UN BRINDIS POR EL SEIS DE ENERO

 

”Heme aquí bajo el cielo,

bajo el que tengo que ganar dinero,

Viene la claridad que es ilusión,

amor sereno junto a la alegría

recién nacida

de la inocencia de esta noche que entra

por todas las ventanas sin cristales,

de mañana en mañana

y es adivinación y es la visión,

lo que siempre se espera y ahora llega,

está llegando mientras alzo el vaso

y me tiembla la mano, vida a vida,

con milagro y con cielo

donde nada oscurece. Y brindo y brindo.

Bendito sea lo que fue maldito,

Sigo brindando hasta que se abra el día

por esta noche que es la verdadera.”

Claudio Rodríguez— “ Un brindis por el seis de enero” — “Casi una leyenda”, 1991)

(Imagen — Emil Nolde)

AVIDEZ POR LOS RELATOS

“La narrativa se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos — señalaba Paul Auster—. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansía con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿ A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar?

(…)

El arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿ qué tiene de malo la inutilidad? ¿ Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? El valor del arte reside en la misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.”

(Imágenes-1- Auster y su mujer/ 2- puente de Brooklyn- 1998- foto Barbara Mensh- artnet)

LAS ESTRELLAS DEL CINE

Cumple hoy cien años el sociólogo francés Edgar Morin, autor, entre muchos otros títulos, de “El cine o el hombre imaginario’ y “Las estrellas del cine”. “Nunca, en el teatro, se había destacado el actor hasta ese punto — escribía Morin en 1957 —. Nunca había podido un artista desempeñar un papel tan importante en el espectáculo y más allá de él…. El cine ha inventado y revelado a la estrella (…) La Garbo, presente- ausente entre nosotros, testimonia hoy la grandeza pasada de la estrella. Demasiado grande para el cine que llegó a ser demasiado pequeño , apenas si se dignó rodar de cuando en cuando algunos films antes de encerrarse en el silencio. Sobreviviente del crepúsculo de los dioses, su misterio y su soledad nos hacen apreciar la evolución cumplida. Como signo de duelo, y también como para protegerse de la corrupción del mundo y del tiempo, disimula sus rasgos bajo un sombrero sin gracia y gruesos lentes negros. Y es su rostro inmortal de divina el que nuestro recuerdo ve radiante bajo su velo.

La idealización de la estrella, entiéndase bien, implica una espiritualización. Las fotos nos muestran con frecuencia a la estrella ocupada en pintar bajo la inspiración del talento más auténtico o bien acurrucada delante de su biblioteca, consultando una hermosa obra cuya encuadernación garantiza un valor espiritual. El actor inglés Ray Milland no oculta lo elevado de sus preocupaciones: “ Me gusta la astronomía, me gusta meditar sobre la naturaleza y las posibilidades de los planetas. Mi libro favorito se refiere a la vida vegetal que se supone existe en la Luna. Además de esto, estudio los veinticuatro volúmenes de la “Enciclopedia Británica”.

La belleza y la juventud de la estrella magnifican sus papeles de enamorada y de heroína. El amor y el heroísmo magnifican, recíprocamente, a la estrella joven y bella. En el cine, encarna una vida privada. En privado, debe encarnar una vida de cine.”

(Imágenes— 1- Katharine Hepburn / 2– Sofía Coppola /3- Humphrey Bogart en “El halcón maltés”)

