LA VOZ DE LA CARICATURA

 


“La caricatura  fue, sobre todo, llamada a la humildad  —le hace decir el italiano Giovanni Papini al dibujante Daumier en su “Juicio universal” —. El hombre era desconocido para sí mismo. Cada uno tenía para su persona y para su alma una indulgencia que nacía del orgullo y lo agigantaba . Quise descubrir con la crueldad del dibujo al innoble, al sátiro, al déspota , al egoísta, al tartufo, ante ellos mismos, para que, al fin, se conocieran. Bastaba acentuar levemente algunos rasgos para mostrarle a cada uno su verdadero rostro, es decir, su verdadera alma.

 

 

Quise entonces que el lápiz, la pluma, el buril se hiciesen en mi mano armas para el restablecimiento  de la justicia. No esperaba cambiar los humanos destinos, pero pude, por lo menos, hacer reír ante los hocicos de fiera y las barrigas porcinas de los amos del pueblo. Toda mi arte fue la guerra de los escuálidos contra los hartos, de los débiles contra los poderosos , de los despellejados contra los desolladores.

 

 


No tenía que recurrir a la deformación  pictórica para hacer patente la deformidad espiritual de mis modelos.  Bastaba un leve golpe del pulgar, una línea un poco más decidida , una sombra un poco más densa.

 

 

 

(Imágenes—  1- caricatura de Daumier- oldbook ilustrations/ 2- thearteoff/ 3-punto crítico derechos humanos/ 4- caricatura de Daumier-oldbookilustrstion)

LA VOZ DE SHAKESPEARE

 


 

“Quizá te es desconocida esta  mísera y sublime condición de poeta —le hace decir el italiano Giovanni Papini a Shakespeare en su “Juicio Universal” —. En medio de los hombres es como un rey que puede conceder la gracia de la vida; como un nigromante que invoca de las negras sombras a inocentes y a reos; como un músico que debe entonar cantos de furor o de dulzura para aquellos que no han sabido extraer los misteriosos tesoros escondidos en cada uno de nosotros. En torno a mi mente siempre había una poblada corona de seres de toda clase que me pedían que les devolviese movimiento y palabra. Eran los muertos, eran los vencidos, eran los sacrificados , eran jovencitas bajadas al sepulcro demasiado pronto, condenados que querían gritar su inocencia, dementes que querían descubrir la verdadera razón de su locura, amantes que querían murmurar de nuevo y eternamente las extrañas y suaves paradojas de la pasión.

 


 

Durante muchos y muchos años satisfice como pude a centenares de aquellos violentas solicitantes y tuve alguna compensación en las alegrías de la creación y en el renombre. Pero también aquellas alegrías fueron superadas por el dolor. Dolor por el pesar de los excluidos, pues yo, aunque escritor fecundo, no podía llamar a la escena de la vida a todas aquellas larvas implorantes. Dolor por la insuficiencia de mi genio para decir todo lo que los postulantes me sugerían; para representarlos con aquella perfección de luz que ellos hubieran querido; porque me di cuenta de que el arte es siempre, en definitiva, un espléndido fracaso. Dolor, finalmente, por el descubrimiento que iba haciendo, a través de tantas almas, de las secretas suciedades y torturas de la vida humana. Descubrí que el poder de los poderosos se paga siempre por ellos y por los demás, con sus manchas; que la razón tiene sus absurdos y la locura, casi siempre, su inaudita razón. Descubrí que los pobres sufren, que los grandes sufren, que los perseguidos sufren, que amantes y odiantes sufren, que aun los sabios sufren y más duramente que los demás. Y, al fin, fui superado y enmudecido por este universal dolor descubierto por mí en los seres que quisieron convertirse a la fuerza en personajes de mis obras.

 

 

Dolores ocultos, no sospechados, no confesados, dolores sin remisión ni rescate. Y en el último drama imaginé una isla donde un mago que fue príncipe se ha refugiado junto a la belleza inocente, pero no es servido por hombres, sino por un ángel y por un bruto. Fue aquel mi testamento y mi despedida de mi fatigado y doloroso oficio de poeta.”

 

 

( Imágenes —1-Enrique Lvfolger- Shakespeare library/ 2-Henry Fuseli- 1793/ 3- George Rommey- 1775- Shakespeare library/ 4-nueve mujeres de Shakespeare -Milto)

LA VOZ DE HAENDEL

 


“Pasión extenuadora, devoradora, consumidora —le hace decir el italiano Giovanni Papini a Haendel en su “Juicio universal” —; pasión soberana y dictadora de todo mi aliento. No sufría únicamente de la sed de escuchar música, sino, sobre todo, del hambre de componerla, crearla, darla. En mi larga y, a veces, miserable vida, únicamente soñé con expresar mi espíritu por la música, sólo me propuse traducir todos mis sentimientos y pensamientos en obras de música. Durante medio siglo seguido compuse sonatas, conciertos, dramas, oratorios, coros y  jamás estaba satisfecho ni nunca me sentí cansado. No  fui un hombre, sino un mediador de sonidos, un revelador de armonías, un dispensador de melodías. Allí estaba mi gozo, allí todo mi poder. Me agradaba  llamar para que se reunieran a centenares y millares de almas diversas que acudían al cebo del placer sensual , y yo las unía con mi música , en una misma emoción, las sometía a un único sueño, las elevaba a un orden más divino, los hacía a todos semejantes, a todos concordes, a todos mejores. Y esta victoria del arte me parecía, asimismo, obra de misericordia, milagro de caridad.

