AGUA, ¿DÓNDE VAS?

 

 

“Agua, ¿dónde vas?

Riyendo voy por el río

a las orillas del mar.

Mar, ¿adónde vas?

Río arriba voy buscando

fuente donde descansar.

Chopo, y tú ¿ qué harás?

No quiero decirte nada.

Yo… ¡ temblar!

¡Qué deseo, qué no deseo,

por el río y por la mar!

(Cuatro pájaros sin rumbo

en el alto chopo están.)

Federico García Lorca“Canción”

 

(Imágenes—1- Kane  Gledhill/ 2-gektograf)

LA IMAGEN MÁS BELLA DEL SIGLO XX

 

 

“Para muchos la imagen más bella del siglo XX no fue obra de Picasso, Jackson Pollock, los arquitectos de la Bauhaus ni los cámaras de Hollywood — dice Peter Watson en su “Historia intelectual del siglo XX” —. Se trata de una fotografía, un trozo de reportaje, aunque, con todo, original en extremo: una fotografía de la Tierra vista desde el espacio. Muestra un planeta ligeramente azul, debido a la cantidad de agua de la atmósfera, y resulta conmovedora porque reflejaba el mundo tal como podría ser visto por otros ajenos a él: un lugar relativamente pequeño y, ante todo, finito. Este último hecho fue el que más emocionó a algunos.”

 

 

A los cincuenta años de la aventura lunar, la voz de Neil Amstrong en aquel 21 de julio de 1969, sigue narrándonos  el descubrimiento: “ la superficie es suave y polvorienta; puedo… puedo removerla sin dificultad con la punta del pie. Se adhiere en finas capas como tiza en polvo a la suela y los costados de mis botas. Tan sólo puedo moverme centímetros, o tal vez una fracción de centímetro; pero puedo ver las huellas de mis botas en las finas partículas arenosas… No parece existir demasiada dificultad para moverse de un lado a otro, tal como imaginábamos … Nos encontramos en un lugar llano, muy llano, de hecho.”

 

 

(Imágenes—1-moodaloholic -imagery our Word/ 2- brad -foto golodpaint/ 3- foto Rhys Logan – National geographic)

ENCONTRAR A ADRIANO

 

 

Se acaba de encontrar un busto de Adriano en Sevilla y esos encuentros sorprendentes me llevan a repasar otros encuentros diversos , como el de Marguerite Yourcenar con su “Adriano”, cuyas Memorias se deslizaron en un largo y célebre monólogo. “Escribí “Adriano” de noche — recordaba la autora —. Recurrí también a la escritura automática, pero a la mañana siguiente quemaba  esas páginas. En mi opinión, cuando se escribe sobre un personaje de novela, se debe saber sobre éste mucho más de lo que se dice. Es la comparación tan gastada  de la  punta del iceberg. En cuanto a Adriano, por ejemplo, están todos los años de juventud, los años de guerra, los años de ambición, en el curso de los cuales se esfuerza por convertirse sucesivamente en oficial del estado mayor de Trajano, cónsul, gobernador… No sabemos casi nada más. Sin embargo, se debe intentar saber todo, recrear todo a través de los documentos de la época, y el curriculum vitae de otros funcionarios importantes; se debe estar capacitado para poder decir todo.  Se tiene el curriculum vitae de Adriano, se conocen los nombres de algunos de sus amigos; se conoce algo de su grupo en Roma, su vida personal. Entonces, intenté reconstruir todo eso, a partir de los documentos, pero esforzándome por reavivarlos; mientras no se hace entrar toda la propia intensidad en un documento, cualquiera que sea, éste está muerto. La composición me ocupó tres años. Cuando se toma la decisión todo va muy rápido. Tres años de trabajo continuo, de no hacer más que eso, de vivir en simbiosis con el personaje, hasta el punto de comprender a veces que mentía, y dejarlo mentir.”

Y luego está el tema de la ‘voz”.  Hallar la voz desde donde hay que narrar, desechar otras fórmulas. Hallar la “voz” de este personaje es encontrarse al fin con Adriano.

