SERENIDAD

«Serenidad, tú para el muerto,

que yo estoy vivo y pido lucha.

Otros hombres habrá que deseen:

ésos no saben lo que buscan.

Si se durmieran nuestras almas,

si las tuviéramos maduradas

para mirar inconmovibles,

para aceptar sin amargura,

para no ver la vida en torno

apasionadamente nunca,

duros y fríos, como piedra

que sopla el viento y no la muda…

Almas claras. Ojos despiertos.

Oídos llenos de música

del dolor. Los dedos felices,

aunque los hieran las agudas

espinas. Todo el sabor agrio

de la vida, en la lengua.

«Nunca

podrás mojar tu pie en el río

en que ayer lo mojaste. Busca

la eternidad, vive en la alta

contemplación de su figura».


Palabrería de los libros

de la que deja el alma turbia.

Serenidad que se nos vende

por librarnos de la tortura,

por llenarnos de sueño el alma,

y rodeárnosla de bruma.

Serenidad, tú para el muerto.

El hombre es hombre, y no le asusta

saber que el viento que hoy canta

no volverá a cantarle nunca.

Serenidad, no te me entregues

ni te des nunca,

aunque te pida de rodillas

que me liberes de mi angustia.

Será que vivo sin saberlo

o que deserto de la lucha.

Tú no me escuches, no me eleves

hasta tu cumbre de luz única.

Palabrería de los libros

de la que deja el alma turbia.

Yo también me hago un poco libro,

Me duermo el alma…

Luz difusa

La madrugada se desgaja

agria y azul, como una fruta.

Cantan los niños a lo lejos.

Un niño llora. Las desnudas

mujeres y hombres silenciosos

salen despacio de las últimas

sombras. Los pájaros me esperan.

Se alzan las olas. (Me preguntan

por qué.)  Campanas… (Ayer niebla,

hoy claro sol y luego lluvia…)

¿Por qué? Las hojas se estremecen…

Voy inundándome de música».

José Hierro: «Serenidad» (Lectura de madrugada) «.-«Tierra sin nosotros«.-1947

(Imágenes:- 1.- Pedro Iltsted.– oilpainting- frame.com/ 2.-Winslow Homer.-1877)

«MI ABUELO, EL PREMIO NOBEL»

La publicación de un nuevo libro siempre es una fiesta para el autor – y supongo que también para los lectores. Aparece hoy mi novela «Mi abuelo, el Premio Nobel» (Editorial Funambulista) que supone el octavo de mis libros. Muchas de estas páginas se han podido leer antes en Mi Siglo – con el título provisional de «Nosotros, los Darnius«- , pero el conjunto de la historia completa está ahora aquí, en este volumen, narrando la vida, las aventuras y la imaginación del escritor Dante Darnius, el escritor que no puede escribir. Como reza la contraportada del libro, «contada por su nieto, en esta novela se narra la increíble historia del escritor Dante Darnius, incapaz de llevar sus creaciones al papel pero invadido siempre por prodigiosas ideas y maravillosas historias que cuenta a su familia conforme se le van ocurriendo. La potencia de su imaginación y su capacidad creadora no pasará inadvertida en Estocolmo, y se le concederá el Premio Nobel de Literatura al escritor que no ha escrito nunca nada pero que todo lo lleva en la cabeza, una mente repleta de historias y asombrosas fabulaciones«.

Siempre se dice que los escritores tenemos devoción por ciertos personajes y en este caso es verdad. Dante Darnius no esconde el «miedo escénico» oculto en todo creador y a la vez expone cuanto en su imaginación le bulle constantemente.

«¿ Es difícil escribir, Dante? – le interroga con curiosidad su nieto.

– Sí, sí que es difícil…

– ¿Pero qué es más dificil, pensar una historia o llevarla al papel?

-Las dos cosas. Yo, como no he llevado casi nada al papel, no sé si eso es difícil. Para mí es dificilísimo. Pero también es muy complicado crear una historia«.

