DORA MAAR

 

 

“Cuando Picasso volvió a ver a Dora Maar en aquel mismo café de Deux-Magots en 1935 en compañía de Paul Eluard, que la conocía, el poeta hizo las presentaciones” : así lo cuenta Brassaï en sus “Conversaciones con Picasso“.  “Dora Maar acababa de entrar en su vida… Yo conocía a Dora desde hacía cinco o seis años. Empezaba, como yo, en la fotografía. No teníamos laboratorio, y durante algún tiempo revelamos nuestras pruebas en el mismo cuarto oscuro, en Montparnasse, que un americano, amigo común, puso a nuestra disposición. El padre de Dora era arquitecto, de origen croata o yugoslavo; su madre, una francesa de la Touraine. Había vivido mucho tiempo con sus padres en Argentina y hablaba perfectamente el español. A veces hacíamos exposiciones juntos. Su presencia cerca de Picasso hizo la mía, en lo sucesivo, delicada. Dora estaba en mejor situación que cualquier otro para fotografiar a Picasso y su obra. Al comienzo de su unión, velaba celosamente por este papel, al que consideraba una prerrogativa y  que desempeñaba además con aplicación y talento. Fotografió sus guijarros esculpidos y algunas de sus estatuas y le ayudó en sus experiencias fotográficas en el cuarto oscuro. Sus fotografías de las diferentes fases de la gestación del Guernica quedarán, sin duda, como un precioso testimonio del proceso creador de Picasso. Para no herir la susceptibilidad de Dora, proclive a borrascas y estallidos, me guardé muy bien de usurpar lo que iba a ser, en adelante, su dominio. Nuestras relaciones continuaron siendo amistosas pero distantes durante un largo período – aproximadamente la duración de la guerra civil española -. Mas a medida que Dora abandonada la fotografía para consagrarse a la pintura – que practicaba ya desde antes de dedicarse a la fotografía -, fue cambiando de actitud, desaparecidos los celos profesionales, no hubo obstáculo para nuestra amistad…”

 

 

Un fotógrafo habla aquí de una fotógrafa.

Ahora un nuevo libro aparece evocando  precisamente a la Dora Maar fotógrafa. La figura de esta mujer ha sido largamente comentada por testimonios y testigos. “De carácter impulsivo, capaz de bruscos enojos y arrebatos violentos – cuenta Pierre Cabanne enEl siglo de Picasso” -, ella será la única de todas las mujeres  conocidas de Picasso, capaz de medirse con él, de hacerle frente, de sostener su mirada de fuego (…)

 

 

Picasso dibujará a tinta un encantador retrato de Dora “hecho de memoria”  y en otra ocasión la representa en un lienzo con el aspecto hierático y un tanto distante que le había llamado la atención el primer día en el café. Varios otros retratos seguirán y los rasgos de la joven van adquiriendo las deformaciones que dramatizan la expresión. Por ejemplo: como ella tiene la costumbre de apoyar el rostro en su mano izquierda, con el codo doblado, Picasso le “aplasta” la sien y subraya la fijeza casi obsesiva de los ojos.”

 

 

Numerosos retratos de Dora serán evocados por los especialistas. André Fermigier , por ejemplo, se detiene en la tela del 19 de abril de 1938 “donde el rostro, visto a la vez de frente y de perfil, aparece con unas narices fuertemente marcadas y da la impresión de desequilibrio por la intensidad de la mirada; como ocurrirá igualmente con magníficos lienzos de 1939,  donde es suficiente un sombrero para desfigurar a una mujer”.

 

 

(Imágenes -1- Dora Maar – Man Ray – 1936 – foto Alister Alexander -kamerarts/ 2-Dora Maar – saliendo de una concha -elpais/ 3- Picasso – Dora Maar – 1937/ 4- Dora Maar – heroinas/,5-  Picasso – Dora Maar – 1939- wikiart)

EL MISTERIO

 

gentes-nju-paisajes-maurizio-strippoli

 

“Soy el viento que alienta sobre el mar;

soy ola del océano;

soy rumor del rompiente;

soy el buey de los siete combates

y el buitre de las rocas;

soy un rayo de sol

y la planta más bella;

soy jabalí bravío;

soy salmón en el agua

y lago en la llanura;

soy palabra de ciencia;

soy punta de la lanza en el combate;

soy el dios que creó la llama en la cabeza.

¿Quién, sino yo, ilumina la asamblea del monte?

¿Quién, sino yo, diría los años de la Luna

y dónde el Sol se acuesta?”.

(atribuído a Amergin) – “El misterio” (poesía irlandesa) ( versión de M. Manent)

(Imagen.-Maurizio Strippoli)

TERMINAR UN LIBRO

 

 

“Mañana si todo sale bien, terminarás tu libro: “solo el primer borrador”, pero ya estás mostrando síntomas que indican un término, un final que se parece más a la liberación que a la entrega. Te estás poniendo impaciente e irritable, es probable que pronto te sumerjas en la hosquedad. De hecho, pasado mañana, incluso aunque quede mucho trabajo por hacer, el libro ya no será algo imaginado sino algo escrito. Dejará de ser una gestación para convertirse en un acto logrado; ya no será un conjunto de posibilidades sino una realización particular de ellas. Un niño en el útero significa la vida misma;  una vez afuera, es un mocoso definido y particular. Lo que queda por hacer – alimento y educación – tiene su interés e importancia, pero los padres quedan pegados a un conjunto final de oportunidades para observar y para alentar que se desarrollen. Los sueños de gloria son dejados a un lado frente a pequeños imperativos prácticos. Si alguna vez llega, la gloria vendrá años después, cuando ya no tenga ninguna conexión con la esperanza fácil,  consoladora que el trabajo todavía sin hacer generaba. Ya no podrás esperar el final consumado, el triunfo de tus ansias. Si el final se consuma, o es solo una promesa de consumación, o una desilusión total, dará lo mismo; o al menos no se parecerá en nada a terminar las cosas. Habrás sido vaciado: no habrá nada sobre lo que preocuparse, nada con lo que sentirse seguro, nada que esperar respecto a la absoluta realización de tu poder en el lenguaje. Al mismo tiempo, todo esto es irrelevante, impreciso y ridículamente engañoso”.

