RELATOS DE VERANO Y HUMOR (3) : LOS EGO DIEGO EN BUSCA DE APELLIDOS


“ Don Ego Diego tenia un genio muy vivo. Poseía un bastón de roble nudoso con empuñadura de plata y con él iba por Madrid a todas partes. Para cuidar su lubina — como la trataba siempre tan mal en sus viajes incesantes — solía descender paseando a ritmo pausado calle de Alcalá abajo hasta la Cibeles, paraba allí a descansar un poco y tomar aire, y luego proseguía despacio torciendo, o bien por Recoletos y Castellana hasta el final, o bien por el paseo del Prado hasta Atocha. “Lo importante es que la lubina vaya horizontal”, le habían dicho los médicos. “La trata usted tan mal que conviene que repose en Madrid. Es cuestión de que usted aprenda a convivir con su lubina.”

Los Ego Diego siempre habían tenido trastornos de salud pero jamás uno tan delicado como aquel del pescado. Procedían los Ego Diego del Bajo Imperio Romano, exactamente de los arrabales de la Urbe, no lejos de donde pasaba el Tíber. Escondidos y guarecidos durante la descomposición del Imperio, habían aguantado muy bien toda la polvareda de las invasiones godas, los gritos y saqueos salvajes de las tribus germanas y los desmanes y aullidos de los vándalos, de los ostrogodos y de los visigodos, pero en la confusión de los últimos momentos, y por golpes de mala fortuna, habían sido despojados de todo, incluso del apellido. Se encontraron de pronto, en los albores de la Edad Media, con una mano detrás y otra delante, tapándose las vergüenzas de no conocer mas que el nombre.propio. Uno a uno se reprodujeron por el imperio bizantino y por los reinos germánicos. Algunos en la Inglaterra anglosajona, otros en el Imperio de Justiniano y otros, en fin, en el reino visigodo,, tanto en Galia como en Hispania, los Ego Diego se dispersaron en busca de apellidos, y muchas veces se les vio ir, de modo famélico y ansioso, siguiendo el curso de los ríos —- como les sucedió en España, junto al Ebro y junto al Tajo —por ver si encontraban algo. Pero al llegar Europa a los siglos oscuros, los Ego Diego dieron la impresión de desaparecer y sólo se oyeron de ellos algunos rumores de capuchas en un silencio miniado de monumentos, entre copistas y lecturas.

Efectivamente, habían sido los monjes, aunque por poco tiempo, quienes les habían procturado cobijo. Y fue el Ego Diego residente en España el primero que, casi de manera casual, encontró un apellido que ponerse. Había salido una tarde aquel Ego Diego del monasterio de San Pedro de Villanueva, en Cangas de Onis, en Asturias, e iba solitario como siempre buscando con qué cubrirse el nombre, cuando un paisanín de la comarca que resultó al final ser todo un sabio y que ese día estaba sentado sobre el puente Romano de Cangas con las piernas hacia fuera y contemplando el lento fluir del río, al verle tan abatido, le dio la solución.”Necesita usted ponerse algo encima, buen hombre”, le dijo mirándole no sin cierta pena.. “Usted necesita, o un”además”, o una adición o una posdata, lo que quiera, pero algo. Necesita ponerse algo detrás del no,bre y así irá más tranquilo. Póngase un “otrosí”, por ejemplo,”, le sugirió. Al principio Ego Diego no le entendió muy bien, pero cuando el otro le dijo que era juglar de palabras y titiritero de romances y que estaba especializado en el devenir de vocablos por las rutas del tiempo, quedó tan entusiasmado por el descubrimiento que aquella misma noche lo consultó en San Pedro de Villanueva. “Esto me han dicho”, les explicó a los monjes. “¿Qué hago”. Los monjes le escucharon atentamente mientras cenaban verduras hervidas en el refectorio y al acabar le contestaron: “Nos parece bien”, le dijeron. “Lo malo es que llamándose usted Otrosí, ya desde ahora deberá ser abogado”.