 

 

(Imágenes — 1- Marguerite Yourcenar/ 2-vista de Roma -constante moyaux – 1883)

EXTRAÑOS HABITANTES DE LA LUNA

 

 

“La ciencia ficción y la Luna se remontan mucho tiempo atrás, en diversos textos, como por ejemplo, éste del siglo XVlll. : “Ya os he hablado, señores, de un viaje que hice a la Luna, adonde fui en busca de mi hacha de plata —cuenta el alemán Rüdolf Erich Raspe  en  su “Segunda ascensión a la Luna” —. Más adelante tuve ocasión de volver a ella, pero de una manera mucho más agradable, permaneciendo allí el tiempo suficiente  para hacer varias observaciones, que voy a comunicaros, con tanta exactitud como me lo permita mi memoria.

En la Luna, porque la Luna era la isla resplandeciente a la que acabábamos de arribar, vimos grandes seres montados en buitres de tres cabezas. Todo aquel mundo es extraordinariamente grande: una mosca ordinaria, por ejemplo,  es casi de la magnitud de un carnero de los nuestros. Las armas usuales de los habitantes de la Luna son rábanos silvestres que manejan como jabalinas y causan la muerte a los que alcanzan. Usan también grandes hongos a guisa de escudos.

 

 

Vi asimismo en aquel país algunos naturales de Sirio que habían ido allí por negocios particulares; tienen cabezas de perros dogos y los ojos en la punta de la nariz. Carecen de párpados, y cuando quieren dormir, se cubren los ojos con la lengua. No pierden tiempo en sus comidas: tienen en el costado izquierdo una ventanilla  por donde introducen en el estómago el alimento, luego cierran la ventana, hasta que pasado un mes repiten la operación. Así, pues, solo hacen doce comidas al año. No tienen la necesidad de beber. En cada mano no tienen más que un solo dedo, con el que lo hacen  todo mejor que nosotros con nuestro pulgar, y sus cuatro auxiliares.

Llevan la cabeza debajo del brazo derecho , y cuando van de viaje o tienen que ejecutar algún trabajo que requiera mucho movimiento, suelen dejársela en casa, toda vez que pueden pedirle consejo a cualquier distancia. Cuando los altos personajes de la Luna desean saber lo que hacen las humildes gentes del pueblo, se quedan en casa corporalmente, enviando tan sólo la cabeza a la calle para ver de incógnito lo que ocurre. Una vez recogidas las noticias  que desean, vuelven al llamamiento del cuerpo a quien sirven.

 

 

Los habitantes  de la Luna pueden quitarse y ponerse los ojos a su capricho, y cuando los tienen en la mano ven igualmente que cuando los tienen en la cara. Si por casualidad pierden uno, pueden alquilar o comprar otro que les presta el mismo servicio. Así es que en la Luna se encuentran en cada esquina gentes que  venden ojos, teniendo el más variado surtido, porque la moda canbia muy a menudo: bien sean  unos ojos azules, o unos negros, que son los que más se estilan.

Me hago cargo, señores, —termina Rüdolf Erich  Raspe —, de que todo esto debe parecerles extraño, pero ruego a los que duden de mi veracidad se sirvan pasar a la Luna a comprobar los hechos,  y así se convencerán de que he respetado la verdad tanto como otro viajero cualquiera.”

 

 

(Imágenes-1-Toshiyuki Enoki/ 2-Steven Quinn/ 3 -Gabor Jonas/ 4-Tsuchida Koitsu – 1933)

LOS NOMBRES DE LAS FLORES

 

“Los nombres dados a las plantas en esos viejos y mejores tiempos —escribe la naturalista  Susan Fenimore Cooper en su “Diario rural” —mostraban un toque cómico o pintoresco, como la jabonera, la flor de cuclillo, la centaura azul, la boca de dragón, el matalobos.  Algunas recibían nombres que dejaban claro que en los campos se vivían historias de amor, como el perifollo oloroso, el clavel del poeta, el pensamiento salvaje, la yerba de París. Incluso los derivados de nombres normales de personas, igual que los que tan a menudo se dan ahora, estaban mucho más logrados entonces; es el caso, por ejemplo, del geranio robertiano, el buen Enrique, la damasquina, los musgos batramia, o la Angélica.