Y en otro momento del libro Dante se confiesa:

«-A un escritor no hay nada que reconocerle. Es un oficio más, una tarea más. ¿Es que hay que reconocer todos los oficios? ¿Es que los demás oficios se reconocen?.»

Quiero agradecer desde aquí muy de verdad a la Editorial Funambulista el esmero y la calidad que ha puesto en esta edición tan cuidada en todos los detalles.

«Mi abuelo, el Premio Nobel» estará en todas las librerías dentro de dos semanas. En estos momentos se encuentra solamente en la Feria del Libro de Madrid, y como los escritores debemos acompañar a nuestras criaturas, allí firmaré ejemplares diversos días, entre ellos el domingo 29 de mayo por la tarde, en la caseta 321.

LA DAMA DEL ARMIÑO

Este armiño que reposa en los brazos de Cecilia Gallerani, la dama de Leonardo, y que en invierno tiene la piel blanca con una mancha negra en la cola, se deja acariciar por unos dedos diferentes y nerviosos – tal como apunta Marangoni  en «Como se mira un cuadro» (Optima) –  revelando de modo especial estos dedos una sensibilidad distinta a la que transmite el retrato completo de esta mujer, «milagro de coherencia estilística por esa rítmica continuidad de planos curvilíneos en los que reside todo el sentido de elegancia, de gracia y de agudeza psíquica que emana de la seductora imagen«.

Armiño, que simboliza la inocencia y la pureza en la conducta, en la enseñanza, en la Justicia. Capas luego de armiño que desfilarán solemnes por los largos pasillos y los amplios salones pero que ahora se quedan en esa tímida piel que la mano sostiene para que la suavidad de este armiño – tal como reza la sentencia – no caiga en bache alguno y quede en él paralizado y extenuado. Se ha dicho que de todos los animales el caballo es el que más ha preocupado a Leonardo. Pero aquí está este armiño llevado en brazos, indefenso y protegido, atributo del  Tacto personificado en el universo de los cinco sentidos y que el tacto femenino acaricia. Además de la heráldica y la simbología estos ojos del armiño se alumbran a una mirada despierta, exponen el desamparo de la ternura.

(Pequeño apunte sobre «La dama del armiño» de Leonardo da Vinci que a partir del 3 de junio podrá verse en Madrid)

(Imagen:  «La dama del armiño» – Museo Czartoryski de Cracovia)

MI FRAILECICO

«Conmigo está mi dueño,

leyendo su lectura silenciosa.

Mi dueño es muy pequeño,

mas tiene voz de rosa

cuando del alma el canto le rebosa.

Leyendo está mi amigo,

y yo con él, penando, vivo y muero.

«A solas, sin testigo»,

así es como le quiero,

hablándome un sentido muy de vero.

Con este frailecico,

el alma se recoge y empavesa;

¡qué importa si es tan chico,

si el alma es la que besa

y amigos son sus labios de Teresa!

Con ella, y con su voce,

no quiero otro coloquio, por ventura.

En ella está mi goce;

con ella, la Hermosura

de amor me da la fiebre y calentura.

Que si ella es, castellana

de Dios, lo que del mundo yo más quiero,

él tiene una fontana

tan rica de venero,

que en ella me adolezco y peno y muero.

Por ella yo quisiera

dormirme entre los brazos del Esposo,

muriendo de manera

tan alta, y silencioso,

que abriérame este pecho que reboso».

Blas de Otero: «Cántico espiritual».-1942

(Imagen: retrato de Juan de La Cruz)

VIEJO MADRID (27) : BARRIO DE MARAVILLAS

Cuando recorro esta madrileña calle de San Vicente Ferrer y me detengo en la esquina con San Andrés ante la que fuera casa de la escritora Rosa Chacel, precisamente en este cruce de la farmacia y entre pintadas y garabatos del tiempo, el pasillo de la luz de la mañana se une a la otra luz que me llega del libro «Barrio de Maravillas», esa » luz que mira al barrio con mirada hipnotizante; le impone la tregua en el esfuerzo, en el trabajo que significa mirar – así lo va diciendo la autora – (…) Persianas verdes, sensibles al aire, temblonas como alamedas. Visillos blancos, leves, nupciales como mosquiteros; muselinas opalinas. Transparentes de tela encerada; colores brillantes, sombríamente brillantes, guirnaldas de rosas en corona oval, enmarcando bosques de otoño donde huyen los ciervos, robles o praderas o lagos con cisnes...»

