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Posts Tagged ‘Japón’

 

 

“Un leñador joven descubre una mansión maravillosa en un bosque. En toda su vida  había visto algo comparable. Allí se encuentra con una mujer hermosa que le pide que guarde su casa mientras ella sale. Pero, antes de salir, le indica que no se asome a una habitación.

El joven, como casi todo el mundo, no puede con la curiosidad y entra a ver el cuarto. El mundo que se despliega ante sus ojos no es una simple habitación sino varias y, además, decoradas con gran lujo. Cuando llega al séptimo cuarto, encuentra tres huevos de ruiseñor. Al haber bebido en una habitación anterior, el hombre no calibra bien sus movimientos y se le caen de las manos los tres huevos uno detrás de otro. Al romper las cáscaras salen volando los tres ruiseñores piando. El asombro del joven le deja sin palabras y mira hacia donde han volado los ruiseñores.

En ese momento, vuelve la mujer y mirando a la cara del leñador entre lágrimas dice así: ” No hay nada tan poco fiable en este mundo como un hombre. Tú has roto la promesa y has matado a mis tres hijitas. ¡ Cómo voy a echar de menos a mis hijitas !” Acto seguido, se convierte en un ruiseñor y emprende el vuelo hacia el cielo.

El leñador le sigue con la mirada hasta que el pájaro desaparece y estira el brazo cogiendo el hacha que está a su lado. Cuando mira alrededor, allí ya no existe la mansión y se encuentra en medio de un campo sin poder explicarse lo que acaba de ocurrir”.

El pueblo del ruiseñor” – (Uguisu no Sato)  – cuento popular japonés – argumento resumido por Kayoko Takagi.

 

 

(Imágenes -1-Shimura Tatsumi/ 2- Kaburagi Kiyokata)

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Bashô- vhu- el poeta según Yokoi Kinkoku- mil ochocientos veinte- wikipedia

 

“El día octavo escalamos el monte Gassan. Llevábamos bufanda de algodón en los hombros y capucha blanca en la cabeza. Nos conducía un guía porteador apodado Gôrichi (hombre musculoso). Fuimos entre nubes, nieblas y aire de montaña, haciendo un trecho sobre el hielo y la nieve. Con pasos de bruma, parecíamos transitar rutas del  sol y de la luna. Al llegar a la cumbre, el cuerpo helado y la respiración cortada, el sol se iba poniendo, mientras la luna se asomaba. Extendimos hierba de bambú – así lo sigue contando Matsuo Bashô en sus “”Diarios de viaje” (Fondo de Cultura)  -y  de cortos tallos de bambú hicimos nuestras almohadas. Nos tendimos y esperamos a que amaneciera. Cuando el sol apareció y las nubes se dispersaron, iniciamos descenso hacia Yudono.

 

árboles- nju- japón- Kotozuka Eichi- mil novecientos cincuenta

 

Al borde del valle se encuentra una cabaña llamada “cabaña de forjadores”. En esta provincia los herreros usan agua sagrada: purifican cuerpo y espíritu para así templar las espadas. En ellas graban el sello “gassan” ( o espadas loadas en toda la  tierra). Podrá compararse al ejemplo de aquellos chinos que forjaban sus armas en la fuente del dragón.

Me senté sobre una roca. Mientras descansaba descubrí un árbol de cerezo con sus capullos medio abiertos. Todavía sepultado bajo densa nieve, este cerezo tardío nunca había olvidado la primavera; realmente enternecedor. Era como flores de ciruelo que siguen esparciendo su fragancia bajo un cielo abrasador”.

