LA POESÍA Y EL JARDÍN

 


“El mejor ejercicio que puede hacer un poeta — recuerda el escritor Carlos Aganzo —es el de podar sus versos como poda y pone a punto su jardín el jardinero. Del torrente  caudaloso que brota de la emoción  debemos dejar tan  solo el agua clara  de unos pocos, esenciales versos. Sencillos pero, al mismo tiempo, desveladores de toda la historia emocional y la vida interior que tienen detrás. Lo que se dice debe revelarnos poéticamente  lo que no se dice, que es siempre lo más importante.”

 

(Imágenes-: 1-Caillebotte- rosas en el jardín/ 2- Renoir- el jardín de la calle cortot- de Montmartre- 1876)

FRANCISCO BRINES

 


“El balcón da al jardín. Las tapias bajas

y gratas. Entornada la gran verja.

Entra un hombre sin luz y va pisando

los matorrales de jazmín, le gimen

los pies, no mira nada. Qué septiembre

cubre la tierra, lentos nardos suben,

y suben las palomas con las alas

el aire, el sol, y el mar descansa cerca.

El viento ya no quema. Riegan lentos

los pasos que da el agua, las celindas

todas se entregan. Los insectos se alzan

a vivir por las hojas. En el pecho

le descansan las barbas, sigue andando

sin luz. Todo lo deja muerto, negras

aves del cielo, caedizas hojas,

y cortada en el hielo queda el agua.

El jardín está mísero, y habita

ya la ausencia como si se tratase

de un corazón, y era una tierra verde.

Cruza la diminuta puerta. Llegan

del campo aullidos, y una sombra fría

penetra en el balcón y es un aliento

de muerto poderoso. Es la casa

que se empieza a caer, húmeda y sola.”

Feancisco Brines—“Las Brasas” (1960)

 

(Imágenes- 1-Camille Pizarro/ 2- Jacks Butler Yeats- 1950)

“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (10)

Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo y aparecen los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS  (10) :  El olmo y el jardín

 

