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OJOS DE ANNA MAGNANI

 

 

“Aquí está cual la vi aquella noche – escribió de ella Indro Montanelli fijándose en Anna Magnani en un hotel de Milán – , con los negros cabellos desgreñados sobre la frente sin necesidad de peluquero, entre los cuales brillan los ojos duros y tristes dentro de las hondas órbitas. Estos ojos saben encenderse y reír, cuando quieren; sonreír, jamás. Ella no los fuerza a una expresión jovial, ni siquiera ahora cuando viene a mi encuentro al umbral de mi habitación; los deja en estado bravo, en armonía con el resto de su persona, o sea con su dureza y tristeza habituales (…)  Pero, Dios, ¡qué bella es esta mujer fea, despeinada, sin afeites, que se yergue ante mí y, a través de los cristales, contempla discurrir la vida de la ciudad! No por un gesto de la mano, sino aterrorizados por el resplandor de los ojos sobre los que hacían sombra, los cabellos se le han alzado sobre la frente de mármol y ahora se pliegan dócilmente de lado y bajan a lamerle la mejilla en una caricia consoladora, mientras una lágrima, contenida, al parecer, hace años, le brota de lejos entre las pestañas y viene a ablandar la mirada dura y triste que naufraga en ellas lánguidamente”.

(Con motivo de la exposición que está teniendo lugar en Roma sobre la vida y el cine de Anna Magnani)

 

 

(Imágenes.- 1-Anna Magnani- colognoisseur/ 2.- Anna Magnani- foto publicitaria con su firma – Wikipedia)

A TODAS LAS CHICAS

 

 

“A todas las chicas

de todas las edades

que van y vienen por las calles

de esta ciudad

calladas o de cháchara

y posan

los pies en el suelo

primero uno luego el otro

uno dos

uno dos a veces

se paran a mirar

algún escaparate y de nuevo

forman la fila que va

de aquí a la China

por todas

partes de acá

para allá

de allá para acá”.

 

William  Carlos Williams – “Perpetuum Mobile”

(Imagen- Look Fashion)

SENTADO EN UN TREN

 

 

“Estar sentado en un tren – escribe Kafka hoy hace exactamente un siglo -, olvidarlo, vivir como en casa, acordarse de pronto, sentir la fuerza impulsora del tren, convertirse en viajero, sacar la gorra de la maleta, enfrentarse a los compañeros de viaje de una forma más libre, cordial, insistente, ser llevado al punto de destino sin mérito propio, sentir eso a la manera de un niño, convertirse en un favorito de las mujeres, estar sometido a la constante atracción de la ventanilla, siempre posar al menos una mano extendida en el borde de la ventanilla. Situación recortada más nítidamente: olvidar que se ha olvidado, convertirse de golpe en un niño que viaja solo en un tren rápido y en torno al cual va materializándose, asombroso en sus más pequeños detalles, como surgido de la mano de un prestidigitador, el vagón que vibra por la velocidad”.

Franz Kafka  – Diario del 31 de julio de 1917

 

 

(Imágenes-1- Alfred Stiegliz/ 2-  Diario de Kafka – pepblaieresmasnet)

 

 

“Los días amanecen claros y frescos en esta época del año, y el viajero apreciará y atesorará el recuerdo de incontables amaneceres griegos sobre la tierra y el mar mucho después de haber regresado a las brumas del norte. Su felicidad frágil y seca es casi vergonzosa. Wilde hubiese dicho algo desagradable sobre la naturaleza que imita al arte; pero en verdad los amaneceres griegos ahuyentan las palabras y expulsan a los pintores del negocio. No soy el primer escritor que se pregunta si es el vértigo que produce esta luz el que transmitió a los antiguos griegos una especie de daltonismo, o por lo menos una pérdida del sentido plástico. ¿Pudo una nación que pintaba sus estatuas poseer realmente un sentido de los valores plásticos tal como lo entendemos en nuestro mundo  moderno?  Para nosotros, la lujuria del ojo procede de la manipulación hábil de la materia; el pintar las estatuas parece una redundancia, casi un insulto, pero ¿tal vez les bastaba a los griegos el sentido de la anécdota? Es algo sobre lo que cabe reflexionar mientras el viejo vapor se bambolea y avanza con lentitud por el verde creciente de la bahía hacia la abertura sur, donde la pasmosa punta de Levkini señala el canal y, más allá, el mar abierto.

 

 

Es necesaria una recomendación moral, en beneficio de futuros viajeros. No lleve una cámara; las fotos que se compran hoy en día son mejores que cualquiera de las que usted haga. En su lugar, llévese unos buenos prismáticos ; merece la pena. Incluso ahora, de pie en la borda, podrá dirigir la vista hacia las lejanas lagunas donde se libró la famosa batalla de Actio, y ver garzas aleteando o la estrella blanca de un pelícano que se eleva o una familia de águilas doradas que describen lentos círculos sobre el azul del cielo. Al otro lado quedan dos islas de poca importancia: Paxoí y Kastrosikiá. Corfú se pierde hacia la derecha y se empieza a dejar sentir el ruido sordo y el balanceo del mar abierto.”

