Feeds:
Entradas
Comentarios

LA NAVIDAD Y BERGMAN

 

 

“En nuestra casa la Nochebuena era un acontecimiento bastante tranquilo que empezaba con la oración de Navidad en la iglesia a las cinco – cuenta Bergman en sus “Memorias” – y seguía luego con una comida alegre, pero mesurada. Después se iluminaba el árbol, se leía el evangelio de Navidad y nos íbamos pronto a la cama porque teníamos que levantarnos a tiempo para la misa del alba que en aquella época era de verdad el alba. No se repartía ningún regalo, pero la noche era animada,  un prólogo excitante de los festejos del día de Navidad. Después de la misa del alba, con sus velas y trompetas, daba comienzo el desayuno de Navidad. Para entonces mi padre solía desplegar su mejor humor y pronunciaba un improvisado discurso en verso para los invitados, cantaba canciones especialmente compuestas para la fiesta, brindaba con aguardiente, imitaba a sus colegas y hacía reír a todo el mundo.

(…) Después del desayuno íbamos todos a la cama a dormir unas horas. La organización interna tuvo que haber seguido funcionando ya que a las dos en punto de la tarde, justo al anochecer, se servía el café. La casa estaba abierta para todos los que querían desear Felices Pascuas en la rectoría. Algunos de los amigos eran músicos de profesión y en las festividades de la tarde solía haber un concierto improvisado. Y así se iba acercando el cenit pantagruélico del día de Navidad, que era la cena. Tenía lugar en la amplia cocina donde provisionalmente se había suprimido el rango social. La comida estaba en la mesa y en los bancos del fregadero cubiertos con manteles. Los regalos se repartían en la mesa del comedor. Se traían los cestos, mi padre oficiaba provisto de un puro y una copa de licor, se entregaban los paquetes, se leían versos, se aplaudían y comentaban; no había regalo sin versos”.

 

 

(Imágenes- 1- Salvador Dalí -Christmas 1946/ 2- Pietro Perugino)

 

 

”A veces me han preguntado: ¿qué es más fácil escribir, realidad o ficción? Y añado yo a esa pregunta: ¿y qué es en el fondo la realidad? La realidad absoluta es casi imposible de describir. La auténtica realidad, o al menos quizá un débil acercamiento a la completa realidad reflejada, tal vez sería, y no estoy muy seguro de ello, la fotografía. Pero en cuanto el escritor quiere acercarse a una realidad e intenta mostrarla lo más fielmente posible a los demás, no tiene más remedio que acumular enumeraciones, añadir y añadir detalles tras toda su observación, procurar elegir muy bien los adjetivos, agrupar descripciones llenas de matices, y aún así no lo conseguirá. Un acercamiento a la auténtica realidad de lo que se muestra, quizá sería, como digo, aunque muy lejanamente, la fotografía. Tal vez una fotografía de una mujer caminando sobre las maderas de un pasillo nos mostraría la realidad de su figura. Pero se necesitarían varias fotografías, una que la enfocara por delante, otra por detrás y varias más, desde ángulos muy distintos. Y aún así no bastaría. Sí, veríamos perfectamente en esas fotografías su vestido estampado de colores marrones, su figura diminuta, quizá los abalorios brillantes que cubrían sus dedos. Pero en ese pasillo resuenan también las maderas crujiendo bajo sus pasos, y esos sonidos, naturalmente, ninguna fotografía los recoge. Sólo los recogería un documental: esa mujer en un documental. ¿Y sus pensamientos entonces? ¿Y su personalidad? Por ello, ¿ qué hace el escritor para poder contar lo más fielmente posible esa realidad? Pues ponerse ante la página en blanco e intentar describir lo mejor que sepa y pueda todos esos pasos, esos movimientos, esos colores y esos sonidos. Y adivinar además sus pensamientos. Es decir, recrear. Le será imposible fotografiar. Sólo recrear. El escritor, pues, recrea. Al recrear, de alguna forma inventa. Se acerca hasta ese pasillo con sus adjetivos, su memoria, algunos recuerdos que le vienen a la cabeza, otras asociaciones de ideas que le llegan también, las inspiraciones para evocar un ambiente, mil cosas convocadas en ese instante para recrear y para crear. Creará incluso a veces algo mejor que la pura realidad y cuando acabe de crear, a veces no sabrá bien cómo lo ha hecho. Será quizás una mágica combinación de elementos la que le ha llevado hasta una creación que incluso supere a la misma realidad”.

