UNA SONRISA EN UN BLOG (11) : COMO INSTALAR EN CASA UN ELECTRODOMÉSTICO


“Para poder instalar el PZ40 — aconseja Umberto Eco — es necesario desembalarlo extrayéndolo de la caja de cartón. Se puede extraer el PZ40 de la caja solo después de haber abierto la misma. El paquete se abre levantando en direcciones opuestas las dos lengüetas de la tapa ( véase dibujo en el interior). Se recomienda, durante la operación de apertura, mantener la caja vertical con la tapa hacia arriba porque, en caso contrario, el PZ40 podría caer al suelo durante la operación. La parte alta es aquella en la que aparece el letrero ARRIBA. En caso de que la tapa no se abra al primer intento, se aconseja probar una segunda vez. Una vez abierto y antes de quitar la cobertura de aluminio, se aconseja arrancar la lengüeta roja, si no, el embalaje explota. ATENCIÓN después  de la extracción del PZ40 podéis desechar la caja.”

(Imagen — Name June Paik)

UN HOMBRE QUE ME SUEÑA

 


“Existo porque hay un hombre que me sueña; un hombre que duerme y sueña y me ve actuar y vivir y moverme, y que en este momento sueña que hablo con vosotros como hago. Cuando empezó a soñarme, empezó mi existencia; cuando él se despierte, dejaré de existir. Soy un juego de su imaginación, una creación de su espíritu, un huésped de sus largas fantasías nocturnas. El sueño de ese “alguien” tiene tanta consistencia y duración que me he vuelto visible incluso a los que están despiertos.”

Giovanni Papini— “ La última visita del caballero enfermo”

(Imagen—foto Yoshitaca Uchida- Ito Kosho -1991- museo de arte de la ciudad de Takamatsu)

¿HA LEÍDO USTED TODOS ESTOS LIBROS?

 

“El visitante entra y dice : “¡ Cuántos libros!  ¿Los ha leído todos?”. Al principio — dice Umberto Eco en “”Cómo viajar con un salmón” —, creía que la frase revelaba sólo a personas poco familiarizadas con los libros, acostumbradas a ver solo estanterías de tres al cuarto con cinco novelas policiacas y una enciclopedia infantil en fascículos. Pero la experiencia me ha enseñado que la frase la pronuncian incluso personas insospechables. Se puede decir que se trata, con todo, de personas que tienen una noción de la estantería como depósito de libros y no de la biblioteca como instrumento de trabajo, pero no basta. Creo que, ante muchos libros, cualquiera cae presa de la angustia del conocimiento, y fatalmente se desliza hacia la pregunta que expresa su tormento y sus remordimientos.

(…) A la pregunta sobre los libros hay que responder mientras la mandíbula se te crispa y ríos de sudor frío te bajan por la columna vertebral. Yo, antaño, había adoptado la respuesta despectiva: “No he leído ninguno; si no, ¿por qué los tendría aquí?”. Pero es una respuesta peligrosa porque desencadena la reacción obvia: “¿ Y dónde pone los que ha leído?”. Es mejor la respuesta estándar de Roberto Leydi: “Muchos más, señor, muchos más”, que deja helado al adversario y le hace caer en un estado de estupefacta veneración. Pero la encuentro desalmada y causa ansiedad. Ahora me he replegado hacia la afirmación: “No, estos son los que  tengo que leer para el mes que viene, los demás los tengo en la universidad”,  respuesta que, por una parte sugiere una sublime estrategia y, por la otra, induce al visitante a anticipar el momento de la despedida”.