Se hizo abogado. Pero no sólo él sino todos los Ego Diegos Otrosíes a partir de ese momento fueron abogados uno tras otro, pasándose los despachos de padres a hijos en una sucesión de siglos y heredándose también de unos a otros las togas, los enseres, los archivos y hasta la cartera de clientes, aunque a los clientes, puntualmente, los arrebataba la muerte y se los llevaba de este mundo. Se hicieron famosos los Otrosíes en toda España. Empezaron a ser terribles precisamente por las sorpresas que provocaban, porque en cada juicio, cuando ya parecía que éste se había concluido y el magistrado se disponía a soltar su mazazo sobre la mesa retumbando en la Sala su “ visto para sentencia”, cada Ego Diego de turno entonaba desde su estrado una palabra mágica con un acento entre tímido y envenenado, igual que si fuera un puñal:

—Otrosí… — empezaba.

Y ello quería decir que el juicio debía de continuar, que nada estaba decidido, que el reo, asombrado y ya casi incorporándose del banquillo, debía volver a sentarse, y que del vientre del asunto empezaba ahora a salir una interminable madeja de adiciones y de peticiones, de súplicas y de demandas que abrían la puerta a otros “otrosíes” seguidos y escondidos detrás de los antiguos adverbios, y tras ellos otros nuevos “otrosíes”, y luego otros y otros más, hasta que el juez y el presunto culpable se miraban en la distancia espantados por el sesgo que estaba tomando todo aquello.”

Jose Julio Perlado

(del libro “Mi familia y el sentido del humor”)

(texto inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


(Imágenes—1- fotógrafo desconocido/ 2- William Heick – 1948/ 3- Johannes Carlson)

DETENER EL ECO CON UN GRITO


“Intentó probar que el cielo es más bajo que la tierra, que las montañas están debajo de las playas; que uno puede salir hoy hacia Yueh y llegar ayer… Su defensa de estas ideas lo comvirtió en blanco de la curiosidad general; sus palabras causaban gran agitación. Día tras día su sagacidad desafiaba el rápido ingenio de sus oponentes… Pobre en fuerza interior, vertido sobre la superficie de las cosas, ¡ su método en verdad era estrecho! Ignoró su verdadera naturaleza espiritual y sus poderes; malgastó y fatigó su talento en una cosa y luego en otra y otra, todas ellas extrañas a sí mismo, para al final sólo ser conocido como un hábil polemista. Dilapidó sus dones naturales, que eran muy grandes, en muchas empresas quiméricas y no obtuvo nada a cambio. Corrió de aquí para allá, sin jamas poner término a su búsqueda. Fue como aquel que quiso detener el eco con un grito; o como el cuerpo que quiere adelantarse a su sombra.”

Chuang- Tse

(Imagen — foto Kurasovas Olegas- “The national geographic”

HAY QUE ESCUCHAR A TODO EL MUNDO



”Hay que escuchar a todo el mundo — le decía el empresario Duran Farell a Pla y éste lo reflejaba en sus “Notas del crepúsculo”—. En todo caso, es lo que yo he hecho siempre. Si habla con determinada persona a través de su propia experiencia, ya sea grande o pequeña, verá enseguida que lo que le dice es una forma u otra de demencia. Otros le pueden dar un punto de vista, un buen consejo a menudo. En esta tierra hay muchas personas inteligentes, no importa su origen social, si tienen o no tienen título. Es un país prácticamente sin clases, porque en el terreno humano puede suceder cualquier cosa. En un país así todo consiste en saber escuchar y en dar con la gente. Es lo que he hecho siempre: sacar a la gente de la monotonía de la vida y “tirar de ella” al máximo. En la asamblea de las sociedades no he hecho otra cosa. Dar confianza a la gente, sacarla de su ancestral pasividad, de la envidia y del fanatismo, crear una confianza general, progresiva, es decir, hacer, crear un país.”

(Imagen — Johannes Carlson)

MÚSICA EN CAMPOS DE CONCENTRACIÓN


He sido prisionero de guerra en Gōlitz, Siesia, en una de las regiones más frías y más feas de Alemania — recordaba el gran compositor Olivier Messiaen —. Uno es prisionero de los alemanes o de los rusos. No hay otra posibilidad para los hombres del siglo XX. Tenía conmigo en el campo de concentración a otros tres músicos: un violinista aficionado, de mucha calidad, que luego se ha hecho actor de teatro; un clarinetista, que es ahora clarinetista en la orquesta de la radio, en París; el tercero era un violoncelista. Yo escribía sobre el papel que me habían dado y debo decir con cierto orgullo que no he cometido ningún error de instrumentación y que después no he cambiado nada de mi texto. Una vez acabado mi trabajo de composición, los oficiales alemanes, bastante emocionados, nos han traído una noche los cuatro instrumentos y hemos podido interpretar el “Cuarteto” para los prisioneros. Había como veinte mil, era un campo enorme y había entre ellos gente de toda clase y de muchas naciones, franceses la mayoría, pero también belgas y polacos, gente poco preparada para escuchar música ultramoderna y que no había oído nunca hablar de mi ángel y del fin de los tiempos. Salvo los sacerdotes, ya que había algunos entre los prisioneros. De alguna manera, a pesar de la diferencia de clase y de cultura que había entre nosotros, éramos todos como hermanos, hundidos en el mismo dolor, y el éxito ha sigo muy grande.

