THOMAS MANN, DUDAS Y TRABAJO

 


Siempre me ha impresionado la laboriosidad de Thomas Mann. En “La novela de una novela” —  el libro que cuenta cómo iba escribiendo “Doktor Faustus” — se lee:“14 de marzo de 1943. Embalando todos los materiales sobre “José” (“ José y sus hermanos” era el libro que acaba de terminar), el escritorio y los cajones quedaron vacíos.  Y sólo un día después, el 15 de marzo, para ser exacto,  aparece por primera vez en mis apuntes cotidianos, casi aislada, la anotación: “Doktor Faustus”.( …) “Conseguí encontrar el proyecto del Dr. Fausto en tres renglones  que datan del año 1901. Habían transcurrido cuarenta y dos años desde el momento en que había anotado el pacto de un artista con el diablo como posible tema de trabajo.”

(…)

Todo hay que guardarlo. Es una convicción personal. Las anotaciones, brotes de creación e ideas, o palidecen y agonizan al cabo del tiempo en un cuaderno o en un armario porque carecen de fuerza, o resisten e incluso cobran mucho más vigor conforme pasan meses o años. ¿ Cómo es posible que en 1969, viviendo yo en París, preparara ya con libros y apuntes cosas sobre Japón, para un libro que iría escribiendo muchos años después?

Cuando Thomas Mann le consulta a su mujer si ella cree que él debe adentrarse en esa nueva obra del Dr Faustus, ella se inclina en cambio a que prosiga con la continuación de las andanzas del estafador Félix Krull. Pero Mann no se inquieta. Se siente atraído por el viejo/ nuevo proyecto. “ Se trataba ahora de saber — escribe — si había llegado la hora de realizar aquella tarea proyectada, aunque vagamente tiempo atrás. No puedo negar una repulsión instintiva, reforzada por el presentimiento de que “ el asunto” era agobiador, de que me costaría sangre, mucha sangre, darle forma. Este movimiento instintivo podía expresarse en la fórmula: “Mejor será cualquier otra cosa antes”.

Y sin embargo se pone a ello. Resúmenes, anotaciones, cálculos cronológicos, personajes, lecturas, preparación. Lee a Shakespeare, estudia instrumentos musicales, habla con Schönberg y con muchos más. En fin, trabaja. Y el domingo 23 de mayo de 1943 apunta en su “Diario”: ‘He comenzado esta mañana a escribir “Doktor Faustus”.

”Lo importante es escribir, no publicar”, decía Virginia Woolf. Indudablemente hay que intentar publicar. Pero lo importante es el trabajo.

José Julio Perlado

 

 

(Imágenes— 1- Thomas Mann- libraries – ecu – edu/ 2- Katia Mann y Thomas Mann en Berlín – 1929 – Bundes archive / 3- biblioteque tumbar)

SOBRE LOS NEGOCIOS

 


“Y, por encima de todo aquello, en unas altas letras góticas que imitaban la caligrafía de quien la había legado a las generaciones venideras, se leía aquella célebre máxima: “ Hijo mío, atiende con placer tus negocios durante el día, pero emprende sólo los que te permitan dormir tranquilo durante la noche”.

Thomas Mann— “Los Buddenbrook”

(Imagen —Jonho Jeon arario gallery- Korea)

“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (42): LA BIBLIOTECA DE LA FICCIÓN

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS (42):  La biblioteca de la ficción

 

 

 

20 junio

 

Esta tarde, al llegar la periodista, ha querido ver mi biblioteca. Me lo ha dicho con cierto pudor, pero yo creo que venía ya con esa intención. Y aunque siempre hemos mantenido las entrevistas en este despacho en el que trabajo y que está lleno de libros, la verdad es que es la primera vez que la he visto muy interesada en las estanterías y en los volúmenes. Miraba y remiraba todo con gran curiosidad. Hoy, al entrar, ni siquiera ha querido sentarse y enseguida me ha pedido que si no me importaba diéramos una vuelta por las estanterías.
—Hace unos días – me ha dicho – usted me enseñó el libro de Cela y de Picasso. ¿Por qué no me enseña más cosas?

 

Hemos recorrido sin prisas los dos cuartos que tengo, no son habitaciones muy grandes, tampoco se comunican entre sí aunque estén una al lado de la otra. Yo tuve desde el principio un despacho para trabajar pero al casarse mis hijos e irse de casa ya pude dedicar una habitación más para colocar otros libros. Uno de los cuartos está dedicado a la ficción y el otro al ensayo. Hemos empezado por el de la ficción.

—¿Sabe cuántos libros tiene aquí? – me ha preguntado.

—No, no lo sé. Ahora hay pocos. Pocos en relación con los que había antes. El año pasado hice una gran limpieza. Me ayudó muy eficazmente durante un mes un chico portugués que pasaba unas semanas en Madrid y me desprendí de muchos.

—Voy a hacerle una pregunta – me ha dicho sonriendo mientras se detenía ante uno de los estantes – que creo es la pregunta que sIempre suelen hacerse los profanos y que a lo mejor ya le han hecho alguna vez: ¿los ha leído todos?

—No, no todos. Algunos los he comprado para leerlos en su día, porque sé que me servirán. Muchos sí, los he leído y anotado. Están muy subrayados y anotados en los márgenes.

—¿Tiene usted alguna manía con los libros, algo muy personal?

—Bueno, no sé si será manía o simplemente costumbre. Durante años he escrito en la esquina de la primera página del libro, a la derecha, la ciudad donde lo compré y el año.

—¿Y ahora no lo hace?

—No, ya no lo hago pero recuerdo casi perfectamente dónde lo compré.

—¿Lee usted mucho? ¿Qué lee, por ejemplo, ahora, cuando está escribiendo un libro?

—Leo siempre, pero no demasiado mientras escribo un libro, como usted sabe que ahora estoy haciendo, porque procuro que no me influya ninguna lectura, pero sobre todo, en general, más que leer, releo bastante. En ficción, ahora que estamos en este cuarto dedicado a la ficción, le diré que desde hace años leo poca ficción, sobre todo ficción contemporánea; en ficción voy siempre a releer lo seguro, lo ya conocido, lo escogido por mí hace mucho tiempo. En el fondo, lo que hago es ir en busca del buen vino. Uno va conscientemente hasta esa botella antigua que se encuentra en una de estas estanterías de la biblioteca y que permanece aquí desde hace años, porque sé que, al abrirla, me encontraré con el estilo. El estilo, igual que el argumento, permanece dentro del libro, es la forma de contar las cosas. Para mí es muy importante el estilo, es decir, cómo se cuentan las cosas aún más que las cosas que se cuentan. En ficción las cosas que se cuentan fueron leídas y conocidas en su momento, y se diría que ya se dan por sabidas. Hay historias que podrían llamarse “inmortales’, pienso en “Guerra y paz”, y hay estilos que permanecen intactos, (naturalmente según los gustos) y pienso en Proust. La gente en general, ante las historias y los argumentos, dice como conclusión y en una rápida respuesta: “ ya lo he leído” o “ya lo he visto”, si es que hablan de cine. Dan el carpetazo definitivo. No es fácil que vuelvan a ese libro; sí quizás a esa película. Pero si vuelven lo que les atrae, además de revivir quizá la historia, es disfrutar de cómo ella está contada. Eso ocurre en cierto sentido ante una sinfonía o ante una pintura. Uno vuelve a paladear esa sinfonía que ha escuchado ya decenas de veces y vuelve a contemplar también el prodigio del cuadro ya contemplado porque lo que le atrae no es el argumento sino el color y las formas y las combinaciones que iluminan ese argumento. En el fondo lo que le está atrayendo es el estilo. Hay estilos que desaparecen, “ya no se escribe así”, se dice con toda razón ante una obra, y hay estilos que en su día fueron muy elogiados y hoy son apartados, pienso, por ejemplo, en Gabriel Miró. Pero es como si eso se dijera lo mismo, por ejemplo, ante una sinfonía o una pintura. En el caso del escritor es distinto. Me interesan sobre todo las formas, más aún que las anécdotas o las historias. Seepersad Naipaul, el padre del novelista de origen hindú V.S. Naipaul, le leía en voz alta a su hijo varias formas o maneras especiales de contar, varios parlamentos de “Julio Cesar” por ejemplo, o páginas sueltas de “ Oliver Twist”y “David Copperfield”, o algo de los “Cuentos de Shakespeare”, de Lamb. Todo eso para educarle y acostumbrarle a diversos estilos. En el fondo eran como pequeños “sorbos” de estilo.

—¿Y hace usted algo parecido? – me ha dicho la periodista de pie, a mi lado, siguiéndome y observando atentamente las estanterías y a la vez grabando nuestra conversación.

—Bueno, yo en parte sí, en cierto modo hago algo parecido. Pero no sólo con el estilo sino esencialmente y sobre todo – no se asombre – con lo que yo llamo de alguna forma “mis reconstituyentes”, es decir, una especie de “farmacia” que tengo, aquí, en este despacho de la ficción, muy a mano, y que yo sé siempre dónde está.

—Cuénteme eso de la farmacia…

—Bueno, pues yo, como todos los escritores, así lo pienso, también tengo mis momentos de desánimo, de pasividad o de incertidumbre. Entonces, en alguno de esos momentos que pueden ser más largos, que pueden incluso durar días o semanas, me vengo aquí, a este despacho, a buscar remedios en mi “farmacia”, y siempre los encuentro. Para mí son tonificantes.

 

—Es curioso todo eso…

—Pues sí, los califico de tonificantes porque, sean fotografías o sean pequeños textos, sobre todo de Diarios, que es cuando parece que los autores hablan con más sinceridad, todo ello me estimula y me empuja a continuar. Son una enseñanza. Veo, por ejemplo, cómo han actuado los grandes, o los que para mí considero grandes, cómo se concentran, cómo se esfuerzan, cómo superan las cosas.

