LA OBSERVACIÓN DEL PINTOR

 

 

“Quiero que los jóvenes aprendan bien a dibujar los bordes de las superficies, y que se ejerciten en ello casi como con los primeros elementos de la pintura –  pedía  Leon Battista Alberti -; luego que aprendan las formas distintas de cada miembro y piensen en todas las diferencias que puede haber en cada uno de los miembros. Y no son pocas las diferencias entre los miembros y muy claras. Verás que unos tienen la nariz prominente y curvada; otros, achatada o respingona; unos presentan los labios colgantes; otros exhiben unos labios delgaduchos. Y así examina el pintor cualquier cosa que cualquier miembro posee o no y los hace diferentes.  Y observe además que nuestros miembros juveniles son redondos, hechos casi con un torno y delicados; en la edad provecta son duros e irregulares. Así todas estas cosas el pintor estudioso conocerá de la naturaleza, y con mucha frecuencia las examinará para ver cómo son y estará continuamente investigando y lo hace con los ojos y la mente atentos.

 

 

Observará el regazo de quien está sentado; observará cuán dulcemente cuelgan las piernas del que está sentado, notará quién tiene erguido todo el cuerpo, y no habrá parte alguna de la que no sepa su función y su medida. Y de todas las partes le gustará no sólo representar el parecido sino además añadirles belleza, pero en la pintura la hermosura no es menos grata que requerida (…) Por eso será útil captar de todos los bellos cuerpos cada una de las partes alabadas. Y siempre para aprender mucha hermosura hay que luchar con esfuerzo y habilidad. Lo cual es difícil, porque en un solo cuerpo no se encuentran bellezas acabadas, sino que están dispersas en muchos cuerpos, y hay que investigarla y aprenderla aunque sea con gran fatiga.”

 

 

(Imágenes: -1-Winifred Knights/ 2- Toulouse Lautrec/ 3- Edward Hopper- 1960- ciudad de la pintura)

EN TANTO QUE DE ROSA Y AZUCENA

 

 

“En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en  vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera

el dulce  fruto, antes que el tiempo airado

cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento  helado,

todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.”

Garcilaso – soneto XXlll

(Imagen- Armand Point)

TIEMPO, INSPIRACIÓN, TRABAJO

 

“Cuando más viejo me hago – le confesaba el poeta irlandés Seamus Heaney a Jordi Doce en 2008–  más lamento no haber tenido una actitud más entregada a mi obra. Pero al hacerte mayor dispones de más tiempo y tienes más libertad para emplearlo como desees. Por ejemplo, ya no doy clases, no tengo hijos jóvenes corriendo por casa, no tengo que ocuparme en tareas y actividades para ganarme la vida. Lo que significa que tengo más tiempo para la ensoñación. Y pienso : “Seamus, te equivocaste, tendrías que haber llevado un diario o un cuaderno de notas, tendrías que haberte levantado más temprano; incluso cuando no estabas escribiendo, tendrías que haberte sentado en el escritorio en lugar de confiarte al azar”. Por otro lado, sé que hay ocasiones en las que pese a tener mucho tiempo libre no consigo avanzar mucho. En otras palabras, disponer de tiempo no garantiza nada.

 

 

La poesía lírica, como sabemos, es un asunto misterioso, incluso para los más grandes… T.S. Eliot es un ejemplo de la extrañeza de la inspiración y de su intensidad. Y Rilke… es el arquetipo de la inspiración. Espera y espera, fanático y disciplinado, y de repente la tormenta azota y escribe las últimas “Elegías del Duino” y los “Sonetos de Orfeo”. Por otro lado, está YeatsYeats es un trabajador nato, nada le llegaba en un instante cegador. Por ejemplo, escribía en el cuaderno de notas un esbozo en prosa con el encabezamiento: “tema para un poema”, y después trabajaba el esbozo lentamente y con esfuerzo.

(…) Mi historia es radicalmente distinta. Empecé tarde, pero no exagero si digo que cuando llegué a la poesía, a principios de los años sesenta, tuvo un efecto mágico sobre mí. Mi aprendizaje tuvo lugar entre los veinte y los treinta años. Y aprendí a trabajar de verdad, a trabajar duro y con un propósito, ya cumplida la treintena”.

