CONOCIMIENTO DE LA POESÍA

 

“Tenemos muchos más poetas que jueces y críticos de poesía— decía Montaigne- . Es más fácil hacerla que conocerla. En un nivel bajo, puede juzgársela a partir de los preceptos y de la habilidad. Pero la buena, la suprema, la divina, está por encima de las reglas y de la razón. Quien contemple su belleza con mirada firme y serena no la ve, como no se ve el resplandor de un rayo. No intenta seducir nuestro juicio; lo rapta y destroza. La pasión que aguijonea a quien sabe penetrarla hiere incluso a un tercero al oírsela evocar o recitar;  como el imán atrae no sólo una aguja, sino que infunde también en ella la facultad de atraer a las otras… Desde mi primera infancia, la poesía ha actuado así, traspasándome y transportándome.”

(Imagen —-Robert Mapplethorpe – 1988)

HISAE : MÁSCARAS Y ESPEJOS

 

(…) De repente la ceja del actor Sojuro se curvó en el aire como si quisiera segar el silencio de los espectadores, Sojuro dio un tremendo salto que hizo temblar la madera del tablado del teatro y entonces Hisae pudo ver muy de cerca los rasgos de su máscara. Era una máscara que mostraba cólera desde sus dientes y sus ojos dorados y que en las comisuras de la boca y en su frente presentaba marcadas arrugas. La máscara entera era de un rojo intenso sobre un fondo blanco y la barbilla aparecía pintada de color añil. Hisae quedó sobrecogida ante aquella máscara. Nadie le había explicado el lenguaje de las máscaras y ella no conocía que todas las partes de una máscara podían muy bien ser movibles y mostrar sucesivamente afabilidad, severidad o ternura según lo reflejaban los estados de ánimo, como  también que podían representar pájaros, dragones o demonios con solo mezclar facciones de animales y de hombres. Subyugada por los movimientos de aquella máscara, Hisae apenas reparó en los brocados del kimono rojo anaranjado que vestía Sojuro ni tampoco en sus dibujos de flores y escudos bordados en las mangas. Sólo tenía ojos para seguir a aquella máscara. Ni siquiera se estaba enterando de la historia que contaban en el escenario: era una historia que trataba de una lucha feroz entre dos grandes clanes de samurais, la miseria, la gloria y la muerte en campos de batalla de siglos anteriores. Pero aquel relato guerrero que estaban representando sobre el tablado duró poco. Sojuro, que apenas había hablado y que era todo ojos y gestos de cólera conforme evocaba  su muerte y su vida, desapareció de pronto  por la izquierda detrás de una cortina, las luces del teatro se iluminaron al acabar aquel primer acto y Yôko aprovechó la  pausa  para preguntarle a Hisae si le gustaría visitar los camerinos.

 

 

Conocía Yôko muy bien las interioridades de aquel teatro puesto que iba allí muchas veces y rápidamente condujo a Hisae entre las filas de la muchedumbre hacia una escalerilla cercana al escenario y pronto llegaron las dos a las llamadas habitaciones de los espejos. Eran aquellas habitaciones unos pequeños cuartos unidos los unos a los otros con pisos de esteras y puertas corredizas y en donde numerosos actores, cada uno delante de un espejo, estaban en aquellos momentos preparándose para  continuar la representación. Colgadas de cada una de las paredes, perfectamente clasificadas y ordenadas, aparecían abundantes máscaras, además de ropajes y pelucas, espadas, arcos, varas de bambú, bastones y abanicos, un conjunto abigarrado que a Hisae le sorprendió. Yôko le iba explicando a Hisae que las máscaras colgadas en las paredes de cada cuarto estaban hechas de madera de cedro y  barnizadas con varias capas de laca y que aunque parecía que allí hubiera muchas y fueran muy variadas, todas ellas se reducían a tres tipos: las de forma humana, las de dioses y  las de seres sobrenaturales, tales como demonios, monstruos o espíritus. “Pero todas, como ves, le dijo Yõko mientras iban asomándose por los camerinos, son aparentemente inexpresivas, es el actor con sus movimientos y  sus gestos quien les tienen que dar vida; el actor se transforma completamente al ponérselas; con la máscara es otra persona”— le repetía  Yōko—. De repente, al pasar por una de aquellas habitaciones de los espejos, Hisae quedó paralizada : en el suelo, tirada en una de las esquinas de uno de los camerinos, acababa de descubrir  la enorme ceja de Sojuro negra y larga, acechante, tal como ella acababa de verla hacía muy poco en el escenario. La ceja permanecía quieta y arrumbada, caída hacia un lado, en total reposo. Aquella larga ceja, igual que un penacho, aparecía unida a una máscara que también permanecía en el suelo. “Es la máscara de Sojuro”, le comentó  Yōko en voz muy baja; “ pero, mira — le añadió de repente, muy sorprendida y nerviosa —¡ ahí tienes a  Otani Sojuro!”. Entonces Hisae giró la cabeza y se fijó en un hombre muy joven que se encontraba de pie en medio de la habitación y al que, ante un gran espejo, dos personas le estaban ayudando a vestirse. Quedó fascinada. Era impensable que aquel ser tan joven pudiera ser el mismo que ella acababa de ver en el escenario. No quiso moverse. Se quedó quieta, observando aquellos ritos. A Otani Sojuro dos hombres le estaban cubriendo ahora sus pantalones con una bata de seda que le llegaba hasta las rodillas, luego empezaron a colocarle una especie de almohada pequeña en el estómago sujetándosela con cintas, después le pusieron una falda larga de color rojo y encima de ella un ropaje exterior, parecido a un kimono rojo de mangas muy amplias.”

