VERANO 2021 (4) : CIELOS Y NUBES DE GRECIA


Recuerdo aquella noche, de Atenas a Tel Aviv en un Jumbo enorme desde el que pude observar, al sobrevolar Atenas, cómo me iba alejando del puerto del Pireo a la primera luz nocturna: barcos inmóviles alineados sobre el mar, luces individuales dando presencia a la negrura. Luego el borde de las costas de Grecia, mapa de fulgor recortando la península. Después, una elevación mayor y las islas pequeñas y grandes difuminándose bajo el aire. Luces ordenadas de barcos que quedaban poco a poco borradas: capa blanca cada vez más espesa. Distinguí al fondo el último barco invisible, y enseguida un cielo invadido de nubes, campo horizontal de brumas. cielo infinito que siempre recordaré.

José Julio Perlado


(Imágenes— 1- Atenas- Cartier Bresson/ 2- Ted Kinkaid 2004- welker galleros- artnet)

MI RELACIÓN CON EL ORDENADOR


Aconsejaba Umberto Eco que para escribir “ es necesario un ordenador, que es una máquina inteligente que piensa por ti, y para muchos sería una ventaja. Basta un programa de pocas líneas, lo sabe hacer hasta un niño. Luego se le introduce al ordenador el contenido de algunos centenares de novelas, obras científicas y muchos listines telefónicos( utilísimos para los nombres de los personajes). Digamos unas ciento veinte mil paginas. Después, con otro programa, se mezclan todos esos textos al azar, con algún que otro ajuste, por ejemplo, eliminando todas las aes. Así, además de una novela tenemos un lipograma. Entonces se le da a imprimir y se imprime. Al haber eliminado las aes salen algo menos de ciento veinte mil páginas. Después de haberlas leído atentamente, más de una vez, subrayando los pasajes más significativos , se cargan en un camión y se llevan a una. Incineradora. A continuación, nos sentamos bajo un árbol, con un carboncillo y papel de dibujo, y dejando que la mente vague, se escriben dos líneas, por ejemplo: “La luna está alta en el cielo — el bosque susurra”. Quizá no sale una novela enseguida, sino un “haikú” japonés, pero lo importante es empezar.”

(Imagen—Juan Gris— la mesa— 1914–Philadelphia museum)

RELATOS DE VERANO Y HUMOR (2) : DON EGO DIEGO OTROSÍ RAMÍREZ


Recuerdo al marido de mi tía Enedina, don Ego Diego Otrosí Ramírez, abogado, hombre muy asentado en el Brazo Militar y Civil de la Historia, y hombre también de estudios cuidadosos sobre antiguos legajos y que viajaba sin cesar arriba y abajo por las tierras de España enfundado en un viejo capote marrón de campaña de la época de la guerra, abotonado siempre hasta el cuello, y calzado con unas grandes botas polvorientas. Generalmente don Ego Diego solía pasar grandes temporadas en el tumbo de la catedral de Astorga hurgando en inscripciones indescifrables, recalaba numerosos veranos en el tumbo viejo del monasterio de Sobrado, en La Coruña, siempre por los mismos menesteres, y era muy asiduo igualmente de la iglesia de Calahorra donde un antepasado suyo, según decía, había sido racionero en 1228. Enfrascado durante meses ante una escritura de dotación del monasterio de Besalú, en Gerona, o absorto delante del fondo de la caja de ágata ofrecida a la iglesia de Oviedo por la esposa de Fruela II, cuando llegaba a Madrid, a su casa de la calle de Jardines, entre Alcalá y la Gran Vía, lo hacía tan agotado y rendido por tantos trajines que se desparramaba sin desvestirse encima de la colcha azul de la gran cama matrimonial, con la punta enharinada de sus botas rebozadas en todos los caminos y el olor de su cuerpo aún con aromas de matorral y de sepulcros.

–Vengo muerto –soplaba– porque he tenido que resolver unos asuntos en San Juan de la Peña, en Huesca, y después he tenido que copiar unas cosas del becerro de Santa María de Aguilar de Campoó, en Palencia, y luego he ido andando hasta el monasterio de Eslonza, en León. El domingo estuve ante el becerro viejo de la catedral de Toledo y luego tuve que subir hasta el Norte, a consultar el becerro de Santa María del Puerto, en Santoña, porque se me había olvidado apuntar una cosa. El martes me pasé por el tumbo de Celanova, en Orense, y el miércoles por la tarde le di un vistazo en Burgos al libro gótico de Cardeña.

