“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (41): EL PERIODISMO Y LA UNIVERSIDAD

 

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS (41): El periodismo y la Universidad

 

18 junio

 

–Me he permitido hoy – me dice la periodista al entrar en casa y sentarse otra vez como muchas tardes en mi despacho – traerle el libro de un antiguo alumno suyo, Daniel Utrilla, un excelente profesional que fue corresponsal en Moscú durante once años y a quien usted le dio clase en segundo de Periodismo, esforzándose, según él relata, en enseñarle la profesión. Me gustaría que hoy habláramos de periodismo. O si lo prefiere, de docencia. Usted ha dedicado treinta años a la docencia y en un resumen que quiso hacer de su vida en Rusia este alumno suyo y que recogió en este libro, “A Moscú sin Kaláshnikov” , este libro que que tengo aquí, quiso dedicarle a usted años después varias páginas para evocar cómo eran sus clases y cuáles eran sus métodos. Permítame que le lea algunos de esos párrafos.

—Si, encantado. Recuerdo perfectamente a Daniel Utrilla, un excelente periodista, también con un gran sentido del humor y con muy buena pluma y que poseía además grandes habilidades para el dibujo. Por otro lado, fueron treinta años de docencia, como usted dice, que naturalmente no se olvidan. Toda una vida.

—Le leo entonces lo que dice de usted y de sus clases: “En mi segundo año universitario y en la asignatura de redacción nos impartía clase el periodista y escritor José Julio Perlado, que nos inculcó el periodismo sin medias tintas, echándonos a volar fuera del aula en busca de reportajes con la pluma como único astrolabio. El primer día nos asignó de forma aleatoria los temas de los reportajes que teníamos que hacer a lo largo del semestre y que asumimos con el fatalismo de un diagnóstico incierto. Algunos alumnos corrían espantados a cambiarse de clase tras aquel primer encierro, incapaces de soportar el aliento del periodismo real en la cara, espoleados por el pellizco de la timidez. Nunca entendí aquella estampida de futuros periodistas. A diferencia del resto de profesores, abonados al barbecho de la teoría, Perlado nos empujaba al río de la vida para pescar reportajes (“buscad lo insólito, lo humano”, repetía). Nos daba una palmadita en el hombro y nos mandaba a cruzar el Misisipí “¿Era exactamente así?

—Sí, así era.. Desde el primer día les mandaba a trabajar en la calle, donde estaba la vida, y no en el aula.

—Pero les propondría algunas normas…

—Sí, evidentemente les hablaba de conseguir y completar distintos puntos de vista ya que si no no existía el reportaje y les explicaba cómo hacerlo, cómo buscar siempre lo humano y lo singular, cómo saber estructurar las historias, descubrir originalidad en los personajes…. Pero esencialmente todo eso había que buscarlo en la calle, había que salir casi inmediatamente de la Facultad y encontrarlo en la calle.

-¿Y lo encontraban?

—Sí, lo encontraban. Con muy pocos años ya lo hacían muy bien, y algunos tiempo después han confesado a qué velocidad aprendieron y que además lo hicieron encantados, con pasión.

-¿Qué edad tenían entonces sus alumnos.., 21, 22 años?

—Sí, más o menos.

—Entonces les marcaría su primer reportaje…

—Sí, siempre marca el primer reportaje. Pero ellos se entusiasmaban con eso, se crecían, se estimulaban, indudablemente lo pasaban mal en algunos momentos porque tenían que buscar varios personajes, contrastarlos, organizarlos, entrevistarlos, en todos los casos hacer ellos mismos las fotografías, acompañar luego todo ello con una historia paralela para contar cómo habían actuado – una especie de Diario de trabajo, aportar los teléfonos, las fuentes -, pero todo eso para ellos era un reto, lograban siempre reportajes excepcionales. Recuerdo uno, por ejemplo, el de una alumna metiéndose con una linterna bajo la plaza de la Cibeles, cruzando todo el subsuelo y las calles subterráneas de esa plaza hasta llegar a los sótanos del Banco de España. Consiguió los permisos correspondientes y logró un reportaje excepcional. Otro sin duda muy valioso y muy bien hecho fue el de vivir y contar minuciosamente la historia del traslado ( el embalaje, los viajes, la colocación, la seguridad) de unos cuadros de una gran exposición: su traslado de un país a otro hasta que llegaron a una importante pinacoteca madrileña. Lo hacían ellos solos. No trabajaban en equipo, eran reportajes individuales, cada uno tenía que hacerlo solo, también las fotografías. . Así escribieron miles de reportajes que se multiplicaron a lo largo de treinta años, algunos publicados casi inmediatamente por los periódicos porque eran trabajos muy buenos. Otros tardaron algo más. Pero muchos se abrieron camino profesional en muy distintos medios, en radio, periódicos y televisión. Cada alumno tenía que realizar dos reportajes por curso, añadiendo, como digo, la historia diaria de cómo lo había hecho. Eran valiosos y jovencísimos autores.

—¿Y usted? ¿Recuerda su primer reportaje?

—Perfectamente. Fue un reportaje sobre la trashumancia. Tenía yo 23 años. Me acompañó un gran fotógrafo, Ramón Masats, que luego sería enormemente valorado en España y tendría una larga carrera llena de reconocimiento y de prestigio. Masats tenía en ese momento 28 años. Los dos nos fuimos a Soria, a los campos de Soria, a convivir día y noche con los pastores y con sus ovejas.

—¿Recuerda aún imágenes de aquello?

-Sí, naturalmente. Esas experiencias no se olvidan. Ha pasado el tiempo, e incluso recuerdo los nombres de los pastores con los que conviví aquellos días. Los apunté y se  me quedaron grabados. Se llamaban el Joven, el Encarnado, el Callado y el Niño; uno de ellos llevaba sólo dos meses casado y sentía mucho la ausencia de su mujer. Aquellos nombres los he recordado siempre… Como también los nombres de los perros que les acompañaban y a los que llamaban continuamente: “Leona”, “Violeta”, “Lanas”, “Aparicio”. Recuerdo perfectamente el tren de mercancías en que subimos y el vagón por el que fueron entrando tumultuosamente las ovejas y aún me parece oír los gritos conduciéndolas. Impresionaba el contraste de aquellos gritos con el silencio de la noche en el campo.

-¿Usted ha aplicado en sus clases lo que aprendió en su vida periodística?

—He intentado aplicarlo, por supuesto. Creo que siempre hay que acercarse al ser humano para conocerlo, y aprender a resolver conflictos. Me acuerdo que a muchos alumnos les decía: cuando usted venga a verme a mi despacho con un problema, tráigame las dos o tres soluciones que ha pensado para resolver el problema y juntos elegiremos la mejor o propondremos otra distinta. Pero no venga sólo diciéndome: tengo un problema. Hay que venir con el problema y habiendo pensado diversas soluciones.

José Julio Perlado

”Los cuadernos Miquelrius” – Memorias

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

HISTORIA Y PERIODISMO

 

Prácticamente todo cuanto está escrito en el periódico de hoy es historia, lo que aparezca en cualquier jornada sea cual sea el diario, la revista y su periodicidad, la grabación televisiva o radiofónica, muchos de los textos distribuidos por las nuevas tecnologías, todo ello es utensilio capital en el taller del historiador. El historiador investiga, rastrea los hechos ocurridos, compara, coteja versiones, acumula y selecciona, complementa lagunas, descubre indicios reveladores y, entre mil operaciones más, a veces se queda con la incógnita en el aire, tal y como si el enigma, a pesar de los datos, no consiguiera desvelarse.

