HEMINGWAY EN PARÍS

“Ernest Hemingway lo describió como era, en los años veinte, cuando el frío se hacía sentir más: árboles totalmente desnudos, que había que mirar como si fueran una especie de esculturas concisas; se ve el soplo del viento en la lámina fina y opaca de los estanques y en el chorro nítido de los surtidores — así lo recuerda Pere Gimferrrer en uno de sus “Dietarios” —.Quien atraviesa el jardín de Luxemburgo, en un día claro, frío y venteado, es el joven Hemingway, pero es el Hemingway viejo quien lo recuerda. En aquellos años, el museo de Luxemburgo era albergue de los cuadros impresionistas que luego fueron trasladados al Jeu de Paume. A menudo, Hemingway, con el estómago vacío, contemplaba un Monet, o un Cézanne: persistentes, los volúmenes plasmados en la tela se iban afilando, como aguzados por el hambre misma, cada vez más, detallados con agudeza obsesiva, como las palabras— esenciales, exactas, verídicas — que el joven Hemingway escribía, eliminaba, condensaba, sustituía en la tersura de un papel tan limpio y abstracto como el cielo de invierno sobre el jardín cubierto de escarcha.”

(Imágenes— 1- París 1929- national geographic/ 2- Montmartre 1947- Paul Almasy)

EL PARAÍSO AL FINAL

“Ruidos de tabernas, lodo en las aceras,

plátanos viejos deshojándose en el aire oscuro,

el ómnibus, huracán de chatarra y barro,

desequilibrado sobre cuatro ruedas chirría,

con guiños verdes y azules y pasa muy despacio,

hay obreros camino de la tasca mientras fuman

en pipas cortas desafiando a los policías,

hay techos chorreantes, paredes que rezuman,

resbaladizo el suelo y hoyos en la calzada, arroyos fuera

de las alcantarillas, es mi camino, con el paraíso al final.”

Paul Verlaine—( de “La buena canción “ (1870) – (traducción de J. l. Guereña)

(Imagen— foto Charles Rex Arbogast – The New York times/ 2- Katie Griesar)

SI PUDIERA VIVIR NUEVAMENTE MI VIDA

Si pudiera vivir nuevamente mi vida

en la próxima trataría de cometer más errores.

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.

Sería más tonto de lo que he sido,

de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

(…)

Jorge Luis Borges- “Instantes”

(Imagen—Liu Weib 2007– art china gallery hambourg- artnet)

HABITACIONES DEL SUEÑO

“Abrió la puerta del sueño y ya se fue encontrando con las aves, las plumas, los erizos, los olores, los pozos, el hablar de las mariposas mezclado con elefantes pesados, las violetas de lava, los mil pies distintos, hormigas, volcanes de nubes, himalayas de libros, el vuelo de pájaros exóticos, aquello que su ojo no veía nunca por las mañanas ni su oído oía por las tardes, y nadie podía imaginar que ahora, en plena noche, recorriendo el pasillo, tuviera que ir pisando bosques de agua y conversaciones revividas y perdidas, los viajes con familia bajo las estrellas, ciudades huyendo de las ventanillas, campanarios abandonados, y de repente, pensando en todo esto, tropezó sin querer con un mueble que se había atravesado en el sueño, un mueble de caoba, una pequeña consola francesa sostenida por cuatro patas de bronce decoradas con sarmientos y máscaras de faunos, y allí vio apoyada la blanca mano de Angélica y a su lado la mano de Tancredi antes de que iniciaran el vals en el salón de Donnafugata, vals y vaivén de la falda abombada de ella bajo las lámparas, y tuvo entonces que apartarse para dejar pasar aquel vuelo alegre bajo el techo de rosetones, y se sentó para verlos bailar desde la esquina de un sofá y allí estuvo largo rato mirando y contemplando los giros de la música y los dedos de la mano de Tancredi tocando el aire y el campo de florecillas de la falda de ella que se desparramaban por los muebles. Hasta que decidió levantarse y pasar a la siguiente habitación de la que tanto le habían hablado porque decían que era una habitación vacía con sólo un abanico en el suelo, y efectivamente así era, nada más abrir la puerta, allí se encontró el abanico medio caído hacia un lado, aquel abanico que había sido de su madre cuando ella conoció a su padre muy joven en el teatro de palcos dorados y donde había dejado caer a propósito el abanico de tela blanca para que su padre lo recogiese y la conociese, y enseguida vio el cuerpo de su madre tendido en el suelo, no lejos del abanico, su madre con los ojos cerrados, vestida con un elegante chal azul de noche, el corazón rojo y desnudo palpitando encima del chal, el cuello de su madre adornado de perlas, el cabello rubio recién peinado, los labios rosados, los brazos desvaídos, uno de los brazos intentaba llegar al abanico pero no podía, la enfermedad le impedía recoger aquel recuerdo, y entonces vio que el abanico se erguía y se abría y se iba acercando a ella, y la tela del abanico de repente se desplegó y el abanico comenzó su vaivén en las mejillas de su madre para reanimarla sin conseguirlo. Aunque en la tercera habitación, sin embargo, nada más abrir la puerta, lo que le deslumbró fue la luz. Una luz blanca que venía de las ventanas de las casas, casas blancas, piedras y matorrales blancos, una arenilla blanca que sus zapatillas iban pisando, arenilla de luz, de serenidad y de alegría, las suelas blancas de sus zapatillas se curvaban a cada descubrimiento y lo que descubría era la cinta de la luz, la cinta de la vida.”