No descansaba. Con sus botas empolvadas sobre la colcha y los dos picachos blancos de sus pies montados el uno sobre el otro, intentaba dormitar algo entrecerrando los ojos pero no lo conseguía.

—¿Y tu lubina?— le preguntaba inquieta su mujer sentada a su lado mientras hacía punto. —¿ Te ha dado la lata? — decía cariñosa.

— Se ha portado bien, la pobre — contestaba Ego Diego palmeándose la tripa — Esta temporada se está portando muy bien…

Trataba a su lubina como a una hija. Desde las primeras semanas de su matrimonio padecía de una lubina entera cruzada en el estómago, atravesada de parte a parte, con su cabeza, su cola y sus escamas, producto de una digestión voraz acuciada por las hambres y las prisas. Los médicos se lo habían advertido:

— Se ha tragado usted una lubina entera, don Ego Diego — le dijeron preocupados.

— ¿Y ahora qué hacemos? — preguntó él incorporado en su camilla.

— Pues no sabemos — meditaron los doctores.

— No, el que no lo sabe soy yo —.contestó muy enfadado — Ustedes son los que lo tienen que saber, que son los médicos.”

José Julio Perlado –

(del libro “Mi familia y el sentido del humor”)  

(relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imgenes-1-Turner- 1843/ 2-Dante Tergini)

LIBROS LARGOS O CORTOS

“Se ha dicho que un libro largo es más importante y goza de más autoridad que un libro corto — decía Steinbeck —. Hay excepciones, desde luego, pero casi siempre es cierto. He tratado de encontrar una explicación razonable para ello y por fin he concebido una teoría, y es ésta: la mente humana, especialmente en estos tiempos, se ve perturbada, obnubilada y asaltada por miles de preocupaciones grandes y pequeñas, desde los impuestos a la guerra o el precio de la carne, todas las cuales suelen terminar formando un bloque, y el resultado es que el hombre se pelea con su mujer porque es la manera más sencilla de aliviar el desasosiego interior. Pensemos ahora en el libro como una especie de cuña en la vida personal de un hombre. Un libro corto sería una cuña que sale rápidamente. Una cuña de este tipo podría actuar rápidamente e incluso abrir la mente antes de ser retirada, pero al retirarse dejaría nervios irritados y tejidos desgarrados. Un libro largo, en cambio, actuaría muy lentamente puesto que permanecería durante cierto tiempo, por limitado que sea. En lugar de abrirse paso y retirarse, permitiría a la mente reorganizarse para adaptarse a la cuña. Ésta es mi teoría, y puede explicar por qué un libro largo tiene más importancia: al vivir con él por más tiempo, el libro adquiere mayor fuerza. Si esto fuera cierto, un libro largo, aunque no sea demasiado bueno, resulta más eficaz que un relato corto, por muy excelente que sea.”

(Imágenes— 1- John Steinbeck/ 2- Leslie Balleweg)

ESA LARGA PLAYA

Frío y ventoso, no el mejor día

para un paseo por esa larga playa.

Distante cada cosa — lo más lejos posible,

lo más adentro remota, la marea: encogido, el océano;

pájaros marinos, solos o en parejas.

El viento de la costa, pendenciero y helado,

nos entumió la mitad de la cara,

desbarató la formación

de una bandada solitaria de gansos canadienses,

sopló sobre las horizontales olas inaudibles

y las alzó en niebla acerada.”

Elizabeth Bishop


(Imágenes—1-Ferdinando Scianna/ 2- Walter Leistikov)

SIN SENTIDO DEL HUMOR NO HAY MATRIMONIO


“Sin sentido del humor no hay matrimonio.

“Sin sentido del humor no hay matrimonio — decía Ray Bradbury —.El amor significa decir que lo sientes cada día por una cosa o por otra. Metes la pata, te olvidas de comprar las bombillas, y te toca admitir que se te ha olvidado y decir que lo sientes. Hay que ser capaz de aceptar la responsabilidad, pero sobre todo hay que tener sentido del humor para encontrar el lado divertido a cualquier cosa que suceda.”

