LA INFANCIA EN El ARTE (2)

 

 

He aquí este rostro que nos mira  – apoyado el codo en el piano – , el de Julie Manet, hija de Berthe Morisot y de Eugène Manet, hermano del pintor. La tarde entra hasta el frescor luminoso de este cuarto y los dedos rozan las teclas en este pastel hoy guardado en una colección particular. La infancia en el arte nos brinda la intimidad de la música, aunque en este momento aún no pueda desvelarse lo que será esta niña, relacionada en el futuro con tantos artistas, y que escribirá un Diario en torno a muchos creadores. La tarde se queda en la puerta contemplando esta escena y la mirada soñadora de Julie no sabe aún cuánto le espera, todo lo que le va a suceder en la vida.

 

 

Mármol blanco para este busto de Camille Claudel que ha tomado como modelo a Madeleine Boyer, hija de los propietarios del Castillo de l Islette de Touraine. Ojos elevados al cielo, ondulaciones del cabello, mirada fija en la esperanza. Se acercaba hasta esta escultura Claude Debussy para admirarla y comentó en voz baja:  ” una de las más graciosas evocaciones que han inspirado a un poeta del mármol: la llamada con la cual  un niño interroga a lo desconocido”.

 

 

Refugiados los ojos en un rincón de la habitación, esta niña en azul de 1918 de Amedeo Modigliani observa y espera. Así lo hará siempre mientras nos mira. Ojos que hablan. Ojos que retratan. ” Muchos de estos ojos – dirá un crítico once años después – nos miran desde los lienzos, pensativamente conscientes de su vida frágil, angosta, con su propia miseria o su mórbida sensibilidad desvelada”. Esta niña graba en las pupilas todo cuanto ocurre, pero también su mirada se alarga sobre cuanto nosotros escondemos, sobre cuanto queremos que siga oculto. Singular notario infantil que nada olvida.

(Imágenes.- 1- Berthe Morisot -Le Piano – 1888 -colección particular/ 2-Camille Claudel -le Petite Châtelaine- 1896- Roubaix, La Piscine, museo del arte y la industria/ 3 – Amedeo Modigliani -Fillette en bleu -1918 -colección particular)

CODICIA DE LOS BIENES AJENOS

 

 

La sucesión de los telediarios nos suele ilustrar de modo continuo sobre la gran picaresca del mundo y la pequeña picaresca cotidiana, la larga procesión y variedad de delincuentes, sus triquiñuelas y astucias, muchas veces apresadas al fin sus muñecas por los grilletes de la justicia y otras muchas escapando libres campo abajo y perdiéndose en  el olvido de la multitud.  Al abrir un libro del siglo XVll,  “Desordenada codicia de los bienes ajenos” (1619) , su autor nos abre todo el panorama de ciertas “profesiones“: ” los “salteadores”, que son aquellos que roban y matan en los caminos;  los ” estafadores“, que asaltan a los ricos en sitios solitarios, y, mostrándoles dagas, les amenazan de muerte si no les dan una cantidad determinada en cierto tiempo;  los “campeadores“, que se apoderan por la noche de las capas o van con librea de lacayos a casas de diversión, de donde roban lo que pueden, saludando a cuantos encuentran ; los “grumetes“, que toman ese nombre de los aprendices de marino que trepan a los mástiles, porque éstos van provistos de escalas de cuerda, con garfios en los extremos para hacer sus robos; los “apóstoles“, que, como San Pedro, van con llaves y arrancan cerraduras; los “cigarreros“, que frecuentan las plazas públicas y se llevan de un tijeretazo la mitad de una capa; los “devotos”, son ladrones religiosos, que despojan las imágenes de los Santos y confían en la suavidad de las leyes de la Iglesia, que con una pena leve los castiga si son descubiertos; los “sátiros”, ladrones de bestias, llamados así porque viven en los campos; los “mayordomos“, que roban provisiones  y embaucan a los mesoneros; los “cortabolsas”, su nombre lo indica; éstos son los más nunerosos en el país; los “duendes“, que son ladrones subrepticios ; y los “maletas“, que, dejándose llevar en bultos y baúles como si fueran mercancías, tienen fácil entrada en las casas”.

En cuatro siglos, la lista – como nos recuerdan casi cada día los telediarios – sería mucho más larga.

 

 

(Imágenes-1-Georges Segal – pegausnews com/ 2- Yong Sin – 2009- andrewshire gallery – los Angeles- artnet)

MIGUEL HERNÁNDEZ

 

 

“Partir es un asunto dolorido

como morir: al muerto y al ausente

ni la fotografía más ferviente

ni las cartas los sacan del olvido.

Te irás del todo tú que ya te has ido

con decir que te vas tan solamente,

y a cada sol te llevará mi frente

con más obstinación descolorido.

