VIAJES POR EL MUNDO (32) : EN LA CITY DE LONDRES

 

 

“Quién me mandó ir a Londres en auto? ¿Dónde comienza la ciudad? — cuenta Saúl Yurkievich en suRimbomba” —. Supongo que en medio de la maraña de calles, y que por alguno de estos vericuetos llegaré. Una flecha señala la City: la sigo zigzagueando entre paredones y fábricas, entre fachadas oprimentes. Inacabable dédalo. Circulo por la izquierda, concienzudamente trato de reprimir mis reflejos que me empujan por la derecha. Busco nombres conocidos; tomo una avenida que desemboca en una inmensa rotonda y veo un cartel que indica Westminster Bridge; es un poco tarde para doblar, pero lo intento, intercepto el paso a conductores impasibles y a camioneros que me insultan y me lanzo en dirección al puente. Por la derecha, por supuesto. Choco de frente con un sólido auto británico; siento la estruendosa sacudida; me bajo atontado, desubicado.”

(Imagen – Londres- 1951 -foto Robert Frank)

VIAJES POR EL MUNDO ( 31 ) : PLAZA DE ESPAÑA, ROMA

 

 

“La plaza de España, con sus escaleras, empurpuradas de azaleas y coronadas por el campanario doble de la Trinidad de los Montes —escribe Julien Gracq —, representa para un parisino un esbozo reducido tanto de las escaleras de Montmartre como de los callejeros de la plaza del Tertre ( las pinturas de la Vía Margutta no están lejos); pero un boceto que a la vez vendría a salpicarse a la vez un poco de la escarcha matinal, olorosa,  del Mercado de las Flores.(…) Como los enramados abandonados del Capitolio, como la superpoblada plaza Navona, es uno de los lugares de la ciudad por los que gusta pasar, donde gusta quedarse. Pero tampoco en ningún otro lugar se capta mejor que la seducción de esta gran ciudad guarda un carácter de modestia y timidez provincial casi patético: el de una ciudad enclenque que fue sobreviviendo como pudo durante mil quinientos años entre los escombros y los recuerdos de una megalópolis más grande que ella y donde en ningún lugar se percibe ese brote orgulloso en el florecimiento y la afirmación de sí misma que es el propio de una ciudad como Nueva York, por completo hija de sus obras. La plaza de España, que sobre sus escalones expone como en un espaldar a los “hippies” de todos los países de Europa, es un lugar de descanso para la fatiga soleada de vivir, un decorado para la florista, para una gentil aventura sentimental sobre el que la Trinidad de los Montes hará llover desde lo alto la religiosidad tranquilizadora, el toque de queda  de sus ángeles avejentados. Aquí más que en otros lugares, me ha parecido respirar más de una vez una humildad inesperada y sonriente que es como la nota original de Roma.”

 

 

 

(Imágenes—1 y 2- plaza de España)-

VIAJES POR EL MUNDO (30) : SHANGHÁI

 

 

“…El canto de los pájaros y los grillos criados en sus jaulas, los mercados y la comida callejera, con sus aromas y colores que cambian de pronto según la estación – describe el fotógrafo Howard French al recorrer Shanghái -, la eterna ropa tendida en largas pértigas de bambú, los chirridos de los frenos de las bicicletas, el vigoroso gargajeo, los que haraganean en pijama en tumbonas, el aspecto mismo de las personas, curtido por un siglo de cambios inmensos y a menudo brutales, como el anciano con el traje Mao descolorido a quien he visto esta tarde en una esquina, igual que una aparición perdida entre él aluvión de lo nuevo.

Eso es Shanghái.”

(Imágenes -Shanghái- eldiarioes)

VIAJES POR EL MUNDO (29) : EL GANGES

 

 

“No hay nada tan impresionante —escribe Somerset Maugham —como navegar por el Ganges por la tarde, poco antes de la puesta del sol. Produce una viva emoción ver la ciudad con los dos minaretes de su mezquita destacándose sobre el cielo pálido. Una maravillosa sensación de paz cae sobre el alma. Reina un gran silencio.

Luego, por la mañana, antes de que salga el sol, se deambula por la ciudad de Benarés, las tiendas están todavía cerradas y los hombres, envueltos en mantas, duermen sobre el suelo; un grupo de gente se dirige hacia el río, llevando grandes peroles de cobre para buscar el agua sagrada de sus prescritos baños. Se toma una casa flotante tripulada por tres hombres y se sigue río abajo. Hace frío por la mañana. Los “ghats” están sumamente poblados. Uno de ellos, no sé por qué, está atestado de gente.  El tramo de las escaleras y la orilla del agua forman un espectáculo extraordinario. Los bañistas toman de diferentes maneras su baño ritual. Para algunos muchachos es una diversión; se zambullen de cabeza, salen y vuelven a zambullirse. Para otros es una ceremonia que debe realizarse lo más rápidamente posible, y se les ve efectuar los ademanes de ritual precipitadamente y mascullar sus plegarias. Otros lo toman solemnemente. Se inclinan ante el sol naciente con los brazos en alto y recitan sus plegarias con fervor. Después, terminando el baño, un poco de conversación con los amigos y es de suponer que las ocupaciones cotidianas dan lugar a alguna noticia importante o chismorreo. Otros se sientan con las piernas cruzadas en meditación. La inmovilidad que guardan algunos de ellos es impresionante; parece que en aquella escalera estén sentados en el templo de la soledad. Vi un hombre cuyo rostro estaba pintado con grandes círculos de ceniza blanca alrededor de sus ojos, una mancha en la frente y dos en las mejillas, de manera que daba la impresión de llevar una máscara. Muchos de los bañistas, una vez tomado su baño, pulían y rascaban los grandes peroles de cobre con los cuales se llevarían a sus casas el agua purificadora.

