LIBROS MALOS Y BUENAS PELÍCULAS

 

 

“Sólo de los libros malos se hacen buenas películas. Así que nunca he elegido una buena novela para hacer una película; todas las novelas que he adaptado al cine son malas”, le confesó un día Buñuel a Vargas Llosa. Indudablemente existen excepciones. Pero al escritor peruano aquello le marcó. “Es muy difícil transformar —añadiría después — una buena novela en una película, pero en algunos casos se hace con éxito. Por ejemplo, Orson Welles hizo adaptaciones maravillosas, pero lo hizo tomándose muchas libertades, cambiando todo, porque el cine  tiene su propio lenguaje. Contar una historia con imágenes es muy distinto a contar una historia con palabras. Así que se debe ser totalmente libre para adaptar, cambiar o introducir nuevos elementos. El cine es, como la novela, un aspecto de la ficción. En una película, como en una novela, se crea una ficción que se convierte en una realidad separada que debe ser persuasiva y convincente. “

 

 

(Imágenes— 1– Brazier Celyn/ 2- El proceso- Orson Welles)

DOS PÁGINAS EN BLANCO

 


Cada obra de ficción tiene su ritmo, sus curiosidades y sus métodos. Todos los métodos son válidos. Hay autores que inician una novela sin tener un plan previsto, guiados  sólo por la iluminación de un instante, y otros que por el contrario, necesitan imperiosamente un esquema completo, detallado y minucioso de cuanto escribirán después. Vargas Llosa al hablar de Flaubert recordaba la costumbre de sus dos páginas en blanco. “ Trabaja —dice—con dos páginas en blanco, una al lado de la otra. En la primera escribe — con letra pequeña, dejando grandes márgenes — la primera versión del episodio, sin duda muy deprisa, desarrollando las ideas tal como brotan, sin preocuparse demasiado de la forma. Así, borronea algunas cuartillas. Entonces, retorna al principio  y comienza la corrección meticulosa, lentísima, frase por frase, palabra por palabra. La página se va cubriendo de tachaduras, añadidos, repeticiones, capas superpuestas de palabras que llegan a hacerla incomprensible. Entonces, pasa en limpio esa misma página en la que hasta ahora no ha tocado. Avanza muy despacio y en esta nueva versión es sometida a la prueba del oído. Su convicción es la siguiente: una frase está lograda  cuando es musicalmente perfecta. Por eso cuando una frase le parece  más o menos concluida  la lee en voz alta, la interpreta, subiendo mucho el tono, paseando por la habitación y gesticulando como un actor. Si no “suena” bien, si no es melodiosa y envolvente, no es correcta, las palabras no son las justas, la “idea” no ha sido cabalmente expresada. Así se van acumulando las hojas por parejas. Un buen día  de trabajo puede significar media página definitiva; pero hay jornadas  dedicadas a  componer una sola frase. Se trata de una auténtica guerra de cinco años para culminar una novela.”

 

Son métodos, maneras y modos de escribir distintos. Todos válidos. A veces será útil  emplear dos páginas en blanco. A veces ninguna. En la Biblioteca Municipal de Rouen se conserva todo ese trabajo de Flaubert;  46 hojas grandes de “escenarios”y el “plan” del libro: argumento, caracteres de los personajes, división en capítulos, etc, y 1.788 hojas de borradores, escritas por ambas caras y sembradas de anotaciones en los márgenes, de tachaduras y agregados, y al fin, 487 hojas que constituyen el manuscrito definitivo.”

 

( Imágenes— 1-manos de Arthur Miller escribiendo – foto Inge Morath/ 2-manuscrito de “Tierra baldía” de Eliot/ 3- manos de H G Wells trabajando en Londres 1939)

LAS TACHADURAS DE MARIO BENEDETTI

 

 

“Mario Vargas Llosa ha evocado en un reciente artículo  sus reconocimientos literarios hacia la obra de Benedetti (con quien mantuvo  largas polémicas políticas),  y me vienen ahora  a la memoria las confesiones que el escritor uruguayo le hiciera hace años a la periodista María Esther Gilio en un interesante coloquio al comentar su creación.

“Nunca tomo nota de los diálogos o situaciones que me interesan — decía entonces Benedetti —. Prefiero que esos diálogos o situaciones queden ahí adentro de una manera más difusa. Si tomo nota corro el riesgo de escribirlo textual y creo que eso que recibí debe pasar por mi facultad de escribir. Es necesario que aquel personaje que existe en carne y hueso se convierta en personaje de ficción. Y para esto tiene que pasar por adentro mío.