José Julio Perlado

 

( del libro “Una dama japonesa”) ( texto inédito)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

 

 

(Imágenes— 1–Koume Tachibana/ 2-Maruyama Okyo/ 3-Kasamatsu Shiro- 1938-bruce gof archive)

VIAJES POR ESPAÑA (25) : TERUEL

 

 

 

“Javalambre con nieve. Sobre el pecho,

como una inmensa herida,

los Mansuetos se abren: Carne joven

en la vieja tierra. Gira el cielo.

Pasan, camino de la mar,

los enormes camiones de transporte:

¡Adiós!

¡Adiós!

Hoy, San Martín mudéjar, me nostalgia

los amigos que tuve, allá, en mi infancia.

Miro hacia el fondo: Villaespesa.

Todo lleva consigo

la tierra que surge desde dentro:

Teruel:

Áridas voces de mineros, ascienden

del violento carmín de tu paisaje.”

José Antonio Labordeta —“Las sonatas” (1965)

(Imagen —Teruel- Wikipedia)

CUADERNO DEL AGUA (3) : ESENCIAS

 


Lo mejor es el agua”, ya  había dicho en el siglo V antes de Cristo el griego Píndaro en sus  “Olímpicas”. “El agua es el conductor de la naturaleza”, dice Leonardo en sus “Cuadernos de notas”, “el agua asume todo olor, color y sabor, mientras que ella no tiene nada por sí misma”, escribirá también. ” El agua es la mirada de la tierra, su aparato de mirar el tiempo”, dirá Claudel. “El agua es la imagen del tiempo – comentará el poeta y Premio Nobel ruso Josef Brosky – y dirá que “cada víspera de Año Nuevo hago lo posible por encontrarme con el agua, preferentemente el mar o el océano”.  Destaca en Brodsky su poema “Un vaso con agua “( 1995). Y esos recipientes con agua nos llevarán a “El aguador de Sevilla”, de Velázquez. ” El agua vuelve al agua”, escribe Saint Exupery en “Ciudadela”. “Aguas parpadean tes, aguas horizontales”, dice Valéry en sus “Fragmentos”. “Luz líquida” llamará al agua Julio Verne en ” Veinte mil leguas de viaje submarino”. Lorca hablará de “agua loca”, “agua clara”, la definirá como “la que no tiene cauce”, la que “embiste, mansa como un buey”. Leonardo hablará del “agua rugosa o arrugada” , dibuja diluvios y pinta sus “Estudios de agua”, (1510) que se encuentran en el castillo de Windsor. ” agua es perlas fundidas”, escribirá Zamrak, poeta de Mohammed V en 1390, como así lo cuenta el gran arabista Emilio García Gómez.  Y existe una “Alegoría del agua” escrita por Jerónimo Antonio de Ezquerra en 1700.