EL TREN ES EL TIEMPO


Vila- Matas en su “Diario voluble” nos lleva hasta el italiano Roberto Calasso y a su vez Roberto Calasso nos lleva hasta Kafka: “En uno de sus mejores capítulos, Calasso analiza el arranque de “El proceso” donde Kafka escribió unas palabras que después eliminó. “Hace falta presteza para cogerlo todo, al abrir los ojos, por así decir, en el mismo punto en que uno lo ha dejado la noche anterior.” Roberto Calasso ve en “Él proceso” la historia de un despertar forzado. Josef K. es aquel para quien nada volverá a estar en su lugar. Hay gente que al despertar revive cada día con angustias su aparición en la vida, ese despertar forzado. Alguien decía que venimos al mundo muy jóvenes en un tiempo muy viejo. Y es al tiempo — nos desvela Calasso— al que Kafka hace alusión en la breve y misteriosa frase suelta que abre sus ‘Diarios”: “ Los espectadores se ponen rígidos cuando pasa el tren.” El tren es el tiempo que no nos permite comprender su forma. Es inevitable entonces ponerse rígido, mientras lo observamos: signo de una última resistencia.”


(Imágenes— 1- Alfred Stiegliz/2-Alberto Sughi- artnet)

ALREDEDOR DEL JAZZ



Sobre el jazz ha escrito Cocteau, Chester Himes, Kerouac, Cortázar, Georges Perec, Echenoz y tantos otros. Los ritmos de esta música han tocado también la poesía en Michel Butor y la lista de los intérpretes ha inundado las salas de conciertos. Es una música muy celebrada, una compañía para tantos a la hora de eludir la soledad.

En 1952 la revista “Le Point” dedicó un número especial en el que analizaba y comentaba diversos aspectos del jazz.

“La principal característica del jazz — allí se leía — es lo que se ha llamado el “swing”, palabra difícil de definir. .Designa la pulsación rítmica regular y flexible que anima la medida de cuatro tiempos y que es el elemento esencial en toda interpretación del jazz. El “swing” sólo puede existir “en potencia” en el texto musical; está, esencialmente, en el ejecutante. Una partitura musical puede ser más o menos apta para ser “swingada”; una orquesta podrá “swingar” tal arreglo, que otra ejecutará sin el menor “swing”. Duke Ellington, uno de los mejores músicos de jazz dijo muy justamente, “ el “swing” no tiene texto musical alguno. Usted no puede escribir “swing”, pues el “swing” es lo que emociona al oyente, y no hay “swing” mientras la nota no suena. El “swing” es un fluido, y aunque una orquesta haya tocado una cosa catorce veces puede que no la “swingue” hasta la nümero quince”.

La importancia del “swing’, en jazz, basta para comprender que esta música es esencialmente una música de baile, lo cual, contrariamente al prejuicio corriente, no le quita nada de su valor artístico. Cuando se habla con menosprecio de “müsica de baile” se olvida que los compositores clásicos de hace algunos siglos escribían, sobre todo, música de baile, de ritmo regular y continuo….

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De lo que precede, resulta que, en el jazz, la “creación no está separada de la interpretación.” He ahí otra característica del jazz. En lugar de un compositor que escribe una música que interpretarán después unos ejecutantes, son los intérpretes mismos los que, en el jazz, aseguran la materia musical, ya con sus improvisaciones, ya con su participación en la elaboración de las orquestaciones. Los arreglos de conjunto que ejecutan las orquestas de jazz raramente se fijan de una vez para siempre. Con frecuencia son modificados según la sugestión del director de orquesta o de sus müsicos. El arreglo de tal o cual trozo perteneciente al repertorio de un Duke Ellington varía notablemente de un año a otro.

Otra característica del jazz, que se desprende de la anterior, es el ser esencialmente “ un arte colectivo”. La creación, aquí, raramente es individual. Cuando, en una orquesta, improvisa un solista, la improvisación es sostenida por los miembros de la sección rítmica, que pueden influir enormemente en su manera de improvisar, igual que la interpretación del solista influye, a su vez, en el estilo de la sección rítmica. Ciertamente, sucede que el jazz conoce la creación individual, tal es el caso de un pianista tocando un solo, sin el menor acompañamiento. Pero los solos del piano derivan directamente de la creación colectiva, pues, en su origen, los pianistas de jazz tocaban sólo para hacer bailar, y los bailarines influyen en los músicos, al menos desde el punto de vista rítmico ( que es el más importante).

