VIAJEROS DE LA ETERNIDAD

 

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“Los meses  y los días  son viajeros de la eternidad – escribe Bashô en susDiarios de viaje” , concretamente en su Senda hacia Oku, en 1689 -. Los años van y vienen y también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de barcos o envejecen conduciendo caballos, cada día es un viaje. El viaje mismo se vuelve su hogar. Entre los antiguos, muchos murieron en plena marcha. Incapaz de refrenar pensamientos de vagabundeo – desde hace cuánto tiempo, no lo sé -, recorrí la costa, igual que un jirón de nube se deja llevar por el viento. Al correr el otoño pasado, volví a mi choza a orillas del río y barrí las telarañas.

Gradualmenre el año llegó a su término. Entonces me vinieron ganas de cruzar el paso de Shirakawa en primavera, cuando hubiera neblina en el aire, hasta llegar a Oku. Poseído por un duende viajero y con las señas que me hacían los espíritus del camino, no conseguía fijar mi mente ni ocuparme de otra cosa. Remendé mi pantalón roto, cambié las cintas al sombrero de bambú y me apliqué “moxa” en las espinillas, a fin de fortalecer las piernas para el viaje. En ese momento solo era capaz de pensar en la luna de Matsushima. Cedí mi cabaña y me trasladé a casa de Sampú, para permanecer allí hasta la salida de mi viaje, no sin antes colgar de un pilar de mi choza un “renga” en ocho estrofas, la primera de las cuales dice así: “Con nuevos inquilinos, hasta una choza puede volverse casa de muñecas”.

 

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(Imágenes-1.-Tao Len Yue- 1931/ 2.- Matsuo Bashô- Wikipedia)

LA DIOSA XOCHIQUETZAL

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“Llamábanla Xochiquetzal, la cual decían que habitaba sobre los aires y sobre los nueve cielos, y que vivía en unos lugares muy deleitables y de muchos pasatiempos, acompañada y guardada de muchas gentes, siendo servida de otras mujeres como diosas, en grandes deleites y regalos de fuentes, ríos, florestas de grandes recreaciones, sin que le faltase cosa alguna, y que donde ella estaba era tan guardada y encerrada que hombres no la podían ver, y que en su servicio había un gran número de enanos y corcovados truhanes y chocarreros que la daban solaz con grandes músicas y bailes y danzas, y de estas gentes se fiaba y eran sus secretarios para ir con embajadas a los dioses a quien ella cuidaba, y  que su entretenimiento era hilar y tejer cosas primorosas y muy curiosas, y pintábanla tan linda y tan hermosa que en lo humano no se podía más encarecer. Llamaban el cielo donde esta diosa estaba Tamohuanichan Xochitlihcacab Chitamohuan y ( en asiento del árbol florido) Chicuhnauhuepaniuhcan Itzehecayan, que quiere decir donde los aires son muy fríos, delicados y helados, sobre los nueve cielos”.

 

Diego Muñoz Camargo – escritor mexicano del siglo XVl

(Imagen.- México según un grabado del siglo XVl- euskomeda)

VISITA A SOROLLA

 

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Salitas de paso entre profusión de cuadros, cerámicas valencianas, andaluzas y aragonesas, una chimenea decorada por el propio Sorolla, dibujos realizados en 1911, en Chicago, al dorso de las minutas del restaurante del hotel en que residía el pintor valenciano, quien anotaba rápidamente multitudes de tipos y actitudes, a veces con concisos rótulos: ” Un millonario”,  y que apostillaba, con sequedad casi goyesca, la cabeza de un individuo. Así paseaba, apuntándolo todo, Juan Antonio Gaya Nuño en su “Historia y guía de los museos de España“, y así pasamos y paseamos nosotros años después entre el gentío que contempla las modalidades  y variaciones de la luz en “La bata rosa” o los blancos casi transparentes de “El baño del caballo”.

 

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Atractivo palacete en la madrileña calle de Martínez Campos, con amplio jardín, siempre muy grato y muy interesante como museo, que Sorolla hizo construir en 1912 al arquitecto don Enrique María Repullés. Presencia constante en lienzos asombrosos en los que se ve a la esposa de Sorolla, Clotilde García del Castillo, sentada en un sofá o paseando por jardines cercanos a Madrid. La blancura de unas sábanas inundará “Madre”, su cuadro sobre la maternidad en la que dos cabezas – madre e hija menor del pintor – parecen hundirse y resucitar de vida en la profundidad de una cama.

 

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Sorolla en París, en 1900,  despierta la sincera admiración de distintos artistas, entre otros del sueco Zorn, amigo del valenciano y con cuya interpretación jubilosa de la luz, como recordaría Lafuente Ferrari, tiene tanta afinidad el arte de Sorolla. Barcas y bueyes junto al mar, vivaces movimientos de cuerpos alegres que nadan y juegan con el agua, viento agitando lienzos. Se visita a Sorolla en los grandes cuadros y también en las menores menudencias del museo. Es en esa intimidad familiar de Sorolla donde aparecen, entre escaleras y salas, esas colecciones de figurillas y de cacharros populares, tallas, recuerdos. Amplios ventanales y altura de la estancia que sirvió de estudio al artista en Madrid como serviría de estudio el gran mar y las ondulaciones de sus blancos.