 

(Imágenes— 1- foto André Kerstesz/ 2-biblioteca de Guillaume Apollinaire)

LOS LIBROS QUE NO HAS LEÍDO

 

 

“… Te abriste paso en la tienda a través de la tupida barrera de los Libros Que No Has Leído que te miraban ceñudos desde mostradores y estanterías tratando de intimidarte. Pero tú sabes que no debes dejarte imponer respeto, que entre ellos se despliegan hectáreas y hectáreas de los Libros Que Puedes Prescindir De Leer, de los Libros Hechos Para Otros Usos Que La Lectura, de los Libros Ya Leídos Sin Necesidad Siquiera De Abrirlos Pues Pertenecen A La Categoría De Lo Ya Leído Antes Aún  De Haber Sido Escrito. —sigue enumerando el italiano Ítalo Calvino en “Sí una noche de invierno un viajero” —, Sigue leyendo

VAS POR LUGARES DESCONOCIDOS

 

Vas por lugares conocidos y desconocidos,
ni es de noche, ni es de día.
Vas con los vivos y con los muertos,
los pierdes, los llamas,
los reencuentras.
Siempre hay dos puertas ante ti
y no sabes elegir.
Oyes voces, se pierden
y tú vas.
La salida es diáfana,
pero no sabes dónde está.
Tú pasas, pasas,
y el laberinto
nunca termina.”

Iside Zecchini -“El laberinto reencontrado” – “El huésped” (traducción de Gabriel Sopeña y Luciana Collu)

(Imagen—Helena Almeida— gallery electa web it)

LOS AÑOS Y LA INFANCIA

 

 

“Los años se vuelven largos en el recuerdo si al repensarlos encontramos en ellos muchos hechos con que echar a volar la fantasía — dice Cesare Pavese en “El oficio de vivir” —. Por eso, la infancia parece larguísima. Probablemente, cada época de la vida se multiplica en las sucesivas reflexiones de las otras:  la más corta es la vejez porque ya no será repensada.

Todas las cosas que nos han sucedido son de una riqueza inagotable: todo retorno a ellas las aumenta y ensancha, las dota de relaciones y las profundiza. La infancia no es solamente la infancia vivida, sino también la idea que nos hacemos de ella en la juventud, en la madurez, etc. Por eso parece la época más importante: porque es la más enriquecida por los repensamientos sucesivos.

Los años son una unidad del recuerdo; las horas y los días, de la experiencia.”

(Imagen — Peter Jones)

LAS TAREAS DE CASA

 

 

“Cuando no puede conciliar el sueño, la abuela se levanta, todavía de noche y baja a la cocina a prepararse un café. Luego se sienta en el sofá del comedor, se queda allí  fumando y espera a que amanezca. Le gustaría ponerse a hacer las tareas de la casa: barrer las escaleras, fregar los suelos, limpiar puertas y ventanas. No puede, porque todos duermen, y estas acciones en las que piensa y que no lleva a cabo la encienden con un fuego frío — escribía la italiana  Natalia Ginzburg en uno de sus artículos , en 1969—. Ella recuerda haber sido muy desordenada y perezosa en su desorden, sin embargo, había una regla inquebrantable: que los niños debían levantarse en cuanto se despertaban, y que entonces había que enjabonarlos  con energía, rociarlos con polvos de talco y llevarlos, después del café con leche, al primer y fresco sol de la mañana.

Hoy le gustaría hacer lo mismo con los hijos de sus hijos, pero una maniobra tan simple, como levantar y bañar a esos nuevos niños, no le está permitida. Estos nuevos niños tienen, en sus habitaciones, bizcochos y tebeos; se levantarán más tarde, cuando a ellos les apetezca; darán vueltas por la casa con sus pijamas de rizo, esparciendo tebeos y bizcochos sobre sus padres, todavía sumergidos en el sueño.

Finalmente, también los padres se despiertan, se levantan y bajan a la cocina, desgreñados y descalzos: no tienen zapatillas o no se preocupan de buscarlas debajo de la cama; la abuela se pregunta cuánto tiempo durará la industria de las pantuflas, puesto que la gente parece considerarlas innecesarias. Todavía a tientas a causa del sueño, los jóvenes padres buscan por la cocina pan y tazas. Empieza un largo y caótico desayuno, sin café con leche, el café con leche, como las pantuflas, parece estar desapareciendo de la faz de la tierra. Cocinan huevos revueltos y beben zumos de fruta embotellados , y una sustancia horrible, oscura y pastosa que se unta en el pan y que se llama Nutella.