 

luna- uby- noche- japon- Hasui Kawase

 

(Imágenes.- 1–el poeta, según Yokoi Kinkoku- 1820- Wikipedia/ 2- Kotuzuka Eichi- 1950/ 3.-Hasui Kawase)

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kimonos- noou- kimono tradicional- wikipedia

 

“A veces, cuando recorría su guardarropa, Shimamura se decía que alguno de sus kimonos de verano estaba confeccionado con casi un siglo de antigüedad. Cada año, enviaba todos sus kimonos a blanquear en la región, con el mismo procedimiento. Era toda una tarea el traslado de aquellas prendas hasta las montañas donde habían sido hilados originariamente, pero a Shimamura le gustaba la idea de que sus kimonos estuvieran en manos tan confiables, extendidos en la nieve al sol hasta eliminar el menor rastro de impureza acumulado durante cada verano. Al ponérselos de nuevo, se sentía él mismo blanqueado de toda impureza. Y de todas maneras, un negocio de Tokio se encargaba de retirarlos, enviarlos a la montaña y traerlos de regreso, impecables y a todas luces sometidos a la manera tradicional.

 

kimonos- nuy- Homongi-wikipedia

 

Desde tiempos inmemoriales había casas dedicadas exclusivamente al blanqueado. Muchas tejedoras preferían no hacerlo. El Chijimi  blanco se tendía directamente sobre la nieve luego de ser hilado; el Chijimi de color era blanqueado en los mismos marcos en los que se lo hilaba. La temporada de blanqueado comenzaba a fines de enero y se extendía hasta fines de febrero, mientras hubiera nieve en los prados de la región.

 

kimono-bre-brigdeman- national geograpic

 

La tela era sumergida durante la noche en agua con lejía y un puñado de ceniza. Por la mañana se la enjuagaba una y otra vez, se la escurría y se la ponía a secar al sol. El proceso se repetía sin variaciones ni desmayos hasta el momento indescriptible en que los rayos del sol comenzaban a tornar el blanco de la seda en rojo sangre. Ese momento señalaba el fin de las tareas invernales y el comienzo de la primavera, según había leído Shimamura en un libro antiguo. Un fenómeno tan desconocido como impactante para los que venían de regiones más cálidas”.

Yasunari Kawabata.- “País de nieve”

 

Japón- Kawabata- mil novecientos treinta y ocho- wikipedia

 

(Imágenes.-1 y 2- kimonos- Wikipedia/ 3.- kimono- bridgeman nathional geograpic/ 4.- Kawabata en 1938- Wikipedia)

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japón-vvgu-Kisho Tsukuda

 

“También por entonces Hisae ‑ya en las primeras décadas del siglo XV‑ se dedicó a escribir. No abandonó del todo sus clases pero muchas tardes, a primera hora, se retiraba a una habitación aislada de una casa cercana a aquel lago y en silencio disponía todo un largo ritual. Vestida con un kimono rojo de tonos intensos colocaba primero una alfombrilla negra para que reposara el papel que iba a utilizar, acercaba después una pequeña vara de metal para que se mantuviera aquel papel inmóvil y escogía luego un papel especial, un delgadísimo papel de color verde sobre el que escribía sus cartas; situaba más tarde el tintero con la tinta sólida que se iba a deshacer en el agua hasta lograr un punto exacto de liquidez y entonces tomaba el pincel. Nunca sabía Hisae si esa tarde iba a pintar o a escribir. Ella afirmó muchas veces que en aquellas cartas que escribió en su retiro procuraba pintar los rasgos de la escritura y a la vez intentaba pintar la vida con su caligrafía, procurando hacer las dos cosas al unísono. Recordaba ‑porque así su mano lo hacía‑ que no debía escribir nunca con caracteres rígidos, es decir, a la manera masculina, ni tampoco que las líneas verticales tenían por qué estar divididas de forma paralela y simétrica. Eso ‑Hisae lo sabía muy bien‑ provenía de China, y era únicamente para los hombres. Ella en cambio era japonesa y la pequeña muñeca de su mano asomando por la manga de su kimono rojo no escribía bajo la sombra del ciruelo sino bajo la del cerezo:  era una escritura femenina, llena de sensibilidad exquisita, que se iba convirtiendo en el espejo del alma. Muchas tardes, asomándose a las profundidades de aquel papel verde, veía perfectamente su alma reflejada: Hisae contemplaba allí confusamente detalles de su infancia, pero ante todo descubría que la caligrafía era hermana de la poesía y entonces su mano, sin ella quererlo, comenzaba a escribir caligrafía de la poesía y eso lo hacía con un pincel de bambú y pelo o con otro que ella tenía muy bien guardado de pelo y ancha pluma, con el que iba marcando muy despacio sus trazos continuos ascendentes y descendentes.