 

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(Imágenes.-Sorolla:  1.-“Madre” 1895/ 2.- “La siesta”- 1911/ 3.- “Clotilde sentada en un sofá”. 1910/ 4.- taller de Sorolla en su museo madrileño)

SONREIR EN UN BLOG (9) : BUSCADOR AUTOMÁTICO DE LIBROS

 

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“Se parece a esos llaveros que alguien popularizó hace un par de décadas. Entonces uno silbaba y el llavero emitía un ruido que ayudaba a localizar las llaves perdidas. En este caso, dado lo arduo que puede resultar hallar un libro en una biblioteca vasta y muy desordenada, se toma una especie de control remoto, se escribe el apellido del autor, una o dos palabras del título y… santo remedio: el libro suelta el zumbido que equivale a decir “acá estoy”.

Obviamente  – prosigue el argentino Eduardo Berti en suInventario de inventos” (Impedimenta) – esto existe ( por ahora) en la ficción. En una colección de cuentos de la escritora Minh Tran Huy, cuyo título sería fácil de citar si el libro apareciera al fin, entre el abarrotado caos. Pero el libro y el control remoto no se encuentran por ningún lugar”.

 

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(Imágenes- 1- Charles Matton– 2000/ 2.- Charles Matton- Pinterest)

EN TORNO AL ESCRITORIO

 

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“En este rincón del salón, cerca de la ventana, está colocado el escritorio – nos va diciendo al mostrarnos su casa- museo en Roma el gran crítico de arte y también gran coleccionista Mario Praz. Recogida toda esta visita que hacemos con él en su libroLa casa de la vida“, Praz continúa: ”  Para un escritor este debería ser el mueble principal, el primero en buscar conforme al concepto que se haya formado de su propia misión, el cual no puede dejar de poseer un cierto grado de nobleza, por más reparos que quiera poner su modestia. El escritorio es para él lo que para la mujer hermosa es la psique; y el espejo será en su casa la hoja en blanco sobre la que se reflejará el contenido de su alma, por lo que sobran razones para llamar al escritorio la psique del escritor. El primer mueble del que habría debido ocuparme debería haber sido por tanto el escritorio, pero como ya he dicho, el germen de mi predilección por el  estilo Imperio nació en el dormitorio (…)

 

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Sobre este escritorio, que le había comprado al anticuario Subert de Milán en 1932, escribí casi todo lo que salió de mi pluma hasta 1954, cuando el escritorio francés condenó al exilio a este mueble más modesto (…) ¿Debo añadir que, después de todo, la mesa sobre la que uno escribe no tiene demasiada influencia sobre el mérito de las cosas escritas? ¿Que probablemente no tiene ninguna? Ciertamente no escribí nada digno de mención sobre la mesa que tuve de joven antes de que la pretensión de un mobiliario elegante me hiciese comprar un escritorio de finales del siglo XVlll, de pies todavía molturados, del que me deshice enseguida cuando encontré el de las esfinges del anticuario Subert. Pero, ¿cabría esperar cosas sobresalientes de un joven que no fuese un genio? Escribí la tesis sobre D Annunzio (…)  Y no recuerdo las mesas ante las que me senté en las habitaciones alquiladas de Liverpool y de Manchester, donde, también, escribí varios textos de crítica y de filología. Algunas de mis mejores páginas además las he escrito sin la ayuda de ningún escritorio, como cuando sentado bajo un pino de la pineda de Viareggio, en las horas de más calor, redactaba el relato de mi viaje a España, apoyando el papel sobre un libro que descansaba en mis rodillas. Diré que también hay quien se maravilla de que pueda escribir en un salón tan ricamente decorado como el mío, que el propio Goethe prefería un ambiente desnudo y sin adornos para escribir, y que un arquitecto al que conozco, que tiene una villa en Capri con deliciosas vistas desde las ventanas, ha preferido para su estudio una habitación cuya ventana da a una pared blanca. Realmente creo que podría escribir en cualquier sitio, siempre que a mi alrededor no hubiese ruidos molestos. Pero ha habido quien ha opinado que los ruidos secundaban su inspiración como Gogol cuando escribía en las tabernas romanas. Incluso una circunstancia que normalmente se consideraría susceptible de molestar, como la presencia de un olor desagradable, puede ser propicia, como en el caso de Schiller que se excitaba con el olor a manzanas podridas que tenía en el cajón”.

 

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Uno lee estas confidencias y recuerda cuántos escritorios ha vivido y utilizado. Sobre todo aquellos sostenidos casi en el aire, apoyado el papel en un cuaderno y el cuaderno apoyado a su vez en las rodillas, en el interior del automóvil o al aire libre. Al levantar la mirada de la página pasaban ante mí muy despacio árboles de los bosques de Galicia, carreteras blancas de Castilla, amaneceres en los tejados de Madrid.

