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Archive for 30 enero 2017

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Singular periodista, Ciro Bayo – como colaborador y articulista sobre costumbres, vocabulario, romances populares y leyendas – en La Revue Hispanique y en la madrileña Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos; también en Argentina, en El Diario y La Tribuna de Buenos Aires, e incluso en Sucre, cuando llega a fundar un periódico, El Fígaro (revista cómico- literaria decenal), cuyo primer número sale en 1893 y con medio año de vida deja de existir; colaborador igualmente en La Estrella del Oriente, de Santa Cruz de la Sierra -, pero sobre todo viajero, viajero por el mundo, autor, entre otras obras, de El peregrino entretenido (1910) , El Lazarillo español (1911), La Colombiada (1912) y Chuqisaca o la plata perulera. Cuadros históricos, tipos y costumbres del alto Perú (1912), El peregrino de Indias (1912), Con Dorregaray. Una correría por el Maestrazgo (1912), Por la América desconocida (1920).
Soy un caballero andante de nuevo cuño – quiso retratarse en El peregrino entretenido -, o si le parece a usted mejor, un pícaro; porque a eso viene a parar la antigua caballería traducida a la prosa de la vida corriente. Soy también letrado, que es lo mismo que decir hidalgo pobre dos veces, con la agravante de conllevar con buen ánimo y conformidad mi pobreza. Por esto quisiera haber vivido en tiempos de Gil Blas, de Guzmán de Alfarache y de otros modelos de la épica picaresca. Lo confieso: soy un español rezagado del siglo XVll. Es esa misma pobreza de la que él habla la que le llevará, después de recorrer medio mundo, a refugiarse desde 1927 hasta su muerte – tras solicitar una plaza acuciado por la pobreza y el desvalimiento – en la Residencia de Escritores y Artistas madrileños, llamada Instituto Cervantes, y allí hubo de convivir, escribiendo sus últimos libros, con viejos periodistas y con cómicos venidos a menos. El complemento exterior de su retrato podría ser quizá el trazado por Emilio Carrere cuando señaló: Don Ciro es un hombre ecuánime, alto y magro, con ojos oscuros y zahoríes, y nariz encendida de bebedor… Y Manuel Cardenal de Iracheta en Clavileño anotó : vagabundo pulcro que jamás dio sablazos, eterno habitante de las buhardillas madrileñas.

 

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La figura de Ciro Bayo atraviesa obras y autores importantes. Valle Inclán lo esboza en Luces de bohemia tras la figura de Don Peregrino Gay ( Valle también quiso utilizar como fuente Los Marañones, de Bayo, en Tirano Banderas), Azorín le dedica elogios a varias de sus obras, mantiene una correspondencia epistolar con Unamuno tras un artículo de Bayo en El Globo, en 1902, Pío Baroja lo evoca en sus Memorias, Ricardo Baroja en Gente del 98 le consagra un entero capítulo bautizándolo como el último aventurero español de la vieja, noble cepa. Si alguna vez un compositor de alegorías y emblemas realizara el símbolo de don Ciro – dice -, había de dibujar en la cartela la pluma, la espada y el báculo del viajero. Magnífico compuesto de soldado, de viajero, de poeta, de asceta, de bohemio, dando a esta palabra su sentido más noble. A su vez, Julio Caro Baroja, en Semblanzas ideales, le dedicará el capítulo Un escritor aventurero.
Ciro Bayo, por intermedio del editor Rodríguez Serra, había hecho amistad con los hermanos Baroja y en su compañía realizará un memorable viaje a pie a Yuste. Este viaje Pío Baroja, como así lo recordó Luis Granjel, lo noveló en La dama errante y Ciro Bayo a su vez en El peregrino entretenido. (Pío Baroja señaló en sus Memorias: D. Ciro no poseía ningún sentido realista, escribió un libro sobre nuestro viaje, libro de episodios y aún de paisajes inventados pues no tiene nada de lo visto en el camino. Sin embargo – añadió con su sorna el novelista – algunos críticos dijeron que era de una realidad extraordinaria, pues en esto de no notar la realidad los críticos españoles han sido especialísimos).Pero la verídica historia de tal viaje nos la ofrece Ricardo Baroja en Gente del 98. Se ha destacado al estudiar esta obra de Bayo el tratamiento de los personajes, la descripción del paisaje y el papel del diálogo, aspectos todos ellos que se madurarán en otro de sus libros importantes, El Lazarillo español. Los personajes no son tratados con densidad personal, son tipos costumbristas mezclados con otros reales y su presencia quita protagonismo al paisaje, que se realzará más en El Lazarillo español. Por último, el diálogo da a veces la impresión de que se utiliza solamente para la transmisión de anécdotas o de curiosidades.

