UNA MAÑANA SE HABÍAN IDO LAS PALABRAS

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“Temprano una mañana se habían ido las palabras. Antes, no eran palabras. Eran hechos, eran rostros —escribe  Anne Carson —. En una buena historia, dice Aristóteles, lo que sucede es impulsado por algo más. Tres ancianas estaban inclinadas en los campos. ¿Para qué cuestionarse?, dijeron. De pronto, quedó claro que sabían todo lo que hay que saber sobre los campos nevados y los retoños verdiazules y la planta llamada “audacia” , que los poetas confunden con violetas. Empecé a anotar cada cosa dicha. Las observaciones construyen gradualmente un instante de la naturaleza, sin el tedio de una historia. Subrayo esto. Haría cualquier cosa para evitar el aburrimiento. Es el proyecto de una vida. Nunca puedes saber lo suficiente, nunca trabajar lo suficiente, nunca utilizar infinitivos y participios de modo suficientemente original, ni detener el movimiento con suficiente dureza ni abandonar tu mente cuando deseas.”

 

 

(Imágenes—1-Winslow Homer- 1878/ 2- Spencer Gore)

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