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Posts Tagged ‘Winslow Homer’

 

 

“Demasiado mar. Ya hemos visto bastante el mar.

Por la tarde, cuando el agua se extiende, incolora

y difusa en la nada, el amigo la observa

y yo observo al amigo, y mientras no habla nadie.

Ya en la noche, acabamos en el rincón de una taberna,

aislados entre el humo, y bebemos. Mi amigo tiene sueños

(son un poco monótonos los sueños junto al rumor del mar)

donde el agua es tan sólo el espejo, entre una isla y otra,

de colinas, salpicadas por cascadas y flores salvajes.

Su vino es así. Se contempla en el vaso,

alzando verdes colinas sobre el llano del mar.

Me agradan las colinas; y dejo que me hable del mar

porque su agua es tan clara que muestra hasta las piedras.”

Cesare Pavese– “ Hombres desarraigados”- ( traducción de José Agustín Goytisolo)

 

 

(Imágenes -1-  Winslow Homer- 1895/ 2- Hengki Koentjoro)

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“Termina bruscamente el balaustre de piedra y la calzada, trazando un ángulo muy obtuso, llega al pie del polígono sobre el que se alza la torre inmortal. – escribe Eugenio Noel en “España, nervio a nervio” -. Dos escalerillas que une un tramo para bifurcarlas de nuevo, y la fecha de 1861 en la pared de ese tramo. Ya en el pavimento del que arranca la torre, los ojos pueden tenderse a lo largo del mar, del Océano inmenso que no se interrumpe hasta la América del Norte. El viento es muy duro, fuerte, rápido. Las aguas del mar ondulan tranquilamente y llegan hasta las rocas con mansedumbre; pero en ellas se deshacen en blanquísima espuma, que al refluir torna el agua azul en verde muy claro. Hay por ahí varios escollos, y al pie del torreón, una casamata, de la que los temporales arrancaron a pedazos la enorme sirena de vapor con sus calderas. El polígono base del faro tiene trece lados. En uno de ellos se yergue una casita blanca de dos pisos, en la que vive el torrero, y en otro se levanta cierta garita romana, muy vieja, dentro de la cual, y en una lápid, se leen detalles  de la arcaica fundación. Responde el faro a su fama. Tiene sesenta y seis metros de altura, cinco pisos, cuatro cuerpos y cuarenta ventanas. Su vejez impone, pero asombra más su magnífico e inmutable paralelismo. Es una torre de cuatro líneas prodigiosamente verticales, es el genio romano puesto en pie. Es la imagen de la fuerza cuando la fuerza se pone al servicio del derecho. Del zócalo parte una línea en rampa que divide los pisos diagonalmente. Quizás en un tiempo se debió de subir a la plataforma  en la que ardía el brasero del gato por una escala llana en espiral, como en Asiria y Fenicia.

El caso es que esta torre perdura y que no se caerá fácilmente. Los hombres la tuvieron siempre respeto y la han cuidadosamente  reedificado.”

 

 

(Imágenes – 1- Wibslow Homer – 1895/ 2-Torre de Hércules- Wikipedia)

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A principios de octubre se celebra el día mundial de los animales, y cuando se abren las páginas dedicadas por Ignacio Peyró a la vida y costumbres de Inglaterra – “Pompa y circunstancia” (Fórcola) – se encuentra uno con que “ la condesa de Eglinton, beldad célebre y mujer de intelectualidad y gusto, glosada como espejo de elegantes por Samuel Johnson, tenía domesticadas una docena de ratas que – según lamentaba su dueña – eran más agradecidas que cualquier persona con la que hubiese tratado. Alan Clark, por su parte, amaestraba grajillas. Y, junto al Club Taurino de Londres, no deja de haber otras agrupaciones – nos las cita Gardel-Jones – como el Fondo de Bienestar para Gatos Orientales o la Sociedad para la Educación sobre Hurones.

