LA VOZ DE HAENDEL

 


“Pasión extenuadora, devoradora, consumidora —le hace decir el italiano Giovanni Papini a Haendel en su “Juicio universal” —; pasión soberana y dictadora de todo mi aliento. No sufría únicamente de la sed de escuchar música, sino, sobre todo, del hambre de componerla, crearla, darla. En mi larga y, a veces, miserable vida, únicamente soñé con expresar mi espíritu por la música, sólo me propuse traducir todos mis sentimientos y pensamientos en obras de música. Durante medio siglo seguido compuse sonatas, conciertos, dramas, oratorios, coros y  jamás estaba satisfecho ni nunca me sentí cansado. No  fui un hombre, sino un mediador de sonidos, un revelador de armonías, un dispensador de melodías. Allí estaba mi gozo, allí todo mi poder. Me agradaba  llamar para que se reunieran a centenares y millares de almas diversas que acudían al cebo del placer sensual , y yo las unía con mi música , en una misma emoción, las sometía a un único sueño, las elevaba a un orden más divino, los hacía a todos semejantes, a todos concordes, a todos mejores. Y esta victoria del arte me parecía, asimismo, obra de misericordia, milagro de caridad.

 

 

La parte superior del alma, la punta extrema, las cimas y las cumbres espirituales sólo podían  manifestarse, a mi parecer,  por medio de la música. Sólo la música podía decir lo indecible, sólo la música hacía capaz al hombre de responder a Dios en aquel diálogo eterno que, con demasiada frecuencia, fue monólogo. Dios mismo hablaba a los hombres con los truenos del cielo, con el fragor del océano, con el murmullo de la brisa, con el susurro de las selvas, con el bramido de los volcanes, con la  tumultuosa y convulsa coral de las tempestades. A estas voces divinas el hombre no podía responder con las palabras de cada día, palabras de milésima mano, ajadas, sino solamente con el canto;  canto de voces, canto de instrumentos, canto de corazones suplicantes o exultantes. Para expresar toda la felicidad del vivir, toda la maravilla de la creación y de la desesperación  era necesaria la música y solamente la música.”

 

 

(Imágenes —1-Raoul Dufy/ 2- Giancarlo rado/3- Steeft Zortmulder)

CONSEJO PARA ESCRITORES

 

 


“Aunque te mantenga despierto toda la noche,

lava las paredes y friega el piso

de tu estudio antes de componer una sílaba.

Limpia tu espacio como si el Papa estuviese por llegar.

La pulcritud es sobrina de la inspiración.

Cuanto más limpies, más brillará

tu escritura, así que no dudes en salir

al campo abierto y restregar la parte oculta

de las rocas y ordenar en las ramas más altas

del oscuro bosque los nidos llenos de huevos.

Cuando encuentres el camino de regreso a casa

y guardes esponjas y cepillos bajo el fregadero,

observarás, en la luz del alba,

el inmaculado altar de tu escritorio,

una superficie limpia en medio de un mundo ordenado.

De un pequeño florero, azul brillante, toma

un lápiz amarillo, el más afilado del ramo,

y llena páginas con frases diminutas

como largas hileras de hormigas devotas

siguiendo tu huella desde el bosque”

 

Billy Collins– “Consejo para escritores”

 

(Imagen —Brigitte Szenczi. 2000.- feminine)

GENTES (5) : EL ESTÚPIDO

 

 

“El “estúpido” es tal — dice el filósofo griego Teofrasto —, que haciendo sus cuentas y sacando la suma, pregunta después al que le acompaña qué resulta. Es el que por evitar la sentencia de los jueces, sabiendo que se acerca el día de ella, se hace el olvidadizo y se va al campo.  Es el que asistiendo a ver teatro, se duerme y se encuentra solo, al haberse ido todos los demás. El estúpido es el que cenando con exceso, y levantándose de noche  para ir al servicio (o ir al corral), le muerde el perro de su vecino. El que tomando y guardando alguna cosa, la busca después y no la puede encontrar. El que recibiendo el aviso de que ha muerto alguno de sus amigos, afligiéndose y llorando , dice : “Sea para bien “. Es el que llama testigos para recibir el dinero que le vienen a pagar. Castiga a su criado porque en medio de la fuerza del invierno no le ha comprado en la plaza melones. El que cociendo lentejas en su campo para los trabajadores, les echa sal dos veces, de suerte que no puedan comerlas. El estúpido y la “estupidez” no es otra cosa que “la pesadez del alma en las palabras y en las obras”.

