JEROGLÍFICOS DEL ARTISTA

Cuanto más se aproximan los jeroglíficos del artista — decía el pintor y grabador alemán Max Lieberman — a las impresiones sensoriales de la naturaleza. — y todo arte es únicamente jeroglíficos —-, mayor esfuerzo imaginativo se necesitó para inventarlos.

(Imágenes— 1- wikipedia/ 2- Max Lieberman – cervecería rural 1893- museo de Orsay)

EL JAZZ, CREACIÓN E INTERPRETACIÓN

La creación en el jazz no está separada de la interpretación — resumía y recordaba en 1952” la revista “Le Point” —.En lugar de un compositor que escribe música, que interpretarán después unos ejecutantes, son los intérpretes mismos los que, en el jazz, aseguran la materia musical, ya con sus improvisaciones, ya con su participación en la elaboración de las orquestaciones. Los arreglos de conjunto que ejecutan las orquestas de jazz raramente se fijan de una vez para siempre. Con frecuencia son modificados según la sugestión del director de orquesta o de sus músicos. El arreglo de tal o cual trozo perteneciente al repertorio de un Duke Ellington o de Count Basie, varía notablemente de un año a otro.

Otra característica del jazz es el ser esencialmente “un arte colectivo”. La creación, aquí, raramente es individual. Cuando, en una orquesta, improvisa un solista, la improvisación es sostenida por los miembros de la sección rítmica, que pueden influir enormemente en su manera de improvisar, igual que la interpretación del solista influye, a su vez, en el estilo de la sección rítmica. Ciertamente, sucede que el jazz conoce la creación individual, tal es el caso de un pianista tocando un solo, sin el menor acompañamiento. Pero los solos del piano derivan directamente de la creación colectiva, pues, en su origen, los pianistas de jazz tocaban sólo para hacer bailar, y los bailarines influyen en los músicos, al menos desde el punto de vista rítmico, que es lo más importante.

Otra característica del jazz es que los músicos no utilizan sus instrumentos según la técnica “clásica” que se enseña en los Conservatorios. Los tocan como “cantan”. Si el estilo vocal negro es ya muy diferente de la técnica vocal europea, el contraste se hace mucho más acusado en el ámbito instrumental, donde los negros obligan al clarinete, a la trompeta al trombón, a expresarse en cierto modo, como una voz humana. El estilo instrumental de los negros es el mismo que el de un negro que habla o que canta. Es “expresivo”, sin énfasis, sin sentimentalismo redundante o declamativo de mala calidad, pero con una vehemencia. extraordinaria. Es, con frecuencia, por el modo de atacar las notas, las inflexiones, mas que por la misma idea melódica, por lo que el músico de jazz crea bellas frases en sus improvisaciones o en una orquestación de conjunto.

(Imágenes — 1- acuarela de finales del siglo XVlll bailando en Carolina del Sur- wikipedia/ 2- Duke Ellington en 1943- wikipedia/ 3- Miles Davis en el North sea jazz festival — wikipedia/ 4-el trombonista Craig Harris- wikipedia)

TERTULIAS EN LA ETERNIDAD (9) LOS CUATRO ELEMENTOS

Me decía el otro día en la tertulia Gastón Bachelard, un hombre que antes de llegar aquí había estudiado mucho el fuego, el aire, los sueños y el agua, que aquí en la eternidad los elementos de la naturaleza se unen, confunden y entremezclan y uno puede perfectamente lavarse las manos con fuego y secárselas con agua, que quedan limpias y absolutamente secas, impecables, que es lo que él quiso hacer como demostración delante de mí, que no tenía por qué demostrármelo, porque yo mismo enseguida lo comprobé metiendo la mano en las llamas de la fogata que preside nuestras reuniones y viendo cómo las llamaradas rojas eran una delicia ardiente de limpieza entre los dedos, te dejan los dedos lisos, impecables y sin manchas ni pecas, te dejan sin espuma, y luego de qué forma el paño del agua que en ese momento caía a borbotones como sólo puede llover en la eternidad, es decir, torrencialmente, que yo casi no podía ver a Bachelard y a su poderosa barba blanca, secaban instantáneamente mis manos, me las dejaron secas, limpias, como las tengo ahora.

