LA SEÑORA MAIGRET Y LA COCINA

 

 

“Hay un personaje sin el cual Maigret no sería  Maigret. —recuerda Xavier Domingo en “Cuando solo nos queda la comida”—Se trata de Louise, su discreta y dulce esposa.  Sabemos que Louise era alsaciana, de Colmar precisamente, y nacida en el seno de una familia de servidores del Estado, aunque no en la rama policial. Sus ancestros pertenecían todos al honorable cuerpo de Puentes y Carreteras. Jules Maigret, que recién acababa de abandonar su uniforme de guardia  de tráfico para entrar en la criminal, la conoció en casa de unos amigos ( los Leonard) y la sedujo. Louise llevaba ese día un traje azul y lo único que dijo a Jules fue : “Se han dejado los mejores: pruebe estos”, señalando una bandeja de pasteles.

 


Louise es una gran cocinera, una cocinera de terruño, que colecciona recetas y confecciona platos sin los cuales Maigret no podría vivir ni investigar. Se publicó hace tiempo en Francia un libro titulado “El cuaderno de recetas de la señora Maigret”, recopilando los platos que come el inspector a lo largo de sus pesquisas, platos amorosamente cocinados por una esposa hogareña y un tanto borrosa, pero al mismo tiempo tan real como cualquier otro de los personajes de Simenon. Y, si Louise sabe cocinar, indudablemente , Jules sabe comer. Hubo pocos grandes detectives gastronómicos.  Yo recuerdo a Maigret  y al célebre Nero Wolffe de Rex Stout.

Me parece, por otra parte, que hacer comer a los personajes de una novela y decir lo que comen, es un dato de buen novelista y pocos son los que caen en la cuenta de que dar cuenta de los gustos culinarios de un protagonista, explica mejor su carácter que las disgresiones psicológicas y sociológicas. Cervantes sabía eso y, por supuesto,  Balzac. Sería imperdonable olvidar, entre los grandes novelistas gastrónomos, al negro norteamericano Chester Himes. Los personajes del Harlem de Chester Himes, son perfectamente cervantinos, y muy en especial en su relación con la comida.

Pero volvamos a Maigret. Una tarde, en “Maigret y el asesino” leemos: “le quedaban 200 metros de caminata para llegar a su casa en donde reinaba un olor de caballas al horno. La señora Maigret las ponía con vino blanco a fuego lento, con mucha mostaza.

.¿Quieren probarlas?”

 

 


(Imágenes—1-Eliot Hodgkin -1961/ 2-Luis Meléndez -siglo XVll- Museo Del Prado/ 3-Claude Monet- 1873)

AMISTAD PERMANENTE

 

 

“Recordaba aquellas tardes en que no ocurría nada, esas son las más valiosas de la vida, es el pasar silencioso, estar, por ejemplo nosotros dos, los dos amigos , tantas veces andando por el campo, o por las afueras de una ciudad, o por la costa : uníamos los dos silencios, era la amistad, una cadena de silencios eslabonada con pequeñas palabras, recuerdos y de nuevo silencios, ese “nosotros” que durante años me ha atraído; recuerdo precisamente la gran playa azul y la espuma del surf practicado en olas continuamente, estábamos sentados en una amplia galería acristalada frente a la playa y los dos veíamos y seguíamos enfrente, a lo lejos, mientras hablábamos, aquellos movimientos alados del surf y los surfistas, movimientos blancos, movimientos azules, nada decíamos o muy poco porque todo estaba dicho, o a veces sí, hablábamos mucho, nos adentrábamos en gustos literarios, en libros, en proyectos o recuerdos, en carcajadas, era el “nosotros” de nuevo, el “nosotros” en el tiempo, ¡tantas conversaciones, tantos intercambios de amistad, los vericuetos de los diálogos y los silencios!, habíamos vivido tantas cosas juntos que aquella era nuestra unión de amistad mientras los surfistas iban y venían a lo lejos, se encaramaban en el calor de la ola, la cresta blanca, la espuma que iba, venía y se derramaba, y los dos estábamos allí, en la galería acristalada, ¿cómo es posible que en estos momentos lo vea yo tan nítido?