En la agonía de la despedida

como un pañuelo el corazón sacudo

y lo lleno de angustia como un puerto.

Silencio y muerte veo en la partida:

si no me has de escribir te doy por mudo

y si no has de volver te doy por muerto”.

Miguel Hernández – “Al que se va” – (publicado en el número 1 de la revista “Silbo”, dirigida por Justino Marín – “Gabriel Sijé” -, Orihuela, mayo de 1936. Conservado por don Francisco Giménez Mateo)

(en el 75 aniversario de la muerte del poeta)

(Imagen – Liu Wei – 2007- artchina  galleria Hamburg – artnet)

CLARIDAD Y PRECISIÓN AL ESCRIBIR

 

 

” Entre todas las diversas expresiones que pueden traducir uno solo de nuestros pensamientos – recuerda La Bruyere en susCaracteres”- , no hay más que una que sea la buena. No siempre la encontramos al hablar o escribir, y no obstante, es indudable que existe, que cualquiera otra es floja y no satisface a un hombre inteligente que quiere hacerse comprender.

Un autor bueno y que escribe cuidadosamente suele comprobar que la expresión que él buscaba desde hacía tiempo sin encontrarla, y que, al fin, ha encontrado era la más sencilla, la más natural, la que debía haber surgido la primera y sin esfuerzo.

Los que escriben caprichosamente se ven obligados a retocar sus obras; como el capricho no es siempre fijo y varía en ellos según las ocasiones, se desencariñan pronto de las expresiones que más amaron”.

(…)

“Todo escritor, para escribir con claridad debe ponerse en el lugar de los lectores, examinar su propia obra como algo nuevo para el que lo lee por vez primera, en la que no tiene nada que ver y que hubiera sido sometido a su crítica por el autor, y además convencerse de que no le entienden a uno porque uno mismo se entienda, sino porque, en efecto, se es inteligible”.

(…)

“La misma exactitud inteligente que nos lleva a escribir cosas buenas nos hace temer que no lo sean bastante para merecer el ser leídas.

Un talento mediocre cree escribir divinamente; un talento sólido cree escribir razonablemente”.

 

 

En el terreno de las letras hispanas, y para evocar la claridad y la precisión, hay que recordar las palabras de Pla en uno de sus Dietarios: “el adjetivo debe ser, ante todo, inteligible y claro, y luego, si es posible, preciso. A veces el adjetivo surge enseguida; a veces, con mucha más calma ; a menudo, nunca. El adjetivo nunca puede ser excesivamente vulgar – en este punto el lenguaje del pueblo es fuente de muchos errores -, ni puede ser excesivamente erudito y difícil de comprender. Tiene que ser preciso y, si es posible, gracioso. A mi entender, este es el gran problema de la literatura : la adjetivación. En poesía y en prosa.

Hay que escribir con libertad, con gusto, con placer, pero con la máxima observación posible”.

 

 

(Imágenes – 1- foto – : Kevin van Aelst – The New York Times/ 2- bibliotheque tumblr/ 3- página del Diario de Katherine Mansfiel del 6 de septiembre de 1911)

TEATRO EN LA NOCHE

 

 

El teatro en la noche madrileña o la noche de los teatros.

Madrid tiene una muy larga relación con el teatro, y como recuerda la misma capital al ir redactando en voz alta su propia “Autobiografía“- puntualmente anotada por Federico Carlos Sainz de Robles  -, los dos “corrales” transformados en “coliseos cerrados” fueron el “de la Cruz” en 1743, y el “del Príncipe” en 1745.  Pero la primera representación  teatral en un “corral” – llamado “del Limosnero” – fue en un patio interior de la hoy Plaza del Ángel, en el que cabían 600 personas y tuvo lugar el 5 de mayo de 1568. Los “corrales’ de la Cruz y del Príncipe comprendían ” el tablado“, para representar, a una altura de poco más de un metro sobre el piso de la sala;  las “gradas” para los hombres, en los laterales del patio; los “bancos portátiles” hasta más de noventa, que se alineaban desde las “gradas” y hasta el “tablado”; el “corredor” para las mujeres – llamado “cazuela” o “jaula” – en el primer piso; los aposentos o ventanas, llamados “rejas”, para las personas que querían asistir a la representación sin ser vistas;  y en la parte superior, como el actual anfiteatro, se abrían unos compartimentos estrechísimos y oscurísimos, llamados “aposentillos” o “desvanes” para gentes a las que no les importaba nada el teatro.