Me preguntaba usted hace un momento si las fotografías me ayudan a escribir. Naturalmente que me ayudan. Hay fotografías que para mí son todo un mundo. Ocurrirá eso sin duda en todas las familias, estoy seguro, porque todas ellas suelen tener una larga historia. Tengo presente, por ejemplo, una fotografía a media mañana que se hizo en un jardín. La estuvieron preparando en el jardín al que acudíamos cada año la familia y es una fotografía delante del arco de nuestra antigua casa veraniega, una casa señorial con un jardín presidido por un gran olmo. Yo estoy observándolo todo desde lo alto de una buhardilla en donde me he refugiado a escribir, algo que he hecho en todas partes y toda la vida, y entreabriendo la pequeña ventana de esa buhardilla veo desde la altura a mi padre abajo, de pie, junto al olmo. Se alarga una fina línea de sol que ilumina el sendero cruzando el jardín. Está mi padre sonriente junto al árbol, debe de tener unos cincuenta o cincuenta y cinco años, viste una chaquetilla blanca, unos pantalones azules, un sombrero blanco y unos zapatos también blancos de verano, y esa foto la pasaré luego a mis hermanos y se la comentaré a mis hijos. Pero ya viene al fondo, por el sendero que recorre el jardín, andando muy despacio, mi abuela paterna, una figura pequeñita apoyada en un bastón, la cara ligeramente inclinada, un moño limpio y cuidadosamente recogido, un vestido negro con fondo de pequeñas flores y sobre todo una bondad andante, una expresión apacible y alegre, la mujer que años antes me enseñó a rezar. El césped del jardín se va abriendo a sus pasos muy cortos y cuando llega frente al olmo y contempla la foto de mi padre se detiene, apoya su bastón en la arenilla y observa despacio a su hijo como todas las madres observan a sus hijos, con una felicidad que la fotografía revelará. Todas esas fotos y muchas más que observo desde la buhardilla me parecen fotos muy jóvenes, mantienen esa frescura en papel de los primeros tiempos, antes de enmarcarse, antes de ser recubiertas por cristales, y ahora las veo pasar de mano en mano y oigo cómo las comentan en la tertulia familiar que solemos tener después de comer en verano, al aire libre, mientras unos tomamos café y otros juegan a las cartas en una mesa centenaria. Estoy sentado en una de esas sillas de rejilla esparcidas por el jardín, entra ahora un sol pálido por encima de las tapias y voy viendo que por esas fotos aún no ha pasado el tiempo, aún no se ha abierto ningún cajón para guardarlas, son imágenes que van de mano en mano fijando un instante irrepetible, todas las fotografías lo fijan, van acompañadas de palabras, las yemas de los dedos cuando las rozan resaltan aquí y allá un gesto o un contraluz. Yo aparto un poco la taza de café para extenderlas sobre el mantel, junto a la servilleta y las cucharillas, y me detengo en esa mirada de mi abuela contemplando el olmo y en esa sonrisa de mi padre junto al árbol, madre e hijo en un momento que no volverá a suceder. No volverá a suceder porque los instantes cambian y ese instante de mi padre junto al árbol, en cuanto pase poco tiempo será enmarcado y colocado en el aparador de nuestro comedor como algo irrepetible al lado de una fotografía de mi madre también irrepetible, tomada a contraluz, como si la envolviera una gasa, ella apoya su mejilla en su mano derecha y sonríe, y esos dos instantes de los padres los tendremos como presencia íntima durante años. Pero ahora, de pronto, quiero buscar esta foto de mi padre para escribir algo sobre él y no la encuentro: son los caprichos siempre de estas mudanzas porque el pasillo durante toda esta mañana ha estado invadido de cajas, yo he salido de mi cuarto a buscar la foto y sin querer he ido tropezando una tras otra con pequeñas montañas de libros que aguardan apilados en el suelo, cuatro hombres de la mudanza cargados de trastos me están pidiendo paso entre las cajas, son hombres rudos, hercúleos, intentan como pueden no rozar las patas de los muebles con las esquinas de las puertas, yo logro llegar hasta el comedor pero el comedor ya está vacío, es una habitación desolada e irreconocible, han descolgado cuadros y cortinas, pregunto en el pasillo dónde pueden haber colocado el aparador para salvar la foto de mi padre pero el aparador, me dicen, ya lo bajaron a la calle, ya está metido en el camión. ¿Y la foto? ; lanzo entonces mi mirada por la ventana mientras recuerdo todo esto y mi padre parece que hubiera desaparecido no solamente de esa ventana sino también de mi vida, me quedan solo pedacitos sueltos de él, recuerdos vivos, cuando, por ejemplo, aquel día, en el portal de casa, subiendo fatigosamente las escaleras, me confesó en voz baja, “Hijo mío, aquí me tienes, hecho un venerable anciano”, pero no, no lo recuerdo anciano en aquella foto que perdí en una de las mudanzas de no sé qué año, él no era aún anciano, presumía de caminatas y caminaba deprisa, precisamente una de aquellas mañanas antes de posar junto al olmo habíamos dado los dos un largo paseo y él me estimulaba siempre con su ritmo, pero ahora me alejo un momento de tantos recuerdos y tras la desaparición de mi padre me pregunto a veces, “¿Dónde está mi padre?”, “Padre, ¿donde estás?”. Entonces veo otra vez las pequeñas manchas en la piel que tenía mi padre cuando tomé sus manos entre las mías el último día, estando ya muy enfermo, e igualmente veo, años antes, sus piernas robustas marchando camino arriba cuando me llevaba de la mano, y después le veo a él, a veces vacilante y a veces enérgico, en varias fotografías colocadas en el comedor. Y todas esas fotografías me rodean.

José Julio Perlado — “Los cuadernos Miquelrius”

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

 

UNA MAÑANA SE HABÍAN IDO LAS PALABRAS

 G

 

“Temprano una mañana se habían ido las palabras. Antes, no eran palabras. Eran hechos, eran rostros —escribe  Anne Carson —. En una buena historia, dice Aristóteles, lo que sucede es impulsado por algo más. Tres ancianas estaban inclinadas en los campos. ¿Para qué cuestionarse?, dijeron. De pronto, quedó claro que sabían todo lo que hay que saber sobre los campos nevados y los retoños verdiazules y la planta llamada “audacia” , que los poetas confunden con violetas. Empecé a anotar cada cosa dicha. Las observaciones construyen gradualmente un instante de la naturaleza, sin el tedio de una historia. Subrayo esto. Haría cualquier cosa para evitar el aburrimiento. Es el proyecto de una vida. Nunca puedes saber lo suficiente, nunca trabajar lo suficiente, nunca utilizar infinitivos y participios de modo suficientemente original, ni detener el movimiento con suficiente dureza ni abandonar tu mente cuando deseas.”

 

 

(Imágenes—1-Winslow Homer- 1878/ 2- Spencer Gore)

UN JARDÍN

 

 

“¡Tanto en sentido literal como figurado, el jardín nos puede ayudar a recobrar  el sentido, o los sentidos! Cuando nos adentramos en él, nos sumergimos en panoramas, olores, sonidos y texturas. Es una llamada que despierta la parte de nuestro cerebro que procesa la experiencia de forma directa e intuitiva, en lugar de analizarla y categorizarla de un modo distante. Cuando se estimula esta parte del cerebro, tendemos a volvernos más conscientes de las sensaciones y emociones que subyacen en nuestra mente racional y ajetreada. Un jardín nos brinda la oportunidad de guardar silencio y estar a solas con nuestros sentimientos, vaciar la mente de pasado y presente con el fin de experimentar el ahora de un modo más pleno.”

