TRISTEZA PRIMAVERAL

Tengo una tristeza

dentro de mi alma!

¡Siento unos deseos

de ahogarme en mis lágrimas!

¡Me he quedado solo!

¡Ya murió aquel ángel que me consolaba!

¡Qué tarde más bella!

¡Primavera hermosa! ¡Primavera mágica!

Tu sol esplendente, tu celeste cielo, tus flores fragantes,

Inundan mi pecho de tristes nostalgias.

¡Yo quiero ir contigo!

¡Yo quiero ir a verte, alma de mi alma!

(…)

Juan Ramón Jiménez— “Tristeza primaveral”— “Rimas”

(Imagen – Georgia O’ Keeffe)

EN TORNO A GÓNGORA

“Nace don Luis de Góngora en Córdoba, año de 1561, siendo, como todos los hombres, un proyecto vital para el futuro. Nace sobre un paisaje bellísimo, color cordobés, que influirá en la constitución de su carácter. No es lo mismo este nacer en Córdoba para un poeta que hacerlo en Salamanca, en Zaragoza o en Compostela. Viene a despertar el ambiente dos aficiones, dos diversiones: toros y cartas. ”Ni el ir a los toros ni el escribir está prohibido”, habrá de contestar Góngora al obispo andaluz.”

Se aficiona a lamentarse de su suerte, y acompaña este lamento con el vacío de su sonar en el bolsillo, aquella razón que no tenía razones puesto que al poeta le sonreía la fama. Empieza a encontrarse con el aura envidiable de la devoción en su torno, y la de sus enemigos. Amo de sus partidarios, y hostilidad de tallas tan potentes como la de Lope y Quevedo. Tiene el honor de ser pintado por Velázquez, y el retrato esboza un gesto enérgico, la incomparable austeridad adusta que correspondía a su mal talante. Góngora es avinagrado, resalta su perfil en una corva nariz, de la que tanto se burló Quevedo en aquellas incruentas luchas de papel. Pero estima tan alto sus cualidades de poeta que se confiesa fiscal de sus obras, esfuerzo de cuidadosa composición hasta hacerlas regalo del oído.

Un verso que en principio escribiera,”en campos de dehesa pace estrellas” no le satisface, y lo transforma ” en campos de zafiro pace estrellas“. Cambia la palabra” dehesa” por la de ”zafiro” y la coloca en el centro del verso, allí donde pueda resplandecer mejor. Dámaso Alonso y Leo Speicher, los dos gongoristas más calificados, no se ponen de acuerdo al intentar comprender el verso citado, ya que Góngora, en algunos trozos de su poética, es muy difícil de atisbar. Tiene entre sus poemas aquel famoso que trata de la primavera, del “toro robador de Europa” en imagen semejante al signo del Zodíaco ’Taurus’, que es de donde se deriva la ‘Primavera’. Se le podría calificar por esto de raíz de donde parte el arte barroco; es el predominio de la curva sobre la recta, el de la dinámica sobre la estática, el de lo artístico sobre lo natural”

José Julio Perlado

( Imágenes—1- biblioteca Miguel de Cervantes/ 2- ilustración de Farid – ud Din Attar/ 3-Jan van Eyck/ 4- George Tooker)

EL ALMA DEL MUNDO Y LA MÚSICA

“Nada es más propio de la naturaleza humana —-decía Boecio— que abandonarse a los dulces modos y ser irritada por los modos contrarios; y esto no se refiere solo en los individuos a ciertas inclinaciones o a ciertas edades, sino que afecta a todas las tendencias; los muchachos, los jóvenes y hasta los viejos se ven afectados de forma tan natural y tan espontánea por la música que puede decirse que ninguna edad es ajena al placer del dulce canto. De ahí que se reconozca que con razón dijo Platón que el alma del mundo fue compuesta con conveniencia musical. En efecto, puesto que por lo que está convenientemente armonizado en nosotros percibimos en los sonidos lo que está armónicamente compuesto y con ello nos deleitamos, comprendemos que nosotros mismos estamos hechos a semejanza de esto. Amiga es, en efecto, la semejanza; y odiosa y contraria la disparidad.”