José Julio Perlado

(relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imagen- Turner- 1843)

LAS QUIETAS PROFUNDIDADES MISTERIOSAS

“Cuando el artista es conducido involuntariamente, y aun a despecho de sí mismo a producir los materiales de su obra, éstos le son dados sin que él, valga la expresión, intervenga, como si le viniera de fuera — dice Schelling—.” Eliot dirá algo parecido: ” se trata de una concentración y de algo nuevo que resulta de tal concentración, concentración de un gran número de experiencias que a las personas activas y prácticas en modo alguno podrían parecerles experiencias; se trata de una concentración que no tiene lugar de un modo consciente y deliberado.” Carlyle hablaba también de que es allí donde en la poesía ” el hombre se concentra o se retira a las más recónditas profundidades de la realidad humana donde penetra a través de la quietud, esa infinita quietud — ahora en palabras de Hölderlin— en la que obran todas las energías y en la que todas las relaciones se verifican.”

(Imagen— Howard Hodgking)

EL PAPEL Y EL BOLÍGRAFO

”He dado muchas vueltas al bolígrafo entre los dedos antes de decidir qué palabra pondría la primera para iniciar otro relato o lo que vaya a ser — confesaba Carmen Martín Gaite en ” Cuadernos de todo” — .Ya me he visto otras veces en una situación semejante, según miraba al bolígrafo lo pensaba, es un respeto por la letra escrita que debe venir de aquella manía escolar de los cuadernos de limpio. No se atreve uno a hollar el papel como si lo que queda escrito fuera más definitivo que lo que se habla o comprometiera más. Cuando se habla, se pueden decir las mayores tonterías y quedarse uno contento, hasta creer que le ha comunicado algo a los demás, sobre todo si sus rostros reflejan aquiescencia. La gente le envalentona a uno con su falta de crítica. Pero ¿ por qué un pedazo de papel que después puede romperse ha de intimidar más que el rostro de otra persona? No lo he entendido nunca.”

(Imagen- biblioteque tumblr)

VIAJES POR EL MUNDO (46) : LA CASA DE SHAKESPEARE

“En Stratford visitamos la casa de Shakespeare; en la fachada había un trofeo de palmas, regalo de Victor Hugo — evoca Mario Praz— : un gran gesto de fraternización hacia otro genio. La casa no me impresionó, había demasiados bustos de Shakespeare, todos distintos entre sí, demasiado ”pequeño museo” de reliquias inútiles. Está la silla donde ’ se dice’ que se sentaba Shakespeare. Las señoras hacen cola para sentarse en ella. También hay un banco que estaba en la Grammar School, han cogido el banco más grande y viejo y lo han trasladado a la casa, ahora piensan que como el banco es demasiado alto para un colegial, tal vez Shakespeare fuese maestro allí antes de ir a Londres. Dentro hay trapos de polvo y un pedazo de escoba. En el jardín encontramos a Shaw que tiene una oronda cara rubicunda de un viejo de Jordaens, hermosa barba blanca y cejas pobladas y rizadas en las puntas. Es una bella y buena escultura. El jardín está delicioso de color, de claridad y de paz: y están todas las plantas que Shakespeare menciona en sus obras, con sus letreritos.”

