¿ HALLAZGO DEL GALEÓN ?

No, no es un galeón el que está fotográficamente anclado en los muelles de las calles de Nueva York cuando la cámara lo recoge en 1934 y superpone barco y edificos. Pero esta imagen empuja a la memoria y la memoria nos lleva de algún modo hasta las páginas en las que cien años de soledad eran contadas por la fábula y aquella escritura de García Márzquez nos decía que ” frente a ellos, rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas. El casco, cubierto con una tersa coraza de rémora petrificada y musgo tierno, estaba firmemente enclavado en un suelo de piedras. Toda la estructura parecía ocupar un ámbito propio, un espacio de soledad y de olvido, vedado a los vicios del tiempo y a las costumbres de los pájaros. En el interior, que los expedicionarios exploraron con un fervor sigiloso, no había nada más que un apretado bosque de flores”.

Es la primera vez que la palabra soledad aparece en los Cien años. Luego la soledad proseguirá y dará vueltas por el libro entre el tiempo estancado y el tiempo degradado y la soledad se nos hará inolvidable. En la convulsa realidad de estos días – no sólo en Nueva York  sino en todo el mundo –  la invención de la realidad anclada en este muelle es contemplada desde Mi Siglo.

(Imagen: barco en la ciudad de Nueva York.-foto: Byron Collection/ Museum of the City of New York, 1934- The New York Times)