 

 

Preguntan a los niños qué quieren comer, no lo saben,  y la indecisión los hace llorar, fuera el sol ya calienta y la abuela piensa que los niños deberían estar al sol desde hace un rato; calla, porque ya se ha acostumbrado a callar: piensa que el modo en que  crían a estos nuevos niños es complicado y agotador; el modo antiguo quizá era autoritario y descuidado: aquello de levantarlos en cuanto se despertaban, bañarlos y llevarlos afuera quizá era , como dicen ahora sus hijos, un acto de prepotencia y de autoridad.

Entretanto los jóvenes padres discuten si ir a la playa durante todo el día o solo por la mañana, parecen ignorar que la mañana casi se ha acabado. Discuten a qué playa ir y con qué coche; la madre piensa que el rasgo principal de los jóvenes de hoy en día es la indecisión. En la indecisión de los padres están también implicados los niños; lloran, porque la indecisión les exaspera; mezclan las suyas con las incertezas de los padres, preguntan llorando cómo irán vestidos y qué juguetes  deben llevar; de repente los padres se enfadan y en su cabreo adoptan un tono trágico; estos nuevos y jóvenes padres no gritan a los niños, pero cuando pierden la paciencia creen  que deben poner un gesto trágico: los niños sollozan, los padres, de pronto, arrepentidos, hacen un aparte con los niños y no los consuelan sino que les dan, con secretos susurros, difusa explicación sobre su comportamiento. Por fin se van, llenos de salvavidas, cubos, toallas y bolsas; la abuela piensa que ahora  podrá hacer las tareas de casa.

En la puerta, nueras e hijos le insisten para que no haga nada; en las habitaciones, le dicen, ya todo esta hecho

 

 

 

En cuanto desaparecen, la abuela va a las habitaciones, con un placer siniestro y salvaje, deshace las camas ya hechas y recoge camisetas y periódicos. El número de camisetas es infinito, se encuentran por toda la casa, manchadas de fruta y repletas de arena(…)

Ahora regresan todos, con salvavidas, toallas húmedas, montones de arena, camisetas, trozos de pan y periódicos, el cargamento de este grupo lento, feliz e indeciso. La madre se pregunta si cuando ella esté muerta habrá alguien en la casa que todavía friegue los suelos”

 

 

 

(Imágenes—1- Edgar Degas/ 2-Vilhelm Holsoe/ 3-Camille Pisarro- 1877/4- Alex Colville)

LA CASA Y LA LUZ

 

 

“La casa que habito es sencilla, aislada y bastante silenciosa — cuenta el escritor italiano Giorgio Manganelli -; habito allí desde hace ya muchos años y supongo que en este lugar, hacia el cual ya no siento sentimientos  precisos, deberé dejar de existir. La casa no es grande: tiene dos dormitorios, una sala, una cocina y un guardarropas. Yo duermo solo y, en consecuencia, en la casa no hay más que un lecho; la sala no se usa para esparcimiento ni para las comidas, dado que casi nadie frecuenta mi casa. La casa se multiplica en relación a la luz: hay días luminosos en los cuales habito una casa entristecida, ruinosa, colmada de un vago olor a musgo, a moho, que me hace pensar en una biblioteca frailuna abandonada, las ventanas desde hace años abiertas de par en par a la lluvia y al viento, y los grandes volúmenes abiertos empapándose sobre el pavimento. No distingo los títulos, pero el olor de las encuadernaciones  me hace desear que haya suficiente luz como para leer aquellos libros que, es posible, tienen que ver con mi soledad.

En breve, la luz que ilumina la casa no parece tener relación con la luz que debo suponer del mundo sino con una luz intrínseca, una luz que no emana de las paredes sino que la habita. A veces la casa es embestida por una luz color amaranto, fluctuante y metálica, que la transforma, me atrevería a decir, en un paisaje, un lugar casualmente encantador que yo admiro, inmóvil, y al que me entrego sin resistencia. Resulta inevitable preguntarme si esta luz color amaranto indica una particular relación con mi existencia , pero no sabría qué responder si, por así decir, tiene un significado. Mas desde hace tiempo he dejado de preguntarme si la casa es capaz de significados y cuáles pueden ser.

