EL PRIMER RELATO

Y

 

“Podemos imaginar cuál fue el primer relato. Podríamos escribir un relato sobre cómo fue ese primer  relato. Podemos imaginar  que el primer narrador se alejó de la cueva, quizás buscando algo, persiguiendo una presa, cruzó un río y luego un monte y desembocó en un valle y vio algo ahí, extraordinario para él, y volvió para  contar esa historia – dice Ricardo Piglia  en “La forma  inicial” , durante sus conversaciones en Princeton. -.Podemos imaginar, en todo caso, que el primer narrador fue un viajero y que el viaje es una de las estructuras centrales de la narración: alguien sale del mundo cotidiano, va a otro lado y cuenta lo que ha visto, la diferencia. Y ese modo de narrar, el relato como viaje, una estructura de larguísima duración, ha llegado hasta hoy. No hay viaje sin narración, en un sentido podríamos decir que se viaja para narrar. Por eso los viajeros actuales van siempre con máquinas fotográficas y tratan de capturar los rastros de lo que van a contar a sus amigos cuando vuelvan.

 

 

Pero podríamos pensar que hay otro origen del acto de narrar.  Podríamos imaginar que el otro primer narrador ha sido el adivino  de la tribu, el que narra una historia posible a partir de rasgos y vestigios oscuros. Entonces podríamos decir que el primer narrador fue tal vez alguien que leía signos, que leía el vuelo de los pájaros, las huellas en la arena, el dibujo en la caparazón de las tortugas, en las vísceras de los animales y que a  partir de esos rastros reconstruía una realidad ausente, un sentido olvidado o futuro. Tal vez el primer modo de narrar fue la reconstrucción de una historia cifrada. A esa reconstrucción de una historia a partir de ciertas huellas que están ahí, en el presente, a ese paso de otra temporalidad, podríamos llamarlo el relato como investigación.”

 

 

(Imágenes – 1-Úrsula Abresch/ 2-Eric Aupol- galeriepolaris/ 3-Charles Burchfield- 1959)

LO QUE ME GUSTA Y NO ME GUSTA DE PARÍS

 

 

“Me gusta que en este París los cafés y las librerías se apiñen unos contra otros como si se apoyaran (el encuentro del espíritu y de los hombres) – escribe el serbio Danilo Kiš en 1982 -: no me gustan las argucias literarias estructuralistas pseudocientíficas, ese esfuerzo noble y vano de reducir el pensamiento a una fórmula de Einstein y sé que una obra puede desmontarse como un mecanismo de relojería y puede volverse a montar para que lata como un corazón humano; no me gusta la politilización general de la cultura francesa, su “compromiso”, el envenenamiento de los manantiales poéticos puros; me gusta  cómo reacciona París ante los acontecimientos actuales: con viveza, pasión, parcialidad; no me gusta el egocentrismo, el maniqueísmo parisino, francés, que reduce todo a una absurda fórmula simplificada de izquierda y derecha, como en el día del Jucio Final; me gusta la biblioteca ambulante que es el metro, este anexo de la Biblioteca Nacional sobre raíles;

 

 

me gusta mucho la tolerancia de París, donde hay sitio para cada tendencia ideológica, política o literaria, ese amplio espectro de posiciones antagónicas que viven bajo el mismo techo como una gran familia ruidosa y peleona ; no me gusta la memoria corta de la “intelligentsia” parisina que ha rechazado la duda, la brújula intelectual más valiosa, y durante años ha pecado desenfrenadamente contra la verdad, contra la evidencia y contra la libertad; me gusta su preocupación por la libertad, porque incluso cuando ha pecado contra la verdad, lo ha hecho porque la libertad le preocupa; no me gusta ver a la multitud de chicos y chicas que en la librería, en la FNAC, se reúnen alrededor de la ‘fuente de la sabiduría” y, en silencio solemne, religioso, leen sus cómics, ausentes y obnubilados; me gusta la generosidad de París que celebra a Joyce, que ha comprendido el genio de Faulkner, que ha revelado al mundo la literatura latinoamericana;

 

 

me gusta que en París cohabiten editoriales, restaurantes y librerías, uno tras otro, igual que se suceden una tras otra las secciones de “Libros” y “Restaurantes” de los periódicos y revistas parisinos, porque París, a pesar de todo, sigue siendo la gran cocina europea, la gran cocina mundial de las ideas; no me gusta que en esta cocina de vez en cuando se cuezan a fuego lento guisos dudosos que se ofrecen al mundo como especialidades de primera clase, nacionales o exóticas;

Pero, discúlpenme, esto ya no es el París literario, no es más que una barca que ahora baja por el canal de Saint-Martin…. Porque, fíjense, aquí, en París, al menos para mí, todo es literatura. Y París, a pesar de todo, sigue siendo la capital de la literatura.”