 

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(Imágenes.- casa-museo de Mario Praz- turismo Roma)

“LA CANTANTE CALVA” DE IONESCO

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“No pensaba que esta comedia fuera una verdadera comedia – confesaba Ionesco hablando del origen deLa cantante calva”, su primera obra de teatro, en 1950 -. En realidad, era sólo una parodia de pieza de teatro, una comedia de la comedia. Se la leí a amigos míos para hacerles reír cuando se reunían en mi casa. Como reían con ganas me di cuenta que ese texto tenía una fuerza cómica real (…)  Había que buscarle un título. Se propuso “La hora inglesa”,Big-Ben folies”, ” Una hora de inglés”, etc… Nicolás Bataille me hizo observar, con justa razón, que se hubiera podido tomar esta pieza por una sátira inglesa, lo que no era el caso. No se encontraba título adecuado. Al fin alguien, por casualidad, en vez de decir en uno de los últimos ensayos una “institutriz rubia”, se equivocó y pronunció “cantante calva” “He aquí el título de la pieza”, exclamé”.

Esta pieza de Ionesco lleva ya interpretándose ininterrumpidamente desde hace 60 años. Ha tenido devotos y detractores, gentes que la han aplaudido y gentes que no la han aceptado. Corresponde al “teatro del absurdo” o  ‘ teatro de protesta y paradoja” como así lo llamó George E. Wellwarth. La actitud iconoclasta de Ionescoseñala este autor – es la que ha causado a Ionesco más problemas con los críticos. La finalidad de todas las obras de Ionesco es protestar contra el orden social y la condición humana. Esta protesta es más bien un grito desesperado y frenético, el grito del que está atrapado y lo sabe, pero está resuelto a forcejear hasta el fin. La aparente absurdidad de todos los dramas de Ionesco – sigue Wellwarth –  es, de hecho, un intento de cruzar los límites de la realidad, de acceder a una “ultra-realidad”. La historia de “La cantante calva” carece de interés en sí misma. Ionesco utiliza el diálogo disparatado para mostrar la absurdidad de la vida cotidiana a través del colapso del lenguaje.

 

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“Extraño, extraño, el destino de una obra  – decía Ionesco enAntídotos”-.  El destino de ” La cantante calva”, por ejemplo. Tengo la impresión de que este texto ya no me pertenece. Desde hace años se interpreta. Esta serie de representaciones ha podido inspirar trescientos metros de escenarios en todo el país. Yo mismo he asistido a una quincena de “Cantantes calvas” en diferentes lenguas. Esta pieza ha inspirado a compositores y ellos han creado dos óperas.; se han hecho muchas películas para la televisión y recientemente se ha logrado una puesta en escena tipográfica, renovando la tipografía con él propósito de inventar el libro- espectáculo”.

“Cuando escribo una obra teatral – confesaba Ionesco en otro momento de su vida – no obedezco jamás a un plan preconcebido. Cada vez es una aventura nueva, una cacería, un viaje con descubrimientos insospechados. Mi método es no tener ninguno. La obra se construye a sí misma o no se construye en abosoluto. Mi punto de partida es, todo lo más, un estado de ánimo, un impulso de talante emotivo. Luego, todo se reduce a encontrar el tono adecuado, lo que sucede con las dos o tres primeras frases escénicas. A veces espero durante semanas y aún meses el brote de estas frases, que son siempre las más arduas, las más difíciles. Pero tan pronto como las ha percibido el oído interior, todo el mecanismo se pone en marcha. Emerge la primera escena, las primeras figuras dramáticas llaman a las siguientes o ausentes, presentándose con palabras o con el silencio. Un mundo desconocido, incomprensible incluso para mí mismo, crece desde las sombras. No me  inquieto en absoluto por si todo esto resulta verosímil o no. Tiene que ser así, puesto que ya está ahí”.

 

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(Imágenes – 1 y 2 – “La cantante calva” – Comedia Nacional/ 2 – Ionesco – Wikipedia)

SOBRE LA CONVERSACIÓN

 

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“El motivo de que haya tan pocas personas que resulten agradables en la conversación – leo en lasMáximas morales” de La Rochefoucauld – es que cada cual piensa más en lo que quiere decir que en lo que están diciendo los demás. Hay que  escuchar a los que hablan, si se quiere ser escuchado; hay que dejarles en libertad de hacerse oír y hasta de decir cosas inútiles. En lugar de contradecirles o interrumpirles, como suele hacerse, debemos al contrario, tomar parte en sus ideas y gustos, mostrarles que los escuchamos, hablarles de cosas que les atañen, alabar lo que dicen si lo merece y demostrarles que los alabamos más por convicción que por amabilidad. Hay que evitar discusiones sobre cosas indiferentes, hacer pocas preguntas inútiles y no dar a entender nunca que pretendemos tener màs razón que los demás, así como cederles de buen grado el privilegio de tomar una decisión.