La escenografía en aquellos primeros tiempos era tan pobre como pintoresca. Telones de algodón o de seda pintados en colores vivos. Los dioses solían aparecer en lo alto, encaramados en una viga sin pintar. El sol era figurado con una docena de velas de sebo ocultas por un disco de papel. Cuando eran invitados los demonios, estos aparecían subiendo tranquilamente por una trampilla abierta en el tablado. Los truenos se imitaban removiendo sacos llenos de piedras. Como única decoración se utilizaban burdas sábanas pintarrajeadas: la del “bosque” – que servía también de “jardín”, “calle” y cualquier lugar al aire libre – y la del “aposento” – que era común para salón, gabinete, comedor y alcoba.

 

 

Muy curiosas eran en aquel tiempo  las “reprobaciones” teatrales, a cargo siempre de “reventadores”, hombres bravucones que llenaban el patio. Bertaut señalaba que “todos los comerciantes y todos los artesanos, dejando su tienda, se van allá con capa, espada y puñal, que se llaman todos caballeros, hasta los zapateros, y son los que deciden si una comedia es buena o no, pues la silban o aplauden rabiosamente”.

Estaban luego los “mosqueteros” – terribles críticos “de la acción” – que eran algunos aspirantes a poetas, los militares sin soldada, los paseantes en Corte, cuando llenos de rencores asistían al teatro dispuestos a malograr el espectáculo a poco que el autor se equivocara. Se les llamaba tambièn la ” Infantería española”, y eran temidos por autores y cómicos.

Teatros primeros en la noche de aquellos tiempos madrileños. Hoy  se evoca, una vez más, la noche de los teatros en la capital.

 

 

(Imágenes.-1-corral de comedias de Almagro. único que se conserva en España del siglo XVll- Wikipedia/ 2.- corral de comedias-tempora magazine/ 3.- teatro Lope de Vega- cadena ser)

RODIN O LA ENERGÍA EN MOVIMIENTO

 

Recuerda Werner Hofmann al estudiar la escultura del siglo XX que el propio Rodin dijo una vez que él no había creado ni una sola figura en estado de completo reposo, y sin duda hubiera suscrito la frase de Bergson: ” Tendríamos que acostumbrarnos a ver en el movimiento lo más sencillo y claro, ya que la inmovilidad no es más que un caso límite de lentitud en el movimiento, y posiblemente un límite sólo ideal, que la naturaleza no realiza nunca”. Su conversión de la figura en energía de movimiento va mucho más allá de cuanto lograran sus precursores.

Ahora se celebra en París la Exposición del centenario con motivo de los cien años de la muerte del gran escultor. Rilke escribió un magnífico libro sobre Rodin y en él alababa los años de solitaria maduración – “El hombre de la nariz quebrada” al inicio, y “El hombre de los primeros tiempos” al final, donde –  anota Rilke – aparece el nacimiento del gesto-. ” A medida que crece – dice Rilke-, es como si atravesara la extensión de esta obra, por sobre los siglos, más allá de nosotros hacia los que vendrán. Se revela vacilante en los brazos levantados; y esos brazos son todavía tan pesados, que la mano de uno de ellos descansa otra vez a la altura de la cabeza. Pero ya no duerme; se concentra. En lo alto, en la cima del cerebro, donde todo es soledad, se prepara para el trabajo, para un trabajo de siglos, que no tiene horizonte ni final; y en el pie derecho, el primer paso espera”.

 

 

El tema del trabajo impresionó mucho a Rilke observando a Rodin. En sus “Cartas a un joven poeta” Rilke evoca a Rodin como “el escultor que no tiene igual entre los artistas que hoy viven” y en otras confesiones del poeta habla de los meses que estuvo con él cuando tuvo la suerte de encontrarle “en aquellos años en que yo estaba maduro para mi decisión interior y en que, por otra parte, había llegado para él el momento de aplicar con libertad muy particular las experiencias de su arte”. En una carta de 1905 le escribe Rilke a su mujer refiriéndose a las lecciones de Rodin : ‘resuenan fuerzas que afluyen, una alegría de vivir, una aptitud para vivir que lo invaden a uno, de las cuales no tenía yo ni idea”. Y en otra carta posterior resumía lo que le había enseñado Rodin: ” permanecer en mi trabajo, poner toda mi confianza en él y solamente en él, esto es lo que aprendo de su gran ejemplo, dado con grandeza, como aprendo de él la paciencia; mi experiencia, es verdad, me repite sin cesar que no debo contar con muchas fuerzas; quiero, en consecuencia, tanto tiempo como sea posible, no hacer dos cosas, no separar provecho y trabajo, sino, por el contrario, tratar de hallar el uno en el otro mediante un solo esfuerzo concentrado”.

 

 

“La convicción esencial que animaba el genio de Rodinsintetizaba Jean Cassou -, era la de que todos los recursos de la energía universal, el color y todo lo restante, pertenece al mundo del creador, y sobre todo a un creador como él, de la estatura de los colosos del siglo XlX, Hugo o Wagner, e igual a éstos en apetencia de totalidad”.