 


(Imágenes- 1- Jean Fusaro/2-Konstantin Korovin  – 1908/ 3-Gustave Caillebotte/ 4- Rik Wouters)

VIAJES POR EL MUNDO (22) : FLORENCIA

 

“Por encima del bosque de Cascine – escribe Rilke – brilla el último fulgor y el Ponte Vecchio, del que viejas casas cuelgan como nidos, parece una oscura cinta pasando a través del amarillo dorado de la seda. La ciudad se extiende en un acorde ocre y gris y las montañas de Fiésole tienen ya los colores de la noche. Sólo San Miniato al Monte conserva aún el sol en su querido semblante liso y nunca olvido recoger esa última sonrisa, que me otorga como una gracia discreta y delicada.

Entonces – prosígue en su “Diario florentino” – comienza la hora en que el aire se vuelve de un azul acerado y todos los objetos se afinan nítidamente. Las torres parecen resaltar más grácilmente entre el rizado de las cúpulas y las almenas del Palazzo Vecchio están como cuajadas en su antigua fiereza. Hasta que el cielo sereno se cubre de estrellas y la suave luz baña de nuevo todas las cosas con su tierna y tímida caricia. El silencio rueda como un gran río por las callejuelas y las plazas, donde todo se oscurece luego de una breve lucha y no queda, por último, más que un diálogo, un vaivén de preguntas vagas y confusas respuestas, un vasto zumbido: el Arno y la noche.

 

 

Pese a la fatiga de un largo viaje, que debí hacer desgraciadamente  de punta a punta sentado sobre una valija, salí de mi hotel por la tarde, deambulé a lo largo de las callejuelas, descubrí  así la Plaza Victorio Emanuele y entré, por pura casualidad, en la Plaza della Signoría. Ante mí se levanta el Palazzo Vecchio, abrumador en su mole abrupta y compacta,: creo sentir su sombra gris y pesada. Sobre los hombros almenados del edificio, la atalaya alarga su musculoso cuello en la noche que avanza. Es tan alta, que el vértigo me sobrecoge cuando alzo la mirada hasta su cabeza cubierta por un casco y cuando, desconcertado, busco cerca de mí un espacioso pórtico que me ofrece sus bóvedas: es la Loggia dei Lanzi. Pasando frente a dos leones, penetro en su oscuridad donde se destacan blancas estatuas de mármol.”

 

 

(Imágenes-1-Giuseppe Zocchi/ 2- Telemaco Signorini— 1880/ .3- Monika Kelly)

SONREIR EN UN BLOG (7) : EL BOLSO

 

 

“De piel de cocodrilo

por la parte de fuera;

de seda, color Nilo,

por la parte de dentro

y tiene un espejo en el centro

y junto al espejo tiene una polvera.

Un tubito que lleva encerrado

el perfume de una esencia suprema

y cuatro butacas para ir a un cinema

del tres de febrero pasado.

Junto a un lapicero muy delgado y muy fino,

rodeado de un marco de satén

una foto preciosa de Rodolfo Valentino

hecha cuando tenía el apéndice bien.

Una caja de rímmel provista de un cepillo;

rojo para los labios para un caso de apuro.

Una medalla vieja llena de cardenillo

y un bolsillo de tela que encierra un solo duro.

Una tarjeta de visita:

”Juana Menéndez. Calle de Hita,

número siete, principal”

(las señas de una sombrerera),

y una vista de Orense desde la carretera

y una muestra de lana para un chal.

Retratos. Más retratos. Un último retrato.

Un sello de Correos de la China.

Y una cajita de bicarbonato

en cuya tapa dice: “Cocaina”.

Enrique Jardiel Poncela – “El bolso”- “Nueve historias contadas por un mudo”- “Para leer mientras sube el ascensor”

(Imagen -Yayoi Kusama -1998 – cortesía  robert miller gallery)

SENTADO

 

 

”Estoy sentado en el sofá

una tarde ligeramente nublada

como una almeja desconchada

tengo cosas que hacer pero

embelesado

no hago nada

las cosas bellas son bellas

e incluso las cosas feas

tienen algo de belleza

simplemente estar aquí

es asombroso

y dejo de ser yo mismo

me levanto

bebo agua y el agua

también es asombrosa”.