(Imagen — Leonardo da Vinci — Cinevra Benci)

BANKSY Y LAS NUEVAS CIUDADES




“ Los graffiti — decía Banksy — no son el pariente pobre del arte. Ciertamente, se hace necesario escapar en la noche y mentir a nuestra madre, pero aparte de eso, es la expresión artística más honesta que haya.
No es elitista. Se pueden contemplar sobre los más bellos muros que una ciudad puede ofrecer, y el precio de entrada no molesta a nadie .” Entrevistado en 2009 confesaba: “No tengo interés ninguno en salir un día del anonimato. No me interesa ir a la moda. Adoro los graffiti. Incluso adoro la palabra misma. El graffiti es una maravilla, pienso yo. En comparación, toda otra forma de arte es una regresión. Las otras formas de arte tienen menos cosas que ofrecer a las gentes, son menos potentes. Yo he hecho pintura tradicional, tengo ideas demasiado complejas o demasiado virulentas para ser expuestas en la calle; pero si yo dejara de dibujar, me sentiría disminuido. Me considero un perfeccionista muy consciente más que un verdadero artista. Mis graffiti preferidos son los realizados por gentes que no aparecen en los libros; aprecio sobre todo a aquellos que salen de cualquier parte, toman un marcador para escribir un gesto único y enseguida desaparecen.”.


(Imágenes—: 1-JR JR Liu Bolín- Nueva York-2012/ 2- Art crimes— Irlanda-galway- graffiti órgano)

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EL LIBRO ÚNICO DE ROBERTO CALASSO

“El libro único — decía el gran editor italiano Roberto Calasso que acaba de morir— es aquel en el que rápidamente se reconoce que al autor “ le ha pasado algo” y ese algo lo ha depositado en un escrito. Los libros únicos son los libros que habían corrido un alto riesgo de no llegar a ser nunca tales.’ En su volumen “La marca del editor” Calasso va recorriendo libros únicos, autores imprescindibles, portadas de libros, en resumen, cómo va creciendo una editorial. “ Un buen editor — dice allí— es aquel que publica aproximadamente una décima parte de los libros que querría y quizá debería publicar.; un buen editor es también aquel en cuyos libros estas sombras amigas son natural e irresistiblemente convocadas. Nos hacen guiños desde lugares lejanos, desde espacios inmensos, en la forma corriente de las páginas para leer.”
“Observemos a un lector en la librería — anota en otra obra suya, “Cien cartas a un desconocido” —: toma un libro en sus manos, lo hojea — y durante algunos instantes, está del todo ausente del mundo. Oye que alguien habla, y que sólo él lo siente. Acumula fragmentos casuales de frases. Cierra el libro, mira la portada. Después, con frecuencia, se detiene en la solapa, de la que espera una ayuda. En ese momento está abriendo — sin saberlo — un sobre: esas pocas líneas externas al texto del libro son, en efecto, una carta, una carta a un desconocido.”

Roberto Calasso. Descanse en paz.

(Imágenes— 1- Carl Spitzweg- 1850- wikipedia/ 2- Harriet Backer— la biblioteca de Thorvald Boeck)

LA PENUMBRA Y LA SOMBRA


La Penumbra le dijo a la Sombra: “A ratos te mueves , otros te quedas quieta. Una vez te acuestas, otra te levantas. ¿ Por qué eres tan cambiante? “ “Depende — dijo la Sombra— de algo que me lleva de aquí para allá. Y ese algo a su vez depende de otro algo que lo obliga a moverse o a quedarse inmóvil. Como los anillos de la serpiente, o las alas del pájaro, que no se arrastran ni vuelan por voluntad propia, así yo. ¿Cómo quieres que responda a tu pregunta?”

Chuang-tse

(Imagen — Albert Bierstadt)

RELATOS DE VERANO Y HUMOR (1) : EL PRIMO AMARINO

“Recuerdo muy bien nuestras meriendas en casa de mi tía Enedina.  Quizá una de las cosas más atrayentes de mi tía Enedina Altiviz era aquel poderío para lanzar el pensamiento delante de ella, y marchar tras él por las habitaciones abriendo
puertas, cruzando estancias y atravesando umbrales. Muchos adivinábamos  su pensamiento. Era como una flecha de color azul, a veces tornasolada, flexible, transparente, posándose como una estela sobre las personas.
–Creo que viene hacia aquí la señora –decía la fiel Basilia adivinando.
–¿Oyes sus pasos?
–No. Siento sus pensamientos.
Y efectivamente así era. Encima de la cabeza de su vecina Cesária, sentada en la mesa camilla — las tres vueltas de sus collares anudados en su garganta —, el pensamiento de mi tía Enedina se posaba como una nuez aérea, como una almendra encerrada en un estuche. Se balanceaba grácil a unos veinte o veintidós centímetros de la orla del pelo aplastado de Cesária.  Mi tía Enedina venía aún muy lejos por las habitaciones,  doblando el pasillo de las cocinas  y caminaba ya hacia el comedor, pero su pensamiento se le había adelantado y ya se encontraba allí antes que ella. Como era mujer muy rápida de mente y muy decidida, con un importante dominio para el tráfico de ideas y con gran carácter, mi tía Enedina pensaba varias cosas a la vez y cada una de las flores de sus pensamientos le precedía volando como una pluma de gasa en el comedor, se espolvoreaba como libélula y quedaba colocada en péndulo flotante sobre la cabeza de Glafira, de Abundancia,  de mi primo Amarino o de quien estuviera en la habitación.

