QUÉ ES EL TEATRO

 

 

“El teatro es a la vez objeto y vehículo de un doble vínculo: vinculo con ese misterioso personaje integrado por el autor y el actor, y con ese otro, completamente distinto de ellos, que forman el autor, el actor, el espectador y aun alguien más; vínculo también con aquellos a quienes el azar ha reunido en la misma sala, con aquellos que sienten la misma angustia, la misma alegría, e, incluso, con aquellos que no tienen conciencia de que son hermanos a quienes unirá el mismo destino.

(…) El teatro – sigue diciendo Pierre- Aimé Touchard –  sólo puede ser un inspirador de silencio, y muy bien puede no aspirar sino a provocar esa silenciosa meditación. “Haz que yo sea – escribe Claudel – como el sembrador de soledad y que aquel que escuche mi palabra vuelva inquieto y grave a su casa.”

 

 

Anhelo  éste en el que el dramaturgo coincide con cualquier otro  artista, ya que el efecto de toda obra artística ha de ser el de sumergir al hombre en su meditación;  consecuencia elemental y  necesaria, y piedra de toque para la obra de arte que muchos  escritores teatrales se sienten inclinados a olvidar, extraviados por las mil solicitaciones de su arte, rico y complejo.”

(En el Día Mundial del Teatro)

 

 

(Imágenes-1- Raoul Dufy/ 2-Drago Pérsic – engholm Galerie/  3- Audiencia en el teatro – National geographic)

EL SIGLO XXll

 

 

”Dante Darnius es el primer hombre que ha estado en el siglo XXll y el primero que ha vuelto de él. ¿Qué puedo contar entonces sin desvelar ningún secreto? No puedo contar cómo atravesó igual que un meteoro el siglo XXl y se plantó de pronto en la puerta del 3001, porque eso he prometido no decirlo. No puedo contar tampoco cómo es la puerta del siglo XXll, que es una puerta aparentemente normal, una media hoja sin frío ni calor que cedió ante Dante sin apenas ruido y que le dejó ver de un golpe la inmensidad desde el 3001 al 4000, un espacio vacío. No puedo contar todo eso porque he hecho la promesa de no revelarlo. ¿Puedo decir que el siglo XXll es un siglo sin meses, ni días, ni años? Entonces —suponiendo que eso lo contase — alguno podría preguntarme: ¿ cómo se orientaba Dante? Pues Dante andaba muy despacio, procurando adaptarse a lo desconocido, aunque lo desconocido le causaba terror.

 

 

( …) Por eso aquellos tres días y tres noches de Dante en el siglo XXll ni siquiera habían sido días, puesto que en ese siglo la palabra “día” no existe, ni tampoco la palabra “noche”, ni siquiera el tres, ya que no hay números, puesto que los números ya han sido destruidos. Entonces, sin fronteras, ni brújula, ni orientación, y engañándose con el espacio que se encogía y se dilataba a su derecha y a su izquierda, sin luz, sin agua y sin ruido, sin conocer por dónde andaba, Dante, según me dijo, dejó atrás el número último — o lo que él creía que había sido el último número —, aquel 3001 de la puerta entreabierta del siglo, y siguió andando tiempo adelante.

 

 

(…) Y sin embargo, Dante sí salió impresionado de lo que vio, porque las máquinas iban tan por delante de los hombres en ese siglo, según me dijo, que las máquinas lo decidían todo y declaraban las guerras ellas y ellas solas hacían las paces, y marcaban las pautas del amor y de los odios sin la menor consideración para los hombres,  que aparecían congregados y asustados en los rincones, sin saber cómo parar a las máquinas ni atreverse a acercarse(…) Como tampoco puedo contar lo que se me reveló sobre el hastío del amor en el siglo XXll, y cómo ese hastío ha llevado a los hombres que allí viven al olvido y a la ignorancia, de tal modo que no pueden recordar ya cómo deben enamorarse ni qué tienen que hacer con su corazón ni con sus sentimientos (…)”.