Otra característica del jazz es que los músicos no utilizan sus instrumentos segün la técnica “ clásica”, que se enseña en los Conservatorios. Los tocan como “cantan”. Ahora bien, si el estilo vocal negro es ya muy diferente de la técnica vocal europea, el contraste se hace mucho más acusado en el ámbito instrumental, donde los negros obligan al clarinete, a la trompeta, al trombón, a expresarse, en cierto modo, como una voz humana. El estilo instrumental de los negros es el mismo que el de un negro que habla o que canta. Es “expresivo”, sin énfasis, sin sentimentalismo redundante o declamativo de mala calidad, pero con una vehemencia extraordinaria. Es, con frecuencia, por el modo de atacar las notas, las inflexiones, el vibrato, más que por la misma idea melódica, por la que el músico de jazz crea bellas frases en sus improvisaciones o en una orquestación de conjunto.”

(imágenes— 1- Louis Armstrong/ 2- foto por Pixabay/ 3- foto por Caleb Oquendo/

EL MÉDICO Y LA ESCRITURA

“Si yo me impongo una disciplina. — decía Simenon — es porque de repente recibo una especie de aviso o señal de alarma que siempre me funciona. Cuando no me encuentro bien, se lo he dicho a mi médico que no me sentía bien, que creía tener tal o cual cosa. Entonces mi médico me preguntaba: “¿Cuándo va a comenzar usted una nueva novela ? Y yo le he contestado:. “Dentro de ocho días.” Entonces él me ha respondido. “ Entonces usted está bien”. Y era un poco como si él me recetara una especie de orden para cumplir: “ Póngase cuanto antes a hacer esa novela”. Es mi terapia, aquella que siempre me ha ido mejor. No se transforma uno en escritor, se nace escritor. No se transforma uno en pintor, se nace pintor. Es un destino. No se aprende en ninguna escuela. Por eso cuando mi médico, que me conoce bien, me nota un poco mal, enseguida me pregunta. “¿ Cuánto tiempo lleva usted sin escribir?. Y la única receta que me da es ponerme a escribir cuanto antes una novela.”

(Imagen- Georges Simenon)

LA CONVICCIÓN DE GIACOMETTI



“A Giacometti – recordaba John Berger en “El momento del cubismo”: en 1966 —- lo único que le interesaba era la.contemplación de la realidad. Por eso, creía que era imposible que una obra estuviera terminada. Por eso, el contenido de cualquiera de sus obras no es la naturaleza de la figura o la cabeza retratada, sino la historia incompleta de su contemplación por parte del artista. El acto de mirar era para él una forma de oración y se fue convirtiendo en un modo de aproximarse a un absoluto que nunca conseguía alcanzar. Era el acto de mirar lo que le hacía darse cuenta de que se encontraba constantemente suspendido entre la existencia y la verdad.

Si hubiera nacido en un periodo anterior, Giacometti habría sido un artista religioso. Pero, nacido en una época de alienación profunda y general, no quiso utilizar la religión como un escape hacia el pasado. Fue obstinadamente fiel a su tiempo, un tiempo que debió de ser para él como su propia piel: el saco en el que había nacido. Y en este saco sencillamente no podía obviar, sin dejar de ser honesto, su convicción de que siempre había estado solo y siempre lo estaría (…) En vida de Giacometti no hubo nada que lograra romper su aislamiento.

Todo esto se verá en el “viaje retrospectivo “ dedicado a Giacometti en Mónaco, con la exposición que reúne a 230 obras del autor.

Es la convicción sobre sí mismo que tenía siempre Giacometti. En alguno de mis libros he hablado de esa convicción que debe tener todo artista.