 

Japón-nnnjju- Utagawa Toyokuni ll - mil ochocientos treinta y cuatro

 

Así escribió muchas cartas. Fueron célebres y pasaron de mano en mano hasta ser recogidas y comentadas por diversos expertos durante varios siglos. Hoy día han sido muy glosadas e interpretadas en distintas ediciones, y una abundante selección de ellas puede encontrarse en las famosas obras de Origuchi Shinobu  y de Konishi Jun ‘ichi. Estos dos destacados historiadores hacen ver que la importancia de las cartas de Hisae Izumi no reside sólo en su contenido sino en su prodigiosa velocidad de comunicación, algo único en la literatura japonesa, en toda la literatura oriental y también ‑hay que atreverse a decirlo‑ incluso en las literaturas de Occidente, puesto que esa modalidad del género epistolar constituye realmente un caso insólito, algo verdaderamente excepcional y que nunca más se ha repetido. Cuenta Konishi en su obra ‑y lo ilustra con precisos documentos‑ que efectivamente Hisae se inclinaba cada tarde sobre su papel verde disponiéndose a escribir. Pero añade que algo ocurría en ese momento; ese algo siempre ha causado fascinación a los comentaristas. Al acercar su pincel al papel, Hisae descubría en la parte superior de la hoja unas palabras que ya estaban escritas. Conforme acercaba algo más su pincel al papel aquellas palabras se iban extendiendo poco a poco sobre la superficie e iban formando líneas, frases y párrafos. Aquellas líneas y párrafos eran perfectamente inteligibles. A veces eran poemas, en ocasiones cuentos o principios de cuentos, otras veces el inicio de cartas que nadie podía imaginar de dónde provenían. De esta forma, antes de empezar a escribir, Hisae notaba que alguien ya se le había adelantado y que ese alguien ocultaba su rostro mostrando sólo su escritura, y que el espejo del papel enseñaba unos rasgos finos y gruesos, de trazo natural y apacible, nada ásperos ni viriles, en absoluto cargados de rudeza, por lo que Hisae empezó a intuir que aquella escritura bien podía ser la de un alma gemela a la suya, es decir, la de una mujer desconocida, alguien femenino que intentara comunicarse con ella, o bien desahogarse, o simplemente hacerle confidencias. Cada vez que Hisae alejaba su pincel del papel, el otro (o la otra) se detenía; cada vez que Hisae se acercaba intentando escribir de nuevo, el otro (o la otra) se le adelantaba expandiendo cada vez más sus largos trazos de tinta”.

José Julio Perlado -(del libro “Una dama japonesa“) (relato inédito)

 

japonesa.-Ukiyo-e.-signatureillustration.org

 

(Imágenes.- 1-Kisho Tsukuda/ 2.- Utagawa Toyokuni ll- 1834/ 3.- signatureilustratio org)

 

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japón-bhym-mujer- Itou Shinsui- mil novecientos diez

 