(Imágenes.-1-Ciro Bayo- la taberna del librero/ 2.-Ciro Bayo- lectorati)

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“El 2 de febrero de 1555, sábado por la noche y viernes – anota Pontormo  en suDiario” (colección de arquitectura de Murcia)  -, comí una col y esas dos noches cené 16 onzas de pan en total, y visto que no he sufrido el frío mientras trabajaba, quizás por esto no me ha dolido ni el cuerpo ni el estómago; el tiempo es húmedo y lluvioso. A 1 de febrero hice del paño hacia abajo y el 5 la terminé, y a 16, sábado, hice las piernas del niño que está debajo; el viernes comenzó a hacer buen tiempo y dicho sábado hizo frío, aunque antes había estado lloviendo, pero sin hacer frío, y a 21 cené con Bronzino liebre y vi los juegos de magia y la noche  de Carnaval cené allí (…) Al 4 de marzo hice el torso que está debajo de esa cabeza y me levanté una hora antes de que amaneciese. El domingo 10 de dicho mes : comí con Bronzino y por la noche cenamos a las 23 horas un pescado grande y varios pequeños fritos, gastándose 12 soldos que tenía Octtaviano; y por la noche el tiempo, que durante varios días había sido bueno y sin lluvia, comenzó a estropearse. El lunes hice el brazo de la figura de cabeza que se alza y la dejé en ese punto, como muestra el boceto: el martes y el miércoles hice el viejo, y su brazo.  A 15 de marzo, viernes, comencé el brazo que tiene la correa  sobre la cabeza, y por la noche cené un pez de huevo, queso, hijos y una nuez y 11 onzas de pan”.

 

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Excepcional documento del siglo XVl por revelarnos la intimidad de un artista del que Vasari en sus Vidas nos recuerda que “en 1513 inicia junto a Rosso y Beccafumi una nueva etapa que lo llevará a ser el más importante pintor del manierismo naciente”. Al hablar Vasari de Rafellin del Garbo, pintor florentino, anota que éste dejó muchos aprendices con los que aprendió entre otros Agnolo Bronzino, quien más tarde pasó al taller del pintor  florentino Iacomo Pontormo. En estas páginas nos asomamos a sus comidas y a sus cenas, a sus detalles, a su soledad y a su carácter introvertido y neurótico, un hombre sensible, obsesionado por su trabajo, gran dibujante, preocupado por encima de todo por su salud y que nos adentra en espacios reservados  e íntimos de hace siglos.

 

 

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(Imágenes.-1-San Juan- -fresco de la capilla Capponi-1525- Santa Felicidad-Florencia/ 2.-retrato de un alabardero/  3.-el descendimiento de la Cruz)

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CARSON McCULLERS

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“El amor es una experiencia común a dos seres; pero esa comunidad de experiencia no implica una similitud de experiencia. Están el amante y el amado. Uno y otro proceden de regiones diferentes. Frecuentemente el amado no es más que el que desencadena el amor lentamente acumulado en el corazón de aquel que ama. Cualquiera que haya amado sabe, en lo más profundo de sí mismo, que el amor es una cosa solitaria. Experimenta una nueva y extraña sensación de soledad, y ese descubrimiento es el que le hace sufrir… El que ama puede ser un hombre, una mujer, un niño o cualquier otra criatura humana. Y quien es amado puede presentar igualmente cualquier apariencia. El personaje más extraño puede inspirar amor… El valor y la calidad de todo amor nunca están determinado por quien ama… De ahí que generalmente prefiramos amar a ser amados”.

Así escribía la novelista norteamericana Carson McCullers en su obra “La balada del café triste” y estos días sin duda se la recordará al celebrarse el centenario de su nacimiento. ¿Cuál es el origen del acto creador? – se preguntaba la autora-: lo mismo que Tennessee Wiliams ha escrito “El zoo de cristal”, una obra teatral del recuerdo, yo escribí “Wunderkind” cuando tenía diecisiete años. También se trataba de un recuerdo, pero era un recuerdo real: era una perspectiva abreviada de un recuerdo. Presentaba en escena a un joven profesor de música, que no era mi verdadero profesor: hablaba de la música tal como la estudiamos en conjunto, porque encontraba que eso parecía más real. Lo imaginario es más auténtico que lo real.