—¿Le estimulan también las fotografías?

—Sí, también me estimulan. Hay fotografías muy reveladoras. Ve usted aquí, por ejemplo, estas fotografías apoyadas o mezcladas entre libros, como ocurre en numerosos despachos que usted ya habrá visto. Pero aquí, creo, están muy escogidas. Están colocadas aquí porque para mí son estimulantes. Tiene usted, por ejemplo, ésta, en la balda ocupada por los italianos, esta fotografía de Italo Calvino, que creo le hizo Sebastiao Salgado. Mírela con atención. Está Calvino acodado sobre su mesa de trabajo, sentado al aire libre, concentrado; el brazo izquierdo lo tiene muy cerca de su cabeza y la mano izquierda como envolviendo toda su cabeza, como sujetándola y sujetando su cráneo, como si no quisiera que se le escapasen las ideas, el codo de su camisa está apoyado en el manuscrito que está escribiendo y corrigiendo con un pequeño bolígrafo. Es toda una concentración.

—¿Le gusta Calvino?

—Sí, me gusta porque sobre todo admiro su rompimiento con todo lo que escribió anteriormente, con el realismo, y cómo se lanza a crear su trilogía “Nuestros antepasados”, que es un prodigio de audacia y de fantasía. Y también de humor. Y me gustan también sus “Seis propuestas para el próximo milenio”. Todo lo que sea creación audaz, nuevos caminos, me interesa.

 

—O sea que lo que le atrae de esta fotografía es sobre todo su concentración.

 

—Sí, su concentración en el trabajo, su dedicación al trabajo. Me ocurre igual con esta otra, en esta balda de los ingleses, ésta que ve usted aquí tan destacada. Es una de mis preferidas. Es Virginia Woolf de la que le he hablado muchas veces. Está sentada en la butaca de su cuarto, escribiendo. Se la hizo su marido, Leonard Woolf, en 1932, cuando ella tenía cincuenta años. Está aquí retratada, en esta habitación de madera en su casa de campo, en Monk ‘s House ; está en esta butaca tapizada en estampado a cuadros, con un almohadón para apoyar los hombros, cerca de esa ventana que da al jardín. Son los meses en que empezaba a concebir “Los años” y los meses también en que estaba escribiendo su novela sobre un perrito, “Flush”.

—Se la conoce usted de memoria…

—Sí, he admirado siempre a Virginia Woolf. He admirado su audacia como escritora y como mujer, su constancia, su lucha por concentrarse en la creación a pesar de todos sus problemas.

—¿Esta fotografía también le inspira?

—Mucho. Podría hablarle horas de ella. Pero más aún de Virginia. Un año antes de esa foto ella había publicado “Las olas”, que había sido muy elogiada. Pero en ese año de 1932, en julio, había sufrido un desvanecimiento y su corazón, como ella decía mientras escribía con rapidez, se le desbocaba como un caballo.

—Entonces lo que le atrae de esta foto es también, como en el caso de Calvino, el trabajo.

—Si, el trabajo.

—¿Piensa usted que es un hombre obsesionado por el trabajo?

—No, en absoluto. Lo que me ocurre, como antes le decía, es que hay veces en que uno está desorientado o desanimado por el trabajo, no me pasa muchas veces, pero sí hay ocasiones en que uno no sabe qué escribir o qué emprender, tampoco me gusta perder el tiempo, me desazona perder el tiempo, acumular las dudas, no hacer nada, y entonces doy una vuelta por aquí, me atraen siempre estas fotografías, lo reconozco, esta concentración, esta dedicación, pero más aún me atraen algunos de las confesiones de escritores o de sus textos, por ejemplo éste que tengo aquí, ¿lo ve?, mírelo, esta cuartilla apoyada en la balda dedicada a los alemanes. Se la leo. Son palabras de Thomas Mann de “La novela de una novela”, el libro que cuenta cómo iba escribiendo “Doktor Faustus”, y dice: “14 de marzo de 1943 – escribe aquí Mann -, embalando todos los materiales sobre “José” (“ José y sus hermanos” era el libro que acaba de terminar), el escritorio y los cajones quedaron vacíos. Y sólo un día después, el 15 de marzo, aparece por primera vez en mis apuntes cotidianos, casi aislada, la anotación: “Doktor Faustus”. Y se pone a trabajar.

—¿Le impresiona?

—Sí, me impresiona esa decisión suya, ese no dejar espacios vacíos,.

—Pero siempre habrá que descansar algo…

—Sí, lógicamente habrá que descansar. Es necesario y es obligatorio descansar. Sobre todo para tomarse un respiro. Y para pensar nuevas cosas, para trazar proyectos.

—¿Tiene usted ahora muchos proyectos?

—Pues mire, si tengo salud me gustaría terminar ese libro del que le hablé, “Los cuadernos Miquelrius”, que va avanzando.

—¿ Ese libro en el que salgo yo?

—Sí, el libro en el que sale usted y que poco a poco voy encauzando. Y luego acabar otro libro que también tengo empezado: un libro sobre una mujer japonesa.

—¡Qué cosa! ¡Algo totalmente distinto…!

—Sí, totalmente distinto. Es la historia de una japonesa del siglo Xll.

—Sorprendente. ¿Y cómo se le ocurrió esa historia?

—Pues viendo cada año, en el concierto de Año Nuevo, en televisión, la misma mujer japonesa sentada siempre en el mismo palco. Año tras año. Ahí empezó la historia.

—Es curioso cómo nacen las historias …¿Me puede decir algo de ese libro?

-Bueno, es un libro que, como tantos otros, necesita documentación y creación a la vez. En él hablo de los hacedores de espadas japoneses, del monte Fuji, de muchas cosas más…

-¿No me cuenta la historia?

-No, no le cuento la historia. De repente en la vida uno se encuentra con un argumento que poco a poco va creciendo, va tomando cuerpo, y en algún momento hay que escribirlo. A veces se tardan muchos meses, incluso años en hacerlo, y hay que esperar, y además hay que saber guardar las cosas el tiempo que sea necesario. Monterroso decía que el consejo latino de guardar las cosas unos siete años sigue siendo bueno. Y él añadía: y el de pensarlas.

—¿Y qué ocurre si uno se muere antes?

—Esa pregunta se la hicieron ya a Monterroso. Y él contestó : Nada. Y eso es lo mismo que yo le contesto.

—O sea que usted utiliza este despacho esencialmente como “farmacia”, como estimulante..

—No, no exactamente. Aquí leo y repaso autores. Pero también acudo en algunas ocasiones, en momentos de crisis. Lo de ‘farmacia” es un decir que yo me he inventado. Eso es solo para momentos puntuales. Yo aquí me encierro habitualmente a leer, a escribir y a trabajar. Sobre todo, como antes le decía, a repasar y disfrutar de “las formas” diversas en la ficción, de las maneras de decir. Me interesan más, por ejemplo, las maneras de contar que tiene Conrad en “El corazón de las tinieblas” que la historia misma que cuenta.

—Pero eso será porque lee usted como un escritor…

—Sí, indudablemente es así. Pero pienso que igual les ocurrirá a los pintores, a todo artista. Les interesan las formas, lo que han hecho los demás y cómo lo han hecho los demás.

—¿ Lo pasa usted bien entonces en este despacho?

—Sí. Aprendo. Descubro. Descubro enfoques, estilos. Vuelvo a disfrutar con estilos que en su día ya me gustaron. Eso me satisface.

—Pero no sólo le atraerán las maneras de contar, también le interesará escribir historias propias, pienso yo… Es lo que ha hecho siempre. Usted mismo ha escrito historias bastante insólitas…

—Sí, naturalmente. Las maneras de contar o “las formas”, como le digo, son para mí aspectos atractivos a los que vuelvo y que forman parte de la relectura. Pero a la vez escribo, desarrollo historias, me dedico a crear.

-¿Apunta las historias en cuadernos?

-Sí, en estos cuadernos pequeñitos, azules, que ve usted aquí apuntó el germen de las historias. Son numerosos. Están llenos de esbozos de historias, de “esbozos de esbozos” como los llamo yo.

-¿ Y acude a ellos?

-Sí, de vez en cuando los releo. Sorprende que haya ideas que hayan aguantado aquí, en estos cuadernos, durante años.

-¿Las ideas que ahí apunta le sirven todas?

-No. El tiempo las va depurando. Quedan sin embargo ideas constantes, escenas constantes, y personajes o diálogos que el tiempo mantiene y que son los más valiosos. Están preparados ya para ser escritos.

—Al decirle antes lo de historias insólitas que usted ha escrito pienso, por ejemplo, en la historia de su novela “Contramuerte”, que es una historia especial. La leí y me quedé realmente asombrada. Eso de la paralización de la muerte en el mundo que usted describe, la progresiva detención de la muerte hasta que no muere nadie… ¿Le impresiona a usted la muerte?

—No, no me impresiona. Me impresiona lo corta que es la vida.

—Sin embargo es curioso que también su tesis doctoral trate de algún modo el tema de la muerte. Usted la tituló precisamente “La muerte en la obra literaria de José Gutiérrez Solana”.

—Sí, eso es cierto. Aproveché que estaba escribiendo esa novela, “Contramuerte” y que tenía un gran material sobre el tema, y me puse a estudiar a ese pintor y escritor español que presenta una personalidad muy singular.

—Cela había tratado ese tema, si no me equivoco, en su discurso de entrada a la Academia Española. “La obra literaria del pintor Solana” creo que se llamaba. Pero usted quiso concentrarse en un aspecto peculiar de su obra.