(Imagen —Johannes Carlsohn)

PÁJAROS Y PÁJAROS …

 

 

“No sólo son pájaros los que provocan ruidos. Ningún ojo humano puede seguir los desplazamientos periódicos del charrán ártico que ya abandonó sus colonias del Norte avanzando el verano y voló dieciséis mil kilómetros para alcanzar mares que bañan el continente antártico, y a la vez perseguir al babolink —criado en campos de tréboles de Norteamérica —, y, si tenemos suerte de que sea del Noroeste, llegará hasta Argentina, no vía México, sino tocando el Atlántico (un salto en Miami, otro en Cuba, el tercero en Jamaica), para, surcando el mar de las Antillas, entrar con plena fuerza por Maracaibo, atravesar Venezuela, rozar el brasileño Mato Grosso y doblar por Asunción, en Paraguay, y abandonarle ya en su impulso último, Argentina abajo, por el Este, aún doblándose otra vez cerca del Río Negro y Santa Cruz, hasta perderse descansando quién sabe dónde, al Sur, no lejos de San Valentín, ya en Chile, en la médula espinal que recorre América, casi al filo del mar, sobre el Pacífico, donde van cayendo —isla a isla —las costillas de tierra, a flotar en el mar.

 

 

Dejo volar la imaginación con las cigüeñas  y golondrinas de mar real que tengo presas en la pluma, y a las que suelto junto a gaviotas y rayadores, para que algunas vayan al océano Atlántico, y desde Groenlandia, por el mar de Noruega y el del Norte, acercándose y alejándose del cabo Ortega, acercándose y alejándose del cabo Finisterre, tomando distancias respecto a Portugal…, pasan por Funchal, por la isla de Madera, alejándose de Mauritania, de Senegal…, hunden su batir de alas  en el corazón Atlántico, se mezclan con las golondrinas de mar que vienen de la Bahía de Hudson, de la península de Labrador, de Toronto —alas blancas, alas negras, planeando horizontales, sin dar aletazos durante largo tiempo …, aves de alas grandes y anchas, que utilizan las corrientes térmicas…; aves planeadoras que se desplazan de una corriente térmica ascendente ( perdiendo unos momentos de altura), y volviéndola a ganar una vez alcanzada la otra corriente…;

 

 

amplias aves de alas que parecen quietas mientras planean, para pasar a un vuelo batido, en donde el propósito está en conseguir la propulsión hacia delante, impulsadas hacia arriba y manteníéndose en el aire gracias a la extrema ligereza  de sus cuerpos y a su sabiduría para disfrutar las corrientes que producen las olas, los embates del viento, y las variaciones de ese mismo viento, del que se dejan empujar cuando él está a favor y su velocidad disminuye, y le resisten cuando él cambia de orientación y toma dirección contraria, y aumenta, a su vez, velocidad…, y así en medio del Atlántico, cruzándose con las golondrinas que vienen de Terranova, unas camino de Sudáfrica,  hacia el Cabo de Buena Esperanza…, otras — las golondrinas de mar — acercándose a Bahía Blanca, al golfo de San Jorge, separándose de Bahía Grande y tocando casi, sin rozar, Tierra de Fuego o las islas Falkland…”

José Julio Perlado —“Contramuerte”

 

 

(Imágenes —1-John James Audubon/ 2-Sonja Braas/ 3-zack Seckler/ 4-Youssef Nabil- 2011)

SEMILLA DEL CORAZÓN HUMANO

 

 

“La poesía japonesa — se recuerda en Kokinshuu—tiene por semilla el corazón humano, y crece en innumerables hojas de palabras. En esta vida muchas cosas impresionan a los hombres : éstos buscan entonces expresar sus sentimientos mediante imágenes sacadas de lo que ven u oyen. ¿ Quién hay entre los hombres que no componga poesía al oír el canto del ruiseñor entre las flores, o el croar de la rana que vive en el agua? La poesía es aquello que, sin esfuerzo, mueve el cielo y la tierra, y provoca compasión en los demonios y dioses invisibles; lo que hace dulces los lazos entre hombres y mujeres; y lo que puede confortar los corazones de fieros guerreros.”

(Imagen —Yang Yi -1996- artnet)

VIEJO MADRID (87) : EL PARTERRE DEL RETIRO

 

Vista de EL PARTERRE, en los JARDINES DEL BUEN RETIRO de Madrid (España).