Hay una «epifanía» en esta luz, o en esta mezcla de luces del tiempo, – el tiempo mío mirando ahora esta calle de San Vicente Ferrer y la misma luz y el mismo barrio mirados por Chacel en su tiempo- . «Las epifanías de Rosa Chacel» escribió Claudio Guillén en «De leyendas y lecciones«. Más aún que literatura comparada se comparan las luces que quedaron refugiadas en los libros, que iluminaron luego pasillos, casas, barrios: conjunciones de «esa súbita manifestación espiritual» de la que hablaba Joyce y al que Rosa Chacel, según  Guillén, admiraba y que hoy, en esta mañana detenida, «al hombre de letras le toca registrar con cuidado extremo, en vista – decía Joyce de que ellas mismas son los momentos más delicados y evanescentes«.

«La calle, en su silencio crepuscular – breve compás de espera – se lee en «Barrio de Maravillas» – la miraba entre dos luces. Desde la farmacia la miraban don Luis y Luisito, desde la pollería, la mujer ruda que repelaba pollos a diario se asomaba a verla (…) La luz agota o recoge sus últimos velos de ocaso, se levanta sobre los tejados vestida de lentejuelas y deja en la calle a sus acólitos o vicarios – van, a lo largo de las aceras, encendiéndose los reverberos de gas -, por los balcones sale la luz de los quinqués, bajo sus haldas se empollan las cenas familiares y luego, más tarde, quedan sólo iluminados los balcones de los insomnes y los trabajadores».

Así se va la luz de entonces, entre pintadas y garabatos del tiempo, tras las fachadas ennegrecidas y los envejecidos balcones, a refugiarse como siempre en los libros.

(Imágenes:- casa de Rosa Chacel en la que vivió de 1908 a 1911.-calle de San Vicente Ferrer.- 2011.–fotos JJP)

UN PASEO CON MONET POR GIVERNY

La paleta de Monet se componía de blanco de cerusita, amarillo de cadmio (claro, oscuro y limón), amarillo limón de ultramar, bermellón, violeta de cobalto (claro), ultramar superfluo y verde esmeralda. Así quedó reseñado en el «Bulletin de la vie artistique» del 15 de julio de 1923. Pero la paleta  de Monet, cuando ahora se camina por los jardines de Giverny, parece quedar diluida dando paso a cuantos colores de la belleza el pintor señala. «Cuando salgas a pintar – aconsejaba-, trata de olvidar los objetos que tienes ante ti, un árbol, una casa, un campo, o lo que sea. Piensa solamente: he aquí un cuadradito azul, un óvalo rosa, una franja amarilla, y píntalos tal como los ves, con el color y la forma exactas, hasta que obtengas tu propia e ingenua impresión de la escena que tienes delante».

Así, desde la mesa de comedor de hoy en Giverny, parece que los viejos tiempos nos hablaran. Recuerda Sue Roe, varias veces citada en Mi Siglo al comentar la vida privada de los impresionistas, que «a la casa se llegaba por un sendero bordeado de pinos y abrigado por enrejados cubiertos de rosas. El jardín, un espacio vasto y escondido, estaba parcialmente adornado de boj. Había dos parterres yertos que discurrían en paralelo a un amplio camino bordeado de cipreses (…) Monet y Alice quitaron inmediatamente el boj, que no les gustaba a ninguno de los dos, e iniciaron una discusión, que duraría dos décadas, sobre los cipreses».

