EN TORNO A STEPHEN CRANE

Paul Auster acaba de publicar un libro sobre el novelista norteamericano Stephen Crane. Crane — dice el historiador y crítico Marc Saporta— es uno de los niños prodigios de la literatura, uno de esos creadores que aparecen de repente, escribiendo en algunos años una obra decisiva y muriendo pronto, consumido literalmente en su propia llama. ”La roja insignia del valor”, de 1896; aparecería en forma de folletín en el ”Philadelphia Press” y todos los colaboradores del periódico, incluidos los tipógrafos, querían conocer la novela. ¿Qué comportaba esta obra para levantar una inmediata reacción? Para un público poco preparado para las técnicas del realismo, la guerra era la mejor manera de aplicar el proceder. La paradoja es que Stephen Crane no había oído jamas un solo tiro. Sobre todo se había apoyado en los conocimientos de su hermano William, muy versado en la batalla de Chancellorsville y utilizando numerosos relatos de veteranos de la guerra de Secesión. Pero el impresionismo totalmente nuevo del relato, los toques rápidos destinados a recrear la emoción de los reclutas que recién llegados al frente huyen al primer intercambio de balas, poniendo en armonía el fondo y la forma con una gran búsqueda de vocabulario, ése es su acierto.

Stephen Crane, refugiado en Inglaterra, en donde es el autor mejor pagado del siglo ” veinte libras por mil palabras”, vive como un barón Tudor en la mansión de Brede Place, medio desilusionado y proveyendo de champagne a una bohemia de parásitos.”

(Imagen—Nueva York -1911- National Gallery)

HISAE Y EL POETA BASHŌ


“Por aquellos años se estaba trasladando  la Corte  desde  Kyoto a Edo, que siglos más tarde se llamaría Tokio, y se percibía el enorme trasiego de carruajes y el ir y  venir de ropajes y de  vidas. Todo aquello, en cierto modo, lo estaban reflejando a su manera los artistas y Hisae Izumi los admiraba, se iba con ellos  a caminar, sobre todo con los llamados  artistas itinerantes  y recorría de norte a sur Japón, y puede decirse que aquel siglo XVll, al margen de los acontecimientos políticos y sociales que fueron muchos, quedó definido como el gran siglo de los caminantes. Iban muchos de ellos en fila, otros en grupos, algunos se detenían, conversaban, admiraban las pinturas y las decoraciones. Ni siquiera el gran incendio de Meireki, a mitad de siglo, en 1657, que duró tres días y devastó Edo causando la muerte de 100..000 personas, distrajo a las  columnas de caminantes que en aquellos momentos se encontraban  por cierto muy lejos de la ciudad, en el norte del país. Hasta allí les llegó el rumor de que todo el fuego del enorme  incendio  de Edo se había iniciado por un viento extraño que  había avivado las llamas de un kimono femenino quemado  por considerarlo maldito. No se sabía si aquello era verdad o leyenda, pero alguno se quedó sobrecogido. Lo cierto era que las largas filas de caminantes estaban más ocupados  en sus recorridos que en las luchas  políticas y militares del país. Viajaban generalmente a pie, algunos —muy pocos — a caballo o en palanquines. Eran comerciantes, monjes, antiguos  samurais que en el pasado habían luchado en muchas guerras y que ahora se sentían atraídos por la meditación y por el  arte. En uno de aquellos viajes  Hisae se sorprendió  al descubrir la figura de un hombre  de unos cuarenta años, un hombre de pequeña estatura, vestido con una túnica sencilla, apoyado en un bastón, y que marchaba solitario y con los pies descalzos. Le llamó la atención su soledad y su silencio y que avanzara absorto y con los ojos atentos a las más pequeñas cosas que iba encontrando en la naturaleza. Se detenía, por ejemplo, ante una flor, luego seguía el vuelo de un pájaro, después se quedaba ensimismado con el fluir del agua. “Es un poeta,—- le comentó alguien que lo conocía  bien —, un gran poeta.Y a la vez un gran viajero. Ha recorrido muchas veces andando todo el país Se llama Matsüo Bashö.”