Connie Goldman y Richard Mahler

(Imagen -jjp – Isla de la Palma-2012)

PRESENCIA DEL VERDE

 

 

En estos días de verano el ojo descansa sobre la perspectiva de los verdes horizontales, duerme en la naturaleza de los valles; en estos días de verano el ojo también se alarga a orillas del mar hasta tocar la línea verde y azul del agua. El ojo y el verde han provocado estudios de gran interés, como el firmado por el especialista en colores, el francés Michel Pastoureau que en su ensayo “Verde” ” Historia de un color” (du Seuil)  recuerda que ” en los jardines públicos todo es verde, no solamente los árboles y los arbustos, las plantaciones, sino también las sillas y el mobiliario, las verjas y los kioscos, las pancartas, los basureros e incluso el uniforme de los guardas. Verde tierno o crudo para lo vegetal, verde gris para los objetos: la gama de los verdes aparece extremadamente larga. El santo de los santos es el “teatro de verduras”, lugar protegido donde el público puede venir a sentarse en un océano de plantas de todas las esencias y de todas las mezclas, y allí asistir a espectáculos. Cualquiera que sea el lado hacia el cual se gire la mirada, cualquiera que sea el objeto sobre el cual la mirada se pose, el color verde está presente.

 

 

Hacia 1900, en el corazón de las ciudades, este verde vegetal e higiénico se une con el verde de los médicos, nacido hacia el fin de la Edad Media y que ha atravesado discretamente toda la época moderna. La medicina y la farmacia tienen desde hace largo tiempo como color emblemático el verde, probablemente porque durante siglos la mayor parte de los remedios estaban hechos a base de plantas. En muchas universidades de Europa, es el color de la toga que distingue a los médicos de los farmacéuticos en los rituales académicos y, en el campo de batalla, encontramos las insignias que llevan los diferentes cuerpos de la armada. Las cruces que en las ciudades señalan las farmacias también aparecen en verde y han contribuido a unir este color con las profesiones de la salud.

Verde igualmente suelen ser los vestidos de los cirujanos  e incluso el verde existe en los pasillos y en las habitaciones de los pacientes. Hay indudablemente excepciones ( en Italia, por ejemplo, las cruces de las farmacias son rojas) y recientemente la paleta de colores de los hospitales se diversifica (el azul y el blanco toman gran distancia), pero el verde es aún – y por largo tiempo – un color médico, sanitario, tranquilizador”.

El verde recorre la Historia  y Pastoreau lo encuentra en la Biblia, en el Islam, en las primaveras de las épocas, en la juventud y en la esperanza, en el estandarte de muchos héroes, en los colores de los pintores y en los poetas, en la moda y en todos esos valles y montes donde nuestra vista descansa y el ojo se alarga al final de la tarde sobre esa línea azul del mar que el verde confunde.

 

 

(Imágenes- 1-Eduard Boos- 1904/2.-Dora Carrington/ 3.- Felix de Boeck)

LA CIENCIA FICCIÓN Y NUESTRO ENTORNO

 

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“Cada una de nuestras acciones durante el día, a lo largo del espectro de la vida cotidiana – vaticinaba J G Ballard en 1977 – , será instantáneamente grabada en vídeo. Por la noche nos sentaremos a ver las imágenes, seleccionadas por una conputadorra entrenada para elegir sólo nuestros mejores perfiles, nuestros diálogos más inteligentes, nuestras expresiones más afectuosas, capturadas a través de los filtros más amables, y luego juntaremos todo ello para tener una reconstrucción mejorada de nuestro día”.

Se  ha querido recordar esto en un reportaje en que se defiende la ciencia ficción como literatura del futuro y se comentan la figura y opiniones del escritor Robert J. Sawyer. La ciencia ficción penetró hace tiempo en nuestro entorno. Largas listas de grandes obras de ciencia ficción nos han acompañado siempre. Sobrevolando gustos y pareceres, Robert Scholes y Eric S. Rabkin en su interesante estudio sobre el gènero (Taurus), proponían una lista de novelas representativas entre las que destacaban “Frankenstein o el moderno Prometeo” (1818), “Veinte mil leguas de viaje submarino” (1870), “La máquina del tiempo” (1895), “Nosotros” (1920), “Viaje a Arturo” (1920), “El hacedor de estrellas” (1937), “El fin de la infancia” (1953), “La mano izquierda de la oscuridad” (1969) o ” El jinete de las ondas de choque” (1976). Ahí se detenía la lista de estos autores que, naturalmente, podría proseguir. Es el mundo de la biología y la termodinámica, el de la física y la astronomía, el de los ordenadores, la psicología y la pseudociencia. Un universo casi sin límites, un universo recorrido por numerosos autores.