«Pronto Monet sigue evocando Roe -empezó a ser admirado en Giverny. Los lugareños lo observaban mientras iba por el pueblo impartiendo órdenes con su voz clara y metálica (…) Monet mandó contruir una nave junto al río para que albergase sus barcas y almacenara sus caballetes y lienzos».

«Entretanto, metió la pinturas en el granero y amarró las barcas en una islita cercana, donde el Epte se une al Sena. Ayudado de sus dos hijos pequeños, ataba las barcas a los espesos troncos de los sauces ribereños y todos juntos volvían a la casa al atardecer, con sonido de los barcos de vapor que remolcaban las gabarras por el Sena«.

«Me gusta ver a este hombre – dice Octave Mirbeau en «Claude Monet y Giverny» (Centellas) – en el intervalo de sus trabajos, en mangas de camisa, con las manos negras de mantillo, el rostro tostado por el sol, feliz de sembrar semillas, en su jardín siempre resplandeciente de flores, sobre el fondo risueño y discreto de su pequeña casa revestida de mortero rosa».

Y luego, sentado ya en el jardín con su sombrero blanco, dejaba venir poco a poco sus recuerdos ante Thiébault- Sisson en una de las escasas entrevistas que concedió en su vida: «No volví a ver a Manet  – evocaba- hasta 1869, pero fue para entrar en su intimidad enseguida. Ya en el primer encuentro me invitó a ir a verle todos los días a un café de Batignolles donde sus amigos y él se reunían para conversar al salir del taller. Allí encontré a Fantin-Latour y Cézanne, Degas, que llegó poco después de Italia, el crítico de arte Duranty, Émile Zola, que debutaba entonces en las letras, y otros más. Yo mismo llevé a Sisley, Bazille y Renoir.  No había nada más interesante que esas tertulias, con su choque de opiniones perpetuo. Se estaba allí con la inteligencia en vilo, nos animábamos mutuamente a la búsqueda desinteresada y sincera, y uno acumulaba provisiones de entusiasmo que, durante semanas y semanas, le sostenían hasta que conseguía dar forma definitiva a la idea».

Lejos, esperaba la casa de Giverny a que los recuerdos volvieran.

(Imágenes:-1.- Claude Monet.-Nympheas,.1915/ 2.- comedor en casa de Monet en Giverny.-Fondation Claude Monet/ 3.- jardines de Giverny.-Fondation Claude Monet/ 4.- taller de Monet en Giverny.-Fonfation Claude Monet/ 5.- jardines de Giverny.-Fondation Claude Monet/ 6.- Claude Monet en su jardín de Giverny.-1915.-por Sacha Guitry.-chagalov/ 7.- casa de Monet en Giverny.-Fondation Claude Monet)

GUSTAV MAHLER


En varias ocasiones he hablado de Gustav Mahler en Mi Siglo. Especialmente del golpe de tambor escuchado en Nueva York  y aplicado a su Décima Sinfonía. Pero sobre sus días finales el musicólogo Marc Vignal recuerda en su interesante estudio sobre Mahler  que el 12 de mayo de 1911, hacia las cinco de la tarde, el compositor, muy enfermo ya, era trasladado por  París en un coche que le iba llevando desde Neuilly hasta la Gare de L´Est. Aquel automóvil se cruzó en los Grandes Bulevares con el cortejo del Presidente Fallières, que regresaba de Bruselas. «Nueva casualidad, ironía del destino -comenta Vignal -, que quizá arrancara al enfermo una amarga sonrisa. La última música oída por Mahler habrá sido, por tanto, música militar…»