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Carson McCullers decía que el novelista escribe porque una fuerza interior le impulsa a transformar su propia experiencia ( una gran parte de la cual es inconsciente) en algo universal y simbólico; los temas que elige un artista le son siempre profundamente personales. Mi tema central  – confesaba – es el del aislamiento. Siempre me he sentido sola. Además, por el hecho de ser solitario, el escritor es igualmente amorfo. Un escritor descubre muy pronto que no tiene una identidad única, sino que ama la vida de todos los personajes que crea y que el tiempo que hace para él no es el tiempo real (…) El escritor es un soñador consciente. En toda comunicación, la misma cosa tiene un significado diferente para cada una de las partes. Escribir – añadía – es esencialmente comunicar; y comunicar es la única forma de llegar al amor; el amor, la conciencia, la naturaleza, Dios y el sueño. Por mi parte, cuanto más avanzó en mi obra y más leo las obras de aquellos a quienes amo, más consciente soy de la presencia de Dios, del suelo y de la lógica. Encuentro con lo divino, afirmaba en diciembre de 1959.

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(Imágenes. – 1 foto-Louise Dalh Wolfe- 1940-all -art/ 2 y 3-Carson Mc Cullers)

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El cierre del circo más antiguo del mundo, el circo Ringlin, me lleva hasta las páginas de “El circo”, de Ramón Gómez de la Serna, y al entreabrir las lonas de la entrada y acercarme hasta la pista se apagan las luces y comienzan a desfilar sus palabras:

“En el circo – dice Ramón – esperamos la aparición de todos los animales, desde el ciervo al tiburón. Quizás hasta esperamos una sirena amaestrada. Siempre hemos tenido nuestras dudas sobre estos leones de circo… Sólo una experiencia nos haría falta para salir de dudas, y es la de hacerles escaparse y ver qué hacían con los espectadores. Es probable que se agazapasen en un rincón, como los gatos atemorizados. ¡Pobre domador en ridículo!

(…) Los elefantes, que parecen siempre recién salidos de un barrizal, tienen piel geográfica. Los ojos de los elefantes son pequeños y sagaces, y si se emborronan es porque están en medio de esas grandes ojeras, de una profunda mancha negra.

 

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(…)

Hay siempre unos elefantes en ciernes, elefantes contratados, que van acercándose lentos, con temor de pisar a los niños con sus patas irreparables, una troupe de elefantes musicales, extraordinarios músicos con la oreja más grande del mundo.

Tienen un aire de viejos barrizales, de enormes ancianos arrugados, de los últimos supervivientes antidiluvianos, que se salvaron sacando la trompa en el alto del cerro sobre el nivel del diluvio universal.

 

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Los clowns se parecen tanto unos a otros, que parece que hay sólo dos o tres clowns eternos, que son los que han entretenido siempre a los públicos, y que conservados por lo saludable y lo optimista de su profesión, aunque ya estén atrozmente viejos, sonríen aún, desdentados y disecados, momificados, pero perennnes.

(…)

El  número sensacional tiene una música particular, en la que hay anotados grandes silencios, de esos  que sobrecogen el corazón. Los mismos artistas anteriores  y hasta los posteriores al número sensacional, asoman la cabeza para verle. Tienen traza de náufragos que han vencido a la muerte ellas y ellos; trazas de capitanes de marina. Su paso es más corto y más callado que el de los otros artistas, y sus rostros tienen siempre algunos rasgos indios; los pómulos salientes y los ojos chicos.

El artista del número sensacional entra en su trabajo de un golpe, con una decisiòn grande, y sus saludos serios y dignos son leves saludos de quien está persuadido de su valor.

 

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La amazona sobre el magnífico tambor de la montura del circo es la estatua que vive y salta sobre su pedestal, la estatua que trisca, o sea la estatua que es la obsesión de los escultores que quieren dar una vida frívola al mármol  y han esculpido ya la bailarina sostenida a la peana sólo por un dedo de su pie derecho, el izquierdo en alto.

