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“El literato envidia al pintor; le gustaría tomar apuntes, notas, pero está perdido si lo hace. Pero cuando escribe no hay un gesto en sus personajes, un tic o un acento que no le haya sido llevado a su inspiración por su memoria; no hay un nombre de personaje inventado bajo el cual no se puedan poner sesenta nombres de personajes vistos, de quienes uno fue tomado como modelo para una mueca; el otro, para el monóculo; uno, para la cólera, y otro, para el aparatoso movimiento del brazo. Y entonces el escritor advierte que si su sueño de ser pintor no era realizable de una manera consciente y voluntaria, se encuentra, sin embargo, con que lo ha sido y que también el escritor ha llevado consigo, sin saberlo, su libreta de apuntes.., pues movido por el instinto que había en él, el escritor, mucho antes de creer que lo sería algún día, omitía regularmente mirar tantas cosas que los demás tienen en cuenta, cosa que le hacía ser acusado por los demás de distracción y por él mismo de no saber escuchar ni ver, pero durante ese tiempo dictaba a sus ojos y a sus oídos que retuviesen para siempre lo que a los demás les parecería insignificancias pueriles, al acento con que había sido dicha una frase, el aspecto del rostro y el movimiento de hombros que había hecho en determinado momento tal persona, de la que quizá no se sepa nada más, hace ya muchos años de ello, y esto porque ese acento ya lo había oído o sentía que podría volver a oírlo, que era algo renovable y duradero; es el sentimiento de lo general el que en el escritor futuro elige por sí mismo lo que es general y podrá entrar en la obra de arte”.

Marcel Proust – “El tiempo recobrado”- “En busca del tiempo perdido”

 

 

(Imágenes- 1- Luke Fowler – 2001 – Nacional galleries of scotland/ 2- Vivian Maier)

EL MAYORDOMO DE ISHIGURO

 

Entre muchos otros personajes de las novelas del reciente Premio Nobel de Literatura,  Kazuo Ishiguro, el mayordomo de su libro “Lo que queda del día” (1989), con sus medidos silencios y sus pausas, sus paseos solícitos y sigilosos por la casa, los movimientos indecisos de su corazón y sus modos de decir y de actuar, ha sido muy estudiado por los comentaristas y críticos actuales. David Lodge en “El arte de la ficción”, lo define como un “narrador poco fiable”, que nos fascina sin embargo con sus intervenciones y a la vez nos desorienta en sus intenciones íntimas. Es un mayordomo –  magistralmente interpretado luego  en el cine – que “no es un hombre malvado, pero su vida se ha basado en la supresión y evasión de la verdad, sobre sí mismo y sobre los demás. Su relato – recuerda Lodge – es una especie de confesión, pero está infestada de retorcidas justificaciones de su propia conducta y alegatos en defensa propia y sólo al final consigue entenderse a sí mismo, demasiado tarde para que le sirva de algo”.

Stevens, este narrador -mayordomo en la historia enmarcada en 1956 “ habla o escribe en un estilo quisquillosamente preciso y estirado; en una palabra, en una jerga de mayordomo. Objetivamente considerado, ese estilo no tiene el menor mérito literario. Carece por completo de ingenio, sensualidad y originalidad. Su eficacia como vehículo para esta novela reside precisamente en nuestra creciente percepción de su falta de sintonía con lo que describe”.

Y sin embargo quedará en nuestra memoria como un personaje que recordaremos, un persona de singular originalidad.

 

 

(Imágenes-1-Hans Wild/2- Giuseppe de Nittis)

ANIMALES

 

 

A principios de octubre se celebra el día mundial de los animales, y cuando se abren las páginas dedicadas por Ignacio Peyró a la vida y costumbres de Inglaterra – “Pompa y circunstancia” (Fórcola) – se encuentra uno con que “ la condesa de Eglinton, beldad célebre y mujer de intelectualidad y gusto, glosada como espejo de elegantes por Samuel Johnson, tenía domesticadas una docena de ratas que – según lamentaba su dueña – eran más agradecidas que cualquier persona con la que hubiese tratado. Alan Clark, por su parte, amaestraba grajillas. Y, junto al Club Taurino de Londres, no deja de haber otras agrupaciones – nos las cita Gardel-Jones – como el Fondo de Bienestar para Gatos Orientales o la Sociedad para la Educación sobre Hurones.

 

 

(…) La realeza amó los perros, y cada estirpe privilegió una raza, de los spaniels de Tudores y Estuardos a los pugs de la casa de Orange o los corgis de los Windsor. Es un amor antiguo: el duque de York, Eduardo ll, prisionero tras la batalla de Agincourt, escribe un pequeño tratado venatorio en el que juzga al perro como “ una criatura de razón” y “la mejor de entre todas las criaturas divinas”. En tiempos de la reina Victoria, precisamente cuando el bulldog comenzó a encarnar de modo icónico los valores de Inglaterra, los perros fungieron también como relaciones públicas de su dueño o símbolo de estatus: “ uno no puede llevar cualquier chucho tras de sí”. Augusto Assía, corresponsal español en Londres, los ve como único símbolo de posición social del “gentleman” tras el auge del sinsombrerismo”.

 

 

(Imágenes.1-Carol Gucy/ 2- Louis Wain- Wikipedia/ 3-Winslow Homer- 1893)

LA INSPIRACIÓN

 

 

“A la pregunta de qué es, en caso de que exista, los poetas de hoy dan una respuesta evasiva. Y no porque no hayan sentido lo beneficioso de este impulso interior. El motivo es otro. No es fácil explicar algo que uno mismo no entiende.