Se deben decir cosas naturales, fáciles y más o menos serias, según el humor y la inclinación de las personas con quienes se conversa; no acosarlas para que aprueben lo que decimos, ni siquiera para que nos contesten. Cuando se han satisfecho de esta suerte los deberes de cortesía, pueden exponerse los propios sentimientos sin prevención ni tozudez, dando a entender que tratamos de apoyarlos con la opinión de aquellos que nos escuchan.

 

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Hay que evitar hablar mucho de sí mismo y ponerse a menudo como ejemplo. Nunca será excesivo el interés que pongamos en conocer la inclinación y alcances de aquellos con quienes hablamos, para unirnos a la opinión del que más talento tiene y añadir nuestras ideas a las suyas dándole a entender, en lo posible, que  las tomamos de él. Es de gran habilidad no agotar los temas que se tratan y dejar para los demás algo que pensar y que decir.

Nunca se debe hablar con aire de autoridad, ni utilizar palabras o términos exagerados. Podemos mantener nuestras opiniones cuando éstas son razonables, pero aunque las mantengamos nunca debemos herir los sentimientos de los demàs, ni dar la impresión de que nos escandalizamos de lo que dicen. Es peligroso querer adueñarse siempre de la conversación y hablar con excesiva frecuencia de una misma cosa. Se deben aceptar indiferentemente todos los temas agradables que se presenten y no mostrar jamás que queremos llevar la conversación hacia aquello de lo que nos interesa hablar”.

 

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(Imágenes-1-´René Magritte- 1963/ 2.- Pierre Bonnard- 1915/ 3.-Auguste Chabaud- 1908)

DEFENDIENDO EL AMOR

 

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“Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada

que dura hasta el postrero parasismo:

enfermedad que crece si es curada;

este es el niño Amor, éste es su abismo,

¡mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo!”.

Luis de Camoes

(Imagen – Emil Nolde – 1930)

PERFILES OLVIDADOS (3) : EUGENIO NOEL

 

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Conocido por su oposición al flamenquismo y a lo taurino, el escritor Eugenio Noel, forma parte de aquellos autores procedentes del periodismo que poseían un temperamento políticamente radical que se implicaba en un retablo de la España rural y que unía a veces el talante vigoroso con una equívoca complacencia. Como algún otro autor – por ejemplo, José López Pinillos – ha sido visto en alguna de sus obras como un precedente del relato tremendista de posguerra.

Azorín lo elogió por su ardor en la campaña contra el flamenquismo. El espectáculo –dijo de él – de un hombre joven que recorre España en perpetua y caliginosa predicación contra el flamenquismo no puede menos de ser interesante.

Martínez Cachero, al analizar la novela española, recuerda lo que Manuel Orozco dijo de Noel en la revista Insula, en junio de 1967 : no es un patán metido a artista payaso, sino un intelectual verdadero con un desajuste interior afectivo y social. Las obras de Eugenio Noel – Las capeas (1915), Pan y toros (1913) España nervio a nervio (1924), Nervios de la raza (1915), Escritos antitaurinos (1913), Alma de santa (1906), El allegreto de la sinfonía Vll (1916), Señoritos chulos, fenómenos, gitanos y flamencos (1916), Semana Santa en Sevilla (1916), Piel de España (1917), Chamuscón y Tabardillo (1920), Como la palma de la mano de un viejo ( 1921), la novela Las siete Cucas (1927) o Diario íntimo (1962) – se expandieron por muy diversas editoriales y el autor consiguió una enorme popularidad a la vez muy discutida.

Noel (sedudónimo de Eugenio Muñoz), siempre infinitamente pobre, infinitamente escarnecido en su miseria, redactando infinitos artículos, pronunciando infinitas conferencias contra los toros, contra la barbarie española, contra las grandes injusticias sociales, recorrió América entre aplausos y críticas. Eugenio Noel – señaló Ramón Gómez de la Serna en sus Retratos – es la figura representativa del escritor que pudo ser genial; que nació para ser genial; pero el medio se empeñó en no dejarle, en hostilizarle, en hacerle vivir de precario.

Este es el ojo de “este estupendo escritor de raigambre española – decía de él Ramónque, después de haber hecho todos los viajes, de haber conocido todas las experiencias, de haber vivido reciamente para escribir reciamente, muere como inédito, apenas esbozadas sus ideas, con una carpeta monstruosa de diseños, potente y joven, al par que yerto y enmudecido, porque no tuvo tiempo y sosiego para realizar su labor, para poner en fila sus ideas y sus palabras”.

 

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Cuando Noel se asoma a lo que hay que ver en una plaza de toros – así titula uno de sus artículos en Taurinos y antitaurinos – habla del toro como mártir y su prosa se concentra en esa dedicación suya a oponerse a la Fiesta: Ahora, he aquí el edificante castigo – escribe -: seis o siete puyazos en los brazuelos, morrillo y cercanías; noventa lances de capa, en los que las vértebras, cuernos y músculos sufren martirios imponentes al dilatarse, contraerse y moverse sin hallar oposición, en redondo, en semicírculo, de frente, cuarteando, etc; seis u ocho pinchos de banderillas y, por fin, nuevos trasteos de muleta y un pinchazo en hueso, una estocada en el lomo, un descabello, otro descabello, dos estocadas más y lances nuevos de capa en todos los sentidos o puntos cardinales.
Este nobilísimo toro antes de ser martirizado era un bello animal, una fiera poderosa que no se hubiera atrevido a hacer daño a no irritarla nosotros. Su destino era ayudarnos, poner toda esa resistencia pasmosa a nuestro servicio. Nosotros lo entendimos mejor, y le toreamos. El se defendió magníficamente. Nos dio un profundo ejemplo de amar su vida, que vale tanto como la nuestra, aunque algunos superhombres hagan aspavientos. Y fue en la plaza un consumado artista. Poseía la fuerza, la belleza y la fe en sí mismo, sobre todo esto último, que es lo que distingue a los toros.

