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Archive for 5/02/17

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“En la mañana del 27 de marzo, del año de desgracia de 1939 – escribe Diego San José al iniciarDe cárcel en cárcel” ( Renacimiento) -, salí de mi casa de la calle de Torrijos, 69, acompañado de mi hija María Luisa. Ambos íbamos a la de Ana Adamuz para hacer un intercambio de víveres, conforme al uso obligado y perentorio a que nos forzaba la escasez de alimentos durante la guerra; es decir, escasez para los ingenuos que no sabíamos nadar entre dos aguas, porque aquellos que se escamotearon en un partido o agrupación social nunca vivieron mejor y “a, ¿qué quieres boca?”.

Diego San José atraviesa Madrid precisamente en aquellos momentos en compañía de su hija  y –  como él sigue contando -” un verdadero muro humano paralizó, al fin, la circulaciòn frente a la calle de Sevilla. Mi hija y yo nos apeamos del tranvía y seguimos a pie hasta el domicilio de Ana en la de Atocha, junto al teatro Calderón. La hermosa y aplaudida actriz participaba de la alegría del momento. Había terminado la guerra y, por tanto, retornaba la tranquilidad a su espíritu burguės, ya que siendo una auténtica hija del pueblo, nunca fue amiga de las contiendas políticas”.

 

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¿Quién ha sido Diego San José, para mí?  He hablado varias veces de él en Mi Siglo y sobre todo recuerdo perfectamente en el despachito de cortinas verdes de la calle Raimundo Lulio donde escribía mi abuelo materno, José Ortiz de Pinedo, aquel  pequeño volumen pleno de paseos madrileños y puerta de tantos descubrimientos y rincones que se titulaba “Estampas nuevas del Madrid viejo”, obra de Diego San José, firmado su prólogo en Redondela de Galicia, abril de 1947  y completado con esta dedicatoria :  “Para Pepe Ortiz de Pinedo, amigo fraternal de tantos años, gran novelista, con un abrazo“. Ese volumen lo he releído varias veces. Me ha acompañado desde la madrileña Plaza de San Andrés hasta la antigua hostería donde comió Quevedo, desde las gradas de San Felipe hasta el Jardín Botánico y desde la calle de Segovia a las fuentes del Prado. Eran paseos cortos, muy madrileños, llenos de sorpresas, documentación y asombro. “Habilísimo evocador de otros siglos“, dijo del autor Federico Carlos Sainz de Robles al compendiar la novela corta en España. Y el recuerdo y la presencia de ese libro en el despacho de cortinas verdes de mi juventud me lleva ahora a otro paseo mucho más largo y estremecedor, el recorrido de cárcel en cárcel que sufrió Diego San José por su fidelidad a la ll República, largo paseo de años en los que habita la soledad y la incertidumbre, largo paseo por celdas y pasillos, largo paseo de meditaciones e inquietudes, mezcla de pasos entre zozobras y esperanzas. Su pluma y su memoria me han conducido de modo apasionado por  estas “Memorias” excepcionales, alejado de aquel despachito de Raimundo Lulio y muy cercano a dolorosas vivencias recuperadas del olvido.

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(Imágenes. – 1 – “De cárcel en cárcel”/2 -Diego San José – fotografía familiar digitalizada)

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