EL AMOR ME ESPOLEA

“Amor a un tiempo me espolea y frena — dice Petrarca en su ”Cancionero’ — me asegura y me espanta, arde y enfría,
mima y desdeña, llama y se desvía, ora me da esperanza y ora pena,
y me eleva o me arrastra, y me encadena donde el vago deseo se extravía,
y su sumo placer es agonía,
¡de error tan singular mi alma está llena!”

(Imagen —Russell Ball- Greta Garbo- 1925)

EL LENGUAJE POLÍTICO

“El lenguaje político — decía George Orwell — es una masa de mentiras, evasivas, estupidez, odio y esquizofrenia (…) Está concebido para hacer que las mentiras parezcan verdad y el asesinato parezca respetable, y para dar una apariencia de solidez al puro viento. Uno no puede cambiar esto en un momento, pero puede al menos cambiar sus propios hábitos, y de vez en cuando puede incluso, si se burla de una manera bastante clamorosa, mandar alguna expresión gastada e inútil — algún ”bajo el yugo de…”, ”talón de Aquiles”, ”caldo de cultivo”, ” prueba de fuego”, ” verdadero infierno” u otro desperdicio verbal —al cubo de basura, que es donde debe estar”.

(Imagen — Howard Hodgking)

CIUDAD SIN TIEMPO

“Como en Venecia donde no se oyen ruidos — solamente el chapoteo del agua—, en ciertos lugares de mi país, especialmente al norte, dentro de la calle de mi ciudad, no se oye apenas el pasar del tiempo, el paso de los años, y tampoco se siente el espacio, ese espacio que hay entre los años, tampoco el espacio entre los días ni entre las personas, de tal forma que, como ocurre en Venecia con el agua, el instante perpetuo lo llena todo y parece mentira que así como en Venecia el silencio da la impresión de ser una isla, aquí, entre tantas urbes ruidosas, esta ciudad sea a su vez una ciudad sin espacio ni tiempo, con una sola calle en la memoria, con un niño que está mirando la casa de su abuelo que dicen que murió y un abuelo a su vez mirando desde el balcón a su nieto que le mira y del que dicen que aún no ha nacido.

Son tiempos distintos. Es verdad que en cualquier lugar del mundo eso no ocurriría, y si usted va a Venecia y la atraviesa en góndola bajo el puente de Rialto no pensará en las muchedumbres tumultuosas de Nueva York sino en la seda del agua y en la palmada del remo sobre ella, y en cambio, si se encuentra en esta ciudad de la que hablo, sobre todo a determinada hora de la tarde, verá perfectamente a ese abuelo sentado en el balcón de su casa, que recoge su silla y entorna el ventanal y se dispone ya a salir porque ha visto abajo a su nieto, que soy yo, al otro lado de la calle. No se da cuenta mi abuelo de que está en otro tiempo distinto, un tiempo anterior, no lo piensa, lo pensaría sin duda si estuviera en otra ciudad tumultuosa, en Londres, por ejemplo. Pero aquí, en esta ciudad sin tiempo ni espacio, eso es muy raro, y especialmente ahora, mientras cierro el ventanal y me dispongo a bajar y a cruzar la calle porque he visto a mi nieto que me mira y que me está esperando.”

José Julio Perlado

(Imágenes- : 1- Augusto Giacometti- 1899/ 2- André Kertesz)

CUENTOS QUE NO SE ESCRIBIRÁN NUNCA

“ Los cuentos que se inventan cualquier tarde, cuando los niños se han cansado de dar guerra y las madres zurcimos cuentos— dice la escritora María Luisa Gefaell — son cuentos que no se escribirán nunca y que suelen salir muy bien, porque la expresión de los niños, sus reacciones, van corrigiendo y estimulando la invención—-…, siempre he pensado en la cantidad de imaginación, de invención, de ternura, que derrochan las madres en esas tardes de ”repaso de ropa” con sus niños; incluso madres con muy poca formación literaria o cultural. A algunas madres, en apariencia incultas, les he oído cuentos deliciosos. Y es que los cuentos para niños, los mejores, no se inventan pensando en tomos impresos, en el público; nacen para cada niño, para cada pena o susto o curiosidad de un niño, y nacen de un modo tan espontáneo, tan sincero y generoso, que siempre tienen eficacia. Si he llegado a alguna conclusión en esto de la literatura infantil es precisamente ésta: No se puede inventar un cuento para todos los niños en general, sino para un niño en particular, en un momento preciso… La literatura infantil se escribe desde el niño que aún llevamos dentro. Queda por saber si este niño nuestro, ahí perdido, encogidito, en nuestra persona mayor, con resabios de esa persona mayor y sus lecturas y su experiencia del mundo y su nostalgia, puede encontrar eco el niño nuevo, lleno de valentía y curiosidad, que va a leernos.”