Francisco de Cossío, en uno de los volúmenes de su obra Los toros , acusa a Noel de buscar sus argumentos en capeas y novilladas, en un momento – dice Cossío – en que están en su apogeo Joselito y Belmonte, porque sabe muy bien que la peor de sus faenas tendría que tomarla en serio.

Si en 1913 inicia una apasionada y titánica campaña antitaurina y antiflamenca a la que dedicó el resto de su vida, al año siguiente (1914) Eugenio Noel fundó el periódico El Flamenco. Semanario antiflamenquista, que más tarde se llamó El Chispero y que desapareció a las seis semanas por falta de medios económicos.

Su tremenda actividad como tenaz polemista y conferenciante en su campaña no se limitó a España, sino que en cuatro ocasiones viajó a la América de habla española, que recorrió prácticamente entera, dando conferencias, publicando artículos periodísticos y provocando siempre la polémica.

Al regreso de su último viaje a América, agotado y enfermo de neumonía, ingresó en el Hospital San Pablo de Barcelona, donde falleció el 25 de abril de 1936, pobre, como vivió siempre, solo y abandonado por todos, excepto por su mujer. Al trascender la noticia, el Ayuntamiento madrileño organizó el traslado por ferrocarril de los restos mortales del escritor, pero el vagón en que viajaban se quedó en una vía muerta de Zaragoza. El cadáver fue recuperado y finalmente enterrado en el cementerio civil de Madrid.

 

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(Imágenes- 1.. Eugenio Noel – el mundo es/ 3- Noel- la taberna del librero)

LA LÍNEA Y EL CUADRADO

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“De ningún modo es menor la sensibilidad que transmite la silla Red Blue que la de un lienzo de Piet Mondrian, contemporáneo de Riertveld – escribe Deyan Sujic en “El lenguaje de las cosas” – Ambos son el resultado de un período particularmente fructífero en el desarrollo de la cultura del siglo XX. En “De Stijl”, la revista de Theo van Doesburg con la que estaban relacionados tanto él como Mondrian, Riertveld escribió: ” Nuestras sillas harán realidad los artefactos abstractos en los interiores del futuro”. Tenía la visión de un nuevo estilo de vida y de los objetos que lo harían posible. Las pinturas de Mondrian eran como un plano de una casa, y no sólo por el interés por los colores primarios que el pintor compartía con Riertveld. Mondrian comunica una sensación de espacio infinito y de estructura sincopada, aunque rítmica, que está estrechamente relacionada con las ideas de Riertveld”.

 

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Holanda conmemora estos días el  centenario de la línea y el cuadrado haciendo referencia a Mondrian y a la revista “De Stijl’. El encuentro entre Piet Mondrian y Bart Van der Leck en 1916 abriría un nuevo camino en el arte. Mondrian señaló que la “técnica más o menos cubista, más o menos pictural, sufre la influencia de la técnica exacta”. Pero será en 1915, como anota Alberto Busignani, es decir, cuando se funda “De Stijl”, cuando la significación para la cultura europea de entreguerras será particularmente importante. Este movimiento formulará una poética que tiende a intensificar las relaciones entre el arte y la vida, insistiendo en el lado “funcional” de la obra de arte – ” la casa, se decía, es una máquina para habitar” – En esa casa habitarán los objetos, habitará el diseño. “Las palabras “diseño”, “máquina” y “técnica” están intensamente  interrelacionadas, como quiere recordar Vilém Flusser en su “Filosofía del diseño”, y no sólo la silla sino la cama, las pantallas y tantas otras cosas se nos ofrecerán en el espacio de la casa como objetos que nos presentan su personal vida.

 

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(Imágenes- 1- silla Red Blue de Reitveld/ 2- Mondrian- 1922- web profile/ 3 – Mondrian pintando- por Simon Maris – 1906)

VIEJO MADRID (67) : LAS BOTILLERÍAS Y LOS CAFÉS

 

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“El café desciende en línea recta de la botillería. ¿Quién no recuerda el carácter y la fisonomía de estos establecimientos tradicionales, en que sólo se hacía café para algún que otro aficionado, y se servían sorbetes en determinadas estaciones?  La botillería – escribía Becquer en suMadrid moderno”  – era un lugar de paso; alguna manola, invitada por un majo de los que reprodujo Goya, solían entrar a refrescar, después de la corrida de toros en que habían admirado a Pepe-Hillo; algún politicón rancio o tal cual poeta confeccionado de ovillejos entraban a leer el “Mercurio” o a departir acerca del mérito de las novedades teatrales antes de ir al corral de las comedias. Las personas algo encopetadas se hacían llevar a sus casas las bebidas las noches de saraos, y la multitud no había adquirido la costumbre de pernoctar en los cafés. El mobiliario y el fondo de la botillerīa se armonizaba con sus concurrentes, como el fondo de un buen cuadro con las figuras que lo componen.