“ es la convicción — decía allí —- que uno debe tener siempre ante lo que escribe, pinta o esculpe. Uno debe hacer lo que tiene que hacer, lo que quiere hacer. Sin plegarse a las modas. Pongo un ejemplo entre muchos : Giacometti compone figuras diminutas, cabezas diminutas, figuras tan delgadas que parecen casi de alambre. Él reduce las dimensiones hasta el máximo. Es lo que quiere hacer desde su convicción de artista y es lo que hace. No piensa qué efecto pueden tener sus mínimas figuras ante el público, tampoco le importa. Él compone esas figuras porque cree en ellas, es como él ve el mundo y así lo expresa. En el otro extremo, tan sólo refiriéndonos a las proporciones o a las dimensiones, tenemos a Botero. También él hace lo que cree que debe hacer. Y así lo hicieron cada uno a su modo los impresionistas enfrentándose a veces a salones y a galerías, o Picasso, o tantos otros. Tengo un enorme respeto hacia la autenticidad, hacia la creatividad personal. En el fondo tengo un enorme respeto por el que crea algo.”.

(Imágoi 1- Alberto Giacometti- vincentstrauss wordpress com/2- el hombre que camina- el mundo es/

VERANO (2021) (1) : ¿ QUIÉN SOY YO?


¿Quién soy?

¿Acaso soy un poeta?

En verdad, no.

No escribe sino una palabra, bien extraña,

la punta de mi alma:

locura.

¿Soy acaso un pintor?

Ni siquiera.

Sólo posee un color

la paleta de mi alma:

melancolía.

¿Soy entonces un músico?


Tampoco.

No hay más que una nota

en el teclado de mi alma:

nostalgia.

Por tanto…¿ qué es lo que soy?

Pongo una lupa

delante de mi corazón

para mostrarlo a la gente.

¿Quién soy?

El saltimbanqui de mi alma.”

Aldo Palazzeschi

(Imagen- Frans Hals- joven fumador – 1625)


ARREGLÁNDOSE ANTE EL ESPEJO


“Y deseando que sus cabellos parezcan hilas de oro, muchas veces con azufre, a menudo con agua, jabones y lejías de diversas cenizas, y especialmente de vino griego.y de retama, y a veces con manteca de serpiente y de codorniz y con los rayos del Sol, los convierte en el color que desean. — así lo va diciendo el español Bernat Metge en siglo XV hablando del arreglo de los cabellos ante el espejo.—. Luego se los hacen caer a veces por la mitad de la espalda, y a menudo esparcidos por los hombros, y otras veces trenzados en la cabeza según les parece que está mejor. Y tienen grande y cordial privanza con algunas mujercitas que les hacen desolladuras y les pelan las cejas y la frente, y les afeitan con brillo sutil las mejillas y el cuello, quitándoles ciertos pelos que a su parecer allí están mal, y les hacen diversas suertes de depilaciones.

El gran cuidado y suma diligencia que ponen en peinar, ¿quién te lo podría decir? Si en ello les fuera ganar o perder el alma y la fama, no harían más. Primeramente se ponen delante de un grande y claro espejo, y a veces de dos, a fin de poderse ver en ellos por todas partes, y conocer cuál de los dos muestra mejor su figura, y en una parte ponen a la sirvienta y en otra la cabellera, o las polveras, el alcohol y las pinturas. Y con la ayuda de aquella empiezan a peinarse con mil reconvenciones:”Este velo no está bien azafranado, y este otro no está bien ahuecado; y aquel cuelga demasiado por este lado Dame ese otro más corto, y ponlo más tirante que el que tengo en la frente. Aparta aquel espejito que me has puesto detrás de la oreja y ponlo un poco más lejos. Aquella horquilla es demasiado gruesa; esa se me caerá de la cabeza antes de que acabe de peinarme”. E incesantemente regañan a las criadas diciendo: “¡vete en mala hora, villana traidora, que sólo sirves para escamar pescado. Llama a esa otra, que lo sabe hacer cien veces mejor que tu.” Llegada la cual, aun que supiera todo lo que hay que hacer, al cabo de poco es más vituperada que la primera, pues es imposible que nadie pueda peinar y componer a las mujeres a su gusto.”