(Imágenes—1-Carl Larson – 1908/ 2-Elliot Modovell)

HABLAMOS MÁS DE LA CUENTA

¿Por qué discutíamos, cuando tendríamos que hacer cosas importantes? — decía Dostoievski en ”El diario de un escritor” —-. Hablamos más de la cuenta, gastamos frases y chasqueamos la lengua por hacer algo, descargamos unos contra otros la bilis acumulada por culpa ajena, y nos habíamos vuelto muy egoístas, convirtiendo un asunto general en el nuestro particular, nos metíamos unos con otros: tú no eres como es debido, no comprendes qué es lo que hay que hacer para lograr el bien de todos, hay que obrar de manera distinta y no como tú lo haces, esto lo sé mejor que tú ( lo más importante: ”lo sé mejor que tú”) No sabes amar, y yo sí, absolutamente. Simplemente charlamos por los codos. ¿Qué queremos? En general todos estamos de acuerdo. ¿ Para qué hacemos esta separación?¿Para que los demás se burlen? Simplemente hacemos tonterías porque no tenemos nada que hacer.”

((Imágenes— 1 y 2- San Petersburgo — wikipedia)

EL JUICIO AJENO

“Me he dedicado toda la vida a escribir para los demás —dice Pla en uno de sus Dietarios—, y mi experiencia es un poco larga. Se pasa a ser justiciable de cualesquiera que sea, tanto si esa persona conoce mejor que uno la materia del propio escrito como si sabe ni papa. Es un oficio que comporta, como ningún otro, el embate de la gente. Estos embates pueden causarles, a las personas que escriben, momentos de gran malestar; a algunos, las llevan a abandonar esta actividad y a dedicarse a tareas más plácidas y tranquilas. Hay personas que son muy sensibles a ello — demasiado sensibles—. Esta situación es la que ha dado pie a que se diga tan a menudo que la actividad literaria — y en general todas las actividades artísticas— está llena de envidiosos de la más baja calidad, que son los que actúan por vanidad y por popularismo. Hay que saber aguantar estas embestidas, y, para lograrlo, lo mejor es estar seguro de lo que uno escribe y no caer en la pereza del oficio, no darle muchas vueltas, no responder jamás, permanecer hábilmente firme y con un tacto perfecto. Pero como los embates van a continuar por mucho que uno siga tan buenos consejos, lo mejor es acostumbrarse a ellos, reírse de ellos, pero sin ofender. La gente quiere que se le respete la vanidad y la fachendería que arrastra”

( Imágenes—-1-Leslie Balleweg/ 2- Anne siems)

VIAJES POR ESPAÑA (38) : ACUEDUCTO DE SEGOVIA

“Aquel aéreo puente de doble linea de ojos tan altos y multiplicados, invirtiendo el orden de costumbre — escribe José María Cuadrado sobre el Acueducto en sus ”Recuerdos y bellezas de España” — da paso al agua por el pretil y a los hombres y caballerías por lo más hondo del cauce. Desde arriba o desde abajo, por delante o por detrás, de frente o de soslayo, ofrece variadas perspectivas a cual más bella y original, mostrando al través de sus aberturas cual por los agujeros de un neorama cielo, calles, edificios, verdes paisajes, lejanos horizontes. Sobre su fantástico fondo resaltan cual si fueran monumentos las construcciones más vulgares; pero él campea y sobresale como el monumento por excelencia. Sencillez, elegancia, grandiosidad, se hermanan con admirable acuerdo en su perfecta estructura: la piedra, no traída de lejos, sino sacada del mismo suelo según indican las excavaciones, berroqueña, pulimentable, jaspeada con vetas negras, ha ido tomando un oscuro y venerable barniz sobre el cual se desliza tiempo hace la acción de los siglos

Labrados a pico los sillares, grandes y cuadrilongos por lo general, y presentando todos alguna cara exterior, de manera que puedan contarse, encajan entre sí tan exactamente que no necesitan hierro, argamasa ni trabazón que los una: de esta suerte, arcos y pilares por sus cuatro frentes, marcando sus junturas, parecen de propósito almohadillados. En punto a ornato no se admite otro que restos de sencilla cornisa y en el arranque de los medios puntos lisos filetes a modo de capitel, que en los pilares del cuerpo inferior se repiten de trecho en trecho, dos, tres y cuatro veces según su altura, a medida de la cual va adelgazándose su grueso. Asombran mirados desde la plaza del Azoguejo los más elevados, dignos de cualquiera catedral, fundados unos sobre la misma cantera, otros hundiendo en la arena catorce pies de cimiento: ciento y dos descubre la obra desde el piso hasta la canal, y aunque diez veces al día transite uno por bajo de aquellos arcos, es imposible no levantar cada vez los ojos y con ellos el alma a sublime contemplación.”