En cuanto a sus últimas horas en Viena – tras un viaje largo, durante el cual los periodistas asediaban literalmente en cada etapa el compartimento donde viajaba el compositor – Alma María  Schindler cuenta en sus Recuerdos cómo Mahler, en la cama del sanatorio Löw de Viena, «tuvo dificultades para respirar y le dieron oxígeno. (…) Mahler miró con ojos asombrados y pasó un dedo por la colcha. Sonrió y dijo dos veces: «¡Mozart!». Sus ojos estaban muy grandes. (…) Su agonía cesó repentinamente a la medianoche del 18 de mayo, durante una tremenda tempestad. En ese último suspiro había huido su amada y bella alma, y el silencio fue más mortal que otra cosa«.

en memoria de Gustav Mahler: 18 de mayo 1911- 18 de mayo 2011

(Imágenes:- 1.- cabaña de composiciòn de Mahler- Steinbach-a orillas del lago Attersee- Austria.-wikipedia/ 2.-Gustav Mahler.-rpmedia. ask)

VIAJES EN EL ARTE Y EL TIEMPO

«El tiempo vuela, y nosotros con él», decía Basho. El tiempo vuela y a los costados de nuestra maleta se van prendiendo los restos de las flores, las alas de las mariposas que se cruzaron con nosotros, las algas de nuestros sueños submarinos, los pájaros que se estrellaron en vuelo. «El sol y la luna -seguía diciendo Bashoson eternos caminantes: así son también las estaciones, que vienen y van, año tras año. Para aquellos que pasan su vida en un barco y para los que envejecen agarrados a la brida de un caballo, viajar es su ocupación diaria, su forma de vivir«.

Viajamos también entre sueños. No reconocemos las figuras que ruedan iluminadas en la oscuridad, nos asombran y nos alteran hasta la vigilia. «Azotado por el viento – decía Saigyo -, el humo del monte Fuji se pierde en la lejanía. ¿Quién conoce el destino de mis pensamientos que se van con él?».

Viajamos igualmente por extrañas habitaciones, dentro de cajas de recuerdos. «Para nosotros – recordaba Tanizaki en «El elogio de la sombra» -, las paredes enlucidas deben ser recubiertas de un color uniforme para no perturbar esa claridad; aunque el color de fondo puede variar ligeramente de una habitación a otra, la diferencia en todo caso sólo puede ser ínfima. No será una diferencia de tinte, sino más bien una variación de intensidad, poco más que un cambio de humor en la persona que mira«.

Viajamos por superficies de pinturas,

Viajamos entre culebras dibujadas,

Y de pronto nos mira con fijeza desde el fondo de sus pinturas esta artista del arte moderno.

(Pequeño apunte sobre Yayoi Kusama, cuya exposición acaba de abrirse en el Museo Reina Sofía de Madrid)

Imágenes:- 1-Yayoi Kusama.-bolso con flores.-1998.-cortesía de Robert Miller Gallery-Nueva York/ 2.- Yayoi Kusama.-Obssesion.- Grande Halle de la Villette.- París.-2008.- contemporart voila.net/ 3.- Yayoi Kusama.- Mirror Room.-1991.- colección Hara Museum.- Tokio/.- 4 y 5.-Yayoi Kusama.-Museo Reina Sofía/ 6.- Yayoi Kusama.-sequoiamiller wordpress)

VOCES EN LAS CALLES

Entre 1808 y 1812 y en la madrileña esquina del tiempo, ve Francisco de  Goya a este afilador que vocea, se fija en sus mangas remangadas, observa su pecho descubierto y contempla cómo levanta la pierna derecha para hacer girar la muela. Desde la calle mira el afilador fijamente a Goya y Goya  desde su estudio mira fijamente al afilador. Después lo pinta. Lo hace con un naturalismo marcado, dejando en primer plano la gran muela montada en la carretilla, realizando «la obra bien hecha» como pintor que recoge «la obra bien hecha» de este experto en su oficio.

Más de dos siglos antes – en 1568 – otro afilador, antepasado del de Goya, cantaba en otra esquina de una calle europea:

«Afilo hirientes espadas y cuchillos

puliendo todo hierro con hábil mano.

Aquí venga deprisa el barbero a quien no le funciona la navaja

o se le ha quedado sin punta por el paso de los años.

