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Archive for 29 noviembre 2009

          ” Cuando llegó la mujer a su casa y cerró la puerta, respiró ya tranquila y pensó que la noche podía descender cuando quisiera porque ella estaba ya junto a su nieto, y aquel pensamiento elevó poco a poco sus alas abiertas como las de un murciélago, y primero se hizo la noche en aquella habitación, y luego desplegó la noche la cara inferior de sus alas hasta el comedor, y por la cocina y por toda la casa, y el violeta aterciopelado de la noche se extendió por el mundo. Como aquella era la última noche que iba a pasar la abuela con el nieto, Dios les dejó escuchar a los dos los ruidos nocturnos y les dejó ver los colores de la noche, cosas que nadie había visto jamás. Entonces, durante horas, abuela y nieto, los dos solos en el dormitorio, fueron viendo y oyendo a la noche: oyeron cómo pulverizaba sus cristales el hielo negro de los gélidos fondos del día, cómo se disolvían sales oscuras por el aire, cómo pigmentos de la atmósfera caían lentamente en el espacio, y vieron el paso de piedras preciosas volantes y de escamas cromáticas que desprendía la piel del tiempo. El gran caldero de la noche adquirió ante ellos un tono morado y los humores de la jornada fueron cociéndose hasta hacerse cenizas de orín. Empezaron a sonar todas las campanillas y los dondiegos de noche, asomaron las polillas nocturnas, las flores vírgenes rosáceas y las fecundadas amarillas, se oyó bullir a las burbujas, nadaron azules de ojos blandos y filamentos mucosos de lapislázuli dejando espuma, la noche se hizo topacio iridiscente y cráter de aguamarina. Entonces pasó una mancha errante por el suelo abisal de la noche y el golpe de su cola dejó un rojo roca que se tiñó enseguida con un oro puro, al que persiguió un anaranjado deslizante, zambullido por un verde esmeralda que devoró un azul. Aquel azul reinó toda la noche con sus antenas de fosforescencia ocultando el rocío de platino y de ámbar que iba a traer el día. Un olor penetrante de madreselva, un olor a exangüe melancolía, se coló por los poros de la esponja de la oscuridad e impregnó el papel dorado de la caja de la noche sostenida por las estrellas. La ballena del silencio se posó en los fondos del cielo y bancos de niebla emprendieron una migración densa. Entonces se vio pasar a la isla de Creta entre los bosques de coral de alambre de los continentes sin hacer ruido, sonámbula entre los astros. Penachos de pelos perfumados se anillaron en luminosas pulseras. Cangrejos de herradura arrastraron a nubes uncidas, preparándolas para el amanecer. El viento abrió sus brazos transformados en alas atigradas de Madagascar, escamas escarlatas de Polinesia, azules nacarados de Ceilán. La luna se hizo mosaico bizantino a cuya luz libaron todas las mariposas del mundo. Así pasaron las horas. Así fue la noche. La abuela sabía que su nieto tenía que irse antes de amanecer para emprender la vida y aquel niño también lo sabía. Antes del alba, la abuela tomó la cabeza del niño, se la acercó y le besó primero en el nido de la memoria, luego en el de la voluntad y por fin en el del entendimiento, y en los tres le hizo la señal de la cruz.

          –Que Dios te bendiga, Juan –le dijo–. Ya puedes irte.

          Y le puso en las manos una cajita de plata.

          –Aquí tienes tu infancia. El ayer amarillo. No la pierdas. Pero ahora tienes que vivir el hoy, no el ayer.

          Salió aquel niño del ayer amarillo con la caja de su infancia en la mano, anduvo y anduvo, y fue entrando poco a poco en el hoy para siempre, mezclándose con la multitud”.

José Julio Perlado: (del libroNosotros, los Darnius“) (relato inédito)

(Imagen.-Rudy Ernst.-2002.-artnet)

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“Pequeño tema inspirado en una conversación mantenida anoche con Lady Shrewshury, durante una cena en casa de Lady Lindsayescribe Henry James en sus Notas el 18 de mayo de 1892 -: la mujer que de joven ha sido muy fea, por esa fealdad  ha sido desairada y humillada, y – como muy a menudo, o al menos a veces, suele ocurrir con las muchachas corrientes – en sus años maduros, y aun después, se vuelve mucho más agraciada, guapa incluso – y a consecuencia de ello encantadora, en todo caso, y atractiva -, de modo que los últimos años de vida le deparan el triunfo, la recompensa, la revanche. Idea de una mujer así que, en una situación semejante, encuentra a un hombre que cuando joven la despreció y humilló, que acaso rechazó el casamiento – un casamiento proyectado por ambas familias -, y que por torpeza, aun por fatuidad e insensatez, le dio a entender que era demasiado poco para él ….”.

