LA ARDUA Y LABORIOSA PREPARACIÓN DE UN LIBRO

 

 

Muchos libros de ficción llevan consigo una serie de días, semanas y meses de lenta y laboriosa preparación que a veces no parece tener fin. Es el trabajo fundamental de documentación que sostendrá luego en pie todo el tablado de imágenes y palabras. Los ejemplos que podrían aportarse serían muy abundantes. Uno entre tantos es el que cuenta Vargas Llosa, trabajando en Paris sobre una de sus novelas:” una vez por semana —dice— iba al Jardín des Plantes a ver árboles y flores de la Amazonía y alguno de los guardianes me tomaría tal vez por un aplicado estudiante de botánica. En realidad, las lecturas amazónicas me vacunaron contra el vicio descriptivo y, al final, en mi libro sólo describiría un árbol que nunca pude ver en Paris, la lupuna, enorme y con jorobas, que aparece en los cuentos selváticos como residencia de espíritus malignos. Iba también de vez en cuando a ver animales de la selva al Zoológico del Bois de Vincennes, y recordaba, cada vez que divisaba  al puma o a la vicuña, lo que contaba otro escritor peruano que había vivido también muchos años en París, Ventura García Calderón: que al pasar ante el corral de la llama, los ojos del animal se humedecían de melancolía al reconocer a un compatriota.”

Despues de largos meses de observaciones,  comprobaciones, visitas y anotaciones, es cuando el escritor se pone a escribir.

(imagen —: Paul  Signac 1893)

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