(Imágenes- acueducto de Segovia)

ANTEPASADOS DE BORGES

“Nada o muy poco sé de mis mayores

portugueses, los Borges: vaya gente

que prosigue en mi carne, oscuramente,

sus hábitos, rigores y temores.

Temores como si nunca hubieran sido

y ajenos a los trámites del arte,

indescifrablemente forman parte

del tiempo, de la tierra y del olvido.”

Jorge Luis Borges— “ Los Borges” – “El Hacedor” (1960)

(Imagen— Borges— wikipedia)

CIUDADES EN DESTRUCCIÓN

“ De las casas de las hileras de calles de alrededor — escribía el novelista alemán Hermann Kasack en 1947– sobresalían sólo las fachadas, de forma que mirando oblicuamente por las desnudas filas de ventanas, se podía ver la superficie del cielo. No hay vehículos en ningún lado, y los peatones vagan apáticamente por las calles de escombros como si no sintieran ya lo desolado del entorno. A otros se les podía ver en los edificios de viviendas derrumbadas, despojados de su finalidad, mientras buscaban restos de enseres sepultados, recogían allí un trocito de lata o de alambre entre los cascotes, reunían acá algunas astillas en las bolsas que llevaban al hombro y que parecían cajas de herborista.

Aquí se desplegaban chaquetas y pantalones, cinturones de hebilla plateada, corbatas y pañuelos de colores; allá se habían amontonado zapatos y botas de toda clase, que normalmente se encontraban en un estado francamente dudoso. En otros puestos colgaban de perchas trajes arrugados de diversos tamaños, chaquetas regionales y jubones aldeanos pasados de moda.” Todo este relato de desolación y de desorden lo comenta ampliamente el gran escritor alemán W.G. Sebald en su libro ”Campo Santo”. Han pasado más de setenta años y el espanto de una guerra se repite una vez más con todos sus momentos de desazón. ”La crueldad en la destrucción— decía Kasack en 1947– supera las fuerzas demoníacas. Despegaban mensajeros en bandada de la muerte para arrasar las naves y edificios de la gran ciudad, en proporciones mayores que en ninguna otra guerra asesina, con el éxito y la contundencia del Apocalipsis.”

Y en medio de esas ventanas destrozadas y de rostros que huyen, como hoy en Ucrania, el miedo, el miedo permanente. El miedo, según las reflexiones clásicas, es un sentimiento de impotencia, un verse amenazado por un mal inminente que es más poderoso que nosotros. El miedo se refiere a un mal futuro, al que no se puede resistir (aunque los ucranianos resistan bien), porque supera el poder del que teme. Y los remedios para el miedo son la esperanza, por la que nos dirigimos a los bienes futuros arduos pero posibles ; la audacia o valentía, que nos lleva a afrontar el peligro inminente; y todo aquello que aumente el poder del hombre, como por ejemplo, la experiencia, que hace al hombre más poderoso para obrar.

José Julio Perlado

(Imágenes—1- foto Roman Pilipey- EFE- Irpín- Ucrania/ 2- Ucrania— el país/ 3- ucrania- refugio/ 4- rtve. es)

EN TORNO A LA BARBA

“Recuerdo — evocaba Alberto Savinio reviviendo la infancia en su ”Enciclopedia”— los cuidados asiduos, amorosos, que el hombre dedicaba a la barba lavándola, dándole masaje, cepillándola, dándole aspersiones de lociones perfumadas, peinándola y, finalmente, exponiéndola al sol en la ventana para secarla por arriba, por abajo y a ambos lados. Recuerdo los gestos que hacían para devolver el orden a la barba desordenada, fluidez a la barba revuelta; recuerdo los revoloteos de la mano ágil en torno a la barba, ciertos jugueteos de los dedos con las anillos de la barba, un cierto escurrirse de la barba mano adentro, como en un tubo, un cierto voluptuoso rascarse los pelos de la barba bajo la mandíbula, un cierto frotar la barba con la servilleta después de la sopa en caldo y los manjares en salsa.

