VIAJES POR EL MUNDO (21) : KYOTO

 

 

“Las damas de la corte en Kyoto se arrancan las cejas y las reemplazan con dos grandes  manchas negras pintadas a la distancia de tres dedos  sobre el ojo – escribe Aimė Humbert en suViaje al Japóna finales del siglo XlX -.  A excepción de algunos  mechones impregnados de cera, dispuestos en forma de gradas o de cordones a lo largo de las sienes, llevan los cabellos del todo lisos, aplastados sobre la cabeza, sueltos sobre la espalda, donde un nudo que los retiene debe prestarse a combinaciones muy misteriosas, puesto que todas las grandes damas dejan llegar hasta el suelo su espesa cabellera que ondula entre los pliegues de su flotante manto. El ancho del rico vestido de brocado induce a pensar que en la ciudad de Kyoto se mide la felicidad del lujo femenino por el número de metros de tela que un simple mortal puede arrastrar por el suelo.

 

 

Pero, ¿qué pueden significar esos dos paños del vestido que sobresalen a derecha e izquierda de los bordes ondulantes del manto? Cuando la señora anda, obedecen al movimiento cadencioso de sus dos piececitos invisibles, y se diría , al verla a cierta distancia,  que lleva, no un vestido, sino un ancho pantalón que sólo le permite avanzar de rodillas, balanceándose perezosamente sobre las caderas.

En el interior del palacio no se oye más que el ruido de la seda sobre los muelles tapices que cubren las esteras: persianas de bambú interceptan la claridad del día; biombos de maravillosas pinturas, alfombras, cortinas de terciopelo, ornadas de nudos de cordoncillos de seda, sirven de marco a curiosas aves artificiales, formando las paredes de las salas de reunión. Ningún mueble altera tan elegante sencillez; sólo se ve en los ángulos , un acuario de porcelana superpuesto de arbustos vivaces y de flores naturales. Un olor de madera preciosa y de frescas telas se mezcla con el aire puro que penetra por todas partes a través de los bastidores abiertos.

 

 

Las damas del dairi tienen sus palcos con rejilla, no sólo en el teatro imperial, sino también en el circo de los gladiadores, dependientes de la corte de los mikados, en virtud de un privilegio del año 21 antes de la era  cristiana. Por último, reunidas  las damas en su casa de recreo, les gusta presenciar desde el verandah las riñas de gallos. Estos usos y costumbres de la corte de Kyoto se conservan aún en nuestros días, sólo que no ofrecen ya el menor vestigio de vida artística y literaria.”

 


 

(Imágenes-1-Foto Pierre Gonnord/ 2- Asegawa  Tohaku/ 3- Haku Maki/  4-  monte Fuji nevado)

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