 

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Un ejemplo, entre miles que existen, en el que la ciencia ficción aparece de pronto en una planta inesperada, nos lo ofrece Stanislam Lem al narrar el paseo de un personaje por un jardín : “al  aproximarse a una de las sombras más delgadas, que en el crepúsculo habían semejado árboles – escribe en “Edén”- disminuyeron el paso. Del suelo color amarillento surgía un tronco perpendicular, tan gris como el cuero de un elefante y con un brillo ligeramente metálico. El tronco, que en la base no era más grueso que el brazo de un hombre, se convertía, en la parte superior, en una estructura en forma de copa, a unos dos metros del suelo. Era imposible ver si el  cáliz estaba o no estaba abierto por la parte superior. Se mantenía completamente inmóvil (…) El médico tomó una piedrecita y la lanzó al aire. La piedra describió un arco pronunciado y cayó sobre la parte plana del cáliz. El cáliz empezó a ondularse y se cerró; se produjo un breve  sonido siseante, similar a un escape de gas, y toda la columna grisácea, ahora temblando febrilmente, se hundió en la tierra como tragada por ella. El agujero producido se llenó al instante de una sustancia marrón, espumosa y grasienta. Entonces, partículas de arena empezaron a flotar en la superficie, la capa de arena se espesó, y en unos cuantos segundos no quedaba rastro del agujero: el terreno aparecía liso e intacto”.

Así la paz del entorno del jardín la ha hecho temblar el poderío de la ciencia ficción.

 

ciencia ficcion.-65vbvb.-Eleanor Bond.-arthistoryarchive

 

(Imágenes.- 1.-smashingpictures com/ 2.Victo Ngai / 3- Eleanor Bond -arthistoryarchive)

ESCRIBIENDO UN LIBRO

 

jardines-noio- Jack Butler Yeats- mil novecientos cincuenta

 

“Cuando uno está escribiendo un libro vienen frecuentemente hacia ese libro miles de hojas revoloteando. Sueños, preguntas, encuentros, lo que he hecho y oído en el día de ayer o de hoy y también lo de hace años. Vienen volando rapidísimas estas hojas, cada una desde un sitio distinto de la imaginación, de la memoria, del recuerdo, vienen sin ser llamadas, y se van pegando apretadas y urgentes unas contra las otras sobre esta página que estoy escribiendo ahora en el Botánico de Madrid, sentado en el banco de esta pequeñísima y oculta glorieta y ante una fuente, y estas hojas y recuerdos revolotean, se congregan, se amontonan con un ligero polvillo en torno al banco, a mis pies, en el centro de Madrid.

 

jardines-dryyn-Sergei Arsenevich Vinogradov- mil novecientos trece

 

Mientras pienso en todo esto repaso “Relámpagos”, el libro que estoy escribiendo: lo releo, lo corrijo, voy colocando cada cosa en su sitio. Joan Miró daba una vuelta cada día por su estudio mallorquin y retocaba aquí y allá cuadros anteriores, terminaba una pincelada, añadía un color. Aquí, entre flores y caminos de estos setos tan cuidados, entre tantos aromas y colores, me siento a releer este libro que va creciendo y expandiéndose cada vez con ramajes diversos, igual que lo hace la variedad de plantas que me rodean. De vez en cuando levantó la vista de la página y miro hacia el gran edificio con su pared de ventanas que cierra uno de los extremos del Botánico y pienso en la excelente vista que supongo tendrán aquellos altos dormitorios y comedores al contemplar desde arriba este campo de flores, estos espacios limpiamente trazados. Y los árboles. La visión que tendrán de estos árboles. Recuerdo aquella visión que yo tuve en los montes de Galicia, hace años, cuando levantaba también mi mirada desde el interior del automóvil. Durante mucho tiempo los automóviles han sido mi despacho. En ciudades y en campos. En Galicia, por ejemplo, solía conducir muy despacio por un camino de robledales  y castaños hasta encontrar un mismo lugar como refugio. Recuerdo que brillaban gotas de lluvia en los helechos y allí permanecía largas horas estudiando y escribiendo junto a cortezas agrietadas y hojas verdes y oscuras.

 

jardines.-rrvff.- Robert Gallon.-1897

 

Un día, escuchando en el coche la voz de Cortázar que hacía años llevaba guardada en mi grabadora, aún me parecía ver su alta figura cuando tuve el encuentro con él en Madrid un año antes de su muerte. “Un cuento – me había dicho entonces y ahora le escuchaba – es como andar en bicicleta. Mientras se mantiene la velocidad el equilibrio es muy fácil, pero si se empieza a perder velocidad al final, pues es un golpe para el autor y para el lector”. Me impresionaba escuchar de nuevo su voz, una voz cadenciosa, deslizando las erres y las eses, pero como me impresiona siempre oir la voz de alguien que ya no está con nosotros. La voz humana es algo muy profundo, singular, muy personal, con sus timbres y tonos únicos, algo que al menos para mí, me conmueve más que una fotografía”.