 

 

(Imágenes-1-Rodin- El hombre de la nariz quebrada- Wikipedia/ 2.-Rodin- foto de Gertrude Kasebier- 1905/ 3.- Rodin- Los burgueses de Calais/ 4.- Rodin- fotografía de Edward Steichen- philadelphia museum of art)

PRIMAVERA

 

primavera-vfr-boticelli

 

“Es mi amado un gamo, parece un cervatillo. Vedlo parado tras la cerca, mirando por la ventana, atisbando por la celosía. Habla mi amado y me dice: ” Levántate, amada mía, hermosa mía y ven. Mira, el invierno ya ha pasado, las lluvias cesaron, se han ido. Brotan las flores en el campo, llega la estación de la poda, el arrullo de la tórtola se oye en nuestra tierra. En la higuera despuntan las yemas, las viñas en flor exhalan su perfume. Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente. Paloma mía, en las oquedades de la roca, en el escondrijo escarpado, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz: es muy  dulce tu voz y fascinante tu figura”.

Cantar de los Cantares, 2, 8- 14

(Imagen.-Boticelli)

ESCRIBIR EN EL CAFÉ

 

 

“Creo yo  que lo de escribir en el café – decía Ruano en sus “Memorias’:  “Mi medio siglo se confiesa a medias”- puede obedecer a dos razones: una de pura costumbre, puesto que desde muchacho ya lo hacía, y otra de tipo subsconsciente en la que ahora pienso: es bien probable que yo lleve íntimamente un terrible vago que no ha sabido serlo y que el escribir en el café me produzca menos sensación de trabajar en serio que encerrándome en mi casa. El café es un típico lugar de ocio y lo que se escribe en el café tiene algo de “chiripa”, algo así como si hubiera bajado un ángel a escribirnos las cuartillas. También me gusta mucho la tertulia y siempre he procurado hacer compatible el trabajo con la charla, para lo que tuve una gran facilidad. No he necesitado casi nunca abstraerme ni escribir en un ambiente de silencio y recogimiento. Claro que quizá mi obra no necesitara, para lo que era, de tales cuidados. Sin embargo ahora, con los años, en vez de ser mayor la costumbre  y el entrenamiento , comienza  a fallarme algo lo de escribir mientras oigo y hablo. Ciertas cosas prefiero hacerlas en casa mejor que en el café, y también se va resistiendo la rapidez que en mí era famosa”.

 

 

En todos los países los cafés han ejercido una enorme influencia en la creación y en el ambiente artístico. Escritores trabajando en los cafés como Sándor Márai o como Claudio Magris cuando lo relata en “Microcosmos”. Escritores franceses, escritores húngaros. El crítico húngaro Dezsó Kostolányi, al hablar concretamente de la literatura de su país – y así lo recuerda Antoni Martí en su “Poética del Café” – anota que “el primer cliente habitual de los cafés fue Sándor Petófi. A partir de entonces la literatura húngara se desarrolla con la industria del café. Es en los Cafés donde estallan y se apaciguan las revoluciones. Corresponde a los futuros historiadores establecer  la influencia del consumo de café en los poemas, las novelas, los artículos, determinar quién bebía cafeína y quién achicoria. Si la literatura se debilita, el café se hace menos fuerte. No sabemos en qué cuartucho habitarán  nuestros genios; de hecho, la mayor parte de nuestros escritores se conforman con una cama. Pero será imprescindible colocar una placa conmemorativa en cada Café”.

Marañón, en su discurso de recepción de Pío Baroja a la  Real Academia Española, habló  de “nuestro hombre del café”: “No es entre nosotros – dijo –  este hombre del café, como en otras latitudes, el mismo hombre de la calle que entra unos minutos en el café o en el casino para descansar de la tarea diaria o para hablar o negociar con gentes distintas de las de su medio habitual. Nuestro hombre del café es sólo esto: hombre del café , desde la mañana hasta cerca de la mañana siguiente”.

 

 

(Imágenes.- 1- Raoul Dufy – 1934- pinterest/ 2- Edouard Manet – 1869/ 3- café – pinterest)

LA INFANCIA EN EL ARTE (1)

 

 

Mira la niña el pájaro muerto sobre la mesa y apenas se atreve a tocarlo. La mano no se decide a rozarlo. Hay un mirar perplejo, una indecisión en las pupilas que observan. La palma abierta de la mano izquierda paraliza el aire antes de hacer nada. No sabe qué hacer con esas alas abiertas, con ese cuerpo que es la fragilidad de la inmovilidad.

