LA VIDA DE LOS OTROS


Se sabe que nos están escuchando. Más aún, que nos están grabando. Todo lo que yo estoy escribiendo ahora en este blog, Mi Siglo, todo lo que usted está leyendo en este momento, está siendo guardado en los sótanos del Liceo Técnico Federal de Zurich, en unas enormes naves subterráneas que antes contenían los archivos de los Diarios de Thomas Mann y ahora sirven como refugio para ordenar y registrar todas nuestras conversaciones, todo lo que usted y yo hemos hablado esta mañana por las calles, todas nuestras conversaciones a través de los móviles, las charlas de la sobremesa de hoy, las confidencias amorosas en los cafés, la intimidad que tuvimos en nuestros dormitorios. Hoy se descubre en los periódicos – junto a la noticia de que en China 220.ooo cámaras vigilan a 12 millones de personas en la ciudad de Shenzhen, controlando desde su identidad hasta sus enfermedades gracias a un programa informático que estudia el rostro -, que en Occidente toda la información de detalles innumerables, nuestras voces, nuestras entonaciones, la manera con la que nos dirigimos a los demás, aparte de nuestros mensajes por correos electrónicos, las pulsaciones con las que marcamos las claves de nuestros ordenadores, las señas por las que nos reconocemos, todo va instantáneamente a esa base central de Zurich que conecta esa inmensa información con chips ajustados a máquinas diminutas, archivos perpetuos que, con los debidos permisos y cautelas, podrán servir a futuros investigadores e historiadores.

Al desaparecer casi por completo la carta como vehículo de comunicación tradicional, es esencialmente la voz humana la que se quiere conservar, pero sobre todo los mensajes verbales, la voz entrecortada en nuestros móviles, esos matices que alertan, suspiran, se desahogan y ruegan al contactar con los demás. Ulrich Mühe, multiplicado en despachos infinitos, escucha lo que hablo y registra lo que escribo gracias a los auriculares permanentes encajados en su cráneo. La película de Florian Henckel Von Donnersmarck ha dado ideas para la construcción de ese laberinto de voces y pasillos que se pierde en sótanos desconocidos. La vida de los otros es mi vida, la que ahora estoy escribiendo, la que usted está leyendo. Los otros se están asomando en cualquier momento a lo que yo creía que le estaba diciendo a usted en confidencia y que para nosotros iba a suponer para siempre un secreto.

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