Todo sucedía dentro de un enorme barracón de madera, vestidos todos con trajes increíbles, harapientos y barbudos. El violoncelista Pasquier llevaba en la cabeza un gorro de piel y tocaba un instrumento que no tenía más que tres cuerdas, una de ellas se había roto y no disponíamos de otra, de manera que tuvo que hacer verdaderos malabarismos para poder ejecutar ciertas notas. Al clarinetista le había sucedido otra desgracia. Había dejado su instrumento sobre una estufa y algunas de las claves en metal se habían fundido. Mi piano era antiguo y estaba en mal estado. Además, debido al calor de la sala, donde se habían concentrado miles de personas, mi piano sudaba como un caballo y algunas de las teclas, una vez tocadas, se negaban a volver a su posición inicial, de manera que había que sacarlas, cada una, con mis dedos. Llevaba un traje muy raro, el uniforme de un soldado checo, de color verde claro, completamente deshecho, los pantalones llevaban dos agujeros en las rodillas y tenía el aspecto de un pordiosero. También llevaba zuecos de madera. Pero éramos todos tan desgraciados que a nadie se le ocurría reírse de mí. Inútil decir que el éxito fue muy grande e incluso los oficiales alemanes que asistían al concierto aplaudieron como los demás.”


(Imágenes— 1- Sam Weber— soldado de invierno/2– foto Rando Mizra – artnet/ 3- David Douglas Duncan)

ILUMINACIONES


Recuerdo, por ejemplo, una iluminación, un relámpago al aire libre, un relámpago en lo alto de una mañana de agosto, un relámpago en pleno día, un relámpago interior, si así puede llamarse: serían las ocho y media o nueve menos cuarto de la mañana, un viernes, yo caminaba sobre la arenilla de un sendero no lejos de Punta Umbría, en Huelva, al sur de España. Había tomado la tarde anterior una gran decisión y la había tomado en la confluencia de dos ríos, el Tinto y el Odiel , dentro de una barca, y ahora todas las piedras y árboles y setos que había en aquel camino aparecían inundados de sol, iluminados por el relámpago que siempre he visto allí; cada vez que he hecho memoria no he podido ver en aquel camino mas que la luz, un camino de luz blanca, un día blanco, mis pisadas sobre la arenilla y sobre las pequeñas piedras estaban invadidas de alegría, yo tenía en aquella mañana dieciocho años, las decisiones que se toman definitivamente y de pronto, es decir, tras una larga meditación, pero a la vez de pronto, a veces marcan un camino de luz, de insospechada alegría, entonces, uno no sabe por qué, ese sol y esa arenilla de los caminos que yo pisaba (es como si aún oyera ahora las suelas de mis zapatillas de verano sobre la arenilla) marcaban y rodeaban el resplandor de la mañana, una mañana fresca y limpia, había una luz, o creo que había una luz, parece que aún lo veo, sí, sí había una luz en la superficie de las flores, estoy casi seguro de que era así. Son iluminaciones que duran, le acompañan a uno toda la vida. Beckett revivió toda su vida una iluminación oscura y nocturna en un muelle irlandés y volvió una y otra vez sobre ella y yo vuelvo a mi vez a este camino de resplandor, lo opuesto a la iluminación oscura, una mañana limpia e interminable en la memoria; cada vez que mi memoria abre una compuerta aparece igual que un flash, como una escena, este caminar mío muy de mañana en estos senderos no lejos de Punta Umbría; pocas veces he visto casas tan radiantes, a lo mejor no eran en sí radiantes pero yo así las veía, eran blancas y azules, techos azules, paredes blancas, puertas abiertas, era verano y primera hora, la vida estaba ante mí, ¿qué había decidido?, a veces no se sabe bien lo que a uno le espera cuando ya ha decidido, sobre todo porque las sucesiones tras las decisiones felizmente permanecen ocultas, si no uno no andaría a tientas después de la decisión como suele ocurrir, uno toma una decisión que parece segura y definitiva, y en el fondo así es, pero cuando se creía ya todo resuelto sólo por haber tomado esa primera decisión, uno debe de seguir aún largo tiempo andando a tientas, empujado, sí, por la decisión, pero sin saber qué le aguardará a lo largo del camino. Es lo normal. Lo cierto es que esa escena que estoy contando, ese relámpago vibrante en plena mañana de agosto siempre está ahí, no se cierra, y si yo creo que puedo cerrarlo y pienso en otra cosa, ese camino de arenilla invadido de sol y de luz lo que hace es apagarse momentáneamente, se queda escondido en mi memoria hasta que vuelvo a él otra vez, e instantáneamente vuelve a encenderse y me veo como siempre que me he visto andando sobre la arenilla en una mañana radiante de alegría y de sol. Estos son los pequeños relámpagos , las pequeñas y grandes iluminaciones,de los que hablaba hace un momento dentro del gran relámpago que es la vida.”