Yo también, al ser a veces interrogada sobre la inspiración, mantengo una prudente distancia respecto a lo esencial. Pero digo lo siguiente: la inspiración no es un privilegio exclusivo de los poetas o de los artistas en general. Hay, ha habido y seguirá habiendo cierto grupo de personas a las que toca la inspiración. Son todos aquellos que conscientemente eligen su trabajo y lo realizan con amor e imaginación. Se encuentra médicos así, y pedagogos, y jardineros, y otros en cien profesiones más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin siempre y cuando sean capaces de percibir nuevos desafíos. A pesar de dificultades y fracasos su curiosidad no se enfría. De cada duda resuelta sale volando un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, sea lo que sea, nace de un constante “no sé”.

 

 

Personas como esas no hay muchas. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja para ganarse la vida, trabaja porque tiene que trabajar. No son ellos mismos quienes con pasión eligen su trabajo, son las circunstancias de la vida las que eligen por ellos. El trabajo que no gusta, el que aburre, valorado sólo porque, incluso siendo desagradable y aburrido, no es accesible para todos, es uno de los peores infortunios humanos. Y no parece que los siglos que vienen vayan a traer algún cambio feliz.

Así pues me permito decir que, si bien les quito a los poetas el monopolio de la inspiración, los incluyo, de todos modos, en el pequeño grupo de los favorecidos por el destino”.

Wislawa Szymborska“El poeta y el mundo” (Discurso de recepción del Premio Nobel)

 

 

(Imágenes-1-Twombly– 1970/ 2.-Geraldine Sy/ 3.-David Kapp– 2014)

 

 

“Yo pinto como si fuera andando por la calle – decía Joan Miró en 1958 -. Recojo una perla o un mendrugo de pan; es eso lo que doy, lo que recojo; cuando me coloco delante de un lienzo, no sé nunca lo que voy a hacer; y yo soy el primer sorprendido de lo que sale.

Ir de mejoramiento en mejoramiento, en el sentido extremo de la palabra, es ir hacia una pura decadencia. Por donde hay que ir perfeccionándose es por dentro, a pesar de que ello comporte, como sucede con frecuencia, un fracaso exterior.

 

 

Considero que para hacer algo en el mundo se ha de sentir amor al riesgo y a la aventura y, sobre todo, saber prescindir de eso que el pueblo y las familias burguesas llaman “porvenir”.

No creo que el arte haya llegado a ningún callejón sin salida. El hombre siempre irá abriendo nuevas puertas; lo importante es saber a dónde conducen esas puertas. Y luego  tener fuerza para emprender el camino que se vea desde ellas”.


(Imágenes – Joan Miró : 1- un pájaro persigue a una abeja – 1927 – foto metropolitan museum art artist- rights soviety New York – the New York Times/ 2- 1976- andrew weiss gallery- artnet/ 3- el lagarto de las plumas de oro -1967- andrew weiss gallery- artnet)

ECO DE FUGAS

 

 

“No quiero verme,

desvíame el espejo

y que refleje sólo

otro reflejo.

Y cruza este

con los sables

de nuevos reflejos.

Pronto aparecerá

una irisación

y con ella la nada.

Y yo

sabiendo que

la forma no es real,

incólume,

estaré dentro,

permaneceré

inaccesible

a la mirada”.

Clara Janés – “Eco de fugas” -Metamorfósis”- Estructuras disipativas” (2017)

(Imagen – Heidi Kirkpatrich)

 

 

“Los hijos de Madrid cuenta Mesonero en suManualde 1833 – son en general vivos, penetrantes, satíricos, dotados de una fina amabilidad, y entusiastas por las modas. Afectan las costumbres extranjeras, hablan de todas materias con cierta superficialidad engañadora que aprendieron en la sociedad, y si bien el ingenio precoz que les distingue hace concebir de ellos las lisonjeras esperanzas en su edad primera, la educación demasiado regalada, las seducciones de la corte y otras causas, cortan el vuelo de aquellas facultades naturales, y les hacen quedar en tal estado. Así que, brillando por su elegancia, sus finos modales y su divertida locuacidad, se les ve permanecer alejados de los grandes puestos y relaciones, dejando el primer lugar en su mismo pueblo a los forasteros, que con más paciencia y menos arrogancia vienen a vencerlos sin encontrar gran resistencia de su parte.

 

 

Los forasteros vienen a Madrid, y lejos de sus familias, entregados a sí mismos, y sin las consideraciones orgullosas que inspira la presencia de sus compatriotas, adquieren más solidez en sus ideas, van derechos al fin, y no repugnan las privaciones y la paciencia necesarias para ello. Colocados en el puesto que anhelaron, se identifican con el pueblo que los ha visto elevarse, se confunden con sus naturales, adquieren los modales de la corte, y todos juntos forman la sociedad fina de Madrid, sociedad en que reina el buen tono, la amabilidad y una franqueza delicada.

 

 

Esta mezcla de costumbres, estas distintas situaciones, de magnates distinguidos, empleados en favor, capitalistas, pretendientes, caballeros de industria, y tantas otras clases, dan a este pueblo un carácter de originalidad no muy fácil de describir. El trato es superficial, como debe serlo en un pueblo grande donde no se conoce con quién se había, ni quién es el vecino. La confusión de las clases es general por esta causa; las conversaciones también generales por los diversos objetos públicos que cada día las fijan; las diversiones frías, y sin aquel aire de alegría y franqueza que da en nuestras provincias el conocerse todos los que las componen; pero de esas mismas circunstancias nace la conveniencia de poder vivir cada uno a su modo, sin el temor de la censura y de los obstáculos que presenta un pueblo pequeño”.

 

 

(Imágenes – Eduardo Vicente – ciudad de la pintura :  / 1-cielo y perspectiva de Madrid/  2-barrios bajos/3- Madrid desde el Manzanares/4-  tomando un trago)