LO INVEROSÍMIL Y LA VERDAD

Lo inverosímil es ccn frecuencia la propia verdad.

Bien está montarse en un caballito de cartón — decía Pierre Bonnard —- pero no creer que sea Pegaso.

Un pintor en ciernes me decía un día: “Señor, siempre sale bien la primera capa de pintura, pero donde quiero verle es en la segunda.”

Representar sobre una superficie plana masas y objetos en el espacio, ese es — me decía—el problema del dibujo.

(Imágenes— 1- Bonnard //2 Pierre Bonnard)

VERANO 2022 (3) : CÓMO ES EL MAR


Algunos amigos me han escrito desde Madrid pidiéndome mi opinión acerca del mar — escribe Julio Camba—-.¿Es muy grande?- me pregunta uno de ellos. Honradamente debo contestarle que no lo sé, porque no lo he visto todo; vi un trozo en la ría de Arosa, otro en la de Marín y otro en la de Vigo. El mismo amigo me ruega le diga si el mar es bonito, y esta salida me pone en un aprieto. EL mar — tal como se le ve — no es ni mucho más bonito ni mucho mayor que el estanque del Retiro. Agua, agua salada que no sirve para beber : he aquí ell mar. Ha llegado ya la hora de decirle la verdad a este monstruo tan orgulloso. El mar es un prestigio falso. No es bonito ni mucho menos. La hermosura se la dan las playas y las costas.

El mar es muy inferior a su fama. SI vale algo es en el sentido industrial, como pescadería y como vía de comunicación. Los peces marinos, en efecto, son mejores que esos que fabrican en Madrid y que luego sirven en los cafés con salsa tártara o mayonesa. Pero líricamente, el mar no tiene importancia alguna. Al mar, como a muchos hombres, lo está perdiendo el afán de cambiar los negocios por la poesía.

(Imagen- Raul dufy- 1925)

VERANO 2022 : FLORES DE LOTO

Rostros de flor entre flores de lotos.

Verdes faldas entre el verdor de las hojas.

En la espesura no se las encuentra.

Sólo su canción delata su presencia.

Wang Changling ( 698- 756) – “Canción de las doncellas recolectoras de lotos“

(Imágenes— wikipedia)

FLORES Y VELAS : EL SÓTANO DEL BOTÁNICO


(…) Asomándose entre los tubos de acero como si fueran ventanas sorprendentes, vi de pronto una serie de pétalos ondulados de una gran rosa, ( que después averiguaría que se llamaba rosa ”Hansa”), una maravillosa rosa de flores grandes y dobles, de atractivo color violeta rojizo con reflejos malva. Estaba como asomada a la ventana del mundo, acodada entre hierros y tubos, tal y como si me hablase. Me sorprendió su altura asomando su cabeza entre tantos tubos cruzados y también quedé admirado de cómo se agrupaba, pero sobre todo me llegó de repente hasta mí su intensa fragancia con especiado perfume y con una pizca de clavo de olor. Sentí que no estuviera en ese momento a mi lado el pequeño alemán, Bruno Schil de pelo desgreñado y rostro lívido que tanto amaba los olores y que me hubiera ilustrado mucho sobre el fenómeno que yo estaba recibiendo en esos momentos. Aunque recibí muchos más. Anduve unos pasos adelante y quedé nuevamente sorprendido por cuanto veía. Aparte de la gran rosa color violeta que seguía asomando en lo alto entre distintos tubos metálicos, aparecían aquí y allá cabezas de lirios, tulipanes, narcisos y peonias distribuidos entre ondulaciones de hierros de acero inoxidable formando un extraño escenario floral por todo el subsuelo del Botánico. Yo había leído hacía tiempo que aquellas tierras del Jardín que se alargaban por encima del sótano que yo ahora atravesaba, habían surgido en 1755 cuando Fernando Vl ordenó la creación del Real Jardín Botánico de Madrid, que en sus inicios había quedado instalado en la llamada Huerta de Migas Calientes, en las inmediaciones de lo que hoy se denomina Puerta de Hierro, a orillas del río Manzanares. Luego, en 1774, Carlos lll dio instrucciones para su emplazamiento en el Paseo del Prado, que es el que tenía ahora. Pero todo aquello era ya historia. Como también era historia el sistema de riegos que se había aplicado para los jardines o como era historia la cesión de hectáreas de aquella enorme superficie para poder elevar más tarde el que sería al fondo Ministerio de Agricultura o para abrir la calle de Claudio Moyano, popular Cuesta de Moyano ilustrada de libros. Lo que en cambio no era historia sino asombrosa realidad era lo que yo continuaba contemplando. Aparecía en lo alto del camino que estaba recorriendo otra gran flor de color rosa pálido en su núcleo y casi fucsia en los bordes del pétalo trasmitiendo a todo el sótano un agradable aroma a limón y junto a ella una pequeña rosa intensamente amarilla. En medio de las dos rosas, y sostenidas por candelabros de cera, figuraban una serie de velas, no sólo con luz propia que iluminaba todo el sótano, sino ofreciendo diversas fragancias basadas, según me atrevería decir, en las esencias de un jardín de plantas. Como carezco de la sensibilidad que indudablemente poseía Bruno Schill para deleitarse con los olores, recuerdo que cuando tiempo después, los dos, Schill y yo, charlamos y paseamos por uno de aquellos pasillos, le comenté la impresión que me habían causado aquellas velas iluminadas y aromáticas, y él se aventuró a decir que quizá, aunque realmente no podía asegurarlo con certeza, aquellas velas guardarían esencias singulares, como por ejemplo, podían perfectamente conservar la madreselva, el enebro, la hiedra, el orégano o el ciprés. Como yo soy un profano en toda esta materia, me limité a anotar todo cuanto me decía y no añadí nada más.