—Si, en el tema de la muerte dentro de sus escritos.. Porque me intrigó muy pronto la obsesión que Solana tenía por la muerte reflejada casi continuamente en sus visitas a los pueblos, en sus viajes, en sus libros, fueran “La España negra” o “Madrid: escenas y costumbres”. Esa obsesión, sin embargo, felizmente no le llevó a desencadenar ningún desenlace trágico en su vida personal, no le llevó a adoptar ninguna actitud radical y extrema en su vida, no le influyó de un modo dramático en su existencia.

—Pero no publicó su tesis. ¿Por qué?

—Porque tendría que haberla pulido mucho para ser publicada. Me metí en otros trabajos y en otros derroteros y quedó un poco al margen. Quizá un día la publique.

—Volviendo a esa novela suya, “Contramuerte’, en ella aparece un Papa que ni siquiera puede morir, que pide rogativas para que vuelva la muerte al mundo. Usted que ha vivido años en Roma, ¿se inspiró en algún Papa para crear a su Papa Silvestre?

—No. En ningún Papa conocido. Mi Papa Silvestre que allí aparece, y que, como el resto de los hombres tampoco puede morir, lo imaginé, físicamente me refiero, contemplando la figura de Franz Listz en su vejez, un rostro bondadoso, una cara dominada por unos ojos acuosos, surcado de arrugas, lleno de infinita ternura en el semblante, bajo un largo pelo blanco. Es una fotografía que le hizo el famoso fotógrafo Nadar en 1886, pocos meses antes de su muerte. Para mí una foto impresionante, una foto que me inspiró. Y para describirlo mientras él pronunciaba su Encíclica “Damnati ad Vivendum”, (“Condenados a vida”) desde el balcón de la plaza de San Pedro, me acompañé del segundo movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven, un “Allegretto” bellísimo, lastimero, pero para mí siempre bellísimo, cadencioso. De vez en cuando lo vuelvo a escuchar. Con el rostro de Listz y con ese movimiento de la Sinfonía de Beethoven dibujé al Papa y escribí su.discurso.

—Un reto eso de escribir una Encíclica…

—Es una Encíclica corta. Además, lo han hecho ya varios escritores, entre otros Papini con su “Carta del Papa Celestino Vl a los hombres”

—¿Cuándo se le ocurrió esa historia de “Contramuerte”?

—En el pueblo de Genzano, cerca de Roma, en 1964, cuando pasaba allí unos días. Recuerdo que una mañana me pregunté: ¿ qué pasaría si el hombre viviera eternamente, si el hombre dejara de morir?

—¿Y qué se contestó?

—No recuerdo lo que me contesté. Sé que me puse poco a poco a escribir el libro.

—¿Cuánto tardó en escribirlo?

—Siete años.

—Y después existe otra historia insólita en su vida, al menos para mí, otra historia que aparece en otra novela suya, en “Mi abuelo, el Premio Nobel”.

—Sí, quizá resulte algo original…

—Usted cuenta allí la historia de un escritor que no puede escribir, que todo lo lleva en la cabeza pero al que le es imposible poner nada sobre el papel. Y sin embargo, a este hombre le conceden el Premio Nobel de Literatura únicamente por toda la potencia de las historias que lleva en la cabeza, aunque no las haya escrito exactamente. Una historia llena de fantasía, pienso. También de humor.

—Sí, así es.

—¿Qué quiso decir con eso?

—Bueno, es una pequeña novela sobre el gran poder de la imaginación, de la creación. También de lo que se ha dado en llamar “ el pánico de la página en blanco”. Indudablemente la creación hay que llevarla a la práctica, plasmarla, no puede quedarse en la mente. Pero antes de ponerla en el papel la creación ocupa un lugar clave en el pensamiento, en la imaginación, en la memoria. Esta fuerza y potencia de la creación es la que en mi novela es valorada, e incluso premiada. El escritor protagonista del libro va contando detalladamente todas las historias que se le ocurren y que él quisiera escribir algún día, alguna vez, es una especie de artista oral que lo va contando todo, pero cuando se le pregunta “¿ y todo esto por qué no lo escribes? , él contesta “porque no puedo, no puedo escribirlo”. De alguna forma, indirectamente, abordo ese punto a veces debatido: ¿uno debe de contar las cosas con anterioridad, las cosas que uno va a escribir?

—¿Y usted qué opina?

—Pues que no, que no se deben contar las cosas que uno va a escribir. Por eso no le he contado nada de mi libro sobre Japón. Hay que guardar silencio. Las cosas, cuando se cuentan, explotan, es como si de pronto se desparramaran y perdieran fuerza, como si explotaran. Hay que madurarlas en silencio, no decir nada a nadie. Mire, una de las virtudes que valoro enormemente en mi mujer, entre muchas otras, es el gran respeto que tiene por mi trabajo. Jamás me pregunta por él mientras lo estoy haciendo, mientras estoy escribiendo; jamás interfiere. Sólo cuando he terminado se lo muestro y aprecio muchísimo ese respeto suyo y esa gran cualidad.

—¿Cómo creó la figura de ese escritor en su novela, en quién se inspiró? Al hablar de un abuelo escritor me imaginé que podía ser su propio abuelo.

—No, no era mi propio abuelo. Con él conviví unos años en Madrid, pero me inspiraba más, físicamente, para esta novela la figura y el rostro de Pirandello, su figura menuda, su perilla, su imaginación y sus ojos vivos. Además, me ocurrió una cosa muy curiosa con esa novela: en aquella época, hace ya años, yo llevaba mis páginas manuscritas a una mecanógrafa para que me las pasara a limpio en ordenador, y uno de esos días, al entrar en el vestíbulo de su casa, quizá por gestos o movimientos que hice, no lo sé, o quizá por titubeos, por indecisiones, no tengo ni idea, lo cierto es que ella me miró y me dijo : “ya sé cómo es un escritor”. Y eso me dejó pensativo. Con eso configuré también a mi personaje.

—Se aprovecha todo entonces…

—Sí, se aprovecha todo mientras uno está escribiendo un libro. Hasta cualquier cosa que le suceda a uno durante el día.

—¿Pasamos, si le parece, al otro cuarto, al del ensayo?

 

—Pasamos.

José Julio Perlado

”Los cuadernos Miquelrius” —Memorias

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

 

“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (3)

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido adelantar aquí la publicación de mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que espero  aparezcan pronto como libro.  Se irán publicando lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS. (3)

 

 

Veo también las veces que escribo, cómo me inclino sobre el papel, cómo me recuesto luego en el sillón, he escrito durante largos años muy temprano en mi casa, me levantaba a las seis o seis y media, entraba en mi despacho muchas veces sin siquiera afeitarme ni arreglarme, me ponía a escribir, eran unos cuadernos alargados, de tapas duras, de pequeñas cuadriculas, estos cuadernos Miquelrius que ahora uso, ponía una pierna sobre la otra y me ponía a escribir en la postura que solía ponerse Virginia Woolf, tomando sorbos del empuje y de la constancia de Virginia Woolf, era un vaso pequeñito, blanco, lleno de ideas, lleno de paciencia, la paciencia casi desbordaba el vaso y yo bebía con fruición. Otras veces he escrito en sitios cerrados y alejados, la celda de un monasterio, oía al otro lado de la puerta los pasos de los monjes, eran benedictinos que iban o venían de la capilla, luego cambiaban su hábito por unas grandes tijeras y cortaban los restos de las ramas del jardín, lo pulían, lo limpiaban, se subían las mangas y metían las manos en la piscifactoría donde culebreaban las truchas bajo los chorros del agua, extendían unas redes para observarlas y sacarlas, yo escribía en mi celda de invitado y de visitante, no había más que una mesa y una estantería donde yo colocaba mis libros, colocaba un estuche de páginas reconstituyentes de Virginia Woolf, colocaba un tomo de Proust, colocaba cómo trabajaba Thomas Mann y lo que él contaba en sus Diarios, de qué forma preparaba “Doktor Faustus”, cómo hablaba con Adorno y con Schoenberg y con otros amigos para abordar el misterio del mal, el misterio de la música, el personaje del Diablo, el misterio del Diablo, colocaba a Bernhard, colocaba a Walser, colocaba a Sebald, los monjes seguían pasando por el claustro, se habían quitado sus prendas de trabajo, sus delantales y sus guantes y se habían vestido otra vez con sus hábitos marrones, una tela áspera y unas sandalias abiertas al frío mientras yo consultaba en silencio a Proust, a Virginia Woolf. Veo también los árboles en otro despacho que yo construía, eran hayedos y hojas y senderos donde las ruedas de mi coche pasaban hasta encontrar un sitio bajo los árboles, estaba el tronco, las ramas, un gran silencio al apagar el motor, un hijo mío viajaba en el asiento de atrás, tenía que estudiar alguna asignatura de verano y yo bajaba las ventanillas, era otro agosto, abría mi cuaderno Miquelrius y empezaba o seguía un relato, mi hijo me miraba, yo escribía sentado al lado del volante, entraba el silencio por las ventanillas, si levantaba la mirada veía los libros como árboles, de los árboles sale el papel para los libros, de los árboles sale el papel para los cuadernos Miquelrius, apuraba los bordes de la hoja y escribía, escribía, de vez en cuando hay que parar para leer qué ha hecho el personaje, si lo que está haciendo concuerda con lo que hizo antes y si hay un río de verosimilitud, un sentido común en lo que se escribe. Horas y horas escribiendo como horas y horas está el artesano sobre la madera, sobre el hierro, atenazando y puliendo y encajando los soportes y luego afinando los bordes, procurando que haya un sentido común en la mesa o en el hierro, no les hacen entrevistas a los artesanos, están con su gorra de visera cubriéndole los ojos para concentrarse en el borde del hierro, en las dificultades del cristal, pasan los periodistas sin detenerse, siguen los artesanos en el fondo de sus talleres, a veces en pequeños huecos al borde de la calle, casi debajo de la calle, parecen zapateros ignorados y constantes en el repiqueteo del martillo sobre la suela, los clavos, la madera, el hierro, son artistas a los que nunca preguntarán, y en cambio, ¿por qué me pregunta a mí esta periodista?, hay como una fascinación por las palabras, ¿y usted cómo escoge las palabras?, me suele decir la periodista, ¿cómo las elige?, ¿prefiere usted más el sonido de las palabras o el fondo de la historia que escribe?, le interesa todo lo mío y yo a todo no le puedo contestar, escribo y escribo en este despacho o bajo los hayedos y en estos casos nada puede molestarme, de vez en cuando me distraigo porque un pájaro diminuto, rechoncho, indeciso, viene y va en su paseo junto al árbol, muy cerca de la ventanilla, viene y va y él no sabe que lo estoy metiendo en este cuaderno, viene y va por la imaginación, necesita un nombre, le pondré un nombre, ¿qué voy a contar de esta vida de pájaro?, él me lo irá diciendo o yo se lo iré diciendo a él antes de que se asuste y se dé la vuelta y se ponga a volar, pero ¡ya vuela! , acaba de salir del cuaderno y toma el sendero hacia el árbol, se posa en la rama, yo escribo, escribo, he escrito siempre, a veces con facilidad, otras veces con incertidumbre, de manera penosa, pero el delgado bolígrafo de punta fina, una punta azul, me ha acompañado siempre, ¿cuánto cree que ha escrito usted?, me vuelve a preguntar la periodista, pues no lo sé, le digo, no sé qué contestar, desde niño ya me intrigaban las historias, crear, dibujar seres, me admiraba el poderío de los inventores de situaciones , cómo hacían para concretar personajes, para detenerse en una nube, en un cielo, en una calle, me acuerdo cómo seguía yo a Azorín por las nubes, los cielos, las calles, él se fijaba en los objetos perdidos en un cuarto perdido de una casa perdida y antigua, le revelaba aquello un siglo entero, una existencia olvidada, Azorín iba delante de mí y se detenía ante una alacena, abría los diminutos cajones, sacaba un pequeño reloj antiguo, el retrato de una dama ya desaparecida, “¿ve usted?”, me decía volviéndose, “aquí está parte de España”, lo decía como un detective literario que hubiera encontrado la prueba del pasado, una huella que parecía escondida, pero no, no hay que hacer nunca “literatura” me sigo diciendo, en cuanto uno se descuida aparece “la literatura”.