(…)

Sin embargo hay muchos momentos en que la luz de la casa es sencillamente vespertina, una especie de caricatura de la luz de una noche mundana. La luz vespertina tiene la obvia cualidad de ser próxima a todas las posibles luces y, por tanto, de estar en los umbrales del color amaranto, del violáceo y lo tenebroso, incluso en los umbrales de una luz que no he nombrado, un chillón anaranjado, que claramente me desafía (…) En estos momentos me queda claro que la casa está, al revés de lo que en apariencia he afirmado, habitada; aunque se trate de habitantes discontinuos de los cuales no tengo experiencia, sin duda, pero a quienes frecuento.”

 

 

 

(Imágenes—1- casa de Claude Monet/2- Kengo Kuma)

LOS ESCRITORES INVISIBLES

 

 

“Ayer en el metro—contaba Ítalo Calvino — había un hombre descalzo; no un gitano ni un “hippy”, un señor con gafas, como yo y como tantos, que leía su periódico, con aspecto de profesor, el clásico profesor distraído que se ha olvidado de ponerse los calcetines y los zapatos. Y era un día de lluvia, y caminaba descalzo y nadie lo miraba, nadie parecía sentir la menor curiosidad. El sueño de ser invisible… Cuando me encuentro en un ambiente en que puedo hacerme la ilusión de ser invisible, me siento muy bien.

 

 

Todo lo contrario a como me siento cuando debo hablar por la televisión y siento la cámara que me apunta, que me clava a mi visibilidad, a mi cara. Creo que, vistos en persona, los escritores pierden mucho. Una vez nadie sabía quiénes eran, en persona, los escritores verdaderamente populares: eran sólo un nombre en la portada y esto les daba una fascinación extraordinaria. Gastón Leroux, Maurice Leblanc, eran escritores muy populares de los que nada se sabía. Ha habido escritores todavía más populares de los que ni siquiera se sabía su nombre de pila, sólo una inicial. Creo que la condición ideal del escritor es ėsta, próxima al anonimato; es entonces cuando la máxima autoridad del escritor se desarrolla, cuando el escritor no tiene un rostro, una presencia, pero el mundo que representa ocupa todo el cuadro. Como Shakespeare, del que no nos queda ningún retrato que pueda servirnos para saber cómo era ni ninguna noticia que explique realmente algo de él. En cambio, hoy, cuanto más invade el campo la figura del autor tanto más se vacía el mundo representado; además, el autor también se vacía, queda el vacío en todas partes.”

 

 

 

(Imágenes—1- Italo Calvino/ 2- Vanessa Bell- Leonard Woolf-1940/ 3-Man Ray – autorretrato)

LA VOZ DE LA CARICATURA

 


“La caricatura  fue, sobre todo, llamada a la humildad  —le hace decir el italiano Giovanni Papini al dibujante Daumier en su “Juicio universal” —. El hombre era desconocido para sí mismo. Cada uno tenía para su persona y para su alma una indulgencia que nacía del orgullo y lo agigantaba . Quise descubrir con la crueldad del dibujo al innoble, al sátiro, al déspota , al egoísta, al tartufo, ante ellos mismos, para que, al fin, se conocieran. Bastaba acentuar levemente algunos rasgos para mostrarle a cada uno su verdadero rostro, es decir, su verdadera alma.

 

 

Quise entonces que el lápiz, la pluma, el buril se hiciesen en mi mano armas para el restablecimiento  de la justicia. No esperaba cambiar los humanos destinos, pero pude, por lo menos, hacer reír ante los hocicos de fiera y las barrigas porcinas de los amos del pueblo. Toda mi arte fue la guerra de los escuálidos contra los hartos, de los débiles contra los poderosos , de los despellejados contra los desolladores.