José Julio Perlado – (del libro “Relámpagos”) ( texto inédito)

 

 

(Imágenes – 1-Maria Schtlova – autorretrato- liminous lint/ 2-Edward Steichen –  1924 -Gloria Swanson -museum of modern arte New York)

MUERTE EN EL OLVIDO

 

 

“Yo sé que existo

porque tú me imaginas.

Soy alto porque tú me crees

alto, y limpio porque tú me miras

con buenos ojos,

con mirada limpia.

Tu pensamiento me hace

inteligente, y en tu sencilla

ternura, yo soy también sencillo

y bondadoso.

Pero si tú me olvidas

quedaré muerto sin que nadie

lo sepa. Verán viva

mi carne, pero será otro hombre

– oscuro, torpe, malo – el que la habita…”

Ángel González – “ Muerte en el olvido”

(Imagen –Lucas Fowler -2001- national gallerys – of scotland)

DEL AMOR Y DEL MAR

 

 

“Quienes han querido describirnos el amor y sus caprichos – dice La Rochefoucauld – lo han comparado tantas veces con el mar que resulta difícil añadir algo a lo ya dicho. Nos han dado a conocer que tanto el uno como el otro son igualmente inconstantes e infieles, que sus bienes y sus males son innumerables, que las más afortunadas navegaciones se hallan expuestas a mil peligros, que las tempestades y escollos son siempre de temer y que incluso se puede naufragar llegado al puerto. Pero al expresarnos tantas esperanzas y tantos temores, no nos han mostrado lo bastante, me parece, la relación existente entre un amor ya gastado, lánguido y cerca de su fin, y esas prolongadas bonanzas, esa aburrida calma que encontramos bajo la línea : estamos cansados de un largo viaje, deseamos que se acabe; vemos tierra pero nos falta el viento para llegar a ella: nos vemos expuestos a los reveses estacionales; las enfermedades y la languidez nos impiden actuar; faltan el agua y los víveres, o cambian de gusto; recurrimos inútilmente a socorros ajenos; tratamos de pescar, cogemos algún que otro pez sin sentir por ello ningún alivio, ni sentirnos más alimentados; nos cansa todo lo que vemos, continuamos dándole vueltas a los mismos pensamientos, y seguimos aburridos; vivimos todavía y nos cuesta vivir; esperamos a tener algún deseo para salir de ese estado de languidez y apatía, pero los deseos que se nos ocurren son débiles e inútiles”.

 

 

(Imágenes-1-Floriana Barbu/ 2- Ryan McGinley-imagery our world)

 

 

“Los madrileños de mi edad, sin salir de la capital – recuerda Corpus Barga en “Los pasos contados”-, presenciábamos todos los años el desplazamiento vertical de Castilla, pasaba por la Puerta del Sol y ya no tenía nada de nomadismo, era trashumante y estaba tan bien regulado como la circulación de los ferrocarriles. Por el centro de Madrid había una cañada, la calle de Alcalá y en los meses de trashumancia, en primavera y en otoño, los señoritos madrileños que iban a la cuarta de Apolo (el último sainete con  música  de los cuatro que daba todas las noches el teatro Apolo, la catedral  de ese que llaman género chico y era el postrer eco del teatro español popular) y luego a Fornos, se asomaban de madrugada a la puerta de este café, que estaba en la esquina de las calles de Alcalá y Peligros, para reírse viendo cómo corrían y qué buscaban al pasar por allí con sus rebaños, los zagales y los rabadanes, toda la jerarquía complicada de los pastores.