José Julio Perlado ( del libro inédito “Relámpagos”)

 

jardines-ynnbb- Max Liebermann

 

(Imágenes.- 1.-Jack Butler Yeats– 1950/ 2.-Sergei Arsenevich Vinogradov– 1913/ 3,. Robert Gallon. 1887/ 4.-Max Lieberman)

JARDINES EN GIVERNY

 

Monet- ndw- taringa net

 

“Los rábanos silvestres acaban de exhalar sus íntimos aromas; las peonías se han marchitado; muertos están los jacintos. Es primavera. Los lirios levantan sus pétalos curvados, extraños, adornados de blanco, de malva, de lila, de amarillo y de azul, estriados con manchas pardas y puntuaciones purpúreas, que evocan, en su revés complicado, analogías misteriosas, sueños tentadores y perversos, semejantes a los que flotan alrededor de las turbadoras orquídeas…

Así va recorriendo el crítico de arte francés Octave Mirbeau el campo y el mapa de las flores del pintor en  “Claude Monet y Giverny (Centellas). La primavera da paso al verano, continúa, y entonces “las multicolores capuchinas se desploman, a cada lado de la calle

Monet- onu- staedelmuseum de

 

de arena, en cascadas deslumbradoras. En los grandes arriates que cubren a los lirios ajados se agita la sorprendente maravilla de las adormideras; una extraordinaria maraña de tonos, una orgía de matices claros, una mezcla resplandeciente y musical de blanco, de rosa, de amarillo, de malva; un increíble amasijo de carnes rubias sobre las que estallan los anaranjados, suenan las fanfarrias de los colores ardientes, sangran y se encienden los rojos, se alegran los violetas, se iluminan con fuego los púrpuras negros.

De esta forma he seguido los pasos de Mirbeau ante las flores de Monet en el documental “Pintando el jardín moderno” que se ha proyectado estos días en muchos cines de España. Así ha ido entrando también el otoño en el jardín: “las capuchinas han invadido la calle, y sus flores multiplicadas hasta el infinito, más brillantes, han devorado el follaje que amarillea.

 

Monet- tre- telegraph co uk

 

Al hechizo de las adormideras le sucede el hechizo de las fastuosas dalias; gorgueras encañonadas, preciosamente ribeteadas de oro fino, de púrpura sangrante, de lila enternecido; borlas imbricadas de todos los colores vivos y de todos sus matices discretos; estrellas que tiemblan y titilan en lo alto de los tallos débiles, ramificadas, encantadoras con su gracia ligera y atrevida; o bien, festones de sedas antiguas, de tonos acentuados, con bordados marchitos deliciosamente, o bien monstruosos penachos cuyos pétalos se deshilachan, se desparraman, se tuercen en crines escarlata”.

 

Monet- yuun- jennifertynking com

 

“Es aquí – concluye Mirbeau -, en esta perpetua fiesta de los ojos, donde vive Claude Monet. Y este es realmente el medio que uno imagina para este prodigioso pintor de la vida espléndida del color”.

 

Monet- yvbr- spanisharts com

 

(Imágenes.- Monet : cuadros sobre el tema de Giverny)

GREGUERÍAS DE LOS JARDINES

 

jardines.- tyyhh.- otoño.- Gustave Caillebotte

 

Al jardinero le horroriza el otoño porque se le descose todo el jardín

 

jardines-yeew- Galileo Chini

 

Debería de haber unos gemelos de oler para percibir el perfume de los jardines lejanos

 

jardines- bhhu- John Singer Sargent

 

El guarda del jardín fue el primer mariscal de campo que conocimos

 

jardines-ffty-Peder Monsted- mil novecientos veintinueve

 

El jardín estaba nervioso por las cosquillas de las mariposas

 

jardines-ysv-Giovanni Giacometti- mil novecientos diecisiete

 

El jardín se fuma en pipa las hojas caídas

 

jardines-unny- Ernest Lawson

 

Las verjas de los jardines presentan armas al que pasa

Ramón Gómez de la Serna

 

jardines- bvc- Guy Billout

 

(Imágenes.- 1.-Gustave Caillebotte/ 2.- Galileo Chini/ 3.-John Singer Sargent/ 4.- Peder Monsted- / 5.- Giovanni Giacometti– 1917/ 6.-Ernest Lawson/ 7.- Guy Billout)

JARDINES

jardines-ccdff-Henri Le Sidaner-mil novecientos treinta y uno

 

“La belleza más importante de todo jardín- escribe Horace Walpole al hablar de los jardines modernos (Siruela) – es la perspectiva y los puntos de vista atractivos; el arte de un pintor nos cansa cuando faltan esos toques finales. Los motivos más hermosos que dependen de sí mismos hastían cuando se ven a menudo. El pórtico dórico, el puente de Palladio, la pagoda china, que sorprenden al extraño, pierden en seguida su encanto para el saciado dueño. El

 

jardines.-tgedd.-Henri Le Sidaner.-1916

 

lago que inunda el valle es aún más inanimado, y su señor rara vez disfruta del gasto, salvo cuando lo muestra a su visitante.  Pero el ornamento que primero pierde atractivo es la ermita, o el escenario adaptado para la meditación. Es casi cómico reservar una cuarta parte de nuestro jardín para estar melancólico en él.