Estuvo Hisae Izumi dando clases allí, en aquellos jardines, durante muchos años. A partir de 1399 dio clases en el jardín del templo Tenryû-ji, al borde del río Oigawa, cerca de Kyoto, célebre por sus cerezos. Dio clases en el jardín del palacio de Kitayama, también cerca de Kyoto, al lado del Pabellón de Oro. Y fue precisamente ante ese gran lago del Pabellón de Oro cuando amplió el número y la edad de sus alumnos. Ya no eran niños sino toda clase de gentes de Japón las que venían desde lejos a escucharla. Impresionaba la menuda figura de Hisae en pie junto a la grandiosidad del lago, procurando permanecer como siempre en la sombra y huyendo de todo rayo de sol. Destacaba por su elegante kimono de seda al que cruzaban manchas color café entre flores y ramas. Seguía ilustrando muy bien la Historia, siempre señalando el espejo del agua, esperando a que el viento borrase la pizarra. Pero también comentaba cómo los islotes en forma de tortuga en medio del estanque significaban longevidad. Explicaba muy bien la longevidad. Le miraban entonces los ojos en círculos cargados de muchos años. Todo el Japón milenario, el del siglo de Nara y el de la época de Héian, se agrietaban en las comisuras de aquellos labios y en las arrugas de los ojos hasta oírse el ruido del tiempo mientras ellos escuchaban. Hisae se hizo famosa por sus clases, especialmente por otras nuevas que inventó dedicadas a la geología, en las que movía las manos para que bajasen las montañas. Cada vez que ella levantaba las manos bajaban precipitadamente las rocas de las montañas volcánicas, dándose las unas contra las otras, empujadas por las palabras de Hisae. Si ella levantaba algo más las manos y hacía un cuenco con las palmas formando una especie de volcán las gentes que lo veían podían escuchar perfectamente el movimiento de los intestinos den­tro de los cráteres a punto de derramarse. Mantenía así en el aire los cuencos de sus palmas durante largo tiempo y luego los iba abriendo muy lentamente para que fueran escupiendo todo lo que llevaba den­tro el Fujiyama, el Aso y el Kirishima. Siendo el Fujiyama montaña sagrada se veían descender por sus laderas cristales sagrados que iban envueltos en lava y a través de esos cristales podía contemplarse todo el archipiélago. Las gentes, encantadas, aplaudían. Eran rocas encendidas que se despeñaban cayendo entre gases hasta los pies de Hisae.

-¡No las toquéis! ‑gritaba entonces Hisae muy asustada a sus oyentes procurando que no se hicieran daño‑ ¡No las toquéis!

Y las gentes retrocedían fascinadas por aquellas clases tan vivas que transmitían siempre un paisaje mineral con olor a azufre.”

José Julio Perlado.– (del libro “Una dama japonesa“) (relato inédito)

(Imagen.-Itou Shinsui-1910)

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mariposas-uunnb-flores-Shibata Zeshin

 

“Tengo profundamente arraigados en todo mi ser los recuerdos vivos e inolvidables de los montículos, de los arroyos, de los campos que recorrí en mi niñez y la pasión con que contemplaba mi colección de insectos. De hecho, mi seudónimo “Ozamu” se puede leer “Ozamushi”, que es un tipo de escarabajo. Aún recuerdo con nitidez la magnificencia y la riqueza de la naturaleza. Hasta hace poco en cualquier pueblo crecían bosquecillos y se extendían campos donde los niños pasaban el tiempo con el cabecilla de su banda jugando en plena naturaleza hasta la puesta de sol. Era un reino de fantasía, una estación espacial, una frontera inexplorada para aventureros.

 

japón.-2989.-Shibata Zeshin-japoneses art

 

 

Era un sitio eterno e infinito donde se extendía la fantasía. Por pequeño que fuera, muy cerca de cada hogar existía un lugar así, donde los niños podían dejar aletear sus sueños con total libertad para que se adentrasen de un salto hacia el universo. El atardecer en el bosque, el susurro del viento, las nubes blancas discurriendo en lo alto del cielo azul. En contacto con la naturaleza, de pequeño, siempre me sentía seguro y tranquilo. Y ahora que soy mayor me siento de la misma manera. Creo que todos sentimos lo mismo. Por mucho que el ser humano evolucione, profundice en la cultura materialista o avance en la ciencia no deja de ser parte de la naturaleza y por tanto no puede negarla, porque sería como negarse a sí mismo el hecho de ser humano (…)

 

japón-bbnnu- Shibata Zeshin- metmuseum org

 

 

Cuando me atrapa la ajetreada vida de trabajo en la gran ciudad, rescato mis recuerdos de esa magnífica naturaleza, que me refresca por dentro como si fuera agua de manantial.”