 

 


No tenía que recurrir a la deformación  pictórica para hacer patente la deformidad espiritual de mis modelos.  Bastaba un leve golpe del pulgar, una línea un poco más decidida , una sombra un poco más densa.

 

 

 

(Imágenes—  1- caricatura de Daumier- oldbook ilustrations/ 2- thearteoff/ 3-punto crítico derechos humanos/ 4- caricatura de Daumier-oldbookilustrstion)

LA VOZ DE SHAKESPEARE

 


 

“Quizá te es desconocida esta  mísera y sublime condición de poeta —le hace decir el italiano Giovanni Papini a Shakespeare en su “Juicio Universal” —. En medio de los hombres es como un rey que puede conceder la gracia de la vida; como un nigromante que invoca de las negras sombras a inocentes y a reos; como un músico que debe entonar cantos de furor o de dulzura para aquellos que no han sabido extraer los misteriosos tesoros escondidos en cada uno de nosotros. En torno a mi mente siempre había una poblada corona de seres de toda clase que me pedían que les devolviese movimiento y palabra. Eran los muertos, eran los vencidos, eran los sacrificados , eran jovencitas bajadas al sepulcro demasiado pronto, condenados que querían gritar su inocencia, dementes que querían descubrir la verdadera razón de su locura, amantes que querían murmurar de nuevo y eternamente las extrañas y suaves paradojas de la pasión.

 


 

Durante muchos y muchos años satisfice como pude a centenares de aquellos violentas solicitantes y tuve alguna compensación en las alegrías de la creación y en el renombre. Pero también aquellas alegrías fueron superadas por el dolor. Dolor por el pesar de los excluidos, pues yo, aunque escritor fecundo, no podía llamar a la escena de la vida a todas aquellas larvas implorantes. Dolor por la insuficiencia de mi genio para decir todo lo que los postulantes me sugerían; para representarlos con aquella perfección de luz que ellos hubieran querido; porque me di cuenta de que el arte es siempre, en definitiva, un espléndido fracaso. Dolor, finalmente, por el descubrimiento que iba haciendo, a través de tantas almas, de las secretas suciedades y torturas de la vida humana. Descubrí que el poder de los poderosos se paga siempre por ellos y por los demás, con sus manchas; que la razón tiene sus absurdos y la locura, casi siempre, su inaudita razón. Descubrí que los pobres sufren, que los grandes sufren, que los perseguidos sufren, que amantes y odiantes sufren, que aun los sabios sufren y más duramente que los demás. Y, al fin, fui superado y enmudecido por este universal dolor descubierto por mí en los seres que quisieron convertirse a la fuerza en personajes de mis obras.

 

 

Dolores ocultos, no sospechados, no confesados, dolores sin remisión ni rescate. Y en el último drama imaginé una isla donde un mago que fue príncipe se ha refugiado junto a la belleza inocente, pero no es servido por hombres, sino por un ángel y por un bruto. Fue aquel mi testamento y mi despedida de mi fatigado y doloroso oficio de poeta.”

 

 

( Imágenes —1-Enrique Lvfolger- Shakespeare library/ 2-Henry Fuseli- 1793/ 3- George Rommey- 1775- Shakespeare library/ 4-nueve mujeres de Shakespeare -Milto)

LA VOZ DE HOKUSAI

 

 

“Gasté toda mi vida en observar, dibujar y pintar, pero hasta mi extrema vejez fui pobre —le hace decir Giovanni Papini en su “Juicio universalal pintor japonés Hokusai —.Durante sesenta años agucé la vista y el ingenio para representar la vida de los hombres y me faltó tiempo para otras tentaciones y acciones. Tú no puedes imaginarte qué éxtasis me daba a mí, humilde pintor apartado, la imaginación de cualquier forma de la vida, desde el pétalo que se separa ligero de la flor del cerezo y cae lento como mariposa que haya perdido un ala, hasta el hombre que corre entre mil mariposas de nieve en busca de la amada que ha huido. Por este camino llegué a ser hermano de todos los seres y, a su vez, dueño, ya que había sorprendido, en los jeroglíficos de las líneas sus secretos. .