 

jardines.-t8ujj.-Henri Le Sidaner

 

La perspectiva, la perspectiva animada, es siempre el lugar más frecuentado. Antes las perspectivas se sacrificaban a la comodidad y al abrigo (…) Nuestros antepasados, que vivían la mayor parte del año en sus mansiones campestres, y algunos durante dos años seguidos o más, tenían en cuenta en primer lugar la

 

jardines.- 4fbnn.- Edouard Manet

 

comodidad, antes que el gusto. Sus enormes mansiones acogían a todas las ramas jóvenes, a las viudas y tías solteronas, así como a otras familias que les hacían visitas de un mes entero. La forma de vida ha cambiado hoy totalmente; sin embargo, aún se levantan los mismos soberbios palacios, que se convierten en

 

jardines-uuubb-flores-Edouard Manet- mil ochocientos setenta y nueve

 

pomposa soledad para el dueño, y en albergue transitorio para unos pocos viajeros.

Si algo hay capaz de eliminar o restringir el estilo de la moderna jardinería, es esa circunstancia de la soledad. Cuanto más grande es el escenario, más lejos estará probablemente de la capital, en cuyas cercanías la tierra es demasiado cara para

 

jardines- nggu- John Singer Sargent- mil ochocientos ochenta y seis

 

disponer de una extensión considerable de propiedad. Los hombres se cansan de un gasto que solo disfrutan unos pocos espectadores. Sin embargo, hay un peligro aún más inminente que amenaza el gusto actual, como lo ha amenazado siempre. Me refiero a la persecución de la variedad”.

 

jardines-onn-Claude Monet- mil ochocientos ochenta y dos

 

(Imágenes.- 1.-Henri Le Sidaner/ 2.-Henri Le Sidaner- 1931/ 3.- Henri Le Sidaner.-1916/ 4.-Edouard Manet/ 5.- Edouard  Manet- 1869/ 6.- John Singer Sargent- 1886/ 7.- Claude Monet- 1882)

HOJAS ANTIGUAS DE CALENDARIO (2) : JARDINES

jardines-obuf-Claude Monet- mil novecientos

 

“Entra el curioso jardinero después de alguna borrasca o ventisquera a pasear sus jardines, tiende los ojos a una parte y luego a otra, mira no sin grande dolor el estrago general que ha hecho el yelo.

 

jardines-ttff-Emil Nolde

 

Ve a una parte las flores echadas por  tierra, marchitos los tornasoles, las azucenas destroncadas, las rosas perdido su buen color y lustre, y finalmente todas las yerbas regaladas destruidas; si acaso mirando este estrago topa una mata o dos de claveles, que por estar guardadas del cierzo se le escaparon al yelo, aunque se entristece de ver las demás destruidas, en que tenía puesto su regalo, pero con aquellas pocas, que le han quedado, se regala y enternece, y da por ellas gracias al cielo.”

Diego de la Vega.- 1612

 

jardines.-rgy.-flores.-Max Liebermann.-1923

 

(Imágenes.-1- Claude Monet- 1900/ 2.-Emil Nolde/ 3.- Max Liedermann- 1923)

UN JARDÍN

jardines-vvgu-Mark Power

 

“El jardín de verdes altozanos se adorna para los espectadores con el color más bello,

como si hubiese expuesto en él su ajuar una doncella resplandeciente con sus collares de oro,

o se hubieran vertido allí cazoletas de almizcle amasado con ban purísimo.

 

jardines-bbhu-Mikhail Spiridonov

 

Los pájaros gorjean en los ramos, como si fuesen cantoras inclinadas sobre los laúdes.

 

jardines-dryyn-Sergei Arsenevich Vinogradov- mil novecientos trece

 

 

El agua continua deja caer sus caños como cadenillas de plata y de perlas.

 

jardines-frrdd-Leo KK Wong- mil novecientos noventa y nueve

 

 

Son esplendores de hermosura tan perfectos, que parecen la belleza de la certidumbre o el brillo de la fe.”