José Julio Perkao

(/extractos de mis “Memorias”)

Todos los derechos,redervados

(/Imagen — Emil Nolde)

VERANO 2021 ( 3): HIMNO A LAS ESTRELLAS



«A vosotras, estrellas,

alza el vuelo mi pluma temerosa,

del piélago de luz ricas centellas.

Lumbres que enciende, triste y dolorosa,

a las exequias del difunto dia,

– huérfana de su luz – la noche fría.

Francisco de Quevedo.- «Las tres Musas últimas castellanas»- 1670

(Imagen -Emil Nolde- 1948)

ESCRIBIR CON ESCAFANDRA

”Los escritores mediocres — decía Ricardo Piglia— van a escribir con escafandra, con trajes de buzo, las manos y los brazos cubiertos con tela protectora, algunos escriben con casco y antiparras y he visto a varios escribir en un bar con máscaras antigás en la cara y así resulta lo que escriben, libros asépticos, esterilizados, su estilo, por llamarlo así, es un estilo cauteloso y profiláctico. Se alejan de la incandescencia de la lengua y se resguardan, y entonces lo que escriben es inofensivo.”

( Imagen — Lovis Corinth)

CÓMO DIVIDO MI CUERPO

“Ahora divido mi cuerpo en dos partes para dos clases de actividades —escribe el japonés del siglo Xlll Kamo No Chōmei en sus “ Notas desde mi cabaña de monje” —-. Mis manos son mis esclavas, mis pies son mi vehículo, y pies y manos satisfacen a mi corazón. También el corazón conoce los sufrimientos del cuerpo, y en los períodos penosos lo deja en reposo sin servirse de él; cuando, por el contrario, el cuerpo se encuentra lleno de ánimo, el corazón se sirve de él. Aunque lo usa, no abusa nunca de él. Y si el cuerpo está cansado e indolente, el corazón no se irrita. Además, el hecho de caminar siempre, de hacer ejercicio sin cesar, es una condición de la salud del cuerpo. Por lo demás, ¿cómo podría uno contentarse con un reposo sin objeto? Hacer sufrir a los demás, crear dificultades al prójimo, son acciones culpables. ¿Cómo podría, pues, valerme de las fuerzas ajenas?

El mundo entero no es más, en suma, que la conciencia que tenemos de él. Si el corazón no está en paz, las bellas caballerizas o establos, los tesoros más extraordinarios, no significan nada, ni los palacios ni las ricas moradas son deseables. En este momento amo mi pobre vivienda, la única habitación de mi casa solitaria. Si alguien duda de lo que digo aquí, que contemple a los pájaros y los peces. Los peces no se aburren nunca de estar en el agua. Habría que ser pez para comprender este sentimiento. Los pájaros no piden otra cosa que vivir en los bosques. Nadie comprende esto como los pájaros. Lo mismo ocurre con los placeres de la soledad; sólo se puede apreciar viviéndola.”
(Imagen — Ogata Korin-1656)

CALOR

El calor se asocia psíquicamente a la luz — recuerda John Chevalier en su “Diccionario de símbolos”-, como el amor al conocimiento intuitivo o la vida orgánica a la actividad del espíritu. Plutarco recuerda que el calor y la luz son puestos en movimiento por el sol, como la sangre y la respiración, principios vitales e intelectuales, por el corazón. El calor se identifica en otro plano con la cólera de las iniciaciones guerreras. En la antigua China, el fuego y el calor están asociados al tema de la sequedad y de la obtención de lluvia, así como suele identificarse de algún modo con el color rojo. La característica de lo rojo expresa también la sequedad. Es literalmente “el fuego del hombre”, que es lo que se revela en la expresión de la cólera.”