(…) Más tarde fue creciendo el anhelo de sociabilidad, de esa sociabilidad cómoda y barata que se realiza en estos establecimientos y comenzaron a multiplicarse, y el espíritu de especulación se fijó en el negocio. Los veladores de mármol sustituyen a las mesas de pino; el gas, al aceite; donde estaba el reloj de cuco y figuras de movimiento campea una esfera magnífica; el lujo no se detiene y llega a la prodigalidad; se multiplican las luces, se agrandan hasta la exageración los espejos; el oro, casi en profusión lastimosa, chispea por todas partes; unos tratando de sobrepujar a los otros, llegan al límite extremo, porque no cabe ya más en esa senda de riqueza sobrecargada y de dudoso gusto. La multitud sigue con interés estas evoluciones; hoy admira un café nuevo, mañana celebra otro; pero de día en día son mayores sus exigencias. En este punto, lo que comenzó por necesidad vulgar de comodidades y ostentación, se convierte en exigencia de un gusto más delicado. El Café de Madrid fue un paso dado en este camino; pero la diversidad de artistas que en su decoración tomaron parte y la falta de unidad en el conjunto hacen que aquella tentativa fuese más digna de alabanza por la intención que por el resultado”.

 

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(Imágenes.- 1. botillería- Hemeroteca B N E/ 2.- el antiguo café de Levante- ABC es)

PRINCIPIOS DE PROUST

 

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Ahora que se publica en español “Marcel antes de Proust” (ediciones Godot) uno se vuelve a los textos que marcaron su camino de escritor: “los placeres y los días”, “Jean Santeuil”, las crónicas, los prefacios a Ruskin, los “pastiches”, la crítica literaria y “Contra Saint-Beuve” que van acercando poco a poco la prosa y los matices de “En busca del tiempo perdido”.

Las crónicas, por ejemplo, unen la literatura y la música bajo apariencias mundanas, como “un domingo en el Conservatorio“(1895), o “una fiesta literaria en Versalles (1894), igualmente con el teatro en “la silueta de un artista” (1897) o la pintura, “una tribuna francesa en el Louvre” (1920). Los mismos salones parisinos, como ha señalado el mayor especialista en Proust, Jean-Ives Tadié, son la ocasión de sacar a escena la literatura y las artes, presentar las modas y precisar la situación de cada uno. Es el ojo de Proust que observa la entrada en el concierto de “la bella reina, la condesa Greffulhe, espléndida y sonriente. Del brazo del príncipe alerta y cortés, atraviesa el escenario entre el encanto que su aparición despierta y, en cuanto la música comienza, ella escucha muy atenta, con aire imperioso y dócil, sus bellos ojos fijos en la melodía que se inicia”.

 

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En “Sésamo y lirios” (1906)”‘ Proust se adentrará, como tantas otras veces, en la lectura. La lectura, dirá, puede ayudar a descender sobre nosotros mismos y tratará ya ese misterio del tiempo que más adelante será central en su obra. “La potencia  de nuestra sensibilidad y de nuestra inteligencia – escribirá – no podemos mas que desarrollarla en nosotros mismos, en las profundidades de nuestra vida espiritual (…) , nos acercaremos al lenguaje de los viejos libros en los que el Pasado surge en medio del presente”.

Hace ahora exactamente un siglo – a principios de 1917 -, Proust se presenta ante Lucien Daudet como “un extraño personaje de Wells” pues él – dice – no se ha acostado desde hace cincuenta horas”. Está dedicado a comprobar “ciertos documentos de bibliografía militar” para incluirlos en “El Tiempo recobrado”. Y en ese año – como revelará Celeste Albaret, la mujer que le atendió mucho tiempo – Proust quiso hacer la experiencia de permanecer durante dos días como un muerto, sin llamar a nadie, sin avisar, sin dar ningún signo de vida. “Creo – confesaba Celeste en susMemorias“- que él ha querido pasar por la experiencia de la muerte, experimentar la mayor pérdida de conciencia”.

 

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(Imágenes.- 1.- Proust- Emile Blanche/ 2.-París- exposición universal 1889/ 3- París – 19oo)

TODOROV Y LO FANTÁSTICO

 

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“Lo fantástico – decía Tzvetan Todorov, el escritor franco- búlgaro que acaba de morir – se basa esencialmente en una vacilación del lector – de un lector que se identifica con el personaje principal – referida a la naturaleza de un acontecimiento extraño. Esta vacilación puede resolverse ya sea admitiendo que el acontecimiento pertenece a la realidad, ya sea decidiendo que éste es producto de la imaginación o el resultado de una ilusión; en otras palabras, se puede decidir que el acontecimiento es o no es.