Harry Mathews – “Veinte líneas por día”  – 16 de marzo de 1983

(Imagen – Paul Serusier)

SOBRE EL INGENIO

 

 

“Existe una diferencia entre un hombre dotado de ingenio pràctico y un hombre con ingenio para los negocios – explica La Rochefoucauld en sus “Máximas” – : se puede entender de negocios sin aplicar esto a su interés particular; hay gentes hábiles para todo aquello que no les concierne y muy desacertadas  en lo que se refiere a ellas, y las hay, al contrario, que poseen una habilidad limitada únicamente a lo que a ellas concierne y que saben sacar beneficio de cualquier cosa.

Se puede tener al mismo tiempo un aire serio en su condición y decir a menudo cosas agradables y joviales; esta clase de ingenio sienta bien a todo el mundo, y a todas las edades de la vida. Los jóvenes, de ordinario, poseen un ingenio jovial y burlón, sin gran profundidad, y por ello resultan incómodos con frecuencia. Nada hay tan difícil de llevar a cabo como la intención de ser siempre agradable, y los aplausos que recibimos en ocasiones divirtiendo a los demás no compensan que nos expongamos a la vergüenza de aburrirlos otras veces, cuando están de mal humor. La burla es una de las más agradables y peligrosas cualidades del ingenio: gusta cuando se hace con delicadeza, pero se suele temer al que la utiliza con demasiada frecuencia. La chanza puede, no obstante, permitirse cuando a ella no se mezcla malignidad alguna, y cuando se hace participar a las personas mismas de quien se trata.

 

 

Es difícil tener un ingenio irónico y no tratar de ser divertido, o sin que guste burlarse de los demás; es preciso tener gran acierto para ser irónico durante mucho tiempo y no caer en uno o en otro de estos extremos. La ironía es un talante alegre que invade la imaginación y le ayuda a ver lo ridículo de los objetos que se le presentan: el humor de cada momento mezcla en ello más o menos dulzura o aspereza; hay una manera de ironizar delicada y halagadora, que sólo hace referencia a aquellos defectos que la persona interesada consiente en confesar, que sabe disfrazar las alabanzas que dispensa bajo unas apariencias de censura y que descubre así todo lo amable que hay en ello fingiendo querer ocultarlo.

Un fino ingenio y un ingenio sutil son dos cosas diferentes. El prinero gusta siempre: es penetrante, piensa cosas delicadas y ve las más imperceptibles. Un hombre de ingenio sutil puede ser retorcido: no camina nunca recto, busca rodeos y desviaciones para lograr sus propósitos. Este comportamiento no tarda mucho en ser descubierto, siempre se hace temer y no conduce a grandes empresas.

El temperamento afable se exterioriza en un ingenio sin brusquedades, en un aire fácil y complaciente que siempre es agradable, si evita caer en la sosería”.

 

 

(Imágenes -1- Van Gogh – 1889/2- Hermann Fischer -1932/3- Andy Warhold- 1957)

LA FORTUNA, DANTE, BOTICELLI

 

 

“Maestro – leemos en el Canto Séptimo deEl infierno” de Dante -, dime también qué es esa Fortuna de que me hablas y que tiene en sus manos los bienes del mundo”. “¡ Oh vanas criaturas! – me replicó -. ¡Cómo os ciega la ignorancia! Quiero que te penetres bien de mis palabras. Aquel cuya sabiduría trasciende a todo hizo los cielos y les dio una guía, de modo que de una parte u otra llega el esplendor con la luz distribuida armoniosamente. De la misma manera señaló una guía rectora a los esplendores mundanos, la cual, de tiempo en tiempo, cambiase los bienes de nación en nación, de una en otra familia, más allá del alcance de la prudencia humana, por lo cual una nación impera y otra languidece, según la voluntad de aquella que está oculta como la serpiente en la hierba”. Es en este Canto Séptimo donde se habla de los avariciosos, y Dante, en unos versos precedentes, quiso describirlos así en el infierno: “Se entrechocaban y se revolvían retrocediendo y gritando “¿ Por qué atesoras?” y “¿Por qué derrochas?” Así volvía cada uno al punto de partida por el tétrico círculo, gritándose siempre el mismo estribillo odioso, para regresar de nuevo y, al juntarse en el centro, renovar su injuriosa algarabía”.

 

 

Ahora el director de cine alemán Ralph Loop ha presentado en Madrid “Boticelli, Inferno”, un paseo cinematográfico dentro de los cauces del documental sobre las ilustraciones que el gran artista italiano realizó para los primeros diecinueve Cantos del “Infierno” de Dante. Es un recorrido sobre las salas florentinas, los paisajes ingleses, las mejores bibliotecas del mundo. Se indaga sobre Boticelli teniendo como fondo a Dante. En las Notas a las “Vidas” que escribió Vasari y en las que glosa a Boticelli se recuerda que estos dibujos del gran artista de Florencia se encuentran custodiados en la Biblioteca Vaticana y en el Gabinete de Dibujos y Grabados de Berlín. Vasari dice de Boticelli : “el Papa le pagó una buena suma de dinero, que derrochó y gastó en su estancia en Roma, por vivir azarosamente como era habitual en él. Cuando acabó y se descubrió la parte que se le había encargado, volvió inmediatamente a Florencia. Y aquí, como era una persona sofisticada, se dedicó a comentar una parte de Dante, ilustró el “Infierno” y lo imprimió, a lo cual dedicó mucho tiempo, y como no trabajaba, esto le causó muchos desórdenes en su vida”.