Pero me parecía mentira viendo todo aquello que un arquitecto tan célebre como el argentino César Pelli, célebre entre otras cosas, por su capacidad para levantar torres altivas ante el cielo malasio o neoyorkino como había logrado hacer con las Torres Petronas en Kuala Lumpur o con el complejo del World Financial Center en Nueva York, tan afectado luego por el atentado del 11-S, hubiera querido detenerse en detalles tan nimios pero esenciales como las flores y las velas en ese largo subterráneo del museo de Madrid. Había querido iluminar y embellecer muy bien aquel espacio y para ello había aplicado fórmulas prácticamente idénticas a las usadas por él en su Museo Nacional de Arte de Osaka con una estructura completamente libre de restricciones geométricas. En Osaka la estructura de su museo la había basado en tubos de acero inoxidable recubiertos de titanio que emergían a nivel del suelo para desenvolverse luego como las alas de un ave. Pero los tubos que Pelli había colocado en Osaka presentaban un juego de vidrio que les permitía balancearse en el aire en todas direcciones presentando una especie de juego de cañas ondeando al viento y formando una ”selva” de tubos metálicos como alegoría — muy japonesa— de un ”bosque de bambú”. Aquí, en cambio, el juego de tubos metálicos envolvía y hacía moverse un amplio mapa de flores que me llevaba inevitablemente a la admirada contemplación.


José Julio Perlado

(del libro ”La mirada’) ( relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imágenes—1- jazmines/ 2- peonia / 3-velas aromáticas – wikipedia)

VERANO 2022 (1) : LA VÍA LÁCTEA

El sol enciende el Pico de Incensario,

que exhala un vapor violáceo

Lejos una cascada

cuelga de la montaña.

En un vertiginoso vuelo

rueda mil pies hacia abajo.

¿Estará la Vía Láctea cayendo

de lo más alto del cielo?

Li Bai (701- 762)

(Imágenes—1- Walter Leistikov/2-Chip Hooper weston gallery)

YO NO ESCRIBIRÍA HOY ASÍ

Mediocre valor el de la mirada retrospectiva que el escritor arroja sobre sus libros — dice Julien Gracq—:su contenido, demasiado remachado durante su confección, ya no le sirve de nada; al contrario, se agudiza exageradamente en él con el paso de los años, la sensibilidad a las mutaciones de la forma ( “ yo no escribiría hoy así”) Todos los signos de madurez o de envejecimiento, que aporta un simple intervalo de algunos años, son percibidos,registrados pot él, con una sensibilidad en alerta.