 

 

Se han alejado los bodegones y las naturalezas muertas, se han apartado los estudios y también los libros permanecen en penumbra; descansan el tintero y la pluma. Sólo está el silencio del juego y el esbozo en sonrisa del niño que sigue los movimientos sobre la mesa. El tiempo ha entrado en esta habitación de la niñez. Fascinación de momentos que él recordará siempre cuando sea mayor, cuando quiera evocar aquélla pequeña figura que le imantaba, aquella peonza que no cesaba de girar y girar. Y cómo él la miraba y la miraba.

 

 

Los ojos perdidos bajo el gran sombrero de hombre adulto, los ojos de León Suys, hijo del arquitecto belga Tilman Suys, nos miran desde el Louvre cuando pasamos ante estas manos y este rostro delicado. ¿Es un cansancio el que delata este niño o es la fuga espiritual por donde escapan sus sueños?

 

 

Resuena el pífano en el museo d Orsay. Largos pantalones rojos sobre fondo neutro, negro muy nítido de la guerrera y los zapatos: adolescente anónimo perteneciente quizá a la banda de la Guardia Imperial. Nos mira cuando pasamos y nosotros miramos sus dedos y sus manos. Se ha detenido para tocarnos el pífano y planta decidido su pie en la superficie. Aún continuaremos oyendo su música cuando pasamos de sala en sala.

(Imágenes- 1-Jean Baptiste Greuze– El pájaro muerto-1800- Louvre/2.-Jean-Simeon Chardin– L Enfant au toton- 1870- Louvre/ 3.- Francois Joseph Navez-jeune garcon songeur- 1831- Louve/ 4.-Edouard Manet– El pífano- 1866- museo d Orsay)

LA ARENA, DESIERTO MURMURANTE

 

 

“Desierto murmurante, lleno de humedad amarga, cuyo sabor salino se adhería a nuestros labios. Caminamos, caminamos sobre un suelo ligeramente elástico, sembrado de algas y de pequeñas conchas, envueltos los oídos por el viento, ese gran viento, vasto y suave, que recorre libremente el espacio, sin freno y sin malicia, y que produce un dulce aturdimiento en nuestro cerebro; seguimos andando, andando, y vemos las lenguas de espuma del mar, que empuja hacia adelante y ronca, que retrocede de nuevo y que se extiende para lamer nuestros pies. La resaca hierve; ola tras ola va a chocar con un sonido claro y sordo, rumorea como una seda sobre la arena plana, lo mismo aquí cerca que allá fuera, en los bancos de arena. Y ese rumor confuso y universal, que bordonea dulcemente, cierra nuestros oídos a toda otra voz del mundo. Profundo sentimiento de bastarse a sí mismo, de olvido consciente… Cerramos los ojos, cobijados en la eternidad”.

Thomas Mann- “Paseo por la arena” ( evocado por  Erika Mann en “El último año de mi padre”)

(Imagen- Winifred Nicholson – 1935)

INTIMIDAD DE MARAÑÓN

 

 

“Varias veces  estuve en su casa de Madrid y también en el Cigarral de Toledocontaba  el doctor Fernández Zumel hablando de Marañón -. No fueron muchas, a mí me parecieron pocas, porque lo consideraba un premio el estar a su lado. Una mañana fría de invierno, fui al Cigarral de Toledo en compañía de Marino Gómez Santos, que estaba escribiendo un libro sobre Marañón ( …) Entramos en la casa, todo estaba perfecto, las chimeneas encendidas, la casa caliente, todo como si estuviera habitado y no pasara nada, cuando había pasado todo, y faltaba “él”…¡todo sobraba!

(…) Libros llenos de huellas de sus dedos, plumas desgastadas por el uso, carpetas que sobre sus lomos tantas cuartillas pasaron. Esa ventana de la derecha, que da a un patio conventual y recoleto, que también le iluminó, donde está reposando la escultura que talló Victorio Macho a Benito Pérez Galdós (…) Fotos de hace pocos y muchos años : Pérez de Ayala, Ortega, Miranda, Madame Curie, Larreta, Duhamel, André Maurois, Paul Valéry, Baroja, Fleming … Cuántas horas de trabajo hay allí acumuladas. Empuja a la meditación que un hombre, que tanto tiempo dio a los demás, amigos, conocidos, enfermos, familia, para todos tenía tiempo, cómo es posible que este hombre haya leído tanto, haya escrito tanto, y no haya sido de esos “avaros” del tiempo, que no gastaron un minuto en nada ni en nadie que no fuera “lo suyo”. Leer es fácil, pero leer, anotar, escribir, eso requiere mucho tiempo. Conozco su concepto, verdaderamente genial, de “trapero del tiempo”, y como dormía poco, y además de madrugada muchas veces estaba  escribiendo, todo ello explica el “milagro Marañón y su Obra”.

