A LO LARGO DEL CAMINO

A lo largo del camino de los libros, a lo largo del camino de los árboles que nos acercan hasta las ciudades, a través de lecturas sosegadas y por el sendero de apuntes cotidianos y minúsculos, así han llegado a las librerías dos volúmenes excepcionales, uno de un francés – el excelente Julien Gracq – y otro de un italiano, el gran novelista Giorgio Bassani. Los dos llevaban años rondando con su pluma a pequeñas urbes escondidas, el primero paseando por los recovecos de Nantes, el segundo por las callejuelas de Ferrara. “Se sabe que la forma de una ciudad cambia más rápidamente que el corazón de un mortal”, escribió Gracq en La forma de una ciudad (Anábasis). Por su parte, Bassani decía de Ferrara que “son menester demasiadas vidas para hacer con ellas una sola”.
Las ciudades pequeñas con sus nieblas y sus escondites, con los recuerdos asomando a los portales de la infancia, con sus amores primeros, sus colegios segundos, sus terceras decepciones, recorriendo la memoria la ruta de los descubrimientos, las postales amarillas, los adioses prolongados, van quedando en nosotros con sus calles cruzadas y sus desiertas plazas, y las torres, las catedrales y los ríos corren y recorren los años que en ellas estuvimos, las cosas que olvidamos y que aprendimos, aquella sonrisa de niño en la primera foto familiar, aquel llanto desconsolado al descubrir la soledad.
Esas ciudades menores pero tan queridas, minúsculas en los mapas, capitales del corazón, los escritores las visitan en sueños, con la pluma en la mano. Así lo hizo Bassani al adentrarse en El jardín de los Finzi-Contini, aquellos parajes de la acomodada comunidad judía que ahora recoge en La novela de Ferrarra (Lumen), crónica familiar de una ciudad. Así lo hace también Julien Gracq en A lo largo del camino (Acantilado), pero Gracq aquí ofrece más que paseos por Nantes, paseos por lecturas y paisajes, árboles, páginas, apuntes, senderos, observaciones, reflexiones. Nos va llevando despacio y a su lado por cuanto ha leído en el silencio de una habitación y por cuanto vio desde su ventana. Al otro lado de su contemplación está el silencio de la ciudad de provincias, la memoria nos evoca el conocimiento y el conocimiento nos lleva hasta el interior.