Abd Allah Ben Simak.-“Un jardín”–  (de Granada)  (1145)  (traducción de Emilio García Gómez)

 

jardines.-ttggnn.-paisajes.-Arhur Hacker.-1902

 

(Imágenes.- 1.-Mark Powers- ananovikova wordpress/ 2.-M Spiridonov/3.- Sergei Arsenovich Vinogradov/ 4.- Leo KK Wong.-“The dream of Sping”- 1999/ 5.- Arthur Hacker.-1902)

GRANADA, SOROLLA, JARDINES

“La frondosa vega, el marco de montañas, la confluencia de los ríos, las colinas coronadas de pinos y ceñidas de arbustos, las pirámides volcánicas de Sierra Elvira, esmaltadas por la luz de Andalucía; el cristal veneciano de Sierra Nevada, que toma tantos reflejos y tiene tantos resplandores; los contrastes del color, la variedad de la vida en aquel resumen de la Creación, le encontraton indiferente, que ni la Naturaleza ni el Arte lograban penetrar en su aborbente misticismo”.

Así iba contando Emilio Castelar en 1876, en “La cuestión de Oriente“, cómo un árabe iba descubriendo la belleza de  Granada por primera vez en su vida.

“Subieron al cerro de la Alhambra seguía Castelar -. Pasaron las umbrosas alamedas, por donde bajan susurrando los claros arroyuelos. Detuvieron un momento la vista en las torres bermejas doradas por el sol, en los mármoles del interrumpido palacio imperial, en los bosques del Monte Sacro, en las quebradas márgenes del aúreo Darro, en los blancos miradores y minaretes del Generalife, que se destacan sobre el cielo azul, entre adelfas, cipreses y laureles. Por fin, atravesaron la puerta del árabe alcázar y dieron con el patio de los Arrayanes. La fisonomía del árabe se contrajo, sus ojos se oscurecieron y sólo se aumentó su silencio. De aquella alberca ceñida de mirtos, con sus ajimeces bordados como encaje, sus galerías ligeras y aéreas, sus aleros incrustados, sus frisos de azulejos, sus pavimentos de mármol, pasaron al Patio de los Leones, al bosque de ligeras columnas, sostenes de arcos que parece prontos a doblarse, como las hojas de los árboles, al menor soplo del aire que pasa por los inersticios de su gracioso y transparente alicatado. El árabe, pálido como la muerte, se apoyó en una columna para poder continuar en aquella visita”.

“Por fín, cuando penetró en las estancias y alzó los ojos a las bóvedas compuestas de estalactitas empapadas en colores brillantísimos, y leyó las leyendas místicas o guerreras que esmaltan las paredes, semejantes a visiones orientales, y se detuvo en aquel camarín incomparable que se llama el mirador de Lindaraja, a través de cuyas celosías se esparce la esencia del azahar y se oye el rumor de la vega, su emoción iba rompiendo toda conveniencia y mostrándose en sacudimientos del cuerpo, semejantes a los espamos de la epilepsia. Ya en el salón de Embajadores, con el Darro a un frente y al otro el Patio de los Arrayanes, las paredes de mil matices, adornadas con los escudos de los reyes; los ajimeces, bordados con todos los prodigios de la fantasía asiática; las puertas, recuerdos de los días de esplendor y de la fortuna, cuando desde las tierras más remotas venían, unos, a recibir luz de tanta ciencia, y otros, de tantas artes, placeres y encantos; las bóvedas, incrustadas en marfil y oro; las letras, semejantes a las grecas de una tapicería persa, repitiendo entre las hojas de parra y de mirto y de acanto, cincelados, los nombres de Dios, el corazón le saltaba en pedazos y un inmenso lloro, un largo sollozo, que semejaba a la elegía de los abdibitas en Africa al perder a Sevilla o las lamentaciones de los profetas en Babilonia al perder a Jerusalén, llenó aquellos abandonados espacios, henchidos de invisibles sombras augustas, con el dolor de toda su triste y destronada raza”.

Azorín recoge íntegra esta larga cita de Castelar y colocándola en “El paisaje de España visto por los españoles, tras calificar de belleza insuperable este texto, se pregunta:  “si volviéramos a Granada, ¿perduraría luego en nosotros la primitiva impresiòn? ¿ No sería borrada aquella imagen por la imagen nueva? No – se contesta – ; hay imágenes imborrables, hay sensaciones que no se desvanecen nunca en nuestro espíritu”.

Treinta y tres años después de este texto de Castelar, el 22 de noviembre de 1909, Joaquín Sorolla le escribe desde Granada a su mujer, Clotilde, al acercarse a la ciudad para pintarla: “la llegada es de noche, y el coche te lleva largo rato cuesta arriba por estos laberínticos jardines, produciendo igual efecto que si entraras con los ojos vendados… y si mañana hay sol es maravilloso el espectáculo, pues si como me dicen hay una gran nevada en esta estupenda sierra, entonces no dudo superará esta vez a la primera que vine”.

Pintará así Sorolla la ciudad de Granada con enorme plasticidad y lo hará en varias ocasiones. Ahora, la exposición recién inaugurada en el Museo Sorolla  de Madrid dedicada al tema de Granada en Sorolla, recoge la belleza de todas aquellas horas, del sol y los jardines.

