VIAJES POR ESPAÑA (24) : CADAQUÉS

 

 

“Desde el balcón del piso que tenía alquilado en Cadaqués miraba los pailebotes fondeados en la bahía. Las rachas de viento oscurecían el azul del mar. El cielo era de una vaciedad increíble. Las olas eran pequeñas pero seguidas, durísimas, y las cabrillas tenían una espuma que el viento se llevaba, sin peso.  Los pailebotes me distraían. Las cargas de naranjas y mandarinas, de un rojo descolorido, tenue, de un rosa pálido, parecían mejillas de criaturas dormidas. De las cocinillas de los barcos surgía a menudo un hilillo de humo que el viento quebraba, y me parecía estar oliendo el arroz a banda del cocinero. No olía nada: lo que olía era el mistral inodoro e insípido. Sin embargo, llegaba un día en que el viento paraba y los pailebotes seguían su camino hacia Francia. Aunque algún día tenía que pasar… ¡vaya sorpresa! La bahía quedaba vacía, de una monotonía, de un tedio abrumadores. Después de la tramontana, era como si el mar estuviera convaleciente. ¡Las cargas de naranjas y mandarinas! Era como si Cadaqués estuviera convaleciente. “

Josep Pla— “Notas del crepúsculo’ – Dietario (ll)

(Imágenes— 1- Cadaqués- la Vanguardia/ 2- Cadaqués- Salvador Dalí org)

UN PINTOR EN LA OSCURIDAD

 


“¿Cómo trabaja un pintor en la oscuridad? —se pregunta John Berger en “Charla en el estudio”. (Londres,1998). Tiene que someterse. A veces tiene  que dar vueltas y más vueltas en lugar de avanzar. Suplica colaboración de fuera. Construye un refugio desde  el que hacer incursiones a fin de estudiar el terreno. Y todo ello lo hace con los pigmentos, las pinceladas, los trapos, un cuchillo, los dedos. El proceso es táctil. Pero lo que el pintor espera  tocar no es por lo general tangible. Éste es el único misterio real, y es la razón por la que algunos se hacen pintores.

Cuando un cuadro se transforma en un lugar, hay la posibilidad de que aparezca en éste la “cara” de aquello que el pintor está buscando. Esa  “mirada” que el pintor espera, anhela, que le devuelva el lienzo nunca es directa, sólo puede llegarle a través de un lugar.

Si la cara llega a aparecer realmente, será, en parte, pigmento, polvo coloreado; y, en parte, formas dibujadas, corregidas una y otra vez. Pero lo más importante será el proceso, el proceso de que llegue a existir lo que está buscando. Y esa existencia todavía no es — y de hecho, no lo será nunca— tangible, al igual que nunca fue comestible el bisonte pintado en las cuevas rupestres.

 

 

Lo que toca toda pintura verdadera es una ausencia, una ausencia de la que, de no ser por la pintura, no seríamos conscientes. Y eso sería lo que perderíamos.

Lo que el pintor busca sin cesar es un lugar para recibir la ausencia. Si lo encuentra, lo dispone, lo ordena, y reza por que aparezca la cara de la ausencia.’

 

 

(Imágenes—1- Paul Sietsema- 2013/ 2– Kiril Doron— 2009/ 3— Bartosz Beda)

NOVELA, ALUCINACIÓN, TRABAJO

 


Leo en el “Diario” de Julien Green (diciembre de 1983) : “Una novela es una larga alucinación. Esta alucinación nace y se prolonga en el silencio, de donde ella ha salido. Si no existe el silencio, no puede haber novela digna de ese nombre. Lo que se escribe de ordinario viene del ruido y el autor piensa a pesar de él en otra cosa. De aquí los manuscritos que nos entrega tan tibios! Novela: alucinación prolongada cuyo control escapa al autor, igual que ocurre con el sueño. La más leve intervención del autor lo destruye todo.”
Exactamente un año antes Green  confesaba el fin de un libro: “Ayer por la mañana he acabado mi libro sobre San Francisco de Asís. Alivio y tristeza. Yo le encontraba cada mañana y él me obligaba a trabajar duramente, pero él estaba allí.”

Alucinación y trabajo.