No podía Imaginar Hisae todo lo que aquel personaje iba a influirle en su vida.. Casi desde el momento en que lo conoció comenzó  también a olvidarse de él, porque en principio le asombró pero no le interesó demasiado, pero cuando años después, en 1680, en una tarde en que Hisae  paseaba cerca del río  Sumida, no lejos de Edo, lo volvió a encontrar sentado a la puerta de una pequeña cabaña, enseguida lo reconoció como el mismo personaje de entonces, ahora algo más enflaquecido, cubierto con una túnica sencilla y con los pies descalzos, y que estaba escribiendo.

Hisae se acercó a él y le recordó  que hacía mucho tiempo le había visto  en una de aquellas caminatas por el norte del país y cómo se le había quedado grabado  su ensimismamiento ante las flores y los pájaros. “Yo sigo siempre el camino de las flores y los pájaros —-dijo sencillamente  Bashō sentado en su cabaña — y también el camino de las rocas y las aguas, de la lluvia y la luna.” Aquellas primeras  palabras serían el principio de un largo coloquio entre los dos que en gran parte ella quiso recoger en sus Memorias : “Me senté aquella tarde junto a él en la puerta de su pequeña cabaña, — escribió Hisae — y empezamos a hablar.  Bashō fue  el hombre que me desveló muchos aspectos de la vida. Por ejemplo, el secreto del caminar, pero no sólo del caminar corriente sino del caminar poético..”Yo viajo — me dijo  aquella tarde  Bashō—, únicamente con sombrero de bambú, un bastón de  caña y una bolsa de algodón para mis víveres. Eso me es suficiente. El sol y la luna son también eternos caminantes como lo son las estaciones que vienen y van, año tras año. No recuerdo cuándo —me  añadió Bashō —, pero en algún momento concebí el deseo de una vida errante, de entregarme al destino de una nube solitaria arrastrada por el viento. De esa forma cada año que se acerca a su final, mi espíritu viajero resurge otra vez con gran fuerza.. Es como si me persiguiera un ser sobrenatural cuya tentación no puedo resistir. La paz  entonces  abandona mi corazón — siguió diciéndome  Bashō —,remiendo rápidamente mis polainas, renuevo los cordones de mi sombrero y después de dejar  mi caballo a un amigo emprendo el viaje hacia el norte con mi corazón lleno de la luz de la luna.”.

José Julio Perlado

(del libro ”Una dama japonesa”)

(relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

( Imágenes— 1-Yayoi Kusama – 1991- museo de Tokio/ 2-pájaro singular japonés /3-Aku Maki)

DANTE: VOZ, PALABRA Y MÚSICA

Dante leído, escuchado, recitado, cantado y envuelto en música. Todos los registros posibles en torno a la figura y la obra del gran escritor universal. En la Universidad norteamericana de Columbia, entre Homero, Esquilo, Eurípides, Platón, San Agustin, Shakespeare, Cervantes y tantos otros, allí aparece elegido entre las lecturas esenciales del curso la ”Divina Comedia” y en concreto ’El infierno’, que causa pavor y admiración a los alumnos que lo leen. Se comenta también en ese curso las opiniones sobre Dante expresadas por Eliot y Auden, que consideraban la “Divina Comedia” como la obra literaria clave de la era cristiana.

Pero Dante no es solamente leído. Umberto Eco admiró y prologó ”Mi Dante”, del actor italiano Roberto Benigni, quien a través de conversaciones y declamaciones noche tras noche de ciudad en ciudad, lanzaba la narración oral de los versos eternos y los recitaba con acento toscano. para admiración de los espectadores. Así Dante bajaba a las plazas y se metía en los soportales de las ciudades y los pueblos y la sombra de su voz se agigantaba en el silencio nocurno.

Pero tampoco Dante era únicamente leído, recitado o cantado. Los lazos de la música envuelven de algún modo su figura. El gran poeta ruso Osip Mandelshtam, que murió en el Gulag y sabía recitar de memoria ”La Divina comedia”, decía que “ si quisiéramos aprender a oir a Dante, deberíamos oír la culminación del clarinete y del oboe, deberíamos oír la viola transformada en el violín y el alargamiento del pistón del corno francés. El leer a Dante es sobre todo una labor interminable. En Dante, la filosofía y la poesía siempre están en movimiento.”