( Imágenes— 1- Emile Levy/ 2- Edith Cusack- 1896- art gallery of new south walles)

EL GERMEN DE JOSEF K.

“El 29 de diciembre de 1899, un mediodía de viernes — cuenta el historiador y biógrafo Reiner Stach en ” Los años decisivos” —-, un jornalero en paro entró en el Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo de Praga a solicitar apoyo económico. Después de un breve examen de su caso, fue rechazado. El peticionario empezó a insultar a voz en cuello a los funcionarios, tiró algunas sillas por la estancia y, cuando debido al ruido inusual entraron corriendo los celadores, sacó una navaja del bolsillo. Hubo que llamar a un policía, y sólo entonces fue posible, uniendo fuerzas, arrebatar el arma al hombre, presa del frenesí. Fue entregado al departamento de seguridad de la dirección de policía, donde se tomaron sus datos personales. El hombre se llamaba Joseph Kafka y procedía del pueblo de Rotof, en la Bohemia central. Como aún no existían normas reguladoras para la prensa, la historia llegó a los periódicos con plena mención del nombre. Hoy, ese hombre se habría llamado ’ Joseph K. ”: un héroe de la sección de Local.

Josef K. : la abreviatura — sigue diciendo Stach —, apareció por vez primera el 29 de julio de 1914, sólo un día después de que Kafka decidiera ” salvarse” acudiendo al trabajo literario (…) En torno al 10 de agosto se le ocurrió a Kafka la idea decisiva. Hizo, como solía, una breve raya horizontal en uno de los cuadernos de sus Diarios para marcar el inicio de un nuevo comienzo y escribió entonces una extraña frase: “ Alguien debía de haber calumniado a Josef K., porque, sin haber hecho nada malo, fue apresado una mañana.”

(Imágenes— 1- estatua de Kafka en Praga por Jaroslav Rona- wikipedia//2–Kafka— elmundo es/ 3- “El proceso” de Orson Welles)

ESCRIBIR QUE NO PUEDO ESCRIBIR

“Escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Soñaba entonces — dice Marcel Bénabou en ”Por qué no he escrito ninguno de mis libros” — con un anonimato cerrado a cal y canto, con un juego sutil de seudónimos que llegaran a despistar incluso al sabueso de más fino olfato de toda esa jauría. Hasta había empezado a desplegar toda una batería de identidades imaginarias, de las que muy pocas han encontrado la ocasión de emplearse hasta la fecha. Mi procedimiento era de lo más sencillo. Concebía cada nombre no como una máscara, sino como una especie de yo experimental que, como un rostro primitivamente poco agraciado en el que la cirugía ha conseguido restablecer cierta armonía, plasmaría de mí unos cuantos rasgos coherentes, aptos para inducir al lector a tener la ilusión de estar tratando con una personalidad original. Habría puesto todos esos seudónimos conjuntamente en circulación por el mundo, como otros tanto globos sonda y habría observado cómo se comportaban (…) Para rodear los obstáculos que me habían detenido hasta entonces, habría necesitado encontrar una manera de escribir que no amenazara con descarriar ni con descubrir a su autor. Una escritura en suma que se engendra a sí misma.”

(Imágenes— 2- Maria Gato – Virginia Milles gallerie/ 2- foto Harold Davis)

CARTOGRAFÍAS

“… En aquel Imperio — escribe Borges— , el Arte de la Cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisfacieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.”
(Imágenes—: 1- Massai- Fernando Vicente Sánchez—bigthink com/ 2- Fernando Vicente Sánchez- bigthink com)

EL PRIMER TÀPIES

“Una noche sufrí una de aquellas crisis — le confesaba Tàpies a Lluís Permanyer recordando las primeras etapas de su vida—: la sensación era la misma que si me mantuvieran la cabeza bajo el agua, y unas extrañas alucinaciones me provocaron la visión de mi cuerpo entero por dentro, pero como si se incluyera también todo el universo. De aquella época tengo los recuerdos más tristes, y fueron los de mayor confusión mental de toda mi vida. Me pasaba las noches en vela.

