LAS PEQUEÑAS COSAS (1) : LA JOFAINA

Hace tiempo que no voy a una casa rural. Pero cuando voy y me muestran la habitación que me han preparado, que da al campo, a los valles, a las nieves de la alta montaña, me encuentro de pronto con mis manos acariciando el borde de la jofaina, esa fuente honda o escudilla, especie de palangana hoy en desuso, como rezan.los Diccionarios, pero que a mí me presta un uso especial porque me trae la dedicación y el esmero de la patrona de la casa, que me enseña cómo tras la ventana corretean los caballos, también los senderos andariegos que rodean a la finca, y el cuerpo dorado de las manzanas olorosas, y luego me enseñará la chimenea, y los bordados antiguos de la colcha de la cama alta, y después una escalerilla por la que puedo subir al tejado para ver el cielo estrellado, que es el mismo cielo de Barcelona o de Madrid, pero que aquí — me dice—. es un cielo visible, cuando mi marido heredó esta casa de sus padres lo primero que hizo fue comprar ese trozo de cielo visible que va desde el alto del tío Roque hasta las Gemelas, que es como aquí llamamos a aquellas montañas altas.

Entonces me quedo solo en la habitación. . Echo agua en la jofaina y baja y sube un agua de nieve límpida y transparente. De repente, entre mis dedos, empiezan a resbalar, aturdidos, los salmones.

José Julio Perlado

(Imágenes—- 1- jofaina – museo etnológico de Puerto Seguro- Salamanca/ 2- museoTuringer- Alemania)

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