(Imágenes—1- dibujos sobre la Divina Comedia/ 2- El infierno/ 3-Domenico di Michelino- 1465- Florencia)

LOS “DESPLAZAMIENTOS” DE MAGRITTE


“ El belga Magritte — cuya obra nos presenta estos días el Reina Sofía de Madrid — fue decorador de profesión en los primeros años veinte del pasado siglo y también pintor de papeles de colgadura, logrando así un sólido dominio del oficio en el género del ”trompe- l’oeil”, que le fue de gran utilidad para simular el ”confort” de los interiores burgueses ricos en molduras, en cornisas y en ménsulas..” Lo recuerda así el gran estudioso y crítico italiano Renato Barilli que se adentra a comentar sus celebres ”desplazamientos.”. Magritte — dice Barilli— tiene una constante fidelidad al presente, o mejor, el ayer de la sociedad, lo que lo lleva a ofrecernos una multitud de óptimos burgueses con bombín, llenos de todas las características de la usanza de aquellos años.

El mobiliario que nos presenta Magritte en sus historias, las habitaciones , la ornamentación y los escenarios del tiempo libre concuerdan con un tenor de vida confortable, pero un poco obtuso, propio de una muchedumbre de soñadores en zapatillas que sueñan y se desplazan con Julio Verne ( su autor preferido).”


Estos ”desplazamientos” son típicos en Magritte, como también los relatos oníricos.

Magriite, formado en Bruselas, donde pasó toda la vida, se hizo conocer en Paris, sólo alrededor de 1927. Él quiso hacer amplio uso de la fotografía — recuerda Barilli—, y recurre a ella para experimentar directamente sus hallazgos escénicos, sus motivos provocadores, que luego debían venir dócilmente transcritos sobre la tela con los instrumentos más tradicionales de la pintura,”

(Imágenes—1– Magritte- castillo en los Pirineos- 1949/ 2–Magritte/ 3-Magritte- 1963/ 4- Magritte/ 5 Magritte- 1928)

ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN

Días como relámpagos

un llamear de instantes

que en el sueño, en las altas

barandas al vacío

y en un lento desfile

de instantáneas borrosas

acabarán sepultos

en el álbum de cuero

allá al fondo del mueble.

Y, en tanto que las larvas

reconocen el género,

acaso ya una ninfa

va trasminando seda.”

Antonio Martínez Sarrión- “Ejercicio sobre Rilke” 1988

(en memoria del poeta que acaba de morir) Descanse en paz.

(Imagen- Robert Henderson)

LA LUNA CUANDO UNO ESTÁ CANSADO



“Cuando uno está cansado y tiene la suerte y los medios para poder ir a algún buen hotel del mundo, ocurre ese mismo fenómeno que jamás aparecerá en las guías de viaje. Suele haber una serie de habitaciones en el último piso en cuyas ventanas aparece en la media noche del verano ,la luna. No es una luna redonda sino una media luna solitaria que pende sobre el océano. Desde la cama, con la ventana abierta, se sigue perfectamente el silencio blanco de esa luna omnipresente que se desplaza muy despacio , casi intangible, por el marco de la ventana.. Suele suceder eso hacia las tres o tres y cuarto de la mañana. Es donde parece pararse el tiempo. El tiempo se detiene , también la atmósfera y el clima.. La brisa refrescante del mar asciende hacia la luna. Por la ventana abierta llega toda la suave humedad nocturna hasta la cama. Uno se adormece, o al menos cierra los ojos. El cansancio, la polvareda de gases del invierno, las precipitaciones de escaleras y ascensores, el vibrar de los móviles, el centelleo de pantallas y ordenadores, los gritos de los niños, las comidas copiosas y apresuradas, todo queda bajo los párpados cerrados unido a las discusiones y a los despertares. El ruido de las autopistas y el zumbido de los aviones desaparece. Da la impresión de que uno reposa con los ojos cerrados y toda la tensión del invierno se diluye en escamas. Pero apenas uno entreabre los párpados ve de nuevo desde la cama esa luna inmóvil, esa media luna blanca que está en el centro de la ventana y que continúa sobre el mar azul y sobre la humedad oscura de la noche. Son las cuatro de la mañana y todo el mundo duerme. Parece mentira que existan inviernos con tanta gente subiendo y bajando las escaleras del metro y precipitándose por los andenes.”