Y así sigue Henry Jamesminucioso y en perfecta elaboración mental, el proyecto de su cuento tituladoLa rueda del tiempoque publicaría meses después. Estos son los “talleres” del novelista – talleres, pruebas, esbozos, planes, y también dudas e indecisiones – que ahora acaba felizmente de reeditar Destino bajo el títuloCuadernos de Notas (1878-1911)”. Los había leído hace años en la primera versión de Ediciones Península y siempre me sirvieron para entrar en esa cámara secreta de un creador, seguir su trayecto desde el momento en que coge al vuelo una idea (en una cena, por ejemplo) y va uniendo después los hilos de modo personal hasta que lo ajusta por completo en su mente y lo lleva al papel. James había señalado en el prólogo a su novela corta “Las ruinas de Poynton” que sus historias nacían a menudo de una semilla “lanzada distraídamente” por algún compañero de cena, pero hacía hincapié en el hecho de que, si una fugaz sugerencia basta a veces para atizar la imaginación, cualquier exceso puede “echar a perder” la operación entera.

Puesto que la vida – había dicho en ese prólogo – es toda inclusión y confusión, y el arte todo discriminación y selección, éste último, en busca del recio valor oculto que es el único que le concierne, olfatea la masa tan instintiva y certeramente como un perro que barrunta un hueso enterrado”. Además de “barruntar” ideas y situaciones que están ahí, flotando en el aire (como las “mariposas nocturnas” de Virginia Woolf), James buscaba igualmente, como tantos otros novelistas, las precisiones adecuadas a sus personajes. De ahí la lista de nombres y apellidos tomados de tantos sitios para bautizar a sus criaturas de ficcción. “Nombres – escribe James en susCuadernos” -: Gisborne -Dessin- Carden- Gent -Peregrine King (visto en The Times)”. Los toma de todas partes. Simenon se rodeaba de listas telefónicas de todos los países del mundo para ser certero en apellidos y en nombres. Hoy, tanto el creador de “Maigret” como el del “Retrato de una dama” lo resolverían en Internet.

“La única razón de existir de una novela – escribió Henry James enEl arte de la ficción” – es que ciertamente intenta representar la vida”.  La diferencia entre una buena y mala novela es que “la mala es arrojada con todas las telas embadurnadas y todo el mármol inutilizado hacia algún limbo no frecuentado, o algún basurero infinito debajo de las ventanas traseras del mundo, y la buena subsiste y emite su luz y estimula nuestro deseo de perfección”.

(Imágenes:- 1.- Henry James, por John Singer Sargent.-1913.-The Henry James Resource Center/ 2.- Henry James.-guardian.co.uk)

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         ” Mi hermano Oscar vive en el palacio de Cnossos, en lo profundo del Laberinto.

          Mi hermano ya es un laberinto en sí mismo. Para llegar hasta él hay que entrar por la llamada “logia de los guardianes” y allí todo el que quiera encontrarle debe aguardar durante cierto tiempo en la sala de espera. Se abre luego la puerta del “Corredor de la Procesión“. Óscar deja caer un vestíbulo que da a unos pozos de luz y consigue que ascienda lentamente la Sala del Trono. Normalmente, mi hermano observa bien al recién llegado desde el corredor central, oculto bajo los escalones que conducen al primer piso. El visitante se encuentra de repente en una cripta de columnas que da a la cámara del tesoro, sin saber a ciencia cierta hacia dónde dirigirse: si encaminarse hacia el Santuario o bajar al encuentro de la denominada “terraza subterránea“. Óscar se coloca entonces en un monumental palacete que hay en el ala Este. Cada paso que da quien acaba de llegar es imitado sistemáticamen­te por mi hermano, que lo destruye al primer contacto. Es así como el visitante se va alejando a cada momento de Óscar, a la vez que Óscar se aleja del visitante. El juego de las piernas y el ritmo exacto de las articulaciones se hace esencial. Es un “ballet” de sombras, una separación progresiva y matemática en la que Óscar llega a ser un maestro. Único ser humano que ha logrado el encuentro al revés, Óscar domina a quien quiere verle. El recién llegado no posee conocimiento para saber que conforme se acerca se aleja, y que será en el total alejamiento donde hallará su final. Nadie, por tanto, ha podido encontrarse con Óscar sino en la lejanía. Nadie que no sea alguien que él desee ha visto con claridad a mi hermano y mi hermano nunca ha visto a nadie. No se conoce, pues, su aspecto. Sólo se le intuye. Se dice de este hermano mío que tiene mil cabezas y que él es el Minotauro. Jamás se podrá comprobar, ya que el Minotauro es tan desconocido como mi hermano. Y sin embargo hay gentes que han alcanzado a vislumbrar su penumbra. Comentan de él que extiende un eco negro que cubre toda Creta y que llega hasta el mar.