Por otra parte, lo fantástico exige un cierto tipo de lectura, sin el cual se corre  el peligro de caer en la alegoría o en la poesía (…)  Cuando escribo, escribo acerca de algo, aún cuando ese algo sea la escritura. La literatura sólo puede llegar a ser posible en la medida en que se vuelve imposible. O bien lo que se dice está presente allí, y entonces no hay lugar  para la literatura, o bien se da cabida a la literatura, y entonces ya no hay nada que decir”.

Tzvetan Todorov: descanse en paz.

(Imagen- Twombly -1983)

LA INTELIGENCIA, LO NORMAL Y LO PATOLÓGICO

 

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¿Qué valor se concede a la inteligencia para probar si un hombre es normal o patológico? – así se lo pregunté hace años, lo recuerdo muy bien, al eminente profesor Pierre Pichot, ex- presidente de la Sociedad Francesa de Psicología. Nos encontrábamos los dos en San Sebastiàn, con motivo de un Congreso sobre “Psiquiatría y Sociedad” y aún tengo en la memoria sus  reflexiones.

– Hay una deficiencia de la inteligencia – me dijo entonces el profesor Pichot – considerada como patológica. El niño nace con una anomalía. Tenemos medios para medir la inteligencia. Hay dos tipos de patología de la deficiencia intelectual: por ejemplo, si un niño nace con una lesión de cerebro, su inteligencia está patológicamente baja. Pero otros casos se sabe que hay una inteligencia media y baja inteligencia, pues la inteligencia, como la estatura, depende de varias cosas. En el caso de la alimentación deficiente hay una inteligencia más baja que si recibe una buena alimentación; lo mismo ocurre respecto al ambiente; si se vive en un ambiente inteligente y culto se da un crecimiento de la inteligencia. Existe también el tema de la herencia: si el padre o la madre son de baja inteligencia hay gran posibilidad que los niños sean de inteligencia baja.

La inteligencia baja, aunque sea de causa normal, puede ser patológica por una razón muy sencilla: porque no permite una adaptación a la sociedad. Para vivir en nuestra sociedad se necesita un coeficiente de inteligencia de 7o o algo más, ya que la media es de 100. Hay personas cuyo coeficiente de inteligencia es de 60; desde el punto de vista de la sociedad estas personas son consideradas enfermas porque tienen una debilidad mental patológica.

 

 

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En resumen – prosiguió Pichot -, hay dos tipos de patología. Un tipo o comportamiento es patológico porque la causa es patológica; otro tipo es patológico porque desde el punto de vista social no permite un funcionamiento normal.

Si sigo con este mismo ejemplo, puedo decir que al principio del siglo XlX los psiquiatras conocían muy bien esta enfermedad mental y consideraban como retraso mental un nivel correspondiente a un coeficiente intelectual de 50 o incluso más bajo; 60 era ya normal, ¿por qué? Porque la civilización y la cultura de principios del XlX era esencialmente agrícola y uno podía ser más independiente y podía permanecer más en el campo y ganar su vida sin demasiadas complicaciones. A partir de finales del XlX se introdujo en todos los países de la Europa occidental la escuela obligatoria. Todos los niños tenían que estudiar por la simple razón de poder participar en una civilización industrial. En ese mismo instante se comprobó que ciertos niños que hasta entonces no eran considerados patológicos, se les calificaba así, y en ese momento entran en la patología aquellos niños que no alcanzan el coeficiente  60.

El límite que se traza entre la patología y la normalidad depende de factores sociales; y se puede decir de una manera general que esto es cierto, ya que existen variaciones culturales de la tolerancia social respecto a las desviaciones  mentales. Hay ciertas sociedades con una tolerancia mayor hacia ciertas desviaciones mentales y que, por tanto, no las considera patológicas, y otras en cambio no son tolerantes y las  consideran patológicas.

Incluso cuando no hay lesión cerebral se consideran patológicas las alucinaciones, como por ejemplo, aquellas personas que escuchan voces en la habitación contigua y creen que es una conspiración contra ellas.

El gran problema que a mi parecer existe – concluyó Pichot – es el de la alienación entre el límite desde lo normal a lo patológico influidos por la tolerancia social”.

 

 

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(Imágenes -1 – Groebli – 1946/2- Ljubisa Danilovic/ 3-hannes Kilian – 1965)

DE CÁRCEL EN CÁRCEL

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“En la mañana del 27 de marzo, del año de desgracia de 1939 – escribe Diego San José al iniciarDe cárcel en cárcel” ( Renacimiento) -, salí de mi casa de la calle de Torrijos, 69, acompañado de mi hija María Luisa. Ambos íbamos a la de Ana Adamuz para hacer un intercambio de víveres, conforme al uso obligado y perentorio a que nos forzaba la escasez de alimentos durante la guerra; es decir, escasez para los ingenuos que no sabíamos nadar entre dos aguas, porque aquellos que se escamotearon en un partido o agrupación social nunca vivieron mejor y “a, ¿qué quieres boca?”.