 

 

La mayoría de los hombres se extinguían hacia los sesenta años. Poquísimos hombres, señalados como portentos, llegaban a los cien.  Yo alcancé casi los noventa y, sin embargo, aunque había estudiado y trabajado constantemente no logré  hacer lo que hubiera querido y, sobre todo, no pude alcanzar aquella suprema perfección que sólo pude vislumbrar y codiciar. Tú no puedes tener una idea de lo que era para nosotros, los hombres, una ciencia o un arte. Empresa ardua, fatigosa, penosa, pero sobre todo, larguísima.

 

 

Sólo a los cuarenta años comenzábamos a aprender en serio los rudimentos y los elementos de nuestro oficio. Sólo a los cincuenta empezábamos a comprender por qué camino cabía esperar que entendiéramos de veras. Sólo a los sesenta comenzábamos a dar los primeros ensayos dignos, a deletrear los primeros descubrimientos. Sólo a los ochenta se comenzaba de veras a comprender, a saber hacer, a poder enseñar.

Yo, por ejemplo, comencé  a dibujar a los diecisiete años con gran resolución y apasionamiento. Pero sólo cuando estuve cerca de los noventa advertí con infinita alegría e infinito dolor que por fin había aprendido a representar los movimientos y los reflejos de los peces en la transparencia del agua. Poco tiempo después  la muerte me arrancó el pincel de la mano”.

 



 

(Imágenes- 1,2,3 y 4- Hokusai)

ESCRIBIR Y ATARSE LOS ZAPATOS

 

 

“Si un investigador paciente del alma humana —confesaba el italiano Giorgio Manganelli — me hiciese una pregunta como : ¿Por qué escribe usted?, y si insistiese, puedo encontrar algunos recuerdos, algunos indicios que podrían ayudar a responder a esta pregunta. Si busco en mi adolescencia, hallo este recuerdo: no sabía atarme los cordones de los zapatos; ahora bien, las lazadas que hacía me parecían aceptables; sólo que se deshacían a los diez minutos y mis pies tropezaban con los cordones. Era humillante.

Es absolutamente  razonable que fue en ese momento cuando nació  lo que podría llamar, por puro entretenimiento, mi vocación de escritor. Las cosas que no sabía hacer, que no sé hacer, son innumerables: constituyen la vida misma. Debía, pues, hacer algo que compensase mis ineptitudes manifiestas. ¿ No sé atarme los cordones de los zapatos? Muy bien, entonces escribiré libros.

Entonces haré algo que no necesite de ninguna habilidad manual ( nunca he sido capaz de abrir una lata de conservas, ni siquiera con un abrelatas; pero sé quitar la chapa a una botella). Sé escribir, en el sentido literal, conozco el alfabeto y sé mover la pluma para trazar palabras. Llegado a ese estadio, basta simplemente con insistir : con el tiempo, una persona “que escribe” se convierte en “escritor”.  El escritor encuentra a gente para imprimir los textos que escribe, y a otros que le dan dinero, no demasiado, pero puesto que jamás aprendió  a atarse los cordones de los zapatos, no se puede quejar. Quien aprende a atarse los zapatos puede razonablemente esperar “realizarse”, como dicen los psicólogos, tendrá familia, quizá una carrera brillante: los generales, los ministros, los sociólogos, los ingenieros de caminos y puentes se reclutan entre quienes resolvieron este problema de manera satisfactoria. ¿Y los otros? Los otros son, justamente, los escritores, los astrólogos, los alquimistas, o los que realizan otros trabajos tan pérfidos y deshonestos que se escapan a cualquier evaluación.”

