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“Pasó la procesión de San Isidro – escribía un madrileño del siglo XVlll  – y la gente de la casa dándose por agradecidos por haber tenido tantos huéspedes, sacó el vulgar refresco de hospital, agua con limón, azúcar esponjado y chocolate, yo me negué al favor con el pretexto de mis dolores de estómago. Concluido el refresco, se siguió un rato de diversión, y para que esta fuera más cumplida se empeñaron las señoras en que el hermano Carlos del Niño Jesús había de cantar unas seguidillas.”

Era el ambiente del balcón para ver pasar las imágenes de las procesiones de San Isidro, “ día señalado en Madrid por ser patrono de esta Imperial corte. En este día llegan merodeando por sus prados un aldeano de la mano de un madrileño, y llegan cuando sus praderas se hallan llenas de infinidad de gentes muy lucidas, y sentándose a descansar aprecian la diversidad  de trajes, damas y merendolas, ya que continuamente bajan gallegos cargados de bananeras y cestones llenos de comida.”

(Imagen- Francisco De Goya – la romería de San Isidro. Museo Del Prado)

 

 

”No hay ninguna fragata como un libro

para llevarnos a lejanas tierras,

ni hay caballos mejores que una página

de piafante poesía.

Pueden hacer el viaje los más pobres,

no se pagan portazgos,

porque no necesita casi nada

la carroza que lleva al alma humana.”

Emily Dickinson – “Morí por la belleza” (traducción de Carlos Pujol)

(Imagen – Edwaert Collier)

 

Sofía Casanova (La Coruña – 1861- Poznam, Polonia, 1958) fue una de las primeras mujeres corresponsales de guerra de España. Pero ¿quién conoce a Sofía Casanova? -se preguntaba Montse Dopico en el periódico El Mundo en 2011. ¿Por qué a esta escritora gallega, que fue una de las primeras mujeres corresponsales de guerra de España, no se le reconoce en la Historia el lugar que le corresponde? Formular posibles respuestas a estas cuestiones fue el objetivo del documental ‘A maleta de Sofía’, realizado por la productora Servicios Audiovisuais Galegos y dirigida por Marcos Gallego.

 

 

Sofía Casanova fue una escritora de novela y poesía, autora de obras de teatro y cartas. Fue también traductora, hablaba cinco idiomas, y publicaría además de en España, en Francia, Polonia y Suecia. Trabajos que compaginó con el periodismo, escribiendo artículos para los periódicos ABC, El Liberal, La Época y El Imparcial entre otros, y fuera de nuestras fronteras en el New York Times o en la Gazeta Polska. Aunque Carmen de Burgos fue pionera, como mujer, en el reporterismo de guerra, al cubrir para el Heraldo de Madrid la guerra de Marruecos en 1909, Casanova lleva a cabo la corresponsalía de la I Guerra Mundial y la revolución rusa de 1917. Realiza una entrevista a Trotski, más propia de una aventurera reportera contemporánea que de una católica conservadora de su época: “Cuando hace cuatro días me decidí en secreto de mi familia a ir al Instituto Smolny, una nevada densa y callada, caía sobre San Petersburgo. Deseaba y temía ir -porqué no confesarlo- al apartado lugar donde funcionan todas las dependencias del Gobierno Popular… Obscuras [sic] las calles resbaladizas como vidrios enjabonados y completamente solitarias a aquella hora –cinco de la tarde- tras muchos tumbos encontramos un iswostchik somnoliento en el pescante del trineo…” Sofía, en compañía de Pepa, la señora que le acompañó desde Galicia en su periplo polaco, logró entrar en el Palacio Smolny sin ningún impedimento, solo el propio rechazo y el miedo que le provocaban los marxistas, entonces llamados maximalistas. Realizó la entrevista a Trotski, ministro de Asuntos Extranjeros, y a quien Sofía consideraba como la persona más interesante de las  que rodeaban a Lenin.