 

 

(…) Hoy no hay tiempo de escuchar. Era conocido, ente todos los que trataban a don Gregorio, su gran capacidad de “oyente” en las tertulias, incluso cuando se hablaba de temas que él era el que verdaderamente conocía. En las tertulias del Cigarral de Toledo escuchaba con gran interés las conversaciones de sus invitados, dándoles pie y entrada para que se animara el “parlante” y  continuase  con la exposición de su tema (…)  Personalmente, tuve varias consultas con él donde le reclamábamos para que indicara si era o no conveniente una operación. Sentado entre todos los médicos, don Gregorio, amablemente, con un tono persuasivo, dirigiéndose al cirujano le decía : convénzame usted de la necesidad de que sea operado. Uno exponía sus razones de indicación operatoria, fundamentándolas en el cuadro del enfermo; don Gregorio escuchaba pacientemente, dejándonos pequeñas pausas para que no atropelláramos las ideas, y una vez terminada nuestra exposición, veía al enfermo, volvía a sentarse con todos los médicos y con gran amabilidad nos decía si él creía que debía o no ser operado. Esta delicadeza la extremaba si percibía ” tormenta médica”.

 

 

(Imágenes- 1-Marañón- revista “Caras y Caretas” 1929/ 2.-Marañón- revista “Caras y caretas”- 1931/ 3.- Marañón- RTVE)

LA ENFERMEDAD DE HISAE IZUME

 

 

“Y fue en una de aquellas mañanas, en el inicio de ese otoño, cuando Hisae se encontró con la que sería el principio de una enfermedad que le duraría mucho tiempo. Comenzó a escribir aquella mañana, como solía hacer tantas veces, inclinada sobre su papel y poniendo los cinco sentidos en su pincel y cuando dejó de escribir casi al mediodía y abandonó la habitación sintió como siempre que seguía escribiendo de memoria, que se había llevado las palabras con ella y que ahora andaba por el jardín apartando frases que le venían constantemente a la cabeza, tropezando con ellas, caminando cada vez más deprisa, como si alguien la llamara aceleradamente. Pero no la llamaba nadie. Como ella relataría años más tarde en su libro “El mal de los volcanes”, aquella mañana Hisae, al estar algo fatigada, se recostó en una esquina del jardín mirando al cielo, se apoyó en una pared y cerró levemente los ojos. Vestía Hisae aquella mañana, tal como ella quiso recordarlo, un kimono rojo, de tonos intensos, esfumados a veces en penumbra. Todo aquel vestido estaba distribuido en una especie de grandes marcas cuadradas a las que Hisae siempre había llamado “ventanas” y en las que se reflejaban los colores del día. En cada una de aquellas ventanas el sol daba una tonalidad diferente y a través de aquellas ventanas extendidas sobre la tela, ella podía dedicarse a contemplar y a soñar. Recordaría también muchos años después que aquel kimono rojo siempre le había atraído porque creía ver en él, a través de las aberturas de la tela, lo sucedido en épocas pasadas. Pero aquella mañana para Hisae fue muy distinta. De repente el jardín se le nubló y enseguida por una de aquellas ventanas de su kimono comenzó a salir un hilo de humo blanco, como si la ventana se redondeara y se hundiera en sí misma igual que un cráter, exactamente como un pequeño cráter, y envolviendo toda su orla apareció un tono amarillento que recordaba a los granos de arena, unos granos diminutos que empezaron poco a poco a extenderse y a espolvorear toda la tela. Una delgada columna de gas ascendió de una de las ventanas del kimono y la hizo adormecer. El gas o los gases la llevaron a un sueño profundo que cubrió toda su cabeza y la transformó lentamente en una especie de volcán”.

José Julio Perlado – (del libro “Una dama japonesa”) (relato inédito)

 

 

(Imágenes.-1- pintura japonesa/ 2- el monte Fuji cubierto de nieve – foto Toru Hanai- Reuters – Time)

CHESTERTON Y LA NOVELA DE DETECTIVES

 

misterio-nnyy-policiaco-dan-adkins

 