José Julio Perlado —“Los cuadernos Miquelrius” (Memorias)

(Continuará)

TODOS  LOS DERECHOS RESERVADOS

LECTURAS DE BENET

 

 

La Biblioteca Nacional acaba de adquirir 9000 libros, 600 manuscritos, fotografías y anotaciones sobre las obras que iba leyendo el escritor Juan Benet, y en ese universo se adentra uno para intentar averiguar el espacio íntimo de su creación. “ Salvo excepciones – decía Benet – , yo suelo escribir cuando no tengo nada que hacer, cuando llego a casa y no viene ningún amigo ni nadie me dice que vayamos al cine. Y claro, son pocos días. Son tres o cuatro a la semana, como mucho. Cuando no tengo  nada que hacer y está todo en orden, pues entonces, voy a la habitación, me pongo delante de la máquina y entre ocho y diez, escribo un par de folios. Ése es mi sistema de trabajo. Yo tengo la virtud de que – debe ser una virtud – , no tengo ningún esfuerzo para reescribir. Yo puedo haber abandonado, a la mitad de la página, un párrafo, hace quince días: vuelvo a Madrid y lo encuentro y sigo. Y lo sigo a los cinco minutos. No necesito mucha preparación  El pensamiento…. las novelas las tengo como un tanto maduradas previamente.

 

 

(…) En mi juventud, mis amores literarios eran los escritores contemporáneos. Es lo que pasa cuando eres joven; entonces  lo último es lo que se considera más valioso. Mis amores empezaron por la Generacion Perdida, por Faulkner, por Kafka, para pasar a Mann y a Proust. Pero luego he perdido contemporaneidad. Los escritores contemporáneos me llaman menos la atención. Supongo que es un signo de envejecimiento. Me llaman más la atención los clásicos, incluso los clásicos grecolatinos (…) Cada vez leo menos a los contemporáneos, y, sobre todo, nunca leo un éxito de venta. Ya tiene que venir un libro con muchas canciones eclesiásticas para que me meta con él si es extenso. Cuando eras joven no te importaba mucho meter la pata, porque los jóvenes, todos, meten la pata; pero cuando llegas a cierta edad comprendes que el tiempo que has dedicado a la lectura ha sido poco y se empleó mal. Se emplea mal porque se lee mucho para estar al día,  haciendo caso de la propaganda que te inclina a leer bazofia, y para encontrar un buen libro entre los premios , entre la publicidad de las solapas, entre lo que te dicen los amigos, pues pierdes el tiempo leyendo cosas que no tienen ningún interés, cuando sabes que si mañana vuelves a leer a Shakespeare o a Cervantes la inversión está garantizada.”

 

 

(Imágenes -1- lourania tumblr/ 2- Shakespeare and company/ 3- biblioteca del convento – Palacio  de Mafra – Lisboa curious  expeditiion)

LA ARENA, DESIERTO MURMURANTE

 

 

“Desierto murmurante, lleno de humedad amarga, cuyo sabor salino se adhería a nuestros labios. Caminamos, caminamos sobre un suelo ligeramente elástico, sembrado de algas y de pequeñas conchas, envueltos los oídos por el viento, ese gran viento, vasto y suave, que recorre libremente el espacio, sin freno y sin malicia, y que produce un dulce aturdimiento en nuestro cerebro; seguimos andando, andando, y vemos las lenguas de espuma del mar, que empuja hacia adelante y ronca, que retrocede de nuevo y que se extiende para lamer nuestros pies. La resaca hierve; ola tras ola va a chocar con un sonido claro y sordo, rumorea como una seda sobre la arena plana, lo mismo aquí cerca que allá fuera, en los bancos de arena. Y ese rumor confuso y universal, que bordonea dulcemente, cierra nuestros oídos a toda otra voz del mundo. Profundo sentimiento de bastarse a sí mismo, de olvido consciente… Cerramos los ojos, cobijados en la eternidad”.

Thomas Mann- “Paseo por la arena” ( evocado por  Erika Mann en “El último año de mi padre”)

(Imagen- Winifred Nicholson – 1935)

LEYENDO A THOMAS MANN

 

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Releo “Thomas Mann y los suyos” de Marcel Reich-Ranicki. Como siempre, en los artistas de gran relieve – y Thomas Mann lo es – se desvela esa desunión ( o unión)  entre  su figura humana cotidiana – con sus defectos, manías y toda clase de flaquezas – y su obra. Mann, entre otras cosas, estaba obsesionado por Goethe, por su esplendor y por su altura, lo mismo que por Wagner. Eran dos de los ídolos a los que aspiraba a emular, cada uno de una forma. Se ve, como siempre, que las capacidades de los talentos o de los genios – (Tolstoi desconocía o despreciaba a Dostoievski) – forman un contraste y constituyen los fuertes contraluces entre obra y figura. De Thomas Mann, entre otras cosas, asombra su disciplina laboriosa, la claridad para desenvolver el quehacer de sus jornadas, aunque fueran en el exilio, y se descubren a la vez sus tremendos egoísmos y su egocentrismo, sus altiveces y neurosis, y toda suerte de fragilidades más o menos alimentadas y consentidas. A su hermano Heinrich le hace reproches en su correspondencia, y una de las cosas que le dice es que se precipita y no mantiene el ritmo adecuado para que una obra sea ponderada y tenga altura. En la curva de la edad, junto a la perseverancia férrea y disciplinada en su tarea, Thomas Mann supo mantener hasta el final un tono de calidad en su trabajo artístico. El libro de Reich-Ranicki guarda en sus páginas, no sólo análisis y descubrimientos incesantes, sino también breves pero profundas reflexiones para entender qué es un artista.

(Imagen.-Thomas Mann con su hija Erika)

 

EL LIBRO EN LA CABEZA

 

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Aquel cuaderno que yo tenía entonces sobre mis rodillas era para mí, por fin, como un imán. Tantos ratos perdidos en otras cosas, en gestiones múltiples, por ejemplo, o en relaciones sociales, o en idas y venidas banales y superficiales que me llenaban la cabeza sin aportarme nada, habían dejado que el cuaderno ( o la pantalla, cuando en ella trabajaba ) permaneciera estéril, abierto y abandonado en aquella mesa y en aquel cuarto en donde casi nunca me sentaba a escribir. Y recuerdo perfectamente el momento en que, no supe bien por qué, un día, a media mañana, me acerqué decididamente a aquel cuaderno, tomé la pluma, y sentí que tenía la imperiosa necesidad de escribir sobre cuanto llevaba dentro. Desde ese instante tuve el libro en la cabeza.

