EL TIEMPO HA DEJADO SU MANTO

 

“El tiempo ha dejado su manto

de viento, de frío y de lluvia

y se ha vestido con brocado

de reluciente sol claro y hermoso.

No hay bestia ni ave

que en su jerga no cante o grite:

el tiempo ha dejado su manto

de viento, de frío y de lluvia,

ríos, fuentes y arroyos

llevan, en su linda librea

gotas de plata repujada

cada uno estrena traje:

el tiempo ha dejado su manto

de viento, de frío y de lluvia.”

Charles d’ Orleans

 

 

(Imágenes—1-Eugene Smith. Hartman. fideart/ 2-Peter Watson)

LA VOZ DE HOKUSAI

 

 

“Gasté toda mi vida en observar, dibujar y pintar, pero hasta mi extrema vejez fui pobre —le hace decir Giovanni Papini en su “Juicio universalal pintor japonés Hokusai —.Durante sesenta años agucé la vista y el ingenio para representar la vida de los hombres y me faltó tiempo para otras tentaciones y acciones. Tú no puedes imaginarte qué éxtasis me daba a mí, humilde pintor apartado, la imaginación de cualquier forma de la vida, desde el pétalo que se separa ligero de la flor del cerezo y cae lento como mariposa que haya perdido un ala, hasta el hombre que corre entre mil mariposas de nieve en busca de la amada que ha huido. Por este camino llegué a ser hermano de todos los seres y, a su vez, dueño, ya que había sorprendido, en los jeroglíficos de las líneas sus secretos. .

 

 

La mayoría de los hombres se extinguían hacia los sesenta años. Poquísimos hombres, señalados como portentos, llegaban a los cien.  Yo alcancé casi los noventa y, sin embargo, aunque había estudiado y trabajado constantemente no logré  hacer lo que hubiera querido y, sobre todo, no pude alcanzar aquella suprema perfección que sólo pude vislumbrar y codiciar. Tú no puedes tener una idea de lo que era para nosotros, los hombres, una ciencia o un arte. Empresa ardua, fatigosa, penosa, pero sobre todo, larguísima.

 

 

Sólo a los cuarenta años comenzábamos a aprender en serio los rudimentos y los elementos de nuestro oficio. Sólo a los cincuenta empezábamos a comprender por qué camino cabía esperar que entendiéramos de veras. Sólo a los sesenta comenzábamos a dar los primeros ensayos dignos, a deletrear los primeros descubrimientos. Sólo a los ochenta se comenzaba de veras a comprender, a saber hacer, a poder enseñar.

Yo, por ejemplo, comencé  a dibujar a los diecisiete años con gran resolución y apasionamiento. Pero sólo cuando estuve cerca de los noventa advertí con infinita alegría e infinito dolor que por fin había aprendido a representar los movimientos y los reflejos de los peces en la transparencia del agua. Poco tiempo después  la muerte me arrancó el pincel de la mano”.

 



 

(Imágenes- 1,2,3 y 4- Hokusai)

GENTES (1) : EL LOCUAZ

 

 

 

“El “locuaz” o “hablador” es de este modo. – explica el filósofo griego Teofrasto – .: sentándose junto a otro a quien no conoce, y muy arrimado a él, lo primero que hace es un largo elogio de su propia mujer, después le expone el sueño que ha tenido esa noche. Sucesivamente le encaja, uno por uno, los platos que le sirvieron en la cena, y cebado ya en la conversación , añadirá que los hombres de estos tiempos son mucho peores que los antiguos; el precio que tiene el trigo en el mercado, y cómo la ciudad se va llenando de extranjeros. Cuenta que el mar está navegable, que si Dios enviase lluvia irían muy bien los campos y cosechas; que para el año siguiente ha de labrar por sí mismo sus tierras; que cuesta mucho mantenerse. Le relatará también cuántas son las columnas del teatro de la música.

El que está sentado junto a hombres semejantes debe desprenderse y escapar, si quiere no contraer fiebre, porque es mucho sufrir a personas que no distinguen ni el tiempo de vagar ni el ocupado.”

(Imagen —1- Bruce Gilden –1975)

LEER EN ÁFRICA

“Leer no es una actividad de ocio típicamente africana. La música, sí. Comer, sí. Hablar, también. Pero la lectura no, y en especial la lectura de novelas largas. A los africanos leer siempre nos ha parecido un asunto extrañamente solitario. Nos inquieta. — así se va expresando una novelista australiana, Elizabeth Costello, criatura de J. M. Coetzee —. Cuando los africanos visitamos grandes ciudades europeas como Paris o Londres, nos fijamos en cuánta gente saca libros de sus bolsas y bolsillos en los trenes y se retira a mundos solitarios. Cada vez que sale el libro es como si levantaran un letrero. “Dejadme en paz. Estoy leyendo —dice el letrero —. Lo que estoy leyendo es más interesante de lo que puedes ser tú.”