 

 

Boticelli quiso volver a Dante en cierto momento de su vida. ” Volver a Dante glosaba Carlo Bo –  aun tratándose de un texto de uso común y diario en su tiempo – significaba que en Dante Boticelli encontraba un sentido para la historia de aquel mundo cuya extrema fragilidad había sorprendido en determinados detalles”. En el “Infierno” coloca Dante numerosos pecadores. Si en el Canto Séptimo aparecen los avariciosos, en el Canto Diecisiete, por ejemplo, descubrimos a los usureros y a la usura, ” muy cerca de la combinación de mercancías y de la actividad humana – como  así lo recordaba Osip Mandelstam en su “Coloquio sobre Dante” -. La usura paliaba la ausencia de un sistema bancario, del que se sentía ya una imperiosa necesidad; era el más indignante de los males de aquella época, pero al mismo tiempo era una necesidad que facilitaba el comercio con el Mediterráneo. La Iglesia y la literatura cubrían de oprobio a los usureros, pero la gente seguía acudiendo a ellos. Había incluso algunas familias nobles que practicaban la usura: banqueros que tenían bienes territoriales, una base agraria, y esto irritaba especialmente a Dante.Y el paisaje de ese Canto Diecisiete del “Infierno” es de arenas incandescentes. Sobre la arena están sentados los más ilustres usureros de Florencia y de Padua. Cada uno lleva al cuello un saquito con el escudo de su familia bordado en él sobre un fondo de color”.

Es la imagen de Dante sobre determinados males. Es la imagen de Boticelli acercándose a Dante con sus dibujos. Es la imagen sobre los dos grandes artistas que recibimos nosotros.

 

 

(Imágenes- 1- Boticelli – ilustración para la “Divina Comedia” de Dante -clivejames com/ 2- Florencia-umitrips/ 3- libro sobre los dibujos de la “Divina Comedia”/ 4- Boticelli -concepción del Infierno de Dante-1490- wikipedia)

LA INTÉRPRETE

 

 

“Mi madre es intérprete. No intérprete de teatro sino intérprete de idiomas, es decir, experta en lenguas. Conoce perfectamente el húngaro, el finlandés, el portugués, el  chino, el ruso, por supuesto el alemán y el inglés, naturalmente el italiano y el  francés, tiene nociones muy perfeccionadas de rumano y de checo y, por nacimiento y educación, se desenvuelve en un castellano elegante y  muy correcto.

Mientras en la familia de mi padre los idiomas no han sido nunca una obsesión ni un dominio, si me remonto en cambio a mis ascendientes maternos esa facilidad para manifestarse en otras lenguas es algo sorprendente a lo largo de varias generaciones, aunque a mí, naturalmente, nunca me ha causado el menor asombro. Desde niño he oído a mis abuelos hablar en varios idiomas por la casa, sobre todo he disfrutado de ello en las largas épocas de verano, y cuando hemos viajado todos juntos me he dejado ir con absoluta naturalidad por los países sin preocuparme de límites ni de fronteras,  tal y como si no hubiera salido nunca de nuestro pasillo o de nuestro barrio.

Mi madre, por necesidades de su trabajo profesional, posee un vestuario no muy amplio pero sí distinguido. Es una mujer rubia y esbelta, actualmente con algunas entradas canosas, y suele ir perfectamente arreglada ya que tiene que alternar con jefes de Estado o con Príncipes, participar en reuniones y cenas de gala y escuchar y atender a toda clase de personajes. Ella misma nos ha contado muchas veces cómo empezó su vocación. Siendo niña, su madre, aprovechando un viaje a París, la llevó a visitar el palacio del Elíseo y bajo aquellas arañas suntuosas y caminando por las suaves alfombras, le dijo en  voz baja: “ María, aquí trabajarás tú cuando seas mayor”.

 

Y así ha sido. No sólo se ha sentado junto a los distintos Presidentes de la República sino que lo ha hecho igualmente con los príncipes de Mónaco, la Soberana de Inglaterra, los cancilleres europeos y los sucesivos mandatarios rusos y americanos. Ha viajado por todo el mundo en numerosas ocasiones y lo mismo ha conocido los contrastes de la India  que los desiertos de Arabia o las islas elegidas para celebrar convenciones internacionales. Ha dormido generalmente en lujosos hoteles, pero también ha tenido que sufrir las incomodidades naturales a causa de asambleas inesperadas provocadas por difíciles conflictos.

 

 

Una de las etapas más curiosas de su carrera como intérprete fue, según ella nos contaba, aquella en la que recibió clases para sentarse bien, con la silla dispuesta a poca distancia de la espalda de los comensales y poder en todo momento inclinarse delicadamente entre los asistentes a un  banquete, colocando el respaldo de tal modo que su tronco de mujer pudiera girar una y otra vez hacia uno u otro lado de cada personaje, atenta siempre a los matices de las conversaciones y a no distraerse  nunca  con lo que estaban sirviendo en los platos. Eso no siempre lo ha conseguido .Ella suele cenar o comer antes de su trabajo en una salita contigua, o bien en su hotel, y no le suele preocupar demasiado qué es lo que está ofreciendo a los demás  el lujoso servicio, pero tiene la lógica curiosidad de mujer y además posee  una retentiva prodigiosa para acordarse de los menús; así al llegar a casa nos suele comentar, por ejemplo, y eso sin tener que ayudarse de ninguna anotación: “Ayer en Palacio cenaron un pavo especial, que está hecho con arroz y nuez moscada,  el  martes sirvieron de entremeses guisantes a la francesa, patatas de España al málaga, trufas al champagne y gelatina de ananás a la oriental”. Mi abuela la mira impasible porque la sopa tan sencilla que ella suele tomar por las noches le parece lo más delicioso del mundo y apenas hace el menor comentario sobre tantas variedades gastronómicas, pero mi madre vuelve a insistir: “el jueves pasado, que vino a tomar el té con nosotros el Primer Ministro inglés, ofrecieron  pastelillos con pasas cubiertos por encima con mermelada de arándanos” . Siempre que se refiere a ese “nosotros” yo no sé exactamente si está hablando del invitado de turno o del anfitrión, porque ella está sentada permanentemente entre los dos personajes, y a veces ni siquiera sentada sino que debe esperar de pie, situándose luego entre los dos con gran presteza y colocándose  tras las espaldas de los Jefes de Estado o de los ministros. Esto lo realiza con una enorme facilidad, yo diría que con una facilidad prodigiosa y con una asombrosa agilidad,  porque a pesar de ser alta y esbelta ha mantenido a lo largo de los años una gran elasticidad en sus piernas que marcha paralela a la rapidez de su mente y a su ingenio, atenta siempre a traducir de inmediato palabras o giros complicados, e incluso frases inacabadas (sobre todo cuando debe trabajar con italianos) que se concluyen en el aire con apenas un gesto. Mi padre, cuando aún vivía entre nosotros y antes de ponerse muy enfermo,  siempre se asombraba de esa prodigiosa elasticidad de su esposa.