 

 

Otros, por su parte, eran nombres imaginativos o rocambolescos: la bella de día, el solano, el iris, los frailes, el aro, la verbena, la clavelina de mar, la verónica macho, la hierba de los pordioseros, la campanilla de invierno, el narciso trombón, el mundillo, la fuirasia, la bolsa del pastor, la clavelina, la caléndula silvestre, el berro de prados; el alhelí, al que le encanta la sombra de pendones y estandartes caballerescos, y  se mantiene fielmente adherido a las ruinas; el gamón, el amaranto, la planta de la moneda, las lágrimas de Cupido, la flor de lis, flor del lirio, flor de luz que grandes pintores han colocado en las manos de personajes santos.”

 


 

(Imágenes-1- Odilón Redon- busto de un hombre dormido entre las flores/ 2-violetas- la coctelera/ 3-Lowell Nesbitt)

ESTAR CON UNO MISMO

 

En un mar de móviles y de pantalllas, en un incesante comunicarse de modo veloz  con los demás cruzando  calles, subiendo escaleras, oyendo y hablando, hablando y oyendo de modo incansable,  obsesionados por la continua comunicación, me acuerdo de  las palabras de Tarkovski  cuando le preguntaron:

“— ¿ Qué le gustaría decirle a la gente más joven?

— Que aprendan  a amar la soledad.   Que estén más solos consigo  mismos.  El problema de la gente joven es su desenvolvimiento ruidoso. El individuo debe aprender a estar consigo mismo desde niño, pero esto no significa estar solo, significa no aburrirse con uno mismo, que es un síntoma muy peligroso, casi una enfermedad.”

Esto lo dijo en lo profundo de un bosque, entre ramas, recostado contra un árbol, pensativo, mirando aquel agua que corría  cerca de él, aquel agua que él amaba tanto —“amo el agua”, había dicho muchas veces — , aquel agua que en tantas ocasiones aparecía en sus películas.

 

(Imagen —1 – Andrei Tarkovski – people ucalgary/ 2- “Stalker” de Tarkovski)

LA LUNA Y LA CIENCIA FICCIÓN

 

 

Ahora que se recuerdan los cincuenta años de la llegada del hombre a la Luna y en donde se demuestra  que no todo era ciencia ficción, la voz de Ray Bradbury nos evoca este género tan apasionado y apasionante para muchos. “Julio Vernedecía Bradbury —fue uno de los primeros autores en observar las nuevas máquinas a medida que iban apareciendo, y en imaginarles increíbles empleos. Una noche se elevó sobre París en el globo volador más grande de su época y allí cenó y vació varias botellas de vino en compañía de sus amigas. De esta forma, constituyó un juego para él :  narrar viajes y empresas maravillosas tanto por mar como por el cielo. Nosotros, como hijos de la edad moderna, hacemos exactamente lo mismo. Verne es  abuelo nuestro.

Wells es más importante que Orwell. Wells fue  mucho más sugestivo, tanto en sus libros  como en el cine. La película “Things to come” es un film de 1936 que a muchos nos ha inducido  a ocuparnos de las aventuras en el espacio y la conquista de la Luna.  Aquel espectáculo influyó en mi vida de una manera determinante. Cuando vi la película tenía quince años y quedé asombrado.

 

 

La razón del éxito de estas historias, como “Encuentros en la tercera fase”,  debemos buscarla en las misiones Apolo, en los alunizajes, en las sondas llegadas a Marte y en la constatación de que al fin y al cabo los autores de estas fábulas con presupuestos científicos, no estamos locos. Puede, eso sí, que seamos soñadores; pero muy prácticos al mismo tiempo. Ya no nos toman por chiflados.

Las cosas profetizadas por la ciencia ficción son muchísimas. Los rayos láser. Hemos pisado la Luna y exploramos Marte. En nuestras narraciones ya habíamos descrito los cerebros electrónicos. Y también la bomba atómica.

Yo estoy seguro de que existirán colonias espaciales de las cuales el hombre partirá a la captura de asteroides y la extracción de metales y minerales. Colonizaremos la Luna, después Marte y después, dentro de cien años, saldremos de nuestro sistema solar e iremos hacia las estrellas, como Alfa Centauro. Dentro de los próximos quinientos años viviremos en planetas distantes cinco, seis, siete u ocho años luz de nosotros.”

 

 

(Imágenes-1- Shannon Stamey– study incontrast/ 2- Lisa Falzon/ 3- Charlie Riedel)