–¡Ay, que no lo voy a saber! –decía preocupado mi primo, Amarino, el hijo de Abundancia, muy nervioso, sentado en una silla, con las manos puestas sobre las rodillas, junto a la mesa camilla, esperando la entrada de Enedina.
–¡Pues claro que lo vas a saber, hijo mío! –le animaba Abundancia – ¡Naturalmente que lo vas a saber! ¡Si tú lo sabes todo, mi niño, mi Amarino!
La pregunta que traía mi tía Enedina en su mente conforme avanzaba por el pasillo podía ser de lo más inesperado: lo mismo se le ocurría preguntar qué les apetecía comer el domingo siguiente que interrogaba sobre el año de la rendición de Breda. La pregunta la había imaginado cuatro habitaciones más atrás, a la altura del cuarto de baño, arrancaba su indagación desde muy lejos, y cuando entraba Enedina en el comedor, sin decir nada, con sólo mirar a Amarino, éste respondía exultante y a toda velocidad:
–¡2 de junio de 1625, rendición de Breda! ¡Tres días después, entrega de las llaves de la ciudad por el gobernador holandés Justino de Nassau a Ambrosio de Spínola, general jefe de los Tercios de Flandes! Velázquez lo inmortaliza en su cuadro «La rendición de Breda». Medidas del lienzo: 3,07´3,67. Ese 1625 Calderón escribe «El sitio de Breda», Lope «Triunfos divinos», Quevedo «Cartas del caballero de la Tenaza», Guillén de Castro «Segunda parte de las Comedias», Mateo de Velázquez «El filósofo de aldea», San Vicente de Paul funda la Orden de las Hermanas de la Caridad.
–¡Nadie te ha preguntado nada, Amarino! –decía Enedina muy digna, con la cabeza erguida, yendo a sentarse en su sillón al lado de la ventana.
–¡Pero el niño se lo sabe! –respondía Abundancia orgullosa– ¡Anda, pregúntale lo que quieras! ¡Además, eso es lo que venías pensando por el pasillo!
–¡Yo no venía pensando precisamente en eso, Abundancia! — aseguraba Enedina con una punta de suficiencia– ¡Es muy difícil conocer mis pensamientos!
La apariencia de Enedina Altiviz variaba con su genio. Si había tenido una mañana de peleas con Eulalia, la cocinera, con una lista de pagos de recibos, y a la vez hacía mal tiempo, mi tía Enedina aparecía muy doblada hacia delante, encorvada, con tres o cuatro kilos menos, como un árbol tronchado: avanzaba por el pasillo de madera arrastrando ligeramente los pies y mirando atentamente dónde pisaba para no tropezar. Pero si la mañana había sido calma y gratificante, si hacía sol y si además se le anunciaban visitas para por la tarde, la columna vertebral de Enedina parecía una palmera, se le tensaban los pómulos y olía a esencia de aguacate con notas de perfume de verbena. Entonces dominaba con amplitud la escena y le pedía a su fiel Basilia que descorriera bien las cortinas para ver todas las caras.
–¡A ver, contadme cosas! –animaba.
Abundancia le ponía al corriente de los últimos adelantos de Amarino. Mi primo Amarino había ganado ya su quinto concurso de respuestas para un programa de radio en directo y estaba preparándose para una final nacional que podía suponerle dar el salto para una competición de altos vuelos. Estudiaba y estudiaba toda la semana en un cuarto interior y su única salida era para ir a ver a los Altiviz durante dos horas y media. Pero los Altiviz, sin embargo, no eran exactamente los Altiviz. Ella era una Altiviz, y de eso no cabía la menor duda, pero el auténtico apellido de peso en la familia lo llevaba encima su marido.”

