EL ENTIERRO DE MODIGLIANI

 

 

“El entierro de Modigliani — contaba Corpus Barga —, que fue el nacimiento de su pintura, puede tomarse como la fecha arbitraria y fatal para marcar la muerte del Montparnasse cubista. Modigliani había sido un cubista de Montparnasse que no hacía cubismo. Cuando los mercaderes empezaron a fijarse en este pintor, ya arruinado y alcohólico, el hombre se murió. La muchacha que vivía con él se tiró por la ventana para seguirle para el otro mundo que han falsificado tantos pintores antiguos. Al entierro de Modigliani asistió  todo Montparnasse, desde Picasso hasta el último mono. Desfilaron en el depósito,  por delante del cadáver, pintores de todas las nacionalidades; cada cual saludaba según su rito, con el sombrero, con la cabeza, con los brazos o con el cuerpo.  El último mono de Montparnasse, con el cuello del gabán  levantado sobre el pelo rubio —a quién quiso imitar este personaje de la selva —, le dio el último adiós, un adiós con la mano, volviendo la cara. Parecía el adiós que se daba paradójicamente todo un Montparnasse a sí mismo.”

( a los cien años de la muerte de Modigliani)

 

 

 

(Imágenes—1- Modigliani _1917 – colección privada – Washington – Wikipedia/ 2-Modigliani -1918- colección particular)

CAZADORES DE ROSTROS

 

 

“Casi siempre las calles están llenas de gente de aspecto pesaroso. A veces durante semanas, el pobre cazador de rostros regresa sin suerte de sus expediciones, sin una provisión con la que colmar su despensa de sueños.

Entonces sucede que un día hay demasiados. Hay princesas en las encrucijadas, reinas en los taxis, seres tan hermosos como el amanecer sobre los techos de los autobuses, y puede verse a los dioses mismos pasear por Piccadilly.”

Logan Pearsall Smith -“ Trivialidades y pensamientos” (traducción de Gabriel Insausti)

(Imagen -Georgia O’keeffe- Nueva York -1924- arhistoryarchive)

RELATO CORTO, RELATO EXTENSO

 

 

“La mejor prueba para valorar el alcance de una obra —decía Raymond Carver en “Sin heroísmos, por favor’ —, es preguntarse si la voz narrativa, la situación descrita, los personajes o los detalles permanecen en la memoria. Otra de las cosas en que me fijo es la voz del narrador, si me resulta o no forzada. Como la mayoría de lectores, huyo del tono lastimoso o excesivamente afectado. Tampoco pierdo el tiempo con los sabihondos. Tengo que sentir que hay algo en juego, algo que surta efecto entre frase y frase. En ese sentido, me gusta mucho la sutilidad de los relatos de Chejov. Esto me hace reflexionar sobre el tipo de narrativa que se está escribiendo actualmente. Me parece que hay una saludable intención  de alargar el alcance de las historias, que pasan de diez a cincuenta páginas, quizá con la intención  de acercarse a lo que hasta ahora han sido estrategias propias de la novela.

 

 

 

 

Cuando pienso en “La dama del perrito”, “En el barranco” y “Pabellón número 6”, tres de los relatos más extensos de Chejov, percibo que su intención era ésa desde el principio. Es posible que en cierto sentido el relato corto se empiece a sentir constreñido, como el poema en los últimos años. Los escritores jóvenes parece que prefieren explorar nuevos territorios al prescindir de lo inclusivo y optar por alargar el tapiz de las relaciones y los hechos.  Ensartarlo con un tejido pesado, difícil de manejar y apelmazado es uno de los riesgos que se corren, pero creo que al final se impondrá el talento de estos escritores. En un ensayo que escribí hace tiempo, aconsejaba a los escritores jóvenes “entrar y salir, sin demorarse”. Todavía es aplicable a los relatos que más me gusta leer, pero a todos nos gusta sentirnos liberados de nuestros “métodos prácticos” y me llama cada vez más la atención el relato largo, que ahora practico de vez en cuando.”

 

 

 

(Imágenes —1-Carver/ 2- Carver y Tess Gallagher  en 1984- foto Marion  Ettlinger —guardián/ 3- Carver trabajando)

VIEJO MADRID (90) : GENTES DE LA PUERTA DEL SOL

 

 

“Los primeros días no sabía alejarme de la Puerta del Sol — escribía el italiano Edmondo de Amicis cuando era corresponsal deLa Nazione” de Florencia en su visita a España en 1871 —, allí permanecía horas y horas y me gustaba tanto que hubiera querido estar todo el día en aquella plaza. Y en verdad que es digna de su fama, no tanto por su grandiosidad y su belleza, como por la gente, por la vida, por la variedad del espectáculo que presenta a todas horas del día. No es una plaza como las demás;  es a la vez un salón, un paseo, un teatro, una academia, un jardín, una plaza de armas, un mercado. Desde que apunta el día, hasta después de media noche, hay allí una turba inmóvil y una muchedumbre que va y viene por las diez grandes calles que a la plaza afluyen, con tal movimiento de coches que aturde y marea.