Yo nunca “sufro” cuando escribo — añadía —. Eso sería terrible, ya que vivo escribiendo. No sólo cuentos, poesía y novelas, sino también periodismo. Eso no significa que a veces no sufra.  Eso me ocurre cuando tengo que desechar algo que hice y no me gusta. No hace mucho tiré a la papelera más de cien páginas de una novela . Las escribí y las guardé. Cuando tres meses después  volví a leer aquello me di cuenta de que no servía.

—Borges hablaba de “nueve días” — le  respondía  Gilio —, los necesarios para saber si lo que uno ha escrito vale.

—Nueve días me parece poco. Ahora, lo curioso es que cuando uno vuelve a leer, en general no agrega nada sino que tacha. Yo creo que el tiempo permite que uno lo vea como si fuera de otro. Cuando alguna vez por presiones del editor — que decía por ejemplo: “esto tiene que estar para la Feria” —entregué algún material que no había tenido el necesario reposo siempre me arrepentí. “Esto está de más”, “ a esto otro habría que haberle agregado tal o cual cosa”, “esto decididamente no sirve”. Pero eso es el pasado. No acepto más presiones de los editores’, concluía Benedetti.”

Y si dejamos al escritor uruguayo y volvemos a Borges, él recordaba que “el mejor consejo que me dio mi padre es escribir mucho, corregir mucho, romper casi todo, y sobre todo no apresurarse en publicar.”

 

 

(Imágenes- 1-anotaciones  de David Foster Dallas a una obra de Don De Lillo  – foto  Harr Ramson center/ 2- – manuscrito de “La tierra baldía’” de Eliot con correcciones de Ezra Pound )

CARMEN BALCELLS

Balcells-nnmu-elpais- foto Joan Sanchez

 

“Yo estaba sola – recordaba Carmen Balcells sus últimas horas del 20 de octubre de 1982 -, sepultada por cientos de papeles, en esta misma oficina, aquí en la Diagonal. Ya había oscurecido. Tenía la costumbre de, cuando todos los empleados se iban, seguir trabajando hasta muy tarde, poniendo orden, preparando contratos, redactando cartas y organizando el trabajo del día siguiente. Sin embargo, aquella noche fue diferente a todas. Recibí una llamada telefónica muy importante y, al colgar el aparato, me quedé paralizada en mi butaca, con los ojos clavados en un retrato precioso de Rafael Alberti que tenía colgado en la pared. Entonces vi desfilar por mi cabeza los momentos más importantes de mi vida; imágenes de mi pueblo natal, Santa Fe; los duros inicios en esta agencia; el nacimiento de mi hijo; las batallas con algunos editores… Permanecí varias horas así, ensimismada. Fue un intenso placer…

 

(La llamada había sido de Gabriel García Márquez, diciéndole:

Carmen, he recibido una llamada de un miembro de la Academia Sueca. Mañana me van a dar el Premio Nobel de Literatura)

Aquella noticia desencadenó en mí un sentimiento completamente nuevo. Era una sensación totalmente física, como si algo muy fuerte estuviera intentando salir de mi pecho, algo inefable que, si tuviera que resumir en palabras, sería: “¡Hemos triunfado! Eso es, una sensación absoluta de triunfo”.

Estos recuerdos, recogidos por Xavi Ayén en “Aquellos años del boom”, se unen ahora, ante el fallecimiento de Carmen Balcells , a tantos otros numerosísimos que condensan una tarea y una vida. Donoso, entre otras muchas evocaciones, quiso dejar también su testimonio en  su “Historia personal del “boom”. En la nochevieja de 1970, y en una fiesta en casa de Luis Goytisolo, en Barcelona, cuenta Donoso cómo bailaron Cortázar y el matrimonio Vargas Llosa, estos últimos un valsecito peruano, y luego, a la misma rueda que los premió con aplausos, entraron los García Márquez para bailar un merengue tropical. “Mientras tanto – dice el novelista chileno -, nuestro agente literario, Carmen Balcells, reclinada sobre los pulposos cojines de un diván, se relamía revolviendo los ingredientes de este sabroso guiso literario, con la ayuda de Fernando Tola, Jorge Herralde y Sergio Pitol, alimentando a los hambrientos peces fantásticos que en sus peceras iluminadas decoraban los muros de la habitación: Carmen Balcells parecía tener en sus manos las cuerdas que nos hacían bailar a todos como a marionetas y nos contemplaba, quizá con admiración, quizá con hambre, quizá con una mezcla de ambas cosas, mientras contemplaba a los peces danzando en sus peceras”.