(Imagen- pintura norteamericana del siglo XX)

PINTORES Y POETAS


Recordaba Juan Manuel Bonet que Juan Ramón “había hecho sus pinitos pictóricos, discretos, en la Sevilla finisecular de los coloristas. Alberti empezó también como pintor; su exposición del Ateneo, en 1922, fue la primera de tipo abstracto que se hizo en Madrid, y en nuestro país. Son bien conocidos los dibujos de Lorca, y la pintura de Moreno Villa; no tanto las caricaturas de los humoristas Neville, Mihura y Tono, las musarañas y los gatos de Bergamín, y los fantásticos “Carteles” de Giménez Caballero, cuyo “Circuito imperial” (1929) revela un notable y directo conocimiento de las vanguardias artísticas europeas.”

Pintores y poetas entremezclando los senderos de la creación.

(Imágenes- 1- Juan Ramón por Vázquez Díaz/ 2- Satoshi Okazaki)

LO VISIBLE Y LO INVISIBLE



A veces me quedo mirando esta habitación donde trabajo, la veo rodeada por las casas y las calles pero también por los pájaros y los peces, por las olas del mar, por todo ese tapiz de árboles y de campos extendidos en tantos paisajes, por las estrellas, por el polvo de las estrellas, y todo eso envolviéndome y envolviéndolo todo a la vez, es un movimiento real aunque invisible, el movimiento  del mundo, el mundo gira imperceptiblemente junto a esta habitación, esta concreta habitación en la que escribo, esto me ocurre muchas veces, seguramente no diré nada a la periodista porque me costaría explicárselo. El otro día cuando me preguntó sobre lo invisible, cuando me preguntó si a mí me atraía ese mundo invisible, yo le contesté que sí y tal vez hubiera sido el momento de explicárselo, ¿pero lo entendería?, quizás sí, lo aceptaría como una visión extravagante y llena de fantasía, un mero capricho de escritor, pero no es exactamente así, no, no es así, muchas veces he pensado en los estrechos límites que tenemos los hombres a nuestro alrededor; a veces únicamente vemos lo que vemos : vemos esta mesa, esta estantería llena de libros, esta pared, la puerta, las diversas paredes, el pasillo, las distintas habitaciones de esta casa, esa gran calle al otro lado de la ventana por la que ahora están cruzando automóviles y gentes, y luego la gran ciudad enorme y ampliada, inabarcable, que yo sé que está ahí pero que no puedo ver desde aquí, desde la esquina de mi ventana; sé que está ahí, que a esta hora la enorme ciudad con sus múltiples barrios y avenidas es un hervidero de quehaceres, luces y sonidos, movimientos de muchedumbres que van y vienen constantemente como van y vienen los movimientos de los pájaros en esta hora del mundo, los pinzones, los jilgueros, los mirlos, los gorriones, las golondrinas planeando sobre el mar. Como vienen y van muy despacio también las nubes sobre esta casa, la esfera de las nubes, sus formas, los caminos de los vientos. Vienen y van los penachos de los cirros, los cúmulos hinchados donde en este momento es verano, los estratos que traerán la lluvia. Mientras escribo todo esto yo no lo veo, pero sé que los pinzones están ahí, se mueven inquietos con su color gris azulado, sus mejillas de color naranja, el pico corto y fijo. No puedo verlos desde esta habitación en que trabajo como tampoco puedo ver el autobús enfilando una curva en el centro de la capital, como nunca podré ver desde la ventana el recorrer del metro bajo tierra.