Recuerdo también el peine de bolsillo que el hombre barbudo sacaba de vez en cuando de su estuche ya fuera para replegar la barba sobre el pecho, ya para darle ímpetu por medio de repetidos pases del peine desde la nuez hasta la barbilla (…) Mi infancia se vio adornada por espectaculares barbas. Barbas mosaicas y barbas de sátiro, barbas de devorador de fuego, barbas diplomáticas en abanico y militares barbas cuadradas, dóciles barbas de ramos de sauce y barbas de brochas divergentes.

El hombre con barba — continúa Savinio—es “ más rico en voces”, más ”personaje”, más ”tipo”, más “misterioso”. El paso de la barba al rostro lampiño ocurre no solamente en el rostro del hombre, sino también en la arquitectura, en el aparejamiento de las casas, en la vestimenta, en las costumbres. Al perder la barba, el hombre pierde también su aspecto espantoso, su ”fuerza de aparición”. El hombre, al fin y al cabo, lleva un pequeño bosque en el rostro, y recuerdo que cuando mi padre entraba inesperadamente en mi cuarto, a mí me parecía ver entrar un centauro, o al mismo Júpiter en persona.”

Lev Tolstói.
(Imágenes— 1- Verdi- elmundo es/ 2-Conrad/ 3- Darwin – wikipedia/ 4- Tolstoi)

AL ALBA VENID

“Al alba venid, buen amigo,

al alba venid.

Amigo, el que yo más quería,

venid al alba del día.

(Amigo, el que yo más quería,

venid a la luz del día).

Amigo, el que yo más amaba,

venid a la luz del alba.

Venid a la luz del día,

non trayáis compañía.

Venid a la luz del alba,

non traigáis gran compaña.”

(Lírica española de tipo popular) ( Edad Media y Renacimiento)

(Imágenes: 1y 3- Georgia O’ Keeffe- 1927/ 2- Utagawa Hiroshige -1833)

EL PEZ … (Y MÁLAGA)

“ El pez, que fue símbolo de los cristianos, lo había sido ya de mucha gente mediterránea.¿ Por qué era —- y es aún —la base de alimentación del linaje más culto del mundo y es un ser calculado para los milagros de las multiplicaciones y las pescas sobrenaturales?-— escribe Víctor de la Serna en su ”Nuevo viaje por España” —¿Por qué es fácil de dibujar con la punta de un junco sobre el barro blando del ánfora? Del pez vinieron los navegantes de Sidón, de Tiro, de la Hélade, las legiones de Roma. El pez, ”bajel de plata“, fue durante siglos el alimento de los portadores de la civilización. Por pesquerías y por minas peleaban los pueblos más que por los rebaños y por los vergeles.

Los barqueros malagueños fueron gentes mimadas del César. Plinio los llamaba ”excelentes” y tuvieron Consulado en Roma. Uno de ellos, que debió ser armador de flotilla, tuvo una estatua en la Urbe. Un malagueño, Tiberio Claudio Juliano —que no creo que tenga una calle como la tienen muchos extranjeros en Málaga —, fue ”patrono” de los barqueros malagueños y era famoso en toda Mauretania.

Pero la ’vedette” de esta costa fue el misterioso ”garo” o ”garón”, el delicioso manjar equivalente al caviar actual. Se ha perdido su formula y, con ella, no sabemos qué delicias de mesa andaluza, esa calumniada mesa, tan delicada, tan mágica, tan matizada, que está hecha para poetas más que para tragones. Pero, ¿qué sería el garón? Se condimentaba con un extracto de ciertas partes, que desconocemos, del aleche o escombro, un pez tan abundante que aún hoy sirve su nombre como modelo para la abundancia ( “ abunda como escombro”) . Con el ”garón” se sazonaba el pescado, y parece que casaba muy bien con los vinos de la campiña de Nápoles.

