EL CARDENAL DE PECHO ROSADO

 

 

“He tenido varias conversaciones con este pájaro – confesaba Simeon  Pease  Cheney enLa música de los pájaros”- . Por eso recurriré esencialmente a la memoria para transcribir su canto.  El plumaje negro y blanco del cardenal, y su pecho decorado con una  estrella de un  bermellón  brillante, atraen inmediatamente al ojo. Y su canto, fuerte, resonante, también seduce infaliblemente al oído. Está lleno de vivacidad y energía, como si tuviera prisa por terminar. Ningún pájaro pone más ardor que él en el canto. Aunque sobre el papel su canto se parezca al del petirrojo, y aunque el uno y el otro se expresen en mi bemol mayor y su menor relativa, el caudal y la calidad de la voz son muy diferentes. Me dicen que este pájaro deja oír también un grito silbado muy musical.

Durante sus migraciones otoñales vuela en grupo y a veces sucede que reclama comida a los granjeros; parecen tan domesticados y cómodos como si en las granjas estuvieran en su casa. Algunas bandadas han cruzado el norte de New Hampshire en el transcurso de su viaje hacia el sur en el mes de diciembre y han visitado plácidamente los lagares de sidra en busca de pepitas de manzana entre los desperdicios, aparentemente sin preocuparse para nada del frío.”

(Imagen – Tony Pinkevich)

LAS DOCE

 

 

“¡Yo no quiero estudiar más, madre! ¡Toda la mañana con este libro! Tú dices que no son más que las doce. Bueno, pues aunque no sea más; vamos a ver, ¿ no puedes tú figurarte que a las doce del día es ya por la tarde?

A mí me parece facilísimo creer que el sol está ya al fin de aquel arrozal y que la pescadora vieja anda buscando yerbas para su cena, junto a la laguna. Mira;  yo cierro los ojos y me figuro que las sombras son más oscuras cada vez bajo el árbol del madar, y que el agua de la charca se ha vuelto negra y reluciente.

Si  las doce pueden ser de noche, ¿por qué no ha de poder ser de noche a las doce?”

Rabindranath Tagore – “La luna nueva” -( traducción de Zenobia Camprubí de Jiménez)

 

(Imágenes-1- Antonio Mancini – 1876/ 2-Peter Jones)

TODO ES TRANSPARENCIA

 

 

“Todo es transparencia,

no hay nadie que se oponga

a la visión oscura.

Resplandor de los siglos,

todo es inmensidad,

lo perfecto y lo puro,

que no puede ser menos

ni ninguna otra cosa.

Aquí no hay cerrazón

ni tropiezos: la senda

estrecha se ha ido abriendo

a lo que no es futuro,

sino hoy refulgente,

verdad nueva y colmada,

trayecto que ha llegado

y sin embargo empieza.

Tarde lo supe, sí,

y viniste temprano,

pero el círculo abre

y cierra su hermosura

y Es lo que ya Es

por ahora y por siempre.”

Ernestina de Champourcin – “La pared transparente”

(a los veinte años de su muerte)

 

(Imágenes -1-Jeremy Blake/ 2- Georgia O Keeffe)

QUÉ ES EL TEATRO

 

 

“El teatro es a la vez objeto y vehículo de un doble vínculo: vinculo con ese misterioso personaje integrado por el autor y el actor, y con ese otro, completamente distinto de ellos, que forman el autor, el actor, el espectador y aun alguien más; vínculo también con aquellos a quienes el azar ha reunido en la misma sala, con aquellos que sienten la misma angustia, la misma alegría, e, incluso, con aquellos que no tienen conciencia de que son hermanos a quienes unirá el mismo destino.

(…) El teatro – sigue diciendo Pierre- Aimé Touchard –  sólo puede ser un inspirador de silencio, y muy bien puede no aspirar sino a provocar esa silenciosa meditación. “Haz que yo sea – escribe Claudel – como el sembrador de soledad y que aquel que escuche mi palabra vuelva inquieto y grave a su casa.”

 

 

Anhelo  éste en el que el dramaturgo coincide con cualquier otro  artista, ya que el efecto de toda obra artística ha de ser el de sumergir al hombre en su meditación;  consecuencia elemental y  necesaria, y piedra de toque para la obra de arte que muchos  escritores teatrales se sienten inclinados a olvidar, extraviados por las mil solicitaciones de su arte, rico y complejo.”