Pero sé que todo eso está ahí aunque yo no lo vea desde esta habitación; es una visión completa, unísona, están cantando ahora los pinzones reales mientras revolotean entre los árboles con su cantar vacilante y bellísimo, están esperando junto a tantos otros pájaros esa especie de orden de vuelo en bandada, un vuelo simultáneo de cientos de pájaros que producirán excitación y nerviosismo; ahora no, ahora exactamente  no los veo pero sí los siento mientras abro esta puerta del despacho  y  salgo al pasillo y camino por el pasillo y voy hasta la cocina para beber un vaso de agua, y los pájaros y las nubes están ahí mientras yo bebo de pie junto al fregadero,bebo a pequeños sorbos mientras baja el agua por mi garganta y los pájaros vuelan en bandada a la vez que se mueve el mar, las olas, las ondas de las olas, sus crestas, el mar que se remansa en la orilla, y bajo ese mar el movimiento también de todas las especies, todas las gamas de colores subacuáticos  que cambian conforme dejo el vaso en la repisa de la cocina y vuelvo otra vez por el pasillo hacia mi cuarto pensando que si algún día me decido a terminar esto que escribo y lo lee un editor sin duda advertirá enseguida que le falta acción, quizás comente que es un ejercicio de sintaxis, acaso una respetable reflexión, pero que carece totalmente de acción, y la acción es precisamente lo que atrae al lector moderno. Pero tampoco sé si se dará cuenta ese editor de que todo esto que estoy contando y cuanto me está sucediendo es acción, acción continua, acción constante del mundo total, movimiento acorde, encadenado y enlazado, que podría de algún modo recordarle a algunos, acaso muy lejanamente, el fenómeno surgido a principios del siglo pasado cuando en literatura se quiso bautizar aquello de «unanimismo».

José Julio Perlado

(extracto de las “Memorias”)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imágenes—: 1- Constable— paisaje con arco iris-1812- Victoria y Albert museum 2- Constable-faro de Arwich -1820- Tate Gallery/ 3- Constable—la bahía de Weymouih- National gallery)

BENJAMÍN PALENCIA

Benjamin Palencia-ybbg-- 1975 -tigilito es

«Yo voy buscando… – me decía Benjamín Palencia en 1967 -, precisamente en esta parte donde tengo el estudio, que es en el centro de Ávila, rayando ya con Gredos, en los primeros flancos de montañas hacia Gredos, el clima, voy buscando el clima… una limpieza de sonoridad en el espacio… como es una luz…, como es la limpieza atmosférica que estos paisajes altos de España tienen, porque yo soy un poco sonoro, diamantino; yo no pinto con los ojos, yo pinto también con los oídos… y yo  necesito un cierto paisaje que tenga una resonancia, como es el paisaje alto de Castilla, una resonancia incluso musical, auditiva…que entre dentro de una nueva concepción no solamente de la pintura, sino también de la poesía, porque ahí están nuestros místicos, como Teresa de Jesús o San Juan  de la Cruz…

Benjamín Palencia- nggr- paisajes

Un paisaje  que suena y además un paisaje austerísimo…, que no tiene anécdota, porque yo creo que hay que ir limpiando también la pintura y el arte en general de todo su quehacer anecdótico.

Benjamín Palencia-mmnnu paisaje

Mis tres predilecciones de  pintores  españoles han sido: el Greco, Velázquez y Zurbarán. pero del que más influencia seguramente tengo es del Greco. Porque reúne unas condiciones su pintura que están muy dentro de mí y, además, incluso las coloraciones, no solamente de antes sino de siempre  se la debo al Greco.

Benjamín Palencia- nggt-

Tanto, que se ha hablado que mis amarillos venían de Van Gogh. No. Mis amarillos no vienen de Van Gogh, mis amarillos vienen del Greco, como también muchos colores como los granates, los amatistas, este carmín que yo pinto tanto y que son colores  tan predilectos míos, también vienen del Greco.

Benjamín Palencia-bbrre-paisaje- mil novecientos cincuenta y uno- Centro de Cooperación Iberoamericana

Mi tema principal es la Naturaleza y los seres que conviven con ella. A mí me gusta la adolescencia de las cosas… esto lo voy buscando siempre, lo mismo de los animales como de las flores, como de los niños…

Benjamín Palencia- nggr- paisajes

Yo, cuando estoy en mi casa de Ávila, que cultivo rosas también en un jardín, y todas estas rosas que yo pinto son precisamente cultivadas por mí…, los niños, que no están acostumbrados a ver esos jardines llenos de rosas, se vienen a las verjas y se asoman por las barras de hierro…, e intentan coger las flores con las manos…, yo estoy dentro, recogiendo su fisonomía, sus risas, sus miradas a las flores y sus comentarios, y lo estoy pintando juntamente con las grandes rosas y los árboles, los verdes… De modo que es una cosa que se complementa: la juventud maravillosa de todo esto con la maravilla de los seres jóvenes, de la tierra y de la creación…”