(…)

Los equilibristas se han roto varias veces la cabeza, pero insisten tanto que al fin se sostienen sobre el alambre. Sus pies se han ido tornando pies de pájaro y se agarran perfectamente a la cuerda o al alambre habiendo sobre todo un dedo que se engarfia completamente y se cierra como una anilla.

(…)

Las piernas  del equilibrista, en su constante trabajo, se van volviendo  piernas de muelle de alambre.

 

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¿Morirá algún día el circo? Es una pregunta que jamás se le pasó por la cabeza a Ramón Gómez de la Serna.

 

(Imágenes-1-ilustración de Roberto Innocenti a las aventuras de Pinocho/ 2.-Augusto Giacometti- 1923/ 3. Laura Knight – 1892/ 4.-Geoge  Wesley Bellows- 1912/ 5.- Camille Bombois)

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Probablemente bastante conocido y consultado por sus volúmenes La novela de un literato en donde repasa vidas y anécdotas de toda una época, Cansinos Assens fue un periodista y escritor muy prolífico que iniciaría sus trabajos en prensa en El Motín, periódico ácrata, para pasar luego a las páginas de El país y seguir luego en La Correspondencia de España, La Tribuna, El Imparcial, El Heraldo y La Libertad, entre otras varias publicaciones. Hay que añadir a ello sus colaboraciones en destacadas revistas, como Grecia, Revista Latina, Renacimiento (1907), Helios (1903) y Prometeo. Mientras Gómez de la Serna ejerce su magisterio en Pombo, Cansinos Assens se refugia en grandes cafés, como El Colonial o El Universal. Cansinos entraba alto, grande e impecable en aquellos cafés arrastrando cierto dandismo y ocupaba un lugar central en el diván. Destacaban sus cabellos rizosos y los ojos tristes bajo unas cejas pobladas. Gómez de la Serna, que no le tenía gran simpatía, le describió con aire de murciélago. A pesar de ello, Ramón constató también que Cansinos “tenía una buena cultura conseguida en un largo silencio de grandullón huérfano, y escribía con una prosa lírica, evocativa y nostálgica”.
Borges escribió de él en repetidas ocasiones. Conocí en Madrid a un hombre –dijo – que sigo considerando quizá menos por su escritura que por el recuerdo de sus diálogos. Conocí a Rafael Cansinos Assens y de algún modo yo soy discípulo de Cansinos, no de las teorías de Cansinos y sí del diálogo de Cansinos, de la sonrisa de Cansinos.

 

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Había aprendido idiomas y tradujo numerosas obras famosas. Como traductor tuvo que trabajar incansablemente y para editar sus libros hubo de pasar verdaderas angustias. Vivía muy modestamente en una casa muy cercana al Viaducto madrileño y era amante de la soledad. Él dejaba correr el rumor de que era sefardí y en su literatura aparecen de vez en cuando estas influencias.
Concebía la crítica como complemento a la creación literaria, y en esa creación resalta su novela El candelabro de los siete brazos (1914) y otras obras varias, como La madona del Carrosel, El divino fracaso, La huelga de los poetas, Las odas triunfales, El madrigal infinito o el movimiento V. P., novela de humor corrosivo en crítica al modernismo. Nace tras ello ese Movimiento V.P. que enseguida lanza un manifiesto: será el de una revista en la que querrán suprimirse las comas, los puntos, las haches y se requerirá como ejecutoria para un verdadero poeta moderno el no haber escrito un soneto jamás. Cansinos afirmaba por entonces: Mi obra es un paisaje vago y tenue… Música y fragancias perdidas y luminarias a lo lejos….

 

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Sus críticas literarias, años después, serían muy valoradas. Largos artículos –de rigor analítico y prosa exuberante- publica en La Libertad, por ejemplo sobre el cante flamenco (él lo titularía La copla andaluza), y reivindica la otra Andalucía para decir: el hombre bueno de Andalucía ha puesto su bomba a la puerta del teatro de los Quintero, echando por tierra sus muñecos. Su prolífica labor periodística, casi diaria, llegaría más a los iniciados que al gran público. Era en los cenáculos literarios donde más se le conocía. Fue siempre más literario que periodístico. Escribiría en La Esfera y Nuevo Mundo e igualmente publicó en La novela corta y en La Novela Semanal. Pero sobre todo quedará en la memoria y en los vivos archivos documentales por su obra La novela de un literato, visión singular – a veces discutible – de toda una época creadora de España.
Con su sombrero blando y aplastado, de alas generosas, con su abrigo amplio y nada nuevo que solía flotar al ritmo de sus parsimoniosos y desgarbados andares, con su aire ausente de la vida, recorriendo madrileños caminos nocturnos – desde la Puerta del Sol hasta el Viaducto y desde el Viaducto a la Puerta del Sol -, Cansinos Assens fue desapareciendo poco a poco tras las tensiones de la guerra civil en el ocaso de una soledad voluntaria, sólo con ánimo de reavivar un día sus recuerdos, cosa que hizo de manera brillante.