(Imagen— Raoul Dufy)

LOS DOS SUEÑOS

“Un judío de Cracovia había soñado varias veces que junto a cierto molino se ocultaba un tesoro enterrado — así lo cuentan Levitte y Casaril en ”Los sueños y sus interpretaciones” — Una buena mañana se levantó, se dirigió al molino y empezó a cavar todo alrededor, pero en vano. El molinero le preguntó por qué cavaba de aquella manera, y el hombre se lo explicó. Entonces el molinero, muy sorprendido, contó que él mismo había soñado varias veces que en el patio de cierto hombre de Cracovia había un tesoro enterrado; y citó el nombre del hombre, que era el miismo que el de nuestro buscador del tesoro. El cracoviano regresó de inmediato a su casa, registró su patio y encontró un tesoro.”

(Imágenes— 1-Cornelia Fitzroy/ 2-Beata Bieniak)

LOS LIBROS DE BORGES

“Mis libros ( que no saben que yo existo)

son tan parte de mí como ese rostro

de sienes grises y de grises ojos

que vanamente busco en los cristales

y que recorro con la mano cóncava.

No sin alguna lógica amargura

pienso que las palabras esenciales

que me expresan están en esas hojas

que no saben quién soy, no en las que he escrito.

Mejor así. Las voces de los muertos

me dirán para siempre.”

Jorge Luis Borges— “Mis libros” -“La rosa profunda” (1975)

(Imagen – Borges .—Cervantes.es)

OCURRENCIAS DE UN OCIOSO

Las ”Ocurrencias de un ocioso” fueron escritas entre 1330 y 1332 por el japonés Kenko y el libro se componía de 243 capítulos, algunos de pocas líneas y otros más extensos. El autor habría pegado los trozos de papel que contenían cada parte del libro en las paredes de su casa. Tras su muerte, otros habrían unido tales fragmentos, en los que multitud de lectores habían de encontrar lo que es quizá la más esencial concentración del espíritu japonés. Como recuerda el editor italiano Roberto Calasso que reseñó y escogió esta obra para su editorial Adelphi, este libro quiere resaltar de algún modo el carácter de lo ”inacabado” y lo ”sin forma” que ha sido por largo tiempo en Japón un verdadero método de composición. Este método se aleja de toda pretensión de fijar las cosas para siempre. ”Un paisaje, un gesto, un objeto, una ceremonia, una palabra, una anécdota, una expresión de un rostro, son otros tantos pretextos para la reflexión solitaria del autor. Sus notas quieren delinear las cosas fugazmente, por el puro placer de trazar los signos, de nombrar el mundo en su precariedad, en su carácter de ”no permanencia” que ninguna civilización – apunta Calasso – ha sabido exaltar como la japonesa. Se trata de una mezcla inconfundible de exaltación de las cosas y de placer por cada una de ellas en particular.” Un libro que se puede abrir por cualquiera de sus páginas encontrando siempre una lección.”


(Imágenes- 1-Ogata Korin – 1658/ 2- Hiroshi Yoshida)

VIAJES POR EL MUNDO (45) : MERCADO DE SANJON

“La ciudad de Sanjon, cuando llegamos allí, era más pequeña, más ordenada, y edificada más a lo alto de la colina que en los viejos tiempos. — cuenta Robert Graves en sus ” Siete días en Nueva Creta”—.El mercado en sí sugería una exposición de flores montada en una iglesia. Toda clase de verduras y frutos maravillosos estaba artísticamente apilada en puestos pintados; pero como no había premios, ni precios, ni regateos, ni competencia, y como la gente encargada de los puestos eran empleados públicos, y no los dueños, y no tenían nada que hacer aparte de abastecer las existencias cuando se terminaban, faltaba el elemento dramático. Nosotros los compradores entrábamos por una puerta, dejando nuestros obsequios en un altar conveniente situado cerca de la entrada arqueada, dábamos vueltas como atolondrados con nuestras cestas, sirviéndonos silenciosamente de cuanto queríamos, ni siquiera molestándonos en pesar nuestras compras; y cuando habíamos completado el círculo, salíamos de nuevo.


El procedimiento recordaba el utilizado por un supermercado americano, sólo que al salir no nos detenía ningún cajero vigilante en la barrera para sumar nuestras compras y recoger nuestro dinero. A mí personalmente no me gustaba regatear los céntimos frente a las verduleras. Pero aún menos me gustaba pensar que me daban cosa por nada; me hacía sentir como si mi libertad personal estuviese amenazada.