Tenía diez años cuando un nuevo profesor que nos pusieron en la escuela me gritó en clase que no sabía expresarme y que hablaba tan mal como un albañil. Seguramente era cierto; yo estaba acostumbrado a hacerlo en catalán y no en castellano, como él nos exigió. Siempre he creído que no tengo facilidad alguna de palabra, quizás a causa del bilingüismo o motivado por aquella reprimenda que ciertamente me acomplejó muchísimo. Hasta que comencé a pintar no logré liberarme un poco de ello, y comprobé además que podía así expresarme sin necesidad de hablar.

Convencí a mis padres para que pudiera transformar a mi manera mi dormitorio. A menudo me veía reflejado en aquel armario de luna del cuarto: un joven pálido, ojeroso, sentado en la cama. La mirada parecía honda, y el conjunto era interesante y extrañamente intenso. Además se estaba quieto y era el modelo más barato. No es de extrañar que yo cogiera un lápiz o una pluma y lo copiara. Exageraba a conciencia los rasgos de la cara, sobre todo los ojos, siendo una motivación parecida a la intencionalidad del romántico, en un deseo de incorporar la magia interna del personaje.

Muchos años después, evocando ya 1952, recordaba Tàpies aquel tiempo pasado:” llegué a la conclusión — decía— de que tanto los colores como las formas tenían muchas limitaciones. Llegué a la conclusión de que la mancha azul acabaría por representar el cielo, y una roja, la sangre: la asociación de ideas es inevitable. Trabajé con una intensidad realmente agotadora. Empecé por hacer un arañazo en la tela, luego otro, y otro…, hasta mil. Tales arañazos quedaron como heridas, como cicatrices que testimoniaban mi esfuerzo, la efervescencia de mi obsesión por concretar alguna forma en el cuadro. La obra daba un resultado inquietante a causa de la lucha material que allí se reflejaba. Tenía el aspecto de una pared desconchada o de un viejo pergamino. Descubrí entonces que, cuando en lugar de un solo arañazo se realizan mil, se produce un cambio cualitativo: la obra da sensación de serenidad.

(…) Me negué a trabajar con los colores. Me refugié en el blanco y el negro. Después acabé por descartar incluso esos y trabajé sólo con grises. La tela se había convertido en monocroma. Yo no he sido un pintor abstracto: cada una de mis obras representa siempre algo. Yo no podría realizar un cuadro sin que en él hubiera una imagen, una idea.”

( Imágenes— 1- fundación Tapies/ 2- colección particular/ 3- wikipedia/ 4- Galeria antoni Tapies)

EVOCACIÓN DE LA CLASE

Mi recuerdo baja por estas escaleras de piedra en este enorme edificio gris. Es una Facultad dentro de la Ciudad Universitaria de Madrid. Aquí he pasado gran parte de mi vida. Desde la carretera de La Coruña, a la entrada de Madrid, este edificio no destaca gran cosa. Pueden verse en la noche las figuras de las mujeres de la limpieza inclinándose en las papeleras y empujando los carritos de la basura. Cuando las figuras se van, estos pasillos y estas clases quedan vacíos. Mi recuerdo sigue ahora descendiendo muy lentamente; es mi recuerdo de treinta años el que baja escalón a escalón. Rozo la barandilla, desciendo al primer piso. Largo pasillo. Departamentos. Aulas. Seminarios. Aquí fui profesor. Mis frases y mis comentarios sobre la vida y el periodismo, sobre autores modernos y sobre clásicos, recorrieron estos paseos entre los pupitres, observaban apuntes, reportajes. Lo misterioso de este edificio es que al cabo del tiempo se sigan oyendo las mismas o parecidas voces. ¿ Soy yo el que sigo explicando? Y si no soy yo, ¿ de dónde provienen y de quién son estas voces que ahora oigo?