José Julio Perlado

(del libro “Mi familia y el sentido del humor”)

(relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imágenes — 1- Henri Matisse- 1938/ Marc Chagall – homenaje a Gogol)

UNA MEMORIA DE ELEFANTE


Cuenta Roberto Benigni en “Mi Dante”, su versión recitada del gran poeta, que el profesor Umberto Eco aconsejó a los estudiantes que aprendiesen de nuevo las poesías de memoria. De este modo, además de la palabra, te llega dentro el sonido, que es como una música bellísima. Me lo decía siempre mi madre — seguía Benigni—:

—¡Aprende de memoria! ¿ Ves a Dante? Era tremendo. Tienes que ser como él, lo sabía todo de memoria, lo conocía todo.

Y me contaba la famosa anécdota de la piedra…

Dante está sentado en una piedra delante del Duomo de Florencia. Llega un señor y le dice:

—¿Cúal es el mejor bocado?

Dante contesta:

— ¡El huevo!

El tipo se va.

Un año después, el mismo señor vuelve al mismo lugar donde Dante está sentado en la misma piedra y le pregunta a bocajarro:

— ¿ Con qué?

Dante contesta:

—¡Con sal!

Mi madre me repetía siempre esta anécdota — decía Benigni—para que comprendiera que Dante disponía de una memoria de elefante, y que también yo debería tener la memoria de elefante que tenía Dante. Asimismo, mi padre deseaba que desarrollase la memoria, y para ello, me obligaba a salir al escenario con los troveros para que compitiese con ellos improvisando rimas.”

(Imágenes— 1- Boticelli- Divina Comedia- clivejames com/ 2-dibujos para la Divina Comedia)

VERANO 2021 (3) : LOS PRIMEROS MELONES




“Ayer vi en la calle del Santo a un tipo de Vallecas, arreando un burro moruno que llevaba sobre sus hombros, quiero decir, sobre su albarda,un serón de melones — cuenta Enrique Sepúlveda al relatar la vida madrileña de 1886—.En los gritos que daba el árabe para pregonar la mercancía, se dejaba ver que el hombre acababa de llegar de las regiones del Sahara, o lo que es igual, de la zona tóttida madrileña, en cuyos campos abrasados se cultiva el melón, lo mismo que en la Arabia.
Los primeros melones son como las primeras caricias y el primer regalo que hace el sol de Julio a los mortales que se mueren de calor. Comiendo con azúcar rajas sazonadas de la fruta gigante, se encuentra placer, y no se corre el riesgo de morir de un cólico canicular. Los primeros melones, como las primeras violetas, son un símbolo. Aquellas se comen con delectación, y éstas se huelen con amor. El efecto es el mismo, y la fisiología también, porque ambos son fruto de la madre tierra.
Loz primeros melones son las primeras frutas de la estación estival.¡Gloria y honor al que los riega, los apila y cuida de que se sazonen, para que podamos comerlos sin peligro por la Virgen de Septiembre,y den ocasión a regocijado día de campo por las ferias de Madrid!”.




(Imágenes—1- Pierre Bonnard- 1906/ 2- Eliot Hodgkin – 1961)

ELOGIOS AL PASEO DEL PRADO


Nuevos elogios al Paseo del Prado y al Retiro llegan ahora del extranjero. Patrimonio mundial lo califican desde la Unesco, Paisaje de luz. Mesonero, en su “Manual de Madrid” nos cuenta que “a la cabeza de todos los paseos de Madrid se coloca naturalmente el del Prado, célebre en los tiempos antiguos por las intrigas amorosas, los lances caballerescos y las tramas políticas a que daba lugar su inmediación a la corte casi permanente en el Retiro, y lo desigual e inmenso de su término. Pero todo cambió de aspecto bajo el reinado del gran Carlos lll, quizás por la influencia del ilustrado Conde de Aranda que supo arrostrar graves dificultades, y transformar este sitio áspero y desagradable en uno de los primeros paseos de Europa. Hubo para ello que allanar el terreno, plantar una inmensa multitud de árboles, proveer a su riego y adornarle con primorosas flores, llegando a conseguirlo todo a despecho de los espíritus incrédulos. Entre las muchas trazas que se dieron para este paseo, fueron preferidas las del capitán de ingenieros don José Hermosilla en las que sacó todo el partido posible de la irregularidad del terreno y de los límites que le señalaron. Un gran paseo muy ancho y otros a cada lado plantados de árboles altos y frondosos corren toda la extensión, el primero destinado a los coches, y los otros a la gente de a pie. Todo el paseo, además de las vistas de sus lados, formados por notables edificios, jardines y calles principales que desembocan en él, está adornado con bancos de piedra y ocho bellas fuentes.