(Imagen – Twombly- 1970)

ROMA CHE LA PIU BELLA

 

 

“Recuerda ahora aquellas efigies tumbadas: emperadores, pontífices. Sueños horizontalmente dormidos en San Pedro, en Santa María la Mayor, en iglesitas diminutas o en basílicas amplias. De nuevo rostros y gentes que había visto en Roma  a lo largo de siglos y en donde el tiempo ha ido recogiendo pliegues de togas en cada dinastía hasta dejar esas cortas chaquetas de azul vivo y botones de nácar que cruzan en automóviles la esquina de via Condotti o de via Frattina. El tiempo no había logrado suprimir  el boquiabierto asombro de las máscaras trágicas y cómicas, asomadas a los mosaicos de las villas y reproducidas ahora en discusiones callejeras por Monte Sacro o por Pietralata. El tiempo lo había bañado y lavado todo: sirenas y faunos, caballos, una hoja seca de laurel, tritones y gruesas matronas, hierbas contra los puentes y columnas derribadas a punto de transformarse en cal…

Ahora, cerca del Pantheón, sonó una guitarra y un acento  fuerte y dulce cantó en dialecto romano:

”Roma che la piu bella

Roma che la piu bella

sei der monno…

io canto sto stornello

io canto sto stornello

e te co manno…”

José Julio Perlado —( “El viento que atraviesa”)

 

 

(Imágenes—1- Piazza del Popolo- segwayfuncome/ 2-Constante Moyaux- Roma vista desde la villa Medicis- 1863)

NOCHE DE VERANO

 

 

“Es una hermosa noche de verano.

Tienen las altas casas

abiertos los balcones

del viejo pueblo a la anchurosa plaza.

En el amplio rectángulo desierto,

bancos de piedra, evónimos y acacias

simétricos dibujan

sus negras sombras en la arena blanca.

En el cenit, la luna, y en la torre,

la esfera del reloj iluminada.

Yo en este viejo pueblo paseando

solo, como un fantasma.”

Antonio Machado— “Noche de verano” – “Campo de Castilla” (1912)

(Imagen —Agreda- vista nocturna- Wikipedia)

EL POETA Y EL PINTOR

 


“¡Cuántos libros que no se leen — decía Delacroix en su “Diario” en 1843 —porque se empeñan en ser libros! El exceso de extensión, de longitud, fatigan. Nada tiene tanta importancia para un escritor  como esa proporción. Como, al contrario que el pintor, presenta sus ideas sucesivamente, una mala división, un exceso de detalles, fatigan la concepción. Por lo denás, el predominio de la inspiración no presupone la ausencia completa  del genio combinatorio, así como el predominio de la combinación no explica la carencia absoluta de la inspiración. Alejandro procedía, según la expresión de Bossuet, por saltos grandes e impetuosos. Veneraba  a los poetas y únicamente sentía estima por los filósofos. César veneraba a los filósofos y únicamente estimaba a los poetas. Ambos alcanzaron de hecho la gloria, el primero, mediante la inspiración apoyada por la combinación; el segundo, mediante la combinación apuntalada por la inspiración. Alejando fue sobre todo grande de alma; César, de espíritu.”

 

(Imágenes—1- Delacroix- autorretrato- photosrtrhitis / 2–Delacroix: —la lucha con el  Ángel – iglesia de San Sulpicio)

GAUGUIN EN EL CAFÉ

 


“Voy al café, en el bulevar, número 9. Todos van, la hermosa raza aria  viene y va. En el café, sobre el bulevar, número 9, dibujo, miro a mi alrededor, escucho, sin encontrar nada que me atraiga — así dice Gauguin en su “Diario íntimo” —. Las mesas del café, cubiertas de mármol, invitan a nuestro lápiz. Los helados atraen a la multitud, una promiscua multitud: todos están allí. Dibujo promiscuamente, también. Todo es hermoso, todo es feo.

¡Hola, una cabeza que conozco!  ¿Dónde demonios la he visto antes? El perfil es anguloso y trato de recordar quién puede ser. ¡Ah!, ya lo tengo : ¡ soy yo mismo! Me resigno, sin lamentarlo demasiado. Creía ser más buen mozo. ¡La verdad! En el número 9 la señora dice: “¿ Qué se servirá usted? ¿Supongo que champaña? Contesto modestamente:  “ Deme una menta”.

Ella, elegantemente vestida y con un pesado olor a verbena, bebe un pequeño vaso de cerveza. Los espejos me devuelven allá también rostros de hombres y mujeres; no son bellos. Y yo, sentado al lado de la mujer, me observo; “ Dicen que el amor hermosea”. Trato de convencerme; mi lápiz se rehusa despiadadamente.! La verdad!