(Imagen— Sueo Tacano)

CALOR

Según cuenta Cirlot en su “Diccionario de símbolos”, la representación del calor tiene siempre un sentido simbólico relacionado con la maduración de un proceso cualquiera, sea biológico o espiritual. La representación gráfica del calor, en los emblemas solares, se verifica por medio de rayos ondulantes, que alternan con los rectos correspondientes a la expresión de la luz. Por su parte, también en su ‘Diccionario de símbolos’” de Jean Chevalier, el calor anuncia psíquicamente la luz, como el amor al conocimiento intuitivo o a la actividad del espíritu. En la antigua China, el fuego y el calor estaban asociados al tema de la sequedad y de la obtención de la lluvia que en muchos casos suponía el calor rojo.

(Imagen— mysane artmayeur)

VIAJES POR EL MUNDO (47) : LAS ORILLAS DEL NILO

Era un verdadero placer — recordaba Gonzenbach en 1887 —- aquel paseo, gozando del aire fresco de la mañana y observando todo lo característico que ofrecían la campiña y las gentes; extraviarse era cosa imposible, pues el camino seguía la misma dirección que el Nilo, y no teníamos más que volver la vista para descubrir por encima de las palmeras y de otros árboles el rojo gallardete del ”Sesostris” remontando lentamente el río.

Mientras duró el viento y nos fue permitido navegar todo el día, no tuvimos ocasión de trabar conocimiento más íntimo con nuestra tripulación, pero luego, con el embarcar y desembarcar en los puntos de parada, y al encontrarnos en la orilla con los que tiraban del cable de remolque, nos fuimos familiarizando poco a poco con aquellas caras tostadas, cuyos labios siempre tenían para nosotros un saludo cortés o una cariñosa sonrisa. Así nació en nosotros el deseo de aprender algunas frases árabes para entendernos directamente con esta gente sin tener que acudir al dragomán y muy pronto, así las señoras como yo mismo, aprovechamos toda oportunidad para hablar árabe con el capitán, el piloto y Hassán, el primer camarero.

Todas las noches nuestros hombres, si no están muy cansados de su trabajo de remolque, nos alegran con sus cantares, reuniéndose al efecto en el castillo de proa, mientras va circulando la pipa, cargada con tabaco de propiedad común, a manera de tambor la ”darabuka”, que consiste en una piel estirada y sujeta en la boca de una vasija de barro. Mohamed canta solo, haciendo extraños movimientos e inflexiones con la cabeza y con la voz, lo que acaso el gusto oriental considere prodigioso: el coro sólo deja oír de cuando en cuando un prolongado ¡ah! El repertorio no es muy extenso, repitiéndose a menudo la misma melodía: parece que el mérito del cantor estriba no tanto en el buen metal y ajuste de su voz como en poder sostenerla durante largo tiempo sin tomar aspiración

(Imágenes— wikipedia)