(Imágenes— espejo Fornaseti- 1960-lishligt/ 2- lothar wolleh- 1966-Olivier Wolllh- máster photograpie)

EL SAMURAI HERIDO



Durante mucho tiempo a Hisae Izumi le persiguió aquella visión. En sus “Memorias” habló mucho de ella pero nunca aclaró si aquella figura que se le apareció fue producto de su imaginación o de la realidad. “ Estando yo en París a principios del siglo XX —- escribió en sus “Memorias” —, debió de ser en enero o febrero de 1901 cuando yo vivía entonces en la rue de Notre Dame des Víctoires, después de las charlas que quise dar a los franceses interesados por Hokusai e Hiroshige, una tarde que estaba medio adormilada en el sillón de mi cuarto y sola en mi habitación, serían las cinco o cinco y media de la tarde, de repente, al entreabrir los ojos, vi a un samurai que estaba frente a mi, de pie, mirándome fijamente. Reconozco que no me impresionó verlo allí, en Paris, después de tanto tiempo transcurrido y eso me hizo pensar si todo aquello que me estaba sucediendo no podía ser mas que fruto de una visión irreal inventada por mi sueño. Pero aquel samurai situado frente a mi, vestido con un simple kimono blanco y con un largo cabello sujeto por una cola enrollada en el cráneo, yo lo conocía muy bien Nos habíamos encontrado en Japón, en 1549, en un puerto de la isla de Kyushu y recordaba perfectamente llo que me impresionó la gran brecha que entonces recorría su frente de arriba abajo, producto de una sangrienta pelea que había tenido y donde Anjirō — que así se llamaba el samurai —había matado a un hombre. Llevaba dentro de él la conciencia de aquella muerte y buscaba alguien que escuchase su arrepentimiento. Yo lo hice en parte, intentando comprenderle con paciencia en el mismo puerto donde estábamos ,y eso hice durante horas. Me contó que había nacido en Kagoshima, en el dominio de Satsuma, uno de los más poderosos de Japón, de familia noble y con grandes posesiones y riquezas, pero que había perdido prácticamente bienes y fortuna por culpa de su temperamento belicoso y de su ira, y sobre todo de su permanente deseo de batallar. Desde hacía tres años había ido huyendo de un sitio para otro, inquieto, primero había sido acogido por el capitán de un barco portugués, Alvaro Vas, que le ofreció trabajo en su tripulación pero con el que al final no se entendió. Después oyó hablar de un tal Francisco Javier, español, nacido en el castillo de Javier, en Navarra, que se encontraba por Japón y a quien llamaban “el sanador de almas” y Anjirō, con la enorme cicatriz de la brecha en la frente pero sobre todo con el peso de su culpa en la conciencia, se fue a buscarlo hasta Malaca y allí lo encontró en 1547. A aquel español de barba oscura y ojos inquietos, me explicó Anjirō intentando retratarme al tal Francisco Javier, le fui enseñando yo muy poco a poco palabras en japonés y él a su vez, no sé si como agradecimiento, me ponía la mano de vez en cuando en la frente, sobre mi cicatriz, y me tranquilizaba. Nos hicimos grandes amigos.


Hubo un momento, me añadió Anjirō, en que Francisco Javier me dijo: “Tú has sido el primer japonés que me ha entendido, el que me ha enseñado las palabras.” Me estaba muy agradecido. Sobre todo cuando Francisco Javier, algunos amigos suyos y yo también, conseguimos, después de un trabajo muy duro, traducir al japonés el catecismo de su religión que él ya tenía escrito en lengua malabar y en malayo. Después, Francisco Javier quiso aprendérselo de memoria para poder predicarlo. Aquello me impresionó. Yo creo que fue lo que me curó por completo. Más tarde me convertí y me bauticé. “Eres el primer cristiano converso japonés de la historia.y te llamarás Paulo de Santa Fe”., me dijo Francisco Javier. Y así ahora me llamo.”