Aquí venga deprisa aquel cuyas tenazas de dos brazos están llenas

de hollín, o a quien una hoz sin afilar retrasa.

Aquí venga corriendo aquel cuya espada podrida de herrumbre

tiembla, y cuyo puñal sin punta no vale.

Afilando con talento todo esto lo arreglaré

para que se pueda cortar lo más duro con cualquier espada».

Lo recogía en sus poemas Hartmann Schopper para «El libro de los oficios» pero sobre todo dejaba de ello constancia el gran grabador alemán Jost Amman con testimonio preciso.

Muchas voces de las calles han sido pintadas o grabadas en los siglos. Son voces que ya apenas oímos, voces solitarias que hoy aplasta el tumulto de coches y de ruidos. Afilaban hace tiempo su lengua y sus tijeras como silbido penetrante en el silencio de la mañana. Ahora – las poquísimas que quedan- viajan en bici o en motocicleta,  pero cuando andaban y roturaban caminos por esos mundos de Dios y asomaban puntuales en el cruce de las ciudades, los pintores se asomaban a las ventanas y los grabadores afanaban su arte intentando dejarlas para la posteridad.

(Imágenes: 1.-El afilador.-Francisco de Goya.-1808-1810-Museo de Budapest.-wikipedia/2.-poemas de «El Libro de los oficios».-Hartmann Schopper.-grabados de Jost Amman.-edición facsímil de la primera latina.-(Fráncfort del Meno, 1568).-Altabán Ediciones, 2006/3.-grabados de Jost Amman/ 4.-el afilador.-wikipedia)

TRÁFICO DE SUEÑOS

«Los sueños pueden comprarse, venderse, robarse. El Regente Masatoki tenía dos hijas que eran medio-hermanas. La menor soñó que el sol y la luna caían en su regazo. Al despertar se dijo: «Debo preguntarle a Masako el signifcado de mi sueño». Masako era la hermana mayor, versada en la historia, la mitología y la interpretación de los sueños. Mientras oía el relato de su hermana, Masako pensaba: «Qué sueño más extraño. Y más extraño aún  que no sea un hombre sino una mujer la que lo haya soñado». Masako sabía que la persona que soñase ese sueño estaba destinada a gobernar un día al Japón. Astuta y ambiciosa, decidió apoderarse del sueño y le dijo a su hermana: «¡ Pobre de ti! Es un sueño infausto y terrible. Deberías deshacerte de él lo más pronto posible». La otra le contestó apenada: «¿Cómo se puede uno deshacer de un sueño?». «¡Véndelo!», respondió Masako. «Pero, ¿quién va a querer comprar un sueño de mal agüero?». «Yo te lo compraré», dijo Masako. «¿Tú? ¿ Y cómo podría yo resistir ver que sobre ti cae la desdicha que me está destinada?» «No te preocupes», replicó Masako, «los sueños comprados pierden su maleficio». El precio del sueño fue un antiguo espejo chino. La hermana menor regresó a su habitación diciéndose: «¡ Al fin lo tengo! Ya es mío ese espejo que tanto he deseado…». Sólo muchos años después, cuando Masako gobernó de facto al Japón (1220- 1225), la hermana menor se dio cuenta de lo que había perdido al vender su sueño».

Arhur Waley: «Tráfico de sueños»


(Imágenes:- 1- dormitorio 2008.-  foto:  Julia Fuillerton -Batten.- Randall Scott Gallery.-artnet/ 2.-el desplazamiento de los pájaros.- Sotatsu.- indiana.edu)

VIEJOS LIBREROS ANTIGUOS

«Junto al Foro Cesáreole va indicando el poeta latino Valerio Marcial a alguien que le pide consejo para obsequiar con un libro – hay una librería, cuyas dos puertas están cubiertas de anuncios. Éstos dan los títulos de libros en existencia, y te bastará ver esta lista. Entra y pide mi libro. El dueño – que se llama Atrecto – tendrá el mayor gusto en mostrarte un lindo ejemplar de Marcial de su primero o segundo estante, y lo podrás adquirir por cinco denarios«.

