UNA MAÑANA SE HABÍAN IDO LAS PALABRAS

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“Temprano una mañana se habían ido las palabras. Antes, no eran palabras. Eran hechos, eran rostros —escribe  Anne Carson —. En una buena historia, dice Aristóteles, lo que sucede es impulsado por algo más. Tres ancianas estaban inclinadas en los campos. ¿Para qué cuestionarse?, dijeron. De pronto, quedó claro que sabían todo lo que hay que saber sobre los campos nevados y los retoños verdiazules y la planta llamada “audacia” , que los poetas confunden con violetas. Empecé a anotar cada cosa dicha. Las observaciones construyen gradualmente un instante de la naturaleza, sin el tedio de una historia. Subrayo esto. Haría cualquier cosa para evitar el aburrimiento. Es el proyecto de una vida. Nunca puedes saber lo suficiente, nunca trabajar lo suficiente, nunca utilizar infinitivos y participios de modo suficientemente original, ni detener el movimiento con suficiente dureza ni abandonar tu mente cuando deseas.”

 

 

(Imágenes—1-Winslow Homer- 1878/ 2- Spencer Gore)

MUNDO INSÓLITO

 

 

”Dicen – aseguraba  Aristóteles- que en Egipto los frailecitos vuelan hasta las fauces de los cocodrilos y les limpian los dientes, extrayendo con el pico los restos de carne que se han incrustado en el interior de la boca: es muy beneficioso para los cocodrilos y por tanto no les hacen ningún daño.

Las cabras de Cefalonia no beben, al parecer, como los otros cuadrúpedos, sino que diariamente dirigen el hocico hacia el mar y abren la boca para que penetre en ella el aire.

Dicen que cuando las tortugas comen una víbora deben ingerir orégano; si no pueden conseguirlo de inmediato, mueren.  Muchos campesinos  que quieren comprobar si este fenómeno es cierto, cuando ven que una tortuga va en busca de orégano se lo quitan. Al cabo de poco tiempo, descubren al animal moribundo.

 

 

Dicen que los pelícanos devoran a los moluscos y tras haberlos triturado se encuentran en los ríos; luego, cuando han tragado una gran cantidad, los vomitan, de este modo comen la carne de los moluscos, pero no ingieren  las  conchas.

Dicen que en Cilene, en Arcadia, y en ningún otro lugar, los mirlos son blancos, emiten sonidos muy variados y vuelan  en dirección a la luna.  Si  alguien se encuentra con ellos durante el día, difícilmente conseguirá capturarlos.

Dicen que en Melos y en Cnido hay una miel llamada antino, de olor delicioso aunque poco persistente; también contiene pan de abejas.

Dicen que en Trebisonda en el Ponto se encuentra una miel de olor desagradable, que se obtiene del boj. Se dice que trastorna la mente de los que están sanos y cura, en cambio, a los epilépticos, hasta de modo definitivo.

Dicen que los erizos en Bizancio son capaces de percibir de dónde sopla el viento y, según sea del norte o del sur, cambian de inmediato de refugio.”

 

 

(Imágenes -1- Peter Straten/ 2- Nathalie Miranda- Galería de  bellefeuille/3- Ida Outhwaite)