Carmen Balcells, descanse en paz.

 

Donoso-unn- emol com

 

(Imágenes.- Carmen Balcells en su estudio-foto Joan Sánchez- elpais/ 2 – José Donoso.-emol. com)

GARCÍA MÁRQUEZ Y EL ARTE DE CONTAR

escritores-nnggy-Gabriel García Márquez- por Antoniatiuh Bracho

“Es duro y macizo, pero ágil, con un impresionante mostachón, una nariz de coliflor y los dientes emplomados. Luce una vistosa camisa de sport abierta, pantalones estrechos y un saco oscuro echado sobre los hombros” – así lo retrataba Luis Harss en su gran libro de entrevistas titulado “Los nuestros“. “Escribo un libro que ya no sé cuál es; lo que da valor literario es el misterio, lo que vibra es esa magia que hay en los actos cotidianos“, decía García Márquez en 1966. En noviembre de 1965 le escribe a Luis Harss: “Estoy loco de felicidad. Después de cinco años de esterilidad absoluta, “Cien años de soledad” está saliendo como un chorro, sin problemas de palabras. Será como la base del 

escritores.-4ftyu.-Gabriel García Márquez.-Eva Rubinstein.-1981rompecabezas cuyas piezas he venido dando en los libros precedentes. Aquí están dadas todas las claves. Se conoce el origen y el fin de los personajes, y la historia completa, sin vacíos, de Macondo. Aunque en esta novela las alfombras vuelan, los muertos resucitan y hay lluvias de flores, es tal vez el menos misterioso de todos mis libros, porque el autor trata de llevar al lector de la mano para que no se pierda en ningún momento ni quede ningún punto oscuro. Con éste, termino el ciclo de Macondo, y cambio por completo de tema en el futuro.”

García Márquez- portalvallenato.net

Pero si el tema cambió en su novelística, muy costoso fue en cambio para García Márquez cambiar el “tono”, encontrar una nueva “voz”.

El novelista colombiano declaraba que “una de las cosas más difíciles de hacer es escribir el primer párrafo. He pasado muchos meses trabajando en un primer párrafo, pero una vez que lo tengo, el resto sale con facilidad. En el primer párrafo se resuelven la mayor parte de los problemas del libro. Se define el tema, el estilo, el tono. En mi caso, al menos, el primer párrafo es un tipo de muestra de lo que va a ser el resto del libro. Por eso escribir un libro de relatos cortos es mucho más difícil que escribir una novela. Cada vez que se escribe un  relato breve, hay que empezar otra vez desde el principio”.

escritores- García Márquex- portalvallenato.netComo he señalado hace poco en “El proceso creadoral hablar de la diferencia en los “tonos”, “desde esta frase primera de “Cien años de soledad” :“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” – a la frase primera de “El otoño del patriarca”, han pasado varios años y sobre todo mucha concentrada disciplina, muchos tanteos en el escritor colombiano hasta encontrar el nuevo “tono” de su libro y separarse así del primero que le hiciera tan famoso. En las distintas entrevistas que García Márquez concedió en Barcelona mientras estaba escribiendo “El otoño del patriarca” confesaba que le era “necesario buscar otro lenguaje, desembarazándome deCien años de soledad.

escritores.-cfrm- García Márquez

“En mi caso – decía el Premio Nobel -, el ser escritor es un mérito descomunal, porque soy muy bruto para escribir. He tenido que someterme a una disciplina atroz para terminar media página en ocho horas de trabajo, pero soy muy testarudo y he logrado publicar cuatro libros en veinte años”. Pero la primera frase para muchos escritores es esencial, “la primera frase puede ser el laboratorio para establecer nuevos elementos del estilo, de la estructura y hasta de la longitud del libro”.

