VIAJEROS DE LA ETERNIDAD

 

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“Los meses  y los días  son viajeros de la eternidad – escribe Bashô en susDiarios de viaje” , concretamente en su Senda hacia Oku, en 1689 -. Los años van y vienen y también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de barcos o envejecen conduciendo caballos, cada día es un viaje. El viaje mismo se vuelve su hogar. Entre los antiguos, muchos murieron en plena marcha. Incapaz de refrenar pensamientos de vagabundeo – desde hace cuánto tiempo, no lo sé -, recorrí la costa, igual que un jirón de nube se deja llevar por el viento. Al correr el otoño pasado, volví a mi choza a orillas del río y barrí las telarañas.

Gradualmenre el año llegó a su término. Entonces me vinieron ganas de cruzar el paso de Shirakawa en primavera, cuando hubiera neblina en el aire, hasta llegar a Oku. Poseído por un duende viajero y con las señas que me hacían los espíritus del camino, no conseguía fijar mi mente ni ocuparme de otra cosa. Remendé mi pantalón roto, cambié las cintas al sombrero de bambú y me apliqué “moxa” en las espinillas, a fin de fortalecer las piernas para el viaje. En ese momento solo era capaz de pensar en la luna de Matsushima. Cedí mi cabaña y me trasladé a casa de Sampú, para permanecer allí hasta la salida de mi viaje, no sin antes colgar de un pilar de mi choza un “renga” en ocho estrofas, la primera de las cuales dice así: “Con nuevos inquilinos, hasta una choza puede volverse casa de muñecas”.

 

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(Imágenes-1.-Tao Len Yue- 1931/ 2.- Matsuo Bashô- Wikipedia)