Recordaba todo esto cuando hace algún tiempo leí el libro de Raymond CartierHitler:  al asalto del Poder”. Allí aparecía un párrafo inicial del doctor judío Eduard Bloch: “En mis cuarenta años de práctica médica nunca había visto un dolor tan desgarrador como el del joven Hitler”. Naturalmente, Adolfo Hitler tenía en ese momento diecinueve años y la fecha era el 23 de diciembre de 1908. Acababa de enterrar a su madre en el cementerio de Leonding.

 

 

Cartier intentaba culminar una obra de histora ayudándose con el amplio bagaje del periodismo. Se le había proporcionado la documentación que provenía de multitud de fuentes en gran número de países, especialmente de archivos privados y de colecciones de diarios y revistas del mundo entero. Flor de un día parecía una noticia en cualquier periódico del mundo, pero no era así. La noticia y sus variadas interpretaciones, las omisiones y deformaciones, así como las fidelidades a la verdad se entrecruzaban continuamente. El periodismo, a veces sin darse mucha cuenta, lleva consigo el peso enorme de una responsabilidad inmediata, asimismo proyectada hacia el futuro. El pasado se va reconstruyendo pieza a pieza por el historiador que puede ir hasta el escondite de los archivos secretos cuyo sello en silencio el tiempo desvela y hasta hace poco consultaba esas hemerotecas quizá ya polvorientas y hoy sustituidas por bancos de imágenes.

Cartier, como tantos otros grandes periodistas, entregaba en aquel libro su gran caudal de amplios estudios y lo hacía con la minuciosidad y el rigor que une al periodismo con la Historia, reflejada en una de sus frases: “Nunca he tenido otra profesión que la de periodista”. Y sin embargo era con esa profesión cuando cruzaba el umbral del historiador.

 

 

(Imágenes- 1- webdeapplecom 2- Stuart Davis- 1924 -artnet/3- Alain Pontecorvo)

LA FORMACIÓN DEL PERIODISTA

 

 

”La oportunidad del periodista está infravalorada – escribía Whitelaw Reid-. A él se le dan las llaves de todos los estudios, la entrada a todas las familias, el oído de todos los ciudadanos cuando están más tranquilos y en el más receptivo de los estados de ánimo: tiene un poder de acercamiento y de persuasión superior al de un pastor protestante o un confesor católico. No es ni mucho menos un profeta, pero, dicho sea con todo respeto, es una voz en el desierto, preparando el camino. No es ni mucho menos un cura, pero su voz llega más lejos que la de este, y predica el evangelio de la humanidad. No es un rey, pero cultiva y entrena al rey, y el país se dirige a través de la opinión pública que él evoca y modela.  Si valoras este buen país que el Señor nos ha dado, si tomarías parte en esta civilización maravillosa, pon buen cuidado en la educación y la formación de tu rey”.

(Imagen – Bernard Fleetwood Walker)

EDUARDO ARROYO

 

Hace diez años escribí en Mi Siglo sobre él.

“El cuadro que se escapa“, lo titulé.

Hoy se ha escapado definitivamente de la vida aquel compañero mío de la Escuela Oficial de Periodismo de la calle de Zurbano de Madrid con el que compartí muchas horas. Su figura sigue en mi recuerdo.

Descanse en paz.

 

 

(Imágenes – 1- Eduardo Arroyo – tiempos modernos/ 2- Eduardo Arroyo – ctxt)

LOS MICRÓFONOS NOS COMERÁN

 

 

“En nuestra época se habla decididamente demasiado, nos empujan a ello los medios de comunicación, la radio, la televisión, los micrófonos, las grabadoras, ideas e inventos que antes no existían. Hasta hace poco la Tierra se deslizaba por el universo en relativo silencio. Ahora, si pudiéramos oír todo el barulllo en las ondas de radio, el gigantesco jaleo cósmico (…) sin embargo, hay ocupaciones que exigen sobre todo recogimiento y silencio. Aquí empieza el malentendido;  por ejemplo, hay escritores que conceden entrevistas antes de escribir el libro, durante el proceso de escritura y después de haberlo escrito. Si dicen cosas importantes, perfecto, pero un micrófono pegado de repente a los labios muy raras veces consigue sacar de ellos algo inteligente.

Ahuyento a los periodistas porque en su mayoría me proponen conversaciones que no me interesan; preguntan por mis colegas, la poesía y en qué estoy trabajando ahora, pero yo doy la callada por la respuesta. Cuando murió Fellini a nadie se le ocurrió que a lo mejor yo tenía algo que decir de él, fue alguien especialmente importante para mí. Se pregunta a la poeta por la poesía, a los cineastas por Fellini, ¿por qué no al revés?

 

 

-Entonces, ¿por qué ha accedido usted a hablar conmigo? – preguntaba un periodista impaciente.

-Porque contesto a las preguntas a las que tengo ganas de contestar. Si nuestra conversación aparece publicada, la copiaré y en las eventuales propuestas de más entrevistas entregaré ésta; gracias por hacerlo posible.”

Wislawa Szymborska“Los micofonos nos comerán” – entrevista realizada el 30 de noviembre de 1993

 

 

(Imágenes-1-Kenny Schart- 1984-  artnet/2-aparato de radio telefunken/3- Juan Gris)

ESTO ES TRASHUMANCIA ( y 3)

 

 

”Pasa un día así, largo y pesado. Un día que retrata mi cuaderno, y como éste, cientos de días iguales  y extendidos que nadie encuentra. Al atardecer, camino de Soria, el Joven acaba confesándome que desde meses es casado; se le avivan las miradas al hablar; desde hace dos meses es casado y es la primera vez que se separa… Camino de Soria está Numancia, soledad, historia que nos contempla. Ya se ven más gentes, arrapiezos, ancianos, mujeres; algun buey, un último reflejo que quita el frío, calienta y no quema. Y después, la noche.

Una vuelta en el día. La madrugada cambia nuestro paisaje. Es lomo sobre lomo, por las calles de Soria, como llegamos a la estación: se ha muerto el campo. En la placita situada detrás de Correos hacen parada olores, ruido de pasos. Ya se van los pastores  a la Extremadura, y un silencioso encierro, un entierro, penetra en el corral. Se está quedando la tierra triste, oscura, y alguien grita “¡Eska, eska, eska la Vieja!”, azuzando las varas. Ya se van los pastores, ya se van marchando…; más de cuatro zagalas quedan llorando, y unos bobalicones  miran boquiabiertos sobre las vallas, por entre las rendijas.