José Julio Perlado – “Mi abuelo, el Premio Nobel” (2O11) – Editorial Funambulista

 

 

(Figuras-1- Turner – 1824/ 2-Sueo Takano/ 3- Strempler/ 4- Raoul Dufy)

DEFENSA Y NECESIDAD DEL ESTRÉS

 

“El estrés no es una consecuencia de la vida agitada que llevamos – declaraba el profesor Hans Selye, de la Universidad francesa de Montreal y especialista en el tema – . Nuestros antepasados de los tiempos prehistóricos no podían tener miedo a la bomba atómica, a perder su dinero en la Bolsa, pero sí temían al hambre o tenían miedo de los animales salvajes o del frío y, por consiguiente, el estrés estaba ahí, presente, entonces como hoy. Es sólo la calidad del agente la que cambia con los siglos.

Para definir el estrés es necesario no darle una interpretación psicológica, ya que, muchas veces, no tiene nada que ver con el sistema nervioso. Se puede dar el estado de estrés en animales unicelulares, que no poseen ningún sistema nervioso. Se puede provocar el estrés al poner fuera de uso la pata de un animal, es decir, un órgano que ha perdido todo contacto con el cerebro. Y el mensaje del estrés sigue llegando al resto del organismo. Pero en el ser humano, con su sistema nervioso tan desarrollado, los agentes psicológicos constituyen una fuente muy importante, pero no es la única.

 

 

En otras palabras, todo puede producir el estrés y sólo hay diferencias de matiz. Uno trata de evitar el estrés, porque hay enfermedades que se deben al estrés pero al mismo tiempo, la ausencia del mismo quiere decir la muerte. Si uno reacciona ante esta exterioridad atacante, quiere decir que tiene estrés, pero también que tiene vida. La manera más literaria y más laica para definirlo sería ésta: todos los fenómenos vitales poseen un acompañamiento que no es específico. Por ejemplo, el uso de la energía. Necesitamos la energía para cualquier cosa, es psicológico, mecánico, etc, todo lo que uno hace está relacionado con la energía, todo lo que hace la materia viviente. Esta energía produce unos agentes químicos que pueden ser los agentes llevando el mensaje del estrés.

 

 

(…) Los médicos han podido demostrar que tal microbio produce tal enfermedad. Pero los especialistas no han podido convenir, hasta hoy, que hay enfermedades sin causa especifica. ¿ Cuál es la causa de un dolor de cabeza? Si usted tratara de encontrar el gérmen o la sustancia química que provoca el dolor de cabeza, lo buscará en vano. Y así para otros males, considerados hoy como provocados por una constelación de causas, una pluricausalidad. No se puede recetar una vacuna para estas enfermedades. En estas enfermedades pluricausales el estrés tiene un papel decisivo. Bajo el efecto del estrés yo puedo tener un infarto y usted una úlcera. Por esto, usted puede tener su úlcera debido a una intervención quirúrgica, a una quemadura de la piel o debido a su oficio u ocupación de todos los días y con el cual no está usted de acuerdo.”

 


 

(Imágenes- 1-Julián Opie – vidrieras personalizadas / 2- Raoul Dufy/ 3- Yong Sin – 2009 – andrewsShire gallery -artnet/ 4- Hannes Kilian)

LA HABITACIÓN SORDA DE JUAN RAMÓN

 

 

“En la calle del Conde de Aranda donde vivía antes Juan Ramón – contaba Alfonso Reyes en suTertulia de Madrid” -, él se compuso un cuarto sordo, acolchado, que le costó mucho dinero y paciencia. Los obreros no le entendían, y él mismo se equivocaba al principio en la elección de los medios.

Comenzó por forrar los muros de corcho. Pero yo, que tenía mis dudas – continuaba Reyes -, consulté a un mecánico belga, vecino mío. Y mi vecino me explicó que el corcho interrumpe las vibraciones motrices, pero no las acústicas, que contra los ruidos, lo mejor era el fieltro.

Juan Ramón rehizo la obra, apuró un poco, y al fin dió con una sustancia ensordecedora especial que le trajeron de los Estados Unidos, donde las cosechan para sanatorios de hombres fatigados. El resultado fue fantástico.

– Parece – decía el poeta Moreno Villa – que le arrancan a uno los tímpanos al entrar aquí.