 

          ¿Es hijo de mi madre, como yo, o es una isla? Indudablemente es una isla anclada sobre el tiempo. El tiempo griego se identifica con Óscar. De tal modo, que mientras el resto de los hombres viaja por los siglos, él permanece agazapado antes del siglo primero, en una noche de milenios. Por ello se ha hablado tanto de sus pies de arcilla, su cuerpo de negociante y su cabeza de marino. Con los pies alcanza su perfección en la cerámica, con el cuerpo compra y vende palacios, con la cabeza suele beber del mar. Es entonces cuando mi hermano se identifica con Creta y Creta misma es Óscar. Desde que se pisa la isla, los pies se hunden en el ser humano. Astutamente, él va dejando que se acerquen. Puede uno moverse sobre Creta ya que Creta parece dormida. Seguirá dormida mientras mi hermano permanezca inmóvil. Él puede vivir inmóvil, aguardando a quienes le visitan. Ha colocado casas y hombres y ruinas sobre su piel. Está Canea, está Festos, está Heraclión. Y cuando Creta se despereza, cuando este hermano mío sacude su sueño, un gran animal de tierra aparece en el Egeo meridional. Es Óscar que silenciosamente se agita en el océano. Sin el menor ruido, comienza a remover arena. Entonces las ciudades parecen tambalear­se. Vacila el monte Ida y pierde el equilibrio el monte Lassithi. Óscar va levantando su grupa en el aire y toda la isla se eleva sobre el mar. Lo que no ha podido hacer nunca –viajar en los espacios–, intenta mi hermano hacerlo ahora. Por eso dicen que a Creta se la ha visto andar por el mar Egeo y el mar Jónico. La única isla que no solamente puede nadar sino que puede andar, busca afanosamente su destino. Hay rumores de que mi hermano se acerca hasta Corfú o se vuelve hacia Rodas. Sabe que no puede llegar hasta Salónica porque el Egeo está lleno de piedras que son islas auténticas. Él es la isla humana, mitad animal‑mitad tierra, que se abre camino sobre el agua. Se oye un sordo movimiento en la noche cuando Grecia duerme. Creta cree que no le mira Grecia, pero Grecia posee ojos invisibles. Jamás deja escapar a un enemigo. Óscar no es enemigo ni amigo de Grecia: desea huir de su dominio. Creta ama la libertad. Redes de agua procuran apresarla. El agua es resplandor transparente: Óscar sabe que son Jónico y Egeo en el instante en que se entienden. Egeo y Jónico murmuran sobre Creta. Es el susurro que rodea las islas, ese viento marino que oyen los campesinos: los griegos conocen el lenguaje del mar.

          Entonces Óscar escucha a las aguas, pero las aguas se le escapan. Se dice que él anda mientras las aguas fluyen. Se esconden por debajo de su cuerpo, le bañan, le emborrachan. Ebrio de mar, mi hermano es atrapado. Cae de bruces, le empapa el océano. A veces se le encuentra perdido, la senda de los siglos le rodea. Quiere hablar con la leyenda y con la historia. Sabe, sin embargo, que no podrá escapar. Griega es la sal de la que ha bebido y griega es su tierra que se extiende. Es más animal que nunca, menos humano. Con torpeza, sin ningún cuidado, Óscar intenta recordar. Sueña con vasos, con marfil. Aparta ese líquido de sueños y se esfuerza por soñar con Asia y con Egipto. Viene a él implacablemente la cerámica, la arcilla: la arcilla le conduce al Laberinto. Cuando se despierta se revuelve en sí mismo. No puede desatarse de su propia condición. Está rodeado de frescos. Las pinturas murales aparecen y desaparecen, le hacen guiños. Óscar sigue siendo isla, pero Creta es solamente Cnossos. El palacio de Cnossos se extiende hasta tocar el mar. Dibujos y jarros irán mansamente a flotar en el agua. La cultura de Creta expande el océano. Es lo que segrega mi hermano, aquello que se le escapa. Hundido en lo más hondo de sus ruinas, el palacio medita. Piensa cómo expulsar aún más al visitante para acercarle alejándole. El Laberinto recorre ahora la isla igual que una serpiente. Siembra enroscada la equivocación. Ha dejado caer ese hilo invisible, el que anuda el cuerpo de mi hermano. La gran astucia es no ser hilo de Ariadna que le salve, sino el que nunca le dejará huir. Óscar se ha reducido a Cnossos y Cnossos al Laberinto. El Laberinto, a su vez, se ha extendido. Ya nadie sabrá dónde está cómo y quién está dónde. El lenguaje jeroglífico va por dentro del hilo. Ese hilo se extiende formando el Laberinto. El Laberinto deja que el palacio busque en Óscar a Cnossos y se encuentre en Creta. Retorna Creta a Cnossos, le abre Óscar y entra en el palacio. Mi hermano está perplejo.