 

 

Es la hora en que el ganado presiente que todo va a ocurrir.  Están agazapadas, revueltas, defendidas; son como enorme alfombra de orejas y pupilas, de patas, corazones, blanco color, pezuñas escondidas. Caras juntas y ojos abiertos. Poco a poco van entrando al fin. Es un callejón que lleva a los vagones. “¡Eska, eska, eska la Vieja!”, gritan los hombres del cayado. Con las dos manos, el Niño, el Joven, el Encarnado, colocan bien alguna cabeza torcida. Se las anima en el lomo con el palo. Pero no entran. Tienen que hacerlo los pastores en el callejón, pequeña plaza de toros de estación soriana, donde el público son los barrotes de vagones que esperan. El Joven entra el primero; ha de ponerse en cuclillas, ha de estirar su brazo y, alcanzando una oveja, atraerla hacia sí, abrazarla, él, casado de meses, la ilusión, el empuje, y la gracia. Y tras esa oveja otra y otra, hasta ochenta y cuatro. Hasta que, sofocado, enfebrecido, aplastado casi entre patas, oculto entre balidos, con un rasguño en la frente, con los ojos empañados de vapor, él, el casado de meses, el Joven, sale a rastras del vagón y cierra con candados. “¡Jalí, jalí “, dicen empujándolas. Y otro piso de vagón, y otro, y otro. Y más tarde otro vagón, y un segundo que aguarda, y un tercero que mira allí, en la estación, inerme.

 

 

Los ruidos no son campo ahora. Son bastonazos que resuenan mejor, son gemidos más claros; el sabor es pólvora. Pero este rebaño ha de ir en el ferrocarril como sea, amparado por el mayoral o no amparado, guardado por pastores, por el mansero, por los zagales, por los perros. A este rebaño le habrá de recibir el invierno en Extremadura. Por ello, porque ellas lo saben, entran despacio, asustadas, temblonas. Algunas se escapan de las manos, algunas se atrasan, algunas ya no balan. Media sombra de corral y medio sol en los tendidos de este encierro. “¡Eh, fíjate! “, dicen los bobalicones. “¡Hasta mayo no vuelven; menuda vida se pegan!” Y no saben ellos, los bobalicones, que el vagón cerrado con hierros las rodea de soledad y miedo. Ellos no saben que algunas, ya colocadas, aún se revuelven, cambian de postura, intentan escapar. En el piso bajo, en el entresuelo de barrotes y candados, caben más, entran mejor, pueden andar y moverse mientras los pensamientos del viaje rozan entre ellas. Pero en los áticos y en las azoteas, como enclaustrada su blandura, gimen y se lamentan en letanía, en animal oración. Cuando alguna no quiere entrar y se hace la fuerte, se busca un manso de cencerro grave que camina y camina anestesiándolas, adormeciéndolas, encantándolas, quitándolas la fuerza.

 

 

Suena un patear de ganado en la madera del vagón. Es como la explosión de la libertad ahogada, ese mirar férvido y caliente de las protestas. No se las logra dominar porque son criaturas, y ni con boinas al aire ni con varas se consigue esparcirlas. Cuando la última no se rinde, el Joven la coge en brazos y la mete entre gritos.  Existe hecha por Dios una lana en el lomo donde la mano aprieta. Existe un pie que empuja, un perro que las muerde y una voz extraña, rara, que las desconcierta. La recién nacida de la mañana es mezclada entre las sombras del vagón. Es su primer embarque. “Navegamos”, dicen los pastores clavando travesaños y cerrando las puertas. Navegamos con los ojos pardos, con los olores fuertes, con las piernas esbeltas. Son las doce en punto en mi cuaderno. La cámara se va retirando de los vagones y recorre en primer plano a los hombres, a los caballos, a las mantas. Película de Soria. Esta es la trashumancia de las ovejas”.

José Julio Perlado “Esto es trashumancia”  – (publicado en el Diario “YA” el 29 de noviembre de 1959, con imágenes del gran fotógrafo español Ramón Masats– Juntos hicimos el viaje y el reportaje- Masats tenía entonces 28 años; yo 23)

 

 

(Imágenes -1- trashumancia – voxpopuli/ 2- Ramón Masats -ara cat/ 3-trashumancia- 20 minutos/ 4-trashumancia- origen/ 5-Soria- el Semanal)

ESTO ES TRASHUMANCIA ( 2 )

 

 

Ramón Masats tenía entonces 28 años y yo tenía 23. El gran fotógrafo español y yo recorrimos juntos durante varios días los campos de Soria y de allí surgió este texto que hoy incluyo aquí , rememorando un reportaje y una experiencia realmente inolvidables:

 

”Amanece al mismo color con que soñamos despertarnos. Los ruidos son llamadas: una campana y una esquila. El paso de las ovejas, pequeños golpes que tientan al sol hasta que el sol asoma. “Y ahora navegamos’, dicen los pastores. Es verdad que este vocablo de la sierra soriana es palabra de mar, no de esta tierra. No de la tierra rugosa, que es fría a mi contacto y es vieja. Retrasan las ovejas los gemidos, husmean los arbustos; una piedra que hondea entreabre  un matorral y espanta una cabeza. Pegada a la madre, la recién nacida de la mañana trota su blanda caminata y embiste al aire. Este viento es la cola de octubre. Hacia el valle de Alcudia, hasta la región mariánica, hasta  esa Mancha, o Andalucía, o Extremadura de España, el olor del rebaño cuelga de las pupilas humedecidas, de las lanas musgosas, de las vértebras. La recién nacida de la mañana torea al matorral y los perros la rodean. Su bautizo será  esta laguna verde, fango desde los bordes, donde las blancas patas chapotean. He aquí el bautizo de Dios sobre una niña oveja. Se para ante el agua, duda, está indecisa; la apretujan los perros y cae de bruces; se baña, llora; luego, paso a paso, se endereza. Tiran los pastores unas piedras. “Tiren de nuevo – he de decirles  -. Es para hacerles una foto tirando piedras.” Luego se ríen de nosotros; me contestan: “¿Quiénes? “. Los que nos conozcan. “¿Por qué?” “Porque somos mucho feos”, me grita el Joven; y sin embargo tira una piedra. La recién nacida ya va delante, va entre dos madres, una adoptiva, otra verdadera. Ocho mulas y un perro se separan aparte. Suenan más voces: “¡Jaco, Jaco! ¡Ven por la manta!”. Luego, un silencio. “¡Hay que echarla en las yeguas!” “¿Lo qué?” “¡La manta!” Y se alejan.

 

 

Esto es trashumancia. Un rebaño de de seiscientas cincuenta cabezas que avanza entre “Leona”, “Violeta” y “Gento”, el “Lanas” y “Aparicio”, la jauría de perros guardianes que escoltan su presa. Cordel de trashumancia, sombras nómadas, orilla de pastores, caballerías, sol, balidos y tierra. El ejército de las ovejas asoma su frente de ojos doloridos, de húmedas lenguas. Miro mi reloj: diez y media; diviso un puente. Gallinas que de repente callan y cencerros que de pronto no suenan. Hemos parado. Se come de pie; se pican menudillos, jamón;  se bebe vino; las navajas se pinchan en tarteras. Después se lían los cigarros y se charla. Pregunto po un hombre apartado, un extremeño.”¿No es pastor?” Estaba esta primavera en la carretera. “Es viudo”, me dicen. Y se avergüenzan. Vuelve el camino al orden, ladran los perros, los caballos se yerguen, rompe a soñar el rumor de campana que cuelga de una oveja. Todas derrás del manso, silenciosas y estrechas. Todas por el itinerario de la cañada, como procesión de monte, paciente andar de sacrificio del que no se conoce la ofrenda. España, y pisándola, balando sobre ella, Soria, Guadalajara, Madrid, Toledo, Ciudad Real, la Mancha entera. España, y pisándola, bailando sobre ella, pestañeos, latidos, soplos, sudor, silbo, tierra. Toda nuestra jornada. Anual descubrimiento del Joven, del Callado, del Niño, el Encarnado, el perro, el matorral, el arbolado, la lana, los cencerros, el aire, la comida, la bota y la chaqueta. Esto es trashumancia. Albarcas, los zahones, el cayado y la pana, la boina y la pelliza, el alma entre la manta, la manta entre la lana y la lana en la oveja.”