Lawrence Durrel.-“Las islas griegas”

 

 

( Imágenes.- 1- isla Paxos – turismo digital / 2- islas griegas/ 3-  Kastrosikia -ptceline com)

EL ARTISTA Y EL PÚBLICO

 

 

“Una falsa educación artística – escribe Rilke en  1898 en su “Diario florentino” – ha deformado todas las ideas. El artista es una especie de tía que debe representar, ante sus sobrinos y sobrinas ( el buen público) , una farra dominical: su obra. ¿ Y por qué? Dios mío, simplemente por agradar a Pedro o a Pablo, a quienes no les interesa de ninguna manera, para facilitar su digestión con esa buena idea y permitirles decorar su habitación con esa obra complaciente…

De este modo quisiera el público que fuera el artista. De ahí el temor de los filisteos en presencia de todo aquello que el arte pueda representar de penoso, triste o trágico, de ardiente y excesivo, de espantoso y temible, de todo lo cual su existencia está saturada. De ahí el gusto por la serena indiferencia, lo fácil, lo inofensivo, lo frívolo, lo picante, en una palabra, por ese arte de filisteos, que puede disfrutarse como de una siesta o de un cigarro. Pero el público mismo ejerce de buena gana el papel de un crítico avisado y, aunque reduce al artista a no ser más que una especie de comediante encargado de provocar una alegría que exalta o que relaja, no se satisface en manera alguna. En verdad, parece que existe una correspondencia entre el creador y la multitud y así, hay muchos que no vacilan en hablar con entusiasmo, por una parte, del valor educativo del arte y, por otra, del impulso que el artista recibe del pueblo.

 

 

Sabed, pues, que el arte es un camino hacia la libertad. Cada uno recrea el mundo al formarse, porque cada uno es el mundo. Pero existen otros mil mundos históricos y la mayor parte de la vida se va en compromisos a fin de construir uno para el uso común, agotando así sus mejores fuerzas en esa tentativa. Toda obra de arte significa liberación y estar cultivado no quiere decir otra cosa que estar liberado. De este modo, el arte es el camino de la cultura para el artista, pero solamente su arte y únicamente para él”.

 

 

(Imágenes -1- Benny Andrews 1991- artnet/ 2- William Clutz – 1999 – Katarina rich -perlow gallery- New York -verderer orient- artnet/ 3- Yon Sin – 2006 – Andrewshire gallery – los Angeles -usa- arnet)

 

 

“La diferencia de épocas, de posiciones, de masas, de densidades, de grandeza, de medios, de condiciones biológicas, etc, colocan a un gran número de otros mundos en un grado de habitabilidad superior a la de la Tierra, sobre el anfiteatro inmenso de los cielos. Es en esos mundos donde la humanidad vive tranquila y gloriosa, protegida por un cielo bienhechor y una temperatura siempre igual, gozando en paz de las disposiciones amigables de la naturaleza. Una primavera eterna, quizá más diversificada por encantos siempre nuevos que nuestras estaciones más diversas, decora estos mundos afortunados, donde el hombre está eximido de toda ocupación material y de esas necesidades groseras inherentes a nuestra organización terrestre; donde, en lugar de mendigar su alimento a los despojos de otros seres, está dotado de órganos que le permiten aspirarlo insensiblemente de su medio vital, tal como aquí nuestros pulmones se alimentan a nuestras espaldas”.

Camille Flammarion – “La pluralidad de los mundos habitados” (1862)

 

 

(Imágenes -1- foto Andrew Council – The New York Times/ 2-Ibex Nebula)

 

 

 

“Las vertientes meridionales de la gran sierra que divide Asturias de León – escribe José María Cuadrado en sus “Recuerdos y bellezas de España“-, aunque  menos rápidas y profundas que las que miran al principado, ofrecen caracteres muy semejantes. Cimas cubiertas de casi perpetua blancura, vegetación silvestre y grandiosa de hayas, robles y encinas, frigidísimas y copiosas fuentes, arroyos que bajan a reunirse en caudalosos ríos, valles escondidos e imponentes desfiladeros cortados como a pico, formados por los ramales y avanzadas de la cordillera, techos bajos y pajizos blanqueados por la escarcha cuando no oprimidos por la nieve, dispersos y cortos pueblecillos que se agrupan de diez en diez o de doce en doce para componer un ayuntamiento, vida pastoral en los moradores, sencillez y hospitalidad en las costumbres, tales son los rasgos comunes de las montuosas comarcas de Laceana, Babia, Omaña, Argüelles y Valdeburón. Divididos corren y encajonados en sus angostas cañadas, ora sesgos ora raudos y espumosos, el Omaña y el Luna, el Vernesga y el Torío, el Curueño  y el Porma, el Orbigo y el Esla, que absorben luego uno tras otro a los restantes para llevar al Duero sus aglomerados caudales fuera de los confines de la provincia.

Cada otoño, cuando los árboles se desnudan de sus hojas, bajan de aquellas breñas los naturales en crecidas caravanas tras de las manadas de ovejas merinas que constituyen su principal riqueza y que van a buscar más templado clima y más abundante pasto en las vegas de Extremadura, dejando silenciosos y ateridos sus campos, y a los ancianos, niños y mujeres reunidos alrededor del hogar durante la rígida invernada : cada primavera vuelven a sus praderas nativas los trashumantes rebaños y los pastores, no maleados en general por su nómada existencia; y puéblanse entonces las chozas de alegría, y de danzas los verdes sotos, y los aires de sentidas canciones y melancólicas tonadas, y las mesas de frescas natas y sabrosas colaciones para el huésped o viajero que acierta a penetrar en la Arcadia leonesa y a identificarse por temporada con alguna de sus homéricas familias”.

(Imagen – Babia -traveler)