Osamu Tezuka

 

japón.-6hll.-Shibata Zeshin.-Museo

 

(Imágenes.-1,2, 3 y 4- Shibata Zeshin.-metromuseum)

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guerra-4ffvb-Mircea Suciu

“Fumiyo,

El 6 de agosto, debía de ser cerca del mediodía cuando llegué a lo alto del monte Hijiyama. Me había dado tanta prisa desde que salí de casa de Aiko que casi no había reparado en el estado de la gente con la que me cruzaba ni en el de las calles por las que pasaba. Bordeé la Escuela Femenina de Comercio y subí corriendo aquella colina relativamente elevada en la que había una glorieta. Pensé que ese era el lugar más cercano a la casa de Aiko desde donde se dominaba una vista panorámica. Lo primero que hice fue mirar a la ciudad de Hiroshima. La conmoción fue tan fuerte que no la puedo expresar con palabras. Me quedé literalmente paralizado de miedo. Fumiyo, creo que la imagen que vi en ese momento se me quedará grabada en la memoria para toda la vida.

Hiroshima se había desfigurado por completo en un instante, o más bien en poco

 

guerra.-8jj.-foto Vladimir Lebedev.-melisaki

 

tiempo, porque en realidad ya habían pasado algo más de tres horas desde la ráfaga de luz. El caso es que Hiroshima había dejado de existir en tan solo tres horas. La sexta ciudad más grande de Japón, con una población de cuatrocientos mil habitantes y conocida como “la ciudad del agua” por estar situada sobre los deltas de siete ríos, había desaparecido.

(…)

La casa de los Sugimoto estaba en el barrio situado en la falda oeste del monte Hijiyama. Después del desayuno la señora Sugimoto había salido al huerto de atrás, pero volvió un momento a la cocina a recoger algo. Su marido estaba vestido para salir en breve y, en vez de subir a su despacho, se había quedado leyendo en la mesa baja del salón con tatami. Entonces fue cuando brilló esa especie de relámpago y se oyó como un enorme trueno.

Lo primero que pensó el señor Sugimoto es que habían atacado su casa directamente. Durante unos instantes no pudo ver nada, pero seguía consciente. Podía mover los brazos, pero notaba que algo le oprimía el cuerpo. Al recuperar la

 

guerra-vvyu-Christopher RW Nevinson- Ypres tras el primer bomardeo- mil novecientos diecisesis- The Bridgeman Art Library

 

visión se encontró tendido sobre la mesa en el mismo lugar de la sala, atrapado entre vigas, tablones de madera y pedazos de pared. Se dio cuenta de que lo que le había cegado era el polvo que se había levantado (…) Logró escabullirse retorciendo brazos y piernas, se puso en pie y miró a su alrededor(…) Se dio cuenta de que se había salvado porque estaba en el pequeño espacio que quedaba protegido por la mesa. Consciente ahora del peligro, llamó a su mujer. Estaba sana y salva en la cocina, entre paredes y vigas derrumbadas.

(…) Una vez fuera de la casa, vio que el segundo piso estaba retorcido y hundido hacia el primero, con lo que parecía que toda la casa se hubiera derrumbado(…) La calle por la que pasan los tranvías estaba llena de gente que huía. Algunos corrían de norte a sur y otros en la dirección contraria. A ambos lados de la calle las casas se habían venido abajo sin excepción, y de algunas montañas de escombros se levantaban llamas y humo.

(…) El señor Sugimoto me explicaba su historia con todo detalle, en su peculiar tono tranquilo de conferenciante, como si se tratara de un asunto ajeno y sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.”

(Carta de Toyofumi Ogura a su esposa Fumiyo.- Hiroshima 25 de noviembre de 1945)
dolor-dcf-llanto- Niccolò dell Arca.- Santuario di Santa Maria della Vita di Bologna

 

(Imágenes.- 1.-Mircea Suciu/ 2.-Vladimir Lebedev/ 3.-Christophe RW Nevinson/ 4.-Niccolò dell Arca-santuario de Santa María della Vita de Bologna)

 

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