EL OÍDO PEGADO AL AURICULAR

Siempre me impresionó el largo hilo de las conversaciones que se enroscan en la garganta y en el cuello de “La voz humana” de Jean Cocteau, sea hombre o mujer la que habla o escucha. Y es que no se quiere colgar, no se puede colgar, hay que volver a escuchar los amores y reproches interminables del otro, el hilo de la vida de las despedidas y los desencuentros. Mientras hay vida hay esperanza, se ha dicho siempre; pero aquí hay que sustituirlo por “mientras hay voz hay esperanza”, es decir, el otro está al extremo del teléfono, hay por tanto un calor, una intimidad aunque sea lejana, una respuesta, incluso si esa respuesta es abrupta, qué más da, es la respuesta de que el otro existe y que está vivo, con sus traiciones y sus titubeos, sus declaraciones, promesas y mentiras, pero la vida es así, un largo hilo de conflictos y soluciones que van viajando por el hilo del teléfono, de la voz al oído, y el oído escucha porque si deja de comunicarse con el otro se puede quedar solo para siempre.

Hay un poema de Raymond Carver que recuerda de algún modo algunas de estas cosas:


Relámpagos, agua,

pez, pitillos, cartas, maquinaria,

el corazón humano, aquel viejo puerto.

Incluso los labios de la mujer pegados

al auricular, incluso eso.

El pliegue de los labios.

José Julio Perlado

(Imágenes- 1- wikipedia / 2- Jean Cocteau – Modigliani)