José Julio Perlado

(del libro ”La mirada”)

(texto inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imagen — Gao Xingian)

POLÍTICA A CARA DESCUBIERTA


“La política, señores —decía Juan de Mairena guiado por Antonio Machado —, es una actividad importantísima. Yo no os aconsejaré nunca el ”apoliticismo”, sino, en último término, el desdeño de la poliítica mala, que hacen trepadores o cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis ”hacer política”, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y, naturalmente, contra vosotros. Sólo me atrevo a aconsejaros que la hagáis a cara descubierta; en el peor caso con máscara política, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo: de literatura, de filosofía, de religión. Porque de otro modo contribuiréis a degradar actividades tan excelentes, por lo menos, como la política de tal suerte que ya no podamos nunca entendernos.”

(Imagen —Jean Moral)

GLORIAS Y OLVIDOS

“No curemos de saber

lo de aquel siglo pasado,

qué fue de ello:

vengamos a lo de ayer,

que también es olvidado

como aquello.

¿Qué se hizo el rey Don Juan?

Los infantes de Aragón,

¿qué se hicieron?

¿Qué fue de tanto galán?

¿Qué fue de tanta invención

como trujeron?

Las justas y los torneos

paramentos, bordaduras

y cimeras,

¿fueron sino devaneos?

¿Qué fueron, sino verdura

de las eras?

.¿Qué se hicieron las damas,

sus tocados, sus vestidos,

sus olores?

¿Qué se hicieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar

las músicas acordadas

que tañían?

¿Qué se hizo aquel danzar,

aquellas ropas chapadas

que traían?”

Jorge Manrique– coplas por la muerte de su padre

(Imágenes- 1-Akihito Takuma– 2015/ 2-Howard Hodgking)

11- S: LOS QUÉS Y LOS POR QUÉS

“El ojo no basta.La imagen no es suficiente. El ojo recibiendo imágenes no explica a sí mismo la Historia. Es excepcional, sí, como documento histórico, es importante testimonio ocular, pero visto y no visto en esta increíble mañana neoyorquina, el ojo necesitará posarse también sobre la página, resbalar sobre el texto en papel como lo hace sobre la pantalla. A este día de terror no le es suficiente el ojo televisado. Este ojo tendrá que salir de esta habitación de imágenes y buscar un periódico, detenerse, volver a rebuscar entre las líneas del periódico, ávida y tenazmente, intentando encontrar el secreto bajo la tierra de las palabras. Después lo hará en el libro. Aquí,sí, aquí una palabra clave vale siempre más que mil imágenes saliendo del Vesubio de Nueva York, fantasmas de arena como esculturas de barbarie. Esas estatuas de arena que andan sobre los puentes con sus carteras de ejecutivo y sus pañuelos de ocasión escapan maquilladas del polvo del espanto como saliendo de Nínive. ¿Por qué marchan hieráticas y sobrecogidas? ¿ Qué ha ocurrido es esos edificios gigantes que ahora se derrumban? ¿ Por qué, por qué? Los porqués quedan envueltos en los gases neoyorquinos, en el misterio de la polucion americana, dentro de la cüpula del consumismo occidental. Antes de caer las innumerables oficinas, los papeles despiden en el aire las facturas y los balances revolotean suicidándose. Es el cielo de millones de papeles blancos, el cielo de existencias arrojadas desde las ventanas. Los qués siguen apareciendo en las pantallas de los televisores mientras los porqués se esconden aún en los libros. Durante siglos paces y odios entre civilizaciones se han prensado entre signos apretados que los copistas se pasaron unos a otros, que los lectores leyeron primero en voz alta y luego en la intimidad. Después la lectura cambió la intensidad y el silencio por la extensión y el afán de leer. Gran parte del mundo occidental leía en el siglo XlX. Luego, al entrar las imágenes en las habitaciones del siglo XX, al sentarse los hombres ante las pantallas y quedar extasiados por sombras y luces, el libro permaneció en otro cuarto y fue alejándose poco a poco al fondo del pasillo del esfuerzo y también del placer.”