 

 

Por otro lado, mi madre, cuando prevé que su jornada de trabajo va a ser muy  agitada, se enfunda unos cómodos y elegantes pantalones y destierra la falda para así poder olvidarse en lo posible de su postura y de sus piernas y concentrarse en lo que está haciendo. Nos contaba un día  que sentada en cierta ocasión entre el Presidente polaco y el Secretario de Estado norteamericano, le habían preparado una silla demasiado alta y tiesa y no tuvo más remedio que estar hora y media inclinándose con todo el cuerpo hacia adelante para poder acercarse a  los oídos de los dos dignatarios. Salió muy afectada de aquella entrevista. Pero lo que peor lleva indudablemente  es cuando surge la necesidad en el trabajo de mantener dos intérpretes, uno para cada dignatario, y así  mantener más fluida la conversación. Entonces le colocan a su lado a alguien que siempre se le adelanta interrumpiendo y ella se indigna.  No dice nada, pero luego explota con nosotros en casa. “Creen que los silencios no valen nada.- dice-. Esas gentes no entienden que precisamente son los silencios y las pausas lo que es esencial  en una traducción. No me explico dónde los han podido enseñar  para que hagan eso”. Para ella los silencios son vitales. Conoce de memoria a los grandes personajes de la política y sabe que los primeros momentos de silencio entre los dos visitantes están siempre cubiertos por ellos con una gran dosis de mímica. Al  estrecharse las manos y siempre que el primer encuentro sea al aire libre, bien en escalinatas o bien en umbrales de edificios, los políticos saben subsanar perfectamente esos incómodos minutos rodeados de fotógrafos y no necesitan intérprete alguno. Con un dominio excepcional de los gestos, las dos personalidades que se encuentran, aunque no se hayan visto nunca y, sobre todo, aun sin conocer el uno el idioma del otro, levantan la cabeza y miran sonrientes hacia el cielo, señalando cada uno el paso de las nubes, o el color del día, o haciendo un ademán que podía clasificarse dentro de un lenguaje de mímica internacional, con el que se intenta sugerir al otro qué buena o qué mala está siendo la temperatura del día,  o cuánta  lluvia o viento están sacudiendo ya las horas de esa jornada. Luego entran, y ahí es el momento de mi madre que ha subido deprisa y de dos en dos las escalinatas, se ha colado entre los guardaespaldas y está ya situada en una esquina de la alfombra y muy  preparada para empezar su trabajo. Es un momento difícil ése, siempre nos lo ha dicho, porque tiene que avanzar detrás de los dos personajes, ni muy presurosa ni tampoco muy lenta, atenta al ritmo de los pasos de los otros, deteniéndose si ellos se detienen y, sobre todo, dispuesta a captar el menor atisbo de conversación, porque uno de los dos, por ejemplo, puede comentar algo intrascendente cuando elogia determinado mueble  o comenta cualquier cosa sobre  una cortina o sobre la misma alfombra, y ella tiene que introducir rápidamente su breve traducción, adelantándose un poco entre las dos chaquetas y asomando algo la cabeza, para pronunciar el matiz exacto con una entonación muy suave y ligera porque es consciente de que aún no ha empezado la conversación seria y transcendental..

 

 

Sin embargo, mi madre, lo que muchas veces nos ha confesado en familia cada vez que  ha querido desahogarse con nosotros,  es lo difícil que para ella  resulta traducir  chistes y chascarrillos de un mandatario para que los pueda entender el otro; primero, porque mi madre no tiene mucho sentido del humor,  y segundo porque ella misma no los capta. “Si yo misma no los entiendo muchas veces”, nos protesta mientras come,  “ entonces, ¿cómo los voy a traducir?”. Mi abuela la mira y continúa tomándose la sopa, pero la espía  con ojos  pícaros, ya que ella sí tiene sentido del humor y además le encantan los chismes. “¿Pero qué cuentan, qué cuentan?”, le pregunta curiosa. Mi madre se ofende y no responde. Cree que su madre no valora la importancia de su trabajo y muy pocas veces nos relata algo. Pero hay cosas sobre las que no puede contenerse y entonces sí nos las cuenta. Con respecto a los chistes, nos ha contado en varias ocasiones el del pastor kurdo que se lo oyó a  Sadam Hussein. No es que Sadam  se lo contara a ella sino que el dictador iraquí se lo contaba a todo el mundo y ella lo tenía que traducir. “Había que estar muy atenta – nos dice mi madre – porque Hussein hacía pausas para beber té mientras lo contaba, y además hacía muchas variantes, cada vez lo narraba de una forma, y entonces yo tenía  que coger todos los giros, escuchar bien entre las carcajadas y traducírselo, por ejemplo, al Primer ministro italiano, que no entendía nada, y además hacer todo eso sin quitarle  la gracia”.”¿Y cuál era la gracia? –pregunta  mi abuela tomándose la sopa .” Te lo he contado muchas veces, mamá –dice mi madre – ¿para qué quieres que lo cuente otra vez?”. “Hombre, -contesta mi abuela – porque si lo has tenido que traducir tantas veces y ese señor estaba tan obsesionado con el chiste, pues es que tendrá gracia, aunque yo no se la encuentro mucha”. Entonces mi madre comienza a contar una vez más la historia del pastor kurdo que hemos oído infinidad de veces y que en resumen es así: se trata de un pastor kurdo al que los militares castigan, primero, por dar de comer trigo a sus ovejas; después, por alimentarlas con arroz en tiempos de hambruna. Finamente, cuando el ejército efectúa un tercer control, el hombre, hastiado, responde en el interrogatorio que está dando unos dinares al rebaño para que adquiera en el mercado lo que le venga en gana, y que así le dejen en paz.