EL CLAUSTRO DEL BOTÅNICO

Fue al salir de ver el autorretrato de Luca Cambiaso cuando, no sé por qué, quizá para cambiar un poco el itinerario de mis visitas habituales al museo y distraerme de otra forma, o bien por mera curiosidad para descubrir otros lugares, en vez de continuar de sala en sala observando pinturas y miradas, quise adentrarme y salir del claustro por la parte abierta que daba al Jardín Botánico, y no sólo por salir sino para indagar, en la medida en que me era posible, aquel mundo original del que me habían hablado tanto: la creación del arquitecto argentino César Pelli con el que él había querido rodear el edificio. Recuerdo que lo primero que me asombró fue la mezcla de tubos de acero y de flores entrelazados que evocaban en cierto modo un escenario parecido al de una sorprendente selva. Allí asomaba, por ejemplo, entre los hierros retorcidos y etéreos de todos los tamaños que el arquitecto había colocado como decoración, el color y la fragancia de unas grandes rosas enroscadas, si así puede decirse, rosas enormes entre tubos brillantes de metal en un conjunto que sugería extrañas figuras. Pelli, como ya había querido resolver en su Museo Nacional de Arte de Osaka al tener que construir su museo en el subsuelo, no había tenido más remedio que soslayar las corrientes subterráneas de los ríos japoneses estableciendo una especie de capas impermeabilizadas con paredes interiores de gran espesor para proteger todo su museo contra la humedad y los terremotos. Pero aquí no estábamos en Japón ni ocurría nada de eso. Aquí no había ríos subterráneos ni terremotos, y en cambio, sí se extendía debajo de nosotros el amplio subsuelo del Botánico como concreta realidad. Asomándose entre los tubos de acero como si fueran ventanas sorprendentes, vi de pronto una serie de pétalos ondulados de una gran rosa, ( que después averiguaría que se llamaba rosa ”Hansa”), una maravillosa rosa de flores grandes y dobles, de atractivo color violeta rojizo con reflejos malva. Estaba como asomada a la ventana del mundo, acodada entre hierros y tubos, tal y como si me hablase. Me sorprendió su altura asomando su cabeza entre tantos tubos cruzados y también quedé admirado de cómo se agrupaba, pero sobre todo me llegó de repente hasta mí su intensa fragancia con especiado perfume y con una pizca de clavo de olor. Sentí que no estuviera en ese momento a mi lado el pequeño alemán, Bruno Schil, que tanto amaba los olores y que me hubiera ilustrado mucho sobre el fenómeno que yo estaba recibiendo en esos momentos. Aunque recibí muchos más.

José Julio Perlado

(del libro ”La mirada”) (relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

( Imágenes— 1-rosa haeckel – 1836- Wikipedia/ 2- rosa dorola – wikipedia


AÑADIR O QUITAR

( Imagen – Daniele da Volterra (Daniele Ricciarelli) (Italian, Volterra 1509–1566 Rome) Michelangelo Buonarroti The Metropolitan Museum of Art, New York,)

Añadir o quitar, ése es el dilema. En 1549 el florentino Benedetto Varchi recibió la respuesta de Miguel Angel al cuestionario que Varchi le había mandado hacía unos meses.. ”Podría decirse infinidad de cosas nunca dichas de tales materias — le decía— , pero como ya advertí nos llevaría demasiado tiempo, y tengo muy poco, puesto que no sólo soy un anciano, sino que casi puedo contarme entre los muertos.” Miguel Angel no disimulaba su irritación al ser importunado por Varchi, que había mandado sus preguntas también a Vasari o a Cellini. El excelente historiador del arte contemporáneo, el británico Rudolf Wittkower, en su libro sobre los principios y procesos de la escultura, comenta esas declaraciones de Miguel Angel pero añade que el gran artista dijo algo importante: “Por escultura entiendo aquello que se hace a fuerza de quitar, pues lo que se hace a fuerza de añadir — es decir, de modelar —- se asemeja más bien a la pintura.”

Creo que ahí está todo.

También en la novela, en el cuento o en la poesía.

José Julio Perlado

( Benedetto Varchi)

AHORA SÉ CÓMO SE DESVANECEN LOS ROSTROS

Ahora sé cómo se desvanecen los rostros,

Cómo bajo los párpados anida el terror.

Cómo el dolor traza en las mejillas

rudas páginas cuneiformes.

Cómo unos rizos cenIcientos y negros

se tornan plateados de repente,

la sonrisa se marchita en los labios dóciles

y en una risa seca tiembla el pavor.

Y no sólo por mí rezo,

sino por quienes permanecieron allí conmigo,

en el frío feroz y en el infierno de Julio,

bajo el muro rojo y ciego.

Anna Ajmátova

(Imágenes—1- Franz Hals 1630/ 2- Anna ajmátovva- museo de Malaga)

INMORTAL

El día en que descubrí que mi padre era inmortal estábamos los dos, recuerdo, ( “recuerdo” tengo que decir porque asi me lo enseñaron a evocar) en el despacho, en pie, a media tarde, al lado de la biblioteca. Estaba él con un libro abierto, un libro grande, antiguo, muy leído por él, con las cubiertas azules algo desgastadas de tanta trato y lectura. Yo tenía en ese momento 28 años y él 64 . ” Es el “Eclesiástico” — me dijo —, un libro del Antiguo Testamento, un libro lleno de Sabiduría.” Y me leyó : “ Antes de los siglos, en el principio, Él me creó, y por los siglos no dejaré de existir”.