(Imágenes— 1- Ella Kruglyanskaya/ 2- Dante Terzigni/ 3- puerto de Málaga)

LOS NIÑOS DE LA GUERRA

¿Qué recordarán los niños de la guerra? ¿De qué se acordarán? ¿Se acordarán cuando tenían que levantar el pie sobre la nieve para cruzar las vías destrozadas, agarrados a sus muñecos, agarrados a las manos de sus madres, siguiendo la ruta de las maletas, de los bultos, obedientes, determinados, porque así se lo ha dicho su madre a cada uno al salir, ”Tú sígueme, hijo mío, no te separes de mi abrigo, no te entretengas, anda deprisa, no te caigas, y si te caes me miras y te levantas, sigues, sigues siempre, ahora tu madre no te puede atender, vete siempre detrás de mi abrigo, luego comeremos, hoy vamos a dormir cuando lleguemos, pero no me preguntes, no me preguntes continuamente cuánto falta, yo sé cuánto falta, tu madre sabe cuánto falta, siempre te he dicho la verdad, falta muy poco, muy poco, pero hay que andar, hay que cruzar todo esto, y luego cruzaremos aquello, y luego aquel otro sitio un poco más lejos, ¿no ves a todos esos niños como tú que caminan deprisa, callados, obedientes?”.

No sé si los niños de la guerra se acordarán de todo esto. Los que son un poco más mayores y avanzan ahora sobre la nieve —-si alguno llega a ser pintor, dibujante o escritor—pintará, dibujará o concebirá un poema en que se vean las caras demudadas y los ojos llorosos bajo los gorros y las capuchas, pintará o dibujará las manos tendidas hacia el plato caliente, la extensión de las mantas en el suelo de los refugios, el resplandor y el trallazo de los bombardeos, el tronar oscuro de los aviones, pero otros, ahora más pequeños, sinplemente andan y andan tras el abrigo de su madre, llevan en la cara los besos pegados de su madre, achuchones continuos, porque en la paz y en la guerra los achuchones de las madres son constantes, las madres nunca los cuentan, nunca se ha sabido el número de besos que puede dar una madre, es número secreto, inclasificable, eterno. Desde que a una madre le colocan encima de su vientre, entre las sábanas, a su hijo recién nacido le llueven los achuchones y los besos, diluvio universal de besos que le acompañarán toda la vida.

Besos y lágrimas. Coraza de besos que llevan estos niños en las mejillas mientras cruzan la nieve detrás de los abrigos, procurando no caerse, seguir, seguir, seguir, llegar al refugio, al túnel, tumbarse, dormir.

No sé qué recordarán estos niños de la guerra.

Algún día alguno nos lo escribirá, nos lo dibujará, nos lo contará.

José Julio Perlado

(Imágenes— 1- Eugene Smith/ 2- André Fromont- 2010/ 3- Carter Bresson- 1945)

EL MISTERIO DE LOS BODEGONES

Cuando uno se detiene en un comedor o en otro lugar de una casa a contemplar un bodegón, vienen las palabras del pintor Francisco Pacheco a preguntarnos: ”¿Pues qué? ¿Los bodegones no se deben estimar? Claro que sí, si son pintados como mi yerno los pinta —- (su yerno era Velázquez) —y merecen estimación grandísima; pues con estos principios y los retratos, halló la verdadera imitación del natural. Una vez en Madrid, año 1625, pinté un lencerillo con dos figuras del natural, flores y frutas y otros juguetes, y conseguí lo que bastó para que las demás cosas de mi mano pareciesen delante de él pintadas. Cuando las figuras tienen valentía, dibujo y colorido, y parecen vivas, y son iguales a las demás cosas del natural que se juntan en estas pinturas, traen sumo honor al artista.”

Pero los bodegones tienen su misterio. Muchos autores se han ocupado de él. ”El primer misterio – comenta Felix de Azúa— es el contenido mismo, esas composiciones con quesos, frutas, panes o conejos ¿Qué llevó a Velázquez, Zurbarán, Sánchez Cotán, a dar tamaña importancia a un asunto sin nobleza? Hay en las pinturas de Meléndez toda suerte de materiales tratados con supremo embeleso: barro, estaño, corcho, madera, loza. Aparecen utensilios domésticos, pucheros, aceiteras, almireces, jícaras, descritos como si fueran joyas. Lo que nunca vemos es la carne, los cuerpos, la sangre de los mortales. Estos bodegones son muy inquietantes y han sido repetidamente emparentados con cierta concepción gélida de la mirada que aparece después de la Revolución francesa.