 

 

(Imágenes: -1-ilustración de David Blackwood/ 2- Constable – 1821- Museo victoria  y alberto/ 3- revista Time)

EL LIBRO Y EL LIBRERO

 

 

“Éste es  el libro de un librero pretencioso – quiso dejar dicho  Héctor Yánover, un gran librero de la ciudad de Buenos Aires en el siglo XX -. Éstas son las primeras líneas de ese libro. Estas palabras constituirán las primeras de la primera página. Y todas las palabras, líneas, páginas, formarán el libro. Ustedes, hipotéticos lectores, ¿tienen idea de lo terrible que es para un librero escribir un libro? Un librero es un hombre que cuando descansa lee; cuando lee, lee catálogos de libros;  cuando pasea, se detiene frente a las vidrieras de otras librerías; cuando va a otra ciudad, otro país, visita libreros y editores. Entonces un día, este hombre decide escribir un libro sobre su oficio. Un libro dentro de otro libro que irá a juntarse con los otros de los escaparates o los anaqueles de las librerías. Otro libro para acomodar, marcar, limpiar, reponer, excluir definitivamente. El librero es el ser más consciente de la futalidad del libro, de su importancia. Por eso es un hombre escindido; el libro es una mercancía para comprar y vender y él integra esa mercancía.  Se compra y se vende a sí mismo.”

 

 

La otra cara del librero – de las muchas que puede tener-  la resume Gabriel Zaid  en  “Los demasiados libros”: “para dar un servicio perfecto, un librero tiene dos soluciones utópicas: o tener todos los libros o tener un adivino. La ventaja de un adivino es que no necesita más que una inversión ridícula : bastaría con tener aquellos libros que van a ser pedidos hoy.  El cliente descubriría que todo lo que iba a comprar ( o iba a tener el impulso de comprar)  estaba ahí, esperándolo; y en los anaqueles no habría un libro más. Como no es posible tener un adivino, ni tener todos los libros, en la práctica se intenta una solución intermedia ( medio tenerlo todo; medio adivinar), con resultados deplorables para el librero y su clientela: gran parte de lo que hay no se pide, gran parte de lo que se pide  no hay.”

 

 

(Imágenes_1-librería Campomanes- Madrid- foto JJP/ 2-librería en la calle Arenal – Madrid- foto JJP/ 3- librería Calignari – foto JJP)

VIAJES POR EL MUNDO (22) : TOKIO

 

 

”La sala de las audiencias del palacio imperial – cuenta Engelbrecht Kaempfer en su visita a Tokio en 1692 – consiste en varias habitaciones orientadas hacia un punto central, algunas de las cuales estaban abiertas y otras cerradas por biombos y celosías.  El emperador y su consorte  imperial se sentaron tras las celosías de nuestra derecha. Como el emperador me había ordenado bailar, tuve la oportunidad de ver un par de veces  a la emperatriz a través de los huecos de las celosías y pude fijarme que tenía un rostro bello y moreno, de ojos negros y europeos, llenos de fuego, y por la proporción de su cabeza, que era enorme, estimo que era una mujer alta de cerca de 36 años de edad (…) El propio emperador estaba en un lugar tan oscuro, que no se advertía su presencia  hasta que su voz lo delataba, a pesar de que el emperador hablaba en voz baja, como si tuviera la intención de pasar de incógnito (…) La galería a nuestras espaldas estaba ocupada con los oficiales de alto rango de la corte del emperador y los caballeros de cámara. Después de que los inspectores de asuntos exteriores nos condujeran  a la galería ante la sala de audiencias, uno de los consejeros de estado de segundo grado llegó para recibirnos allí.

 

 

(…) El emperador, que hasta ese momento se había sentado entre las damas, a una distancia considerable de nosotros, se aproximó entonces y se sentó a nuestra derecha tras las celosías, tan cerca de nosotros como le fue posible. Entonces nos ordenó quitarnos nuestra capa o nuestro manto, que era nuestro vestido de ceremonia y que nos pusiéramos en pie, para poder vernos mejor, nos ordenó andar, que nos quedáramos quietos, que nos halagáramos entre nosotros, que bailásemos, que saltáramos, que nos hiciéramos pasar por borrachos, que hablásemos un mal japonés, que leyéramos en holandés, que pintáramos,  que cantáramos, que nos pusiéramos nuestros atuendos y que nos los quitásemos. Mientras tanto obedecimos las órdenes del emperador lo mejor que pudimos, a mi danza le agregué una canción de amor en alto alemán. De esta manera y con innumerables trucos de feria, sufrimos para contribuir a la diversión del emperador y de su corte.