José Julio Perlado – “Esto es trashumancia” – ( publicado en el periódico YA el 29 de noviembre de 1959)

 

 

(Imágenes -1- Ramón Masats -tendencias del mercado del arte/ 2- trashumancia – asociación forestal de Soria/ 3- trashumancia – destino Castilla y León)

ESTO ES TRASHUMANCIA (1)

 

 

Ramón Masats tenía enonces 28 años y yo tenía 23. El gran fotógrafo español y yo recorrimos  juntos durante varios días los campos de Soria y de allí surgió este texto que hoy incluyo aquí, rememorando un reportaje y una experiencia realmente inolvidables:

”El Joven, el Callado, el Niño, el Encarnado… Con un dedo aprietan la carne en el pan y cortan, comiendo. Es noche cerrada en los montes de Soria. El Joven, el Callado, el Niño, el Encarnado… se envuelven en mantas. Doblan el cuello para beber, y a los ojos del cielo se les ve de qué forma desaparece el vino en el gaznate. Después pasan la bota. Me la pasan a mí, que no me conocen. Pinchos de palos tuestan la fogata. Más tarde nos rozan lomos de caballerías. Estamos apretados; son pastores; estoy yo: somos sombras de oscuridad, tristeza de vísperas. Pienso : “ Esto es trashumancia”. Esto es callada, silenciosa procesión sin  “cámaras”. Aquí no “se rueda”;  a esta montaña no llega nunca el cine; aquí estoy yo y mi cuaderno, las cazuelas, los cayados, las capas. Siguen comiendo. Cenamos entre ovejas, con pan, sentados sobre sacos, dormimos contra tapias. Pienso : “Esto es trashumancia”. Camino, balido, senda; la ganadería soriana que anda por el cordel de la tradición, el censo de los cencerros, de los mansos; las merinas que muerden la hierba. Esto es trashumancia que, desde el pico a la capital, en un mar de cabezas, baja y baja, orillando Arquijo y La Poveda, dejando atrás Los Santos y Vizmanos, perdiendo rastros  de El Collado, de Ledrado y de Oncala, de toda la sierra. Esto es trashumancia. Casi enseguida el Joven me mira.. ¿Qué habla? Nada hablo. Pienso. Me  arrebujo en la manta y miro a todo el círculo. Es como si reconociera mi aldehuela.

 

 

He venido subiendo con linterna. Luego he saludado, he ofrecido mi mano y me he sentado. Es casi medianoche. Pan y aceite regala el cielo a los que, como yo, buscan cena improvisada. Pregunto : “¿Cómo se llaman?” “García nos llamamos”. Y José. Y este, el Extremeño. Y ésa, la “Rubia”, y la “Bretona”, y la “Torda”, y la “Romera”. Y ésta, la “Potra”. Son las caballerías. Después me invitan a fumar. Las merinas y las churras duermen: aún no las conozco. Les digo: “ ¿Van todos en familia?” Pero en este momento, de noche, suenan pocas respuestas. Reposan cabizbajos; me cuentan tras silencios que son hombres cansados, muy lentos. Boinas sobre los ojos les van tapando las ideas. Pinchan con navaja; no miran a la carne; comen poco, con desgana, con pereza. Muy caliente, un perro escapa de las brasas y se tumba sobre las chaquetas. “¿Son de aquí?”, les insisto. “Somos de Vizmanos”, es lo que me contestan. Y en en el suelo, de rodillas, sentados, dibujan algo mientras el silencio va rodando y rodando, y algo mágico como lo que dibujan les va dejando dormidas todas las piernas.”

José Julio Perlado“Esto es trashumancia” – (publicado en el periódico YA el 29 de noviembre de 1959)

 

 

(Imágenes -1- Ramón Masats- 38ymas com/ 2- trashumancia – el Mundo/ 3- trashumancia – desdeSoria es)

TOM WOLFE Y “El NUEVO PERIODISMO”

 

 

“Si se sigue de cerca el progreso del Nuevo Periodismo a lo largo de los años sesenta – decía Tom Wolfe, recientemente fallecido – se observará un hecho interesante: que los periodistas aprenden las técnicas del realismo – particularmente de Fielding, Balzac, Dickens y Gógol – a base de improvisación. A base de tanteo, de “instinto” más que de teoría. Esa fuerza extraordinaria surgía principalmente de sólo cuatro procedimientos. El fundamental era la construcción escena- por – escena, contando la historia saltando de una escena a otra y recurriendo lo menos posible a la mera narración histórica y registrar el diálogo en su totalidad. Eso constituía el procedimiento segundo.

 

 

Es decir, el diálogo realista capta al lector de forma más completa que cualquier otro procedimiento individual. Al mismo tiempo afirma y sitúa al personaje con mayor rapidez y eficacia que cualquier otro procedimiento. (Dickens sabe fijar un personaje en tu mente de tal modo que tienes la sensación que ha descrito cada pulgada de su apariencia.., sólo que al volver atrás  descubres que de hecho se ha ocupado de la descripción física en dos o tres frases; el resto lo ha conseguido con diálogo.) Los periodistas estaban trabajando con el diálogo como totalidad.

 

 

El tercer procedimiento  era el “punto de vista en tercera persona”, la técnica de presentar cada escena al lector a través de los ojos de un personaje particular, para dar al lector la sensación de estar metido en la piel del personaje y de experimentar la realidad emotiva de la escena tal como él la está experimentando. Los periodistas habían empleado con frecuencia el punto de vista en primera persona – Yo estaba allí – igual que habían hecho autobiógrafos, memorialistas y novelistas. Sin embargo, esto significa  una grave limitación para el periodista, ya  que sólo puede meter al lector en la piel de un único personaje -él mismo – un punto de vista que a menudo se revela ajeno a la narración  e irritante para el lector. Según esto, ¿ cómo puede un periodista, que escribe no-ficción, penetrar con exactitud en los pensamientos de otra persona? La respuesta se reveló maravillosamente simple: entrevistarle sobre sus pensamientos y emociones, junto con todo lo demás.

 

 

Y el cuarto procedimiento – seguía diciendo Tom Wolfe – ha sido el que menos se ha comprendido. Consiste en la relación de gestos cotidianos, hábitos, modales, costumbres, estilos de mobiliario, de vestir, de decoración, estilos de viajar, de comer, de llevar la casa, modos de comportamiento frente a niños, criados, superiores, inferiores, iguales, además de las diversas apariencias, miradas, estilos de andar y otros detalles simbólicos  que pueden existir en el interior de una escena. ¿Simbólicos de qué? Simbólicos, en términos generales, del status de vida de las personas, empleando ese término en el sentido amplio del esquema de comportamiento y bienes a través del cual las personas expresan su posición en el mundo, o la que creen ocupar, o la que confían alcanzar.