Alli se encuentran los negociantes, los demagogos desocupados, los empleados cesantes, los viejos rentistas, los jóvenes elegantes ; allí se trafica, se habla de política, se pasea, se leen los diarios, se  caza a los deudores, se buscan los amigos, se preparan las manifestaciones contra el ministerio, se inventan las noticias falsas que dan la vuelta a España y se comenta la crónica escandalosa de la ciudad.

 

Por las aceras, que son tan anchas que podrían pasar por ellas cuatro coches de frente, es necesario abrirse paso a la fuerza. En el espacio que abarca una losa, veréis un guardia civil, un vendedor de fósforos, un corredor, un pobre, un soldado, todos formando un haz. Y pasan grupos de escolares, criados, generales, ministros, gente del pueblo, damas; pobres vergonzantes que os piden limosna al oído para que nadie los vea; sombreros que saludan , sonrisas, apretones de manos, frases alegres, voces de : “¡fuera!” a los mozos de cuerda, o los taberneros que atropellan con el barril a cuestas; gritos de vendedores de periódicos y de aguadores, campanilleo de diligencias, toses de viejo, punteos de guitarras y cantares de ciego. Luego pasan los regimientos con sus músicas; más tarde se riega la plaza con inmensos chorros de agua que se cruzan en el aire; y llegan los fijadores de los avisos teatrales, y los vendedores de suplementos, y sale un ejército de empleados del Ministerio, y vuelven a pasar las bandas; se iluminan las tiendas, la muchedumbre se hace más compacta, se multiplican los codazos y crece el vocerío, el estrépito y la algazara.

Y no es el rumor de un pueblo ocupado: es la vivacidad de gente dichosa, el ocio inquieto, un torbellino, una fiebre de placer que os contagia y allí os detiene u os hace dar vueltas como unas devanaderas sin dejaros salir de la plaza; una curiosidad que no se satisface nunca, un ansia inmensa de no hacer nada, de oír chistes, de bromear, de reír. Tal es la famosa plaza llamada Puerta del Sol.”

 

 

(Imágenes—1-Puerta del Sol -1887/puerta del Sol/ 3-puerta del Sol -1900)

PAISAJES

 

 

“Paisajes apacibles o desolados.

Paisajes de la ruta de la vida más que de la superficie de la tierra.

Paisajes del tiempo que fluye lentamente, casi inmóvil, que fluye hacia atrás.

Paisajes de girones, nervios lacerados, saudades.

Paisajes para cubrir las llagas, el acero, la esquirla, el mal, la época, la cuerda al cuello, la movilización.

Paisajes para abolir los gritos.

Paisajes como cubrirse con una manta la cabeza.”

Henri Michaux —“Paisajes”

 

 

(Imágenes —1- John Atkinson Grimshaw/ 2- John Lafarge- 1889)

“EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS”

 

 

 

“El cráneo rasurado de Marlon Brando como coronel Kurtz, el río entre maleza y humaredas, la danza vagneriana de helicópteros y tantas cosas más en “Apocalypse Now”, no pueden sustituir la vía y el fluir del otro río anterior,  el río literario, aquel que en 1889 Conrad remontó, el río Congo hasta Stanley Falls.  Conrad, ya desde pequeño, tenía pasión por lo que él llamaba “los espacios en blanco”, aquellos espacios que encontraba al perderse en los mapas. “Me pasaba horas y horas —confesaba —mirando Sudamérica, o África, o Australia, y cuando veía un espacio en blanco particularmente tentador en el mapa, ponía mi dedo sobre él y decía: “Cuando sea mayor iré  allí.” Es prácticamente lo mismo que leemos al principio de su novela: “En verdad, ya en aquel tiempo no era un espacio en blanco. Desde mi niñez se había llenado de ríos, lagos,  nombres.  Había dejado de ser un espacio en blanco (…) Se había convertido en un lugar de tinieblas. Había en él especialmente un río, un caudaloso gran río, que uno podía ver en el mapa, como una inmensa serpiente enroscada…”

 


 