Pero lo peor no era esto, sino que se apagaba del todo la atmósfera sonora, ese ambiente o baño de rumores indefinibles en que vivimos como sumergidos; se borraba, en fin, el fondo del paisaje – ! pero en cambio, resaltaban, únicos, individuales y más discernibles que antes, los ruidos más fuertes, los ruidos esporádicos, acaso los más turbadores de todos! Así, el fotógrafo de al lado, el loro del piso bajo, el pavoroso ruido que lanzan los muebles de tiempo en tiempo, y, sobre todo, la pianola de los cubanos de arriba, que todo el día bailaban tangos argentinos con unos tacones matadores…

– Estoy seguro – decía en su exasperación el poeta – estoy seguro  de que usan tacones metálicos.

 

 

Al fin, derrotado, Juan Ramón decidió mudarse. Y en la nueva morada – una pequeña terraza de una de las calles más amplias y señoriales de Madrid – se oía de tiempo en tiempo el chirrido del tranvía en la curva y, al anochecer, el grito de la castañera.

Juan Ramón se ha acostumbrado a levantar la pluma y suspender la labor unos segundos, mientras acaba su quejido el tranvía. Y en cuanto a la castañera, afortunadamente, ha desaparecido con el buen tiempo.

(…) Azorín, curioseando un día en unas ediciones escogidas, le descubrió un antecedente a Juan Ramón Jiménez: resulta que Lamartine padecía del mismo mal y también había caído en el error del cuarto acolchado. Sólo que Lamartine tenía un cuarto al parecer espacioso, y el de Juan Ramón era diminuto, aunque daba la ilusión del espacio, y aún del aire libre, un espejo que duplicaba la longitud y reproducía la ventana de la calle.”

 

 

(Imágenes -1- Juan Ramón Jiménez – Daniel Vázquez Díaz/ 2- Carl Holsoe/ 3- Raoul Dufy)

IMPRESIÓN : AMANECER

 

 

“En 1874, Edmond, el hermano de Renoir que publicó el catálogo de la exposición inaugurada ese año en París,  le pidió a Monet que le diera una lista de todos los títulos. Para su cuadro del amanecer en Le Havre  pintado en 1872 Monet sugirió, sin duda algo distraído – según recuerda Sue Roe en “La vida privada de los impresionistas” -, el título de “impresión”. El cuadro apareció con el título de “Impresión : Amanecer ( Impression soleil levant).

El crítico Louis Leroy, de la revista satírica “Le Charivari”, escribió un artículo a modo de parodia, y cuando a lo largo de la exposición llegó ante la contemplación del  cuadro de Monet, preguntó :

– ¿Qué representa eso? ¿Qué dice el catálogo?.

Su acompañante  le contestó:

-“Impresión : Amanecer”

– Ah, claro, impresión. Debe de haber una impresión en algún lugar, aquí metida. ¡Qué libertad!, ¡qué flexibilidad de estilo! – dijo irónicamente – El empapelado en sus prineras fases estaba mucho más terminado que eso”.

Bela Lázár describió así este famoso cuadro: “El sol se eleva sobre las casas de la orilla ; su luz tiembla en zigzag en el espejo de las aguas del río. Por encima de las casas y del agua se extiende un aire azul, en el cual surgen, como luminosas manchas, las siluetas de los campanarios y de los barcos que cruzan el río. El cuadro representa la pugna entre la niebla y la luz del sol, entre los valores cromáticos del cielo y del agua, así como la compenetración y mutua influencia de sus colores. Los matices se funden, las formas se hacen insensibles. El pintor toma, como punto de partida, un efecto real: la observación de las relaciones que existen entre las masas de color y el ambiente inundado por ellas. Tales son sus motivos”.

 

 

Ahora el Museo de Arte Moma en Le Havre expone este cuadro y lo rodea de célebres amaneceres o atardeceres, entre otros, de  Eugene Boudin, Turner, Raoul Dufy o Gustave Le Gray

 

 

“Impresión: Amanecer” , la palabra de donde surgirá después el “impresionismo”, y sobre cuyo estilo Whistler, el impresionista norteamericano, quiso comentar : ” cuando la niebla del crepúsculo tiende sobre las márgenes del río el velo de la poesía, y las pobres viviendas parecen flotar en el cielo turbio; cuando las elevadas chimeneas se convierten en esbeltos campanarios y los bazares fulguran en la noche tenebrosa como si fueran palacios y toda la ciudad parece colgar del cielo, transportándonos a un mundo fabuloso…”

 

 

Distintos amaneceres y atardeceres mostrándonos la mirada del artista.