 

(Imágehes— 1 – Gauguin -tahitianas en la playa- 1891- museo d ‘Orsay/ 2- Paul Gauguin- 1891)

FELLINI SUEÑA CON SIMENON

 


“Yo estaba atravesando un período negro. inercia, desánimo, marasmo, odio hacia mi nueva película, la sensación de que me había metido en un berenjenal, noches enteras diciendo tonterías, rompiéndome la cabeza para hallar la manera de liberarme sin daños excesivos del compromiso adquirido. — así le escribía Fellini a Simenon en 1976–.

Pues bien, una noche soñé que me despertaba el teclear incesante de una máquina de escribir. me doy cuenta de que me había quedado dormido en un gran jardín húmedo de rocío con grandes plantas cargadas de hojas de un verde intenso. Allí, en el centro del césped, hay una construcción en forma de torre. De ahí procede el teclear de la máquina de escribir. me acerco y cesa cualquier ruido. me alzo de puntillas, espío por la ventana circular y veo una habitación  encalada como una celda, con un hombre, un monje, que está haciendo algo que no consigo ver porque el hombre me da la espalda. está sentado y a sus pies, en el suelo, hay unos doce niños y niñas muy simpáticos que se ríen, le gastan bromas, le tocan las sandalias, el cordón del hábito. Al final, el hombre se da la vuelta: es Simenon. Lleva pegada al mentón una barba blanca, yo noto enseguida que es postiza, una barba de broma. Yo me quedo extrañado, incluso algo decepcionado, no consigo encontrar una explicación hasta que oigo a mi lado una voz que me dice:

—Es falsa. Claro que es falsa. no es un viejo. Al contrario, es muy joven. mucho más joven que antes.

—¿Y qué está haciendo?—pregunto yo.

—Está pintando su nueva novela. ¿no ves? Ya ha pintado más de la mitad. es una novela magnífica sobre Neptuno.

La voz se desvaneció y esta vez me desperté de veras. Bueno, no puedo meterme en explicaciones más o menos pertinentes […], pero el hecho indudable es que a la mañana siguiente noté que la tensión disminuía en mí, la película se me hacía menos odiosa y me puse a trabajar. Hice la película. ¿La dificultad con la lengua inglesa? Pero si en mi sueño Simenon conseguía incluso «pintar» sus novelas, ¿por qué no iba yo a poder rodar una película en una lengua que no era la mía?”

 

(Imágenes—: 1-Fellini- foto Mary Ellen Mark/ 2-Simenon – New York review)

VERANO 2020 (3 ) : VIAJAR A UNA ESTRELLA

 


Este verano, en que parece tan complicado viajar, vuelven las palabras de Van Gogh a su hermano Theo:

”Si tomamos el tren para irnos a Tarascón o a Ruán, tomamos la muerte para irnos a una estrella. Lo que es realmente cierto en este razonamiento es que, estando en “vida”, no podemos irnos a una estrella; lo mismo que estando muertos no podemos tomar el tren. En fin, no me parece imposible que el cólera, el mal de piedra, la tisis, el cáncer, sean medios de locomoción celeste, como los barcos a vapor, los ómnibus y el ferrocarril, lo son terrestres. Morir tranquilamente de vejez sería ir a pie.”

Murió Van Gogh un día como hoy, un 29 de julio. En 1890.

 

(Imágenes— 1-Van Gogh- autorretrato 1887-rijksmuseum/ 2- la lluvia – Auvers – 1890- museo nacional de Gales)

UN NACIMIENTO

 


“Recuerdo perfectamente todo cuanto me ocurría cuando tenía pocos meses. Incluso me acuerdo con toda claridad del día en que nací. Y de los médicos que atendieron a mi madre y del olor del hospital… Me parece lógico que no se olviden esos días tan fundamentales para uno. Un bebé, por muy pequeño que sea, es un ser vivo y, como tal, su mente trabaja. Al no tener problemas ni otras cosas en que entretenerse, piensa en el ambiente que le rodea, y en lo que ve. Creo que jamás olvidaré la habitación donde pasé mis primeros días, ni mi cuna, ni, desde luego, cuando mi padre me cogía en brazos y me paseaba, diciéndome esas cosas tan bonitas que se dicen a los recién nacidos.”