No, el mercado no tenía nada de la vida que había tenido en otro tiempo. ¿Dónde estaba la vieja cicatrizada por la viruela que solía traer consigo un mono doméstico y un pato turco para ayudarla a vender las medicinas patentadas de su ya fallecido marido? ¿ Dónde estaba el niño cojo que vendía fuegos artificiales y juguetes mecánicos? ¿ Dónde estaba el viejo Démosthene con sus cajas de libros de segunda mano y su bonita nieta que vendía periódicos en el kiosco? La costumbre neocretense se había desecho de todos ellos. Por otra parte, se había desecho también de idiotas congénitos, de borrachos, de perros callejeros, policías, suciedades, olores y peleas a puñetazos…”

(Imágenes—1-Ben Schonzeit-2010/ 2- Paolo Scalera/ 3 – National geographic)

MEMORIAS Y AUTOBIOGRAFÍA

“Las memorias vienen a resultar todo lo contrario de la autobiografía. En la autobiografía todo se reduce a uno; en las memorias, la autobiografía no es solamente de uno, ni siquiera de uno y todo lo demás, sino de uno en todo lo demás— dice Corpus Barga—. La vida de una persona como la de un pueblo ( la Historia), no está constituida por los grandes acontecimientos o las grandes personalidades que intervienen en ella. No existe en función de fechas y de nombres; es el acontecer cotidiano y anónimo, si puede decirse. La vida se teje en todos los instantes. Las memorias deben descubrir este tejido, en vez de limitarse a recordar los hechos y las personas que son considerados importantes o curiosos a posteriori. Las memorias no deben ser un montón de retazos, por lujosos que éstos sean, sino una telaraña inconsutil”.

(Imágenes— 1- Corpus Barga- el mundo/ 2- los entretenimientos de la vida privada -national Museum- Estocolmo)

HORAS DE MADRID (4) : DOCE DE LA MAÑANA

La hora de las doce de ese día entró en Madrid uniendo lentamente sus agujas y lo que nadie contaría en ese mediodía es que entró como suave flecha en el pensamiento de muchas gentes, mujeres y hombres, que se recogieron en sí un momento, el mediodía en Madrid a finales del siglo parecía pagano y era sólo apariencia, en ese segundo en punto de las doce la Virgen de Atocha, la advocación de la Almudena y la llamada de la Paloma recibían pensamientos y sentimientos, oraciones y labios que las pronunciaban. España, a pesar de sus avatares, era país religioso y cristiano, había una lucha entonces por devastar sus costumbres de siglos y otras por renovarlas y reedificarlas , quién ganaría a quién, cuántos y cuáles emplearían ejércitos invisibles, es que acaso lo antiguo era enviar recuerdos a las Vírgenes madrileñas, las doce del mediodía como en cada jornada en la Villa de Madrid y en toda su historia repartía sus oraciones al cielo y las avemarías de todos los tiempos se abrieron como brotes del corazón y del cerebro, la voluntad es quien rige y vence a la pereza y domina al humano  olvido, y en medio de los automóviles y de las prisas, entre gentes y vehículos, en el fondo de oficinas y de despachos, cruzando calles y haciendo altos con el pensamiento, comenzaron a volar avemarías cuyos cuerpos se forman con palabras seculares y divinas, y las palabras fueron a cobijarse en la eternidad, pero antes rozaron en el tiempo la historia de Madrid y cruzaron en espacios lejanos y pasados la Virgen de los Remedios, la de la Soledad, aquella otra del Buen Suceso, aun cuando sobre todo Madrid guardaba quizá en lugar primero, discusiones había sobre ello, la Virgen de Atocha, algunos creían que tal nombre provenía de la hierba tocha o  atocha,  por haber gran abundancia de ella en el lugar donde se levantó la antigua ermita, campo que decía llamarse del Atochar o de los Atochares. Fueron segundos, algún minuto quizá, fulgores de tiempo clavados en relojes de muñecas que elevaron el instante de su oración apenas perceptible en tanto tráfago y murmullo. Reyes y monarcas habían venerado a vírgenes madrileñas, y desde Felipe lll y Felipe V, que este último al llegar a Madrid había hecho pública su devoción a la Virgen de Atocha, la Corte, los sábados, con todo su aparato de magnificencia y poderío, Cortes que parecen y reaparecen, y al fin desaparecen creyéndose soberbias al inicio y siendo tiernamente humildes, rezaban la salve ante la advocación  de esa  Virgen de Atocha, mientras por todo el mapa de la capital de España, quedaban nombres como el de la Virgen del Milagro, o aquella célebre y famosa de la Almudena a la que tanto se encomendó, embarazada como estaba de la infanta doña Margarita,  la primera esposa de Felipe lV, doña Isabel de Borbón, embarazada, sí, de aquella infanta que preside el centro del cuadro de Velázquez, “ las Meninas” .