José Julio Perlado — “El ojo y la palabra”


(Imágenes—1-Brittan Miller/ 2- foto Robert Cappa- images our world)

SOBRE LA MODA

“La moda… — comenta el médico y escritor portugués Miguel Torga en 1954– – Un horror para la economía. Pero nosotros, los hombres, ¡deberíamos estarles tan agradecidos a las mujeres por el valor de mantener vivo, imperante y coloreado lo gratuito, lo absurdo! Son únicamente ellas las que, desde que a partir del siglo XVlll todos nosotros dejamos de usar puños de encaje y chaquetas bordadas, le dan a la vida el tono festivo de perpetuo carnaval que le conviene. ¡ La tragedia vestida de irresponsabilidad y fantasía!

Cuando al terminar la consulta me quito la bata y, como ahora, intento que mis ojos se distraigan en la plazoleta que tengo enfrente, es en los sombreros increíbles de cierta dama, en los vestidos atrevidos de otra, en las chaquetas clamorosas de todas, donde yo reencuentro, sólido y pujante, el espíritu de transgresión. Y difícilmente pueden imaginar esas heroínas el bien que me hacen, el tranquilizador consuelo que me ofrecen. Bajo su apariencia de sacerdotisas de lo fútil y de la vanidad , están sirviendo a valores más altos y menos transitorios que los temporales encantos o desencantos que procuran realzar o encubrir. Exhiben ante los ojos de la rutina uniformada el arco iris seductor de la aventura.”

(Imagen — Sonia Delanoy-vivir demais)

CÓMO DEFINIR NUESTRA ÉPOCA


El historiador norteamericano nacido en Francia Jacques Barzun proponía a sus lectores unas frases para intentar definir nuestra época.
Y escribía:

Época de la incertidumbre

Época de la ciencia

Época de las masacres

Época de la globalización

Época del,diseño.

Época de la comunicación

Época del hombre corriente.

Época de la democracia

Época de la ansiedad

Época de la ira

Época de las expectativas absurdas.

(Escrito hace diez años — y como la Historia va tan deprisa y aún no habíamos entrado en la pandemia — quizá hoy tendría que aportar nuevas definiciones para sintetizar nuestro tiempo)

(Imagen- Franz Kline)

NECESIDAD DE LA POESÍA

“Cuando un fenómeno anuncia, de lejos, su próxima desaparición, somos muchos a saberlo y, a veces, a lamentarlo. Pero cuando la agonía toca su fin — sigue diciendo Milan Kundera— ya miramos para otro lado. La muerte se vuelve invisible. Hace ya bastante tiempo que el río, el ruiseñor, los caminos que atraviesan los prados, han desaparecido del pensamiento del hombre. Nadie los necesita ya. Cuando la naturaleza desaparezca mañana del planeta, ¿ quién la echará en falta? ¿ Dónde están los sucesores de Octavio Paz, de René Char? ¿Dónde están aún los grandes poetas? ¿ Han desaparecido o su voz se ha vuelto inaudible? En todo caso, menudo cambio en nuestra Europa, en otros tiempos impensable sin poetas. Pero si el hombre ha perdido la necesidad de la poesía, ¿se dará cuenta de su desaparición?.”