— Bien. — escucho a lo lejos— . Vamos, entonces, a empezar la clase… .

—- Van ustedes a coger el papel, porque hoy vamos a hacer un ejercicio…

—-Les ruego que tomen bien los apuntes, porque de ellos se examinarán de teoría….

—- Y ahora guarden silencio, por favor, que empezamos…

Veo la mano que toma la tiza y los dedos que aprietan los signos contra el encerado azul. Sé que soy yo el que escribo en la pizarra, y cuando me vuelvo veo otra vez estos rostros y estos ojos que están mirándome desde hace años. Las espaldas de los alumnos se curvan a cada embite de mi explicación y sus espinas dorsales van y vienen tensas y flexibles sobre los apuntes. Siempre me ha impresionado ese movimiento. Es un concentrarse sobre el conocimiento y es un remar al unísono del papel. Reman a la vez que remo yo. Dejo la tiza en el borde inferior de la pizarra y levanto la mano para explicar mejor. Ahora de la palma de mi mano parece que salieran palabras como palomas que a su vez han salido de mi boca y antes aún de mi memoria y que ahora vuelan a refugiarse en los oídos de los alumnos trazando una curva de prestidigitación. Así, mientras yo sigo bajando las escaleras del edificio, oigo el revoloteo de las palabras que cruzaron estas aulas durante treinta años, los años que yo he explicado aquí.
Me despido de Luna al llegar al vestíbulo. Todas las tardes me llevaba un café. Me mira desde el otro lado del cristal del despacho de bedeles y levanta la cabeza.

Aún sigo envuelto en palabras.

— Adiós, don Julio, hasta mañana.— me dice.

—Adiós, Luna — le digo — Y gracias por el café.”

José Julio Perlado

(Imágenes— 1- Rothko/ Rothko 1948)

LA AMISTAD CON LOS VIENTOS

Una de las cosas que he admirado siempre en los chinos de los otros tiempos, leyendo las historias de aquella nación — decía Álvaro Cunqueiro -, es su gran amistad con los vientos. Los árabes del desierto también han sido amigos de estos errantes, pero no como los chinos. El sabio Hsia Yuming llegó a establecer la familia real de los vientos del Noroeste, que soplaban sobre la montaña de las Dos Fuentes, donde se había retirado con su nutria doméstica, su tetera y sus libros y los zapatos de su primera y única esposa, que los llevaba al cuello adornado con flores silvestres, color de la inmensa soledad. Eran cuarenta y dos los príncipes vivos de aquella estirpe, de Oeste a Norte, más un muerto, un fantasma de viento vestido de blanca niebla que acudía dos veces al año, al alba. Yuming amaba, sobre todos, el viento dieciséis, un lento y pacífico caballero que venía de visita a la montaña en abril, cuando ya estaba florida la viola odorata, y en llegando a la ladera de las violetas se quedaba dormido, con la abierta boca sobre ellas. Yuming se sentaba en él, a soñar.

Pero acaso nuestro vendaval, el vendaval de los lucenses, no quepa en un catálogo de vientos. Es como un enorme dragón de desplegadas alas. Yo lo conozco desde mis primeros años. Lo he visto abatirse sobre mi valle natal, despeñándose desde las altas montañas, ruidoso, y deshaciéndose en cien brazos por las estrechas calles de mi ciudad. Es como un dios de algo, terrible pero paternal, indolente, pero de una nobleza incomparable. La imagen que algunos, en un momento de optimismo histórico- político, tenemos de Carlomagno, es algo parecido. Golpea con su cabeza en los montes, barre la llanura, aventa el agua de las llamas, y se corona con las ramas que rompe en sus violentas y locas cabalgadas.”

