EL SIGLO XXll

 

 

”Dante Darnius es el primer hombre que ha estado en el siglo XXll y el primero que ha vuelto de él. ¿Qué puedo contar entonces sin desvelar ningún secreto? No puedo contar cómo atravesó igual que un meteoro el siglo XXl y se plantó de pronto en la puerta del 3001, porque eso he prometido no decirlo. No puedo contar tampoco cómo es la puerta del siglo XXll, que es una puerta aparentemente normal, una media hoja sin frío ni calor que cedió ante Dante sin apenas ruido y que le dejó ver de un golpe la inmensidad desde el 3001 al 4000, un espacio vacío. No puedo contar todo eso porque he hecho la promesa de no revelarlo. ¿Puedo decir que el siglo XXll es un siglo sin meses, ni días, ni años? Entonces —suponiendo que eso lo contase — alguno podría preguntarme: ¿ cómo se orientaba Dante? Pues Dante andaba muy despacio, procurando adaptarse a lo desconocido, aunque lo desconocido le causaba terror.

 

 

( …) Por eso aquellos tres días y tres noches de Dante en el siglo XXll ni siquiera habían sido días, puesto que en ese siglo la palabra “día” no existe, ni tampoco la palabra “noche”, ni siquiera el tres, ya que no hay números, puesto que los números ya han sido destruidos. Entonces, sin fronteras, ni brújula, ni orientación, y engañándose con el espacio que se encogía y se dilataba a su derecha y a su izquierda, sin luz, sin agua y sin ruido, sin conocer por dónde andaba, Dante, según me dijo, dejó atrás el número último — o lo que él creía que había sido el último número —, aquel 3001 de la puerta entreabierta del siglo, y siguió andando tiempo adelante.

 

 

(…) Y sin embargo, Dante sí salió impresionado de lo que vio, porque las máquinas iban tan por delante de los hombres en ese siglo, según me dijo, que las máquinas lo decidían todo y declaraban las guerras ellas y ellas solas hacían las paces, y marcaban las pautas del amor y de los odios sin la menor consideración para los hombres,  que aparecían congregados y asustados en los rincones, sin saber cómo parar a las máquinas ni atreverse a acercarse(…) Como tampoco puedo contar lo que se me reveló sobre el hastío del amor en el siglo XXll, y cómo ese hastío ha llevado a los hombres que allí viven al olvido y a la ignorancia, de tal modo que no pueden recordar ya cómo deben enamorarse ni qué tienen que hacer con su corazón ni con sus sentimientos (…)”.

José Julio Perlado – “Mi abuelo, el Premio Nobel” (2O11) – Editorial Funambulista

 

 

(Figuras-1- Turner – 1824/ 2-Sueo Takano/ 3- Strempler/ 4- Raoul Dufy)

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