 

 

La relación de tales detalles no es meramente un modo de adornar la prosa. Se halla tan cerca del núcleo de la fuerza del realismo como cualquier otro procedimiento en la literatura. En él radica la esencia misma de la capacidad para “absorber” de Balzac, por ejemplo. Balzac apenas recurría al punto de vista en el sentido de refinamiento con que Henry James lo empleó más tarde. Y sin embargo el lector termina con la sensación de que ha estado aün más completamente “dentro” de los personajes de Balzac que los de James. ¿Por qué?  Porque Balzac acumula detalles implacablemente y al mismo tiempo con tanta meticulosidad que dispara los recuerdos del lector sobre su propio “status”, sus propias ambiciones, inseguridades, deleites, desastres, además de las mil y unas humillaciones y golpes que su condición recibe en la vida cotidiana y los dispara una y otra vez hasta que crea una atmósfera rica y absorbente.”

Así relataba la esencia del “nuevo periodismo”  Tom Wolfe, que acaba de morir.

Descanse en paz.

 

 

(Imágenes -1- André Derain – 1914 – museo sindicate/ 2- Juan Gris/ 3- Stuart Davis – 1924 – artnet/ 4- Bernard Fleetwood walker/ 5- Larry Fink- artnet/ 6- Tom Wolfe- rolling stones)

MAYO 1968 ( y 2) : OCUPACIÓN DEL TEATRO ODEÓN

 

“ El 15 de mayo de 1968 viví en París un espectáculo inaudito y sorprendente : la imagen luminosa, desordenada y nocturna del Odeón, del teatro Odeón, ocupado por los estudiantes y los obreros y abierto de par en par día y noche a todas las gentes. Estuvo así, noche y día abierto el teatro Odeón durante veintinueve días. Si se pudiera escribir una obra insólita para ser representada de modo espontáneo por los ciudadanos sin duda no habría otra mejor que la compuesta por aquellos diálogos nocturnos interminables a los que muchas noches asistí en el Odeón, aquellas conversaciones y reproches lanzados a gritos de un palco a otro palco y de butaca a butaca. No hay ningún director a quien se le ocurra tal representación. “¡Reinventad la vida!”, se gritaba desde un extremo a otro de la sala, “¡Vosotros sois el arte!”, se lanzaba desde otro lugar, “¡ Vosotros sois la revolución!”, se contestaba desde otro palco. Todas estas exclamaciones quedaban enmarcadas por los carteles que inundaban los pasillos : “La revolución es una iniciativa”, se leía en uno, “Abraza a tu amor sin dejar tu fusil”, “Cuando la Asamblea Nacional se convierte en un teatro burgués, todos los teatros burgueses deben convertirse en asambleas nacionales”, “¡Sean sucios, pero azucarados jamás!”. Y aún me parece verme allí, leyendo aquellos “grafittis” que cubrían las escaleras y rincones del teatro y a la vez en el momento en que, desconcertado por cuanto estaba ocurriendo, volví a entrar en el gran patio de butacas permanentemente iluminado por las lámparas y levantando la vista hacia el techo quedé admirado por la belleza de aquel asombroso decorado azul en oro y púrpura, un admirable techo creado por André Masson y en el que podían contemplarse figuras inspiradas en Esquilo, en Shakespeare y en Claudel, enlazándose la pintura moderna con motivos plásticos del siglo XVlll. Aquel patio de butacas multicolor, invadido entonces de rostros, gorras, atuendos de mujeres y de hombres, madres de familia, oficinistas, comerciantes de barrio, obreros, agitadores, actrices, estudiantes – unos 4000 estudiantes se dijo que pudieron entrar y salir a distintas horas y en distintos días por las puertas abiertas de aquel teatro cuyo aforo no superaba el millar -, todos esgrimiendo a gritos las palabras, sus incesantes propuestas, los improperios y las ideas cruzadas desde los palcos a las butacas, todo aquel patio, como digo, me remitía de pronto, por una extraña asociación de ideas, a lecturas mías de tiempos pasados cuando aún estudiaba en la universidad y descubría, fascinado por su vanguardismo, aquella pieza de Pirandello, “Esta noche se improvisa”, escrita por el autor siciliano casi cuarenta años antes, en 1930, y en la que se representaba una especie de “teatro en el teatro”.

 

 

Allí, en aquella obra de Pirandello, yo recordaba que los espectadores/actores confundían e intercambiaban sus voces y sus gestos sin seguir un aparente argumento – hablándose también ellos desde los palcos y desde las butacas, e incluso alargando su interpretación por el vestíbulo y continuando en el desempeño de sus papeles durante el entreacto – bajo la dirección, recuerdo, de un tal doctor Hinkfuss que corregía, limitaba y reordenaba las intervenciones de los asistentes pero igualmente modificaba los elementos de la luminotecnia, los coros ambientales y la decoración. ¿Qué relación tenían el arte y la vida? El doctor Hinkfuss – la voz de Pirandello – aseguraba que el arte era el reino de la creación realizada, mientras que la vida se mostraba en una formación continuamente mudable. Ahora yo estaba allí, a altas horas de la noche, en el patio de butacas del ocupado teatro Odeón de París en el que desembocaban muchas vidas de las gentes, de los barrios, de las familias parisinas de la orilla izquierda y derecha, cada una transportando su protesta y enarbolando también su pretendida solución, vestidos de ellos mismos, con sus ropas de casa o de trabajo, y apareciendo a la vez como personajes inesperados (casi pirandellianos) y como actores que, sin querer, desarrollaban una insólita función. Aquello era parte del teatro de la “revuelta” y parte también de una erupción social que quería sabotear de inmediato todo lo “cultural”. Era un espectáculo que iba precisamente en contra de la industria del espectáculo y a favor de la creación colectiva y de la directa acción revolucionaria. La formación continuamente mudable de las vidas de las gentes, como aseguraba el doctor Hinkfuss, estaba allí representada y en el escenario, junto a una larga mesa desnuda que podía ocupar cualquiera en cualquier momento, se levantaban dos banderas, una roja y otra negra, y un enorme estandarte en que se leía : “Estudiantes-Obreros, el Odeón está abierto”. Y aún más: aquella singular representación había desplazado y arrojado a los despachos interiores al verdadero director del teatro, Jean- Louis Barrault, y ese gran actor, mimo y director francés, tras haber intentado negociar en vano con los ocupantes, no podía ya hacer otra cosa que salvar de posibles pillajes los archivos más capitales y los objetos de gran valor.”

(Imágenes -1-portada del libro sobre mayo del 68/ 2- Pirandello escribiendo)

EL DETALLE EN EL ARTÍCULO

 

“Al escribir en la prensa o en Internet siempre los temas están ahí, en la vida, en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, en las grandes cuestiones eternas con las que se enfrenta al ser humano (vistas generalmente, sin embargo, desde un ángulo significativo, desde un detalle preciso, como una pequeña puerta que se abre a la amplia consideración del artículo).