(En el Día Mundial del Teatro)

 

 

(Imágenes-1- Raoul Dufy/ 2-Drago Pérsic – engholm Galerie/  3- Audiencia en el teatro – National geographic)

RIESGOS DE LA OCIOSIDAD

 

 

“Vemos que las tierras ociosas – dice Montaigne – , si son ricas y fértiles, rebosan de cien mil clases de hierbas salvajes e inútiles, y que, para mantenerlas a raya, es preciso someterlas y dedicarlas a determinadas semillas para nuestro servicio. Lo mismo ocurre con los espíritus. Si no los ocupamos en un asunto determinado que los refrene y obligue, se lanzan en desorden, a diestro y siniestro, por el vago campo de las imaginaciones.

Y no hay locura ni desvarío que no produzcan en tal agitación, “como sueños de un enfermo, se forjan vanas imágenes”, y así lo recordó  Séneca. El alma que no tiene un objetivo establecido, se pierde. Porque, como suele decirse, estar en todas partes es no estar en lugar alguno.

 

 

Recientemente me retiré a mi casa, decidido a no hacer otra cosa, en la medida de mis fuerzas, que pasar descansando y apartado la poca vida que me resta. Se me antojaba que no podía hacerle mayor favor a mi espíritu que dejarlo conversar en completa ociosidad consigo mismo, y detenerse y fijarse en sí. Esperaba que, a partir de entonces, podría lograrlo con más facilidad, pues con el tiempo se habría vuelto más grave y más maduro. Pero veo, que, al contrario, como un caballo desbocado, se lanza con cien veces más fuerza a la carrera por sí mismo de lo que lo hacía por otros. Y me alumbra tantas quimeras y monstruos fantásticos, encabalgados los unos sobre los otros, sin orden ni propósito,  que, para contemplar a mis anchas su insensatez y extrañeza, he empezado a registrarlos, esperando causarle con el tiempo vergüenza a sí mismo.”

 

 

(Imágenes- 1- Eyvind Earle / 2 y 3- Atkinson Grimshaw)

LOS ASTROS

 

”Astros en fuego que pueblan la noche en cielos lejanos;

astros mudos que giran ciegos sin ver, siempre helados,

arrancáis de nuestros corazones los días del ayer,

nos arrojáis al porvenir sin nuestro conocimiento,

y lloramos y todos nuestros gritos que os elevamos resultan vanos.

Puesto que es preciso, os seguiremos, atados los brazos,

los ojos vueltos hacia vuestro fulgor puro pero amargo.

Todo dolor importa poco a vuestro aspecto.

Callamos, titubeamos sobre nuestros caminos.

Está allí en el corazón repentino, su divino fuego.”

Simone Weil“Los astros” (traducción de Adela Muñoz Fernández)

(Imagen – Noeeta Madahar)

ENTRANDO EN LOS PERSONAJES

 

 

“Puede que sólo conozcas el aspecto exterior de tus personajes y no su esencia – decía Anne Lamott, una novelista norteamericana. – No te preocupes. Se te revelarán más elementos con el paso del tiempo . Mientras tanto, ¿ puedes ver qué aspecto tienen tus personajes? ¿Qué primera impresión causan? ¿ Qué es lo que más le importa a cada uno de ellos, lo que más ansían en el mundo?  ¿ Qué secretos tienen? ¿ Cómo se  mueven, cómo huelen? Todo el mundo camina como un anuncio  de lo que es; así pues, ¿quién es esta persona? Muéstranoslo…

 

 

Algo que también debes preguntarte es qué postura tienen, qué llevan en los bolsillos o bolsos, qué pasa en sus rostros y en su postura cuando piensan, o cuando están aburridos o cuando tienen miedo. ¿A quién habrían votado en las últimas elecciones? ¿Por qué tendrían que importarnos?  ¿ Qué sería lo primero que dejarían de hacer si descubriesen que les quedan seis meses de vida? ¿Volverían a fumar?  ¿Seguirían limpiándose los dientes con hilo dental? “.

Richard Cohen incluye estas preguntas en su obra “Cómo piensan los escritores”, pero los personajes – y su interior, además de su apariencia exterior que suele estar llena de  detalles – siempre han sido un enigma. .¿Cómo darles entonces verosimilitud?

Estas cuestiones han preocupado lógicamente a los novelistas. Hay muy diversas opiniones: Jane Austen decía que no había que presentar cuadros perfectos;  Charlotte Brontë, Stevenson o Flaubert, que no había que hacer retratos;  Henry James reconocía que el novelista siempre está obsesionado con sus personajes; Virginia Woolf declaraba que todas las novelas  se ocupaban del carácter del personaje,  y Dickens, para dibujar con perfección en “Olivier Twist’  a un personaje que representaba a un magistrado “ cuya rudeza e insolencia – decía –  marcaban su personalidad”, procuró introducirse en un despacho de Hatton- garden para observar y luego describir con exactitud todos sus modales.

 

 

Imágenes – 1 y 2 – George Segal – 1964- museum Washington / 3- Erich Hartmann – 1976)