me impedían la  paz  necesaria para la concentración. Y sin embargo allí mismo escribí:

Al plantar el arroz

 cantan:  primer encuentro 

con la poesía.

Hisae seguía escuchando todas aquellas vicisitudes del viaje, apenas se atrevía a intervenir ni a interrumpir, y estaba fascinada”

José Julio Perlado

(del libro ”Una dama japonesa”)

(relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imágenes— 1- Sciobo japonese/ 2- estampa japonesa)


)

LA SOMBRA DE LA MÚSICA

Wagner entre Schopenhauer y Nietzsche. Wagner y sus influencias. El “Wagnerismo’: arte y política a la sombra de la música” que acaba de publicar Alex Ross ,el gran crítico musical del ”New Yorker”, ya había anticipado muchas cosas sobre Wagner en su gran libro ”El ruido eterno”: la influencia de Wagner en el teatro y la pintura, en la literatura, la estética y la política. “En 1906, veintitrés años después de su muerte, los jóvenes sofisticados memorizaban sus libretos igual que los universitarios estadounidenses de una época posterior recitaban a Bob Dylan, y los antisemitas y los ultranacionalistas consideraban que Wagner era su profeta privado.”

El propio Wagner deseaba escapar del gigantismo que su obra acababa de representar y exclamó: ”He tomado el pulso a nuestro arte moderno y sé que morirá”, escribe en 1850. ” Saber esto no me llena de tristeza sino de alegría. El carácter monumental de nuestro arte desaparecerá, nos desprenderemos de ese aferrarse y anclarse al pasado, de la preocupación egoísta por la permanencia y la inmortalidad a toda costa ; dejaremos que el pasado sea pasado, el futuro futuro, y viviremos sólo el hoy, en el aquí y ahora, y crearemos para él.”

(Imagen—Albert Gleizes)

RUSIA ES UN VIEJO CINE

Rusia es un viejo cine.

Sean cuales sean tus recuerdos

da igual, de fondo habrá siempre

unos veteranos jugando al dominó

Una vez yo haya bebido y muerto

se mecerán las lilas al viento

y se desvanecerá, para siempre,

el niño en shorts corriendo por el patio.

Y el veterano de cejas bkancss

se guardará sus golosinas en el bolsillo:

¿dónde se ha metido? — pensará—-y yo me habré ido al

primer plano.”

Boris Ryzhi

(Imagen- Bori Kustodiev 1921- varvara WordPress)

LUIS DE PABLO


“Hay incalculables cosas que nos quedan por saber de la música— me decía en su casa cercana a Madrid Luis de Pablo en 1977–. El número de combinaciones, permutaciones y variaciones es prácticamente ilimitado; si no, se habría terminado la posibilidad de creación, lo más apasionante de la música para mí es lo que queda por hacer, no lo que ya ha sido hecho.

El tiempo y la música es uno de los temas más apasionantes que puede haber. El tiempo en Occidente siempre intenta ser causal; al ser causal se produce un fenómeno muy curioso: estamos viviendo en un tiempo que es habitable racionalmente, puesto que lo que está sucediendo ahora es un momento conocible, por lo que se había oído antes. Pero más tarde descubrimos que hay gran cantidad de músicas no occidentales, que han partido de que la música es un entorno sonoro, que dura lo que tiene que durar, dura una noche entera a lo mejor, o dos horas, un minuto o unos segundos. En su momento se planteó la pregunta: ”¿ es posible una forma de tiempo irrepetible?”, es decir, una forma en un tiempo que no transcurre como un ciclo cerrado, sino como un agua que se derramara sobre una superficie lisa.

Esto ocurre y es clarísimo en las músicas rituales tibetanas, por ejemplo, o en ciertas músicas ambientales africanas, en las que la música es estrictamente una improvisación muy medida, porque todo el mundo conoce la base de aquello, y que dura lo que la gente quiere que dure. Entonces el tiempo transcurre de otra forma, no para medirlo o dominarlo, sino para dialogar con él. Podríamos escuchar músicas, concretamente de ciertas tribus negras de Rhodesia; uno puede estar oyendo esa música años, porque no hay un nexo y todo radica estrictamente en la disposición del espíritu de uno.”

(A la memoria de Luis de Pablo que hoy acaba de morir)

Descanse en paz

(Imágenes— 1- Ansel Adams -1934/ 2- Georgia O’Keeffe)

PICASSO Y BRASSAÏ


”El día en que Brassaï fue a fotografiar las esculturas de Picasso — así lo cuenta Patrick O’Brian en su vida de Picasso — el artista abrió la puerta ” y contemplamos una nación de figuras en toda su resplandeciente belleza”. Brassaï se encontró ante un Picasso “directo, sin afectación, carente de arrogancia, amable y natural”.
Vienen estas evocaciones aquí cuando se anuncia que a partir del 19 de octubre se exhibirá la obra de Brassaî en el museo Picasso de Málaga.—.” Picasso -dice O’Brian —también tomó simpatía a Brassaï y le propuso ir al circo, a su viejo y amado circo Medrano, en el que no había estado hacía años. Acudieron los dos y el circo no había cambiado: allí estaban los mismos payasos, los gruesos caballos, los flacos acróbatas, las fieras y los mismos olores. No fue una gran función, pero Picasso se divirtió enormemente, se rió con los payasos y lo pasó en grande, mientras, durante toda la función, su hijo, que contaba once años, estuvo con la cara seria.

Aparte de otras muchas ocasiones, Brassaï ,en agosto de 1939, encontraría a Picasso en la calle de Grandes Augustins. Brassaî no había estado nunca allí. Picasso recibió amablemente a Brassaî y accedió a posar en la cervecería Lipp hablando con Pierre Matisse, en Flore firmando unos grabados, y en su estudIo.

Muchos años después, en 1960, volvieron a encontrarse una vez más y Brassaï demostró que era uno de sus muchos amigos que se negaba a formar parte del grupo de cortesanos en competencia entre sí, y hacía trece años que no había visto a Picasso,

De todos aquellos encuentros nacerían las “Conversaciones con Picasso’, un libro fundamental para conocer al pintor..

(Imágenes- Bassaí 1935 y 1945)

PAISAJES

‘Se admira solamente aquellos paisajes que ya hemos admirado.— decía Cesare Pavese—. (“ La mitad de la belleza de un paisaje o una casa procede de conocerlo”- Virginia Woolf, agosto 1928) De eslabón en eslabón nos remontamos a un cuadro, a una exclamación, a un signo, con el que “otro” nos lo ha escogido y propuesto. Naturalmente llega un momento en que, adiestrados por una larga costumbre, escogemos nosotros paisajes ”como” si tuviesen el apoyo de un signo ajeno. He aquí por qué ”nuestros” paisajes son limitados. Es difícil añadirlos a los que unos signos fortuitos nos revelaron en la infancia, cuando se formaron nuestros moldes imaginativos.”

(Imagen —John Atkinson Grimshaw)