Ray Bradbury

(Imagen — Berthe Morisot- 1872- coleccion m pontillon)

ZENOBIA (y 3)

 

“Nos consta que en realidad el empeño de Zenobia, según confesión propia — decía Ernestina de Champourcin hablando de la época en que los Jiménez marcharon de Madrid en tiempos de la República —, pudo más que todo y venció la tristeza que le producía a su marido la idea de abandonar el país sin saber por cuánto tiempo. Esto último, que aumentó el sufrimiento de tanto exiliado, quizá se atenuara levemente para Juan Ramón, ya que Zenobia estaba más o menos aclimatada por las circunstancias a los modos y ambientes de los Estados Unidos.

Este segundo viaje, tan distinto al de 1916, les exigió otras actividades y otros esfuerzos. Y aquí entraron en juego el sentido práctico y el sentido social de Zenobia. Me la imagino arrastrando al poeta a lugares y amistades que le contrariaban, pero que era indispensable visitar si querían afianzarse en un porvenir que podía ser largo.

 

 

Costó trabajo situar a unos y otros. Sobre todo, había que contar con la pereza epistolar española, aunque está bien claro que el matrimonio Jiménez no la padeció nunca. Y más que nada es admirable el que Zenobia, aun después de sus tremendas curas, tuviera valor para escribir desde la cama con tal de conseguir algún original o publicación  que le faltaba  para completar la colección de su Sala en la Universidad de Puerto Rico.

De Estados Unidos — añadía Ernestina de Champourcin — me ha quedado muy viva la memoria de mis visitas a la Universidad de Maryland; los fines de semana, a su casa, y los viajes a los hospitales donde estaba Juan Ramón. Los descansos de Zenobia eran relativos, pues aprovechaba esos días para hacer mil cosas y conectar con sus múltiples amistades.

Y, sobre todo, las llamadas telefónicas a mi hotel en Washington, cuando la pobre no sabía  cómo decidirse a trasladar otra vez su lugar de residencia. Le debió costar bastante esfuerzo dejar su vida tan organizada ya en torno a la Universidad, etc.  Pero, por fin, todos le hicimos ver claro, y ella, en realidad, no necesitaba que nadie se lo dijera, lo indispensable que le era al poeta expresarse y oír a los demás expresarse también en su propia lengua.  Este poema tan tremendo que dice:

”Lo querían matar

los iguales,

porque era distinto.”

con una primera lectura tan profunda y verdadera, tiene para mí otras, tal vez  exageradas y algo superficiales, que se pueden aplicar a ciertas etapas de la vida del matrimonio. Distintos sí eran, no cabe duda, en su diferente ejemplaridad. Una distinción  que, en cada uno era propia, completa e importante.”

 

 

(Imgenes—1- Sorolla— Zenobia Camproubí/ 2- Ernestina de Champourcin -raíces de España/ 3- Sorolla- retrato de Juan Ramón Jimenez)

ZENOBIA (2)

 

“Zenobia desarrollaba nuevas actividades y colaboraba sin parar en lo que Juan Ramón llamaba ya la edición de su Obra. Cuartilla por cuartilla, pasaban por las manos de su mujer poemas nuevos, poemas antiguos revividos y proyectos, muchos de los cuales sin su meticulosidad y su paciencia no nos hubieran llegado nunca, ni siquiera como “borradores silvestres”.

Al principio la colaboración no debía ser fácil. Incluso cuando traducían a Tagore le oí decir a Zenobia —así lo  contaba Ernestina de Champourcin — que tuvieron que dejar de trabajar en la misma habitación, que habían amueblado con dos mesas, porque el ruidillo de su pluma deslizándose sobre el papel molestaba a Juan Ramón. Hay que añadir que esto sucedía cuando aún no existían las estilográficas ni mucho menos los “bolis”.

A veces he pensado — decía  Ernestina  — en la influencia de Zenobia en alguna de las ideas expuestas por el poeta sobre el tema del trabajo ( en la conferencia que pronunció el 15 de junio de 1936 titulada “Política poética” y que más tarde llegó a llamarse “El trabajo gustoso”) , ya que ella le dio desde el comienzo de sus relaciones un ejemplo continuo de tenacidad y perseverancia en todo lo que emprendía, aunque no buscara la altura poética tangible de Juan Ramón. Aunque fue siempre en su campo un trabajador nato, ¿ no consolidó sencillamente ella, con su modo de ser y obrar, esa tendencia, poco materializada en otros escritores de auténtica valía?”