 


Es un espectáculo conmovedor y maravillosamente impresionante; el ruido, la animación, ese constante ir y venir dan una sensación de activa vitalidad; y las figuras inmóviles de los hombres en contemplación parecen, por contraste, más silenciosas, más inmóviles, más alejadas de toda relación humana.

El sol se levanta aún más en el cielo y la luz grisácea que antes bañaba la escena se vuelve dorada, y el color la viste de un resplandor multicolor.”

 

 

(Imágenes —1- Benarés y el Ganges/ 2- el Ganges al atardecer/ 3- río Ganges)

VIAJES POR EL MUNDO (28) : LLUVIAS EN LA INDIA

 

 

“Según el calendario hindú — escribía Tagore—, cada año está gobernado por un planeta especial. Asimismo he encontrado que, en cada período de la vida, una estación asume una importancia particular. Cuando miro atrás a mi infancia recuerdo, mejor que nada, los días lluviosos. La lluvia inundada por el viento ha inundado el suelo de la galería. La fila de puertas que dan a los cuartos está toda cerrada. Peari, la fregona vieja, viene del mercado, con su cesto repleto de verduras, metiéndose hasta los tobillos en el lodazal, y calada de lluvia. Yo estoy en la escuela; se ha levantado nube sobre nube durante la tarde, y ahora están amontonadas tapando el cielo, y, mientras miramos, la lluvia cae en torrentes juntos y espesos; el trueno, a intervalos, va rodando ruidoso y largo; alguna mujer loca con uñas de relámpago parece estar rasgando el cielo de extremo a extremo; las paredes de estera se estremecen bajo las ráfagas de viento como si fuéramos a hundirnos hacia adentro; apenas podemos ver para leer, de lo oscuro que está.

 

 

El pat pat de la lluvia que se abre paso por los bosques de mi sueño, crea dentro un descanso alegre más profundo que los sueños más profundos. Y en los intervalos en que estoy despierto rezo para que a la mañana vea continuar la lluvia, nuestra calleja bajo el agua, y la plataforma de la alberca sumergida hasta la última grada.

La gran diferencia que veo entre la estación de lluvias de mi infancia y el otoño de mi juventud es que en la primera es la Naturaleza exterior la que me rodeó muy de cerca, teniéndome entretenido con su numerosa comitiva, su variado disfraz, su mezcolanza de música; mientras que la fiesta que se verifica en la reluciente luz del otoño está en el mismo hombre. El juego de nubes y sol queda en el fondo, mientras que los murmullos de alegría y de pena ocupan el entendimiento.”

 

 

 

(Imágenes —1-Lewis Noble/ 2- Ivan Shishkin- 1891/ 3-Laura Mcphee)

VIAJES POR EL MUNDO (27) : COIMBRA

 

“Cuando al acercarme en tren se me apareció  la visión  panorámica  de Coimbra, trepando sus casas por la colina en que se asienta y dominada por la Universidad a que hace cabeza su torre —escribía Unamuno —, la saludé como a una vieja conocida. Es una torre académica, no una torre eclesiástica, la que corona la ciudad, académica también, de Coimbra. Ninguna de sus catedrales, ni la vieja ni la nueva, se destaca a lo lejos. (…) Coimbra cabe decir que concentra la historia toda legendaria  y poética de Portugal; Coimbra ha sido la iniciadora de sus movimientos espirituales.(…) Visitando la Universidad, ahora en verano, a principios de agosto, cuando arrastran los primeros exámenes de prueba de curso y los bedeles, con sus ociosos espadines al cinto, bostezan en los bancos del patio, no cabe darse cuenta de lo que este hogar intelectual de Portugal es en tiempo de estudios, cuando pululan por las rúas y cruzan con   ojos cazadores los estudiantes en pelo, con sus negras levitas, alborotada la melena al aire y su flotante capa, llevando en la mano la “seventa”, los apuntes o una carta de amor.

(…) Coimbra, Coimbra, tierra de encanto,, vivero de la poesía de un pueblo que vive por el amor y por el amor muere, Coimbra posada como una paloma junto al Mondego, ¡qué remanso en la corriente!”

 


 

(Imágenes—1- Coimbra- premium/2- Universidad de Coimbra)

VIAJES POR EL MUNDO (25) : CALLES DE JAPÓN

 

 

“Por entonces Japónescribe el comerciante en objetos de arte Philippe Sichel en el siglo ´XlX — era un tesoro oculto de objetos de arte que uno podía adquirir a precios de ocasión. Las calles de las ciudades estaban llenas de tiendas de rarezas, telas y cosas empeñadas. Turbas de mercaderes se agolpaban a la puerta de uno al amanecer: vendedores de papiros o comerciantes de bronces que llevaban la mercancía en carretillas. Había incluso paseantes que muy de buena gana vendían cosas que se sacaban de debajo de la faja que se ceñía en su kimono. El aluvión de ofertas era tan incesante que uno acababa abrumado de cansancio y casi de repulsión por comprar. Sin embargo, aquellos traficantes de objetos exóticos eran comerciantes amistosos. Actuaban de guías, regateaban en nombre de uno a cambio de una caja de dulces infantiles y sellaban tratos comerciales ofreciendo en honor de sus representados grandes banquetes que culminaban con cautivantes actuaciones de bailarinas y cantantes.”

 

 

(Imágenes—1-Shin Yanagisawa- 1972/ 2-matsuri . festival japonés)