La semana pasada me dijeron que mi amigo había fallecido. Pero no, vuelvo la cabeza hacia mi izquierda y ahí sigue él, le veo  cómo mira  el mar, suben y bajan las olas de los surfistas y yo con él sigo mirando  el océano.”

José Julio Perlado

(Imagen —Charles Woodbury)

LA VENTANA

 

 

“La ventana,

geométricamente tallada

en agua y aire,

realidad interior y realidad exterior

mirándose como dos cuadros

que no cesan de anhelarse,

en invierno es la frontera

entre el clima del hombre

y el clima del mundo,

abierta en el verano es cómplice del viento,

llamea al sol, flexible

reluce de noche, inflexible

fuego graneado entre lo general y lo particular,

la ventana del enfermo como una fuente ascendente,

un rectángulo del espacio visto desde un pozo obscuro,

la ventana y su bosque helado

donde vagan ojos de niños,

las fuentes blancas de los helechos de los recuerdos familiares,

la escritura vacilante del vaho,

la ventana vacía y gastada

en la hora larga de la espera,

la esperanza falsa, de vidrios desiguales,

impía y sin imágenes,

membrana entre protección y prisión.”

Artur Lundkvist—“La ventana”

 

 

 

(Imágenes—1-art history museum/2-Sven Coronas)

EL ENTIERRO DE MODIGLIANI

 

 

“El entierro de Modigliani — contaba Corpus Barga —, que fue el nacimiento de su pintura, puede tomarse como la fecha arbitraria y fatal para marcar la muerte del Montparnasse cubista. Modigliani había sido un cubista de Montparnasse que no hacía cubismo. Cuando los mercaderes empezaron a fijarse en este pintor, ya arruinado y alcohólico, el hombre se murió. La muchacha que vivía con él se tiró por la ventana para seguirle para el otro mundo que han falsificado tantos pintores antiguos. Al entierro de Modigliani asistió  todo Montparnasse, desde Picasso hasta el último mono. Desfilaron en el depósito,  por delante del cadáver, pintores de todas las nacionalidades; cada cual saludaba según su rito, con el sombrero, con la cabeza, con los brazos o con el cuerpo.  El último mono de Montparnasse, con el cuello del gabán  levantado sobre el pelo rubio —a quién quiso imitar este personaje de la selva —, le dio el último adiós, un adiós con la mano, volviendo la cara. Parecía el adiós que se daba paradójicamente todo un Montparnasse a sí mismo.”

( a los cien años de la muerte de Modigliani)

 

 

 

(Imágenes—1- Modigliani _1917 – colección privada – Washington – Wikipedia/ 2-Modigliani -1918- colección particular)

CAZADORES DE ROSTROS

 

 

“Casi siempre las calles están llenas de gente de aspecto pesaroso. A veces durante semanas, el pobre cazador de rostros regresa sin suerte de sus expediciones, sin una provisión con la que colmar su despensa de sueños.

Entonces sucede que un día hay demasiados. Hay princesas en las encrucijadas, reinas en los taxis, seres tan hermosos como el amanecer sobre los techos de los autobuses, y puede verse a los dioses mismos pasear por Piccadilly.”

Logan Pearsall Smith -“ Trivialidades y pensamientos” (traducción de Gabriel Insausti)

(Imagen -Georgia O’keeffe- Nueva York -1924- arhistoryarchive)

RELATO CORTO, RELATO EXTENSO

 

 

“La mejor prueba para valorar el alcance de una obra —decía Raymond Carver en “Sin heroísmos, por favor’ —, es preguntarse si la voz narrativa, la situación descrita, los personajes o los detalles permanecen en la memoria. Otra de las cosas en que me fijo es la voz del narrador, si me resulta o no forzada. Como la mayoría de lectores, huyo del tono lastimoso o excesivamente afectado. Tampoco pierdo el tiempo con los sabihondos. Tengo que sentir que hay algo en juego, algo que surta efecto entre frase y frase. En ese sentido, me gusta mucho la sutilidad de los relatos de Chejov. Esto me hace reflexionar sobre el tipo de narrativa que se está escribiendo actualmente. Me parece que hay una saludable intención  de alargar el alcance de las historias, que pasan de diez a cincuenta páginas, quizá con la intención  de acercarse a lo que hasta ahora han sido estrategias propias de la novela.