 

 

La parte superior del alma, la punta extrema, las cimas y las cumbres espirituales sólo podían  manifestarse, a mi parecer,  por medio de la música. Sólo la música podía decir lo indecible, sólo la música hacía capaz al hombre de responder a Dios en aquel diálogo eterno que, con demasiada frecuencia, fue monólogo. Dios mismo hablaba a los hombres con los truenos del cielo, con el fragor del océano, con el murmullo de la brisa, con el susurro de las selvas, con el bramido de los volcanes, con la  tumultuosa y convulsa coral de las tempestades. A estas voces divinas el hombre no podía responder con las palabras de cada día, palabras de milésima mano, ajadas, sino solamente con el canto;  canto de voces, canto de instrumentos, canto de corazones suplicantes o exultantes. Para expresar toda la felicidad del vivir, toda la maravilla de la creación y de la desesperación  era necesaria la música y solamente la música.”

 

 

(Imágenes —1-Raoul Dufy/ 2- Giancarlo rado/3- Steeft Zortmulder)

LA VOZ DE HOKUSAI

 

 

“Gasté toda mi vida en observar, dibujar y pintar, pero hasta mi extrema vejez fui pobre —le hace decir Giovanni Papini en su “Juicio universalal pintor japonés Hokusai —.Durante sesenta años agucé la vista y el ingenio para representar la vida de los hombres y me faltó tiempo para otras tentaciones y acciones. Tú no puedes imaginarte qué éxtasis me daba a mí, humilde pintor apartado, la imaginación de cualquier forma de la vida, desde el pétalo que se separa ligero de la flor del cerezo y cae lento como mariposa que haya perdido un ala, hasta el hombre que corre entre mil mariposas de nieve en busca de la amada que ha huido. Por este camino llegué a ser hermano de todos los seres y, a su vez, dueño, ya que había sorprendido, en los jeroglíficos de las líneas sus secretos. .

 

 

La mayoría de los hombres se extinguían hacia los sesenta años. Poquísimos hombres, señalados como portentos, llegaban a los cien.  Yo alcancé casi los noventa y, sin embargo, aunque había estudiado y trabajado constantemente no logré  hacer lo que hubiera querido y, sobre todo, no pude alcanzar aquella suprema perfección que sólo pude vislumbrar y codiciar. Tú no puedes tener una idea de lo que era para nosotros, los hombres, una ciencia o un arte. Empresa ardua, fatigosa, penosa, pero sobre todo, larguísima.

 

 

Sólo a los cuarenta años comenzábamos a aprender en serio los rudimentos y los elementos de nuestro oficio. Sólo a los cincuenta empezábamos a comprender por qué camino cabía esperar que entendiéramos de veras. Sólo a los sesenta comenzábamos a dar los primeros ensayos dignos, a deletrear los primeros descubrimientos. Sólo a los ochenta se comenzaba de veras a comprender, a saber hacer, a poder enseñar.

Yo, por ejemplo, comencé  a dibujar a los diecisiete años con gran resolución y apasionamiento. Pero sólo cuando estuve cerca de los noventa advertí con infinita alegría e infinito dolor que por fin había aprendido a representar los movimientos y los reflejos de los peces en la transparencia del agua. Poco tiempo después  la muerte me arrancó el pincel de la mano”.

 



 

(Imágenes- 1,2,3 y 4- Hokusai)

LA VOZ DE VAN GOGH

 

 

“Para huir de la desesperación me precipité en la pintura —le hace decir a Van Gogh Giovanni Papini en suJuicio Universal” —. Rechazado por las mujeres y por los hombres, me refugié en el amor por la naturaleza. La naturaleza se hacía amar, pero no respondía, no correspondía y a veces se rebelaba.

 

 

Someterla a mí poder, trasladarla toda entera al lienzo, con sus luces de paraíso, sus colores esplendorosos, sus candores insostenibles, era para mí demasiado difícil. Y de la pintura recibí las poquísimas horas de alegría pura que experimenté en la tierra. Apoderarme del amarillo apagado y quemado de un campo maduro; del verde envenenante de las hierbas y de los cardos; de los azulados de los horizontes; del amarillo agudo y ardiente de los girasoles; del rojo  descarado de un paño o de un geranio, era para mí un espasmo de poder fugaz, pero violento.

 

 

Me di cuenta, sin embargo, de que también la naturaleza me rechazaba. A pesar de todo mi paciente ímpetu no llegaba a conquistarla, a poseerla entera. También ella, con su taciturna imposibilidad, que es más dura que una repulsa, me rechazaba.

 

 

Y entonces tú sabes lo que acaece en el débil corazón de los débiles. Cuando todo el amor está encerrado y contenido, el hombre se siente desconcertado, perdido, perseguido, es decir, abandonado, enajenado. Los hombres le llaman loco, lo ahuyentan o lo encarcelan. Así fue de mí.”

Y la voz de Van Gogh volvió a callar.

 

 

(Imágenes—1- matas de lirios/ 2–ramas de almendro en flor/ 3/tronco de tejo/ 4-campo de trigo con un vuelo de cuervos/5-girasoles)