ABRIR Y CERRAR PUERTAS

La puerta es el umbral, el tránsito — anota Juan Eduardo Cirlot en su “Diccionario de los símbolos” —, pero también parecen ligadas a la idea de casa, patria, mundo. En la antigua Escandinavia los exiliados se llevaban las puertas de su casa; en algún caso las lanzaban al mar y abordaban en el lugar donde las puertas encallaban; así se fundó Reykjavik en 874.

En una película de Robert Bresson los personajes pasan la mayor parte del tiempo abriendo, cerrando y volviendo a abrir puertas. Es suficiente que uno sea poco sensible a la trascendencia —comentaba un crítico sobre este film — para ver que una puerta no es simplemente una apertura practicada en un muro, o una unión de piezas de madera que pueden pilotar sobre un gozne. Según que la puerta esté cerrada, abierta o cerrada con llave, una puerta es también, sin cambiar su naturaleza, presencia o ausencia, o una llamada para defenderse. Un hombre se aproxima, apenas tenemos tiempo de ver su sombra cercana a una puerta que él ya ha empujado y después se ha introducido en el interior: es una presencia, un acto, una intención. En el universo de Bresson es algo universal: una puerta abierta o cerrada tiene siempre una significación.

(Imágenes- 1-Marcel Bovis- 1938/ 2 y 3- wikipedia)

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