SOBRE EL INGENIO

 

 

“Existe una diferencia entre un hombre dotado de ingenio pràctico y un hombre con ingenio para los negocios – explica La Rochefoucauld en sus “Máximas” – : se puede entender de negocios sin aplicar esto a su interés particular; hay gentes hábiles para todo aquello que no les concierne y muy desacertadas  en lo que se refiere a ellas, y las hay, al contrario, que poseen una habilidad limitada únicamente a lo que a ellas concierne y que saben sacar beneficio de cualquier cosa.

Se puede tener al mismo tiempo un aire serio en su condición y decir a menudo cosas agradables y joviales; esta clase de ingenio sienta bien a todo el mundo, y a todas las edades de la vida. Los jóvenes, de ordinario, poseen un ingenio jovial y burlón, sin gran profundidad, y por ello resultan incómodos con frecuencia. Nada hay tan difícil de llevar a cabo como la intención de ser siempre agradable, y los aplausos que recibimos en ocasiones divirtiendo a los demás no compensan que nos expongamos a la vergüenza de aburrirlos otras veces, cuando están de mal humor. La burla es una de las más agradables y peligrosas cualidades del ingenio: gusta cuando se hace con delicadeza, pero se suele temer al que la utiliza con demasiada frecuencia. La chanza puede, no obstante, permitirse cuando a ella no se mezcla malignidad alguna, y cuando se hace participar a las personas mismas de quien se trata.

 

 

Es difícil tener un ingenio irónico y no tratar de ser divertido, o sin que guste burlarse de los demás; es preciso tener gran acierto para ser irónico durante mucho tiempo y no caer en uno o en otro de estos extremos. La ironía es un talante alegre que invade la imaginación y le ayuda a ver lo ridículo de los objetos que se le presentan: el humor de cada momento mezcla en ello más o menos dulzura o aspereza; hay una manera de ironizar delicada y halagadora, que sólo hace referencia a aquellos defectos que la persona interesada consiente en confesar, que sabe disfrazar las alabanzas que dispensa bajo unas apariencias de censura y que descubre así todo lo amable que hay en ello fingiendo querer ocultarlo.

Un fino ingenio y un ingenio sutil son dos cosas diferentes. El prinero gusta siempre: es penetrante, piensa cosas delicadas y ve las más imperceptibles. Un hombre de ingenio sutil puede ser retorcido: no camina nunca recto, busca rodeos y desviaciones para lograr sus propósitos. Este comportamiento no tarda mucho en ser descubierto, siempre se hace temer y no conduce a grandes empresas.

El temperamento afable se exterioriza en un ingenio sin brusquedades, en un aire fácil y complaciente que siempre es agradable, si evita caer en la sosería”.

 

 

(Imágenes -1- Van Gogh – 1889/2- Hermann Fischer -1932/3- Andy Warhold- 1957)