 

 

Sin embargo, el embajador se libró de estas y otras órdenes por el estilo, ya que como él representa la autoridad de sus señores se tiene cuidado en que no haga nada que pueda perjudicarlo o lastimarlo. Además él tenía un semblante tan severo y un comportamiento tan serio que fue suficiente para convencer a los japoneses de que no era la persona adecuada para hacerle objeto de unas órdenes tan ridículas y cómicas como aquellas. Tras habernos ejercitado así durante dos horas, aunque con una gran y aparente urbanidad, algunos sirvientes con la cabeza afeitada aparecieron y pusieron ante nosotros una pequeña tabla con viandas japonesas y un par de palillos de marfil en lugar de cuchillos y tenedores. Tomamos y comimos algunos bocados y, a nuestro intérprete principal, aunque apenas podía caminar, se le ordenó recoger las sobras. Entonces se nos ordenó ponernos de nuevo nuestros mantos e irnos, lo que hicimos con gran alegría y premura, finalizando de este modo esta segunda audiencia con el emperador.”

 

 

(Imágenes-1-Utagawa Kunyoshi- sackler Gallery/ 2-Tosa Mitsouki- Wikipedia/ 3-Hiroshige- Wikipedia/ 4- Tokiwa Mitsunaga)

AUTOBIOGRAFÍA

 

 

“Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir,

y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores, hasta la última,

hasta aquella que tiene la estatura de un niño, y le besa y le cubre la frente,

así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo  de cartón en el baño,

sabiendo que jamás me he equivocado en nada,

sino en las cosas que yo más quería.”

Luis Rosales – “Autobiografía” – “Rimas” (1951)

(Imagen – Uta Barth – 2006 – magasin photo christer carlsson)

LÉGER Y EL CIRCO

 

 

Ahora que el IVAM de Valencia dedica una completa retrospectiva a Fernand Léger, releo las curiosas páginas que el artista  dedicó al circo en sus interesantes “Funciones de la pintura”.

”Id al circo – decía -. No hay nada más redondo que el circo. Es un enorme cubo en el que se desarrollan una serie de formas circulares. Nada se detiene, todo se encadena. La pista domina, manda, absorbe. El público es el decorado móvil, sigue con sus movimientos lo que ocurre en la pista. Los rostros se levantan, se agachan, gritan, ríen. El caballo da vueltas, el acróbata salta, el oso pasa a través del aro y el malabarista lanza sus anillas al espacio. Un circo es un continuo girar de masas, de gente, de animales y de objetos. Los ángulos ingratos y secos no tienen nada que hacer allí.

Id al circo. Dejáis vuestros rectángulos, vuestras ventanas geométricas y entráis en el país de los circuitos en acción.

 

 

Con o sin peligro. Sin red la atracción es mayor. Una araña agitándose en su tela. Por debajo, el público: cabezas luminosas que oscilan suavemente, unidas, pendientes de los desplazamientos de las camisetas rosas. La luz se desliza sobre los rostros circulares, con los ojos fijos en el puntito peligroso; redoble de tambor, silencio, se lanzó; tres peligrosos saltos en el vacío, una mano que tantea el espacio atrapa por los pelos la otra mano. Ya está. Los aplausos explotan, suben, bajan, como el pedrisco sobre un tejado; se unen, se mezclan, lo que marca el final de la ansiedad de una multitud pendiente de un punto único;  el hombre los acoge saludando amablemente sobre su trapecio, tan frágil que oscila como una barca sobre el agua.”

 

 

Léger, tan interesado siempre  en las formas dinámicas de las máquinas  y en sus bases geométricas : conos, ruedas dentadas, émbolos y brillantes superficies metálicas, también en sus figuras que a veces parecen autómatas, quiso revelar  en el circo nuevas dimensiones. Y resalta en él la redondez y lo circular – el cubo, la esfera  y el cilindro son algunos de los temas básicos del pintor – y  cuando el marchante y editor Kahnweiler evoca uno de sus cuadros de 1910  que representa unos árboles que se parecían a tubos de una estufa y unos  hombres, a su lado, como cilindros y esferas, recuerda que alguien dijo al contemplarlo, “esto no es cubismo, sino tubismo, arte tubular.”

Pero la visión del circo que nos entrega Léger – su visión de cubo y su forma circular – siempre nos sorprenderá.

 

 

(Imágenes -1-Ferdinand Léger/ 2- Léger- 1954/ 3- el pincel de Léger- 1934 / 4- Léger- Los constructores -1950)