LAS CARTAS DE MI PADRE

De vez en cuando vienen hacia mí las cartas de mi padre que no he tirado, que he conservado, que ahora releo en un tiempo distinto, cuando oigo las pisadas de mi padre yendo y viniendo por el pasillo, viudo, de vez en cuando se sentaba y escribía cosas de las que no hacía yo entonces demasiado caso porque estaba en el tiempo de la efervescencia y de la apertura de caminos, no de la reflexión, carecía de perspectiva, mi pobre padre contaba su semana, lo que había comido o cenado, sus preocupaciones veladas, sus tímidos consejos porque no me quería herir, y lo hacía con una letra seguida, continua , el río que le salía del corazón. Se desahogaba y me estimulaba, muchas veces me aplaudía, pocas veces me regañaba, dejaba que su hijo siguiera construyendo su camino entre luchas y tropiezos, respetaba mi intimidad. Los dolores de padre por su hijo no se reflejaban en las letras, que seguían el río de sus pensamientos, sobresaltado de inquietudes no las decía, se las llevaba pasillo adelante y pasaba las horas en soledad. Ahora estas cartas tienen una dimensión distinta. El tiempo me las pone en primer plano. Veo estas letras y oigo sus pasos y aprendo lecciones que entonces no escuché. Yo también recorro ahora pasillo adelante con las cartas en la mano – como si fueran voces al oído — sin destruir ni borrar y evoco la presencia de otros tiempos.

José Julio Perlado

(Imagen – wikipedia)

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