Mi abuela no ha entendido nada el chiste, ni siquiera le ha parecido un chiste, no le ha hecho ni pizca de gracia todo aquello y sigue tomándose impertérrita la sopa”.

José Julio Perlado – (del libro inédito “Relámpagos”)

 

 

(Imágenes- 1.- Rolf Hanson/ 2-Robert Motherwell– 1984/ 3- Otto Freundlich -1935/ 4- Franco Costalonga -1977/ 5-macaparana)

LA TELEVISIÓN Y LA ESCRITURA

 

“Nuestra táctica es cruzarnos de brazos y quejarnos de que la televisión ha maleado a los lectores – le decía David Foster Wallace a  David Lipsky (Pálido Fuego) -, cuando en realidad lo que ha hecho es darnos el valiosísimo presente de dificultarnos la labor. Según lo veo yo cuanto más difícil sea que al lector le parezca que merece la pena leer tus cosas, más oportunidades tendrás de crear una verdadera obra de arte. Porque sólo el arte real es capaz de conseguir eso.

Tu labor es enseñar al lector que es mucho más inteligente de lo que él pensaba. Creo que una de las insidiosas lecciones de la televisión es la metalección de que el espectador es tonto. A esto es a lo que llegas, espectador. Esto es fácil, y tú eres la clase de persona cuyo máximo deseo es estar en un sillón sin comerse la cabeza. Cuando en realidad hay partes de nosotros que, de algún modo, son mucho más ambiciosas que eso. Y lo que hace falta, creo yo, y no estoy diciendo que yo sea la persona capaz de lograrlo, pero lo que creo que necesitamos es arte comprometido que se lo tome en serio, capaz de volver a enseñarnos que somos inteligentes. Y que hay cosas que la televisión y las películas – aunque determinadas cosas se les dé fenomenal – no pueden darnos. Pero para eso hay que crear las motivaciones para que queramos hacer el esfuerzo extra de involucrarnos con esas otras clases de arte. Y creo que eso puede verse en las artes visuales, creo que puede verse en la música…”

 

 

(Imágenes – Lee Friedlander–2001-`pinterest)

RECUERDOS DEL HAMBRE

 

 

“Conozco el hambre, la sentí. De niño, al final de la guerra, estaba entre los que corrían por la carretera al lado de los camiones de los estadounidenses y tendía las manos para atrapar las barras de chicle, el chocolate, los paquetes de pan que los soldados tiraban al voleo. De niño tenía tal necesidad de grasa que tomaba el aceite de las latas de sardinas y lamía con delicia la cuchara de aceite de hígado de bacalao que mi abuela me daba para fortalecerme. Tenía tal necesidad de sal que, en la cocina, comía del frasco, a dos manos, los cristales de sal gris.

De niño probé por primera vez el pan blanco. No era la hogaza del panadero, ese pan negruzco más que parduzco, hecho con harina pasada y aserrín que estuvo a punto de matarme cuando tenía tres años. Era un pan cuadrado, hecho en un molde con harina enriquecida, liviano, oloroso, de miga tan blanca como el papel en el que escribo. Y al escribirlo siento que se me hace agua la boca, como si no hubiera pasado el tiempo y estuviera directamente unido a mi infancia. La rebanada de pan que se deshace, nebulosa, que hundo en mi boca y que, apenas trago, pido más, más, y si mi abuela no lo pusiera en el armario cerrado con llave, podría terminarlo en un momento, hasta sentirme mal. Sin duda, nada me ha satisfecho igual, nada saboreé después que me haya calmado a tal punto el hambre, que me haya saciado hasta ese punto.

 

 

También la leche Carnation. Sin duda, distribuida en los centros de la Cruz Roja, en grandes latas cilíndricas decoradas con un clavel rojo. Para mí, durante mucho tiempo fue la dulzura misma, la dulzura y la riqueza. Saco el polvo blanco a cucharadas y lo lamo hasta ahogarme. También en esto puedo hablar de felicidad. Después, ninguna crema, ningún postre me hizo más feliz. Era cálido, compacto, apenas salado, rechinaba en mis dientes y mis encías, corría como un líquido espeso por mi garganta.

Ese hambre está en mí. No puedo olvidarlo. Pone una luz aguda que me impide olvidar mi infancia. Sin duda, sin ella no habría conservado ninguna memoria de esa época, de esos años tan largos, donde faltaba de todo. Ser feliz es no tener que recordar. ¿Fui desdichado? No lo sé. Simplemente recuerdo que un día me desperté y conocí por fin la maravilla de las sensaciones saciadas. Con ese pan demasiado blanco, demasiado dulce, con olor demasiado rico, ese aceite de pescado que corre por mi garganta, esas cucharadas de leche en polvo que forman una pasta en el fondo de mi boca, contra mi lengua, fue cuando comencé a vivir. Salí de los años grises y entré en la luz. Era libre. Existía”.

J.M.G. Le Clezio – “La música del hambre” (2008)

 

 

(Imágenes. – 1-Eugene Carrière/ 2.- Hele Schejerfberck/ 3.- Edouard Manet)

KATSUSHIKA HOKUSAI

 

 

“Desde los seis años tuve la manía de dibujar la forma de las cosas. A los cincuenta había producido gran número de dibujos, pero antes de los setenta no hice nada que mereciera la pena. A los setenta y tres creo haber adquirido algún conocimiento de la estructura verdadera de los seres naturales, animales, plantas, árboles, pájaros, peces e insectos. Creo que cuando cumpla los ochenta habré progresado notablemente. A los noventa alcanzaré el misterio de las cosas; a los cien harė una obra asombrosa, y a los ciento diez cuando dibuje, aunque sólo sea una línea, poseeré el soplo de la vida”.