— Es que antes de la eternidad — me explicaba Bachelard— no había más remedio que separar y ordenar los cuatro elementos de la naturaleza porque si no la gente se perdía. El agua tenía que ser agua, la tierra tierra, el aire lo que era y el fuego pues lo que usted ha conocido . Pero eso ya pasó. Yo no digo que no haya que tener una orientación y un orden siempre, pero un orden distinto. Fíjese ahora, por ejemplo, cómo caminamos tranquilamente sobre el aire y nos nos pasa nada. Es seguro, y hasta a veces divertido. No nos ha impresionado carecer aquí de bosques, de subidas y bajadas, de lo que llamábamos antes paisajes, que indudablemente eran bellísimos, yo recuerdo, como a usted le pasará, ciertos atardeceres con un campanario al fondo entre los árboles, un campanario entre rosado y amarillo, o pueblecitos derramados casi sobre las playas, a orillas del mar. Aquello se construyó, y se hizo bien en construir, sobre la belleza de la tierra, para realzarla, para dibujarla mejor, pero como tantas otras cosas que tuvieron que construirse para servicio del hombre, como por ejemplo los husos horarios o las estaciones del año, para diferenciar las unas de las otras, ¿recuerda, por ejemplo, a lo que llamábamos la Primavera? Y hablando de

recuerdos: aquí es impresionante ver cómo se invocan los recuerdos y cómo inmediatamente esos recuerdos aparecen. Se pestañea un momento y los que somos nostálgicos vemos de pronto como en un sueño aquel campanario al fondo entre los árboles, aquel campanario rosado y amarillo, y aquel pueblecito derramado casi sobre la playa a orillas del mar. Son instantes, lo sé, meros instantes que a veces podemos alargar, pero son instantes que han perdurado en nosotros, que han quedado petrificados y velados. ¿ Y por qué han quedado en nosotros tan plásticos y vivos? Porque los amamos en su momento. En el fondo no nos dábamos cuenta de que estábamos amándolos. Y entonces en el fondo de los ojos se han

quedado así. Los amábamos y están ahí donde los dejamos y están igual que entonces. Nos los hemos llevado con nosotros y ya no los perderemos. Perdimos las cosas que no amamos, pero no estas otras.

José Julio Perlado

(del libro “Relámpagos”) ( relato inédito)

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(Imágenes —1- Fernando Bellver- bailando con el fuego- Manhattan —2007- El Cultural/ 2- wikipedia/ 3- wikipedia/ 4- Cornelia Fitzroy)

CORAZÓN, CORAZÓN MÍO

¡Corazón, corazón mío, por irresistibles penas agitado!

¡Arriba! ¡Frente a los enemigos, saca tu pecho y defiéndete

y en las insidias de tus contrarios, firme cerca de ellos, aguanta en pie!

No te jactes ante todos si eres vencedor

ni vencido, te lamentes en casa postrado.

Con tus alegrías regocíjate y con las desgracias aflígete

sin desmesura: ve comprendiendo qué clase de cadencia al hombre rige!

Arquíloco de Paros ( 712- 665 a de Cristo)

(Imagen- Odilón Redón)

ABRIR Y CERRAR PUERTAS

La puerta es el umbral, el tránsito — anota Juan Eduardo Cirlot en su “Diccionario de los símbolos” —, pero también parecen ligadas a la idea de casa, patria, mundo. En la antigua Escandinavia los exiliados se llevaban las puertas de su casa; en algún caso las lanzaban al mar y abordaban en el lugar donde las puertas encallaban; así se fundó Reykjavik en 874.