 

Acantilados y agua fueron pintados por Böcklin. ” El agua es la maestra del lenguaje fluido, del lenguaje sin tropiezos, del lenguaje continuo”, señala  D’Ors que ha hablado de “las risas del agua”,

Hay aguas livianas y medusas, dirá Gerardo Diego en su poema “Aguasmalas”.
Del agua y lo onírico destaca sobre todo la noche de Durero, en junio de 1525, que sueña cómo unas grandes masas de agua caen poderosamente de los cielos e invaden todo el país. Durero pintó inmediatamente  ese sueño. Y  sobre las relaciones del agua y la memoria Sergio Bonini se pregunta : “¿Deberíamos especular sobre la razón por la que el agua puede recordar algo en ciertas ocasiones y olvidarlo en otras?”, como recoge  Philip Ball en su “Biografía del agua”. La curación por el agua en el cine aparecerá de algún modo en  “Nostalgia”, la película del ruso Andrei Tarkovski.

 

(Imágenes—1-Kane Gledhill/ 2-Eduardo Gageiro – Lisboa/ 3-Kane Gledhill)

GOLPES EN LA PUERTA

 

 

“Yo tenía más o menos veinte años y dirigía una escuela pública. Absorto en mis deberes, éstos ocupaban mis pensamientos de noche cuando soñaba tanto como de día durante mis horas de trabajo — cuenta Camille Flammarion al hablar de lo desconocido —.Una noche soñé  que estaba en la escuela y que acababa de terminar los ejercicios de apertura cuando oí golpes en la puerta.  Abro la puerta y veo a un señor con dos chiquillos, una niña de once años y un chico de ocho. Ese visitante entra y me explica que, a consecuencia de la guerra de Secesión, ha abandonado su casa de Nueva Orleans para traer a su familia al distrito de mi escuela. Su deseo era confiar sus hijos a mis cuidados, para su educación e instrucción. Me preguntó entonces qué libros se necesitaban, le di una lista y se la llevó. Al día siguiente los niños eran recibidos entre mis alumnos.”

 

 

El sueño se detuvo ahí. Pero me impresionó vivamente, y la imagen de ese padre y de esos dos hijos se fotografiaron con tanta fuerza en mi mente que los habría reconocido en cualquier parte entre la población de París o de Londres.

Cuál fue mi asombro cuando al día siguiente de ese sueño oí llamar a la puerta con los mismos golpes oídos en el sueño, fui a abrir y vi delante de mí a ese visitante con sus dos hijos. El resto siguió igual: mantuvimos la misma conversación del sueño.

Añadiré que aquel hombre era absolutamente desconocido para mí. Nueva Orleans está a 1.350 millas, es decir, a más de 2.000 kilómetros de aquí, y yo nunca me había alejado más de 100 millas, o 160 kilómetros de mi casa.”

 

 

(Imágenes— 1– Helena Almeida- gallery electaweb/ 2- foto – Konstantin Smilga-2003 –  The surface series – house Photographie- 3- René Magritte)

CREPÚSCULO DE ENERO

 

”Crepúsculo de enero. Un sol divino dora

las palmeras, las torres, los bellos miradores…;

mi corazón sin ella — ¿sin quien?  — suspira y llora

entre esta fiesta triste de frío y de colores…

¡ Los caminos son flores!  ¡ Las hermosas callejas

que van al campo, llenas de sol dulce de invierno…

esta confusa historia de vaguedades viejas

que se irisan a un sol que viene de lo eterno!

… Perdido entre mis rosas de invierno, yo dormía,

más hoy siento nostalgia de carnes y de cosas…

… ¡ Estoy triste del sol en la cristalería!

¡ Ya no tengo bastante con las divisas rosas!”

 

Juan Ramón Jiménez— “La soledad sonora’

(Imagen —Sierra nevada en invierno – Joaquín Sorolla)

EXPECTACIÓN

 

“Le devuelvo a la tarde triste la luz que me entristece,

y  voy entristeciendo

la plaza,

el río,

el campo

y, más allá, la línea del horizonte.

Mas reprendo a mis ojos y regreso

a la página vacía

en que, poseso,

aguardo a que despunte

la luz de un nuevo día.

 

 

 

 

“Un día alegre,

limpio,

singular,

de ninguna semana,

de ningún mes,

de ningún año,

milagrosamente amanecido

en las sílabas de un verso hechizado,

que resuena, medido y desmedido,

en la concha de mi oído

deslumbrado.”