 

 

Impresiones de luz y pinceladas, sombras y enfoques.

Fotografía y pintura.

 

 

(Imágenes -1- Monet – “Impresión: Amanecer” – museo Marmotan/ 2- Eugène Boudin- 1882 – colección particular/ 3- Turner – 1834 – tate – Londres/ 4- Raoul Dufy – 1925 – museo de  Bellas Artes de Nancy/ 5-. Gustave Le Gray – Le Havre -1856/ 6- Eugène Boudin- Le Havre- 1888 – Muma – Le Havre)

FOTOS DE MI PADRE

 

 

” La primera fotografía de mi padre, recuerdo, la estuvieron preparando a media tarde en el jardín al que acudíamos cada año la familia y es una foto delante del arco de nuestra antigua casa veraniega, una casa señorial con un jardín presidido por un gran olmo. Yo estoy observándolo todo desde lo alto de una buhardilla en donde me he refugiado a escribir, algo que he hecho en todas partes y toda la vida, y entreabriendo la pequeña ventana de esta buhardilla veo desde la altura a mi padre abajo, de pie, junto al olmo. Se alarga una fina línea de sol que ilumina el sendero cruzando el jardín. Está mi padre sonriente junto al árbol, debe de tener unos cincuenta o cincuenta y cinco años, viste una chaquetilla blanca, unos pantalones azules y unos zapatos blancos de verano y esa foto la pasaré luego a mis hermanos y se la comentaré a mis hijos. Pero ya viene al fondo, por el sendero que recorre el jardín, andando muy despacio, la foto de la madre de mi padre, mi abuela paterna, una figura pequeñita apoyada en un bastón, la cara ligeramente inclinada, un moño limpio y cuidadosamente recogido, un vestido negro con fondo de pequeñas flores y sobre todo una bondad andante, una expresión apacible y alegre, la mujer que años antes me enseñó a rezar. El césped del jardín se va abriendo a sus pasos muy cortos y cuando llega frente al olmo y contempla la foto de mi padre se detiene, apoya su bastón en la arenilla y observa despacio a su hijo como todas las madres observan a sus hijos, con una felicidad que la fotografía revelará.

 

 

Todas esas fotos y muchas más que observo desde la buhardilla me parecen fotos muy jóvenes, mantienen esa frescura en papel de los primeros tiempos, antes de enmarcarse, antes de ser recubiertas por cristales, y ahora las veo pasar de mano en mano y oigo cómo las comentan en la tertulia familiar que solemos tener después de comer en verano, al aire libre, mientras unos tomamos café y otros juegan a las cartas. Estoy sentado en una de esas sillas de rejilla esparcidas por el jardín, entra ahora un sol pálido por encima de las tapias y voy viendo que por esas fotos aún no ha pasado el tiempo, aún no se ha abierto ningún cajón para guardarlas, son imágenes que van de mano en mano fijando un instante irrepetible, todas las fotografías lo fijan, van acompañadas de palabras, las yemas de los dedos cuando las rozan resaltan aquí y allá un gesto o un contraluz. Yo aparto un poco la taza de café para extenderlas sobre el mantel, junto a la servilleta y las cucharillas, y me detengo en esa mirada de mi abuela contemplando el olmo y en esa sonrisa de mi padre junto al árbol, madre e hijo en un momento que no volverá a suceder. No volverá a suceder porque los instantes cambian y ese instante de mi padre junto al árbol, en cuanto pase poco tiempo será enmarcado y colocado en el aparador de nuestro comedor como algo irrepetible al lado de una fotografía de mi madre también irrepetible, tomada a contraluz, como si la envolviera una gasa; ella apoya su mejilla en su mano derecha y sonríe, y esos dos instantes de los padres los tendremos como presencia íntima durante años. Pero ahora, de pronto, quiero buscar esta foto de mi padre para escribir algo sobre él y no la encuentro : son los caprichos siempre de estas mudanzas porque el pasillo durante toda esta mañana ha estado invadido de cajas, yo he salido de mi cuarto a buscar la foto y sin querer he ido tropezando una tras otra con pequeñas montañas de libros que aguardan apilados en el suelo, cuatro hombres de la mudanza cargados de trastos me están pidiendo paso entre las cajas, son hombres rudos, hercúleos, intentan como pueden no rozar las patas de los muebles con las esquinas de las puertas, yo logro llegar hasta el comedor pero el comedor ya está vacío, es una habitación desolada e irreconocible, han descolgado cuadros y cortinas, pregunto en el pasillo dónde pueden haber colocado el aparador para salvar la foto de mi padre pero el aparador, me dicen, ya lo bajaron a la calle, ya está metido en el camión. ¿Y la foto?” ( …)