Katsushika Hokusaiprimer volumen deCien vistas del monte Fuji” – 1834

 

(Imágenes- 1- Hokusai- el dragón de humo escapando del monte Fuji- wikipedia/ 2.-Hokusai- autorretrato- Wikipedia)

MONÓLOGO DE RULFO

 

 

“Usted se fija — decía Juan Rulfo – que los personajes de “Pedro Páramo” carecen de rostro y, en algunos casos, de sentimientos. Esto tiene una razón. Borges dice que cuanto más primitivo es un pueblo, menos siente el dolor y es menor su capacidad de experimentar sentimientos. Ahí se trata de un pueblo que siente, pero muy en rudimentario, porque sus sentimientos han sido materialmente engarruñados por el esfuerzo de sobrevivir. Sepa – seguía diciéndole Rulfo a Robert Saladrigas en 1971 (“Voces del “boom”)  – que para el mexicano la vida y la muerte son símbolos y, muy al contrario de los norteamericanos, que sienten pavor hacia la muerte o tratan por todos los medios de ocultar su presencia, el pueblo mexicano no se siente traumatizado en absoluto por el misterio de su destino.

(…) Cuando está uno al frente de una familia que come todos los días y los hijos estudian carreras complicadísimas, que cuestan montones de pesos, es dificilísimo dedicarse con la tranquilidad necesaria a una obra de creación. Yo sé que mis obras se reeditan año tras año, y que las últimas ediciones son de cincuenta mil ejemplares, ¡ qué barbaridad!, pero  ¿quiere que le diga lo que de verdad pienso? Yo no sé quién lee los libros, mis obras. ¿La juventud? ¡Pse! No lo acabo de ver. Mire, en México vivimos tiempos de enorme confusión literaria. Desde que nos alcanzó la moda del “nouveau roman”, los jóvenes creyeron que lo único válido era escribir sobre los objetos de una plaza, el hueco de una ventana, lo que había al otro lado del dintel de esa ventana, en la habitación, sobre una mesa, en la pared, y así, cosas por el estilo. Llegaron a decir que la novela que no fuese urbana y el empleo de la imaginación eran sinónimos del folklore. Habría que indagar qué entienden por folklore. No se daban cuenta de que la novela -del – objeto era un círculo vicioso que comenzaba y acababa en sí misma, sin posibilidad alguna de transcender. Pues bueno, el sarampión no se ha extinguido aún y encima no creo que lea  más del quince por ciento de la poblaciòn. ¿Para quién escribe uno? Yo no lo sé, nunca he logrado averiguarlo. El que las ediciones de mis libros se agoten una y otra vez es algo que no consigo explicarme (…) Es posible, sí, que acabe “La cordillera”. Pero no sé cómo, ni cuándo. Algún día será. Le pasaré el aviso. Cuando sea y me sienta tranquilo y con ganas de crear la obra que uno, que es lector insaciable, a veces siente deseos de leer porque busca que sea nueva y le diga lo que nunca le han dicho, entonces no queda más alternativa que escribírsela uno mismo”.

 

 

Esa “obra que le diga lo que nunca le han dicho” la recibió y leyó García Márquez, tal como lo cuenta Alvaro Mutis: ” Me  hice amigo de Rulfo – dice -, un hombre inteligentísimo y con ninguna de las debilidades de los intelectuales famosos, de una gracia enorme. Cuando llegó Gabo a México, le llevé un ejemplar de “Pedro Páramo” y le dije: “Lea esto”. Lo leyó  esa noche, lo acabó en un día y estaba asombrado: ” Esto es una maravilla”. Le di el otro tomo entonces, “El llano en llamas“, busqué a Juan y los conecté. Me decía Juan: “¿Para qué trajiste a este amigo que te quiere mucho a este país tan complicado?”.

 

 

(Imágenes -1-Rulfo- Chicago Tiempo Libre/2-Rulfo-proyecto Aula/ 3.-Rulfo- nuovi orizzonti latini)

VIEJO MADRID (68) : PATINAJE EN EL RETIRO

 

“En los periódicos de los años veinte podía leerse al llegar el mes de diciembre: “Ayer los madrileños empezaron a patinar sobre el hielo del estanque del Retiro“. Era normal que así ocurriera todos los años – comentaba Fernando Díaz -Plaja -, una tradición que se remontaba  al siglo XVll cuando por vez primera el rey y los cortesanos del Buen Retiro habían asistido en 1622 a una exhibición de unos holandeses en el difícil deporte de patinaje artístico. Por cierto que, según las “Noticias de Madrid” (1621 a 1627), la demostración acabó en tragedia al romperse el hielo y perecer uno de los deportistas. “Simtiólo mucho el Rey y mandó se supiese si tenía mujer e hijos para hacerles merced y que se le dijesen trescientas misas”.

ABC publicaba regularmente una portada en la que Alfonso Xlll hacía su ejercicio de patinaje en el estanque de la Casa de Campo; el parque era de propiedad real y por tanto estaba solo. Hasta que se abrió al público, el Retiro fue el único parque de Madrid. En él existía la convivencia  – no la fraternidad – de ricos y pobres. Los primeros llegaban de las calles Serrano y Velázquez y era una comitiva compuesta de amas de cría con sus vestidos primorosos, los largos pendientes y la seguridad de su porte que le daba saberse bien alimentadas y vestidas, mimadas por la familia que le había confiado lo más precioso que contaba : su hijo pequeño”.

 

 

Fernando Díaz – Plaja evocaba todos estos aspectos del Retiro y muchas más cosas de la. ciudad en su libro “Madrid desde (casi) el cielo“, es decir desde el piso 33  de la Torre de Madrid donde vivió  muchos años. Desde allí, su alto observatorio privilegiado le proporcionaba una visión única de las calles y de las historias, también de la Historia con mayúscula y de sus Documentos, también de las anécdotas que enriquecen las vidas de los hombres. Desde allí – decía – “el Retiro es el “único moño verde” en una amplia extensión de torres, azoteas y tejados que se extiende desde las Vistillas a la Dehesa de la Villa yendo en el sentido contrario a las agujas del reloj. No es un Retiro sino el Retiro, el único lugar en muchos kilómetros donde el nativo o el forastero puede abandonar el asfalto y la contaminación para respirar oxígeno y oír a los pájaros”.