En una película de Robert Bresson los personajes pasan la mayor parte del tiempo abriendo, cerrando y volviendo a abrir puertas. Es suficiente que uno sea poco sensible a la trascendencia —comentaba un crítico sobre este film — para ver que una puerta no es simplemente una apertura practicada en un muro, o una unión de piezas de madera que pueden pilotar sobre un gozne. Según que la puerta esté cerrada, abierta o cerrada con llave, una puerta es también, sin cambiar su naturaleza, presencia o ausencia, o una llamada para defenderse. Un hombre se aproxima, apenas tenemos tiempo de ver su sombra cercana a una puerta que él ya ha empujado y después se ha introducido en el interior: es una presencia, un acto, una intención. En el universo de Bresson es algo universal: una puerta abierta o cerrada tiene siempre una significación.

(Imágenes- 1-Marcel Bovis- 1938/ 2 y 3- wikipedia)

PICASSO, HISAE Y LOS 4 GATS

Hisae Izumi nunca conoció personalmente a Picasso ni coincidió con él aunque siempre conservó como recuerdo un pequeño y curioso apunte suyo. Se trataba de la tarjeta que presentaba el menú que le entregaron en la taberna, cervecería o cabaret catalán “Les quatre Gats” en 1899, situado en la calle Montsió de Barcelona. Sentada con un kimono azul celeste y acompañada de un pequeño abanico también azul, se había colocado en uno de los fondos de aquel local en el que había entrado decidida a conocer las sombras chinescas de las que tanto le habían hablado realizadas por un tal Ramón Casas que al parecer tenía gran inventiva. Sentía curiosidad por ellas. Cuando una serie de parroquianos habituales, algunos de ellos pintores —— el propio Ramón Casas, Pere Romeu, Santiago Rusiñol y Miguel Utrillo entre otros — descubrieron al fondo del local la figura sorprendente de aquel kimono azul que resaltaba entre sillas y banquetas, quedaron estupefactos. Estaban habituados a las sorpresas, y ellos mismos las provocaban con sus ironías, dibujos y muñecos caricaturescos pero nunca hubieran podido imaginar que una auténtica japonesa, vestida a la manera tradicional, estuviera sentada alli, en el fondo de la taberna, en aquel pintoresco escenario catalán. “Les quatre gats” había sido fundada por Pere Romeu en 1897, indudablemente influída por el cabaret “Le chat noir” abierto en París en 1881. Se mantenía con un gran número de traviesas, mucha cantidad de hierro forjado en formas vegetales, propias del Art-Nouveau. Tenía una entrada de ladrillos y en general un aire de falso medievalismo, en armonía con la vanguardia barcelonesa de la época, muy influída por Wagner y por el Norte de Europa. Al fondo, se abría una amplia sala para exhibiciones de sombras chinescas y de marionetas. Esta sala también se utilizaba para exposiciones y allí estaba sentada Hisae Izumi con su kimono azul.

Cuando Ramón Casas se acercó a ella lleno de curiosidad rodeado por varios de los contertulios de “Le quatre gats” y advirtió pronto el interés de la japonesa por el espectáculo, redujo las luces, extendió una amplia sábana blanca colgada desde el techo del local y a la vez que iban apareciendo en aquella especial pantalla las “sombras chinescas”, se las fue explicando a Hisae. En términos generales, se trataba de unas hojas sueltas movibles en las que aparecían impresas las siluetas de figuras de personajes conocidos de la Barcelona de entonces expuestas como si fueran una narración popular; esencialmente figuraban los rostros de los parroquianos más conocidos (Casas, Romeu, Rusiñol y Utrillo ), líderes de iniciativas culturales dibujados en poses divertidas y diversas. A Hisae aquello le pareció pintoresco, aunque no le apasionó demasiado, sobre todo porque ella ya había visto muchas veces teatros de sombras — cercanos de algún modo a las sombras chinescas— en los años pasados. Especialmente títeres javaneses — les dijo a los que la escuchaban —, un tipo de teatro de sombras protagonizado por títeres de varillas y de sombras. Aquel término javanés — añadió — se podía interpretar también como “sombra” o “imaginación”, las figuras estaban hechas con piel de animal tratada y coloreada para darle un aspecto reluciente. Todo esto se lo iba contando Hisae a Ramón Casas y a los otros contertulios sentados en torno a ella que la oían asombrados. Como les habló igualmente de las sombras indias que ella había conocido, con un titiritero que se servía de tres varillas, una vertical para la cabeza de las figuras y dos para las manos y con una pantalla sujeta con espinas y un foco de luz iluminado por un candil.