Meléndez no componía sus bodegones, sino que pintaba uno a uno los objetos y los iba añadiendo y disponiendo sobre el lienzo según avanzaba. Hay que imaginar la escena —-sigue diciendo Azúa—. Meléndez se sitúa a pocos centímetros de una calabaza sometida a luz intensísima. Tras escrutarla como un miope, representaba hasta la menor arruga del epitelio. Luego hacía lo mismo con un pan de corteza arcillosa y así sucesivamente hasta acomodar, al final, un mantel de soporte. Estos objetos no están en ningún lugar, carecen de espacio común, no viven bajo la misma luz. Sus bodegones son producto de la obcecación, quizá de la alucinación.”

Alfonso E. Pérez Sánchez, que fue un gran especialista en el arte del siglo XVll, afirmaba sobre el bodegón que mantenía ” una sensibilidad humilde y grave a la vez, profunda e impregnada de un sentimiento casi religioso, que ordena los objetos con valor de trascendencia y parece, en ocasiones, tener un carácter casi religioso que a nosotros se nos escapan tantas veces. No es seguramente casual que algunas series de bodegones españoles procedan de clausuras conventuales, que hoy todavía se encuentran en sacristías catedralicias y que su más genial creador, Juan Sánchez Cotán, fuese fraile cartujo.”

( Imágenes— 1- -Luis Meléndez- bodegón con ciruelas, pan, brevas, jarra y otros recipientes/ 2- Juan Sánchez Cotán- bodegón con caza, hortalizas y frutas/ 3–Blas de Ledesma- bodegón con espárragos, aceitunas, alcachofas, limones y cerezas- Bowes museum Barnard/ 4- Luis Meléndez)

EN TORNO A LOS NÚMEROS

“Todas las cosas que han sido construidas por la naturaleza primigenia— dice Boecio — aparecen formadas según la razón de los números. Este fue en el ánimo del Creador el principal modelo. De aquí se tomaron la multitud de los cuatro elementos, la sucesión de las estaciones, el movimiento de los astros, la rotación de los cielos.”

El número 14, según anota Cirlot en su Simbología, es el número de la fusión y de la organización; también el de la justicia y la templanza.

Aunque la Escritura jamás considera que un número sea sagrado o simbólico por sí mismo — y así lo recuerdan los alemanes Herbert Haag y van den Born en su ”Diccionario” —, algunos números sin embargo, reciben un valor religioso particular .Destacan particularmente el 3 que aparece en algunos actos rituales ( como, por ejemplo, en el libro de los Reyes), el 4, fundado en los cuatro puntos cardinales ( en Isaías) y en los cuatro vientos ( en el Exodo) y simboliza la totalidad; en el Génesis se habla de los cuatro ríos del paraíso. También en algunas prescripciones rituales se encuentra el número 5 o el 10. Por su parte el número 70 aparece en la profecía de las setenta semanas dentro del famoso pasaje del libro de Daniel, comentado tantas veces.

El número 9, también sigue anotando Cirlot, para los hebreos era el símbolo de la verdad, teniendo la característica de que multiplicado se reproduce a sí mismo. Número por excelencia de los ritos medicinales, por representar la ordenación del plano corporal, intelectual y espiritual.

El número 3 en cambio tiene un extraordinario dinamismo y riqueza simbólica. El valor del tercer elemento puede tener un aspecto favorable pero también desfavorable. Por ello aparecen en mitos y leyendas, constantemente, tres hermanos, tres pretendientes, tres pruebas, tres deseos. El elemento uno y el dos corresponden en cierto modo a lo que se tiene; el tercer elemento es la resolución milagrosa, que se desea, se pide y se espera.