Así lo cuenta el mexicano Alfonso Reyes – al que más de una vez me he referido en Mi Siglo al aludir a su «Tertulia de Madrid» – y sus paseos históricos y literarios que él recorre en «Libros y libreros en la antigüedad» (Fórcola) nos llevan, poco a poco, entre anécdotas y documentos, al costado de esos rústicos escaparates al aire libre que se extendían en las calles de Atenas o de Roma, rutas para curiosos hojeadores de ejemplares, antepasados viandantes de un Baroja en el XX por la madrileña Cuesta de Moyano o de tantos otros a la ribera del Sena en París.

Al evocar la vida cotidiana en Roma durante el apogeo del Imperio un excelente historiador como es Jérôme Carcopino habla de las lecturas públicas de los autores y de la tensa relación de éstos con los libreros, cuyas exigencias – dice – les llevaban a enriquecerse mientras quienes habían redactado los manuscritos solían vivir con estrechez. Alfonso Reyes recuerda también las falsificaciones de autores muy cotizados y en el caso de los «libros viejos» recoge las manipulaciones de volúmenes introduciéndolos entre ciertas semillas de cereales que les daba un falso aire amarillento de vejez, y de esta forma los libreros aumentaban el precio.

Las listas de libros de regalo existían igualmente hace siglos. Roger Chartier en su «Historia de la lectura» comenta que en la época imperial de Roma había tratados para orientar al lector en la elección de los libros y de cómo ponerlos juntos en una colección. Valerio Marcial, por su parte, cita una serie de obras preferidas que pueden escogerse para hacer un obsequio. Homero encabeza los autores, después va Virglio, ambos como textos escolares. Horacio, en cambio, no cuenta entre sus elegidos. Sí Cicerón, Tito Livio y Ovidio. Y Marcial recomienda igualmente a Menandro, a Propercio, a Salustio y a Tibulo . Libreros, libros y autores se han cruzado siempre en todos los caminos. Por encima de las épocas, a la hora de las ventas y las compras, quizá habría que recordar la copla tantas veces citada: «Dios te guarde, libro mío,/ de las manos de un librero, /pues cuando te está alabando/ es cuando te está vendiendo«.

(Imágenes: 1 -librería Shakespeare and Company.-París.- excessivebookshlef/ 2.-lourania/ 3.-lourania)

PRIMAVERA 2011 (7) : HAIKUS : SÓLO MARIPOSAS

Sólo mariposas

y sol

en el prado vacío.

Basho.(1644- 1694)


Aquellas montañas lejanas

se reflejan en las pupilas

de la libélula.

Issa.-(1762-1826)

Olas en el mar azul,

aroma de sake.

Luna llena.

Basho

Las flores del ciruelo

caen sobre el koto.

Luz de luna al anochecer.

Shiki (1867-1902)


(Imágenes: 1- Glorias de mañana.- Kitsu Suzuki.- 1796- 1858.- periodo Edo.- metmuseum.org/ 2.-Las aves y la flores de las Cuatro Estaciones.- periodo Moyomama-1573- 1615.- Escuela Kano.-metmuseum.org/ 3.- Eitoku Kano.-indiana. edu/4.- El ciruelo antiguo. – Sansetsu Kano.– 1589- 1651.-periodo Edo.-metmuseum/ 5.-el desplazamiento del venado.-Sôtatsu.-indiana.edu)

