TRABAJAR DE NOCHE


Hae unos días The New Yorker hablaba en sus páginas del “mal de la medianoche” o hipergrafía, algo que según el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales“, donde aparece la cotización oficial de las enfermedades mentales reconocidas por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA), se define como algo que puede obligar a alguien a mantener una voluminosa revista para anotar con gran frecuencia cartas al editor, o a escribir en papel higiénico si no hay otra cosa más disponible, y hasta a redactar un Diccionario. En resumen, el impulso desordenado y casi incontrolado de escribir, principalmente en las horas nocturnas, es decir, padeciendo de algún modo la llamada “enfermedad de la medianoche”.

No sé si esto es así efectivamente e ignoro por qué se vincula precisamente la noche a este afán incontrolado de adentrarse en la escritura. Pero es indudable que – sin producir enfermos en absoluto-, la noche y sus silencios, su concentración en esas horas de soledad en las que el resto del mundo duerme, posee una atracción que ha dejado obras muy interesantes en la literatura. Por citar algunos nombres capitales, he ahí a Kafka que escribe de un tirón “La condena” en la noche del 22 al 23 de septiembre de 1912, entre las diez y las seis de la mañana y que cuenta en su Diario :” casi no podía sacar de debajo del escritorio mis piernas, que se me habían quedado dormidas de estar tanto tiempo sentado. (…) Varias veces durante esta noche he soportado mi propio peso sobre mis espaldas. Cómo puede uno atreverse a todo, cómo está preparado para todas, para las más extrañas ocurrencias, un gran fuego en el que mueren y resucitan. Cómo empezó a azulear delante de la ventana. Pasó un carro. Dos hombres cruzaron el puente. La última vez que miré el reloj eran las dos. En el momento en que la criada atravesó por vez primera la entrada escribí la última frase”. (Diario del 23 de septiembre de 1912.-Galaxia Gutenbeg.)

Max Brod, por su parte, anota también en su Diario del 29 de septiembre de ese mismo año: “Kafka está en éxtasis, escribe de noche sin parar. Es una novela que transcurre en América“. Igualmente Kafka le confía a Felice Bauer en sus Cartas (Alianza) la necesidad de la noche para intensificar mejor su escritura.

En el otro lado del mundo, Mishima le escribe a Kawabata que son las horas de la noche aquellas en las que su espíritu de narrador alcanza una interioridad mayor. (“Correspondencia” Mishima-Kawabata.-Emecé.) Representa sin duda todo esto “la faceta nocturna de la soledad creadora” que ha comentado Steiner. Él recuerda cómo Milton declara que la lámpara del poeta “a medianoche/será vista en alguna alta y solitaria torre“, el creador enclaustrado permanecerá bajo un cielo estrellado “mirando una y otra vez la Osa Mayor“.( Steiner.-“Gramáticas de la creación”.-Siruela.)
(Fotos: Franz Kafka, por Andy Warhol .-Yasunari Kawabata)

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