          El palacio comienza a moverse mientras mi hermano permanece quieto. Avanza un toro de oro cortado por un hacha que mete la cabeza en un anillo. Cae el anillo en un vaso, estalla en un friso y los caballos del friso galopan hasta un casco de bronce que atraviesa una espada de pintura mural. Un león de alabastro devora la pintura mural, y comienzan a desperazarse las ruinas.

          Así, de pronto, piso yo lentamente la piel de mi hermano”.

José Julio Perlado: (del libro “Nosotros, los Darnius“) (relato inédito)

(Imágenes:-1.-Keith Harring.- Hamilton- Selway Fine Art-arnet/ 2. Keith Harring.-artnet/3.-Keith Harring.-1988.-Hamilton Selway- Fine Art-artnet)

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“Calculo que habré escrito en mi vida, hasta la fecha – decía Sánchez Ferlosio  en 1977 – como entre 200 o 300 veces más de lo que he publicado; por eso mi refrán – glosado del que dice “Cada maestrillo tiene su librillo” – ha sido siempre: “Más vale maestrillo de menos que librillo de más”. Tal vez sea una coartada de mi inseguridad o, más probablemente, que como estoy irrecuperablemente anclado en el Ancien Régime y todavía escribo con el anticuado deseo de tener razón y de convencer a alguien de algo que me parezca cierto, tanto la duda de todo “tener razón” como el descorazonamiento de no lograr convencer a nadie de nada me anima cada vez menos a publicar, aunque siga escribendo y escribiendo eternamente”.

El escritor, que ha sido galardonado hoy con el Premio Nacional de las Letras Españolas 2009, hacía estas y otras interesantes confesiones enLa forja de un plumífero(Destino) y allí contaba sus aventuras y desventuras familiares y literarias, sus recorridos por muy distintas viviendas, sus predilecciones por la ficcción primero y por la gramática después. También ternuras paternas jalonando su trabajo y su existencia: “me quedaba una media de 4 días con sus 4 noches en sesión continua de lecturas y escrituras gramaticales –decía evocando el final de los cincuenta y principios de los sesenta -, con luz eléctrica también de día, como Monsieur Dupin, el de  “El misterio de María Rôget” y “Los crímenes de la calle Morgue”; al fin caía redondo y me dormía profundamente durante 24 o más horas, salvo 1 o 2 brevísimos despertares para comer y beber y con una maravillosa bajada de tensión. Después cogía a mi niña – que en el 60 cumplió los cuatro años – y me pasaba con ella 4 o 5 días sin interrupción; íbamos a los parques y a visitar museos: de El Prado, le gustaba sobre todo El Bosco, porque, como ella decía, “tiene mucho”, y La Laguna Estigia de Platinir. Pero El triunfo de la muerte de Brueghel el Viejo, se volvería su favorito. Yo no quería enseñárselo, por esa tontería de los padres de evitar a nuestros hijos pequeños la visión de la muerte (la educación del príncipe Gauthama), y me la llevaba disimuladamente hacia el que estaba al lado, haciendo rincón con él: El carro de heno. Pero ella era tan atenta y difícil de engañar que, a la segunda, me cazó. Y El triunfo de la muerte se hizo su cuadro favorito para siempre. Esta reproducción que tengo ante los ojos, ahí colgada en la pared, era de ella”.

(Vayan estas líneas como recuerdo hoy al gran escritor deEl testimonio de Yarfoz” (Alianza) o de los extraordinarios relatosCarta de provincias” o “El reincidentey las prosas excelentes deLos príncipes concordes“, “El escudo de Jotán” o “Los lectores del ayer” ( todos ellos recogidos en “El geco(Destino).