CALDER Y LA INFANCIA DEL CIRCO

De vez en cuando los artistas retuercen los cables de la vida, transforman cuanto de establecido y rígido nos envuelve, conceden que las figuras se despierten a la libertad, al vuelo del viento, al impulso de las formas espontáneas. Entonces toman los objetos estables de la existencia y los hacen mobiles, con las manos le prestan gracia al movimiento, con los dedos modelan su imaginación. Se arrodillan ante la fantasía y juegan sobre la alfombra el juego de la creación: entonces los alambres viajan en el espacio, las cartulinas bailan oscilantes, los rasgos de humor que el aire trae enlazan de humor las construcciones, un hilo apenas perceptible nos hace soñar. Es el niño Calder disfrazado de Calder mayor que juega con el circo de la vida, con esos vaivenes que solemos hacer en el trapecio cotidiano, con el desfile de sonoros apellidos, con las falsas medallas de tantos payasos, con los caballos que giran dando vueltas y vueltas a un mismo sitio creyendo sin embargo avanzar. Son simples fuegos de artificio de la escultura viva, mitades de hojas, mitades de peces unidos con varillas de hierro, mitades de pájaros inmóviles que el artista hace continuamente mover y volar. Es la vida que nosotros intentamos mantener en constante equilibrio y que Calder logra desequilibrar en aires de formas invisibles. Nos recuerda que vivimos en movimiento. Nos recuerda que nos acuna la libertad.

(Imagen: Alexander Calder en 1971 -cortesía de la Fundación Calder)

PAISAJE URBANO

«Largas calles sin rostro.

Hay cuerpos jadeantes

que parecen buscar

algo desonocido.

Van en serie empeñados

en ser iguales todos,

en fundirse en un solo

deambular con prisas.

¿Hacia qué? ¿Para qué?

¿Es estar en la luna

pisar este desierto

de hombres y edificios?

No hay oasis frondosos

donde la sed se apague.

Amar, correr, pasar

de un desamor a otro,

de soledades solas

a la atroz soledad

compartida entre varios.

¿Si lo arrasamos todo

quedará la semilla

de una ciudad de ensueño?»

Ernestina de Champourcín: – «Paisaje urbano«.-» La pared transparente» (1984)

(Imágenes: 1.- Michael Magill.- photographersgallery com/ 2.-André Kertész/ 3.- ucilito. deviantart. com)

EL PERSONAJE ASESINO

Al publicarse ahora los cuadernos de trabajo de Agatha Christie nos sorprende descubrir que – según ella confiesa – cuando se comprometía en la escritura de un libro, la mayor parte del tiempo ignoraba la identidad del culpable, una vez el asesinato tenía lugar. La novelista compartía la misma incertidumbre que sus lectores y avanzaba por las páginas de la ficción dotando a la historia de un poder de seducción más intenso.

«Determinar quién ha sido el asesino – recuerda Roger Caillois en su «Sociología de la novela policial» – es una tarea sembrada de asechanzas. Uno no tarda en darse cuenta de que todos los personajes del drama tenían motivos iguales para matar, y equivalentes posibilidades de hacerlo. Entonces hay que dejarse guiar por otro procedimiento de discriminación. Las condiciones en que se realiza el homicidio suponen cierta psicología por parte del culpable. El detective vacila entre varios sospechosos; los somete a una prueba que los obliga a revelar su verdadero carácter». Y Caillois pone dos ejemplos referidos al juego: en «El asesinato del canario» de S.S. van Dine, el detective adquiere una certeza moral durante una partida de póker; en «El asesino vive en el 21» de A. Steeman, se descubre la verdad jugando al bridge. «Dime como juegas – añade Caillois y te diré si has matado. Pues se juega del mismo modo que se mata: con prudencia o temeridad y arriesgando poco o mucho«.
Pero quienes juegan realmente entre las páginas y con las páginas del libro son los novelistas. Personajes planos o personajes redondos, puntos de vista cruzados, repetición, acumulación y transformación de detalles al construir y hacer andar al personaje, Cientos de caminos. Y sobre todo, en la novela policíaca, el elemento de sorpresa. «El elemento de sorpresa o de misterio -detectivesco, como se le suele denominar (decía Forster) – posee una gran relevancia en cualquier argumento, es una bolsa de tiempo, y no puede apreciarse sin inteligencia».
(Imagen: Gregory Crewdson.- Imagery  Our World)