La luz de Madrid que pintara Velázquez ilumina hoy este paisaje de luz. Por la noche, es de nuevo la luz que acompaña a Goya la que deja brillante el silencio del Paseo.

(Imagen—dibujo de Mingote)

YO ESTOY CANSADO YA DE PENSAR


“ Yo estoy cansado ya de pensar cómo

de vos no se cansó mi pensamiento,

y cómo no he dejado aún la vida

por huir de suspiros tan pesados,

cómo de hablar del rostro y los cabellos

y los ojos, que siempre estoy cantando,

no fallaron la lengua y el sonido

noche y día diciendo vuestro nombre::

y que mis pies no sientan el cansancio

de seguir vuestra huella en todo sitio

perdiendo inútilmente tantos pasos;

de ello viene la tinta, y los papeles

que de vos lleno y si fallase en esto,

culpa es de Amor, y no defecto de arte.”

Petrarca— “Cancionero”,

(Imagen— Hannes Caspar)

LA VIGILIA DE UN LIBRO


Este señor, don Pedro Ramírez de Velasco, ha sido siempre  un gran lector. Devoró de adolescente la gran biblioteca de su padre y de su abuelo, luego curioseó muchas bibliotecas públicas y privadas, luego compró libros. No sabría decir cuántos libros tiene en su casa colocados en los pasillos, ordenados meticulosamente, también en su despacho, también incluso en rincones de su elegante comedor y hasta en los baños. Ha consumido horas y horas de su vida leyendo, anotando, ha repasado clásicos y  modernos, fantásticos y realistas, prácticamente ha recorrido todas las escuelas de la narrativa y de la poesía. Pero hoy está inquieto. Un nuevo libro le pone siempre inquieto. A primera hora de la mañana, cuando acababa de afeitarse, le ha llamado por teléfono Serafín, su librero preferido, para decirle que ha recibido una “joya”. “¿Primera edición?, le ha preguntado don Pedro muy nervioso. “No le puedo decir nada, don Pedro. Prefiero que lo vea usted mismo. Pero para mí, sí es una “joya”, ha añadido el librero. Pero don Pedro ha insistido “¿Primera edición? ¿ Numerada?”. “ Yo prefiero que venga usted a verlo, don Pedro. No le adelanto nada. Le va a entusiasmar. Ya se lo he apartado”. Entonces don Pedro, mientras acaba de vestirse, ha recordado que hoy  es aún miércoles, que le queda todavía mucho  hasta el sábado,  que suele ser  su “día de librerías”. Estamos  a miércoles, se dice mientras se abrocha la camisa,, hasta el sábado no puedo acercarme. Además tiene una semana agitada, hoy viene a comer, como todos los meses, una amiga de su mujer, Herminia Clavijo, hay que darle conversación a esa señora, es una señora a la que le gustan los dulces, a la que le gusta la ópera, hay que hablarla de ópera, hay que hablarla de cremas y de bizcochos, pasar.de los sonidos profundos en la garganta a los barquillos rizados de mermelada, toda una complicación. Además don Pedro tiene este jueves consejo de administración en su empresa, Lucas Lucientes va a exponer los avances de la indagación que está haciendo, si se abren o no nuevos mercados, qué se hace con Asia, qué le han propuesto a Asia, ¿es más factible entrar ahora en Asia o es mejor permanecer en Sudamérica?, eso le va a preguntar el jueves a Lucientes. Son métodos distintos, mercados distintos. “¿Y usted qué cree, Lucientes, le dirá el jueves, que estamos preparados para entrar en Asia? A mí me preocupa Asia”. Luego mirará al resto de los consejeros que él conoce bien pero que a veces le enfadan porque se distraen jugueteando con las plumas o con  los móviles. “Entonces, ¿qué, señores? ¿Pasamos o no pasamos a Asía?”. Otra complicación.