Concluyó hablándoles también del teatro de sombras de China, antiquísimo, les comentó Hisae, y donde el rojo de las figuras representadas significaba lealtad e integridad, el negro firmeza y dureza, el amarillo bravura y temeridad y el azul y el verde los colores de los demonios y los bandidos. Ramón Casas no sabía qué responder ante todo lo que oía. Estaba fascinado, como lo estaban los demás. Como prueba de reconocimiento Casas le entrego a Hisae una tarjeta por si quería volver otro día a “Les quatre Gates” y en la parte izquierda de esa tarjeta le mostró un dibujo— dijo Casas— “de un joven artista de gran talento que viene de vez en cuando por aquí, tiene dieciocho años y se llama Pablo Picasso”.

José Julio Perlado

(del libro “Una dama japonesa”) (relato inédito)

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(Imágenes— 1- tarjeta anuncio del menú de ‘Les quatre gates” con dibujo de Picasso y firmado por él/ 2-portada de “Les quatre gates”/ 3-Ramón Casas- retrato de Picasso hacia 1900/ 4-Kawano Kaoru)

LOS OJOS DE LA IMAGINACIÓN

El arte digno de este nombre no proporciona lo visible— decía Paul Klee— , sino que abre los ojos. En su esencia, el dibujo induce fácilmente y legítimamente a lo abstracto. Entonces se revela el carácter fantástico, mítico, el que disciernen los ojos de la imaginación, y se manifiesta con gran precisión. Cuanto más afina el artista en su trabajo, es decir, cuanto más se apoya en los elementos de la forma que sostienen la empresa gráfica, más se apercibe de que disminuyen los materiales apropiados a la representación naturalista de las cosas aparentes.

(Imágenes—Paul Klee- wikipedia)

TERTULIAS EN LA ETERNIDAD (8) : LOS ACUARIO


Yo creo que fue seguramente Mozart salpicando todas sus hojas de notas musicales antes de que se las llevara el río del olvido, o quizás Virginia Woolf, otro Acuario sentada en su butaca escribiendo con su pluma especial pero escuchando a la vez el río de su futuro cargado de piedras en los bolsillos que le llamaba desde el fondo del cerebro, el río de la mente y de la depresión, un río de palabras deslizantes, un río de nieblas que le aguardaba. Porque estos y todos los demás Acuarios que estaban hoy en la tertulia cerca de mí aparecían concentrados en su trabajo y no me hicieron al principio demasiado caso, aunque fueron enormemente amables enseguida, todos los Acuarios en general suelen ser muy amables y educados, muy entregados a vaciarse siempre que pueden en ayudar al otro, porque la necesidad del otro, se dicen a sí mismos, es mayor que la mía, y entonces le vierten al otro de mil maneras— desde la música, la literatura o singularmente la ciencia — muchas de las cosas que saben o que poseen, y se las vierten como si le volcaran un jarro de agua reconfortante y lo hacen cada uno a su modo; Simenon, por ejemplo, que es Acuario, le vierte al lector los pasos de Maigret junto a las orillas del Sena; Pasternak, que es Acuario, le va enseñando a su vez cómo la escarcha de la nieve, al diluirse por la ventana en la noche, se transforma en poema. Y así lo hace también E.T.A. Hoffmann, y Edith Warton, y Dickens, y Auster, y tantos Acuarios más.

