"NOSTHALGIA"

Casi al fnal de la gran película “Nosthalgia” de Tarkovski, un hombre intenta proteger la llama de su vela encendida atravesando el agua con enorme cuidado, amparando la luz del menor vientecillo, cobijando en el cuenco de su mano ese pálpito luminoso, la idea interior, sus convicciones, la pequeña lengua dorada que crece iluminando su vida. Es una secuencia memorable. Al hombre, una levísima ráfaga de viento, apenas un soplo, le arrebata la luz, la devora, y en una imagen de admirable belleza el hombre vuelve atrás decidido, y retornando al punto de partida, recomienza otra vez su peregrinación. Enciende su vela por segunda vez y recorre de nuevo lentamente el pasillo del agua, el agua estancada de las costumbres y de las tentaciones, sus pantalones avanzan mientras se empapan de húmedas distracciones, sus manos – ahora las dos – cubriendo el cuerpo de la llama. Aún se apaga la vela por tercera vez y es la tenacidad del hombre la que vemos en la pantalla, en la vida, la tenacidad de una existencia que recomienza impasible con el chasquido de su voluntad encendiendo la vela nuevamente y floreciendo la llama diminuta, una llama tan frágil que las manos y los ojos y el corazón la protegen y cubren mientras vuelve a avanzar muy despacio, casi temblorosamente, en un prodigio de inestabilidad, en un ejercicio de inaudito equilibrismo sobre las aguas.
Eso hace Tarkovski en esta película ejemplar. Es lo que vemos siempre, cuando al final del recorrido de una existencia colmada, tan atraída por todas las nostalgias, nos asombra que siga intacta esta vela encendida que ya está a punto de ser apagada.