(Imágenes— 1, 2 y 3: 112 RF/ 4- cubp es)

CRISIS POLÍTICA Y CREATIVIDAD


Con el reciente fallecimiento del gran hispanista John Elliott nos llegan sus palabras sobre la creatividad en las sociedades. ”Hay en este asunto — decía Elliott— misterios que escapan a los historiadores. Lo que sí puede decirse respecto a España es que, a pesar de los enormes problemas económicos y políticos de la España del siglo XVll y la miseria en que estaba sumergida Castilla, había ciertas condiciones propicias para el fomento de la literatura y las artes. La organización misma de una sociedad jerárquica, basada en el clientelismo, favorecía el mecenazgo, especialmente cuando los reyes seguían una política de promoción de las artes y favorecían a los escritores y artistas. Los miembros de la Corte reproducían el modelo del Rey mecenas, Felipe lV, coleccionaban pinturas, patrocinaban el teatro y encargaban obras literarias y artísticas.
Aunque no pueda ”explicarse” el surgimiento de un Velázquez o de un Lope de Vega, en esos ambientes existía para los artistas y los escritores la posibilidad de florecer, o por lo menos de sobrevivir, aunque nunca debemos olvidar que el sistema tuvo muchas víctimas, que no encontraron un mecenas, o perdieron a su protector por uno u otro motivo. Pero aún para ellos existían ciertas posibilidades de ganarse la vida, gracias a que en la España del Siglo de Oro existió un público para los libros y las comedias.
No creo que haya ninguna relación predeterminada entre el estado de las artes y la economía. Incluso una sociedad que está pasando por una crisis económica es capaz de sostener una dinámica vida cultural si existen el interés, la afición al mecenazgo, el ejemplo desde arriba, y suficientes recursos en manos individuales o corporativas. Éste es el caso de la Iglesia en la España del siglo XVll, que encargaba de modo permanente obras de literatura y de arte.”

(Imágenes-1- Jerry Grabowsky/ 2- Velázquez— Las Hilanderas- museo del Prado/ 3- Cara Barer- artnet/ 4- John Elliott- ABC)

NEUROSIS DE GUERRA

En su ”Neurosis de guerra” ( o psicología de guerra) publicada por el doctor López Ibor en 1942, se habla de que ” una emoción ”aguda” puede determinar un estado anímico ”agudo” de anormal intensidad. En situaciones de guerra la reacción de espanto es biológicamente normal en tales casos. Pero hay que distinguir — añade el psiquiatra— entre el ”reflejo de espanto’ y la ”vivencia de espanto”. Hay autores que hablan de ”sustos cristalizados”. El organismo responde por sí mismo al estímulo estable. En cambio, en la ”vivencia de espanto”, lo dominante es la experiencia psicológica . La palabra”neurosis de espanto” debería reservarse para este segundo caso. En algunos sujetos esta reacción es pasajera, pero en otros no.” López Ibor habla de seres ”sobrecogidos” y seres ”sobresaltados” a causa de la guerra: “ambos significan que el ánimo se halla prendido por un acontecimiento inesperado, pero la reacción es distinta. En el ”sobrecogimiento”, el ser se repliega sobre sí mismo y en el ”sobresalto” manifiesta su emoción por una cierta intranquilidad larvada o exteriorizada en movimientos. En el ”sobresalto” emerge imperceptiblemente la idea de defensa frente al acontecimiento y en el ”sobrecogimiento” la de entrega.”

Todo esto lo estamos viendo diariamente, minuto a minuto, en los televisores de nuestros ojos cuando acompañamos espantados a las columnas desordenadas y aterradas de los sobresaltados y los sobrecogidos, unos y otros con sus hijos en brazos y en los brazos de esos hijos los juguetes humildes y queridos, es decir, el juego infantil intentando burlar al gran Juego Dramático de las Ambiciones y del Terror. La neurosis de guerra, con sus raíces invisibles, marcha detrás de las sombras de quienes huyen, no la vemos por ahora, asomará después como larga secuela, pero ya camina dentro de las cabezas ancianas o jóvenes, se oculta en las venas de las manos que suplican la última comida caliente. Algún médico descubrirá ahí enseguida los ”sustos cristalizados”. Nosotros— al ver cómo arrojan los sagrados cuerpos en las fosas comunes, cómo arrojan amontonadas la libertad y la verdad —no podemos sino avergonzarnos del mal que asoma a veces en el hombre y llenarnos continuamente de compasión.

José Julio Perlado

(Imágenes— 1- Brittan Miller – 1946- museo de la guerra de Canadá/ 2- Tyler Hicks- the new york times / 3- la Gran Via de Madid-archivo AGA elmndoes)