 

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(Imágenes.- 1-Cansinos Assens- ABC es/ 2.-Borges- Borges todo el año/ 3.-Cansinos Assens en la Cuesta de Moyano- el cultural/ 4.-Cansinos Assens- ABC es)

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Estas palomas que vienen y van por el suelo, que picotean y alzan el vuelo, que ocupan nuestras plazas y beben en nuestras fuentes arrastran, como tantas otras cosas, tradiciones y dichos de siglos. Cuenta Claudio Eliano en sus “Historias curiosas” que las palomas incuban sus huevos por turnos. Más tarde – dice – , cuando los polluelos han nacido, el macho les escupe para apartar de ellos el mal de ojo y para evitar que sean víctimas de algún hechizo. Ése es su temor. La hembra pone dos huevos, de los que del primero siempre nace un macho y del segundo, una hembra. Las palomas ponen huevos en todas las épocas del año; de ahí que tengan hasta diez puestas anuales. Circula un dicho egipcio que afirma que las palomas en Egipto ponen doce veces.

Aristóteles afirma que el pichón es diferente de la paloma. La paloma es, de hecho, más grande y el pichón más pequeño; la paloma puede ser domesticada y el pichón no (…) Si debemos creer a Calímaco, la paloma torcaz, la paloma y la tórtola no poseen ninguna semejanza entre sí. Algunas tradiciones indias afirman que en la India hay palomas de plumaje amarillo como la miel.

 

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Caronte de Lámpsacoprosigue Eliano – dice que en torno al monte Atos aparecieron palomas blancas cuando en aquella zona naufragaron las naves persas que intentaban doblar el promontorio. En Érice, en Sicilia, en el mismo lugar en el que se encuentra el sagrado templo de Afrodita, en cierto momento del año los pobladores celebran con sacrificios la fiesta de la Zarpa, y dicen que Afrodita es llevada desde Sicilia a Libia.  Entonces, las palomas desaparecen de la región como si, en efecto, hubiesen emigrado con la diosa.

Luego continúan las palomas yendo y viniendo y casi  tropezando con nuestros pies, a veces  nerviosas en nuestras plazas, a veces vagabundas dormidas, atentas siempre a la menor brizna de miga de pan que encuentren con el pico.

 

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(Imágenes.-1-mosaicos italianos del siglo XlX/ 2.-Chan Kin Man- palomas en Estambul/ 3.-Antonio G. Capel)

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“De este modo o de aquel modo,

conforme es o no oportuno,

pudiendo decir a veces lo que pienso,

y otras veces diciéndolo mal y con mixtura,

voy escribiendo mis versos sin querer,

como si escribir no fuera una cosa hecha de gestos,

como si escribir no fuera una cosa que me ocurriese

como el darme el sol por fuera.

Procuro decir lo que siento

sin pensar en que lo siento.

Procuro arrimar las palabras a la idea

y no necesitar de un pasillo

del pensamiento para las palabras.

No siempre consigo sentir lo que sé debo sentir.

Mi pensamiento sólo muy despacio atraviesa el río a nado

porque le pesa el hecho de que los hombres hicieron uso de él.

Procuro desnudarme de lo que aprendí,

procuro olvidarme del modo de recordar que me enseñaron,

y raspar la tinta con que me pintaron los sentidos,

desencajonar mis emociones verdaderas,

devolverme y ser yo, no Alberto Caeiro,

sino un animal que la naturaleza produjo”.

Alberto Caeiro. – “De este modo o de aquel modo“- (traducción de Pablo del Barco)

 

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(Imágenes-1- Pessoa en 1928- Wikipedia/ 2- Pessoa con 20 años- Wikipedia)

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