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Pero hoy en la tertulia — como me pasa con frecuencia — me impresionó ver como siempre a un Acuario silencioso que parece mirar al infinito. Está todos los días sentado en un sillón de piedra, las manos extendidas y alargadas sobre los brazos del sillón, los ojos puestos en su país y sin moverse en nada, ni tampoco su perilla entrecana y puntiaguda, ni tampoco su mirada penetrante. Siempre que miro al Acuario Abraham Lincoln sentado así intento intuir lo que piensa sin adivinarlo nunca.

José Julio Perlado

(del libro “Relámpagos)( relato inédito)

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(Imágenes— wikipedia)

CUALIDADES DEL CARÁCTER

Por su verdadera naturaleza los ritmos y las melodías — dice Aristóteles— son copias de la ira y la benevolencia, la valentía y la templanza (con sus opuestos), y todas las demás cualidades del carácter… Lo que percibimos por los otros sentidos no son tales copias, por ejemplo las cosas que tocamos o gustamos, excepto las cosas que vemos, ya que las formas participan de ese carácter aunque sólo un poco.

(Imagen- Lowell Nesbitt)

CARICATURISTA DE LA PROSA

Fisonomista de la prosa—escribe Julien Gracq—-.Aquel que, en una página ya célebre, aunque escrita recientemente, sabría distinguir por donde, y cómo, envejecerá, así como, en un joven rostro, el buen caricaturista sabe anticipar los pliegues, las arrugas, las hinchazones futuras. Pues el arte del verdadero caricaturista, al que admiro, es el arte de plagiar elevado al cuadrado, en tanto que añade, a la exacta disección de lo que es, la adivinación superior de lo que va a constituir el lento avanzar de la vida.

(Imágenes— 1- Daumier 1857/ 2- Daumier- momento de descanso)

ATARDECER DE HISAE Y MONET EN GIVERNY

Fue en una de esas tardes, en junio de 1921, en Giverny, cuando se la quedó mirando Monet, sentados los dos en la pequeña habitación azul de la casa, una habitación llena de estampas japonesas, el momento en que el pintor estuvo a punto de preguntarle a Hisae sobre su edad. Pero no lo hizo. Le intrigaba la ausencia por completo de arrugas en el rostro de aquella mujer, su cutis perfecto. La miraba Monet fijamente desde su barba blanca y admiraba igualmente su kimono rojo salpicado de flores amarillas. Tuvieron aquella tarde una interesante conversación sobre la belleza. Hisae había hablado ya muchas veces sobre la belleza, lo hacía siempre que le preguntaban y nunca rehuía la pregunta, incluso había dado una larga charla hacía ya casi veinte años, en 1902, en la galería “La Maison de L’Art Nouveau” en París, en el salón del coleccionista alemán Siegfried Bing. Pero ahora Hisae tenía interés en contarle a Monet la impresión que le había causado hacia tiempo un libro antiguo, un libro de un portugués, buen conocedor de Japón, un tal Frois, que en el siglo XVl había querido comparar a su modo la belleza y la moda de la mujer japonesa y la de la europea.

En un capítulo de ese libro — le dijo Hisae a Monet—, uno titulado “Sobre las mujeres, sus personas y costumbres”, el autor decía nada menos que las mujeres de Europa se preciaban y empeñaban en tener el pelo rubio mientras las japonesas lo aborrecían y se esforzaban en cuanto podían en tenerlo negro. Decía también —- aunque yo creo , comentó Hisae, que aquello era una exageración —, que en Europa las mujeres se perfumaban los cabellos con esencias odoríficas y en cambio las japonesas apestaban al aceite con el que los untaban ; las mujeres de Europa, añadía el autor de aquel libro, utilizaban muchos tocados para el ornamento de la cabeza; y las japonesas, por el contrario, se peinaban sin adornos, e incluso las mujeres nobles llevaban el pelo suelto.