Bueno, en África no somos así. No nos gusta aislarnos del resto de la gente y retirarnos a mundos privados. Y tampoco estamos acostumbrados a que nuestros vecinos se retiren a mundos privados. África es un continente en el que la gente comparte. Leer un libro a solas no es compartir. Es como comer a solas o hablar solo. No es lo nuestro. Nos parece un poco chiflado. Los africanos no tienen dinero para lujos. En África, un libro debe ofrecerte algo a cambio de lo que pagas por ėl. ¿Qué voy a aprender si leo esta historia?, se pregunta el africano. .¿ Cómo me va a hacer progresar? Podemos deplorar la actitud del africano, pero no podemos pasarla por alto. Tenemos que tomarla en serio y tratar de entenderla.”

 

 


 

(Imágenes —1-Consuelo Kanaga -1948//2-Harold Feinstein -1955)

 

MOMENTOS DE INSPIRACIÓN

 

“No escribí prácticamente nada en un año. Mi esposa y yo hacíamos traducciones para llevarnos el pan a la mesa y el resto del tiempo me dedicaba a continuar con mis alocados proyectos financieros.—confesaba Paul Auster al recordar un momento de inspiración  —. Por momentos pensaba que estaba acabado, que nunca escribiría otra palabra. Entonces, en diciembre de 1978, asistí a un espectáculo de danza cuya coreografía había compuesto el amigo de un amigo y allí me ocurrió algo. Una revelación , una epifanía —no sabría cómo llamarlo. De repente se abrió ante mí un mundo lleno de posibilidades. Creo que tuvo que ver con la absoluta fluidez del espectáculo, el movimiento continuo de los bailarines que giraban sobre el escenario. El simple hecho de contemplar a hombres y  mujeres moviéndose en el espacio me llenaba de una sensación cercana a la euforia. Al día siguiente me senté  y comencé a escribir “Espacios blancos”, una pequeña obra de género impreciso , un intento de traducir en palabras la experiencia de aquel espectáculo de danza. Fue una liberación, un tremendo desahogo y ahora recuerdo aquel incidente como un puente entre el acto de escribir poesía  y el de escribir prosa. Aquella obra me convenció de que aún había un escritor dentro de mí.”

(Imagen —Gustave Caillebotte)

EL ARTE DE LA ESCRITURA (y 3)

 

“Puede ser que acompases tus palabras  —recuerda el escritor chino Lu Ji — con una rima tan pobre y tan escasa que, al final, sólo quede una huella imperceptible y una inmensa soledad. Así, quizá, esa rima se suspenda en el silencio sin otra nota que pueda secundarla, o se alce en el espacio, donde ni los ecos puedan responderle. Es igual que tocar una sola cuerda en un instrumento. Sonará clara y limpiamente, pero no habrá música acordada. Puede ocurrir que se tiña tu melodía de un tono tan débil y fatigoso que las palabras, inútilmente, serán långuidas. Esto es una única forma de belleza y fealdad compuesta. Una sustancia excelente pero cargada de imperfecciones. Es igual que los laúdes que suenan precipitándose en el patio. Entre ellos hay respuesta pero falta armonía.

Quizá abandones la Razón y prefieras quedarte con lo extraño, en una persecución de lo minúsculo, en un afán inútil de vacío. Así, no habrá emoción en las palabras, tampoco habrá ternura. Melodía que flota suspendida y no regresará. Es como una cuerda muy fina pero tañida violentamente. Puede ser que haya armonía pero no auténtica emoción..

Supón que el texto es de una límpida pureza, de una fina contención, eliminando lo complejo, abandonando siempre lo excesivo. Pero quizá le falte ese sabor antiguo de las pócimas secretas, rituales. Igual que las claras vibraciones  de las  cuerdas carmesíes de una cítara. Y es que, aunque uno cante y tres en coro le respondan, todo ello puede resultar digno y elegante, pero no grandioso.”

 

(Imágenes—1-Zhang  Xiagogan – 2007/ 2- Lín  Schunxiong)

ADIÓS MI RUISEÑOR

 

 

“Construí mi casa junto al bosque

para oírte cantar

y estuvo bien, fue dulce

el amor acababa de empezar.

Adiós mi ruiseñor

te encontré hace tiempo

pero ahora fallan todas tus bellas canciones

El bosque te rodea

El sol desciende tras un velo

Ahora es cuando me llamarías

descansa en paz mi ruiseñor

bajo tu rama de acebo.

Adiós mi ruiseñor

sólo vivía para estar junto a ti

por más que sigas cantando en algún lugar

ya no puedo oírte.”

Leonard Cohen – “Ruiseñor”

(Imagen – flirckr1)