 Ojo, oído y literatura, como ya escribí aquí.

(Imágenes :-1.-Rafael Sánchez Ferlosio.-foto EFE/2.-Ferlosio.-ucm.es)

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Varias veces he hablado en MI SIGLO del francés Georges Perec, pero sobre todo hace algunos meses, en enero de 2009, cuando incluía aquí fragmentos de su divertido texto “El arte de abordar a su jefe de servicio para pedirle un aumento“.

En 1981, respondiendo al célebre cuestonario Proust al que le sometía un estudiante para completar un ensayo sobre su obra, Perec, a la pregunta, “¿Qué querría usted ser?” contestó: “Hombre de letras“. Y efectivamente era así: hombre fascinado por las letras. “Un hombre de letras – añadió en aquella ocasión – es un hombre cuyo oficio son las letras del alfabeto“. No creo que nadie haya respondido con frase tan exacta y matizada, y repasando “El cuestionario Proust” (Plaza Janés) que publicó Lluís Permanyer reuniendo sus entrevistas sobre el tema es difícil encontrar algo parecido. Georges Perec quiso conscientemente jugar con las letras, escribir, por ejemplo, un texto sin la letra E, o un  texto enteramente reversible, o hacer el inventario de los alimentos líquidos y sólidos tomados en un año preciso, o describir lo que sucede  en la esquina de una calle durante muchas horas, y eso entre  otras muchas experiencias y variantes. Perec, pues, jugaba con las letras del alfabeto, hacía malabarismos con las letras pero también con las situaciones, como ocurre con esas encadenadas escenas sin puntuación que él plantea contando el momento en que uno decide pedir a su jefe – el señor X – un aumento de sueldo y que  culmina así en el libro que estos días publica Ediciones Uña Rota:

“…no cometer el ingenuo error de creer – escribe Perec en las últimas páginas de ese libro – que vuestro jefe de servicio va a responderos sí o no ni estar seguro de que usted obtendrá el aumento que desea quiero decir que no lo obtendrá hic et nunc y porque sí de un golpe y que usted no saldrá del despacho del señor X más rico por 9 francos al mes porque usted tiene que comprender que en una empresa como la suya una de las más grandes empresas francesas un aumento de salario plantea problemas muy complejos no solamente sobre el plan contable sino por todo lo que afecta a la política económica y social  a corto término a medio término y a largo término de la susodicha empresa siendo evidente que el señor X no tiene el poder de otorgaros porque sí un aumento sino que debe  hacer un informe favorable al director de personal el cual tras la consulta con organismos podrá eventualmente en el cuadro de una reevalución global de la masa salarial por otro lado prevista por el Vº plan proponer vuestro nombre en el curso de una más o menos próxima reunión del Consejo de Administración y en suma el señor X sin poder daros satisfacción en el momento puede o bien daros a entender que vuestra petición no solamente no le sorprende sino que él se pregunta por qué ha tardado usted tanto en iniciarla ya que él es absolutamente favorable a ella y él mismo le autoriza a acariciar la esperanza de una promoción futura e incluso próxima o bien le confirma a usted claramente que él encuentra que sus pretensiones son injustificables cínicas groseras y mezquinas y que él no considera capaz que un empleado que se dice modelo pueda cometer tal infamia en resumen o bien él le da a usted esperanzas o bien no se las da (…) porque la próxima vez que esté usted sentado cara a cara ante el señor X y que él le escuche con una atención simpática y casi emocionada y no le deje entreveer la esperanza de un próximo aumento usted no sabrá si esto ocurrirá en los días siguientes porque ya hemos explicado que tratándose de un problema complejo hay que esperar seis meses y luego cuando al término de los seis meses sus esperanzas hayan sido absolutamente decepcionantes volver a ver al señor X y si él está allí y levanta la cabeza cuando usted llame y si él le hace pasar enseguida y le ofrece una silla y consiente de nuevo en escucharle usted debe esforzarse de nuevo en convencerlo“.

La sonrisa en los pasillos de una empresa, la sonrisa en los pasillos de la vida.

 La sonrisa en un blog.

(Imágenes:- 1.- Feng Zhengjie.-Art China Gallery. -Hamburgo -artnet/ 2.- Schnelle -Maison Européen de la photographie)

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“Suele decirse que las ciudades crecen hacia el poniente. Madrid no en lo que toca a la ciudad material pues, para mí al menos, la espiritual sí crece hacia el poniente.