Monet le interrumpió:

— ¿Piensa usted lo mismo sobre estas cosas?

— En algunas cosas sí y en otras no — contestó Hisae — Tenga en cuenta que este libro es de 1585. El mundo evoluciona . (Pero nada añadió Hisae sobre aquellos años en que ella estaba a punto de vivir la gran ceremonia del té en los bosques de Kitano. De su pasado procuraba guardar siempre silencio).

—- También hablaba el autor de ese libro — prosiguió Hisae — de cuestiones sobre el maquillaje. Las mujeres de Europa, decía, usan pintura para blanquear la piel de la cara; las japonesas, en las fiestas, la cubren de pintura de tinta negra. Y comentaba el tema de los dientes negros: las mujeres de Europa, decía aquel libo, trabajan con todos los medios y artificios para blanquearse los dientes, las japonesas trabajan con hierro y vinagre para hacer la boca y los dientes negros. Y en cuanto a la vestimenta o accesorios anotaba que las europeas llevaban mantos largos y negros y las nobles japonesas cortos y de seda blanca Igualmente decía que los vestidos de las mujeres de Europa en general son cerrados por delante y les cubren los pies hasta el suelo, mientras que los de las japonesas son abiertos por delante y les llega hasta el empeine. Las europeas, añadía el autor, llevan anillos con piedra y otras joyas, en cambio las japonesas no utilizan ninguna pieza ni joya hecha de oro ni plata. Todo esto es, por supuesto, del siglo XVl. Los tiempos han cambiado en muchas cosas; en otras no. – concluyó Hisae..

.Monet, en su habitación azul llena de estampas, le escuchaba con enorme atención.

Estuvieron así hablando Monet y Hisae de muchas cosas y de otras muy variadas hasta que empezó a atardecer en los cristales que daban al jardín de Giverny y el sol le dio un tono distinto a las flores.

José Julio Perlado

( del libro “Una dama japonesa”)

( relato inédito)

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( Imágenes : – 1- Sciobo japonese-/ 2 – interior de la casa de Monet en Giverny/ 3- Jardines de Giverny)

TERTULIAS EN LA ETERNIDAD (7) : BULLIR DE PÁJAROS

Estábamos allí, entre otra mucha gente, los músicos Maurice Ravel, Olivier Messiaen y Antonin Dvorak oyendo el concierto del jilguero amarillo que hoy se lo dedicaba a nuestra tertulia. Con su cabeza coronada con un gorro negro, su cuerpo amarillo, sus alas y colas negras, repetía sus cuatro notas mientras permanecía quieto pero era más bello aún verlo volar, porque volando tenía un toque de tristeza y ascendiendo, descendiendo y volviendo a ascender nos ofrecía a la vez su canto y sus curvas. Pero de repente un estruendo de alas de gaviota hizo interrumpir su canto y nos empujó a volar también a todos nosotros por encima de la nube donde nos encontrábamos y así, quisiéramos o no, no tuvimos más remedio que descubrir, conforme volábamos, otros nidos que existían en la eternidad para posibles tertulias. Nunca he visto tantos nidos dispersos en la parte alta de la eternidad, tal como si fueran atalayas o palcos construidos por los mismos pájaros, porque los pájaros yo creo que nos los tenían ya preparados para que viéramos y escucháramos todo su concierto y no nos dejaban ni sentarnos para mirar por distracción a otros animales que pasaban y esas propias aves nos traían y llevaban encima de sus alas, sujetándonos con el pico y depositándonos luego encima de otra nube. Allí empezaron a acudir, sin duda por la atracción de los sonidos, gente como Haendel, que se puso muy cerca de un ruiseñor y murmuraba algo sobre dulce pájaro, que rehuye el ruido de la locura, y también Mendelssohn, Liszt y Milhaud.