 

 

Fue Sofía Casanova gran viajera, en el sentido más completo y complejo de la palabra. La oportunidad de viajar y aprender idiomas le vino al casarse con el diplomático Wincenty Lutoslawaski. Con él, noble terrateniente polaco, diplomático y filósofo, que había venido a Madrid a estudiar el pesimismo en la literatura española, y recién casada se traslada a Polonia en 1887. Desde entonces, llevará su Galicia natal en el alma, también las tertulias y reuniones literarias, a las que le había dado acceso Ramón de Campoamor, quien además fue el que le presentó a su futuro marido en una de estas reuniones. En estas tertulias, frecuentaba la amistad de Blanca de los Ríos o de Emilia Pardo Bazán. Sin embargo, su vida quedará prendida para siempre y atrapada en un país, Polonia, y, como él, padecerá y quedará presa de los totalitarismos alemán y soviético.
El hecho de vivir en primera persona los grandes conflictos de la Europa del siglo XX, la hizo tomar parte en ellos. Fue esencialmente una defensora a ultranza del nacionalismo polaco, país por el que sintió una gran admiración y devoción. Una Polonia que estaba fragmentada y dividida entre Rusia, Austria y Prusia, y que está de manera continua presente en sus escritos.”

 

 

(Imágenes: -1-Kandinsky/ 2- Lorene Anderson/ 3- Mark Rothko/ 4- Zdzislaw Bekinski)

 

 

”¿Por qué leemos un diario de escritor? – se preguntaba Susan Sontag – ¿ Por que ilumina sus libros? Con frecuencia, no. Más fácilmente, porque el diario es material bruto, aun si ha sido escrito con miras a una futura publicación. En él, leemos al escritor en primera persona : nos encontramos con un ego desprovisto de las máscaras de ego de las obras del autor. Ningún grado de intimidad en una novela podrá suplirlo, aunque el autor escriba en primera persona o utilice una tercera persona que, transparentemente, le señale. La mayor parte de las novelas de Pavese están narradas en primera persona. Sin embargo, sabemos que el “yo” de las novelas de Pavese no se indentifican con Pavese mismo, como tampoco el “Marcel” que cuenta “A la busca del tiempo perdido” se identifica con Proust, ni el “K” de “El Proceso” y “El castillo” con el mismo Kafka. No quedamos satisfechos: las audiencias modernas exigen la desnudez del autor. El diario nos presenta el taller del alma del escritor. ¿Y por qué nos interesa el alma del escritor ? No porque el escritor nos interese en sí. Sino por la insaciable preocupación moderna con la psicología”.

 

 

Victoria Ocampo, comentando los Diarios de Virginia Woolf, decía que “ella había notado con su habitual finura que los Diarios podían dar del autor una imagen deformada por una sencilla razón: uno se acostumbra -dice – a registrar con preferencia ciertos estados de ánimo peculiares – supongamos la irritación o la depresión – y a no escribir el Diario bajo la influencia de estados  de ánimo distintos (…) En una carta de 1934 Virginia Woolf confesaba: “muy pocas mujeres todavía han escrito autobiografías veraces. Es mi lectura favorita” . “Tengo miedo de la autobiografía en público”, decía releyendo su Diario con una especie de “intensidad culpable”. En 1924 escribía :” Me impresionó leer algunas de mis notas aquí de mi Diario porque si uno deja que la mente corra a su antojo se vuelve personal, cosa que detesto”. “Odio que la personalidad, que la apariencia del escritor se coloque en primer plano, anteponiéndose a su obra.”