Es esencial tener el libro en la cabeza. Que la cabeza gire, por encima de los necesarios   e imprevisibles avatares del día, en torno al libro, que vuelva al libro que uno está escribiendo o que uno quiere escribir y acuda a él impulsado por el imán de la creación. Cuando uno relee las apasionantes páginas de Thomas Mann, “La novela de una novela”, en las que cuenta los pasos diarios de su escritura en torno a su “Doktor Faustus“, uno queda admirado de tantas lecturas preparatorias, de tantas consultas, de tantas indecisiones y decisiones, pero todo ello es porque el escritor alemán llevaba “el libro en la cabeza”. Cuarenta y dos años después de la idea inicial de la novela – el pacto de un artista con el diablo -, su Diario es testigo de sus inquietudes: “ayer por la tarde -apunta-, mientras leía y escuchaba música, me sentí extrañamente cerca de la idea de continuar aquel libro, especialmente desde el punto de vista de la unidad de la vida. Tenía su encanto reanudar aquel libro en el punto en que lo había dejado antes de escribir “La muerte en Venecia“.

 

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“Cuadros de Durerodice Mann , datos biográficos y nombres, reunión de conceptos útiles, notas para fijar el tipo musical de Leverkühn, de Schönberg obtuve muchos datos sobre la música y la vida de los compositores… Al fin, un domingo por la mañana, el 23 de mayo de 1943, comencé a escribir el “Doktor Faustus”.

Desde ese momento, el libro que llevaba en la cabeza pasa a la pluma y al papel pero su gran fuerza será mantenerlo siempre en la cabeza.

(Imágenes.- 1.- Travis Stearns/ 2,- Howard Hodgkin)

ANTE LA MESA DE TRABAJO

interiores.-9hhn.-París.-Willy Ronis.-Vincent y su gato.-1955

 

“Escribir significa saber que no estamos en la Tierra Prometida – así lo va confesando Claudio Magris en su libroMicrocosmos“-. Escribir significa saber que no estamos en la Tierra Prometida y que no podremos llegar nunca allí, pero continuar con tenacidad el camino en esa dirección, a través del desierto. Sentados en el cafè – prosigue diciendo en elSan Marcos” de Trieste -, se está de viaje, como en el tren, en el hotel o por la calle”.

“Alrededor de la persona que escribe libros – confiesa a su vez Marguerite Duras enEscribír“- , siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escritor. Nunca hablaba de esto con nadie”.

 

escribir-rrff-Albert Marquet

 

Emborronar cuartillas, liberar los demonios, embridarlos – continúa Magris sentado en el café -Escribir, interrumpirse, charlar, jugar a cartas; la risa en una mesa cercana, un perfil de mujer, indiscutible como el destino, el vino en la copa, dorado color del tiempo. Las horas fluyen amables, despreocupadas, casi felices”.

“Creo que la persona que escribe – va anotando Duras en su mesa de trabajo – no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido.

 

escribir.-9hhb.-Fritz Busch- 1890-1951

 

Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado”.

 

escribir- bfr- mesa de trabajo Thomas Mann- Archivo Thomas Mann-Zurich

 

Todo esto ocurre ante la mesa de trabajo.

La mesa de trabajo es nuestro único testigo.

(Imágenes.- 1.-Willy Ronis– 1955/ 2.-Albert Marquet/ 3.-Fritz Busch/ 4.-mesa de trabajo de Thomas Mann – archivo Thomas Mann. Zúrich)

PASTERNAK EN PEREDELKINO

 

escritores.-6wws.-Boris Pasternak.-a la izquierda, con su hermano.-pintura de su padre, Leonid Pasternak

 

“Todavía no he leído a Kafkale decía Boris Pasternak a Gerd Ruge en Peredelkino a final de los años cincuenta  -. Ahora estoy leyendo a Marcel Proust. Delicioso, en extremo delicioso; aunque a veces le encuentro falto de algo. Y si se pudiera reunir en una sola persona la fuerza de Thomas Mann y la de Rilke.., el resultado sería una obra maestra. En Thomas Mann hay un exceso de análisis psicológico experimental y también un exceso de ensayo literario periodístico. Pero su arte, unido a la fina sensibilidad, la profundidad y el sentido de lo transcendente del Rilke que escribió “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge”, sería algo extraordinario. ¡Y qué novela no sería el “Ulises”, de Joyce, si tuviera la claridad de las narraciones de “Dublineses!…”.

 

escritores.-5qmnm.-Boris Pasternak en Peredelkino.-1958.-foto Cornell Capa

 

Contaba todo esto Pasternak al lado del alto pupitre que utilizaba para escribir a causa de su lesión en la pierna. “No  lamento que mi obra “El doctor Jivago” se haya publicado en Occidentecontinuaba -; lo que lamento es el ruido que se ha levantado por su causa. Todos escriben sobre la novela; pero ¿ quién la ha leído propiamente? Porque, ¿qué es lo que cita de la obra? Siempre las tres mismas primeras páginas, de las setecientas que tiene el libro”.

 

escritores-nnju- Pasternak- foto Cornell Capa- Peredelkino mil mvecientos cincuenta y ocho

 

“El plan de “El doctor Jivago” – explicaba Pasternak aThe Paris Review” – lo esbozan  los poemas que acompañan al libro. Esa es una de las razones por las que yo decidiera publicarlos junto con la novela. También están ahí para darle a la novela más cuerpo, más riqueza. Por la misma razón utilicé el simbolismo religioso: para darle calor al libro (…) Uno debe vivir y escribir sin descanso, con la ayuda de las reservas que la vida ofrece (…) La vida en torno nuestro cambia constantemente, y yo creo que uno debe tratar de cambiar su propia visión en forma correspondiente… cuando menos una vez cada diez años (…) Cuando escribí “El doctor Jivago” sentí que tenia contraída una deuda inmensa con mis contemporáneos. Fue un intento de pagarla (…) Yo quería dejar una constancia del pasado y honrar en ese libro los aspectos hermosos y sensitivos de la Rusia de aquellos años”.

(Pequeña evocación con motivo de los cincuenta años del estreno de la película “El doctor Jivago”, basada en la novela)

 

Pasternak-unng- museo de Boris Pastrnak en Peredelkino- wikipedia

 

(Imágenes.- Boris Pasternak y su hermano Alejandro hacia 1905.-pintura de Leonidas Pasternak/.- 2 y 3.-Pasternal en Peredelkino- 1958- foto Cornell Capa) / 4.- museo de Boris Pasternak en Peredelkino- Wikipedia)

GUERRA Y LITERATURA

 

ciudades.-5hy.-guerra.-Richard Petersen.-Dresde,--.ataque aérero del 14 de febrero de 1945

 

Releyendo el libro de William L ShirerAuge y caída del lll Reich”, se da uno cuenta de la importancia literaria que tuvo la Segunda Guerra Mundial, como por otra parte la tendrían – y la seguirán teniendo – todas las guerras. El día 1 de septiembre de 1939 penetraban las tropas alemanas por las fronteras de Polonia: “Por la mañana, a la hora del desayuno, – escribe Jünger ese día en su “Diario de guerra y de ocupación” – , el camarero me preguntó, con un gesto significativo, si había oído las noticias del día. Decían que habíamos entrado en Polonia. Durante el día, mientras atendía mis ocupaciones, fui enterándome de las otras nuevas que confirmaban que había estallado la guerra, también con Francia e Inglaterra. Por la noche, breves comunicados, disposiciones, oscurecimiento de la ciudad”.

 

guerra-brrg-Werner Bischof- Alemania- mil novecientos cuarenta y cinco

 

Dos días después, el 3 de septiembre, Saint-Exupery era movilizado en Francia. Cuando su avión sobrevuele Arras, ocupada por los alemanes, escribirá en “Piloto de guerra”: “A pesar de los setecientos metros, esperaba. A pesar de los parques de tanques, a pesar del fuego de Arras, esperaba. Esperaba desesperadamente. Retrocedí en mi memoria hasta la infancia, para tener de nuevo el sentimiento de una protección soberana. No hay protección para los hombres. Cuando has llegado a hombre, te dejan ir…”

 

guerra-uuuu-Dessau- mil novecientos cuarenta y cinco- Cartier Bresson

 

“Entre nosotros dos – le escribe a su vez Joseph Roth a su amigo Stefan Zweig en 1934 – se abrirá un abismo mientras usted no haya roto ” interiormente” con Alemania. Preferiría que usted combatiera contra ella con todo el peso de su nombre”.  Cartas y Diarios se cruzan con ametralladoras y bombas. No solo la literatura dejará testimonio de las guerras sino también las manchas de la pintura, los trazos de Picasso, las extremidades a veces retorcidas de la escultura, los réquiem musicales. Las guerras serán observadas y sufridas por los artistas, los ojos vacíos de los cadáveres quedarán reemplazados por los ojos precisos de

 

guerra-vvffy-Dessau- mil novecientos cuarenta y nueve- Henri Cartier Bresson

 

quienes dan testimonio en cuadernos y en lienzos. Cada uno en su sitio, todos de algún modo darán testimonio, Heinrich Mann y Thomas Mann, Camus,Vercors…; Hemingway vería la liberación de París, otros se embozarían en la ResistenciaHitler no podía imaginar que sus actos de agresión políticos y militares dejarían un rastro literario tan abundante.  Toda guerra los deja. Se abren las cartas, se hojean los Diarios, se sumerge uno en las novelas y allí están la paz y la guerra ensambladas – todas las paces y las guerras, con sus escaramuzas, traiciones y heroísmos dejando la marca literaria en el fluir de la Historia.