(Imágenes:– Joaquín Sorolla: -1.- Sierra Nevada en invierno.–Museo Sorolla/ 2.-Patio de Comares.-Alhambra de Granada.-1917.-Museo Sorolla/ 3.-Patio de la Justicia.– Alhambra de Granada.-Museo Sorolla/4.- Sierra Nevada en otoño.-1909.-Museo Sorolla/ 5.- calle de Granada.-1910.-Museo Sorolla/ 6.- Torre de las Infantas.-1910.-Museo Sorolla)

UN PASEO CON MONET POR GIVERNY

La paleta de Monet se componía de blanco de cerusita, amarillo de cadmio (claro, oscuro y limón), amarillo limón de ultramar, bermellón, violeta de cobalto (claro), ultramar superfluo y verde esmeralda. Así quedó reseñado en el “Bulletin de la vie artistique” del 15 de julio de 1923. Pero la paleta  de Monet, cuando ahora se camina por los jardines de Giverny, parece quedar diluida dando paso a cuantos colores de la belleza el pintor señala. “Cuando salgas a pintar – aconsejaba-, trata de olvidar los objetos que tienes ante ti, un árbol, una casa, un campo, o lo que sea. Piensa solamente: he aquí un cuadradito azul, un óvalo rosa, una franja amarilla, y píntalos tal como los ves, con el color y la forma exactas, hasta que obtengas tu propia e ingenua impresión de la escena que tienes delante”.

Así, desde la mesa de comedor de hoy en Giverny, parece que los viejos tiempos nos hablaran. Recuerda Sue Roe, varias veces citada en Mi Siglo al comentar la vida privada de los impresionistas, que a la casa se llegaba por un sendero bordeado de pinos y abrigado por enrejados cubiertos de rosas. El jardín, un espacio vasto y escondido, estaba parcialmente adornado de boj. Había dos parterres yertos que discurrían en paralelo a un amplio camino bordeado de cipreses (…) Monet y Alice quitaron inmediatamente el boj, que no les gustaba a ninguno de los dos, e iniciaron una discusión, que duraría dos décadas, sobre los cipreses”.

“Pronto Monet sigue evocando Roe -empezó a ser admirado en Giverny. Los lugareños lo observaban mientras iba por el pueblo impartiendo órdenes con su voz clara y metálica (…) Monet mandó contruir una nave junto al río para que albergase sus barcas y almacenara sus caballetes y lienzos”.

“Entretanto, metió la pinturas en el granero y amarró las barcas en una islita cercana, donde el Epte se une al Sena. Ayudado de sus dos hijos pequeños, ataba las barcas a los espesos troncos de los sauces ribereños y todos juntos volvían a la casa al atardecer, con sonido de los barcos de vapor que remolcaban las gabarras por el Sena.

“Me gusta ver a este hombre – dice Octave Mirbeau enClaude Monet y Giverny” (Centellas) – en el intervalo de sus trabajos, en mangas de camisa, con las manos negras de mantillo, el rostro tostado por el sol, feliz de sembrar semillas, en su jardín siempre resplandeciente de flores, sobre el fondo risueño y discreto de su pequeña casa revestida de mortero rosa”.

Y luego, sentado ya en el jardín con su sombrero blanco, dejaba venir poco a poco sus recuerdos ante Thiébault- Sisson en una de las escasas entrevistas que concedió en su vida: “No volví a ver a Manet  – evocaba- hasta 1869, pero fue para entrar en su intimidad enseguida. Ya en el primer encuentro me invitó a ir a verle todos los días a un café de Batignolles donde sus amigos y él se reunían para conversar al salir del taller. Allí encontré a Fantin-Latour y Cézanne, Degas, que llegó poco después de Italia, el crítico de arte Duranty, Émile Zola, que debutaba entonces en las letras, y otros más. Yo mismo llevé a Sisley, Bazille y Renoir.  No había nada más interesante que esas tertulias, con su choque de opiniones perpetuo. Se estaba allí con la inteligencia en vilo, nos animábamos mutuamente a la búsqueda desinteresada y sincera, y uno acumulaba provisiones de entusiasmo que, durante semanas y semanas, le sostenían hasta que conseguía dar forma definitiva a la idea”.

Lejos, esperaba la casa de Giverny a que los recuerdos volvieran.

(Imágenes:-1.- Claude Monet.-Nympheas,.1915/ 2.- comedor en casa de Monet en Giverny.-Fondation Claude Monet/ 3.- jardines de Giverny.-Fondation Claude Monet/ 4.- taller de Monet en Giverny.-Fonfation Claude Monet/ 5.- jardines de Giverny.-Fondation Claude Monet/ 6.- Claude Monet en su jardín de Giverny.-1915.-por Sacha Guitry.-chagalov/ 7.- casa de Monet en Giverny.-Fondation Claude Monet)