Miguel Torga – “ Expectación “ –  9 de Julio de 1975

 

(Imágenes— 1-moohdaholic – imagery  our wordl/ Turner/ 3- Emil Nolde)

CALENDARIOS

 

 

“Ante un nuevo Año, cuando anotamos lo que previsiblemente puede ocurrir en el futuro,  recordamos estas palabras del inglés J. B. Priestley  en “El hombre y el tiempo”: Los hombres supieron en qué mes estaban antes de saber la hora que era . Hubo calendarios antes de que hubiese relojes. Las primeras comunidades de Mesopotamia tenían sus propios calendarios, allá por el tercer milenio antes de Jesucristo. Fue el principio  de una larga lucha para ordenar las un tanto desordenadas unidades naturales de medida del tiempo. Tarde o temprano, los hacedores de calendarios tenían que incorporar una unidad de tiempo extra, con objeto de mantener en orden el calendario. Los diversos Estados de la Grecia antigua tenían sus propios calendarios, y el que mejor conocemos, el ateniense, presentaba un año lunar de trescientos cincuenta y cuatro días.

La división del día en veinticuatro partes, todas ellas de igual duración a lo largo del año, nos parece ahora inevitable. En las civilizaciones primitivas, sin embargo, las horas no eran de una duración constante. Ya en el siglo lV antes de Cristo los chinos habían establecido un sistema de doce ‘horas dobles’ iguales, mientras los japoneses continuaron utilizando horas variables hasta el siglo XlX. Y el “día” mismo empezaba a diferentes horas entre los diferentes pueblos.

 

La “semana” fue siempre una división del tiempo puramente arbitraria ( excepto, quizá, entre los judíos, con su observancia religiosa). Otros pueblos consideraron simplemente  conveniente  disponer de un período de tiempo entre el día y el mes. Nuestra semana  de siete días debe algo a los judíos. Creo recordar —nos sigue diciendo Priestley — que una vez H. G. Wells arguyó que si nuestra semana  fuese más larga — pongamos diez u once días, incluyendo un fin de semana de tres o cuatro días —, muchos de nosotros  trabajaríamos y jugaríamos mejor. Esto pudiera no agradar a personas que tienen que realizar un trabajo desagradable o monótono, pero probablemente es cierto que muchísimas personas cuyo trabajo es importante para ellas, personas que no están meramente ganándose la vida, sino que aportan  cierto gusto creador a su labor, se sientan un tanto constreñidas entre un lunes que se inicia perezosamente y un viernes que se corona con apresuramiento. Se sentirían más felices si, tras un periodo más largo y fructífero de entrega a su labor, disfrutasen de un fin de semana más amplió para relajarse y distraerse.

(…) Una cosa es cierta. Aunque, en el correr de los siglos, hemos llegado a un arreglo bastante conveniente de las horas, los días y los años, nos equivocaremos gravemente si nos imaginamos  que ya hemos domado al Tiempo. Puede que el Tiempo nos esté domando a nosotros.”

 

(Imágenes— 1-dada you trumbl/ 2-Fitzherber cosway- 1786/ 3-Ambrogio Lorenzetti – siglo XlV)

VIAJES POR EL MUNDO (37) : TÁNGER


“En el “Gibel- Musa”, vapor inglés — cuenta Rubén Darío —, después de tres horas de mar, llego a tierra mahometana. Ya a bordo ha comenzado para mí lo pintoresco con el amontonamiento, sobre cubierta, de moros y judíos de distintos aspectos, blancos, morenos, de ropajes oscuros o de vestidos vistosos. Había ancianos de largas barbas blancas, semejantes a los Abrahames de las ilustraciones bíblicas, y mocetones robustos, hombres de faces serenas y meditativas, mercaderes con morrales y cajas. Había pipas humeantes de cazoleta diminuta. Cabezas con fez, con turbante, con capuchón.

Entro a la ciudad por una de las tres puertas juntas arábigas que hay en los muros blancos, entre una muchedumbre de albornoces, turbantes y babuchas, burritos cargados, cargadores que atropellan, mendigos que tienden la mano y dicen palabras guturales, amontonamiento de fardos, de cajas, de cargamentos de todas clases (…) Tras esta mezcla de árabes, de moros, de kabilas, de europeos, que constituyen la población accesible, existe el misterio y la poesía de la verdadera  vida de Oriente, tal como en los tiempos más remotos. El Marruecos contemporáneo es siempre el Imperio moro del siglo duodécimo, con su organización feudal, su lujo y sus artes exquisitas.

