HONRADEZ Y OBJETIVIDAD

“Escuchar a una persona que habla no es como volverla a escuchar a través de un aparato – decía Oriana Fallaci al repasar sus entrevistas en el magnetofón para publicarlas en “L’ Europeo”-. Lo que oyes cuando tienes un rostro ante ti no es nunca lo que oyes cuando tienes una cinta que gira. Unos ojos brillantes, unas manos que accionan, convierten a veces en aceptable la frase más idiota; pero sin esas manos, sin esos ojos, la frase aparece en toda su desconcertante idiotez. Por el contrario, una nariz desagradable, una actitud cohibida, desvalorizan a veces la frase más rica; y sin esta actitud, sin esta nariz, la frase adquiere toda su consoladora riqueza”.

Releo todo esto en el  prólogo a su libro de entrevistas  “Los antipáticos” (Mateu ) ahora que la figura de la periodista italiana es nuevamente noticia al publicarse su obra póstuma “Un sombrero lleno de cerezas” que acaba de lanzar Rizzoli. Oriana Fallaci fue una temible y extraordinaria entrevistadora a la que Kissinger quiso a su vez interrogarla antes de ser interrogado por ella como la propia Fallaci narra en “Entrevista con la historia” (Noguer),  y mantuvo también diálogos memorables, por ejemplo con Ingrid Bergman, con Federico Fellini o con la Duquesa de Alba. Con la Bergman confesó que era la primera entrevista que ella hacía ayudada con el magnetofón y la idea de depender de un objeto mecánico le ponía nerviosa; también la actriz  se puso nerviosa. “Pero nos animamos- dijo Fallaci -, y al fin todo resultó muy fácil”.

Pero en los dos prólogos a estos dos excepcionales libros de entrevistas, el nervio de la escritora italiana aparece como recordatorio de su personalidad debatida, una mujer que atrajo adhesiones y negaciones. En “Entrevista con la Historia” evoca estas palabras de Bertrand Rusell: “No te preocupes. Lo que sucede en el mundo no depende de ti. Depende del señor Kruschev, del señor Mao Tse-tung, del señor Foster Dulles. Si ellos dicen “morid”, moriremos. Si dicen “vivid”, viviremos”. “No consigo aceptarlo – añade Oriana Fallaci -. No consigo prescindir de la idea de que nuestra existencia dependa de unos pocos, de los hermosos sueños o de los caprichos de unos pocos, de la iniciativa o de la arbitrariedad de unos pocos. De estos pocos que, a través de las ideas, los descubrimientos, las revoluciones, las guerras, tal vez de un simple gesto, el asesinato de un tirano, cambian el curso de las cosas y el destino de la mayoría”.

 Por su parte, en el prólogo a “Los antipáticos“, al justificar las presentaciones que ella desea hacer a cada entrevista para enmarcarla luego dentro de un libro, escribe que “esto no será del agrado de los cultivadores del periodismo objetivo, para quienes el juicio es falta de objetividad; pero esto no me preocupa lo más mínimo. Lo que ellos llaman objetividad no existe. La objetividad es hipocresía y presunción, puesto que parte del supuesto de que quien comunica una noticia o facilita un retrato ha descubierto la verdad de la Verdad. Una noticia o un retrato no prescinden jamás de las ideas, de los sentimientos y de los gustos de quien suministra la noticia o el retrato. (…) Existe, puede existir, pues, sólo la honradez de quien facilita la noticia o el retrato: con esta honradez he escrito mis prologos”.

Oriana Fallaci como siempre, debatida, apasionada, independiente, lúcida, rebelde.

(Imágenes: Oriana Fallaci:especiales.diariosur.es/elmundo.es/beppegrillo.it)

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