( Imagen – Jean Francois Millet)

EL PRIMER DALÍ

“Un buen día — le confesaba Dalí a Lluís Permanyer— , mi familia decide comprar la mejor cubertería de plata. Durante algunos meses no se habla de otro tema. Optan por organizar la ida a París. Mi hermana, mi tío y yo emprendemos viaje. A la hora de la verdad la adquieren en Bruselas, pues, según me pareció entender, resultaba más barata que en París. Y, para no pagar impuestos, al llegar a la frontera francesa mi hermana y mi tía escondieron cucharillas, tenedores, cuchillos y demás entre los refajos, debajo del corsé… Pero cuál no fue su estupor cuando ven a una aduanera, ¡enorme y mal encarada aduanera! , que hundía una especie de sable que llevaba en la mano en paquetes y maletas para tratar de descubrir el contrabando. De pronto, mi tía y mi hermana desaparecen. Resultó que, muertas de miedo ante la perspectiva de que aquella concienzuda mujerona pudiera hallar la cubertería de plata que intentaban pasar sin declarar, decidieron ir al retrete: allí sacaron cucharillas, tenedores, cuchillos y… ¡ los tiraron agujero abajo!

Yo quería visitar a Picasso — seguía contando Dalí repasando sus recuerdos —. Llevaba un regalo para Picasso. Era una tela acerca de la que Alexandre Plana había escrito los pertinentes elogios. Por cierto: no he vuelto a saber nada más de ese cuadro. Lo voy a describir por si alguien sabe de su paradero. Medía un palmo cuadrado y se titulaba ”La noia de Figueres”. Lo pinté según el estilo de la escuela holandesa. La ”noia” aparecía con un vestido de encaje y estaba sentada en el comedor; a través de la ventana se veían las letras FORD en lo alto de una casa vecina. Eran calcadas de las que aparecían en la agencia Ford de Figueras. Las pinté de color azul. Este elemento, que hoy sería calificado de pop, destacaba de aquel conjunto netamente clásico y, como es lógico, causó un fenomenal escándalo en la ciudad.

Pues bien, cuando llegué a casa de Picasso yo llevaba esa tela, cuidadosamente envuelta, bajo el brazo. Picasso vivía en la rue de la Boétie. Lo primero que le dije a Picasso fue que había decidido visitarle primero a él que al Louvre. Picasso ni pestañeaba. Me respondió: ”Ha hecho usted muy bien”. Inmediatamente le entregué “ La noia de Figueres”. Lo examinó durante casi un cuarto de hora, sin decir esta boca es mía. Luego me condujo al taller y me mostró las telas que allí tenía. Así estuvimos dos horas. Yo tampoco hice el menor comentario- añadió Dalí—. Esa fue mi primera entrevista con Picasso. Años más tarde seguí relacionándome con él, y puedo decir que soy el único pintor que hasta el presente ha colaborado con Picasso. Fue cuando la revista ”Minotaure”.

Tiempo después, un día Picasso me dijo: ”Llévese esta plancha y añada lo que mejor le plazca”. Cogí la plancha y grabé dos huevos al plato, pero sin el plato. Entonces, cuando se la devolví, Picasso grabó a su vez en esa misma plancha. Así entablamos un fructífero e interesante diálogo artístico, y llegamos a realizar hasta cuatro intercambios. Tales obras no han aparecido jamás, y Picasso me confesó en una ocasión que se las habían robado; era cuando yo vivía en rue l’Université.

Dalí recordaba también sucesos de Madrid: ” cuando fue anunciada la visita de Alfonso Xlll a la Academia de Bellas Artes De San Fernando, el grupo revolucionario amenazó con no asistir. El Rey fue recibido con frialdad. Al final se preparó la foto de rigor: Alfonso Xlll entre los alumnos. Rechazó el sillón que le ofrecieron y se sentó en el suelo. Acto seguido atenazó con el pulgar y el índice el cigarrillo que fumaba, y lo proyectó con increíble y pasmosa precisión: la colilla describe una parábola perfecta y va a caer limpiamente en el centro mismo de una escupidera que estaba a más de dos metros de distancia. Nos quedamos estupefactos, atónitos — recordaba Dalí—. Alfonso Xlll acababa de realizar una hazaña que todos los presentes envidiaban y querían imitar, y además no hay que olvidar que, con aquel gesto típico de un chulo madrileño, Alfonso Xlll se había identificado con el pueblo. Provocó tal entusiasmo que prorrumpimos en un espontáneo y unánime: ” ¡Viva el Rey!”.

( Imágenes— 1-Dalí- foto Arnold Newman / 2- fundación Dalí/ 3- museo de San Petersburgo/ 4- Dalí – 1938- museum Boysmann – Roterdam)