“Me gustan las novelas de detectives: las leo y las escribo, pero no me las creo – comenta Chesterton enCómo escribir relatos policíacos” (Acantilado) – El esqueleto y la estructura de una buena historia detectivesca son tan viejos y tan bien conocidos que parece una banalidad exponerlos aunque sea por encima. Un policía, estúpido pero de carácter apacible, y que siempre se equivoca por demasiado compasivo, va paseando por la calle y mientras hace la ronda encuentra a un hombre con uniforme búlgaro asesinado con un bumerán australiano en una lechería de Brompton. Tras poner en libertad a todos los sospechosos de la historia, recurre  a un detective aficionado de ojos de halcón. Éste encuentra cerca del cadáver el cordón de una bota, una bota de botones, un periódico francés y un billete de vuelta de las Hébridas; y así, paso a paso, acaba por acusar del crimen al arzobispo de Canterbury. Pues bien, en una historia tan sencilla como ésta se puede aplicar el argumento de la conducta sospechosa. Si después encuentran al arzobispo escondido en el piano de cola (por el motivo que sea), o si detienen al prelado camino de los muelles disfrazado de señora de la limpieza (con el fin que sea), esos extraños actos del arzobispo podrīan utilizarse contra él. Pues dichos actos no forman parte de las costumbres y obligaciones diarias de un arzobispo de Canterbury, y pueden, al menos en principio, relacionarle con el único crimen que se le atribuye. Pero incidentes parecidos raras veces ocurren si no es en las novelas; aunque muchos de nuestros abogados, juristas y ciudadanos particulares actúan como si tomaran sus ideas enteramente de las novelas.

 

policiaco-ded-misterio-cine-arthur-tanner-fox-photos

 

(…) Los policías se pasean entre ellos más como los guardas despreocupados de una prisión extraordinariamente permisiva que como unos funcionarios entre los ciudadanos libres  del Estado. Sospechan de todos; la cuestión es quién de ellos será culpable. Decir que una persona sospechosa no parece orgullosa de todos los episodios de su vida es un argumento inane. Es, por la propia naturaleza de las cosas, sospechosa. Por eso se le acusa. Y por eso mismo es muy probable que sea inocente”.

 

 

(Imágenes.- 1.-Dan Adkins/ 2.- Arthur Tanner- Fox/ Chesterton- Wikipedia)

50 AÑOS DE AZORÍN

 

 

“Los días van pasando – escribe Azorín en susMemorias inmemoriales” -; los meses pasan; pasarán los años, naturalmente, si es que yo continúo viviendo. Y aunque no viva: pasarán, muerto yo, para los que sobrevivan. En esta antigua morada me levanto a primera hora, leo, escribo, contemplo el cielo, me extasío, de bruces en la barandilla de madera, ante los dos cipreses y las dos adelfas. Aspiro, ahora en julio, el olor penetrativo de las flores purpúreas. Y dejo que transcurra el tiempo; si no lo dejara, sería lo mismo. Lo que quiero decir es que no me preocupo del paso de las horas. De casa he salido raramente: la calle, una callejita angosta, la conozco bien. Pero, ¿y lo demás? ¿ Y la catedral, las muralllas, el río, los vetustos palacios, la plaza con sus soportales? Tengo cierta voluptuosidad, lo confesaré, en saber que todas estas maravillas están a mi alcance, y no siento curiosidad por conocerlas. Podría escudriñar todos sus escondrijos, no lo hago. Para mí no existe el mundo. ¿Cuánto tiempo podré permanecer en ese dulce no hacer nada ni conocer nada?

(…) Sigue, naturalmente, escribiendo nuestro personaje. No cesa en su empeño. No tiene más confortación en sus desmayos que el pergeñar artículos, cuentos, novelas y comedias. Al hacerlo, pienso en el alfarero que vio algunas veces en su infancia, allá en el pueblo levantino. Se ve él mismo cual otro alfarero, con su rueda, con su arcilla, afanado todo el día en dar y dar vueltas al disco milenario de madera. Y no me pidan ustedes más cuenta de la vida de este caballero. No diré más. Con esto basta y sobra. Ni una palabra más”.

Se recuerdan ahora los cincuenta años del fallecimiento de Azorín. Aquella tarde del 2 de marzo de 1967 – horas después de su muerte – estuve yo en casa del escritor al lado de  su viuda, Julia Guinda Urzanqui. Al día siguiente – tras el sepelio -,  escribí ” Entierro de un pequeño ojo azul”.

 

 

(Imágenes.-1.-Azorín, retratado por Zuloaga- colección privada/ 2-Azorín- libertad digital)

MEMORIA Y “MEMORIAS”

 

figuras-bvf-por-vladimir-marchukov

 

“La autobiografía es una segunda lectura de la experiencia – recordaba Georges Gusdorf – , y más verdadera que la primera, puesto que es toma de conciencia : en la inmediatez de lo vivido, me envuelve generalmente el dinamismo de la situación, impidiéndome ver el todo. La memoria me concede perspectiva y me permite tomar en consideración las complejidades de una situación en el tiempo y en el espacio. Al igual que una vista aérea le revela a veces a un arqueólogo la dirección de una ruta o de una fortificación, o el plano de una ciudad invisible desde el suelo, la recomposición en esencia de mi destino muestra las grandes líneas que se me escaparon, las exigencias éticas que me han inspirado sin que tuviera una conciencia de ellas, mis elecciones decisivas”.