Y ahora siempre que entro en el despacho —esté o no esté él — veo allí a mi padre, de nuevo de pie, a mi lado, Inmortal.

José Julio Perlado

(Imagen— Turner- elpais)

LAS PERSONAS Y LOS AROMAS

La persona amigable —- me siguió diciendo aquel alemán, Bruno Schill, mientras paseábamos por el claustro del museo — prefiere el aroma del pino, cosa curiosa. Son personas dulces y a veces indecisas. Funcionan mejor en relaciones cerradas, seguras y a salvo. Tienden a ser sumisas y puede que no deseen cambios en sus vidas. Son personas comprensivas, tolerantes, amigables, que les gusta hacer nuevos amigos y tratar de complacer a otros, y se involucran profundamente en sus relaciones personales.

Por otro lado — continuó diciendo Schill —, las personas cumplidoras está comprobado que prefieren los aromas frutales. Tienden a ser perseverantes y ambiciosas, persistentes y dominantes: son reconocidas como líderes naturales. Tienen sueños de grandeza, son arrogantes y pretenciosas, aunque a veces resulten encantadoras. Dada su personalidad altanera, deben intentar ser más tolerantes y cultivar la paciencia. Los demás pueden contar con la personalidad que prefiere el aroma de las frutas para garantizar que las cosas salgan bien.

A su vez la persona cautelosa – añadió el alemán mientras paseaba a mi lado — gusta del aroma de las flores. Suelen ser intelectuales e introvertidas, demasiado cautelosas en sus relaciones, son reservadas e intuititivas. Guardan bien los secretos. Son cautelosas y a menudo dependen de otros para la toma de decisiones cotidianas; suelen seguir al pie de la letra las órdenes recibidas.

Por otro lado, las personas ”viva la vida” prefieren el aroma del café y están llenas de energía. Viven la vida con gusto y disfrutan cada minuto. No les preocupa el futuro y se centra en el momento. Al entregarse por completo a todo lo que hacen a veces prometen más de lo que pueden cumplir. Si se quieren hacer planes para salir con estas personas, va a tener que esperar su turno.

Yo le escuchaba atentamente. Se detuvo un momento Schill y luego prosiguió:

La persona incondicional prefiere — y así está demostrado — el olor a hierbas y especias: son personas amigables y suelen ir con la corriente. Son amigos leales y verdaderos y tienden a ser fieles tanto en sus relaciones románticas como en su ambiente de trabajo., donde funcionan mejor como parte de un equipo. Prefieren evitar los problemas soslayando confrontaciones y con facilidad le dan el crédito de sus acciones a ls demás. Valoran enormemente el espíritu de equipo.

En lo que refiere a la persona perfeccionista — continuó el alemán — prefiere el olor de la naturaleza y tiene una personalidad idealista. Suelen ser muy estrictos en la puntualidad, organizados y productivos. Muestran confianza y competividad en el trabajo y prestan atención a lo que piensan de ellos los demás. Prefieren las cosas buenas de la vida y las comidas ’gourmet’.

Y las personas rebeldes— dijo Schill — prefieren el olor a jazmín.. Les gusta establecer sus propias reglas. Trabajan mejor de manera individual pues suelen tener un punto de vista diferente de cómo hacer las cosas. Aunque parecen estar aislados, son fuertes y buscan cambiar las cosas para hacerlas de una manera mejor. Son individuos de carácter firme y suelen enfocarse en la dirección que quieren tomar en sus vidas.

Luego los dos proseguimos nuestro interesante paseo por el claustro del museo y continuamos charlando.

