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Archive for 3/05/17

 

 

“Toda la tierra alrededor de Sevilla es muy hermosa y abundante de trigo, vino, aceite y de otras muchas cosas – escribía el embajador veneciano Andrés Navagero al visitar España en 1524 -. La cebada se recoge en abril, por el calor que allí hace, que verdaderamente es excesivo en verano, aunque emplean contra él muchos reparos, por lo que solía decir el rey católico que “el verano se debía pasar en Sevilla y el invierno en Burgos“. En el tiempo que yo estuve en Sevilla sentí tanto calor a fines de marzo y en abril que no lo he sentido mayor en Italia en julio y agosto. Verdad es que dicen que aquel año fue en esto distinto de los demás, y el mes de mayo hizo más fresco de lo que era menester, lo que se debió a los vientos de Poniente que reinaron algunos días, los cuales, cuando soplan, aunque sea en medio del verano, producen en aquella región, no sólo fresco, sino a veces frío”.

Andrés Navagero había sido elegido por el Senado veneciano  el 10 de octubre de 1523 embajador en España cerca del emperador Carlos V y en julio de 1524  salió de Venecia para su nuevo destino. Tras pasar por Barcelona, Zaragoza y muchas otras ciudades, llegó a Sevilla en marzo de 1525 y sobre las numerosas cosas que allí vio, escribió lo siguiente: “por estar en Sevilla en el sitio en que está salen de ella tantas personas para las Indias, que la ciudad se halla poco poblada y casi en poder de las mujeres. Todo el vino y el trigo que aquí se cría se manda a las Indias, y también se envían jubones, camisas, calzas y cosas semejantes que hasta ahora no se hacen allá y de que sacan grandes ganancias. Está en Sevilla la Casa de la Contratación de las Indias, donde vienen todas las cosas que se traen de aquellas partes porque las naves no pueden descargar en otro puerto; al llegar la flota entra en dicha casa gran cantidad de oro con el que se acuñan muchos doblones al año; el quinto es para el rey, y suele casi siempre montar acerca de cien mil ducados cada año.

 

 

Dicen los mercaderes que de algún tiempo a esta parte viene menos oro que solía, pero los viajes continúan y todos los años van y vienen naves. Vi yo en Sevilla muchas cosas de las Indias y tuve y comí las raíces que se llaman batatas que tienen sabor de castañas. Vi también y comí, porque llegó fresco un hermosísimo fruto que tiene un sabor entre el melón y el melocotón con mucho aroma, y en verdad es muy agradable. También vi algunos jóvenes de aquellas tierras que acompañaban a un fraile que había estado allí predicando para reformar las costumbres de los naturales, y eran hijos de señores de aquellos países; iban vestidos a su usanza, medio desnudos y sólo con una especie de juboncillo o enagüetas; tenían el cabello negro, la cara ancha, la nariz roma; pero el color tira más a ceniciento; mostraban tener buen ingenio y vivo para todo, pero lo singular era un juego de pelota que hacían a estilo de su tierra: la pelota era de una especie de leño muy ligero y que botaba mucho, tamaña como un melocotón o mayor, y no la rebatían con las manos ni con los pies, sino con los costados, lo que hacían con tal destreza que causaba maravilla verlo; a veces se tendían casi en tierra para rebatir la pelota, y todo lo hacían con gran presteza”.

 

 

(Imágenes-1-Sevilla en el siglo XVl -culturamas/,2-Barco -1533-,elmundo/ 3- Sevilla en el siglo XVl- sevitrade)

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