 

 

 

 

Cuando pienso en “La dama del perrito”, “En el barranco” y “Pabellón número 6”, tres de los relatos más extensos de Chejov, percibo que su intención era ésa desde el principio. Es posible que en cierto sentido el relato corto se empiece a sentir constreñido, como el poema en los últimos años. Los escritores jóvenes parece que prefieren explorar nuevos territorios al prescindir de lo inclusivo y optar por alargar el tapiz de las relaciones y los hechos.  Ensartarlo con un tejido pesado, difícil de manejar y apelmazado es uno de los riesgos que se corren, pero creo que al final se impondrá el talento de estos escritores. En un ensayo que escribí hace tiempo, aconsejaba a los escritores jóvenes “entrar y salir, sin demorarse”. Todavía es aplicable a los relatos que más me gusta leer, pero a todos nos gusta sentirnos liberados de nuestros “métodos prácticos” y me llama cada vez más la atención el relato largo, que ahora practico de vez en cuando.”

 

 

 

(Imágenes —1-Carver/ 2- Carver y Tess Gallagher  en 1984- foto Marion  Ettlinger —guardián/ 3- Carver trabajando)

VIEJO MADRID (90) : GENTES DE LA PUERTA DEL SOL

 

 

“Los primeros días no sabía alejarme de la Puerta del Sol — escribía el italiano Edmondo de Amicis cuando era corresponsal deLa Nazione” de Florencia en su visita a España en 1871 —, allí permanecía horas y horas y me gustaba tanto que hubiera querido estar todo el día en aquella plaza. Y en verdad que es digna de su fama, no tanto por su grandiosidad y su belleza, como por la gente, por la vida, por la variedad del espectáculo que presenta a todas horas del día. No es una plaza como las demás;  es a la vez un salón, un paseo, un teatro, una academia, un jardín, una plaza de armas, un mercado. Desde que apunta el día, hasta después de media noche, hay allí una turba inmóvil y una muchedumbre que va y viene por las diez grandes calles que a la plaza afluyen, con tal movimiento de coches que aturde y marea.

Alli se encuentran los negociantes, los demagogos desocupados, los empleados cesantes, los viejos rentistas, los jóvenes elegantes ; allí se trafica, se habla de política, se pasea, se leen los diarios, se  caza a los deudores, se buscan los amigos, se preparan las manifestaciones contra el ministerio, se inventan las noticias falsas que dan la vuelta a España y se comenta la crónica escandalosa de la ciudad.

 

Por las aceras, que son tan anchas que podrían pasar por ellas cuatro coches de frente, es necesario abrirse paso a la fuerza. En el espacio que abarca una losa, veréis un guardia civil, un vendedor de fósforos, un corredor, un pobre, un soldado, todos formando un haz. Y pasan grupos de escolares, criados, generales, ministros, gente del pueblo, damas; pobres vergonzantes que os piden limosna al oído para que nadie los vea; sombreros que saludan , sonrisas, apretones de manos, frases alegres, voces de : “¡fuera!” a los mozos de cuerda, o los taberneros que atropellan con el barril a cuestas; gritos de vendedores de periódicos y de aguadores, campanilleo de diligencias, toses de viejo, punteos de guitarras y cantares de ciego. Luego pasan los regimientos con sus músicas; más tarde se riega la plaza con inmensos chorros de agua que se cruzan en el aire; y llegan los fijadores de los avisos teatrales, y los vendedores de suplementos, y sale un ejército de empleados del Ministerio, y vuelven a pasar las bandas; se iluminan las tiendas, la muchedumbre se hace más compacta, se multiplican los codazos y crece el vocerío, el estrépito y la algazara.

Y no es el rumor de un pueblo ocupado: es la vivacidad de gente dichosa, el ocio inquieto, un torbellino, una fiebre de placer que os contagia y allí os detiene u os hace dar vueltas como unas devanaderas sin dejaros salir de la plaza; una curiosidad que no se satisface nunca, un ansia inmensa de no hacer nada, de oír chistes, de bromear, de reír. Tal es la famosa plaza llamada Puerta del Sol.”

 

 

(Imágenes—1-Puerta del Sol -1887/puerta del Sol/ 3-puerta del Sol -1900)