 

 

(Imágenes. -1-patinaje en el Retiro- el Retiro y yo/ 2- amas de cría-yo-made wordpress/ 3.-el Retiro- Wall Street international)

LENINGRADO

 

Osip Mandelstam- nhu- jack et2 org

 

“He vuelto a mi ciudad – lágrimas en los ojos,

mi fiebre infantil, mi sangre y mis venas.

Si has vuelto, entonces bebe pronto

el jarabe de los faros de este río.

Reconoce ese día de diciembre,

siniestro alquitrán mezclado con yema.

¡Aún no quiero morir, Petersburgo!

Tienes mis teléfonos aún.

Aún aguardo direcciones, Petersburgo,

donde hallaré las voces de los muertos.

Vivo en la escalera y en la sien

el timbre arrancado me golpea.

Y espero a invitados en la noche,

moviendo los grilletes de la puerta”.

Osip Mandelstam – “Leningrado”- ( traducción de Lola Díaz)

(Imagen.- Osip Mandelstam -jak et 2 org)

NECESIDAD DEL SUEÑO

 

 

“He notado como cosa singular – dice Montaigne– ver a veces que los más grandes personajes, en las empresas más altas y en los asuntos más importantes, se mantienen tan firmes en su posición que ni siquiera acortan sus  horas de sueño. Alejandro el Grande, el día asignado para la furiosa batalla contra Darío, durmió tan profundamente y hasta tan tarde que Parmenión se vio obligado a entrar en su estancia y, acercándose a su lecho, llamarle dos o tres veces por su nombre para despertarlo, pues la hora de ir al combate le apremiaba. El emperador Otón, la misma noche en que había resuelto matarse, tras ordenar sus asuntos domésticos, distribuir su dinero entre sus sirvientes y afilar la hoja de la espada con la que pretendía herirse, cuando sólo aguardaba a saber si todos sus amigos se habían puesto a salvo, se quedó tan profundamente dormido que los criados le oían roncar.

 

 

Cuando el gran Catón se disponía a quitarse la vida, mientras esperaba que le informaran de si los senadores a los que hacía partir se habían alejado del puerto de Útica, se quedó dormido tan profundamente que los soplidos se oían desde la habitación vecina. Y cuando aquel al que había enviado al puerto le despertó para decirle que la tormenta impedía a los senadores navegar con tranquilidad, envió aún a otro y, hundiéndose más en el lecho, dormisqueó un rato más hasta que este último le aseguró que habían partido.

(…) En la batalla naval que Augusto ganó contra Sexto Pompeyo en Sicilia, en el momento de ir al combate, se vio asaltado por un sueño tan profundo que sus amigos tuvieron que despertarlo para que diese la señal de batalla. Ello fue ocasión para que Marco Antonio le reprochara después que ni siquiera había tenido el valor de mirar con los ojos abiertos la disposición de su ejército (…)  Mario el Joven hizo algo todavía peor, pues el día de su última batalla contra Sila, tras haber dispuesto su ejército y dado la orden y la señal de batalla, se echó a la sombra de un árbol para descansar, y se durmió tan profundamente que apenas pudo despertarse con la derrota y huida de su gente, sin haber visto nada del combate (…)

Los médicos decidirán si el dormir es tan necesario que nuestra vida depende de ello. Porque vemos que al rey Perseo de Macedonia, prisionero en Roma, le quitaron la vida privándole del sueño, pero Plinio alega el caso de algunos que vivieron mucho tiempo sin dormir. Herodoto habla de naciones en las cuales los hombres duermen y velan cada medio año. Y quienes escriben la vida del sabio Epiménides dicen que durmió cincuenta y siete años seguidos”.

 

 

(Imágenes. – 1- Koloman Moser- 1913/ 2.- Masha Kurbatova/ 3.- Ramón Casas)

ERRORES CORRECTOS

 

 

“¡Nos adelantaron las madrugadas! – escribe el filólogo Alberto Gómez Font en su libro “Errores correctos” (Pie de Página) – Estuvimos un montón de años explicando que cuando está oscuro es porque todavía es de noche y que la madrugada es cuando comienza a clarear; pero de bien poquito sirvió nuestra insistencia: ganaron los que bebían mucho por la noche y mezclaban esos dos conceptos.

Y es que, por muy borracho que uno vuelva a su casa, si llega pasada la medianoche, a eso de las tres o las cuatro, el cielo sigue estando oscuro, es decir, aún no ha amanecido, y para los habitantes de español, durante muchos años, la madrugada estaba directamente relacionada con el amanecer.

Hasta el año 1992, en los diccionarios de la Real Academia Española, la madrugada era el alba o el amanecer; pero ya en la edición del 2001 – y también en la de 2014 -, aunque la primera acepción sigue siendo ‘amanecer’, añadieron una segunda en la que dicen que también es el ‘tiempo posterior a la medianoche y anterior al amanecer”…

 

 

Y desde 1980, en el Manual de estilo de la Agencia Efe, se podía leer la siguiente advertencia, que permaneció casi idéntica hasta el 2004:

MADRUGADA .- Evïtese hablar de “Las doce de la madrugada”; resérvese este nombre para el alba o para las horas que la preceden en poco: las otras serán las doce, la una, las dos…de la noche.

Y en el Diccionario de español urgente (2000)  decíamos que madrugada era sinónimo  de  alba, amanecer, amanecida y alborada.

Pero con la llegada de la nueva definición al Diccionario del 2001, ocurrió otra vez que todas las advertencias sobre esa confusión que nos empeñábamos – los filólogos de la Agencia Efe  – en mantener año tras año, edición tras edición de nuestro libro, tuvieron que desaparecer y salir, como otras muchas, por la puerta de atrás, sin hacer ruido, a altas horas de la noche, ¿ o fue en la madrugada…?”