(imagen—Liu Weib- 2007- artnet)

EL SUPLANTADOR


“ Entonces Don Miguel se asustó de lo deprisa que corría su pluma en el episodio de la muerte del Quijote y pensó en todos los esfuerzos anteriores y quedó extrañado. Tardó dos noches en llegar al final. Iba a rubricar ya su firma en la página última y estaba como enfebrecido de hambres y de vigilias cuando al ir a poner su pluma en el papel vio en la parte baja, escrito ya, su propio nombre. “Miguel de Cervantes”, leyó Don Miguel. Hasta su propio nombre habían escrito antes que él. Todo había sido hecho, todo estaba ultimado de antemano y aquel final de la Segunda Parte aparecía tan completo que ni era necesario firmarlo. Y sin embargo, una furia vencía a su paciencia y con aquel brío sordo que le atenazaba, mojó su pluma de ave, se acercó a la luz y pasó la punta de la pluma sobre los trazos de la rúbrica siguiendo aquella M grande y angulosa y reescribiendo el nombre de Miguel sobre aquel otro Miguel que alguien había escrito. Y con pulso y con furia pasó luego a escribir su apellido, y mojando la pluma de nuevo contempló aquel “Cervantes” en la página como si le retase a él en el silencio de su pobre habitación. Y firmó de nuevo sobre aquel apellido y notó sin embargo que la mano no le obedecía cuando su mente le obligó a inventar otra rúbrica, porque como antes le había pasado con cada episodio de la novela, nada podía cambiar por mucho que se devanase los sesos y afilara su fantasía. Había que escribir encima de lo escrito por el “otro”, y había que firmar tal como el otro había hecho hacía tiempo, con aquel trazo de rúbrica que a Don Miguel le atraía y repelía a la vez. Descubría que aquello era “suyo” aunque anticipado, un sino que le marcaba como destino que amaba y le atraía a firmar; descubría a la vez, como le había pasado en todo el libro, que de algún rincón misterioso se le cercenaba la libertad. Era imposible para Don Miguel de Cervantes no firmar de otro modo más que lo que allí él veía, y como lo “ya vivido”, como lo anticipado. El Quijote entero estaba escrito desde hacía tiempo por un Cervantes que no era el Don Miguel que allí estaba sino por un Miguel de Cervantes que se le había adelantado como escritor insigne y que le enseñaba ahora su firma inconfundible para que él sólo pasara la pluma sobre aquellos trazos y se abstuviera de toda velocidad y de cualquier otra aventura de libertad creadora.”

José Julio Perlado

( del libro “La mirada”)

(relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imágenes- 1—William Strang- 1909/. 2- Sebastián Stokopff)

LA SINCERIDAD DE CARMEN LAFORET


“Ser novelista es una aventura — le decía Carmen Laforet a Manuel Del Arco — porque es algo vital ser novelista y la vida toda me parece una aventura. Si soy sincera, y según lo que se llame acertar en la vida, sí creo que he acertado. Sobre todo he sido y soy sincera. El único camino que busco es la sinceridad. Las novelas se escriben por una necesidad espiritual; los demás géneros literarios, incluidas las conferencias, son mi medio de vida de escritora. Ser escritor como profesión económica, no merece la pena; el resto, sí. Para mí escribir supone una parte de las muchas que me llenan espiritualmente. Creo que “Nada” fue una obra sincera, lo mejor que yo pude escribir en aquel momento y a esa edad. Pero creo que “La mujer nueva” es la mejor de mis novelas. Nunca me he considerado necesaria en el campo literario; no hay nadie necesario. Sí creo que aporté algo, quizás una nueva forma de expresión, con “Nada”, que abrió el camino a una generación de posguerra. Pienso también que el consejo en el momento de la creación literaria es perjudicial, y es después, cuando en algunos casos puede orientar al autor para su obra futura. Tengo muchas ideas en la cabeza, pero nunca cuento las ideas: las escribo. Pienso que soy novelista porque eso ha surgido por mi amor a la vida, pero yo me concibo como Carmen Laforet sus labores, que es lo que he puesto en mi documento de identidad.”

( en el centenario del nacimiento de Carmen Laforet)

(Imagen— Liu Weib- artnet)

TENER ALGO QUE DECIR


“Al escribir — decía José Ferrater Mora— debemos apuntar bien al blanco. Si no damos, paciencia y barajar. No será culpa nuestra. Lo más probable es que afinemos nuestra puntería, y que algún día seamos capaces de cobrar, con pocos disparos, algunas piezas válidas. Mas para ello es menester que no escribamos porque sí, o porque nos lo pidan, o porque soñamos que nos lo piden. ¿Cuándo pues? La respuesta parece obvia: cuando tengamos algo que decir. Pero ahí está el problema.