José Julio Perlado

(del libro ”La mirada”) (relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imágenes— 1- Ancha Gosnik Godec/ 2- Paolo Scalera/ 3- Qin Thianzhu -fine art gallery/ 4- Pierre Bonnard- 1906)

ENTREVISTA SOBRE ”LOS CUADERNOS MIQUELRIUS”

Anoto aquí la reciente entrevista que me han hecho sobre mi último libro

«Documentarse es un trabajo oscuro pero necesario»

Esther Peñas / Madrid

En Los cuadernos de Miquelrius (Funambulista), José Julio Perlado (Madrid, 1936) más próximo a unas memorias que a una autobiografía, hace un ejercicio de memoria y reflexión, con una veta lírica sutil. En ellos se evocan encuentros con algunas personalidades más fructíferas del XX (Fellini, Cortázar, Baroja…), el titubeo de todo autor a propósito de la validez de lo escrito, una zarabanda constante con su ciudad natal, pero también con otras como París o Roma, y una reflexión sobre la validez de la palabra. 

«Eran unos cuadernos alargados, de tapa dura, de pequeñas cuadrículas…» ¿Cómo condiciona el soporte —estos cuadernos específicos, en el caso que nos ocupa— en lo escrito?

Para mí, esas líneas y cuadrículas me han sido siempre muy cómodas. No me han condicionado lo escrito. La tapa dura y alargada de esos cuadernos me ha ayudado a escribir en cualquier sitio porque en esas tapas me he apoyado. No me han ayudado en cambio las hojas sueltas ni las hojas pequeñas, excepto para tomar notas y hacer esbozos para obras. Es un simple tema de ayuda y de comodidad. Es una costumbre. Eso me ha invitado materialmente a escribir.

¿Cómo se sabe que un texto «funcionará»? 

Reconozco que la palabra «funcionar» o «no funcionar» no es la palabra correcta. Pero, por ejemplo, para un editor esa es una palabra clave, precisamente porque arriesga su dinero. También para el director o los intérpretes de una obra de teatro o de cine. Lo mismo en el caso de un programa de televisión. Pero, por ejemplo, ante un poema o un libro de poemas, no debería decirse nunca «funcionará». El poema está en otro ámbito, mucho más profundo y más alto, no es cuestión de funcionar sino de emocionar, de llegar a la intimidad del lector. En mi caso, como al principio de mi libro hablo de un editor, quise emplearla. Pero —por seguir usando esa palabra—, se sabe si un libro «funcionará» si tiene un eco de lectores, sea pequeño o grande; más aún si va de boca en boca. Un ejemplo de cómo fue una obra de boca en boca fue Cien años de soledad, mucho antes que las críticas y valoraciones posteriores. Pero todo eso tiene muchos matices. Un libro puede pasar desapercibido al principio y remontar luego con el tiempo. Influyen las modas, los críticos, numerosas cosas. No hay que obsesionarse con que un libro «funcione». Hay que escribir lo que uno quiere y lo que debe escribir.

¿Cómo reconocer qué cosas merecen la pena ser contadas?

Pues pienso que hay muchas respuestas para esa pregunta. Merecen ser contadas cosas interiores o exteriores que le han sucedido a uno y que uno cree que pueden tener algún interés, bien sea para los demás o bien, para evocarlas nuevamente para uno y revivirlas. Merecen ser contados recuerdos históricos que de algún modo enriquezcan cosas ya sabidas pero que las iluminen y complementen. Merecen ser contados descubrimientos de la personalidad o vivencias que uno ha tenido, aun con el riesgo de que hayan sido dichas ya por otros. No hay que olvidar que cada individuo tiene su personalidad, es único e irrepetible, y por tanto merece contar, siempre que él lo crea interesante, su propia experiencia. En el caso de mi blog, por ejemplo, prima siempre el interés hacia los demás, no el interés mío, prima el manifestar y divulgar cosas que puedan enriquecer, servir, enseñar o incluso meramente entretener a los demás. El resultado de ese interés hacia los demás, y no hacia mí, es la causa por la que escriba en el blog — porque pienso en ellos al escribir diariamente —y de ahí sale esa cifra de 1. 8OO.OOO visitas que tengo.