 

figuras-nio-rolf-hanson

 

La memoria ha sido comentada de modo hondo y luminoso por San Agustín: “Llego a los espacios anchurosos, a los vastos palacios de la memoria – escribe -, donde están atesoradas las innumerables imágenes que acarrean las percepciones multiformes de los sentidos (….) Hay en mi memoria campiñas abiertas y espaciosas, oquedades y antros, cavernas sin número, poblados hasta el infinito de innumerables objetos de toda especie que allí guarecen, ora en imágenes solamente como pasa con los cuerpos, ora por su presencia como ocurre con las artes; tal vez, bajo forma de no se qué nociones o anotaciones, como acontece con las afecciones del alma, que la memoria retiene aún cuando el alma no las experimenta, puesto que en el alma está todo lo que está en la memoria. Por la inmensidad de este panorama yo discurro y llevo un vuelo breve de una cosa a otra; yo penetro tan profundamente como puedo y no hallo fin. ¡Tan grande es el poderío de la memoria, tan grande es la potencia de la vida en hombre efímero que vive para morir!”.

 

figuras-njo-alex-olson-dos-mil-trece

 

Esa memoria, en muchas ocasiones, seguirá los dictados del corazón para escribir lasMemorias“. “La memoria – afirmaba Rivarol – siempre está a las órdenes del corazón”. Y en esas “Memorias” muchas veces se mezclará la verdad con los silencios, con las invenciones y los enmascaramientos. “Escribir – así lo decidía Saint-Simón para componer susMemorias” –  lo que yo viese suceder en mi tiempo”;  y añadía : “como yo no estaba allí, no diré más”. Pero hay muchas “Memorias” que cuentan no solamente lo que uno vio y vivió,  sino también lo que imaginó o aventuró. Malraux, al hablar de sus “Antimemorias”, declara que ” rechazan la biografía, premeditadamente.  No se basan en un diario o en unas notas. Partiendo de elementos decisivos de mi experiencia, vuelvo a encontrar un personaje, y fragmentos de historia. Cuento los hechos y describo al personaje como si no se tratase de mí (…) Éste es mi verdadero libro… Me acuerdo de Proust. “Por el camino de Swan” ha hecho imposible cualquier nueva tentativa que se pareciera a la de Chateaubriand. Proust es el anti– Chateaubriand. Me gustaría ser un anti- Proust y situar la obra de Proust en su fecha histórica”.

Verdadero e imaginario en muchas “Memorias”, experiencia y sueño, fusión de muchas cosas. ” El elefante es el más sabio de todos los animales, el único que se acuerda de sus vidas anteriores; por eso está tanto tiempo quieto, meditando en ellas“, se lee al principio de las “Antimemorias” de Malraux.

 

figuras-hio-istvan-nadler-mil-novecientos-ochenta-y-nueve

 

(Imágenes.- 1-Vladimir Marchukov/ 2.- Rolf Hanson/ 3.- Alex Olson- 2013/ 4.-István Nádler– 1989)

LA EMOCIÓN DE LOS CLÁSICOS

 

rostov-nhu-petya-rostov-daily-mail

 

“Hago un repaso de la nueva narrativa que he leído en los últimos doce meses, tratando de encontrar un sólo libro que realmente me haya emocionado – escribe J.M. Coetzee en suDiario de un mal año” -, y no encuentro ninguno. Para experimentar esa profunda emoción he de volver a los clásicos, los episodios que en una era pasada habrían denominado piedras de toque, piedras que uno toca para renovar su fe en la humanidad, en la continuidad del relato humano: Príamo besando las manos de Aquiles, suplicándole que le dé el cuerpo de su hijo; Petya Rostov temblando de excitación mientras espera para montar su caballo la mañana en que morirá.

Incluso en una primera lectura, uno tiene la premonición de que en esa brumosa mañana de otoño nada irá bien para el joven Petya. Los toques de premonición que crean la atmósfera son bastante fáciles de esbozar, una vez que le han enseñado a uno cómo hacerlo, y sin embargo la escena emerge de la pluma de Tolstoi, una y otra vez, milagrosamente nueva.

Petya Rostov, dice mi lector o lectora cuya cara desconozco y jamás conoceré… No recuerdo a Petya Rostov, y va al estante, saca Guerra y Paz y busca entre sus páginas la muerte de Petya. Otro de los significados de “clásico”: permanecer en el estante, esperando a que lo saquen por milésima, por millonésima vez. El clásico: el perdurable. ¡No es de extrañar que los editores estén tan deseosos de afirmar que sus autores tienen la categoría de clásicos!”.

 

guerra-y-paz-alchtron-com

 

(Imágenes.- 1- Petya Rostov-daily mail/ 2.- Guerra y Paz- alchtron. com)