 

guerra- vvrty- Dmitry Beliakov

 

(Imágenes.- 1.-Richard Petersen- 1945/ 2.-Werner Bischof- 1945/ 3.-Cartier Bresson- 1949/ 4.- Dmitry Beliakof)

VIEJO MADRID (58) : VIVENCIAS Y RECUERDOS (3)

 

ciudades,.tbyyu,--.Madrid 1950.-Francesc  Català-Roca

 

El olvido intenta recuperar estos recuerdos de los que de vez en cuando estoy hablando aquí – ese despachito madrileño de la calle de Raimundo Lulio – y el recuerdo me lleva también hasta poemas que mi abuelo materno escribió a los 21 años. Nunca me habló él de su infancia ni de su orfandad. Quizá porque era Ortiz de Pinedo sencillo y humilde  y porque a un nieto no le interesen demasiado tales cosas. Tampoco me habló de la guerra. De cómo vivió la contienda en mi compañía más de tres años en aquel pequeño piso del barrio de Chamberí en el marco de un ejercicio heroico y devoto de abuelo dedicado a nieto. Tuve que enterarme después –por evocaciones directas de mi padre – de cómo una tarde de julio de 1936 (tenía yo entonces cinco meses) me llevaron mis padres, huyendo de las bombas que asolaban la Gran Vía de Madrid, desde la casa donde yo había nacido –  en la calle de Fuencarral  – hasta la casa de Raimundo Lulio. Allí me quedé más de tres años, en aquel pasillo de poesías y novelas, acunado por el estruendo de los proyectiles fulgurantes, atenazado por la potencia de los obuses, sobresaltado y preocupado siempre José Ortiz de Pinedo por su nieto; yo, en cambio, – como todos los niños del mundo – ignorante de toda contienda, correteando feliz primero por aquel pasillo y luego por la cercana plaza de Chamberí. Desde julio de 1936 a octubre de 1939 mi abuelo el escritor bajaba casi de madrugada entre los estampidos y las sirenas de las alarmas a hacer cola con los atemorizados madrileños hasta conseguir un bote de leche condensada para aquel niño que hoy escribe esto.

 

Madrid-unnhy-bomba en la Gran Vía- guerraenmadrid- por A Vargas- fuente AHM - SIPM

 

Por eso cuando Cansinos Assens, en su obra “La novela de un literato glosa a Ortiz de Pinedo – frecuentemente le llama Pinedo o Pinedito (como lo llamaba Villaespesa) – y, enlazándolo con su amistad con Emilio Carrere, habla de Pinedo como “aquel joven apocado que, no sin razón, se creía enfermo del pecho y lamentaba de antemano su muerte prematura “Es trágico – decía – morir así: solo, como un suicida. Yo querría morir de un modo solemne, patriarcal, en un lecho que rodeasen mi mujer, mis hijos y mis nietos, a los que bendeciría con mis brazos trémulos, y así extinguirme, dulcemente, como se pone el sol…”, hay que recordar a este otro Ortiz de Pinedo que tiene 56 años en plena guerra española y que se lanza “sin ningún apocamiento” cada madrugada, cercado por la angustia y por el hambre, pero sobre todo por la responsabilidad, en busca de la leche condensada que será la supervivencia de los suyos.

 

Cansinos Assens-vgt- abc es

 

Mis padres – por esos destinos de la Historia – habían conseguido salir de Madrid  y se encontraban, tras muchas vicisitudes, en Zaragoza. Yo me había quedado con Ortiz de Pinedo (y con mis otros abuelos paternos) en Madrid, un Madrid sitiado, un Madrid de refugios subterráneos, un Madrid  – que como todas las guerras del mundo – quizá ya es mejor no evocar. Pero en ese Madrid y a los 56 años mi abuelo ya había publicado, además de “Canciones juveniles”, Poemas breves” en 1902, Dolorosas en 1903, “Huerto humilde en 1907, “La jornada” en 1914, “El retablo de Don Quijote” en 1921. Eso en cuanto a poesía, y había entregado también al público diversas novelas a lo largo de los años anteriores a la guerra y numerosas narraciones aparecidas en en “El cuento semanal” o “Los contemporáneos”, como igualmente su aportación a los volúmenes dedicados a “Los poetas y a “sus mejores versos” (con prólogos a textos de Cervantes o de Alfonso Reyes) .

 

Ortiz de Pinedo- nnyu- El cuento semanal. marelibri com

 

Anoto todo esto como mero recuerdo aunque nunca se sabe si la aportación de un nieto pueda tener algún valor. Los prismas diversos desde los que se ven las figuras de las letras y las artes por sus familiares cercanos adquieren una densidad distinta y proporcionan siempre una peculiar iluminación. Pienso en los numerosos testimonios que rondan en torno a muchos escritores del mundo, sean ellos grandes o menores. Cada uno de esos recuerdos siempre descubre diversas facetas del personaje. No recordaré aquí más que algunos ejemplos entre muchos que podrían citarse sobre este aspecto de los testimonios familiares. Pienso, en el campo de la literatura alemana del siglo XX, las cruzadas opiniones que sobre el perfil de Thomas Mann han suscitado muchos miembros de su familia: hijos, hermanos, pero sobre todo – para mí muy queridas – las versiones de la mujer del gran novelista – Katia Mann – en sus “Memorias”. Pienso también en las opiniones dadas, dentro de la literatura rusa del XX, sobre el modo de ser de Alexander Solzhenitsyn: una, la de su primera esposa, Natalia Reschetovskaya, cuando el escritor ya ha dado a conocer “La vida de  Iván Denisovich” y “La casa de Matriona”; otra, la de su esposa segunda, Natalia Svetlova, cuando Solzhenitisyn vive en Estados Unidos. Podrían añadirse igualmente -ya en la narración corta norteamericana – las dos aportaciones que sobre el gran cuentista Raymond Carver hacen también, por un lado su primera mujer, Maryann Burk – en plena ebullición del alcoholismo del autor –, y por otro su segunda mujer, Tess Gallagher. En el campo español, los testimonios son asimismo innumerables; sólo por referirme a uno, anotaré aquí los recuerdos de Zenobia Camprubí en su libro “Vivir con Juan Ramón”.

 

Berlin, Thomas Mann mit Gattin

 

¿Qué quieren decir esos testimonios, vivencias y recuerdos? Que los enfoques de los familiares hacia las figuras de las artes o las letras proporcionan generalmente una nueva variante: se les ve a los escritores y a los artistas de modo cercano, a veces envueltos en su clima de intimidad, y siempre desde un ángulo distinto. En el caso de Ortiz de Pinedo yo sigo sentado ante él en este despachito de pantalla verde y cortinas azules de Raimundo Lulio, a ver qué me cuenta de la vida pasada, pero este hombre menudo, de lentes alados sobre la cumbre de la nariz, no me habla de la guerra – él, que ha bajado por esas escaleras  en busca de alimento para su nieto – y tampoco mucho de su obra, esa larga aportación minuciosa de sus manuscritos en prosa y en verso, sus tenaces y continuas gestiones para publicar aquí y allá, enviando sus cosas a “Blanco y Negro y a “La Ilustración”, y, – como recuerda Cansinos Assens -, “ que siempre andaba a la busca de un editor propicio”. Tampoco de sus colaboraciones en la mejor revista del modernismo, Helios”- como evoca Ricardo Gullón en sus “Direcciones del modernismo”- , aquella Revista que empezó a publicarse en 1903 y seguiría con sus catorce números hasta 1914, la Revista en la que Ortiz de Pinedo es compañero con sus escritos de Jacinto Benavente, Angel Ganivet, Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado, Ramón Pérez de Ayala, Juan Ramón y tantos otros, entre ellos de Emiliano Ramírez Ángel, a quien mi abuelo conoció mucho. De eso no me habla Ortiz de Pinedo y de eso me enteraré yo después.

(una pequeña evocación familiar y literaria – y también madrileña – que de vez en cuando continuará…)

 

Emiliano Ramírez Angel- grd- Ramírez Angel con Galdós y Victorio Macho- abc es

 

(Imágenes.-1.-Catalá Roca- Madrid 1950/ 2- bombas en la Gran Vía de Madrid durante la guerra- guerraenmadrid- A Vargas- fuente AHM (SIPM)/ 3.- Rafael Cansinos Assens.- abc es/ 4.-portada de una novela de “El cuento semanal”-marlibri com/ 5.- Katia Mann y Thomas Mann en Berlín-1929-wikipedia/ 6.-Emiliano Ramírez Angel, con Galdós y Victorio Macho– abc.es)

 

 

 

GÜNTER GRASS

Gunter Grass- web de

 

” Yo soy un autodidacta declarado – decía Günter Grass en1978 -Fui un joven inculto o cultivado solamente en parte. A los quince años se acabó la escuela, y cuando empecé a trabajar seriamente en manuscritos bastante largos, ni siquiera dominaba la ortografía alemana. La primera versión de una de mis novelas, reencontrada por un germanista inglés y que he vuelto a ver unos años más tarde, está llena de faltas de ortografía. A veces tengo la impresión de haber aprendido ortografía cultivándome a mí mismo por la escritura.

La ventaja de las personas que no han hecho el bachillerato es que lo preparan el resto de su vida. Se esfuerzan continuamente por colmar esa laguna mientras que otros que han pasado el bachillerato o incluso un doctorado – estoy generalizando – se quedan a ese nivel de ciencia y entonces se establece cierta complacencia, son personas “acabadas”. Yo nunca he estado expuesto a ese peligro. O sea que mi curiosidad, mi sed de ciencia, mi necesidad de saber, se han conservado. Todo lo que sé y todo lo que necesito para mi modo de existencia lo he conquistado con mi propio trabajo, con el esfuerzo diario.