Le devuelvo la pregunta que se hacía su madre: ¿qué es el niño llamado José Julio Perlado, de mayor?

El niño de entonces, siempre —desde los 11 años—, tuvo una gran inclinación por la lectura. También por la escritura. Luego vino el estudio casi permanente, la investigación, la formación, la curiosidad, y yo creo que también la mezcla entre la invención y la observación. En líneas muy generales, puede decirse que existe una literatura de observación y una literatura de invención. Dos ejemplos de literatura de observación serían Delibes y Pla: los dos lo han confesado así. Los dos estaban mucho más capacitados para observar que para inventar. Y un ejemplo de escritura de invención y a la vez de observación es Ferlosio. Ferlosio escribe El Jarama como pura observación, y Alfanhui como pura invención. Yo, en mi modesta medida de lo posible, he mezclado la invención con la observación; creo que me inclino más hacia la invención, me atrae más la invención, pero la observación lleva mucha documentación — también la invención, que tiene ese soporte—: documentarse para luego inventar historias es esencial. Y documentarse lleva mucho trabajo. Durante dos años se documenta Vargas Llosa para luego inventar y poner en pie situaciones y personajes. Documentarse es un trabajo oscuro pero necesario.

Pirandello, Thomas Mann, Malraux, Pound, Cortázar, Stanislaw Lem, Quevedo, García Márquez… de todos los autores que deambulas citados por estas páginas, ¿cuál le ha conmovido más y la obra de quién de ellos le resultó seminal?

Son muy dispares. Thomas Mann, para mí, es un ejemplo de trabajo constante y de una vida literaria abierta a grandes temas y ambiciones: ahí están Los Budembrook o Doktor Faustus. Cortázar es un excelente cuentista, no un novelista. Malraux es un intelectual abierto a muchas artes, por ejemplo, a la pintura, con su Museo imaginario. Pirandello profundiza e investiga en el alma humana, y eso a mí me interesa. De todos los citados en la pregunta me quedaría como enseñanza de ambición y de trabajo con Thomas Mann, que supera las fronteras del siglo XlX precisamente por sus grandes temas, aunque ahora se escriba de otro modo.

Me ha sorprendido no ver citado a un autor que, al menos el año en el que usted me dio clase, fue convocado en numerosas ocasiones: Julio Camba…

Supongo que cité en clase a Julio Camba porque me parece un ejemplo de periodista observador, lleno de humor e ironía, que supo extraer originalidad y nuevos puntos de vista a las cosas. Fue un excelente corresponsal, viajero y, sobre todo, un gran articulista. No lo cito en mi libro porque no puedo citar a todo el mundo. Como tampoco cito, por ejemplo, a Alvaro Cunqueiro, otro excelente articulista, lleno de inventiva, que a mí me atrae mucho. Como tampoco cito detenidamente a Pla, un escritor muy dotado para la observación, como así lo refleja en sus Diarios.

A Perlado, ¿también le gusta más Proust que Joyce?

Sí, a mí me gusta más Proust que Joyce, los dos que revolucionan la novela moderna. Proust indaga en los matices de la sensibilidad humana, y lo hace con un estilo muy personal, evocando recuerdos. De Joyce — como digo en mi libro — me interesan sus Cuentos de Dublín, que retratan la parálisis de Irlanda. Y de todos sus cuentos el titulado Los muertos, que es un relato admirable.

¿Cuánto hay —de haber— de Hildrebando en Perlado, dado el equívoco insistente de Fellini?

Yo creo que no hay nada. Fue una invención o fantasía de Fellini en aquel momento y nada más.

Sin ánimo de ser impertinente, ¿es posible que dos personas (pensemos en usted y Saramago) imaginen un mismo argumento (pongamos una pandemia que cursa paralizando la muerte)? ¿Nunca se le ocurrió interponen una denuncia por plagio?

Lo que me dijo Saramago únicamente aquel día que le vi fue que «las ideas están en el aire» y no me dijo nada más. Nunca quise interponer una denuncia.

¿De qué cura escribir?