No había vuelto yo a ver a aquel samurai herido desde entonces. Levanté mis ojos en la habitación de Paris pero el samurai había desaparecido.


José Julio Perlado

(del libro “Una dama japonesa”)

(texto inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imágenes- 1- Katsamatsu Siro- 1938- bruce gog archive/ 2-pájaro singular japonés/ 3 – Tori Kotondo- Mary and lugin collection)

EL RUMOR DEL MAR


“Las hojas no se movían en los árboles- escribe Chejov en “La dama del perrito” -, chirriaban las cigarras y el monótono y sordo rumor del mar que llegaba desde abajo, les hablaba de paz, del sueño eterno que nos espera.

Así soñaba el mar allí abajo, aún no estaban aquí ni Yalta ni Oreanda, así se seguía ahora el rumor y así seguiría , igual de indiferente y sordo, cuando no estuviéramos. Y en ésta inmutabilidad, en la completa indiferencia hacia la vida y la muerte de cada uno de nosotros se esconde, quizá, el secreto de nuestra salvación eterna, del ininterrumpido movimiento de la vida en la tierra, del constante perfeccionamiento.”

(Imagen— Walter Leistikov)

… Y ESTABA SOLA




“Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha oreguntado
quén conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.”

Dámaso Alonso – ‘ Hijos de la ira”





( imagen – René groebli -magis raíles – 1949)

CADA AÑO ES IGUAL AL ANTERIOR

“Dices que somos literatos — escribe Chejov en una carta de 1896–y que eso hace rica nuestra vida. ¿Cómo? Estamos metidos de lleno en nuestra profesión, la cual nos ha ido aislando poco a poco del mundo exterior, y el resultado es que tenemos muy poco tiempo libre, poco dinero, pocos libros, leemos poco y sin ganas, escuchamos poco, viajamos poco… ¿ Hablar de literatura? Ya hemos hablado,.. Cada año es igual que el anterior, y todo lo que solemos hablar de literatura se resume en quién ha escrito mejor y quién peor; conversaciones más generales, temas más amplios nunca se plantean, porque cuando alrededor tienes tundra y esquimales, las ideas generales al no ser aplicables a la actualidad, rápidamente se esfuman y se eluden como los pensamientos sobre la eterna felicidad.¿ Hablar de la vida personal? A veces puede ser interesante, y podríamos hablar de eso, pero nos molesta pues somos cerrados y no sinceros, nos ata el instinto de protección personal, y tenemos miedo. En fin, de nuestro silencio, de la falta de seriedad y de interés de nuestras conversaciones no eches la culpa ni a ti ni a mi, sino, como dice la crítica, “a la época”, echa la culpa al clima, al espacio, a lo que quieras, y deja sus circunstancias al azar del destino fatal, a la corriente inexorable, confiando en un futuro mejor.”

(Imágenes— 1- Chejov- melikhovo- Wikipedia/ 2- San Petersburgo-Julián Barrow 1939)

UN GRAN CONTRASTE

Un libro se tarda en escribir como mínimo alrededor de dos años o quizá dos años y medio. En el “Times Literary Supplement”, la publicación de crítica literaria más prestigiosa del planeta, aparecida en 1902, fue una de las lamentaciones de Virginia Woolf: Ella le confesaba a una amiga: “El TLS me manda una novela por semana; hay que tenerla leída el domingo, reseñar el lunes e imprimirla el viernes. Así es como hacen las salchichas en Estados Unidos, ya lo sabes.”