Ante todo no siempre sabemos cuándo tenemos algo que decir. Con frecuencia nos parece tener en la cabeza una gran idea, y lo que tenemos es una solemne tontería. A la inversa: comenzamos a escribir desganados, como por deber, y al final resulta que hemos enjaretado algunas apiñadas sentencias. No hablo de si el escritor tiene que escribir mucho o poco, cada día o dos veces por año; hablo de lo que pueda hacer con las cuartillas que vaya emborronando. En esto le conviene — nos conviene— afinar la puntería y no disparar a mansalva.

Tenemos algo que decir, o así se nos antoja. Bien. Nos ponemos a escribir y ¿qué pasa? Intentamos leerlo bien, lo que se dice bien, nuestras frases, alertas a su significado. Como buitres ya se están cebando sobre ellas los cuatro enemigos: la imprecisión, la pesadez, la retórica, el mal gusto. A veces el autor aspira a ser muy simple, muy llano, pero a poco que se le vaya la mano romperá a hablar como si hiciese confidencias a las porteras Decidámonos por lo más urgente: desmochar, talar, mondar. No en el acto de escribir sino.en el acto de dar un vistazo y bueno a lo escrito. (…) Dos normas son de rigor. La primera es indispensable : la precisión. La segunda es deseable: la gracia. No hay otras. El escritor tiene que poner todo lo demás, es decir, casi todo.

Mi única intención era manifestar que entre los misterios de este mundo hay uno menor, humilde, pero infrecuente: escribir bien.

(Imágenes— 1– Gerhard Richter—1982–museo de Baden badén/ 2– Alexa Meade- 2010)

GENIALIDAD DE LA INFANCIA

Cuantos más años vivo— decía Julio Caro Baroja— más aprecio los recuerdos de la niñez. No porque ésta fuera feliz, sino porque fue la época en que mi organismo recibió impresiones más fuertes y directas. La del famoso “trauma”. Todo era nuevo y sensacional para mi, como para cualquier otro niño. Desde el olor o el sabor hasta las ideas y conocimientos. Después se sabe más y acaso mejor. No estoy seguro. Pero lo que se sabe ya no tiene prestigio ni fuerza..Por eso también hay en el niño una especie de genialidad que falta en el hombre.

Es la suya una genialidad que no trasciende o que, a lo más, es comentada por los padres, abuelos y tíos cariñosos. Pero que existe.Nada más triste que ver a un compañero de infancia, que se movía como un animalito ágil, que tenía ideas chistosas u ocurrencias, que dejaba correr su fantasía de modo extraño, convertido en un pobre hombre preocupado por el dinero o los espectáculos deportivos. La edad viril es una edad mostrenca para la mayoría. La infancia siempre vale algo.

La adolescencia también. Porque es apasionada y turbulenta y porque está llena de contradicciones, de deseos insatisfechos o larvados, de proyectos sin posibilidad de realización, románticos, a veces locos.

¿Qué queda de todo después?

Aun en España ser niño es ser algo. También ser adolescente. Pero los jóvenes serios tienen que vivir obsesionados por el empleo y los que no son considerados formales están sin guía, como en otras partes. Siempre mientras se vive se piensa en el luego y también piensan por uno sus familiares: “¿Y luego?”, se repite.

Luego no se es nada: —- añade demasiado pesimista y amargo Caro Baroja—: es decir, se es director de banco, abogado,del Estado, notario o ministro, embajador, archipámpano. A esto se le llama llegar. El que no llega es empleado de correos, agente de seguros o policía. Lo mismo da. El hombre joven, el hombre maduro y el hombre viejo aquí y fuera de aquí también, son tres ruinas. No podría salvarles más que una gran energía individual y la mayoría no pueden poseerla.”

(Imágenes— 1- Peter Jones/ 2- Eugene Smith)