“Recuerdo un olor… simplemente el olor del arrayán cortado, lo recuerdo extendido por un gran espacio en el que la luz también se extendía con el furor de la mañana, ya cerca de las doce —evoca Rosa Chacel —. Entrar en el clima del arrayán era el final de algo y el principio de otro algo interminable. El ámbito del arrayán era — o es —el Parterre, atrio del Retiro, por la parte contraria a mi casa. La que me correspondía como entrada era la gran puerta del paseo de coches, principio de O’ Donnell. Esa entrada era como pasar corriendo: a la izquierda la Sociedad Colombófila y el laberinto, en el que se podía perder mucho tiempo. Luego se avanzaba según el móvil y sin móvil alguno: claro que predominando el de las exposiciones… Ansiedad por los grandes paseos que enfocan los dos Palacios y esos días, el trébol en flor, bien alto y junto al Palacio de Cristal el aroma del paraíso —olivo de Bohemia —breve árbol exquisito… Y otros rincones que se hacían íntimos por algún otro olor —tal vez celindas —o por el arrullo de las tórtolas. Avanzando se llegaba — antes de llegar se empezaba a oler el arrayán… Avanzábamos por el Parterre, lugar radiante, luminoso y oloroso con un olor duro, sugeridor de la tijera que disciplinó  los durísimos troncos casi tan duros como el boj, tan graves como el ciprés.

 

 

Bueno, ya estábamos en el Parterre, ya no había más que cruzar la calle y entrar en el Casón. Se impone la terrible evidencia: si hablo del Casón, tengo que pedir un crédito que no sé si mereceré, no sé si me será  posible dar una idea de algo realmente visto y que ya nadie verá porque ahí quedan las bellezas del Retiro, ninguna explosión las destruyó, pero lo que había en el Casón ya no existe, se lo llevaron a no sé qué aula escolar y allí quedó. (…) Ahora me pongo a revivir aquello sólo para clamar por su ausencia… para imaginar el aura de aquel tiempo vagando por la soledad de las mañanas radiantes que, sin duda, repetirán el juego de los rincones íntimos, con celindas y tórtolas, pero no derivarán a aquel templo en el que se vivía la libérrima —sagrada por absoluta —belleza del cuerpo que, por ser humano, destellaba el saber… digamos el secreto del hombre, la medida, que dibuja el parterre del conocimiento. Aroma —hálito — de hojas recortadas en regular armonía, hasta la estricta norma que hoy día explora la materia como la más exquisita y misteriosa flor”.

 

(Imágenes—1- parterre del Retiro / 2- el Casón / 3- el parterre)

VIAJES POR EL MUNDO (28) : LLUVIAS EN LA INDIA

 

 

“Según el calendario hindú — escribía Tagore—, cada año está gobernado por un planeta especial. Asimismo he encontrado que, en cada período de la vida, una estación asume una importancia particular. Cuando miro atrás a mi infancia recuerdo, mejor que nada, los días lluviosos. La lluvia inundada por el viento ha inundado el suelo de la galería. La fila de puertas que dan a los cuartos está toda cerrada. Peari, la fregona vieja, viene del mercado, con su cesto repleto de verduras, metiéndose hasta los tobillos en el lodazal, y calada de lluvia. Yo estoy en la escuela; se ha levantado nube sobre nube durante la tarde, y ahora están amontonadas tapando el cielo, y, mientras miramos, la lluvia cae en torrentes juntos y espesos; el trueno, a intervalos, va rodando ruidoso y largo; alguna mujer loca con uñas de relámpago parece estar rasgando el cielo de extremo a extremo; las paredes de estera se estremecen bajo las ráfagas de viento como si fuéramos a hundirnos hacia adentro; apenas podemos ver para leer, de lo oscuro que está.

 

 

El pat pat de la lluvia que se abre paso por los bosques de mi sueño, crea dentro un descanso alegre más profundo que los sueños más profundos. Y en los intervalos en que estoy despierto rezo para que a la mañana vea continuar la lluvia, nuestra calleja bajo el agua, y la plataforma de la alberca sumergida hasta la última grada.

La gran diferencia que veo entre la estación de lluvias de mi infancia y el otoño de mi juventud es que en la primera es la Naturaleza exterior la que me rodeó muy de cerca, teniéndome entretenido con su numerosa comitiva, su variado disfraz, su mezcolanza de música; mientras que la fiesta que se verifica en la reluciente luz del otoño está en el mismo hombre. El juego de nubes y sol queda en el fondo, mientras que los murmullos de alegría y de pena ocupan el entendimiento.”

 

 

 

(Imágenes —1-Lewis Noble/ 2- Ivan Shishkin- 1891/ 3-Laura Mcphee)