escritores.-8bbb.-García Márquez

El escritor colombiano contó cuándo decidió narrar de un modo determinado “El otoño del patriarca“: ” Durante muchos años – confesó– tuve problemas de estructura. Una noche en La Habana, mientras juzgaban a Sosa Blanco, me pareció que la estructura útil era el largo monólogo del viejo dictador sentenciado a muerte. Pero no, en primer lugar era anti histórico: los dictadores aquellos o se morían de viejos o los mataban o se fugaban. Pero no los juzgaban. En segundo término, el monólogo me hubiera restringido al único punto de vista del dictador y a su propio lenguaje”. Cuando García Márquez llevaba escritas trescientas páginas, suspendió la narración ” porque no sabía aun cómo era y por consiguiente no conseguía meterme a fondo”. Seis años después reanudó la novela. ” Trabajé durante seis meses y la volví a suspender porque no estaban muy claros algunos aspectos morales del protagonista. Como dos años después, compré un libro sobre cacerías en África, porque me interesaba el prólogo escrito por Hemingway. El prólogo no valía nada, pero seguí leyendo el capítulo sobre los elefantes, y allí estaba la solución de mi novela. La moral de mi dictador se explicaba muy bien por ciertas costumbres de los elefantes”.

García Márquez-mundolatino.org

Ricardo Gullónen su excelente estudio “García Márquez o el arte de contar” (Taurus) destaca cómo la naturalidad narrativa es más notoria cuando lo que se cuenta oscila entre lo imposible y lo cotidiano, y memorables e insustituibles son también los análisis de Vargas Llosa en “García Márquez :historia de un deicidio(Barral Editores) cuando desmenuza la gran novela. El escritor colombiano que acaba de morir repartió muchas de sus opiniones en numerosas entrevistas “porque -decía-  yo he ejercido el periodismo durante muchos años y siento una enorme gratitud por el oficio.” Fue su oficio, entre muchas otras cosas en “El Espectador“, donde sus comentarios en “Día a día” le sirvieron para trabajar incansablemente su estilo. En esas notas anónimas – se ha dicho – García Márquez es más estilista que nunca. Como en los títulos de sus artículos en “El Universal” de Cartagena que brillaron sorprendentes, y así quise aludir a ellos en Mi Siglo.

escritores-García Márquez- elmundo.es

Descanse en paz.

(Imágenes.-1-Antoniatuch Bracho/2.-Eva Rubinstein/ 3 y 4 -portalvallenato/ 6.-mundo latino/7.-  mundo latino/8- el mundo)

VARGAS LLOSA, ESCRITOR

“El proceso de la creación narrativa – señaló Vargas Llosa enLa verdad de las mentiras” – es la transformación del “demonio” en “tema“, el proceso mediante el cual unos contenidos subjetivos se convierten, gracias al lenguaje, en elementos objetivos, la mudanza de la experiencia individual en experiencia universal”. Hace años Maurice Nadeau tituló uno de sus  libros “Gustave Flaubert, escritor” (Lumen) y creo que es simplemente así – al menos para mí – como hay que clasificar a quien hoy ha recibido el Premio Nobel de Literatura. ” Los hombres – dice en ese ensayo Vargas Llosa – no están contentos con su suerte y casi todos -ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros – quisieran una vida distinta a la que llevan·. Ese ansia de vivir una vida distinta mediante la ficción es una razón que justifican Sabato y Henry James“. Es la novela, situada siempre entre la verdad y la mentira. “Toda buena novela dice la verdad y toda mala novela miente”. Personalmente, como lector, me quedo con la verdad de la novela “Conversación en la catedral” y admiro dos estudios de Vargas Llosa, uno sobre García Márquez – “Historia de un deicidio” (Barral)- y otro sobre el análisis de “Madame Bovary“-: “La orgía perpetua” (Bruguera). Sobre “Historia de un deicidio” recuerda  el chileno José Donoso en su “Historia personal del “boom” (Seix Barral), que Vargas Llosa dedicó dos años de su vida a ese libro, en el que volcó su admiración por “Cien años de soledad”, la obra maestra de su amigo. Frialdades y distanciamientos entre los dos están descritas ya en otras partes y aquí no se necesita ya comentarlos.

“Yo creo que uno no puede escribir – le decía Vargas Llosa a Luis Harss enLos nuestros” (Sudamericana) -sino en función de una experiencia personal. Ahora, mi vida ha sido bastante especial, ha sido bastante marcada por una serie de hechos violentos. Yo fuí un niño muy mimado, muy engreído”. Y le añadía: “La literatura, en última instancia, no ha sido sino una reconstitución de la realidad a través de otra realidad puramente verbal y cuya utilidad, digamos, última, no es sino dar a los hombres la posibilidad de conocer esa realidad que de otro modo no conocerían jamás”.

(Imágenes.-1.-foto Sara Krulwich.-The New York Times/2.-Vargas Llosa y García Márquez.-infobae.com)