Benjamín Palencia-mmnnu paisaje

(Imágenes— cuadros de Benjamin Palencia)

HISAE Y LOS BRASEROS PORTÁTILES

Siempre que se le preguntaba a Hisae Izumi por la transformación de Japón que ella había vivido y por la apertura decisiva  del archipiélago a Occidente contestaba con unas palabras casi misteriosas y  sorprendentes: todo empezó — decía— con  el fuego de los braseros portátiles y con las lámparas de aceite. Y efectivamente así había sido. Hisae había observado, tras la audiencia que le había concedido el emperador Meiji a principios del siglo XX y una vez convertida en una simple inquilina  en  una sencilla casa de Kyoto, acogida por una familia amiga, la familia Yokoyama, cómo el fuego de los carbones de leña encendidos en braseros portátiles era todo un acontecimiento para Japón. Durante siglos lo que se llamaba hogar —- y ella lo había vivido bien — había sido algo absolutamente central dentro de cada casa, como si en torno al fuego todo estuviera  recogido en sí mismo y  a la vez acogiera a  toda la familia. En ese punto preciso se había hablado y se había vivido siempre.  Pero aquello había ido evolucionando. Poco a poco Hisae había advertido cómo los carbones de leña, aquellas fibras negras, a veces retorcidas, envueltas en  cenizas blancas de calor, se habían ido dispersando  una a una por todos los rincones de la pequeña vivienda refugiándose en las llamadas habitaciones. “Era como una procesión de intimidades”, escribió Hisae en sus “Memorias”. Porque ella quiso dejar constancia de todo lo que estaba viendo y viviendo en  aquella casa de los Yokoyama, —-que era como una casa cualquiera de Japón y también podía pasar por  una casa representativa —,las veces en  que se reunía con Masato Yokoyama, el  jefe de la familia,  con su mujer Chiaki o con sus  hijos, Keitaro y Keiko.  Como en los tiempos en los que había dado clases al aire libre a niños y a mayores  por diversos lugares del archipiélago, ahora volvía a tener un auditorio, sin duda mucho más reducido, pero siempre atento a aquellas intervenciones de Hisae al final del día, cuando todos los trabajos habían concluido.  Les descubría por ejemplo,  los misterios del carbón. “ Como la tierra quemada — les decía—, así el carbón va muy unido al fuego. Nosotros podemos ver su aspecto negativo, su negrura, su poder oculto, pero escondido en el carbón  está el rojo, la llama, la energía, y también la luz. Hasta ahora en Japón nos hemos congregado en un punto único dentro de cada casa, en el fuego, en torno al cual hemos hablado, compartido y vivido, pero ahora, sí os fijáis, cuando uno se lleva a su rincón su personal brasero portátil de porcelana la luz va con él, y con la luz va también el  refugio de sus pensamientos, esos pensamientos se iluminan en el aislamiento de la soledad y cada uno va descubriendo su particular hogar, el que se ha creado para sí mismo, la casa se llena de diminutos hogares y en ellos se repasan recuerdos y se lanzan proyectos.” Le escuchaban con gran curiosidad y respeto los Yokoyama como si les descubriera todo un mundo.

Les hablaba también de la sombra. “Todos sabemos —les decía— que Japón ama especialmente la sombra como Occidente ama especialmente la luz. Cuando vayáis un día a Europa, si tenéis la oportunidad de conocer Paris, veréis que en  Paris la luz del día se extiende sobre las grandes avenidas y las ilumina de modo resplandeciente y  por las noches, en cambio, la luz eléctrica hace brillar los iluminados Campos Elíseos. Pero siempre es la luz. Japón, en cambio, en general,, prefiere el encanto de la sombra. Cuando nosotros nos retiramos por la noche a nuestros cuartos llevamos los  braseros portátiles pero también acudimos con nuestras lámparas de aceite y entonces esas lámparas  sorprenden de improviso a  las sombras  ocultas en los rincones. No hay ninguna guerra, sin embargo, entre luz y sombra, aunque a veces notamos que vence más  la sombra ya que  es lo que más amamos los japoneses,  allí donde nos refugiamos desde hace siglos.” Les hablaba de muchas más cosas en las largas tertulias nocturnas. Había observado Hisae, por ejemplo, que cada mañana Masato Yokoyama, el jefe de familia, a la hora de irse a la oficina, antes de atravesar la puerta, se desprendía  de su  kimono, el cual dejaba cuidadosamente doblado hasta la tarde,  y se vestía entero a la manera occidental. Y eso, aunque él no se diera cuenta, estaba ocurriendo en todo Japón. No sólo en las ciudades sino también en los pueblos. Era una atracción llena de curiosidad por Occidente y a la vez  un temor por separarse de Oriente, la incógnita de qué pasaría si se alejaban demasiado de sus tradiciones y se asomaban al exterior.. Pero no se alejaban, hacían convivir  las dos actitudes y Japón poco a poco se abría al mundo.”