 

 

(…) La realeza amó los perros, y cada estirpe privilegió una raza, de los spaniels de Tudores y Estuardos a los pugs de la casa de Orange o los corgis de los Windsor. Es un amor antiguo: el duque de York, Eduardo ll, prisionero tras la batalla de Agincourt, escribe un pequeño tratado venatorio en el que juzga al perro como “ una criatura de razón” y “la mejor de entre todas las criaturas divinas”. En tiempos de la reina Victoria, precisamente cuando el bulldog comenzó a encarnar de modo icónico los valores de Inglaterra, los perros fungieron también como relaciones públicas de su dueño o símbolo de estatus: “ uno no puede llevar cualquier chucho tras de sí”. Augusto Assía, corresponsal español en Londres, los ve como único símbolo de posición social del “gentleman” tras el auge del sinsombrerismo”.

 

 

(Imágenes.1-Carol Gucy/ 2- Louis Wain- Wikipedia/ 3-Winslow Homer- 1893)

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“Yo te bautizo en nombre del mar,

dijo mi madre con barcos en la voz.

Y las olas envolvieron mi nombre en las aguas,

abriendo en las grietas del cuerpo un salado

impulso que me sacudió la sangre.

Ahora sé que hay anclas ahogadas

en mis ojos: nítido eco de todos los deseos”.

Graca PiresEspaco libre com barcos” (2014)

(Imagen -Winslow Homer – 1895)

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Free Element XXXII, 2002

“Ay, aguasmalas, livianas,

ay, bailarinas de Gádex,

acechando al centinela

si de la garita cae.

Ay, cabelleras malditas,

tentáculos de calambres,

ay abredoras de rosas,

ay chupadoras de sangres.

Por vosotras se han perdido

donceles de mina y cante

al dormir en vuestros brazos

la madrugada del martes.

mar.-48hh.-Winslow Homer.-1895

Ay aguasmalas, medusas,

estrellas de iris cambiante,

aguasmalas, aguasmalas.

No te asomes al baluarte,

no las mires tú, mi vida,

María del Carmen”.

Gerardo Diego.-“Aguasmalas”

mar.-56edd.-noche.-ilustrciòn por David Blackwood

(Imágenes.-1.-Dodo Jin Ming.-artnet/ 2.-Winslow Homer.-1895/ 3.-David Blackwood.-ocadu.ca)

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“Serenidad, tú para el muerto,

que yo estoy vivo y pido lucha.

Otros hombres habrá que deseen:

ésos no saben lo que buscan.

Si se durmieran nuestras almas,

si las tuviéramos maduradas

para mirar inconmovibles,

para aceptar sin amargura,

para no ver la vida en torno

apasionadamente nunca,

duros y fríos, como piedra

que sopla el viento y no la muda…

Almas claras. Ojos despiertos.

Oídos llenos de música

del dolor. Los dedos felices,

aunque los hieran las agudas

espinas. Todo el sabor agrio

de la vida, en la lengua.

“Nunca

podrás mojar tu pie en el río

en que ayer lo mojaste. Busca

la eternidad, vive en la alta

contemplación de su figura”.


Palabrería de los libros

de la que deja el alma turbia.

Serenidad que se nos vende

por librarnos de la tortura,

por llenarnos de sueño el alma,

y rodeárnosla de bruma.

Serenidad, tú para el muerto.

El hombre es hombre, y no le asusta

saber que el viento que hoy canta

no volverá a cantarle nunca.

Serenidad, no te me entregues

ni te des nunca,

aunque te pida de rodillas

que me liberes de mi angustia.

Será que vivo sin saberlo

o que deserto de la lucha.

Tú no me escuches, no me eleves

hasta tu cumbre de luz única.

Palabrería de los libros

de la que deja el alma turbia.

Yo también me hago un poco libro,

Me duermo el alma…

Luz difusa

La madrugada se desgaja

agria y azul, como una fruta.

Cantan los niños a lo lejos.

Un niño llora. Las desnudas

mujeres y hombres silenciosos

salen despacio de las últimas

sombras. Los pájaros me esperan.

Se alzan las olas. (Me preguntan

por qué.)  Campanas… (Ayer niebla,

hoy claro sol y luego lluvia…)

¿Por qué? Las hojas se estremecen…

Voy inundándome de música”.

José Hierro: “Serenidad” (Lectura de madrugada) “.-“Tierra sin nosotros“.-1947

(Imágenes:- 1.- Pedro Iltsted.– oilpainting- frame.com/ 2.-Winslow Homer.-1877)

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