Alberto Gómez Font ha escrito un libro sabio, ameno, lleno de precisión, utilísimo para muchos lectores, rociado con gotas de humor, ofreciendo una amplia colección de errores y usos inadecuados en prensa y otros medios de comunicación que han dejado ahora de considerarse fallos, bien sea por el uso de unos hablantes dueños de la lengua, bien sea por los cambios sociales : posicionar, traumar, explosionar, concretizar, computarizar y tantas otras palabras son recogidas y comentadas en esta colección. Sus años de asesor lingüístico y revisor de textos en el Departamento de Español Urgente se entrelazan con su etapa de director del Instituto Cervantes de Rabat. Su amor por el idioma – es miembro de la Academia  Norteamericana de la Lengua Española – queda aquí patente gracias a su minuciosa atención y a su riqueza admirable.

 

 

(Imágenes -1-Aert van der Neer- 1645/ 2-Relja Penezic/ 3.-Alberto Gómez Font- pie de página editorial)

VIAJES POR ESPAÑA (13) : SEVILLA Y EL EMBAJADOR

 

 

“Toda la tierra alrededor de Sevilla es muy hermosa y abundante de trigo, vino, aceite y de otras muchas cosas – escribía el embajador veneciano Andrés Navagero al visitar España en 1524 -. La cebada se recoge en abril, por el calor que allí hace, que verdaderamente es excesivo en verano, aunque emplean contra él muchos reparos, por lo que solía decir el rey católico que “el verano se debía pasar en Sevilla y el invierno en Burgos“. En el tiempo que yo estuve en Sevilla sentí tanto calor a fines de marzo y en abril que no lo he sentido mayor en Italia en julio y agosto. Verdad es que dicen que aquel año fue en esto distinto de los demás, y el mes de mayo hizo más fresco de lo que era menester, lo que se debió a los vientos de Poniente que reinaron algunos días, los cuales, cuando soplan, aunque sea en medio del verano, producen en aquella región, no sólo fresco, sino a veces frío”.

Andrés Navagero había sido elegido por el Senado veneciano  el 10 de octubre de 1523 embajador en España cerca del emperador Carlos V y en julio de 1524  salió de Venecia para su nuevo destino. Tras pasar por Barcelona, Zaragoza y muchas otras ciudades, llegó a Sevilla en marzo de 1525 y sobre las numerosas cosas que allí vio, escribió lo siguiente: “por estar en Sevilla en el sitio en que está salen de ella tantas personas para las Indias, que la ciudad se halla poco poblada y casi en poder de las mujeres. Todo el vino y el trigo que aquí se cría se manda a las Indias, y también se envían jubones, camisas, calzas y cosas semejantes que hasta ahora no se hacen allá y de que sacan grandes ganancias. Está en Sevilla la Casa de la Contratación de las Indias, donde vienen todas las cosas que se traen de aquellas partes porque las naves no pueden descargar en otro puerto; al llegar la flota entra en dicha casa gran cantidad de oro con el que se acuñan muchos doblones al año; el quinto es para el rey, y suele casi siempre montar acerca de cien mil ducados cada año.

 

 

Dicen los mercaderes que de algún tiempo a esta parte viene menos oro que solía, pero los viajes continúan y todos los años van y vienen naves. Vi yo en Sevilla muchas cosas de las Indias y tuve y comí las raíces que se llaman batatas que tienen sabor de castañas. Vi también y comí, porque llegó fresco un hermosísimo fruto que tiene un sabor entre el melón y el melocotón con mucho aroma, y en verdad es muy agradable. También vi algunos jóvenes de aquellas tierras que acompañaban a un fraile que había estado allí predicando para reformar las costumbres de los naturales, y eran hijos de señores de aquellos países; iban vestidos a su usanza, medio desnudos y sólo con una especie de juboncillo o enagüetas; tenían el cabello negro, la cara ancha, la nariz roma; pero el color tira más a ceniciento; mostraban tener buen ingenio y vivo para todo, pero lo singular era un juego de pelota que hacían a estilo de su tierra: la pelota era de una especie de leño muy ligero y que botaba mucho, tamaña como un melocotón o mayor, y no la rebatían con las manos ni con los pies, sino con los costados, lo que hacían con tal destreza que causaba maravilla verlo; a veces se tendían casi en tierra para rebatir la pelota, y todo lo hacían con gran presteza”.

 

 

(Imágenes-1-Sevilla en el siglo XVl -culturamas/,2-Barco -1533-,elmundo/ 3- Sevilla en el siglo XVl- sevitrade)

EL AUTOR Y LA OBRA

 

 

“Nuestra admiración por un escritor al que, durante toda la vida, no nos habíamos atrevido a acercarnos estaba indudablemente en su punto más alto cuando, habiéndonos alojado en el mismo hotel en el que vivía hacía ya tiempo el escritor que admirábamos, y por mediación de un amigo, conocimos un día en la terraza del hotel al que reverenciábamos. No recordamos ningún ejemplo mejor del hecho de que una aproximación no significa en realidad más que alejamiento. Después de ese primer encuentro, cuanto más nos acercábamos a nuestro escritor, tanto más y con la misma intensidad nos alejábamos de él, en la misma medida en que penetrábamos en su personalidad nos alejábamos de su obra, cada palabra que pronunciaba en nuestra presencia y cada pensamiento que pensaba en nuestra presencia nos alejaba de su obra en esa misma palabra y en ese mismo pensamiento. Finalmente, nos hizo horrible y nos destrozó y deshizo y arrebató esa obra. Cuando dejamos el hotel, de lo que nos alegramos ya sólo por el hecho de que ahora podríamos estar sin ese escritor, tuvimos la impresión de que, para nosotros, el escritor y su personalidad estaban tan acabados como siempre como su obra. El autor de aquellos cientos de pensamientos e ideas e intuiciones, al que durante decenios servimos con nuestra razón y al que fuimos fieles en nuestro afecto, al no rehusar nuestro trato, sino, finalmente buscarlo en contra de nuestro deseo, nos había aniquilado su obra. Cuando, en lo sucesivo, oíamos su nombre, sentíamos un movimiento de repulsión”.

Thomas Bernhard – “Admiración” – “El imitador de voces”

 

 

(Imágenes- 1-Thomas Bernhard- Viena 1988- foto Sepp Dreissinger/ 2.- Thomas Bernhard- revista Imán)