Tiene don Pedro, por tanto, una semana apretada. Y  para colmo, el viernes a  las cinco, dentista. O sea que el sábado se le hace aún muy lejano. Ese libro, esa “joya” de la que le ha hablado Serafín, el librero, ¿cómo será?. Sigue dándole vueltas mientras desayuna. Está probando un huevo pasado por agua  y moja una punta de  pan en la yema, y va sorbiendo un poco de café. Ese libro, esa “joya”, le va a perseguir toda la mañana. Cuando a las dos de la tarde llegue Herminia Clavijo como un vendaval, atravesando el comedor con su vestido de flores, es como si entrara Puccini o Verdi con toda la música en las flores, con toda la música en los collares, don Pedro sabe que como todos los meses va a tener que oírla  hablar en italiano aunque ella no sabe italiano, pero se le han quedado algunas réplicas de “La Traviata” y a veces, casi sin querer, se le escapa, e incluso murmura entonando, “Oh, mío rimorso!” mientras se sirve la ensalada, y al cabo de un poco, antes del postre, entona otra vez levemente, “Puuura  siccome un Angelo…” y eleva o  baja el timbre de la voz porque, según  dice, así se lo  oyó en su momento a la Callas, puesto que habla  de la Callas como si fuera su hermana, y Don Pedro la escucha siempre circunspecto, se estira un poco la servilleta, respeta a esta amiga de su mujer y a sus escapadas en italiano y cuando le cuenta una vez más que Alfredo sale hacia París y Violetta se queda sola en la casa de campo, ya sabe don Pedro a qué atenerse. Hace meses, al principio, no sabía bien quién era Alfredo, pero ahora Alfredo, de tanto salir hacia París, es como de la familia, cada mes  el tenor Alfredo escapa de la casa de campo hacia París y deja a la soprano Violetta sola, pero Alfredo siempre vuelve, “Amami, Alfredo” entona a media voz Herminia escogiendo otro pastel de la bandeja, “¡Teníais que haber visto a la Callas, ¡La locura!”. Pero entonces viene  una pequeña trifulca que don Pedro ya conoce bien, se estira de nuevo la servilleta y se echa un poco hacia atrás para escucharla:  Gloria, su mujer, le recuerda ahora a Herminia que la Callas se escapó con Onassis y que luego Onassis se escapó a su vez con Jacqueline, y la Callas se quedó completamente sola.” ¡Una desgraciada!”, remata con ímpetu Gloria. Nunca se  sabe si lo que le está diciendo Gloria a su amiga es para ponerla nerviosa o si son sus propias convicciones. Pero Hortensia no lo acepta. Saborea lentamente su bizcocho de nata  y defiende siempre que hay dos Callas, la de Onassis y la de “La Traviata”,  y la única válida, dice, es la de “La Traviata”.