 

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(…) Soy un trabajador muy lento, necesito concentración, mi verdadero trabajo de escritura y dibujo cada vez con mayor frecuencia es en mi casa del campo, donde puedo estar semanas enteras sin dejarlo (…) Mi concepción de la literatura es que los libros deben suponer para el lector una doble exigencia divertida: divertir y exigir su atención. Todo mi esfuerzo tiende a no comunicar al lector la pena, el cansancio, la conocida desesperación que te dominan ante tus propios asuntos. No me gustan, en consecuencia, los libros en que se pueda descifrar el esfuerzo de su génesis u oler el sudor del trabajo (… ) El estilo de un escritor es su signo personal, la marca. Para mí no se trata de un criterio. Thomas Mann de principio a fin, desde sus primeras manifestaciones en prosa, ha poseído y desarrollado su estilo. Prefiero a autores como Alfred Döblin, a quien estimo tanto como a Thomas

 

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Mann, si no más. De libro en libro, ha ido poniendo en tela de juicio su propio estilo con nuevas tentativas, hasta el punto de que no se puede reconocer en él un estilo continuo en el sentido clásico. Esto no sólo lo considero posible sino necesario.

(…) Creo que el artista tiene una concepción del progreso distinta… si acaso la tiene. Para el artista, Beethoven no representa un progreso respecto de Bach, un poema de Apollinaire no es un progreso respecto a Hölderlin, por más que en nuestro siglo algo así como una noción de progreso se haya introducido en el arte a través del concepto falso y engañoso de “vanguardia”. Vanguardia: es interesante observar que se trata de un término militar. Una obra que hace dos o tres años pasaba por moderna, de “vanguardia”, se ve manipulada por los traficantes del arte, es arrojada a la basura con el pretexto de que ya no es in, de que está

 

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pasada de moda. Y sin embargo, para quien sabe ver, para quien sabe escuchar y leer, es evidente que Montaigne vuelve a ser especialmente actual porque nos lleva a los inicios de la Ilustración. Hasta hoy no se ha podido demostrar que la música de Mozart haya sido superada por cualquier otro músico o que se haya quedado pasada de moda. La idea de desarrollo, la intemporalidad de las artes, son conceptos, en el fondo, más dignos de confianza y más humanos que ese vulgar concepto de progreso que determinó poderosamente al siglo XlX y también al nuestro y que nos ha conducido al umbral en que la razón se convierte en locura. El lenguaje continúa siguiendo las vías de la razón, pero los resultados son irracionales”.

(pequeñas anotaciones sobre Günter Grass, que acaba de fallecer)

Descanse en paz.

 

Günter Grass- bgrb- elpais com- foto Bernardo Pérez

 

(Imágenes.-1.-web.de/ 2.-bz.berlin.de/ 3.-lasdosorillas. co/ 4.-dw- de/ 5.- Günter Grass dibujando en su casa- foto Bernardo Pérez- elpais.com)

 

UN ESPACIO INTERIOR

 

interiores-bhy-ventana- Josef Sudek- mil novecientos cincuenta

 

“Por la mañana me levanto con el sol y me voy a un bosque mío que estoy haciendo talar – le escribía Maquiavelo a Francesco Vettori en diciembre de 1513 – Una vez salido del bosque me voy  a una fuente (…) Por la carretera me dirijo a una posada, hablo con los que pasan, les pido noticias de sus tierras (…) Cuando cae la tarde, vuelvo a casa y entro en mi estudio; en la puerta me quito la ropa de todos los días, llena de barro y suciedad, y me pongo un traje de rey o cortesano; vestido decentemente entro en las cortes de los antiguos, donde, afablemente recibido por ellos, me alimento de esos manjares que son los míos, y para los que nací; y allá no me avergüenzo de hablar con ellos, ni de preguntarles las razones de sus hechos; y ellos me responden con humanidad; y durante cuatro horas no siento ningún tedio, me olvido de toda preocupación, no temo la pobreza, ni me espanta la muerte: me identifico totalmente con ellos”.

 

interiores-ugvv-silla- Erich Hartmann- mil novecientos setenta y cuatro

 

Es este el espacio interior que construye Maquiavelo, como lo construirá también Pascal y tantos otros. En tal ambiente íntimo se lee o se relee, se escribe y se medita. Siempre será necesario ese espacio personal para hombres y mujeres – esa independencia -, pero no siempre se consigue. Al hablar de los creadores y de sus distintos espacios interiores – los que de un modo u otro ellos han construido – quise evocar en “El ojo y la palabra”:

” Lo esencial es aprender a escribir en cualquier parte, con incomodidades o comodidad, con mucho o con poco tiempo, a horas distintas, en lugares diversos, en lugares creados por uno mismo, aprovechando retazos del día o de la noche, redactando de pie, en un atril, por problemas de espalda (como Hemingway), o viajando en tren a Chicago, escribiendo el capítulo catorce de Doktor Faustus (como hace Thomas Mann). Naturalmente no en todas partes se puede uno concentrar ni todos los sitios son los más indicados para trabajar de un mismo modo, pero en el arco de un proyecto o en las etapas de un proceso creador hay

 

interiores.-4vbbn.-William MacGregor Paxton.- 1969-1941

 

una fase para los apuntes y esbozos, otra para urdir las historias y sus claves, otra para bautizar personajes o trazar fechas y árboles genealógicos, otra para ampliar, reducir o modificar escenas, otra para pulsar y abocetar estilos que parecen incipientes y toscos pero que al fin madurarán y quedarán, y así podríamos seguir casi infinitamente atravesando las labores de invención y de observación, las habitaciones de cocción y de ajuste, los pasillos de la paciencia y de la perspectiva que, muy poco a poco, nos llevarán hacia el final. Ese célebre párrafo de El Quijote ‑Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía.. no hay que aplicarlo sólo a la dedicación a la lectura (con ser ésta capital e importante), sino también a la dedicación a la escritura, mejor dicho, a la lectura y a la escritura a la vez, y entonces es como si ese capítulo IX de la Primera parte de El Quijote nos dijera: … y como yo soy aficionado a escribir aunque sea en los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación…, y uno prosiguiera diciendo: escribí en cualquier parte, tomé notas, apunté ideas, hice esbozos, redacté diálogos, perfilé personajes…, en fin…, escribí siempre, donde pude y en cuanto pude.

 

lectura-bhhi-interiores- Edmund Tarbell- mil novecientos nueve

 

Los ejemplos son numerosos. Juan Rulfo llevaba en el bolsillo una serie de papelitos verdes, blancos y azules en los que anotaba ‑decía él‑ lo que le dictaba alguien por la calle, cuando salía de su empleo. Al llegar a casa pasaba esas anotaciones a limpio. Así ‑proseguía‑ surgió Pedro Páramo. Es decir, así surgió el germen del sencillo lenguaje hablado en la obra de Rulfo. Esos papeles en que se apuntan cosas diversas, esos pliegos contenidos en una carpeta ‑pues todo eso se abarca en la palabra cartapacio‑es lo que llevaba Stravinsky en sus viajes en avión. En todos sus viajes, tiene siempre a mano ‑cuenta Robert Craft‑ papel pautado, o bolígrafos y papel sin rayar (…) Cualquier trozo de papel, un sobre de carta, el dorso de un menú o de un programa, una servilleta, el margen arrancado de un periódico, todo le sirve para sus anotaciones, y por ello las páginas de las agendas a las que tiene pegados tales bosquejos presentan el aspecto de collages. Stravinsky pone la fecha a cada uno de estos esbozos y hace uso de lápices de colores, debido a que, según dice, si no se hace así resulta muy difícil comprobar los errores, aunque, evidentemente, en el fondo hay algo más que esto, siendo en realidad la manifestación de una poderosa compulsión psicológica que le obliga a ser ordenado.

 

interiores-yvvd-Henry Alexander

 

Todo esto quiere decir que Stravinsky, como tantos otros artistas y creadores, inventa un espacio personal por encima de las paredes físicas y de la habitación propia. El tema ‑la necesidad‑ de tener una habitación propia ‑(esencialmente para la mujer, pero no sólo para la mujer, sino vinculada al quehacer del escritor o del novelista)‑ fue una constante en Virginia Woolf que con ese mismo título publicó un libro en 1929. Si es que podemos profetizar ‑señalaba‑, en el futuro las mujeres escribirán menos novelas, pero mejores, y no sólo escribirán novelas, sino también poesía, crítica e historia. Pero, al decir esto, estamos mirando a lo lejos, a esa dorada y quizás fabulosa época en que las mujeres tendrán lo que durante tanto tiempo les ha sido denegado: tiempo libre, dinero, y un cuarto para ellas. Tres años antes había comentado: [El novelista] debe enfrentarse con la vida, debe arriesgarse a que la vida le haga víctima de sus engaños y le desoriente, debe arrancar su tesoro a la vida (…) Pero, en determinado momento, ha de alejarse de la sociedad, y retirarse, solo, a esta misteriosa habitación en la que su cuerpo se endurece (…)  En una de sus cartas confesaba: cómo me gustaría tener un cuarto enorme para mi sola, sin otra cosa que libros, donde poderme encerrar, y no ver a nadie, y leer hasta encontrar la tranquilidad.

 

interiores-nhyy-Vilhelm Hammershoi

 

 

Pero como Stravinsky con sus servilletas en los aviones ‑aprovechando retazos de tiempo y no esperando a las comodidades‑ el Diario de Virginia Wolf está lleno de anotaciones como ésta: tengo exactamente 5 minutos antes de la cena… (17 de septiembre de 1928); así que puedo llenar la media hora antes de la cena escribiendo (22 de agosto de 1929). Y preocupada por su cocina: Pero lo que me interesa, por supuesto, es mi cocina de petróleo (…) En este momento se está haciendo mi cena en los platos de cristal, perfectamente espero, sin olores, desperdicio ni confusión; uno gira los mandos y hay un termómetro. Y así me veo más libre, más independiente ‑y toda la vida es una lucha por la libertad‑, capaz de venir aquí con unas chuletas en una bolsa y vivir sola. Repaso los platos que prepararé, los ricos estofados, las salsas. Los arriesgados platos extraños con un toque de vino. (…) Ayer por la mañana empecé otra vez Las falenas [Las olas], pero ése no será el título. Y varios problemas claman enseguida pidiendo una solución. ¿Quién lo piensa? ¿Estoy yo fuera del pensador? Se necesita un recurso que no sea un truco. (…) Ahora debo irme a ver cómo mi cocina hace el jamón. (25 de septiembre de 1929).