Cura de muchas cosas. Por ejemplo, de la soledad. También cura de las supuestas reflexiones sobre si uno tiene un mundo interior propio que quisiera comunicarlo o confesarlo. Cura del aislamiento excesivo, del estar siempre pensando sólo en uno mismo y no en los demás. Puede curar de la aflicción, de cualquier sentimiento — el amor, por ejemplo — y abrir más campos a la felicidad. Puede curar también de la timidez y del silencio obsesivo o enfermizo. Creo que puede proporcionar el integrarse en un mundo exterior gracias a que uno intenta comunicar cosas suyas interiores.

¿Qué distingue —en cuanto a placer y esfuerzo—una pieza periodística de una obra literaria—?

Una obra literaria y una periodística son dos cosas muy distintas. Las dos requieren esfuerzo. Hacer las cosas bien supone siempre un esfuerzo. El placer de escribir un libro es más profundo, más trabajoso, lleva consigo mucha más fe en uno mismo y sobre todo mucha más paciencia — se puede uno pasar dos años mínimo escribiendo un libro—. El placer de escribir una pieza periodística es más inmediato, más fugaz, está acuciado por la velocidad, la instantaneidad, la prisa. Y, sin embargo, uno puede encontrar satisfacción al terminar una pieza periodística si le ha salido redonda respecto a datos, precisión y estilo, si con ella ha contribuido a informar o comentar o interpretar mejor un tema, si ha ofrecido un trabajo de interés para los lectores inmediatos.

Como profesor de Periodismo, estos tiempos de abolida bonanza y mucha procela —en el decir de Azorín— para la verdad, para la estricta información, ¿son irreversible? ¿Cómo es posible que cunda tanto pensamiento mágico, tanta paparrucha que aceptemos sin cuestionarla siquiera, por qué se ha sentimentalizado de tal modo el discurso?

En estos momentos, y hablando en términos muy generales, el periodismo carece de un pensamiento crítico, no se enjuician en profundidad los temas, muchas veces no se contrastan las fuentes, se informa de una manera cómoda, no crítica, se pliegan muchas empresas a los intereses de los gobiernos o a los intereses comerciales, sobre todo porque hay una dependencia comercial, publicitaria y económica respecto a los grupos de presión, empresas o gabinetes de gobierno. Hay algunos periodistas que adoptan una mirada crítica y cercana a la independencia, pero no son demasiados. Naturalmente, es más cómodo no enjuiciar demasiado, pero eso no es lo que se debe hacer, y a esa comodidad hay que añadir la comodidad de las nuevas tecnologías que transmiten el mundo de pantalla a pantalla, eludiendo si pueden el trato directo y humano, porque ello supone — viajes, desplazamientos, etc.— desembolsar dinero como empresa; por tanto, se soslaya muchas veces el trato directo humano, el detalle de las facciones, las dudas, la atmósfera, el ambiente, es decir, todo lo que transmite la personalidad de un ser humano, por ejemplo, a la hora de hacer un buen reportaje. Las vidas enteras de los demás hay que reflejarlas en el periodismo, y no sólo las palabras. Los gobiernos tienen periodistas afines a sus intereses y eso es lo que buscan y en lo que se apoyan.

¿Cómo saber que uno «cumple con su obligación» del mejor modo posible?

Cuando uno es honesto consigo mismo, con su conciencia, con su pensamiento y con sus valores. En el campo de la literatura y del arte uno debe de hacer lo que cree que debe y tiene que hacer, no las modas ni los aplausos. En mi libro pongo dos ejemplos, al menos en lo que se refiere a las dimensiones: Giacometti, con sus figuras estilizadas, y Botero, con sus figuras orondas. Uno tiene que escribir lo que cree que debe y cree que tiene que escribir. Uno no puede traicionarse a sí mismo.

CORTAR EL COLOR

Dibujar con las tijeras —-decÍa Matisse en 1947

Cortar en vivo en el color me recuerda la talla directa de las esculturas

Esas imágenes de timbres vivos y violentos son producidas por las cristalizaciones de los recuerdos de circo, de los cuentos populares y de los viajes.

( Imágenes- 1 y 2- Matisse- wikipedia)