(Imagen – Vicent Van Gogh)

LA VOZ DE VAN GOGH

 

 

“Para huir de la desesperación me precipité en la pintura —le hace decir a Van Gogh Giovanni Papini en suJuicio Universal” —. Rechazado por las mujeres y por los hombres, me refugié en el amor por la naturaleza. La naturaleza se hacía amar, pero no respondía, no correspondía y a veces se rebelaba.

 

 

Someterla a mí poder, trasladarla toda entera al lienzo, con sus luces de paraíso, sus colores esplendorosos, sus candores insostenibles, era para mí demasiado difícil. Y de la pintura recibí las poquísimas horas de alegría pura que experimenté en la tierra. Apoderarme del amarillo apagado y quemado de un campo maduro; del verde envenenante de las hierbas y de los cardos; de los azulados de los horizontes; del amarillo agudo y ardiente de los girasoles; del rojo  descarado de un paño o de un geranio, era para mí un espasmo de poder fugaz, pero violento.

 

 

Me di cuenta, sin embargo, de que también la naturaleza me rechazaba. A pesar de todo mi paciente ímpetu no llegaba a conquistarla, a poseerla entera. También ella, con su taciturna imposibilidad, que es más dura que una repulsa, me rechazaba.

 

 

Y entonces tú sabes lo que acaece en el débil corazón de los débiles. Cuando todo el amor está encerrado y contenido, el hombre se siente desconcertado, perdido, perseguido, es decir, abandonado, enajenado. Los hombres le llaman loco, lo ahuyentan o lo encarcelan. Así fue de mí.”

Y la voz de Van Gogh volvió a callar.

 

 

(Imágenes—1- matas de lirios/ 2–ramas de almendro en flor/ 3/tronco de tejo/ 4-campo de trigo con un vuelo de cuervos/5-girasoles)

LAS GOTAS HACÍAN TEMBLAR LAS RAMAS

 

 

“Al principio las gotas hacían temblar las ramas

y nosotros, detrás de la ventana, esperábamos

a que  el agua lavara las hojas más ocultas.

Luego estalló la tormenta y llovió a mares,

habíamos puesto un vaso en el alféizar

para medir el agua de la lluvia.

A las cuatro salió el sol

y en la ventana brillaba el vaso

lleno hasta rebosar.

Mi hermano y yo nos lo bebimos a medias

y luego nos pusimos a comparar el agua

del pozo con la del cielo, que es más blanda

pero tiene el olor de los relámpagos.”

Tonino Guerra -“ La miel” – ( traducción de Juan Vicente Piqueras)

 

 

(Imágenes -1-Lewis Noble/ 2- Hugo Suter)

HOJITAS DE PAPEL

 

 

“Yo escribía mis poemas – decía el poeta italiano y Premio Nobel de Literatura, Eugenio Montale – en hojitas de papel. Unas veces las conservaba, otras la muchacha las tiraba como basura. Esto asemás porque nunca he tenido hojas de papel. Aún hoy, cuando tengo que escribir una carta, tomo ese papel que da el periódico y que es el peor papel italiano, el más económico. Luego no se puede borrar  ni siquiera con la goma, porque se hacen manchas horribles. Así pues, divido en dos partes la hoja y allí escribo, siempre disculpándome  por el papel. Una vez, el profesor Molaioli, apiadándose por mi caso, me mandó un paquete de papel precioso. Pero ese es demasiado bonito.  Debe de estar allí todavía. Sería menester escribir en él autógrafos inmortales. Entonces, escribía en pedacitos de papel, a veces hasta en billetes de tranvía. Pero no sólo apuntes. Nacían en ellos partes enteras de poemas (…) Pero sigo escribiendo. He escrito poesías durante treinta y cinco años. Son muchos. De hecho ya habría debido morirme. Los grandes poetas mueren pronto. Se ve que soy un poeta muy pequeño, puesto que no muero. Hay excepciones. Víctor Hugo produjo en la vejez. Yeats escribió en la vejez. Pero, ¿por qué? Porque de joven no había encontrado todavía su fisonomía. Comenzó a encontrarla a los cincuenta años.”

(Imagen – Gerhard Richter)