“Ese detalle, el hallazgo inesperado de ese detalle, no es fácil encontrarlo. Se requiere ir con los ojos abiertos, una apertura que se llama atención. “Para hacer un periodismo real y tangible ‑recordaba Plaes indispensable una curiosidad, un interés por las cosas de la historia y de la vida”. Sin esa curiosidad se camina con los ojos cerrados y aplicándolo a este oficio del periodismo esa ceguera lleva a la destrucción. No se es periodista ‑ni siquiera se disfruta como ser humano‑ porque la vida aparece como un muro, una masa compacta y rutinaria en donde no cabe el asombro. “Yo he sido periodista toda la vida ‑seguía diciendo Pla‑, porque he tenido toda la curiosidad que me ha permitido la existencia y porque me gusta comunicar a los conciudadanos lo que, por una razón u otra, he podido observar.”

 

 

Pero el detalle está ahí, hay infinitos detalles escondidos en las arrugas de un rostro, en el brillo de unas pupilas, en los giros de una mano, en una modulada entonación, en la manera como un político le señala el cielo a otro político, porque los dos aún no saben de qué hablar y de alguna forma ese color del día, de la temperatura del día los une, les hace sonreír forzada y protocolariamente, y les ayuda a romper el hielo… Todo está lleno de detalles en las individuales existencias y en las grandes cuestiones del mundo. El periodista ‑el articulista‑ va en busca de esos detalles y en esos detalles encontrará muy posiblemente sus temas.

“No se cansará este cronista ‑ha escrito González Ruano‑ de dar gracias a las agencias periodísticas que recogen noticias mínimas y pintorescas con las que los periódicos llenan huequecitos de poca importancia pero necesarios en la confección de sus páginas. Muchas de estas pequeñas noticias, que pocos leen, son para este cronista la base de sus artículos. Lo más difícil en una colaboración de muchos tentáculos y de una sistematización bien ordenada no es la materialidad de escibir, sino encontrar un tema que tenga siquiera condición de pretexto, y que vaya medianamente con nuestros gustos y preferencias.”

 

 

El gallego Álvaro Cunqueiro, por otra parte, tomaba de las fotografías de agencias que se publicaban en la última página de Faro de Vigo motivo para sus comentarios. A veces no buscaba los temas, simplemente los encontraba. Se surtía para escribir sus textos de lo que veía en televisión o escuchaba por la radio, o simplemente de lo surgido en las conversaciones con los amigos. “Un amigo ‑escribía por ejemplo en Faro de Vigo en 1974‑ que escuchó un artículo mío en Radio Nacional de España, en el que yo decía que ya no se encontraban en el país gallego gentes que hubiesen visto la Santa Compaña (…) se muestra conforme conmigo (…) pero me asegura que sueltos, cada uno por su lado, andan por los caminos unos cuantos inquietos. (…) Pero a mi amigo, lo que le preocupan son esos secretos, casi niebla, figura de viento, que andan por ahí, pasajeros vespertinos silenciosos, y sin duda difuntos. Cuando me despido de él, me retiene por un brazo (…) y me dice que también habría mucho que hablar del cadáver de Evita. (…) Lo del traslado del cadáver de Evita desde la quinta peronista de Madrid al ‘altar de la patria’ en Buenos Aires, es operación política”. “Ayer ‑comentaba en otra ocasión el mismo Cunqueiro‑ estaba viendo, después de almorzar, la televisión. Y daban en ella un reportaje sobre la visita de los reyes de los belgas al Japón. Fabiola y Balduino iban a ver una representación de ‘kabuki’ ‑el locutor de la televisión le llamaba ‘kiburi’; por televisión se oyen siempre muchos disparates de este tipo, (…)‑ El drama que vieron Balduino y Fabiola era ‘La muerte de Susiku una mañana de viento’ (…) La hermosa Susiku fue muerta por Nakko (…).” Y así Cunqueiro proseguía con su cultura y erudición caminando a través de una prosa mágica y personal como la que él tenía hasta cubrir por entero uno de sus textos.

 

 

Camba, a su vez, procedía de forma parecida. “Leía yo recientemente una estadística del doctor Rokeby sobre el tiempo que pierden los hombres en hacerse el nudo de la corbata ‑escribía en su artículo Una estadística impresionante, en 1944‑. Suponiendo que, por término medio, pierdan tan sólo un minuto, ello arrojaría por cada millón de hombres el total de un millón de minutos, lo que, en un país como España, se elevaría en seguida a la fabulosa cantidad de doscientas mil horas diarias, o sea veinticinco mil jornadas de ocho horas. Es decir, que invirtiendo en otras actividades el tiempo que emplean en anudarse la corbata, los españoles, según el doctor Rokeby, podrían hacerse muy fácilmente cada mes un túnel, un rascacielos, un puente, una carretera, un buque o un aeródromo.”

José Julio Perlado – “El artículo literario y periodístico – Paisajes y personajes”, págs 24-26

 

 

(Imágenes -1-Jacek Malczewski– 1907/ 2-Vincent Giarrano/ 3-Bernard Lamotte- 1940/ 4- Georges Dambier– 1952/ 5- David Lyle)

ENTREVISTAS EN RADIO Y TELEVISIÓN

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“La televisión se presta a la polémica, a la confrontación, a la dramatización – recordaba el gran entrevistador Jean-Pierre Elkabbach – . Cada medio tiene su estilo, su decorado, su luz. En la radio existe una presencia casi física, pero es necesario que haya un contenido. Una persona habla con otra persona y las dos se dirigen a una tercera persona que es el oyente. En la radio hay un lado muy intimista, se mira derecho a los ojos, se habla en mangas de camisa. Por ejemplo, cuando entrevisté en la radio a Miterrand le pregunté si podía quitarme la chaqueta y desanudar mi corbata; él también lo hizo; no lo supo nadie. Fueron dos horas con el presidente, sin fotógrafos ni colaboradores, únicamente nos acompañaba un técnico.

En televisión se tiene tendencia, en cambio, a sustituir la imagen y el espectáculo por el contenido de la palabra. Pero en los momentos donde la televisión es verdadera, auténtica, y cuando ella pone en confrontación a las gentes, entonces es sublime. A veces me he sentido bloqueado, ya que si mi interlocutor no quiere responderme, ostensiblemente cambio de tema. Pero en la primera ocasión que puedo y cuando el personaje no espera ya mis palabras, vuelvo sobre la cuestión enfocándola desde otro punto de vista. Nunca la dejo. Y siempre pienso además: cuanto más corta sea la pregunta ella será más eficaz”.

 

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Otro excelente entrevistador, Patrick Pesnot, recordaba que “la entrevista en televisión es más rica que en la radio puesto que muchas veces es la búsqueda de la emoción antes que de la información. Una voz que falla un poco en la radio lo pasa mal; mientras que un rostro que vacila, un silencio que se alarga, eso es formidable en la televisión. Y también unos ojos que rehuyen nuestra mirada. Pero es necesario olvidar todos los instrumentos y aparatos que hay detrás. Si esto ocurre, se consigue que sean muy auténticas las gentes a quienes preguntamos. Recuerdo una de mis mejores entrevistas: una mujer que iba a morir de cáncer. Ella lo sabía. Era un prodigio de vida, de calor, de fuerza, de humor. El día de la entrevista se maquilló cuidadosamente hasta transformarse en una mujer hermosa. Nunca se me olvidará”.