 

(Imágenes- 1-Zenobia Camprubí— buenas noticias/ 2- Zenobia y Juan Ramón-el país)

ZENOBIA (1)

 

 

“Uno de los rasgos más aparentes de Zenobia — escribió Ernestina de Champourcin, que la conoció bien — era sin duda su alegría. Una alegría, una sonrisa peculiares en ella, que brotaba, como le oí decir un día a Juan Ramón, casi universales, o sea, que brotaban fácilmente para todos o casi todos, aunque los observadores atentos no dejamos de percibir un matiz especial de ternura cuando esa alegría y esa sonrisa iban dedicadas al poeta o eran suscitadas por él. En una mujer de índole más maleable, el talante en apariencia austero de Juan Ramón hubiera podido empañar o reprimir su espontaneidad, esa frescura tanto interior como exterior que constituía uno de sus mayores atractivos.

(…) En el hogar  de Juan Ramón y Zenobia que conocí en Madrid  — seguía contando Ernestina de Champourcin — el ajuar era sencillo, pero de buen gusto. Siempre había algún jarrón con flores, y aunque faltara a veces la dueña de la casa, su presencia se advertía sin esfuerzos en los más delicados detalles. Era raro marcharse de allí sin haber tomado una taza de té o un refresco servido con todo esmero.

Más tarde, al inaugurarse la tienda de artesanía española establecida por Zenobia en colaboración con algunas amigas, la trastienda pasó a ser un grato lugar de tertulias donde nos reuníamos a tomar el té alrededor de una mesa primorosamente puesta con mantelería de Lagartera,  vidrio de Granada y loza de la Cartuja.

Recuerdo también que alguna de las asistentes a aquellos tés nos ofrecía a veces unas gotas de una misteriosa esencia de  naranja que tal vez sustituía a lo que en algunas marcas de té inglés o americano se llamaba “Orange Pekoe”.

 

Fue curioso que Juan Ramón  colaborara asimismo en la tienda, yendo los sábados, según me contó su mujer, a darles consejos para cambiar el escaparate. Su buen gusto se adivinaba después en la sorprendente combinación de colores, mezclada con los reflejos verdes o color caramelo de los objetos de vidrio típicos.

Los Jiménez echaron mano de toda la gente joven que conocían, y tuvimos muchas reuniones en aquel piso no muy grande, en las que no faltábamos los interesados por la poesía o la pintura. ¿Cuál era la actitud — interior y exterior — de Zenobia ante todas esas chicas que no disimulaban su incontrolado entusiasmo  por su marido? Estoy segura de que muchas personas se han planteado la pregunta: “Zenobia ha estado preocupada” ¿Sería posible?  Claro que toda mujer enamorada es celosa; pero pensemos un poco en la personalidad y la educación de Zenobia. Española de nacimiento, era americana por educación, independiente y sobre todo franca. Y esperaba esa misma franqueza de los demás. Que el alocamiento de alguna de esas niñas la pusiera en una situación difícil es posible: las hablillas, los comentarios han quedado ahí, adornados, claro está, con el paso del tiempo. Pero lo cierto es que cuando Zenobia interrumpía cualquier charla para decirle a Juan Ramón: “ Te llama por teléfono tu niña”, no se advertía en su voz ninguna vibración especial. En realidad, ella sabía que en el fondo se trataba sólo de eso: de niñas jugando a enamorarse del poeta.”

 

(Imágenes—1- Zenobia Camprubí- genealogías/ 2- Ernestina de Champourcin/ 3- García Lorca, Juan Ramón y Zenobia , entre otros – hoy es arte)

BELLEZA ESCRIBIENDO UNA CARTA

 