(Imagen — Virginia Soolf-Tulio Pericoli)

EL “DUENDE” Y EL “ÁNGEL”

“Federico García Lorca, el cárdeno poeta granadí —- decía Juan Ramón Jiménez—, paisano como yo del duende y del ángel, escribió una preciosa”teoría y juego” del duende, llena por todas partes de chispa duende algo angelista. Hablar o escribir del duende o del. ángel en Andalucía no es ninguna originalidad, es como hablar o escribir de los moros, de la manzanilla, del cante hondo, de los toros, de los gitanos, que todos hablamos de ellos y de otras cosas que no todos ven. Es claro que el duende de Granada no es como el de Sevilla, ni el ángel tampoco. Granada es la montañosa mística escondida, una Santander de Andalucía; Sevilla, Moguer, Cádiz, mi Tartesos del cuerpo y del alma, son mar de tierra abierta, espacio total, ante cuya hermosura los soldados de Napoleón, sobrecogidos al dominarla desde Sierra Morena, y no sabiendo qué hacer, presentaron armas y banderas y redoblaron tambores. Saludaban, sin saberlo, entre otros andaluces, a los garrochistas de Bailén que, sólo 300 con sus 300 caballos y sus 300 garrochas, derrotaron un ejército francés de 30. 000 hombres con cañones y socavaron así el toro colosal de Bonaparte.


Yo me limito hoy a señalar estos entes deliciosos como lenguas de llama, briznas de aire, ondas de arena, inseparables de la mejor poesía como apoyo de una consideración crítica.Pero no hablo del ángel en el sentido azúcenesco melodioso, como Federico García, ni le doy al duende el aire malsano de caño que él le da. Mi duende y mi ángel de mi parte andaluza no tienen categoría de divinos ni de malditos, no son ni malos ni ni buenos. Son, y nadie sabe en qué consiste su ser. Se les quiere y se les mima, y eso basta para ellos, que son un poco egoístas como los gatos.

Parece que el ángel y el duende necesitaran más del mar que otros entes del hombre, que necesitaran siempre del mar, además de la tierra, el aire y el fuego. Que son completos elementales. “La vida sin el mar no se comprende”; yo por lo menos, no la comprendo y todas mis eternidades de las debo a él; el mar es vida sin sueño, siempre abierta; vida sin mar es vida cerrada, poesía cerrada. Por eso los poetas que yo llamó abiertos se dan más en los litorales. El poeta de tierra adentro, que no ve el mar, tiene que “realizarlo” en las cosas y las personas que lo rodean, por síntomas emanadores. Lo materializa en otra experiencia porque ha oído acaso de él y no puede olvidarlo; y no puede olvidarlo, es claro, porque no puede recordarlo. Es un mito imprescindible. Pero el mar no puede pensarse más que en el mar pleno, ni naturalizarse sino como mar eterno; pues, como puede ser manipulado por el hombre, conserva, bajo el espacio elemental, su naturaleza elemental, con el sol o la luna o las estrellas, elementales. Yo he renovado siempre mi poesía cuando estoy en alta mar.”

(Imágenes-1- Granada/ 2- Sorolla- calle de Granada- 1910- museo Sorolla/ 3- Córdoba)

LA MÚSICA COMO CURACIÓN


Cuenta Oliver Sacks en su “Musicofilia” que un joven de treinta y pocos años le escribió una carta en la que le contaba que padecía un trastorno bipolar que le habían diagnosticado cuando tenía diecinueve años. Sus episodios eran graves, y escribió aquella carta porque cuando era un veinteañero había descubierto que tocar el,piano ejercía un efecto sorprendente sobre su estado de ánimo. “ si me sentaba al piano — confesaba—, podía comenzar a tocar, improvisar y sintonizar con mi estado de ánimo. Si estaba exaltado, tocaba música que estuviera a ese nivel de exaltación y tras un rato tocando, podía ir rebajando mi ánimo hasta un nivel más normal. Y de igual modo, si estaba deprimido, conseguía animar el ánimo. Es como si fuera capaz de utilizar la música del mismo modo que algunas personas utilizan la terapia o la medicación para estabilizar su estado de ánimo.(…) Escuchar música no obra el mismo efecto de ninguna manera. Tiene que ver con la manera en que soy capaz de controlar todos los aspectos de la música: el estilo, la textura, el tempo y la dinámica.”

( en el día mundial de la música)


(Imagen — Carl Larson – 1908)