Diego San José atraviesa Madrid precisamente en aquellos momentos en compañía de su hija  y –  como él sigue contando -” un verdadero muro humano paralizó, al fin, la circulaciòn frente a la calle de Sevilla. Mi hija y yo nos apeamos del tranvía y seguimos a pie hasta el domicilio de Ana en la de Atocha, junto al teatro Calderón. La hermosa y aplaudida actriz participaba de la alegría del momento. Había terminado la guerra y, por tanto, retornaba la tranquilidad a su espíritu burguės, ya que siendo una auténtica hija del pueblo, nunca fue amiga de las contiendas políticas”.

 

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¿Quién ha sido Diego San José, para mí?  He hablado varias veces de él en Mi Siglo y sobre todo recuerdo perfectamente en el despachito de cortinas verdes de la calle Raimundo Lulio donde escribía mi abuelo materno, José Ortiz de Pinedo, aquel  pequeño volumen pleno de paseos madrileños y puerta de tantos descubrimientos y rincones que se titulaba “Estampas nuevas del Madrid viejo”, obra de Diego San José, firmado su prólogo en Redondela de Galicia, abril de 1947  y completado con esta dedicatoria :  “Para Pepe Ortiz de Pinedo, amigo fraternal de tantos años, gran novelista, con un abrazo“. Ese volumen lo he releído varias veces. Me ha acompañado desde la madrileña Plaza de San Andrés hasta la antigua hostería donde comió Quevedo, desde las gradas de San Felipe hasta el Jardín Botánico y desde la calle de Segovia a las fuentes del Prado. Eran paseos cortos, muy madrileños, llenos de sorpresas, documentación y asombro. “Habilísimo evocador de otros siglos“, dijo del autor Federico Carlos Sainz de Robles al compendiar la novela corta en España. Y el recuerdo y la presencia de ese libro en el despacho de cortinas verdes de mi juventud me lleva ahora a otro paseo mucho más largo y estremecedor, el recorrido de cárcel en cárcel que sufrió Diego San José por su fidelidad a la ll República, largo paseo de años en los que habita la soledad y la incertidumbre, largo paseo por celdas y pasillos, largo paseo de meditaciones e inquietudes, mezcla de pasos entre zozobras y esperanzas. Su pluma y su memoria me han conducido de modo apasionado por  estas “Memorias” excepcionales, alejado de aquel despachito de Raimundo Lulio y muy cercano a dolorosas vivencias recuperadas del olvido.

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(Imágenes. – 1 – “De cárcel en cárcel”/2 -Diego San José – fotografía familiar digitalizada)

VIEJO MADRID (66) : GALDÓS Y LA PLAZA MAYOR

 

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“El escenario más importante en “Fortunata y Jacinta” – nos dice uno de sus mayores estudiosos y especialistas como fue Pedro Ortíz Armengol – es la Plaza Mayor de Madrid, terreno de juego para la lucha que va a tener lugar. En el flanco este de la Plaza está el barrio  que dominaba la iglesia de la Santa Cruz, en la plazuela de ese nombre. La tal plazuela, la subida por la calle de los Esparteros, la calle de Postas, la Plaza de Pontejos, es el núcleo del comercio viejo y en esos lugares están desde hace años y años las tiendas viejas o nuevas de la familia Santa Cruz, de los Arnáiz, la del abuelo Cordero. Es el barrio de tradición judaica, pañera, droguera.

Al otro lado de la Plaza, en su fachada del oeste o poniente, lo que hay detrás es el mercadillo de San Miguel, las populares Cavas, los barrios semimuertos, ya entonces, del Sacramento, de las Carboneras. Es el camino al despeñadero de la calle de Segovia, al río; es el barrio popular, pero donde todavía la ciudad zumbaba, pues lo provinciano comenzaba en Puerta Cerrada.

Así que el este mercantil – la familia Santa Cruz, que vive en la sombra de la iglesia de la Santa Cruz – se encontrará con el oeste popular, el de las Cavas y las hueveras del mercadillo de San Miguel.

(…) En 1875, Fortunata está de regreso a los barrios viejos; vive brevemente en la calle de Tabernillas, junto a San Francisco el Grande.  Sus peripecias ocurren por la calle de Toledo, la Magdalena, El Progreso, las Vistillas, el sur en suma. De allí la toma otra vez Juan Santa Cruz y allí la deja, recogiéndose ella, otra vez, en la zona asignada a los Rubín, en la calle del Ave María. La caída es absoluta, son los barrios populares, los del “cuarto estado”, como entonces se decía. Mas el círculo está a punto de cerrarse  y las escenas finales han de culminar otra vez en la Plaza Mayor“.

Ahora que nos acercamos al lV Centenario de la Plaza Mayor de Madrid, la mano y la escritura del gran novelista del XlX nos va llevando despacio por estas calles.

 

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(Imágenes- 1-Plaza Mayor en 1860. dibujante Nogueras/ 2.- plaza mayor de Madrid en 1860-dibujante E Skill- el museo universal 1861)