En torno a ese río es donde Conrad presenta de forma oral  sobre todo  el oír y el contar — más aún que  el ver— , construyendo la base de una historia.  A Kurtz, por ejemplo, se le escucha y de él se habla mucho más de lo que se le ve. Es enigmático y parece distorsionado. “Kurt —leemos— aparentaba medir por lo menos dos metros (…) Le vi abrir la boca desmesuradamente ; le daba un aspecto misteriosamente voraz, como si hubiera querido tragarse todo el aire, toda la tierra, a todos los hombres que tenía ante sí.” Escrito “El corazón de las tinieblas” en poco más de dos meses, entre finales de 1898 y principios de 1899,  un libro que impresionó  a Eliot ( el cual comienza uno de sus poemas con una cita de esta obra) , y admiró a Hemingway y a Faulkner, está considerado como una obra clave en el modernismo literario y no es un relato documental sobre cierto número de hechos presenciados por Conrad, sino una  gran obra de creación que, como recuerda Edward Said,  mantiene una compleja estructura que tiene media docena de “lenguajes” dentro de sí. Conrad nunca nos permite olvidar que la narración escrita transcribe una narración oral que llama la atención sobre sí misma como proceso de aproximación cada vez mayor al  centro. Así, el viaje de Marlow hacia las diferentes estaciones comerciales del interior sitúa a Kurtz como el objetivo final. De Kurtz se dice que está en la Estación Interior, y se habla mucho de él. Con su aproximación a él Marlow espera poner coto a todos los rumores que ha oído y ver finalmente  por sí mismo y de forma callada qué es exactamente Kurtz y qué es lo que ha hecho. No obstante, como recuerda Said, la mayor parte del tiempo tanto el lector como Marlow deben conformarse con pocas palabras, que serán ninguna una vez que se ha llegado al centro.

Quizá muchos ojos sigan guardando aún la fuerza plástica que recibieron en su día de las imágenes de Coppola entre antorchas, cuerpos mutilados y barbarie, pero para los amantes de la literatura son en cambio las entrecortadas frases de este relato en la búsqueda metódica del centro las que nos enseñan e impresionan. La concreción de Conrad en las descripciones aleja la abstracción  y los detalles  nos fijan ; ante un hombre moribundo , por ejemplo, a los pies de Marlow, Conrad escribe: “mis pies estaban tan calientes y húmedos que tuve que mirar hacia abajo (…) tenía los zapatos llenos; un charco de sangre permanecía muy quieta, brillante, de un rojo oscuro bajo la rueda.” Estos detalles acompañan al largo fluir literario de ese viaje que más de un crítico ha comparado al descenso de Dante a los círculos del infierno en la “Divina Comedia.

Varios han sido los modelos de Kurtz, cómo anotan  los comentaristas. Quizá uno de ellos, con algunas alteraciones,  pudiera ser  Alphonse Kayaerts, un agente de la compañía durante un viaje anterior que Conrad hiciera por un río. Pero el famoso pronunciamiento sobre el genocidio, la atrocidad y las profundidades de la degradación humana : ¡el horror! ¡El horror!, quedará en nuestra memoria, quizá con la ayuda plástica de Coppola, pero sobre todo por el talento eficacísimo de Conrad que tanto se esforzó  con el lenguaje.

José Julio Perlado

 

 

 

(Imágenes—1-escena de”Apocalypse Now”/ 2-Ruth Hallensleben/ 3- Conrad – Wikipedia)

OLAS Y TEMPESTADES

 

 

 

“En días en que la naturaleza se altera violentamente, uno entra en las cuevas de los símbolos y lee en silencio que las olas en China se las considera morada de los dragones y símbolo de la pureza. Esto se debe a que toman significados de dos aspectos distintos de la misma forma oceánica: por el ritmo ondulante, las olas se relacionan con los dragones; por la espuma blanca, con la pureza. Las olas simbolizan el principio pasivo, la actitud de aquel que se deja llevar. Pero las olas pueden estar agitadas con violencia por una fuerza extraña. Su pasividad es tan peligrosa como la acción incontrolada. Representan toda la potencia de la inercia masiva.

Las olas levantadas por la tempestad simbolizan las irrupciones repentinas del inconsciente, una masa distinta, de orden psicológico, de una inercia engañosa, lanzada por pulsaciones instintivas al asalto del espíritu pilotado por la razón. En las leyendas griegas, las innumerables olas del mar son de una gran belleza y pasan su tiempo cantando y nadando con los delfines y dejando flotar sus cabelleras.

El historiador Michelet cuenta el enfrentamiento de un niño con las olas. “El niño más bien odia que teme esa cosa salvaje que parece enfrentársele. A su vez, lanza piedras al gran enemigo rugiente. En el Havre observé ese duelo. Un niño al que llevé al mar se sintió lleno de joven valor y se indignó ante esos desafíos. Devolvió guerra por guerra. Lucha desigual, que hacía sonreír, entre la mano delicada de la frágil criatura y la espantosa fuerza que tan poco se preocupaba de ello.”

(Imagen —Ralph Fleck)