 

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En el campo de la literatura, Bernard Pivot, el magnífico presentador de “Apostrophes”, anotaba para la entrevista televisiva una serie de reglas: 1.- hacer preguntas cortas; 2-  considerar que cualquier respuesta, aunque sea decepcionante, es más importante que la pregunta; 3-  no olvidarse nunca de que también es el telespectador quien hace la pregunta y que también él escucha la respuesta. “Tengo una forma de ser, de escuchar, de hablar y de replicar que forma parte de mí , que ya existía antes de meterme en la televisión y que seguirá existiendo cuando la deje – añadía Pivot -. Mucha gente piensa que por el modo de hacer preguntas y conversar delante de las cámaras, el periodista debe comportarse de forma distinta a como lo haría cuando habla con alguien en su vida cotidiana. Yo, en cambio, no veo más que puntos  en común entre ambas situaciones, salvo que, obviamente, en la televisión el tiempo siempre se te echa encima y tienes que darte más prisa que si estuvieras en tu casa o en la calle, y que todas las palabras deben ser “útiles”. Pero en el trajín de la conversación, ¿cómo  puede uno ser distinto a como es en su fuero interno? A menos que sea un actor fabuloso”.

 

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(Imágenes.- 1- Jean -Pierre Elkabbach y Giles Bouleau  entrevisando a Putin- 2014/ 2.-  Alejandra Laviada/ 3.-Sipho Mabona– 2014/ 4.-Adolph Gottlieb -1962)

CORRESPONSALES (1)

 

figuras-hu- Howard Hodgkin

 

Algunos corresponsales de El País han debatido estos días las peculiaridades del oficio y lógicamente dejaron claras las dificultades actuales del periodismo. El trabajo del corresponsal ha quedado sustancialmente modificado en razón de las nuevas tecnologías pero también cercado por muy diferentes presiones. La historia y las opiniones de antiguos corresponsales que reflejaron una época quise resumirlas en”París, mayo 1968” y allí aparecían las impresiones que sobre su trabajo hacía, por ejemplo, Xavier Batalla, corresponsal de “La Vanguardia” en Londres desde 1986 a 1989.

 

figuras- ubgr- Helen Frankenthaler

 

“Desayunarse – escribía Batalla – con dos páginas de artículos de The New York Times, merodear por la Cámara de los Comunes después de asistir al ejercicio dialéctico del “Question Time” (preguntas al primer ministro) y cubrir un entierro sangriento en el cementerio católico de Milltown, en Belfast, tanto bajo el punto de mira del Ejército británico como del  Ejército Republicano Irlandés (IRA) pueden resumir los placeres y los desafíos de un corresponsal en el extranjero. Un trabajo extraordinario, si no fuera porque hay que escribir cada día.

El trabajo de corresponsal varía según los países. Nunca ha sido igual trabajar en el  Moscú soviético, donde los portavoces oficiales sólo eran lo segundo, que en Londres, donde siempre han sido más portavoces que oficiales. Pero ser corresponsal es lo mismo en Moscú que en Londres. Las ventajas y los inconvenientes son distintos, pero se trata del mismo trabajo: explicar a unos lectores qué sucede en otro país, por lo general muy distinto, analizar los acontecimientos y responder a las exigencias de una redacción o plantear a una redacción las peticiones de un corresponsal.

 

figuras-ews- Paul Klee- mil novecientos catorce

 

(…) Un día en la vida de un corresponsal europeo puede ser una cosa extraordinaria o nada del otro mundo. Pero cada día, por lo general, hay que escribir. ¿Es necesaria, entonces, la inspiración? No, lo necesario es la información y los contactos a menos que se escriba de oído y en alpargatas. ¿Pero cómo es un día de un corresponsal en el extranjero? Las horas más plácidas de un corresponsal europeo en una ciudad europea suelen ser las primeras horas de la mañana. Todo lo contrario, claro está, que si trabaja en Estados Unidos. En Londres, por ejemplo, la jornada puede empezar con la impagable lectura de una prensa extraordinaria. Londres posiblemente no tiene el mejor diario del mundo, pero seguramente tiene, en su conjunto, la mejor prensa de calidad que una capital occidental puede ofrecer. Hace cuarenta y cinco años, cuando el mundo ya era redondo pero no global, esta prensa por sí sola, podía salvar la vida de un corresponsal. Pero ahora todo es distinto. En 1865, la noticia del asesinato de Abraham Lincoln tardó once días en llegar a Europa. Del magnicidio de Dallas se tuvo noticia en unos minutos. Y la Guerra del Golfo fue transmitida prácticamente en directo. Por eso el corresponsal está sometido a la tentación de confundir la explicación  con la velocidad”.

Temas siempre interesantes estos de las corresponsalías. Ahora, cuando hace más de cuarenta y cinco años de aquel mayo de revueltas parisino que yo profesionalmente viví, quizá sea necesario evocar nuevamente este apasionante oficio en futuros artículos.

 

figuras-iutt- Paul Jenkins

 

(Imágenes.- 1-Howard Hodgkin/ 2-Helen Frankenthaier/ 3.- Paul Klee/ 4.-Paul Jenkins)

LA COLUMNA COMO CAJA

 

periódicos- nbio- Thomas Hart Benton- mil novecientos cuarenta y uno

 

“La columna tiene forma de caja – decía Juan José Millás en 1997 -. De caja de ataúd, además. Y yo a veces imagino que voy colocando el cadáver que soy de manera adecuada para que las partes blandas se descompongan antes que las otras. Y otra cosa que pienso es que aquello es una caja que está llena de circuitos que yo tengo que arreglar. Es decir, que me pongo como aquel amigo mío que arreglaba radios. Porque cuando estoy operando sobre ese espacio tan breve, pero con tantos circuitos, tengo un poco la sensación de que estoy comprendiendo la realidad. Yo no entiendo bien el mundo, pero sí entiendo lo que pasa dentro de una frase. No quiero decir con esto que siempre entienda el significado de la frase, pero sí sé cómo se va del sujeto al complemento directo; y quizá, porque comprendo eso, me he hecho escritor. Si comprendiera cómo funciona un reloj – que también me gusta mucho -, quizá me hubiera hecho relojero, o suizo. De modo que cuando “armo” una columna, la idea que tengo es que estoy armando circuitos. Eso, digamos, desde el punto de vista formal.

Ahora, desde el punto de vista del contenido. ¿qué intento yo unir mientras uno esos circuitos? Pues lo que intento hacer es unir los circuitos de la realidad con los circuitos de la irrealidad, es decir, yo creo que vivimos determinados por la irrealidad, por lo irreal, pero que, sin embargo, eso no aparece en absoluto en nuestras vidas. Yo creo que no sólo a nivel individual, sino a nivel colectivo, nuestra vida está presidida y absolutamente determinada por lo irreal. Y, sin embargo, lo irreal no tiene reconocimiento ninguno; no tiene “carné de identidad.

