EVOCANDO A FERLOSIO (y 2)

 

”En enero de 1950 – recordaba Carmen Martin Gaite en 1980 – me hice novia de Rafael Sánchez Ferlosio, dos años más joven que yo y mal estudiante, pero excelente escritor. Me dedicó su primer libro, “Industrias y andanzas de Alfanhuí” , y poco después  se fue a cumplir el servicio militar a Tetuán. Nos escribíamos mucho y yo era la primera vez en mi vida que estaba tan enamorada y tan influida por alguien (…) El 14 de octubre de 1953, me casé con Rafael Sánchez Ferlosio, que había terminado su servicio militar, pero no la carrera. Acababa de fundar con Sastre y Aldecoa la “Revista española”, que económicamente  fue un desastre, pero que ahora es muy buscada por los estudiosos porque allí colaboramos todos los prosistas de la llamada “generación de los años cincuenta”. (…) Rafael y yo ( a pesar de que él había conseguido un trabajo modesto como secretario de un ingeniero) pensábamos vivir de nuestras colaboraciones literarias. Desde que me casé vivo en Madrid, en un séptimo piso de la calle Doctor Esquerdo, que mi padre nos regaló, y que tiene una gran terraza. Nunca tuvimos criada, nos repartíamos las tareas domésticas y trabajábamos con total independencia uno de otro. Él escribía sobre todo de noche, y yo también me volví bastante nocturna, y muy poco esclava de los horarios.

 

 

A ninguno nos gustaba el lujo superfluo de las comidas de ceremonia, lo que más nos unía era el gusto por hablar y el sentido del humor, aunque él es más crítico que yo, más inadaptado y menos sociable. (..) En 1957 terminé  mi primera novela larga, “Entre visillos”, y la envié al Premio Nadal con pseudónimo.  Rafael había ganado ese premio dos años antes con “El Jarama” y no quería que el hecho de ser  yo su mujer influyera ni en pro ni en contra en el ánimo del jurado.  Gané el premio Nadal el 6 de enero de 1958. Me enteré de la noticia por la radio, estando sola en casa con mi hija  dormida en su cuna.

(…) Desde el otoño de 1970 vivo sola con mi hija Marta en la misma casa de doctor Esquerdo, que compartí diecisiete años  con Rafael. Nuestra separación fue amistosa y nos seguimos viendo con mucha frecuencia. Viene aquí siempre que quiere.”

 

 

(Imágenes-1- Sánchez Ferlosio – EFE/ 2- biblioteque  tumblr/ 3- portada de Alfanhuí)

EVOCANDO A FERLOSIO (1)

“El pensamiento de Ferlosio es laico, volcado hacia lo público y recalcitrante respecto de los prejuicios  impuestos – recordaba Danilo Manera al estudiar obras de este autor -. Entre los blancos polémicos más frecuentes de sus ensayos y artículos figuran el culto al Progreso y la esclavización de las vidas individuales  e irrepetibles  ante las supuestas “ grandes realizaciones históricas”, los sórdidos  furores de hegemonía que se incuban en la soberbia de las armas y en el honor de las  banderas, las manipulaciones ritualizadas del periodismo, la opinión de masas más sensibles a los escándalos que a los abusos , la televisión estupidizante y fagotizada por la publicidad, el principio liberal-capitalista de la irresponsabilidad del fabricante respecto del producto con la consiguiente indiferencia e inocencia de las mercancías, la degradación definitiva de la vida pública invadida por el privatismo, el callejón sin salida de los dilemas, la Justicia justiciera que prefigura y persigue el castigo a toda costa, las justificaciones fraudulentas de un dolor tan persistente como inadmisible  (…) El pensamiento de Ferlosio no aspira a conclusiones definitivas e indiscutibles, sino que considera síntoma de vitalidad la perplejidad. El impulso al que obedece es el de ponerse en camino, sin temor a intemperies y desastres.”

Rafael Sánchez Ferlosio, descanse en paz.

(Imagen – caricatura de Ferlosio – El país)

APRESÚRATE DESPACIO

 

 

“Ya desde mi juventud – dice Italo Calvino en su conferencia sobre la rapidez, dentro de susSeis propuestas para el próximo milenio” – elegí como lema la antigua máxima latina “Festina lente”, apresúrate despacio (…) El siglo de la motorización ha impuesto la velocidad como un valor mensurable, cuyos “récords” marcan la historia del progreso de las máquinas y de los hombres. Pero la velocidad mental no se puede medir y no permite confrontaciones o competiciones (…) En la vida práctica el tiempo es una riqueza de la que somos avaros; en literatura, el tiempo es una riqueza de la que se dispone con comodidad y distanciamiento; no se trata de llegar antes a una meta establecida: al contrario, la economía de tiempo es algo bueno porque cuanto más tiempo economicemos, más tiempo podremos perder. Rapidez de estilo y de pensamiento quiere decir sobre todo agilidad, movilidad, desenvoltura, cualidades todas que se avienen con una escritura dispuesta a las divagaciones, a saltar de un argumento a otro, a perder el hilo cien veces y a encontrarlo al cabo de cien vericuetos.

 

 

La divagación o digresión es una estrategia para aplazar la conclusión, una multiplicación del tiempo en el interior de una obra, una fuga perpetua; ¿fuga de qué? De la muerte, sin duda (…)  Porque yo no soy un cultivador de la divagación; podría decir que prefiero fiarme de la línea recta, en la esperanza que siga hasta el infinito y me vuelva inalcanzable. Prefiero calcular largamente mi trayectoria de fuga, esperando poder lanzarme como una flecha y desaparecer en el horizonte. O si no, si me bloquean el camino demasiados obstáculos, calcular la serie de segmentos rectilíneos que me saquen del laberinto en el tiempo más breve posible.”

 


 

(Imágenes-1- Gustav Klimt/ 2- Anna Jermolaeva/ 3- Katsumi Oyamada)