Desde la baranda de piedra de la Plaza de la Armería veo, por las tardes, proyectarse una fantástica ciudad sobre el ocaso. Está inflamada, llena, alta y por sus inmensas avenidas veo sombras familiares que han sido y que serán. Este Madrid posible del poniente será el de mis respetos y mis ponderaciones, el Madrid en que podrá elevarse la única cúpula de la idea pura dorada por el sol que se despide para volver.

Frente al cielo carminoso que el arco corta y eterniza en la visión como un gran cuadro clásico, mi amigo invisible y yo miramos la lejana sierra azul y el verdor cobrizo de la Casa de Campo, y el Pardo por donde silba, yéndose, el tren.

– El Madrid posible – digo a mi amigo señalando un mar crepuscular de bellezas acumuladas.

Luego, lentos, ya melancólicos, volvemos al Madrid imposible”.

Juan Ramón Jiménez: “Madrid posible e imposible“.-(“Actualidad y futuro“).-(“Selección de prosa lírica“) (Austral)

(Imágenes.- Plaza de Oriente.-22 de noviembre 2009.-fotos JJP)

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“¡Abajo el arte, viva la técnica!

¡Abajo el mantenimiento de las tradiciones artísticas! ¡Viva el técnico contructivista!

¡Abajo el arte, que sólo enmascara la impotencia de la humanidad!

¡El arte colectivo del presente es la vida constructiva!”

Éstas eran algunas de las consignas de los constructivistas, firmadas por Alexander Ródchenko y Bárbara Stepanova en 1920.  Ahora, en la exposición de Madrid, “Definiendo el constructivismo” en el Reina Sofía, hasta el 11 de enero, las obras de Ródchenko y de Liubov Popova entre otros muchos artistas de aquel movimiento nos ofrecen muestras de aquella  vanguardia. Ródchenko diseñó kioskos de propaganda en los que se mostraban consignas como “¡El futuro es nuestra única meta!” y que tenían la apariencia de figuras construidas con un reloj por cabeza y, en ocasiones  incluso piernas y pies estilizados : empleó sus ideas geométricas, colectivas, comunales y utópicas para impulsar la nueva estructura social.

Pero Rodchenko no fue sólo pintor. En 1921, tras abrazar la consigna “¡Muerte al arte!”, abandonó los lienzos para realizar trabajos de colaboración en el teatro, el cine, el diseño gráfico, la creación de ropa y mobiliaro, la fotografía y las exposiciones. Como se pregunta sucesivamente John Miller en su interesante estudio, “Materialización de la utopía en el arte de la vanguardia rusa“, ( “Ideas y conceptos del Arte Moderno“) (Fundación Mapfre), Rodchenko,” ataviado con el uniforme de trabajo diseñado por él mismo, ¿parece uno de los obreros de la fábrica? ¿Predomina la identidad del individuo o la del colectivo? ¿Identidad individual o anonimato? La indumentaria es un punto crítico en el que los fines utópicos podrían haberse materializado casi por completo“.

Recuerda también Miller que Rodchenko hacía fotografías en donde el individuo se transforma en un átomo del grupo, a veces como una prueba clara de lealtad política, un símbolo viviente de comunión ideológica. Resulta difícil reconocer al individuo porque el punto de vista de Rodchenko convierte a sus imágenes en algo extraño y las hace monumentales, contemplados desde abajo con el cielo de fondo, tal como percibimos los monumentos en la calle. “Alzamos la vista – termina Millerpara ver a estos jóvenes pioneros y admirar su ejemplo y su compomiso con la causa pionera, con el grupo y con su ideología“.

Rodchenko y el constructivismo, el sueño de una utopía que dio paso a un anonimato y un orden implacables. Miller comenta también el cuadro de RodchenkoDos figuras” (1920) que quería ser un reflejo, a su modo, de la obra “Adán y Eva” de Durero (1514). Pero Rodchenko, con sus imágenes que pretendían ser modelos de un hombre y una mujer anónimos y geométricos, mostraban, de hecho, el Adán y la Eva de una sociedad comunista y atea.

(Imágenes:- 1.- Rodchenko.-“Construcción espacio colgante ” nº 11.-Cuadrado dentro de un cuadrado.-1921.-Colección particular.-/ 2.- Rodchenko.-“Pionero trompetista”.-EFE.-elmundo.es/ 3.-Rodchenko.-“Construcción lineal” -1921.- Museo contemporáneo de Tesalónica.-Colección Georges Costakis.-elmundo.es)

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