Don Pedro sigue todo este rifirrafe con paciencia y sin demasiada curiosidad porque ha asistido a él muchas veces y porque a estas alturas de la comida él se va yendo  poco a poco, con ojos entrecerrados, hacia  su refugio. Unos meses su refugio es esa decisión que le preocupa, saber si debe o no expandir su  Compañía hacia Asía y otro mes es otra cosa. Pero siempre encuentra un refugio. Se evade, entorna los ojos, “Mi marido es que tiene mucha vida  interior”, suele definirlo Gloria. Pero esta vez el refugio de don Pedro es imaginar cómo será el libro que espera ver el sábado y que quizá compre,  aún no lo sabe, porque nada es seguro y depende del precio. De todos modos, el precio no puede ser muy alto, está pensando ahora don Pedro sentado ya tras la comida en un  sillón cerca del ventanal, abstrayéndose de la conversación que siguen manteniendo las dos mujeres. Recuerda perfectamente la tarde en que Serafín, el librero, se esforzó en venderle unas “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique, edición única de 150 ejemplares numerados, y, según le iba enseñando el librero, tirada sobre papel de hilo e ilustrada con litografías y xilografías. Estuvieron debatiendo  los dos aquel asunto  cerca de una hora y al  fin él se decidió a comprarlo aunque lo hizo no muy convencido, y porque se le rebajó mucho el precio. Le costó tanto aquel forcejeo con el libro, el más caro sin duda que tiene en su biblioteca, que desde entonces ese pequeño volumen está guardado y abierto de par en par en una de las vitrinas del salón, iluminado  siempre por una elegante y diminuta bombilla. Se sabe tan de memoria el título y  características de ese volumen que podría recitarlos enteros:  es un título largo, no el que conocen resumido el resto de los lectores, sino  un título largo que dice así: “Coplas a la muerte del Maestre de Santiago don Rodrigo Manrique, su padre”, y en la cubierta aparece: “editorial  Afrodisio Aguado”, 1947. Tampoco hace tanto tiempo, piensa don Pedro, podría  haberme adentrado en el siglo XVlll o en el XlX para buscar algo mejor pero todo era carísimo, y me basta este Manrique para dar un tono  bibliófilo a la biblioteca. A veces, cuando viene algún nuevo invitado a la casa, don Pedro abre la vitrina  y extrae con cuidado el Manrique no sin una mezcla de satisfacción.  “¿Ves?  —suele decirle al recién llegado procurando que el otro no toque el libro para no estropearlo —70 páginas. Litografía, xilografías y viñetas por José Lafita Portabella, — le va leyendo despacio —: puntos de óxido en cubierta y en las xilografías, y sobre todo, aquí lo pone, ¿ves?, “con promesa  de no reimpresión por haber destruido las xilografías”. Por tanto, una buena adquisición— concluye —. Tuve suerte. Le tengo cariño”. Y siempre que vuelve a colocarlo en la vitrina y luego la cierra con una pequeña llave piensa en Manrique. Al principio  temía  que le preguntaran quién fue ese Jorge Manrique porque no sabía gran cosa de él; solamente contestaba que era un gran poeta. ¿Y quién fue su padre, de cuya muerte habla en las “Coplas”? le insistían los más curiosos. Hasta que un día se decidió a averiguar quién había sido el padre de Jorge Manrique y descubrió que su padre, don Rodrigo Manrique de Lara, nacido en Ocaña, había sido un noble de reconocido prestigio que estuvo al lado de los infantes de Aragón y enfrentado contra Juan l de Castilla y Álvaro de Luna;  luego sería Maestre de la Orden de Santiago en 1474 en el Reino de Castilla y antecesor nada menos que de Fernando el Católico, que fue administrador. Pero don Pedro todo esto no se atreve a contarlo con detalle porque piensa que son demasiados datos y que a la gente le aburren. Le basta señalar que don Rodrigo fue un noble importante. Y sin embargo, él mismo, que no ha tenido hijos, cuando está a solas en el despacho y contempla el volumen en la vitrina, queda intrigado por esta relación tan humana y poética que ha tenido este hijo con su padre y se pregunta cómo es posible que un hijo pueda derramar tantas lágrimas y las convierta en poesía. Pero no, no son lágrimas, le han ido diciendo diversos estudios que ha ido consultando, no son lágrimas sino reflexiones en torno a la fama y a la fortuna, pero sobre todo  al honor, puesto que  fortuna y fama vienen y se van, pero el honor es otra cosa. Manrique, le han ido anotando los eruditos, tenía un gran respeto al honor. ¿Y él?— se pregunta un momento—, ,¿a qué tiene respeto?  No se lo plantea porque no le da tiempo entre tantas lecturas que consulta y que le hablan de pompas y festines del pasado, riqueza y juventud,  nobleza, engaños, en resumen, la vida terrenal del siglo XV  y no la otra, esa otra vida que Manrique invoca. Alguna noche ha leído tanto sobre don Rodrigo Manrique y sus batallas, que ha tenido pesadillas de almenas y ballestas, viseras alzadas y armaduras, pero al despertar ha vuelto a la realidad, a apreciar ese libro que tiene en la vitrina. 

Pero todo eso es el pasado, piensa don Pedro levantándose del sillón y yendo a despedir a Herminia Clavijo que se va. Él se irá también dentro de unos minutos porque quiere pasear y darle vueltas al consejo de administración que tiene el jueves. ¿Nos abrimos, entonces, Lucientes, a Asía? ¿ O nos quedamos como estamos? Pero sonríe. Algo hay al fin de la semana que le espera. Se conmueve. El sábado palpará y descubrirá un nuevo libro. ¿Una “joya’?, se dice. “Quizás una “joya’ , va diciéndose estremecido por el pasillo.”

José Julio Perlado

(del libro “Museo de la mirada”)

(texto inédito)

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( Imágenes— 1- Jan van eyck( 2- Sebastien Stokopff/ 3- libros de juegos de manos- Flickr/ 4 Lisbeth Zwerger)

LOS SUFRIMIENTOS Y LA ALEGRÍA


“Nuestra vida es el cumplimiento del deber que nos ha sido impuesto — escribe Tolstoi en su “Diario” en 1884– Y todo está hecho para que este cumplimiento sea gozoso. Todo está inundado de alegría. Los sufrimientos, las pérdidas, la muerte: todo es bueno. Los sufrimientos producen felicidad y alegría, del mismo modo que el trabajo aporta descanso, el dolor la conciencia de la salud, la muerte de los seres queridos la conciencia de deber, porque es el único consuelo. La muerte propia da el sosiego. Pero no se puede decir lo contrario; el descanso no produce la fatiga, ni la salud el dolor, ni la conciencia del deber la muerte. Todo es alegría en cuanto hay conciencia del deber. La vida del hombre, tal y como la conocemos, es una ola toda vestida de esplendor y alegría.”


(Imágenes— 1- Tolstoi- Wikipedia/ 2- Tolstoi- 1901)