José Julio Perlado – (del libro “Relámpagos“) ( texto inédito)

 

 

(Imágenes -1- Gustav Klimt/ 2- Raoul Dufy/ 3- Paul Cezánne- la casa de Père Lacroix en Auvers)

 

ESCRIBIR EN EL CAFÉ

 

 

“Creo yo  que lo de escribir en el café – decía Ruano en sus “Memorias’:  “Mi medio siglo se confiesa a medias”- puede obedecer a dos razones: una de pura costumbre, puesto que desde muchacho ya lo hacía, y otra de tipo subsconsciente en la que ahora pienso: es bien probable que yo lleve íntimamente un terrible vago que no ha sabido serlo y que el escribir en el café me produzca menos sensación de trabajar en serio que encerrándome en mi casa. El café es un típico lugar de ocio y lo que se escribe en el café tiene algo de “chiripa”, algo así como si hubiera bajado un ángel a escribirnos las cuartillas. También me gusta mucho la tertulia y siempre he procurado hacer compatible el trabajo con la charla, para lo que tuve una gran facilidad. No he necesitado casi nunca abstraerme ni escribir en un ambiente de silencio y recogimiento. Claro que quizá mi obra no necesitara, para lo que era, de tales cuidados. Sin embargo ahora, con los años, en vez de ser mayor la costumbre  y el entrenamiento , comienza  a fallarme algo lo de escribir mientras oigo y hablo. Ciertas cosas prefiero hacerlas en casa mejor que en el café, y también se va resistiendo la rapidez que en mí era famosa”.

 

 

En todos los países los cafés han ejercido una enorme influencia en la creación y en el ambiente artístico. Escritores trabajando en los cafés como Sándor Márai o como Claudio Magris cuando lo relata en “Microcosmos”. Escritores franceses, escritores húngaros. El crítico húngaro Dezsó Kostolányi, al hablar concretamente de la literatura de su país – y así lo recuerda Antoni Martí en su “Poética del Café” – anota que “el primer cliente habitual de los cafés fue Sándor Petófi. A partir de entonces la literatura húngara se desarrolla con la industria del café. Es en los Cafés donde estallan y se apaciguan las revoluciones. Corresponde a los futuros historiadores establecer  la influencia del consumo de café en los poemas, las novelas, los artículos, determinar quién bebía cafeína y quién achicoria. Si la literatura se debilita, el café se hace menos fuerte. No sabemos en qué cuartucho habitarán  nuestros genios; de hecho, la mayor parte de nuestros escritores se conforman con una cama. Pero será imprescindible colocar una placa conmemorativa en cada Café”.

Marañón, en su discurso de recepción de Pío Baroja a la  Real Academia Española, habló  de “nuestro hombre del café”: “No es entre nosotros – dijo –  este hombre del café, como en otras latitudes, el mismo hombre de la calle que entra unos minutos en el café o en el casino para descansar de la tarea diaria o para hablar o negociar con gentes distintas de las de su medio habitual. Nuestro hombre del café es sólo esto: hombre del café , desde la mañana hasta cerca de la mañana siguiente”.

 

 

(Imágenes.- 1- Raoul Dufy – 1934- pinterest/ 2- Edouard Manet – 1869/ 3- café – pinterest)