Y cuando el cuco de pronto empezó también a cantar, y lo mismo hizo el carbonero común, Beethoven acercó más su oído, Mahler puso más atención, Vivaldi se colocó junto al jilguero, y Sibelius se emocionó con la grulla. Yo creía que todo era solamente una vieja tradición entre pájaros y música “antigua”, pero la modernidad estalló de pronto cuando el jazz de Charlie Parker se improvisó como saxofonista y los pájaros de todas las edades y colores comenzaron a seguir con sus alas el movimiento rítmico.

José Julio Perlado

(del libro “Relámpagos”) (relato inédito)

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(Imágenes- wikipedia)

LA MANO QUE OBEDECE AL INTELECTO

“No tiene el óptimo artista ningún concepto que un mármol solo en sí no circunscriba con su exceso, y sólo tiene ese artista la mano que obedece al intelecto.”-escribe Miguel Ángel en sus “Rimas”.

(Imagen- Miguel Ángel Buonarroti- 1544- The Metropolitan Museum de Arte- Nueva York)

EL ARTE DE TOMAR DECISIONES

“Un viejo proverbio dice: “Decidíos en el espacio de siete soplos”— escribe el japonés Yosho Yamamoto—. El señor Takamobu Ryuzoti hizo un día este comentario : “Si un hombre tarda demasiado en tomar una decisión, se duerme.” El señor Naoshige dice también: “Si uno se lanza sin vigor, siete de cada diez acciones no llegan a término. Es verdaderamente difícil tomar decisiones en estado de agitación. Por consiguiente, si sin ocuparse de las consecuencias menores, uno se enfrenta a los problemas con la mente afilada como una navaja, siempre se encuentra la solución en menos tiempo del preciso para hacer siete soplos.” Hay que considerar los problemas con calma y determinación.”

(Imágenes- 1- museo del arte japonés/ 2- Ogata Korin- 1658)

TERTULIAS EN LA ETERNIDAD (6) : LOS GRANDES CAMINANTES

Hoy ha salido a caminar muy temprano la vestidura blanca del norteamericano Henry David Thoreau que quería andar, como siempre, sobre los colores, sobre la epidermis del trébol violeta, sobre el arce rojo o sobre el roble colorado. Aquí en la eternidad hay muchos andarines como él, por ejemplo el incansable suizo Robert Walser que suele marchar despacio pero con paso acorde, firme, a veces costoso, perfeccionando sus paseos y caminando junto a sus soliloquios interiores, es decir, junto a sus pensamientos. No se fija tanto en los colores, que yo creo que no le importan demasiado, y sí en cambio en sus silencios. Impresiona verle subiendo silencio arriba poco a poco, contemplándolo todo desde la cumbre, sea alta o baja, y luego descendiendo otra vez, procurando no caerse, por la bajada del silencio. También camina mucho en la eternidad el poeta japonés Matsuo Bashõ, que recorrió a pie muchas veces su país y que decía que el sol y la luna eran igualmente eternos caminantes lo mismo que las estaciones, que iban y venían todo el año. Thoreau es muy distinto. Los colores se le alargan, yo diría que le forman carretera para él solo, él está acostumbrado a que le abran caminos los tallos, las ramas, las hojas con nervaduras de color morado amarillento. Y sobre todo el rojo. Cuando habla para sí mismo suele decir que el rojo le va abriendo paso porque es el color de los colores. Se detiene, sí, ante las hierbas carmín y ante el verde claro de las hojas, pero es sobre todo el rojo el que le detiene y al mismo tiempo el que le incita de nuevo a andar.

Son caminantes incansables estos que recorren la eternidad de un lado para otro. de modo constante y paciente, con esa sensación de felicidad que da el saber que nunca tendrán límites, que no van a recorrer jamás la eternidad entera. Siempre detrás de un violeta habrá otro violeta y detrás de un árbol otro árbol y detrás de una madreselva otra madreselva. Nos lo suelen contar en la tertulia y lo cuentan como si continuaran andando, sin ninguna fatiga.

José Julio Perlado

(del libro “Relámpagos”( relato inédito)

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