LA VOZ DE HOKUSAI

 

 

“Gasté toda mi vida en observar, dibujar y pintar, pero hasta mi extrema vejez fui pobre —le hace decir Giovanni Papini en su “Juicio universalal pintor japonés Hokusai —.Durante sesenta años agucé la vista y el ingenio para representar la vida de los hombres y me faltó tiempo para otras tentaciones y acciones. Tú no puedes imaginarte qué éxtasis me daba a mí, humilde pintor apartado, la imaginación de cualquier forma de la vida, desde el pétalo que se separa ligero de la flor del cerezo y cae lento como mariposa que haya perdido un ala, hasta el hombre que corre entre mil mariposas de nieve en busca de la amada que ha huido. Por este camino llegué a ser hermano de todos los seres y, a su vez, dueño, ya que había sorprendido, en los jeroglíficos de las líneas sus secretos. .

 

 

La mayoría de los hombres se extinguían hacia los sesenta años. Poquísimos hombres, señalados como portentos, llegaban a los cien.  Yo alcancé casi los noventa y, sin embargo, aunque había estudiado y trabajado constantemente no logré  hacer lo que hubiera querido y, sobre todo, no pude alcanzar aquella suprema perfección que sólo pude vislumbrar y codiciar. Tú no puedes tener una idea de lo que era para nosotros, los hombres, una ciencia o un arte. Empresa ardua, fatigosa, penosa, pero sobre todo, larguísima.

 

 

Sólo a los cuarenta años comenzábamos a aprender en serio los rudimentos y los elementos de nuestro oficio. Sólo a los cincuenta empezábamos a comprender por qué camino cabía esperar que entendiéramos de veras. Sólo a los sesenta comenzábamos a dar los primeros ensayos dignos, a deletrear los primeros descubrimientos. Sólo a los ochenta se comenzaba de veras a comprender, a saber hacer, a poder enseñar.

Yo, por ejemplo, comencé  a dibujar a los diecisiete años con gran resolución y apasionamiento. Pero sólo cuando estuve cerca de los noventa advertí con infinita alegría e infinito dolor que por fin había aprendido a representar los movimientos y los reflejos de los peces en la transparencia del agua. Poco tiempo después  la muerte me arrancó el pincel de la mano”.

 



 

(Imágenes- 1,2,3 y 4- Hokusai)

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