 

 

(Imágenes: -1-libros 021/ 2- lourania tumblr/ 3-bibliotheque tumblr)

 

 

 

“En Andújar engancharon en la diligencia cuatro mulas más, sumando en total doce las que tiraban de aquel enorme armatoste. Imagínese una larga retahíla de mulas tozudas y refractarias – así contaba su viaje por Andalucía  Sir Arthur de Capell Brooke en el siglo XlX -, uncidas de dos en dos o tres en tres, sin orden alguno, enganchadas con trozos viejos de cuerda desigual, y ahí tenemos al equipo. Los españoles tienen por costumbre dar nombre a todos sus animales, y los nuestros se veían distinguidos en esta ocasión con patronímicos un tanto pintorescos: “Coronela”,  “Señora”, “Chiquita”, “Condesa”…, a todas se dirigía el mayoral con el énfasis y tono cantarín tan característicos del dialecto andaluz. Tras de ímprobos esfuerzos conseguían que la cabalgata, a fuerza de puntapiés y golpeando sus lomos con una vara, cogiera finalmente un buen trote, y en ese punto comenzaban la lucha para que se lanzaran al galope. Para mejor conseguirlo se proveían todos, en un santiamén, de una colección de piedras de todas formas y pesos, desde el tamaño de un huevo de paloma al de un puño, y las entregaban al mayoral, que las amontonaba a su alcance para usarlas según conviniera.

 

 

Uno de los muleros apuntó con una piedra en primer lugar a la “Señora” y le largó un pedrusco que cayó en mitad del pellejo de la dama y resonó como en un tambor… A seguido le tocó a “Coronela” sufrir las consecuencias de su destreza, al darle una piedra detrás de las orejas: ni una sola escapó sin salir lastimada… De esta suerte avanzamos hacia Sierra Morena, a una velocidad tan asombrosa e incontrolable que sorprendía ver las leguas que cubríamos con un carricoche de ese volumen y peso. Nuestra marcha podía compararse al tortuoso reptar de la serpiente, rodando primero por uno de los bordes del camino, después cruzando al otro, mil veces a punto de volcar aparatosamente y verse pasajeros, coche y mulas envueltos en un destino común.”

 

 

(Imágenes -1-Sierra Morena/ 2- mulas/ 3- Sierra Morena)

EL INVIERNO ATRÁS

 

 

“El invierno atrás,

la primavera ya florece.

Antes callados,

los pájaros ya trinan.

Antes cerradas,

las flores ya se abren.

Y el monte espeso

y tan impenetrable

por la maleza

que las flores esconde.

Pero los montes de otoño…

¡ ah, sus hojas que vemos

de rojo teñidas

y queremos tocar

pensando que antes verdes

estaban en la rama!

Por ese solo anhelo,

los montes de otoño yo prefiero.”

La princesa Nukata ( siglo Vll) ( traducción de Carlos Rubio)

(Imagen – japonese art)

 

 

“El retrato es una “revelación”. Es la revelación del personaje – dice Alberto Savinio en suNueva enciclopedia”. Es “él”, en condición de hiperlucidez. Es “él” como nunca conseguirá verse a sí mismo en el espejo, como no conseguirán jamás verle sus familiares, sus conocidos, sus amigos, los que le ven en la calle y no saben quién es. Se dice que la fotografía tiene precisión, pero lo cierto es que nunca podrá llegar a una precisión, a una penetración tan profunda, y es porque sólo tiene un ojo. Y al pintor no le bastan los dos ojos, entre los que se alterna la visión, sino que necesita un tercer ojo, el ojo de la inteligencia. Son rarísimos los retratos “hechos con los tres ojos”. Y, por mucho que busque, no encuentro más que a Durero, a Holbein… Pero los retratos de este género son peligrosos: son mortales. fijan al personaje, rey o picapedrero, en el lienzo para toda la eternidad, matándolo en tanto que criatura efímera. El hombre pintado pasa a ser el hombre verdadero, el hombre vivo, mientras el otro, el original, el modelo, queda en estado de residuo, de peso muerto. Y si, una vez terminado el retrato, siente deseos de seguir viviendo por su cuenta, esta vida suya es una ficción, un error, un descuido. Incluso si, por faltarle valor para poner fin a esta vida suya, que ahora es una redundancia, se las arregla , con la fuerza de la pusilanimidad, para parecerse a su propio retrato.

 

 

(Imágenes – 1- Durero -retrato de Jakob Muffel- museo nacional de Berlín/ 2- Holbein- retrato de  Roberto Chaseman con halcones de caza -1533)