José Julio Perlado

(del libro “Una dama japonesa”)

(texto inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


(Imágenes—1- Ikeda Terukata/2- Itou Shinsui/ 3-Sciobo- japanese)

BELLEZA Y CONOCIMIENTO

 

 

“Me recuerdo a mí misma — dice Virginia Woolf en 1928 — , que la mitad de la belleza de un paisaje o una casa procede de conocerlo. Uno recuerda antiguas bellezas; sabe que ahora está feo; espera a verlo iluminarse; sabe dónde encontrar su encanto; cómo hacer caso omiso de lo malo. Esto no puede uno hacerlo la primera vez que lo ve.”

(Imagen — Edward Steichen- 1899)

LA POESÍA DEL TRABAJO


No he conocido hombre alguno — decía Gorki — que sintiese tan profundamente como Chejov la importancia del trabajo como fundamento de toda cultura y,por tan diversas razones. Este sentimiento se expresaba en los actos más insignificantes de su vida; en sus costumbres, en su elección de las cosas, y en ese noble amor por los trabajos del hombre que, ajeno al deseo de coleccionarlos, nunca se cansa de admirarlos como productos de la mente creativa del hombre. Se complacía en construir, plantar jardines, ornamentar la tierra; era sensible a la poesía del trabajo. Con qué conmovedor cuidado observaba crecer los árboles frutales y los arbustos ornamentales que había plantado en su jardín. Lleno de planes para la construcción de su casa de Autka solía decir:

— ¡Qué hermoso mundo tendríamos si el hombre hiciese todo lo que se puede hacer con el trozo de tierra que le pertenece!”

(Imagen -chejov-russkayaliyeratura)

VIAJES POR ESPAÑA (25) : SANTILLANA DEL MAR

“Abre el guía una verja que defiende el ojo negro de la caverna por donde hemos de ingresar — va narrando Ortega—. Avanzabamos el pie sobre un terreno húmedo, resbaladizo, pedregoso. Pronto sentimos que la tiniebla nos ha devorado y nos mastica con sus mandíbulas impalpables. Una entrada pareja debía tener aquel lugar de la leyenda céltica que llamaban el Purgatorio de San Patricio. Los que tornaban de él no volvían a reír nunca.¡ Y pensar que esto es un museo! Nuestra escasa simpatía por los museos de arte se suaviza un poco. ¡Excelente, un museo a oscuras! Las manos trabajan la tiniebla, abriendo en ella rutas posibles, y el pie tropieza, se escurre peligrosamente en un rápido deslizamiento hacia el centro de la Tierra.

Entretanto, el guía enciende una lámpara de acetileno. Nuestro afán de ver los bisontes ilustres no admite espera.¡ Helos aquí! ¡Fantásticos, monstruosos! Se mueven sobre el haz de la piedra. Pero no; ha sido un error. Lo que hemos visto era nuestras propias sombras, temblorosas, proyectadas sobre la techumbre por la lámpara que yace en el suelo. ¿Y los bisontes? Hay un recato irónico en estas figuras primigenias que rehusan entregarse sin más ni más a la retina profana. Evidentemente, el suelo de la caverna está hoy más alto que en otro tiempo, y no queda distancia suficiente para que el dibujo entero, casi siempre de amplias dimensiones, se componga en la visión. Hace falta que el guía conduzca nuestra mirada señalando a lo largo el perfil de cada bestia con un puntero. (…) La lámpara superpone a la decoración altamirana las sombras de los turistas, extravagantemente desmesuradas. De suerte que éstas lo primero que hallan allí es su propia y vulgar silueta.”

(imagen – Odilón Redon – 1903)