 

periódicos.-522se.-Emma Zorn.- por Anders Zorn

 

Una crónica no es la realidad, sino una representación de la realidad; algo que te dan en lugar de la realidad. El periódico también; el periódico no es la realidad, sino un intermediario simbólico entre el lector y la realidad. Entonces, es una representación de la realidad.  El editor trocea y jerarquiza la realidad; la divide en internacional, nacional, sucesos, etc. Y va creando un cuerpo, que es el periódico, en donde hay unos suburbios y una periferia, unas uñas y un pelo, que son las columnas, los anuncios por palabras, las esquelas, y en fin, toda esa periferia. La ventaja que tiene el periódico es que tú te puedes hacer tu propio periódico con ese medio convencional. Yo veo que hay mucha gente que no obedece a la propuesta del editor, sino que empieza leyendo el periódico por la última página, luego va a las cartas al director, luego a los anuncios por palabras, y demás. Y la pregunta sería: ¿por qué no sigue el orden que le propone el periódico? Yo creo que quizá no lo sigue porque en esos “suburbios” a lo mejor encuentra una mayor representación de la realidad que en un sesudo editorial”.

 

periódicos-ybbn- Madrid- Catalá Roca- mil novecientos cincuenta y tres

 

(Imágenes.- 1.-Thomas Hart Benton– 1941/ 2.- Emma Zorn. por Anders Zorn/ 3.- Francesc Catalá Roca– Madrid- 1953)

 

ATADO A LA COLUMNA ( y 2 )

 

periódicos-ccdrr-París- Peter Turnley- café Lacour- mil novecientos setenta y seis

 

¿Cuándo nos gusta un columnista de periódico? El periodista norteamericano William Sinsser resumía que cuando a alguien le gusta un columnista lo que le agrada es esencialmente su personalidad, el talante que se encarna en los textos que firma. “El estilo -opinaba – es la cuidada presentación en el papel de quien pienso que soy (…) Al final, el producto que cualquier escritor tiene que vender no es el tema sobre el que escribe, sino a él mismo”.

A todas las características que reúnen las columnas periodísticas que solemos leer (la firma del autor, la sección fija del periódico que enseguida buscamos, la asiduidad de quien escribe, la relevancia tipográfica con que se nos presenta el texto, la extensión siempre similar y la libertad de tema y de fondo que el autor ejerce ) hay que añadir algo capital : la relación que existe entre el periodista y  su audiencia, la relación establecida entre el columnista y sus lectores, esa atmósfera especial  entre los dos que poco a poco se volverá íntima y confiada.

 

periódicos- edrt-Arthur Kampf- mil novecientos ocho

 

Como recordaba muy bien el profesor López Pan, el columnista, a través de sus artículos, nos revela siempre una manera de ser y de comportarse, unas preferencias morales, unas determinadas intenciones, unas finalidades y, a la vez -de modo explícito o implícito – la defensa de una serie de valores. Atado al trabajo de su columna, el periodista intenta verter, diaria o semanalmente, todo cuanto lleva dentro y lo traduce en mil formas de decir. Los lectores van poco a poco descubriendo que en las páginas del periódico hay alguien con quien pueden sintonizar y del que se fían. Esta coincidencia de los lectores con el talante del columnista da lugar a una confianza originaria y al periodista le dota también de indudable credibilidad.

 

periódicos.-4dwwd.-Laurits Andersen Ring.-1898

 

El columnista es un convocador de lectores que sintonizan con él. Pero el columnista, más aún que pretender la modificación de actitudes de sus lectores, le interesa mucho más intensificar la adhesión de éstos a las concepciones que él tiene. “El columnista de éxito – declaraba un estudioso norteamericano -, la mayoría de las veces refuerza y da seguridad al lector con sus opiniones”.

Así, atado a la columna de su quehacer diario o semanal, el escritor o periodista incide en una atmósfera de intimidad, y así también,  atado a la columna que busca en las páginas, el lector encuentra que alguien dotado de autoridad le intenta explicar el mundo.

 

periódicos.-87yy.-James Jacques Joseph Tissot.-Le Journal de 1883

 

(Imágenes.- 1.-Peter Turnley– 1976/ 2.-Arthur Kampf– 1908/ 3.- Laurits Andersen Ring– 1898/ 4.-James Jacques Joseph Tissot– 1883)

ATADO A LA COLUMNA (1)

 

periódicos-tgbb.-Adolfo Kaminsky.-le journal de la photographie

 

“Yo recojo una idea del aire, de una cena… – confesaba Umbral en 1990 – , de una conversación, de la radio, quizás de un periódico… Con esa idea, con esa imagen, pienso unos minutos, pero no sentándome a pensar, sino deambulando por la casa, entrando en la cocina a ver qué robo y qué como…, o sirviéndome una copa… Luego me siento a la máquina, esa “Olivetti” que está ahí, viejísima, y tecleo el texto en quince o vente minutos… Si no he cogido la idea en el aire, en una cena, en un sitio…, la tomo de los periódicos, leo la prensa muy despacio. Y arranco de los periódicos todo aquello que pueda valerme para una columna y que nunca son los grandes titulares. Siempre son pequeños detalles, como las acacias o la foto de una chica… Y eso lo escribo, lo desarrollo a partir de ese punto mínimo.

 

periódicos-vfe-cine- Peter Sellers- Bill Brandt

 

(…) Lo que yo no hago es plantearme frontalmente los grandes temas, es decir, los Presupuestos generales del Estado, por ejemplo, y hacer un análisis de los Presupuestos. Eso creo que es labor del editorialista. Yo busco el detalle pequeño (…) Y escribir  con belleza lo intento. Es que la belleza, creo, le llega mucho al lector. La forma no es un adorno, es la manera de decir las cosas mejor, así le llegan más a fondo al lector”.

Esto que hace Umbral en el siglo XX – buscar un tema para su artículo – lo hace Larra a su modo en el siglo XlX.  Montado a caballo desde la puerta de Atocha a la de Recoletos y andando y desandando otras veces a pie ese mismo camino indaga sobre qué puede escribir mañana en el periódico, va persiguiendo la idea, el motivo, aquello que será su tributo puntual para seguir “atado a la columna”, ese texto que esperan ávidamente los lectores.  La columna ata al periodista, lo imanta, lo retiene en su fidelidad diaria o semanal, más difícil aún si es diaria, pues en los treinta días del mes siempre hay que imaginar, convencer y atraer con temas muy diversos al público, que ya no es el público en general,  sino que poco a poco -por el virtuosismo y el talento del columnista – se ha convertido en “su” público.

 

periódicos-ybbn-William Merrit Chase- mil ochocientos ochenta y seis

 

“El columnista no es un predicador que da doctrina“, decía hace unos días Raúl del Pozo al recibir el Premio Manuel Alcántara, ese premio que lleva el nombre de un gran columnista.

Pero la idea es lo esencial, lo más difícil de conseguir. Encontrar la pequeña aguja del comentario en el inmenso pajar de la actualidad y luego, con esa idea en la mano, ponerse a escribir.

 

figuras-nnbbg- periódicos- Kitasono Katue- mil novecientos veinticuatro

 

(Imágenes.-1.-Adolfo Kaminsky- lejournaldelaphotographie/ 2.-Bill Brandt- Peter Sellers/ 3.-William Merrit Chase -1886/ 4.- Kitasonovo Katue– 1924)