 

Salgo del hotel a dar mi primera vuelta por la ciudad, caballero en una mula mansa y vieja, en una silla morisca forrada de paño rojo. Me precede, en otra mula, el guía, un español que hace largos años reside aquí, y que conoce el idioma perfectamente. Me sigue, a pie, un mocito vivaracho. Ambos llevan látigos: el guía para los moros del pueblo, que no se apartan del camino, y el morito para mi mula. (…) Quiero conocer los alrededores. En los  declives del terreno, o sobre graciosas colinas, hay construcciones  donde moran extranjeros. Después es la campaña. Hay profusión de áloes y tunas, lo que en España llaman higos chumbos, y dátiles e higueras. Manchas de flores rojas y amarillas entre los repliegues del terreno, y gencianas y geranios. Todo lo ilumina una luz grata y cálida. No muy distante, advierto grupos de casas bajas, aldehuelas como sembradas en el seno de los valles, y de donde se eleva una columna de humo. Y sobre una altura, de pronto, la silueta de un jinete. Unos cuantos soldados entran montados en sus hermosos caballos y armados de las largas espingardas que se creerían tan solamente propias para las panoplias de adorno y las colecciones de museos y armerías. Son de las tropas que vienen del interior, en donde una nueva insurrección se ha levantado de manera tal, que desde hace algunos días son escasas las caravanas que entran en Tánger, y, por lo tanto, sufre el comercio.”

 

(Imágenes—1– Tánger- segobo/ 2-Tánger- eldiario/ 3-Tąnger— el desmarque)

CUMPLEAÑOS

 


“Cuánto mundo ha venido de todo el mundo:

morrenas y murenas, mares y morago,

auroras, arcoiris, águilas y astrago.

¿Dónde ponerlo todo? Dios mío, ¿qué hago?

Esos llandes,  lloredos, lluvias y llubinas

esas hacas y llamas, ¿ cómo las hacinas?

Berilos, gorilas, trémolos y mirlos.

Gracias, no sabría cómo digerirlos.

No hay jarro ninguno para berza ni brezo,

aletazo, gazapo, zaragata y cerezo.

¿Donde guardo el colibrí?, ¿dónde el brocado?

Con la cebra y la cabra en serio me enfado.

El dióxido ya es algo que vale por tres,

y aquí, para colmo, octópodo y ciempiés.

Aunque han quitado el precio de las estrellas,

lo adivino y creo que no soy digna de ellas.

¿Vale  la pena acaso regalar un ocaso?

¿ A alguien que en el mundo está solo de paso?

Me entretengo un segundo, y solo un segundo:

los detalles omito, y el resto confundo.

¡Imposible apartar lo real del vacío!

Perderé sin remedio mis flores de estío.

Flor perdida, marchita, ¡qué pena de gasto!

El peciolo, y la hoja, y el caliz tan casto,

¡ cómo se esfuerza para no durar entera,

qué desdén puntilloso, qué endeblez altanera.”

Wislawa  Szymborska — “Cumpleaños” (1972)

 

(imágenes—1-Jacques André Duffour- 1951/ 2-Olle HjorTzbErg)

EL PABELLÓN DE ORO

 

“  Al cabo de varias semanas, a mitad de marzo de 1397, aquella  planta baja del Pabellón de Oro estaba ya terminada y Hisae, sentada al borde del lago, asistiendo  a aquella  asombrosa representación, continuó  explicando a quienes la escuchaban cómo se iba levantando poco a poco la siguiente planta del Pabellón,  la planta primera, a la que Yoshimitsu  desde su pequeño trono azul y dirigiéndolo todo, quiso llamar la  Torre de las Ondas del Viento. “Pero el viento, como veis, quiso comentar Hisae a sus alumnos, aquí no existe, este lago está en calma y las rocas continúan quietas, aunque  a mí este  nombre que acaban de darle  me gusta.”

Pero aquella planta primera del Pabellón que parecía tan fácil edificar tardó bastante tiempo en construirse. Se trataba ahora de incrustar con enorme cuidado los distintos panes de oro y para ello los monjes, sentados en el borde del lago y distribuidos en perfectos grupos, tenían por delante mucho trabajo. Armados con unos cuchillos especiales de hoja ancha iban cortando poco a poco finísimas láminas de oro que martilleaban luego hasta conseguir planchas casi transparentes sobre las que esparcían gotas de agua gracias a pinceles especiales. Luego trasladaban  muy despacio y con gran cuidado las planchas hasta cubrir las paredes del Pabellón, las ajustaban bien y con  piedras de ágata las bruñían para sacarles más brillo. Así, a mitad de abril, terminaron  la planta primera. Quedaba la última, la planta superior, que era más pequeña y que estuvo concluida a primeros de mayo. El sol dio de lleno en la película dorada que refulgía en sus paredes. Era un espacio totalmente cuadrado, limpio y pulido, preparado para recibir a la soledad. “La soledad va a entrar ahora en ese recinto, anunció Hisae a sus alumnos, entrará sin ruido, quizás no la notéis, porque la soledad suele entrar muchas veces unida a la meditación y la meditación es silenciosa, en ocasiones también llega al lado del vacío, y otras veces  la acompaña la sombra, pero no una sombra física, que nosotros podamos distinguir, sino una sombra interior.” Efectivamente, durante todo el mes de mayo, se vio  cómo los monjes en total silencio depositaban la sombra y el vacío en el suelo de  la planta superior fulgurante del Pabellón de Oro.”