 

 

El paso nocturno de los ganados trashumantes era el motivo de una fiesta callejera (…) Los rebaños entraban en Madrid por el puente de Segovia y subían por la cuesta de la Vega a la calle Mayor. Los faroles municipales que vistos desde abajo parecían pocos, menos numerosos y menos brillantes que las estrellas, en la calle Mayor, aunque las luces de la ciudad de entonces parecerían ahora apagadas, deslumbraban a los pastores, excitaban a los mastines y amedrentaban a los carneros más que a las ovejas. Ellas eran las que parecían mantener el movimiento continuo del rebaño, estar acostumbradas a la noche artificial, ser las trasnochadoras. En la calle Mayor, del café de las Platerías salían ya los parroquianos a contemplar a los montaraces y generosamente se sacaban del bolsillo los terrones de azúcar que los cafés madrileños, también con generosidad, daban siempre de propina y querían con su dulzura  atraer a los perros albarraniegos; los mastines abrían sus fauces sangrientas enseñando las sanguijuelas que atrapaban en los arroyos, las mujeres chillaban, los parroquianos generosos desistían, excepto alguno, sin duda comerciante, que continuaba ensayando toda clase de tretas habituales en las relaciones cada vez más estrechas de hombre a perro, con el designio secreto, nada generoso pero natural en un comerciante precavido, de llevarse un buen guardián para su tienda. Alguna chulapa acariciaba con entusiasmo a un corderillo  y, en tal caso, nunca faltaba un chusco que hacía reír a los papanatas exclamando: “A ver si nos lo sirves en una fuente con muchas patatas”.

(…) El rebaño bajaba y subía a lo largo de la calle Alcalá, escoltado por los rudos mastines, seguido por los finos borriquillos cargados con las alforjas, las mantas, las trébedes, los calderos, los cuernos de aceite, y salía de Madrid cruzándose con el sol mañanero que por las Ventas del Espíritu Santo empezaba a ejercer su oficio de vendedor ambulante de rayos y dardeaba los ojos de los pastores ciegos”.

 

 

(Imágenes -1-trahumancia.- el país– el mundo- 20 minutos)

VOY A DORMIR

 

 

“Dientes de flores, cofia de rocío,

manos de hierbas, tú, nodriza fina,

tenme prestas las sábanas terrosas

y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.

Ponme una lámpara a la cabecera;

una constelación, la que te guste:

todas son buenas; bájala un poquito.

Dejame sola: oyes romper los brotes…

te acuna un pie celeste desde arriba

y un pájaro te traza unos compases

para que olvides…Gracias. Ah, un encargo:

si él llama nuevamente por teléfono

le dices que no insista, que he salido…”

Alfonsina Storni– “Voy a dormir” – ‘Las grandes mujeres”

(Imagen – Andrew Wyeth)

REESCRIBIR Y CORREGIR

 

 

A la pregunta que se le hizo a Isak Dinesen sobre si reescribía muchas veces sus cuentos, contestó : ” Oh, sí, lo hago, lo hago. Es infernal. Una y otra vez. Pues sólo si uno es capaz de imaginar lo que ha ocurrido…, de repetirlo en la imaginación, verá las historias, y sólo si tiene la paciencia de contárselas y volvérselas a contar ( yo me las cuento y me las vuelvo a contar), será capaz de contarlas bien”.

“Yo no escribo borradores. Escribo la página uno muchas, muchas veces y luego sigo con la página dos. Amontono  hoja tras hoja  – decía a su vez Anthony Burgess – y cada una en su estado definitivo. La revisión la hago en cada página, no por capítulos ni por el libro entero”. Alberto Manguel recordaba también el método de Kipling, que escribía todo, volvía al principio de la página  y, con la tinta más negra, se ponía a tachar todo lo obvio.

(Imagen: –  María Gato -2002-art space virginia miller galleries coral gables – Miami- artnet)