José Julio Perlado — “Ciudad en el espejo”

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(Imagen-Virgen de Atocha

HORAS DE MADRID (3) : ONCE DE LA MAÑANA

Ya habían dado las once, horas que pasan, se había extendido un ambiente nuboso con ciertas posibilidades de tormenta, especialmente frecuentes en la zona de la sierra, el triángulo de la provincia madrileña con su pico apuntando hacia Burgos bajaba manso, por su costado derecho rozando la extensión de Guadalajara, y también bajaba más tierno, algo quebradizo y saltarín, por los pueblos del costado izquierdo, dejando a un lado Segovia y Ávila.  Vientos flojos o en calma llegaban hacia el área de Madrid  y soplaban a la cigüeña tanto por Aranjuez como por San Martín de Valdeiglesias,  al pato por Fuentedueña del Tajo y Brunete, al zorro lo mismo entre Chinchón y Alcalá de Henares que en la media y alta montaña, entre Buitrago y Villalba;  vientos flojos eran acariciados por el águila cerca del río Lozoya y del Jarama, el gato montés era perseguido por los vientos hacia la altura de Torrelaguna, al nordeste, y el azor los recibía no lejos de la Pedriza

No puede contarse bien la historia porque a esa misma hora por los últimos reductos de la sierra norte de Madrid, allí, hacia el valle de Lozoya, hacia Cercedilla o hacia El Escorial, pinares y robledales extendían su vida y alzaban al aire su sudor, vida enhiesta de los árboles, mientras que por Navalcarnero, Pelayos de la Presa y Cadalso de los Vidrios, es decir, en la punta noroeste que se afilaba hacia extensiones de Toledo y Ávila, se concentraban, casi invisibles para el hombre,  valiosa población de rapaces, así el águila imperial o el buitre negro y leonado, o bien ratoneros y milanos. En Madrid, en el centro mismo de la ciudad, la máxima temperatura iba a llegar ese día hasta veintiún grados y la mínima bajaría a los nueve, buen clima, aire y aroma, un frente silencioso tendría que pasar durante esa jornada de oeste a este de la península y cruzaría por su mitad norte; los frentes, excepto los de guerra, y guerra felizmente no había ese día, ese mes, ni ese año en España, extienden sus suavidades sin alambradas ni fronteras, y las precipitaciones y lluvias dejan manar sus aguas desde los cántaros de las nubes, y así ocurriría ese día en distintas regiones españolas, aunque fueran de muy escasa cuantía en las proximidades del mar Mediterráneo y en cambio mojaran con moderada intensidad, aquí y allá la corteza del norte, por las brumosas tierras de Galicia.

José Julio Perlado-— “Ciudad en el espejo”

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(Imagen— catedral de la Almudena)

HISAE EN GIVERNY

Dos fotografías – una conservada  en la Fundación Monet de Giverny y otra en los archivos del museo Marmottan de París —muestran a Hisae Izumi en junio de 1921 contemplando las flores y las aguas desde el  artificial puente japonés de Giverny, en la región francesa de Normandía, dentro de la impresionante creación de  la naturaleza que allí extendiera el pintor Claude Monet. Hisae aparece en esas dos fotografías con un kimono azul salpicado de motas blancas, está situada a la derecha de Monet que se encuentra en el centro del pequeño puente acompañado por el político francés Georges Clemenceau, el que fuera primer ministro en su país, buen amigo y admirador de Monet, y que en esos días estaba allí de visita. “¿Ve usted? — contaba luego Hisae en sus Memorias que Monet a sus 81 años le iba diciendo extasiado ante la belleza  de su jardín—, ahí tiene usted  las capuchinas multicolores, ahí están también, a cada lado de esas calles de arena que he ido construyendo, los lirios ajados, las adormideras, las malvarosas, los girasoles y por eso  aparecen  también ahí  los colores púrpuras, las mezclas resplandecientes del blanco, el rosa, el amarillo y el malva, los anaranjados, los cobres ardientes que encienden los rojos, los violetas iluminados por el fuego de los púrpuras negros,  las pequeñas faldas de bailarinas que se ahuecan y se hinchan  ¿Ve usted toda esa maravilla? le repetía  orgulloso Monet a Hisae desde el poderío de su barba blanca, vestido con un amplio blusón gris, cubierta la cabeza con un sombrero negro y calzado con gruesas botas. Cada estación del año  — seguía diciéndole de modo reposado y entusiasmado  — trae aquí sus propios colores. Si viene usted en otoño — le seguía comentando a Hisae —, verá en cambio que las capuchinas han invadido las calles y que sus más brillantes flores multiplicadas cubren el follaje que ya es amarillento. Y también en otoño verá cómo a las adormideras  le suceden las dalias adornadas con una especie  de oro fino y de púrpura sangrante, e incluso puede encontrar aquí, en este jardín,  anémonas de su tierra,  de Japón, el país cuyas flores admiro.