José Julio Perlado  ( del libro “Una dama japonesa”) (relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

 

(Imágenes— 1-Utamaro kitagawa/ 2- Shibata Zeshin)

 

UN CABALLO LUMINOSO

 

 

“La poesía es un caballo luminoso o un pez en uniforme de gala escoltado por cosmógrafos — decía Gustavo Pereira —, pero también la conciencia en estado de gracia. Puede ser un hada ataviada de imprevistas máscaras y aparecida de repente, un aliento oculto que avergûenza a la razón lógica, un inesperado estremecimiento parecido al fulgor, pero también una fuerza moral, hija pródiga de la razón sensible, o una patada en el trasero a la poderosa canalla que nos apesadumbra.”

 

(Imágenes-1- Rosa Bonheur- Missfolly  2- Mar HuchtHuasen)

AUTORRETRATO EN LA VENTANA

 


Escribe Paul Klee en su Diario, diciembre de 1897: “Después de cierto tiempo volví a revisar algunos de mis libros de apuntes. Sentí despertar nuevamente algo así como esperanza. Casualmente descubrí en el cristal de la ventana mi reflejo y comencé a elucubrar acerca de esa persona que me estaba mirando. Un tipo bastante simpático sentado en una silla; la cabeza apoyada en un cojín  blanco, las piernas sobre otra silla. El libro gris cerrado sobre el dedo índice de una mano. Se mantenía inmóvil, iluminado por la suave luz de la lámpara. A menudo lo había analizado. No siempre lo conseguía. Pero hoy lo comprendí.”

 

(Imágenes— 1- Paul Klee- 1918/ 2- foto Josef Albers-  Paul Klee- fundación Paul Klee)

FELIZ NAVIDAD!

 

 

“¡Ay, quién podrá sanarme!

Acaba de entregarte ya de vero.

No quieras enviarme

de hoy más ya mensajero

que no saben decirme lo que quiero.

Y todos cuantos vagan

de Ti me van mil gracias refiriendo;

y todos más me llagan,

y déjame muriendo

un no sé qué que queda balbuciendo.”

 

San Juan de la Cruz — Cántico espiritual

 

¡FELiZ  NAVIDAD  A  TODOS  LOS  QUE  LEEN  “MI  SIGLO”!

(Imagen – Fra Angélico-lyceo hispánico)

ESPAÑA Y LOS ESPAÑOLES

 

“Los españoles son grandes, suelen ser morenos, son orgullosos, leales y humanos , perezosos y sobrios, pacientes y espirituales, muy galantes, menos celosos que en otros tiempos — podía leerse en un “Diccionario de geografía universal” de 1806—; las mujeres suelen ser de una talla pequeña y esbelta, con mucho espíritu y vivacidad; la lengua española es sonora, majestuosa y sublime, pero no pobre”.

“Hay nombres españoles — escribía Madame de Stael — que no pueden pronunciarse sin que nuestra imaginación no crea ver enseguida los naranjos de Granada y los palacios de los Reyes moros.” “ No se detecta en esta nación  — decía  por su parte Chateaubriand—ningún aire servil, ninguna frase que anuncie la degradación del pensamiento y del alma.”

”A lo lejos la tierra recuerda al campesino español — señalaba asimismo el  historiador francés Edgard Quinet en el siglo XlX —.Desnudo como él, se instala bajo el sol. La tierra es silenciosa  como él. Sobrio como él, la rosa la fertiliza. Independiente como él; ni fosos ni barreras; la igualdad está grabada en su cara.”

 

 

(Imágenes—1– Salvador Dalí – 1938- museum boymams van veunigen – Róterdam/ 2-Felipe lV/ 3– campos de Castilla- dibujo de Miguel de Unamuno- universidad de Salamanca )