Por tanto, ella escribe en su habitación ‑(mi nueva habitación tiene ya un metro de altura y los marcos de las ventanas están puestos; bastante horrible, porque tapa el tejado del garaje y los “downs”, ambas vistas más agradables de lo que yo pensaba) (Diario, 5 de noviembre de 1929) ‑o escribe en la cocina o en cualquier parte”.

 

escritores.-85fo.-Virginia Woolf.-Gisèle Freund.-1939- Galería Nacional de Retratos. de Londres.-foto.-los Bienes de Gisèle Freund, por cortesía de la Naional Portrait Gallery.-Londres

 

 (Imágenes.- 1.- Josef Sudek.-1950/ 2.-Erick Hartmann- 1964/ 3.-William McGregor Paxton– 1969/ 4.-  Henry Alexander/5.- Vilhelm Hammershoi/ 6.- Virginia Woolf- Gisèle Freund- 1939.-Galería de retratos de Londres- foto: los bienes de Gisèle Freund– por cortesía de la National Portrait Gallery) 

PRIMEROS DÍAS DEL AÑO

escritores.-ttgb.-Virginia Woolf, Vanessa Bell, Maynard Keynes, Angelica Bell y Clice Bell

 

“Ayer volvimos de Rodmellescribe Virginia Woolf en su “Diario” el 2 de enero de 1923 -, y hoy tengo uno de mis días más negros, como las enfermeras acostumbran a llamarlos. ¿Cómo y por qué me pongo así? Quizá sea por el deseo de tener hijos, y de vivir como vive Nessa; de tener la impresión de que las flores brotan a mi alrededor espontáneamente (…) Entonces mi incurable romanticismo me sugiere una imagen de mí misma avanzando sin cesar, sola, a través de la noche; sufriendo en lo más hondo, estoicamente, luchando por abrirme camino hasta el fin (…) No hay que pensar nunca que las cosas que uno no tiene no valen la pena. Un buen consejo, creo. Y luego añadí: hay que querer las cosas por sí mismas; o, mejor dicho, hay que evitar que afecten nuestra vida personal. Hay que arriesgarse por las cosas que existen independientemente de una misma. Pero esto es muy difícil, incluso, para una mujer joven”.

 

Virginia Woolf

 

“Esta inmensa hoja inaugura un nuevo año, con un nuevo sistema. – confiesa el 3 de enero de 1940 – Escribir al anochecer, junto al fuego, en vez de hacerlo deprisa y corriendo al final de la mañana. Así espero mejorar mi letra y que el contenido sea más sólido. Pues, si no consigo darle más consistencia a este libro (estaba escribiendo su “Roger Fry“) , no tendrá interés ni siquiera para la anciana que lo hojeará.

Hemos salido a buscar un sitio para patinar. Este invierno es glacial – no recuerdo a cuántos grados llegamos una noche, creo que fueron 15 bajo cero – ayer un sol italiano, y nieve, blanca y dura; y la calle como cristal; el carnicero diciendo que estaba harto. Lo entiendo muy bien: el pobre tiene que estar en la tienda cortando chuletas a las seis de la tarde.

Me siento agobiada y aturdida de tantas ideas como se me ocurren. Todos esos cucos echando del nido al pájaro viejo.-Y aquí llega Leonard”.

 

pintores.-3dvvb.-Delacroix en 1852.-Victor Laisné

 

“¿Desgraciado! ¿Qué se puede hacer de grande, en medio de ese trato eterno con todo lo que es vulgar? – escribe Delacroix en su “Diario” el 4 de enero de 1824 – Piensa en el gran Miguel Angel. Aliméntate con las bellezas grandes. Siempre me veo alejado de su estudio por distracciones estúpidas. Busca la soledad. Si tu vida es ordenada, tu salud no sufrirá por ese aislamiento”.

 

escritores.-2sw.-Thomas Mann.-1948.-por Yousuf Karsh

 

“Tiempo sombrío, brumoso y fresco –escribe Thomas Mann el 1 de enero de 1950 – Café con Katia. Hemos hablado de la situación de hace diez años. Este va a ser uno de mis años plenos, donde yo cumpliré 75. “Los Buddenbrook” aparecieron hace 5o años y “La Montaña mágica” hace 25. He continuado trabajando tranquilamente en mi capítulo. He dado un pequeño paseo. Me he ocupado de libros y de revistas. Por la tarde, he escrito a diversas personas de Europa y he puesto a punto mi correspondencia. Por la noche, experiencias con el aparato para grabar que han estado parcialmente coronadas de éxito”.

 

 

Jünger-ubbbnn- Ernst Jünger-www vebidoo de

 

“El nuevo año ha comenzado con cielo azul y con sol – escribe Ernst Jünger en su “Diario” el 1 de enero de 1945 -. Muy pronto se ha cubierto la bóveda celeste de escuadrillas de aviones que ejecutaban sus complicadas maniobras bajo un intenso fuego. Entre los proyectiles era posible ver algunos que quedaban suspendidos en el aire como copos ardientes. Nuestra casa ha sido sobrevolada algunas veces en línea recta, las escuadrillas pasaban sobre ella cual rastrillos letales (…) Estamos acercándonos al remolino más interno del Maelström, a la muerte casi segura. De ahí que tenga que prepararme, que equiparme interiormente para pasar al otro lado, al lado luminoso del Ser, y hacerlo con libertad, no forzado, sino con un asentimiento íntimo, con una expectación tranquila ante la puerta oscura. Sin dolor he de dejar mi equipaje, mis tesoros. Pues sólo son valiosos por cuanto habita en ellos una relación con el otro lado”.

Primeros días del año en lugares, personas y siglos distintos: Esperanzas. Ilusiones.  Anhelos. Vivencias. Propósitos.

¡FELIZ  2015 !

 

cielo.-87bbg.-Yajuro Takashima.-Mangestsu 1963

 

(Imágenes.-1.-Virginia Woolf, Vanessa Bell, Maynard Keynes, Angelica Bell, Clive Bell/ 2.-Virginia Woolf.-por Gisele Freund/3.- Eugene Delacroix- por Victor Laisné- 1852/ 4.-Thomas Mann.-por Yousuf Karsh.- 1948/ 5.- Ernst Jünger/ 6.-Yajuro Takashima – 1963)

 

PASEOS DE ESCRITORES

paisajes.-uy78.-paseos.- Fulvio Roiter.-Brujas.-1959

Cotidianos paseos de Thomas Mann como él así lo anota en sus “Diarios” ; paseos también de W.G. Sebald ; paseos siempre de Robert Walser. Varias veces he hablado de tales paseos en Mi Siglo.  En el caso de Julien Gracq, el excelente escritor francés, profesor de geografia, enamorado de la geología y de la Historia, recluido al final de su vida en su villa natal de Saint-Florent- Le – Vieil, los paseos podrían extenderse “a lo largo del camino” – tal como reza el título de uno de sus libros, (Acantilado) – y sus pisadas saldrán de los libros hacia la naturaleza para volver luego, a media tarde, desde la naturaleza hasta los libros. ” Aquí domina el abedul – va caminando y diciéndose Julien Gracq en sus “Capitulares” (Días contados)-, silueta más grácil contra el cielo que la de ningún otro árbol, unida a castaños aislados, a la rica vegetación amarilla, salpicada de rosetas más claras, a bosques de abetos jóvenes aún; acá y allá un roble de Ruysdaël estira a gran distancia la tienda sombría de sus ramas bajas; entre los troncos espaciados, el brezo siembra por doquier de flores moradas una felpa seca, algo así como una esterilla asurada y flameada; las veredas húmedas y verdes, abiertas para los cazadores en el monte bajo, desaparecen sumidas en el temblor de los helechos casi arborescentes. De

paisajes.-4eedv.-Beacon Fell

trecho en trecho, un sembrado de centeno o de maíz, henchido como un atolón que golpea la resaca de las malas hierbas y que defiende escasamente de la caza su barrera de rejilla metálica y su guardia mayor de espantapájaros. Saliendo casi de debajo de los pies, salpica por todos lados, en las revueltas de los senderos, la recia bofetada de las alas de los faisanes, que resuellan y roncan como una motocicleta al arrancar; al compás del trotecillo oscilante y mecánico de los conejos se sacuden y destellan a través de la hierba esos traseros menudos y cándidos; las ardillas flotan y se devanan de rama en rama,

paisajes.-t6ggn.-Albert Renger-Patzsch.-1936

como flexibles boas de plumas pelirrojas, casi inmateriales; los erizos revuelven con el hocico, despaciosos y sagaces, la alfombra de hojas secas. Todos los paseos – y el sendero serpenteante desconcierta enseguida y desvía del mundo habitado – se convierten en una escapada maravillosa al mundo de las fábulas, por donde avanzamos con el corazón un tanto palpitante por las revueltas de todas las sendas; el paso del hombre entre las criaturas silvestres no propaga aquí, a muy corta distancia, sino una ola de alarma muy débil que se cierra en el acto a sus espaldas igual que una estela en la mar.”

Los pies de los escritores parecen palabras y el rumor de las palabras va pisando las hojas de prosa, las acaricia a la vez, y la voz camina sobre el silencio de la naturaleza.

(Imágenes:- 1.-Fulvio Roiter.-Brujas.-1959/2.-Beacon Fell/3.-Albert Renger-Patzsch.-1936)