Shuntarõ Tanikawa“Sentado”– “Minimal’ ( traducción de David Taranco)

(Imagen- Kengo Kuma – casa de cristal – 1995- atami  kaihourou)

SIRI HUSTVEDT

 

“En nuestra casa de Brooklyn, todo el mundo nos despertamos a las siete. Paul y yo bebemos nuestro café y cuando estoy sola aprovecho para arreglar un poco la casa – revelaba  Siri Hustvedt en  1998 – . Sí, yo soy un poco maniática, pero me es imposible escribir en un entorno caótico. Me pongo a trabajar hacia las ocho y media, y reemprendo la novela en la cual trabajo desde hace tres años y de la que he escrito innumerables folios. Escribir, evidentemente, es un  extraño asunto… Con frecuencia  he  pensado que sería divertido filmar a los escritores mientras escriben; habría muy poco que ver a pesar de la intensidad de su trabajo. De hecho, y contrariamente a lo que acabo de decir,  yo me encuentro muy rápidamente en trance de abrir y cerrar los ojos, balancearme sobre mi silla y rascarme la barbilla.  Pienso que un film sobre esto sería muy aburrido contemplarlo, y por tanto estoy muy feliz de que la escritura permanezca como un acto solitario. Yo suelo escribir  en el cuarto y último piso de nuestra casa, en una pequeña habitación blanca con paredes tapizadas de libros y de fotos. Sentada ante la ventana, observo la copa de un árbol y un trozo de cielo,  me gusta mirar el cielo mientras hago una pausa  entre dos frases.

 

Mi marido escribe en la planta baja. Hay dos pisos entre nosotros.  De tal modo que yo no escucho sus idas y vendas, ni tampoco el ruido de su máquina de escribir y aún menos el paso de su pluma  sobre la hoja de papel. Cuando escribo, me da la impresión de que el tiempo no pasa.  Tras una comida ligera, que tomo en mi cuarto de trabajo – yogurt, fruta, sándwich, bebida -, escribo unas dos o tres horas más de la tarde. Tras seis horas de escritura me siento literalmente vacía y  estoy decidida a pararme.  Entonces, rápidamente  salgo fuera  y me dedico a hacer las compras para la cena. Eso quiere.decir que en nuestro barrio voy de tiendecita en tiendecita. Voy a mi panadería, a un vendedor coreano para las verduras y las flores, a una pescadería cercana a la antigua escuela de mi hija. Acompañada de Jack, nuestro perro, marcho  de comercio en comercio. Cuando no voy apurada, estos recorridos son un precioso momento de meditación (…) Mi marido permanece en sus minas de carbón unas cinco o seis horas más y únicamente aparece, agotado, para venir a cenar.

 

 

En nuestra mesa la conversación siempre es muy animada (…) En este momento del día yo estoy ya fatigada. Mi marido y yo charlamos y nos retiramos a nuestro dormitorio. Lo cotidiano es una bendición: evocar puede parecer aburrido pero vivir aporta realmente satisfacciones”.

(Pequeña  evocación en el día en que le conceden a Siri Hustvedt  el Premio Princesa de Asturias de las Letras).

 

 

(Imágenes-1- Siri Hustvedt /2-el puente de Brooklyn- 1998 – foto Barbara Mensch – artnet /3-  Siri Hustvedt y Paul Auster – actuail com/4 – Siri Hustvedt – Revista Santiago)

MUNDO INSÓLITO

 

 

”Dicen – aseguraba  Aristóteles- que en Egipto los frailecitos vuelan hasta las fauces de los cocodrilos y les limpian los dientes, extrayendo con el pico los restos de carne que se han incrustado en el interior de la boca: es muy beneficioso para los cocodrilos y por tanto no les hacen ningún daño.

Las cabras de Cefalonia no beben, al parecer, como los otros cuadrúpedos, sino que diariamente dirigen el hocico hacia el mar y abren la boca para que penetre en ella el aire.

Dicen que cuando las tortugas comen una víbora deben ingerir orégano; si no pueden conseguirlo de inmediato, mueren.  Muchos campesinos  que quieren comprobar si este fenómeno es cierto, cuando ven que una tortuga va en busca de orégano se lo quitan. Al cabo de poco tiempo, descubren al animal moribundo.

 

 

Dicen que los pelícanos devoran a los moluscos y tras haberlos triturado se encuentran en los ríos; luego, cuando han tragado una gran cantidad, los vomitan, de este modo comen la carne de los moluscos, pero no ingieren  las  conchas.

Dicen que en Cilene, en Arcadia, y en ningún otro lugar, los mirlos son blancos, emiten sonidos muy variados y vuelan  en dirección a la luna.  Si  alguien se encuentra con ellos durante el día, difícilmente conseguirá capturarlos.

Dicen que en Melos y en Cnido hay una miel llamada antino, de olor delicioso aunque poco persistente; también contiene pan de abejas.

Dicen que en Trebisonda en el Ponto se encuentra una miel de olor desagradable, que se obtiene del boj. Se dice que trastorna la mente de los que están sanos y cura, en cambio, a los epilépticos, hasta de modo definitivo.

Dicen que los erizos en Bizancio son capaces de percibir de dónde sopla el viento y, según sea del norte o del sur, cambian de inmediato de refugio.”

 

 

(Imágenes -1- Peter Straten/ 2- Nathalie Miranda- Galería de  bellefeuille/3- Ida Outhwaite)