“Una tarde,  hacia 1415, Hisae Izumi se sabe bien que se dibujó ella a sí misma escribiendo una carta y que lo hizo recostándose en el aire de aquella habitación junto al lago vestida con un kimono azul de flores blancas. Las flores salpicaban las mangas y la amplitud de su kimono y aquella tarde los ojos curvados de Hisae parecieron estar especialmente atentos al pincel y al papel. Quizá estaba contestando en esos momentos a lo que le escribían desde otros siglos. Pero también cabe suponer que ella estuviera escribiendo o dibujando algo para el futuro, para alguien del futuro, sin duda para una persona, naturalmente, a la que ella no conocía pero que efectivamente sí recibió su carta , es decir, recibió aquel dibujo, porque este dibujo atravesó los siglos y hoy puede verse en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Cuando uno pasea por las salas de ese Museo se encuentra de pronto con un cuadro del siglo XVIII, “Belleza escribiendo una carta”, del pintor japonés Kaigetsulo Doshin, y esa mujer del kimono azul con flores blancas, recostada en el aire y con los ojos curvados muy atentos a lo que pone en el papel, no es otra que Hisae Izumi en su habitación de la casa del lago pero tres siglos antes, cuando ella realizó el dibujo. El pintor Doshin no hizo más que copiarlo de su interior, lo llevaba dentro, en las cámaras de su imaginación, y recreó una imagen que creyó era suya. El dibujo, por tanto, no es de él, aunque esté firmado por él, sino que su autora es Hisae Izumi, que en el siglo XV nunca soñó que un autorretrato suyo, cuidadosamente elaborado en aquel papel verde que ella usaba, pudiera tranquilamente volar en el tiempo y que apareciera en la mente o en el lienzo de un pintor del siglo XVIII. Si uno se acerca atentamente a este cuadro sorprende enseguida que Hisae lo titulara “Belleza escribiendo una carta” y no simplemente “Mujer escribiendo una carta”, como así lo hicieran, por ejemplo, los pintores holandeses Vermeer o Gerard Ter Borch. Se desvela así el concepto íntimo que de sí misma tenía Hisae para superar el tiempo, la seguridad de que por ella el tiempo no pasaba y de que su figura permanecía siempre en una estática juventud. Al margen de todo ello existe una diferencia capital en todos esos cuadros: en el cuadro de Ter Borch, que hoy puede verse en La Haya, la mujer escribiendo una carta aparece sentada ante una mesa y está muy concentrada en lo que hace; por su parte, la mujer que escribe una carta en el lienzo de Vermeer (hoy en la National Gallery de Washington), escribe a su vez sentada también a la mesa pero mira hacia afuera, quizá distraída por alguien que le mira, acaso distraída por algo o por alguien que parece estar en la habitación. Ninguna de estas dos mujeres tienen nada que ver con Hisae. Hisae se presenta recostada en el aire, como alada y a la vez enigmática: la intensidad de su mirada cae sobre el papel. Vestida con aquel kimono azul de flores blancas, esa mirada suya siempre misteriosa parece que supiera ya que esa carta está destinada a atravesar el tiempo.”

José Julio Perlado

( del libro “Una dama japonesa”) ( relato inédito)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

(Imágenes—1- Kitagawa Utamaro/ 2- Shibata Zeshin)

LOS CORRALES DE COMEDIAS ( y 2)

 


Cuando se habla del teatro en España en el siglo de Oro hay que recordar que incluso algunas localidades secundarias poseian su “Corral”, donde los aficionados organizaban representaciones contratando a veces a un actor profesional para que les ordenara la escenificación.  Pero eran sobre todo las compañías ambulantes — cómicos de la legua — las que permitían a las ciudades pequeñas ver representar las “ comedias” que constituían lo esencial del repertorio. En los “corrales” de Madrid las trifulcas por la ocupación de los asientos  eran muy frecuentes y a veces llegaban a ser sangrientas. En los “Avisos” de Pellicer se lee: “Ayer, don Pablo de Espinosa por diferencias sobre el banco en  la comedia, mató a un caballero llamado Diego Abarca y el matador quedó tan mal herido que está desahuciado”. En los “corrales” los llamados “mosqueteros” constituían una categoría particularmente temida — así lo recuerda Marcellin Dufourneaux al hablar de la vida cotidiana en la España del siglo de Oro —: no se trataba sólo de soldados sino de gentes del pueblo que se jactaban de ser especialmente entendidos en materia teatral y cuyos aplausos o silbidos decidían frecuentemente la suerte de alguna obra. “Se encuentran entre ellos —dice  Bertaut en su  “Guía de viaje por España”— todos los comerciantes y artesanos que, dejando su tienda,  vienen con capa, espada y daga, se llaman  todos “Caballero’, hasta un simple zapatero, y son ellos los que deciden  si una comedia es buena o no. Los zapateros no se conforman con juzgar sino que representan un papel esencial, por lo menos en Madrid, hasta tal punto que los autores dramáticos se esfuerzan a veces en asegurar por adelantado su apoyo para el estreno de su obra. Me han contado — añade Bertaut —que un autor fue a ver a uno de esos “mosqueteros” y le ofreció cien reales para que se mostrara favorable a su obra; pero éste respondió con altanería que ya vería si la pieza era buena o no, y la obra fue silbada.”

 

 

(Imágenes— 1-corral de comedias – national geographic/ 2-Corral de comedias — colegio de actores)