ÚLTIMOS HABITANTES DE LA LUNA

Ciento treinta y cuatro años antes de que el primer astronauta pisara en silencio la corteza de la Luna, el periódicoThe Sun” de Nueva York describió a sus habitantes, los selenitas, – observados desde el Cabo de Buena Esperanza con un poderoso telescopio – con absoluta precisión: tenían – decía “The Sun” – “cuatro pies de estatura, estaban cubiertos, salvo en su cara, de un pelo brillante y corto, de color cobre, e iban provistos de unas alas compuestas de una sutil membrana”. En lo que respecta a la simetría general eran infinitamente superiores al orangután, “se mostraban criaturas inocentes y felices fuera de toda duda”, y en el Valle de las Tríadas se podía ver incluso una raza superior de selenitas que eran “sumamente felices y educados, y comían calabazas y pepinos rojos”, para alcanzar después, internándose en la Luna, la raza del hombre-murciélago, “criatura de una belleza personal infinitamente superior, apenas menos adorables que las representaciones habituales de ángeles”.

 No sólo se distinguían perfectamente los selenitas sino que “las playas de la Luna – seguía contando The Sunen 1835 – se extendían con brillantes arenas blancas, ceñidas por castillos de agrestres rocas que parecen de mármol verde, separadas por abismos, que se suceden a intervalos de doscientos pies, con grotescos bloques de creta o yeso, y coronadas y engalanadas en sus cimas por el frondoso follaje de árboles desconocidos”. Aparecían igualmente en la Luna extraños monstruos de animales (una combinación de unicornio y carnero), pelícanos, grullas, criaturas anfibias y un extraordinario castor bípedo. “Éste poseía cola y andaba solamente sobre sus dos patas traseras, llevaba a sus crías en brazos, y sus cabañas estaban mejor construidas y eran más altas que las de muchas tribus salvajes”.

Por último el telescopio descubrió también “otro animal extraño, de cuello increíblemente largo, cabeza como de oveja, armada con dos cuernos espirales, un cuerpo como el de un ciervo, pero provisto de unas patas delanteras desmesuradamente largas, al igual que su cola, que era muy tupida y de una blancura nívea, y se enrollaba sobre su grupa y luego caía dos o tres pies por su costado”.

Todo esto dijo haberlo descubierto sir John Herschel gracias a una de las lentes que pesaba casi siete toneladas, encajada dentro de su gigantesco telescopio.

Quizá fueron aquellos los últimos habitantes de la Luna que pudieron observarse desde la Tierra.

 Lo cierto es que así lo recoge Bram Stoker, el creador deDrácula“, en su libroFamosos impostores“.

Luego se hizo un silencio de ciento treinta y cuatro años – un silencio denso, completo y total – hasta que Neil Armstrong dio su primer paso sobre aquella corteza.

(Imágenes:-1.-“Bondon of Union”, 1956.-M. C. Escher.-Volakis Gallery.-Napa-CA.-USA/.-2.-foto NASA.-Science Institute.-The New York Times/ 3.-“Tornado” 2005.-Sonja Braas.-foto Courtesy DZ Bank Kunstsammulung/ Sonja Braas.-The New York Times)

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