Clemenceau seguía atentamente las explicaciones de Monet aunque conocía bien aquel jardín ya  que  lo había visitado varías veces, pero se advertía  en él una  gran satisfacción al oír una vez más los descripciones de su pintor- amigo. Destacaba en Clemenceau su respetuoso silencio tanto como su famoso bigote lacio, caído sobre los labios y que le hacía inconfundible. Por lo que respecta a Hisae ella había conocido  a Monet en París hacía más de cuarenta años, en 1875,, cuando habían charlado los dos de arte en el bulevar de los Capuchinos, en el taller que había ocupado el fotógrafo Nadar,  aunque hasta entonces Hisae no había tenido ocasión de  visitar  Giverny. Pero a los dos les unía también de algún modo el recuerdo de un joven artista japonés, Yamashita Shintaro, que había pintado en su taller parisino a principios del siglo, en 1901, la mano derecha de Hisae y había quedado fascinado. por ella.  Monet y Shintaro se habían cruzado varías cartas a lo largo del tiempo, la última un año antes, Monet desde Giverny, cuando el pintor francés le agradeció al japonés el regalo de un cuadro suyo sobre los jardines de su país. Y precisamente en torno a los jardines japoneses empezaron a hablar allí, en aquel mismo puente, Monet y Hisae,

José Julio Perlado

(del libro ”Una dama japonesa’)

(relato inédito)

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(Imágenes— 1– Monet- puente japonés-/ 2- Monet en su jardín- wikipedia/ 3- Monet- flores en Giverny)

GAUDÍ

“Lo que vi en Barcelona— decía Le Corbusier de Gaudí — era la obra de un hombre, de una fuerza, de una fe, de una capacidad técnica extraordinarias manifestadas durante toda una vida de cantero, de un hombre que hacía tallar las piedras ante sus ojos sobre trazas verdaderamente muy pensadas. Gaudí era un gran artista; sólo aquellos como él quedan y quedarán”

Con motivo de la exposición que se abre actualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña la figura y la obra de Gaudí vuelven a un primer plano. Bruno Zevi en su ”Historia de la arquitectura” anota que ” Gaudí dobla y retuerce el propio esqueleto del edificio sensibilizándolo hasta identificarlo con unidad plástica…Las geniales coagulaciones de Gaudí no pueden ser dibujadas, sino sólo trabajosamente esculpidas y atestiguan una tremenda batalla con la profundidad de la materia.”

La influencia de Gaudí se ha ido proyectando no sólo en la arquitectura, sino en todo el arte contemporáneo, por ejemplo, como recuerda Calvo Serraller, en la admiración que le profesaron los surrealistas, los escultores Henry Moore o Barbara Hepworth, o ya en la década de 1980, el pintor neoyorquino Julian Schnabel, que integraba en sus cuadros formas cerámicas al modo de Gaudí.

”El sentido orgánico del diseño de Gaudí — resume Calvo Serraller— alcanzó cotas de sorprendente atrevimiento que nunca se limitan a lo puramente decorativo, exterior, de los edificios, sino que se corresponden con la estructura y hasta con el menor de los acabados del interior. Y es que, gracias a su formación, Gaudí lo podía abarcar todo: desde el diseño de un picaporte, las rejas y forjados de las ventanas o los muebles, hasta las formas plásticas más ingeniosas de los jardines.”

( Imágenes— 1- Gaudí: dibujo de cabeza de macho cabrío- 1878 – museo de la Sagrada Familia- wikipedia/ 2- Gaudí- el lagarto del parque Guell/ 3-La Sagrada Familia)